31 horrores que cometen las mujeres y los hombres: ...y que les impiden ser felices

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La consejera de familia Norma Pantojas revela estrategias para lidiar con los errores más comunes que cometen los hombres y las mujeres.

Este libro nos presenta los errores más comunes que cometen los hombres y las mujeres en sus relaciones mostrándonos como ejemplo diferentes casos reales atendidos en consejería. Ofrece herramientas para que pueda identificarlos y superarlos. Hombres y mujeres pueden complementarse y ser felices si descubren los conflictos ocultos que hay en ...

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La consejera de familia Norma Pantojas revela estrategias para lidiar con los errores más comunes que cometen los hombres y las mujeres.

Este libro nos presenta los errores más comunes que cometen los hombres y las mujeres en sus relaciones mostrándonos como ejemplo diferentes casos reales atendidos en consejería. Ofrece herramientas para que pueda identificarlos y superarlos. Hombres y mujeres pueden complementarse y ser felices si descubren los conflictos ocultos que hay en sus vidas y que son los que les impulsan a actuar sin conciencia. Poniendo en práctica las estrategias que se ofrecen en este libro lograran hacer renacer y florecer su relación.

¡Todo hombre puede renacer y toda mujer puede florecer con el toque amoroso de Dios en su corazón!

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602559400
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 2/5/2013
  • Language: Spanish
  • Pages: 240
  • Sales rank: 823,725
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 8.90 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Dra. Norma Pantojas, con Maestría en Consejería familiar y Doctorado en Consejería cristiana, ha sido presentadora de televisión y radio en Puerto Rico por más de veinte años. Desde 1988 ha pastoreado, junto a su esposo, la Iglesia cristiana Hermanos Unidos y ha publicando varios libros comoLo que pasó, pasó...yLos 31 horrores que cometen las mujeres y los hombres. Norma está casada con Jorge Pantojas y tienen tres hijos.

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31 horrores que cometen las mujeres y los hombres ... y que les impiden ser felices


By NORMA PANTOJAS

Grupo Nelson

Copyright © 2013 Norma Pantojas
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-941-7


Chapter One

HORROR 1

Casarte solamente porque la mujer te resulta atractiva físicamente.

HORROR 2

Después de tener una experiencia negativa con una mujer, concluir que todas las mujeres son iguales: peleonas, infieles, desorganizadas, malas madres, pésimas administradoras del dinero, etc. y querer desquitarte con la próxima mujer la mala experiencia que tuviste con la anterior.

HORROR 3

Comparar a tu esposa con tu mamá y pretender que sea como ella: que cocine, lave y planche de la misma forma. En fin, que tenga las mismas costumbres y valores que ella.

HORROR 4

Creer que es mejor convivir sin casarte, porque es más fácil salir corriendo si no te va bien.

El hombre, a través del tiempo, ha sido definido socialmente como alguien superficial, de pocos sentimientos e incapaz de sentir el dolor y la soledad de los demás. Se ha visto como un ser interesado solo en conquistar mujeres y alcanzar el poder por medio de su trabajo. A su vez, la mujer se ha visto como la pobre víctima indefensa que vino a este mundo a dar su amor y a sufrir desengaños sin poder salir de esa situación. Este falso concepto se lo han creído tanto hombres como mujeres y lo han perpetuado de generación en generación. Se le ha enseñado a la mujer a ser víctima y a quedarse soportando todo tipo de maltrato y al hombre a ser agresor. Los hogares que forman hombres sensibles y expresivos son escasos. Por otro lado, necesitamos criar varones que, a la hora de casarse, puedan seleccionar una mujer que reúna las características indispensables para lograr una buena relación matrimonial para toda la vida basada en el compromiso, el respeto y el amor.

No es ningún descubrimiento el hecho de que los hombres son muy visuales, pero sí es sorprendente que siendo tan racionales tomen malas decisiones a la hora de comprometer su vida para siempre, simplemente porque al enamorarse se cegaron por las impresionantes caderas, por los lindos ojos o por el despampanante busto de una mujer. ¿Cuántas veces hemos visto un despliegue de afiches con fotografías de mujeres preciosas con diminutos trajes de baño, exhibiendo cuerpos deslumbrantes en negocios que en su mayoría son visitados por hombres? Podríamos hasta pensar que lo que venden son piezas para arreglar mujeres: muslos, caderas, busto ... porque hacen más hincapié en la anatomía femenina que en los artículos que vende la tienda.

Constantemente se ve manifestado un culto al cuerpo en las revistas, la televisión, la música y en el cine. Es impresionante la cantidad de canciones y vídeos con letras que incitan a la violencia sexual y a la degeneración de los más nobles sentimientos de amor. Estas crudas imágenes en las que se ve el sexo, no como la culminación de una linda relación de amor sino como el vehículo para alcanzar el máximo placer sexual, han ido deshumanizando tanto al hombre como a la mujer. Incluso se ha llegado a medir la hombría de muchos por su agresividad sexual. Este modelo de actuación lo ven los varoncitos desde pequeños y se continúa cultivando una costumbre que en nada ayuda a desarrollar a un verdadero hombre. Por el contrario, se siguen añadiendo eslabones a la cadena de máquinas sexuales que se desplazan por la vida diariamente con apariencia de felicidad, pero emocional y espiritualmente vacíos.

Cabe señalar que ser bella no es un delito ni un pecado, pero tampoco implica que por el hecho de que una mujer sea bella, reúna todos los requisitos necesarios para formar un hogar feliz. Los hogares felices se construyen con materiales que no se pueden ver ni se pueden comprar, pero que se pueden sentir y disfrutar de una manera espectacular, y su valor es incalculable.

Hombre, yo sé que tú anhelas ser feliz. Por eso es tan importante que te liberes de la influencia social machista, que piensa en muslos, caderas o en un busto doble DD y trasciendas lo que pueden ver tus ojos físicos, porque esa decisión te afectará de forma positiva o negativa para toda la vida. Considera en una mujer, no solo el que te atraiga físicamente sino lo que en verdad va a contribuir a estrechar lazos de amor, paz y equilibrio en el futuro hogar que piensas formar con ella. La vida es más de lo que se ve superficialmente. Cuando te quedas en la atracción física y no profundizas en aquellas cualidades que son las que en verdad enriquecen una relación, te espera mucha angustia y sufrimiento.

En la carrera de la vida necesitas detenerte a reflexionar. Pregúntate con qué materiales deseas construir tu relación. Estoy consciente de que eres visual, pero tengo la certeza de que, al mismo tiempo, eres un ser sumamente inteligente, creado por Dios a su imagen y semejanza. Un ser que puede ejercer su voluntad, que ha desarrollado dominio propio, y que de ninguna manera se va a dejar arrastrar por la atracción física que pueda ejercer una mujer.

En lugar de permanecer en el éxtasis que te puede provocar el contemplar la belleza física, despierta tu razonamiento para que evalúes bien cuáles son las cualidades que estás buscando. No tomes decisiones apresuradas, basadas en características físicas que pueden ser modificadas de forma radical por una enfermedad, un accidente o simplemente por el paso del tiempo. Cuando las circunstancias acaben con la belleza externa, solo te quedarás con la esencia de esa mujer.

Las buenas relaciones y los hogares que alimentan emocional y espiritualmente se forman con fe, esperanza, amor, tolerancia, respeto, comprensión, comunicación, templanza, fidelidad, sensibilidad y entrega. ¿Esa mujer que te atrae, reúne estos valores?

Hace muchos años llegó a mi oficina Manuel. Este hombre se veía lleno de ira y de coraje al narrarme cuántas cosas le habían pasado. Cuando siguió abriendo su corazón quedaron al descubierto muchas debilidades, inseguridades, frustraciones y miedo al abandono; características que algunos expertos en la conducta humana identifican como típicas de los hombres promiscuos sexualmente. Se refugió en las mujeres, el sexo y su trabajo. Se sentía poderoso porque económicamente estaba muy estable, pero en su interior había demasiado dolor y lo quiso cubrir con el barniz y el glamour del sexo.

Me contó que hacía muchos años había pasado por un divorcio que lo dejó sin dinero ni propiedades, por lo que tuvo que comenzar a reconstruir su economía desde cero. A raíz de esa mala experiencia decidió que no se casaría jamás, para asegurarse de que ninguna mujer le fuera a quitar absolutamente nada. Por esa razón, cuando se enamoró nuevamente, mantuvo una relación de convivencia por diez años y procrearon una niña. Durante el tiempo que permanecieron viviendo juntos le fue infiel a su compañera un sinnúmero de veces, lo que provocaba graves disputas entre ellos. Al cabo del tiempo, cuando quiso separarse de ella, pensó que iba a ser muy fácil porque no se habían casado legalmente. Sin embargo, no fue así. Cuando le pidió que se fuera de la casa y volviera a vivir en una propiedad más modesta que ella tenía antes de irse a vivir con él, se desató una tormenta legal que se extendió por dos años porque ella se negaba a irse de la casa. Finalmente, el tribunal determinó que su hija ya estaba acostumbrada a cierto nivel de vida; por tanto, la mujer tenía el derecho de permanecer en la casa hasta que su hija alcanzara la mayoría de edad.

Lo curioso del caso es que este hombre que nunca en su vida había sido fiel e incluso ya había comenzado otra relación amorosa, estaba indignado porque ella había iniciado una relación con un antiguo novio. De ninguna manera estoy defendiendo la postura de ella, porque no es bueno comenzar una nueva relación cuando la anterior se ha terminado tan reciente. Lo que deseo destacar es cómo una persona exige unas cualidades de fidelidad que él mismo no cumple. Cuando le hice este señalamiento, él comenzó a mencionar todo lo que le había comprado a ella y la bella casa donde la tenía viviendo. Es como si los regalos y la casa suplieran lo que esa mujer realmente necesitaba: fidelidad, tiempo de cantidad y calidad, más comprensión y compromiso.

Al momento de venir a mi consulta, Manuel tenía tres hijos de sus relaciones anteriores y ya estaba apasionado por otra mujer a la que apenas conocía. Es una pésima ilusión pensar que cambiando de mujer todo va a ser maravilloso. Este hombre no reconoció sus errores y continuó equivocándose cuando, prácticamente acabando de separarse de la mamá de su hija menor, volvió a enamorarse con locura de una mujer que —según él— parecía un ángel. Cada vez que hablaba de ella se le iluminaban los ojos. Decía con frecuencia: «Esa es una mujerota». No sabía dónde colocarla. Parecía que había comprado una pieza de porcelana y no encontraba en qué lugar exhibirla. Caminaba con ella como si estuviera mostrando un trofeo que solo él tenía el privilegio de haber podido conquistar.

Pasaron tres meses de estar en esa nube de atracción física que hombres y mujeres confunden muchas veces con amor, y el hombre decidió que se quería casar con ella lo antes posible porque ya estaba segurísimo de que era la persona idónea para él.

Estaba tan seguro que rompió con el juramento que había hecho de no casarse jamás. Tomó esta decisión en la peor etapa de una relación: el enamoramiento. En esta etapa los enamorados no ven defectos ni debilidades; todo es perfecto. Ella aceptó la proposición de matrimonio y muy pronto llegó el tan anhelado día de la ceremonia nupcial. La boda contó con todo el esplendor de los cuentos de hadas, pero el final «y fueron felices para siempre», nunca lo pudieron vivir.

Durante las primeras semanas todo fue bello, pero al cabo de los meses, cuando se corrió el velo de la novedad y quedó la esencia al desnudo, aquella «mujerota» no satisfacía otras áreas de su vida. Se sentía muy solo. Resultó ser una mujer poco emprendedora, inmadura, irresponsable con sus deberes en el hogar, invertía demasiado tiempo y dinero en su aspecto físico, y fue muy insensible a las necesidades de su esposo y del hogar.

En el momento en que Manuel hablaba de la necesidad de economizar para lograr unas metas, ella se ponía furiosa y hasta violenta. Entonces comenzaba a tirar contra el piso lo primero que tuviera a la mano. Llegaba cansado del trabajo y quería cenar con ella en el hogar, pero ella quería cenar en un restaurante porque decía que estaba demasiado cansada para cocinar. Se llegó a sentir tan hastiado de repetir una y otra vez lo que él necesitaba que ella modificara de su conducta, que cayó en la trampa de criticarla constantemente y de compararla con su madre. Así uno al otro alimentaban su frustración y, por consiguiente, sus niveles de ira fueron aumentando.

Aquella mujer que fue tan atractiva a sus ojos al principio de la relación, ahora le amargaba porque la mayoría de las conversaciones terminaban en discusión. El problema no consistía en que la mujer fuera bella, sino en que no había cultivado su área emocional y espiritual con la misma intensidad con la que cuidaba su físico. Su inmadurez no le permitía establecer prioridades.

La vista nos puede engañar de forma extraordinaria. Por eso en mis consejerías y conferencias insisto, tanto a hombres como a mujeres, en la importancia de profundizar en aspectos que van más allá de lo que vemos superficialmente, si es que queremos lograr una relación profunda y duradera que nos lleve a experimentar el verdadero significado del amor.

Tras esa experiencia negativa, en medio de su soledad y su frustración, este hombre cometió otros horrores al llegar a la conclusión equivocada de que ya no existían mujeres que pudieran igualar a su mamá, y que por eso y por el aspecto económico hubiera sido mejor volver a convivir sin casarse. Comentaba que si no le iba bien y estaba conviviendo, salía corriendo de la relación. Olvidaba cómo los hijos de sus relaciones anteriores, iban quedando huérfanos sin la relación de papá.

En este tiempo se ha llegado a validar la separación por cualquier motivo: «Es que ya no la amo o ya no lo amo, es que la quiero, pero no lo o la amo, es que no me comprende, es que ya no hay pasión, tengo derecho a ser feliz, entre otras tantas justificaciones que no tienen valor ni jurídico ni emocional, porque se quedan en lo superficial de la relación» y es más fácil salir huyendo de la relación, que restaurarla. Lo cierto es que son muy pocas las personas que deciden trabajar responsablemente la relación y que piensan en el dolor que representa la separación para sus hijos. Aunque no se haya legalizado una unión y parezca sencilla la decisión de «cada quien para su casa», no se puede ignorar que los hijos y los adultos sufren una pérdida que va marcando su existencia. Como consejera, he visto casos en los que una de las partes o las dos partes, se han involucrado en una relación de maltrato en la que uno de los dos o los dos carecen de la cordura, la paz de Dios y la sabiduría para enderezar lo torcido. Por eso, desgraciadamente tienen que llegar a romper la relación.

El matrimonio legal no es una vacuna contra los problemas, pero representa compromiso y un acto valioso. Todo lo que es valioso se legaliza. A nadie se le ocurriría cuando compra una casa, comentar: «¿Para qué hacerlo legal, si eso es solo un papel?», como suelen decir muchas personas al referirse al matrimonio. Los papeles adquieren valor cuando se legalizan y tienen el sello de un abogado. Así mismo las relaciones de pareja adquieren un valor legal, emocional y espiritual cuando se legalizan. Los escritores y consejeros Dennis McCallum y Gary Delashmutt comentan en su libro El mito del romance, que la cohabitación disminuye la probabilidad de éxito en el matrimonio. Explican que, de acuerdo a un estudio hecho en la Universidad John Hopkins y la Universidad de Wisconsin, las uniones que comienzan conviviendo son menos estables que las que empiezan casadas, debido a que estas parejas están menos comprometidas con la institución del matrimonio y más inclinadas al divorcio.

Manuel se arrepintió de haberse casado porque pensaba erróneamente que el problema estaba en haberse casado legalmente. ¿Por qué no tuvo la valentía de decir: «me apresuré, escogí mal, me dejé llevar por lo visual, me casé sin conocerla ... ¿Qué puedo hacer ahora para resolver esta situación? ¿Qué estoy haciendo incorrecto que hasta ahora he escogido mal? ¿Qué áreas de mi vida necesito trabajar?».

Finalmente, Manuel mantuvo esa relación por un año aunque le pareció una cadena perpetua. Aquella belleza que en un momento lo había cautivado, ahora le repugnaba porque había visto características interiores que antes había obviado. El velo de la ilusión que produce el enamoramiento, lo había cegado.

En el viaje hacia el matrimonio, el enamoramiento es la fase inicial y superficial porque tiene que ver con una atracción meramente física y pasional. Dennis McCallum explica que cada día son más las personas que se casan durante esa etapa. En ese momento no se ven debilidades y si se llegan a percibir ven, se tiene la esperanza de que todo cambiará con la fuerza del amor. Este hombre descubrió muy tarde que se había casado apresuradamente sin profundizar en la relación.

Hombres y mujeres, debemos tener bien claro que para unirse a una pareja nunca debe haber prisa. Debemos esperar un tiempo razonable que no debe ser menos de un año, para poder observar detenidamente cómo esa persona que nos atrae y nos gusta tanto se desenvuelve en las diferentes situaciones de la vida. Pero, ese periodo de espera que se llama noviazgo no incluye las relaciones sexuales. Cuando incorporas esta práctica en el noviazgo, eliminas una característica fundamental en el desarrollo del verdadero amor: el amor desinteresado que sabe esperar la próxima etapa del noviazgo que se llama matrimonio.

Nunca debemos perder de vista que la mayoría de la gente enamorada se esmera por mostrar su mejor perfil durante el noviazgo. Cuando a los enamorados se les olvida que están siendo observados, es que demuestran quiénes son en realidad, porque actúan sin fingir. Por otro lado, hay algunos que fingen conscientemente y logran proyectar una imagen falsa.

Recuerdo a un hombre que asistía regularmente con su novia a la iglesia, mostrándose como alguien muy religioso, pero el día en que se casaron y salieron para la luna de miel le dijo: «De ahora en adelante no vuelves más a la iglesia». Otro ejemplo fue el de un hombre que cuando visitaba a su novia y la suegra le ofrecía un café, siempre se lo tomaba solo por agradarla. Cuando esta pareja se casó, la esposa le hizo el café con mucho entusiasmo y, para su sorpresa, él le dijo: «Ay no, a mí no me gusta el café». Gracias a Dios que esta experiencia no fue ninguna situación trascendental —como la de una mujer que se casó con un hombre pensando que no tenía hijos y a los tres años de casada descubrió que tenía cinco—, de lo contrario, ella «se hubiera muerto del impacto».

(Continues...)



Excerpted from 31 horrores que cometen las mujeres y los hombres ... y que les impiden ser felices by NORMA PANTOJAS Copyright © 2013 by Norma Pantojas . Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Agradecimientos....................|vii| Dedicatoria....................|ix| Introducción....................|xi| CAPÍTULO 1....................|1| CAPÍTULO 2....................|35| CAPÍTULO 3....................|57| CAPÍTULO 4....................|79| CAPÍTULO 5....................|101| CAPÍTULO 6....................|119| CAPÍTULO 7....................|147| CAPÍTULO 8....................|169| CAPÍTULO 9....................|195| Conclusión....................|213| Bibliografía....................|217| Notas....................|219| Acerca de la autora....................|221|
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