A Traves De Mis Ojos

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ENGLISH A flavorful autobiographical account of peculiar events and stories encountered during the author's journeys; from growing up in an historic Spanish founded town in Panama to traveling Europe and living in the U.S. The stories are rich with hidden treasures, lore and tales of the unexplained. ?Through My Eyes? captures popular legends and charms the reader through travels in time to years past, experiences of the present and what we can expect tomorrow. SPANISH A TRAV?S DE MIS OJOS es un libro de ...
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ENGLISH A flavorful autobiographical account of peculiar events and stories encountered during the author's journeys; from growing up in an historic Spanish founded town in Panama to traveling Europe and living in the U.S. The stories are rich with hidden treasures, lore and tales of the unexplained. “Through My Eyes” captures popular legends and charms the reader through travels in time to years past, experiences of the present and what we can expect tomorrow. SPANISH A TRAVÉS DE MIS OJOS es un libro de reminiscencias, en donde su autora hace un recuento de leyendas, tradiciones, sucesos, personajes y experiencias autobiográficas y describe historias y acontecimientos extraños presenciados desde la etapa de la niñez, creciendo en un folclórico pueblo de Panamá, hasta la madurez, ahora viviendo en el norte de los Estados Unidos. El libro ha sido anotado como: “un sabroso y delicioso recuento de las cosas y de las coyunturas que le ha tocado vivir dentro del marco de una comunidad como lo es la ciudad de Chitré en donde se dan todas las rarezas y más extraños y peregrinos acontecimientos que son posibles de imaginar... Y así las cosas, en este libro que luce encantador para los lectores amantes de aquellos hechos relacionados con las consejas y leyendas populares y con todo aquello que despierta en la gente del pueblo recuerdos, reminiscencias y remembranzas que las hacen transportarse súbitamente hacia un pasado lejano y un tanto próximo...”, Moisés Chong Marín , catedrático de Filosofía y Lógica y autor de más de siete obras.
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What People Are Saying

Ariel Barría Alvarado
...Azuero es tierra de poetas, de narradores, de creadores de arte, y de muy buen arte, como lo atestiguan generaciones de escritores que han inscrito obras memorables en la bibliografía panameña.

Lourdes Pérez Athanasiadis se suma a esa hornada creadora con una producción literaria concebida desde dos mundos: el Panamá tropical, donde nació y creció, y el norte de Estados Unidos, adonde la lleva el destino. Son ambientes disímiles, amalgamados desde el fondo por sus ojos de niña, de adolescente, de madre, de mujer que, pese a los cambios, son los mismos, a medida que comparte con nosotros este libro de reminiscencias. (Ariel Barría Alvarado, Profesor de Lengua y Literatura. Ganador del Premio Ricardo Miró Panamá, 2000 (Novela), 2006 (Novela y Cuento),y de numerosos concursos nacionales.)
Elidia de Bolanos
...tuve la oportunidad de leer algunos capítulos durante la presentación de su primer libro en Panamá, y me parecieron fascinantes... (Elidia de Bolaños, Consultora Administrativa)
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Product Details

  • ISBN-13: 9780984086207
  • Publisher: LCommunications, llc
  • Publication date: 7/1/2009
  • Language: Spanish
  • Pages: 226
  • Product dimensions: 6.00 (w) x 9.00 (h) x 0.52 (d)

Read an Excerpt

DE LAS LEYENDAS Y MITOS

DE UNA CULTURA



Las tradiciones españolas eran el centro de una cultura difundida en esas áreas de la península de Azuero en Panamá. Leyendas, mitos y la religión formaban una mezcla de creencias que se alimentaron en las mentes y forma de vida de la gente. La oscuridad de la noche escondía un mundo de encantos, cuentos e historias de eventos que pasaron hace muchos años, pero que aún se manifestaban.

La electricidad estaba disponible sólo por un corto tiempo durante el día. La televisión no existía y el infinito universo estaba allí para ser visto. El descubrimiento de las constelaciones era el juego de cada noche. Más tarde, las historias comenzaron a tomar forma y lugar. Los niños se sentaban en el piso en un círculo, juntitos, como protegiéndose para que nada pudiera tocar sus espaldas. Los oídos estaban allí para oír y los ojos abiertos sin pestañear. La noche se llenaba de sonidos de grillos y criaturas conocidas y desconocidas.

Una de esas noches alguien recordó la historia de la mujer con cabello largo que vestía un traje blanco y que se veía durante la madrugada. Sus pies no tocaban el piso y su vestido se movía como en cámara lenta. Mucha gente había visto esa aparición que, algunas veces, se paseaba moviéndose lentamente desde los pasillos a los patios y a las calles oscuras. Mucha gente tampoco creía en esas historias, ni las esposas confiaban en la autenticidad de cuentos dichos por esposos borrachos quellegaban durante la madrugada. Inventos, decían, para distraer la atención de sus trasnochadas.

El estruendo de la puerta despertó hasta a los más pesados de sueño, y todos se levantaron precipitadamente una madrugada carnavalera, cuando hermanos y primos llegaron asustados diciendo que habían visto a la mujer vestida de blanco. Contaron que la mujer flotaba y que su cabello largo se movía suavemente como si el viento lo estuviera ondeando. Ellos también estaban borrachos, todos se rieron y los mandaron a dormir. "¡Otro cuento más!", dijeron las mujeres. Pero, qué extraño, treinta años después, cuando estaba de visita en el pueblo, la historia de la mujer vestida de blanco se oyó nuevamente. ¿Cómo podría pasar esto ahora, en pleno siglo veintiuno, con tantas tecnologías y computadoras? ¡Ahora hay electricidad las veinticuatro horas! Las historias que en una ocasión llenaron las noches oscuras se negaban a desaparecer.

Con la cara pálida y exaltada por lo acontecido la noche anterior, escuché nuevamente sobre la mujer de blanco de parte de un taxista cuando viajaba por el pueblo en una de mis visitas. Relató que no le gustaba llevar pasajeros en la noche a un pueblo cercano llamado Pesé, porque los taxistas habían visto a una mujer con un traje largo blanco. "¡Uno la vio anoche!", dijo el taxista, y contó que un señor decidió llevar a un pasajero a ese pueblo y, cuando regresaba, con miedo por las historias que había oído, hundía el pie en el acelerador y ni siquiera quería mirar a los lados; pero de repente, frente a él, estaba la aparición. Aceleró el carro para pasarla, pero minutos después oyó una voz que desde el asiento de atrás le dijo: "¡Parada!". Extraña coincidencia que la mujer se le apareció en un área llamada El Barrero, en el mismo lugar en donde a nosotros también nos pasó un suceso raro cuando yo era una niña.

Aún, en años recientes, se oye a personas mencionando una y otra vez a la mujer de blanco. En el 2008 comentaban que una enfermera la vio en la madrugada, cuando regresaba de su turno nocturno del hospital; en otra ocación un señor observaba que se acercaba una gran manada de puercos asustados, y detrás, venía la mujer. Muchos años antes, el papá de un profesor del colegio secundario del pueblo le dijo un día a mi hermano mayor: "Ustedes que les gusta venir de los bailes en la madrugada tengan mucho cuidado, porque allí frente a su casa se para una mujer vestida de blanco". Quizás por eso fue que en esa casa una noche se volvió loco un perro que teníamos.

¿Pero quién será esa mujer, o serán varias?

Una madrugada en el 2003, unos vecinos se preparaban para un viaje de trabajo. Sentados en el portal de su casa, y con los camiones estacionados al frente, vieron cómo una joven se escondía entre los vehículos y miraba insistentemente hacia nuestra casa. Le silbaban, pero como ella no les respondía, pensaban que a lo mejor era la novia de mi sobrino. Al poco rato, mi sobrino y un amigo llegaron a la casa en un taxi. La joven, escondiéndose, siguió con la mirada a mi sobrino hasta que este entró. Enseguida la vieron que siguió caminando, primero detrás, y luego al lado del amigo de mi sobrino, hasta que se perdieron en la distancia. Al día siguiente, de regreso del viaje de trabajo, los vecinos le comentaron a mi sobrino sobre lo acontecido. Su amigo, asustado, dijo que nadie se había ido con él. La joven que le describieron era igual a una sombra que había visto en una oportunidad cuando llegaba de un pueblo cercano llamado La Arena, una víspera de Navidad. En esa ocasión vio la silueta de la espalda, el frente y la parte de arriba de la sombra de una mujer que, parada, se le quedaba mirando y trataba de tocarlo. Le dijo a la sombra que se le acercara, que quería verle la cara. Cuando se le acercó, era la silueta de una mujer blanca con cabello corto.

En otra ocasión, esperando a que lo fueran a buscar para participar en un desfile de las fiestas patrias, en otra ciudad, un sobrino se acercaba a mirar impacientemente por la ventana. Eran las primeras horas de la madrugada y, en la oscuridad de la noche, cuando se acercó a la ventana, de repente vio un bulto blanco con ojos grandes expresivos y aterrorizantes, que se le apareció frente a su cara por la parte de afuera. Del susto se acostó a dormir y no quiso hablar, ni salir de la casa.

Chitré está en una de las regiones más secas de Panamá. Una tarde calurosa de verano, mis hermanos Germán, Marco y un profesor de lógica, Moisés Chong Marín, estaban cenando en un restaurante frente al parque que colinda con la iglesia católica, en el centro del pueblo. En esos momentos un hombre con barba y con vestimenta extraña se acercó a mi hermano mayor, lo llamó por su nombre y le dijo: "Dame los cuarenta y cinco centavos que tienes en el bolsillo izquierdo". Al darle el dinero, el hombre le entregó un papelito, y salió del restaurante. Cuando el forastero dejó el lugar, Germán salió corriendo para ver el rumbo que tomaba el extraño personaje, pero para su sorpresa, no estaba por ningún lado. De vuelta en la casa contaron a mi mamá lo que les había pasado y ella les preguntó si lo que estaba escrito en el papel aparecía en la Biblia. Germán le dijo que estaba en la Biblia y que era una oración que él le había pedido a un señor hacía algunos años. Contó que el hombre le había dicho que se la daría cuando se muriera. Mi hermano, extrañado, llamó a una prima para que le averiguara sobre el personaje, y ella le dijo más tarde que este había muerto recientemente.

La tranquilidad de la noche se interrumpió por un sonido extraño que no formaba parte del ambiente. Mi mamá se levantó de la cama y, tomando el libro de los Salmos que tenía cerca, empezó a rezar dentro de la casa. El sonido parecía de un pájaro. Tan pronto como empezó a rezar, el pájaro voló para la parte de atrás de la casa por el lado del cuarto de mi hermano Germán. Mi madre se fue rezando por el pasillo para la parte de atrás y el pájaro chilló y se fue para la parte de adelante. Así siguió el pájaro, moviéndose para atrás y para adelante de la casa por algún tiempo, hasta que mi mamá abrió la puerta y le dijo a la criatura: "Si eres algo bueno entra a la casa, pero que si eres algo malo, vete de aquí". El pájaro chilló por última vez y se fue.

Las noches oscuras también eran el marco perfecto para que se crearan algunas leyendas, ciertas o no. Los cuentos de la Tulivieja que andaba trepada en los árboles de guayaba con su cabello largo; de la Tepesa que andaba buscando a sus hijos que perdió por haberse ido a un baile; y el de los duendes que a orillas del río La Villa trataban de llevarse a los niños chiquitos con ellos. Decían con seguridad que algunos niños corrían por los potreros o sembradíos hacia el río y cuando eran alcanzados referían que un niño chiquito los llamaba para que se fueran con él y les ofrecían caramelos.

Cuando se ocultaba el sol y caía la noche se oían "doblar las campanas" como si fuera a acontecer un entierro. Eso comenzó a ocurrir en Chitré cuando mi mamá estaba chica. La gente se apresuraba a terminar todo lo que tenían que hacer afuera de sus casas porque se prestaban a esconder y cerrar todas las puertas y ventanas para protegerse de los espíritus que pronto saldrían a dar sus rondas nocturnas, como si las puertas y ventanas cerradas fueran a parar a los espíritus. Muchas personas no salían, pasmadas por temor a lo que podían ver o con lo que se pudieran encontrar. El "doblar de las campanas" comenzaba, y seguía el repique espaciado toda la noche, hasta que las primeras luces del día silenciaba el tenebroso sonido. Un día, Mamita, mi abuela materna, de fuerte personalidad que no se asustaba con cualquier cosa, le preguntó a mi mamá si quería acompañarla a ver de dónde provenía el sonido de las campanas. Mi mamá y ella se fueron por la noche por todos los patios solitarios, en silencio, y al poco tiempo encontraron un metal circular que colgaba de un árbol y en otro árbol había una barra de hierro que al soplar el viento se movía y le pegaba. ¡Qué raro que el metal no sonaba de día y nadie lo había visto! Era que un hermano de mi mamá, Papito, salía escondido cuando la gente se metía en sus casas y colocaba la barra de hierro para que sonara de noche y asustara a la gente. En la mañana se levantaba bien temprano a quitarla.

Las leyendas de los tesoros de los españoles que eran transportados en grandes embarcaciones desde el Perú y las colonias del nuevo mundo en el Pacífico a través de Panamá, en su travesía hacia el Viejo Mundo, siguieron circulando por muchos siglos. ¿Dónde habrán quedado enterrados esos tesoros? ¿Fueron quizás escondidos durante su recorrido, antes de llegar a la Ciudad de Panamá en donde se desembarcaban para pasarlos a través de la selva hasta las fortificaciones de Portobelo en el Atlántico?

A los inicios de la colonización parecía quizás más fácil transportar las grandes cantidades de oro; pero cuando los ingleses, en su búsqueda poco productiva de oro en la costa del Atlántico de América del Norte, optaron por pagar a piratas y corsarios para que robaran los tesoros de los españoles, estos tuvieron que buscar otras formas de ocultar sus tesoros. ¿A dónde se llevaron los españoles todo ese tesoro?, se han preguntado miles de personas. Así también se preguntaba quizás el pirata Henry Morgan, quien, reuniendo cientos de piratas y corsarios del Caribe, en su intento por saquear la que fue considerada una vez la "ciudad más rica del mundo", al llegar no encontró ni la sombra de lo que las leyendas decían.

Quizás quedaron olvidados en las montañas y selvas de la virgen tierra nueva, entre la espesa vegetación que crecía con cada gota de agua de la lluvia torrencial del trópico que la tocaba.

O quizás también quedaron escondidos al igual que los tesoros de los indígenas, que pensando en utilizarlo en la "otra vida", los enterraban con ellos cuando se morían. Muchos tesoros permanecerán por siempre enterrados y otros que una vez fueron leyendas saldrán a la claridad de la luz del día desde sus penumbras.

El tesoro de Juan Díaz, popularmente conocido como Juan Gómez era una de esas leyendas. Muchas personas hablaban de ese tesoro. El museo del pueblo de Chitré tenía una representación de una tumba indígena, con potes de arcilla, vestidos y reproducciones de artículos de oro que los indígenas vestían y cuando morían se enterraban con ellos. Era muy común oír las historias de los indígenas y ver personas que venían al pueblo hablando de "huacas" o tumbas de los indígenas. La gente quería encontrar las huacas porque aún había muchas.

Juan Gómez era el nombre de una finca con un extraño cerrito que se erigía al lado del río La Villa, y que le pertenecía a un tal Juan Díaz. Decían que hace cientos de años allí quedaba un asentamiento indígena. Del lado de Chitré, en Juan Gómez, quedaban sus viviendas, pero al otro lado del río La Villa, en el área llamada Juan Díaz, quedaba el cementerio con sus "entierros". Los campesinos caminaban diariamente por el cerrito Juan Díaz con sus vacas a tomar agua del río; muchos jóvenes de la barriada El Anonal cruzaban el río para sacar huacas, y muchos pobladores lo miraban cuando se bañaban durante los calurosos veranos, con insistencia quizás, pensando que allí había un entierro, pero el cerrito se quedó intacto hasta que en 1989 unos hombres decidieron cavar, aún cuando sabían que todo lo que está bajo la tierra es patrimonio del Estado.

Así se fueron una noche bajo la luz de la luna y de guarichas a cavar hasta que quedaron metidos dentro del hueco. En la madrugada, el sonido de las palas y la luz de las linternas reflejó el oro brillante, indicándoles que habían encontraron la tumba de un cacique indígena, cuyo esqueleto estaba cubierto por ornamentos de oro. Una inmensa chaquira de cuentas de oro y esmeraldas que le rodeaba el cuello se deshizo entre las manos del que la tocó, pues sus cuerdas estaban podridas por los años y las piedras preciosas se dispersaron entre la tierra roja del entorno.

Los hombres recogieron el oro, que era lo que les importaba, dañando así miles de años de historia, y llamaron a un joyero local para vendérselo. El joyero llamó a la Policía y encarcelaron a los hombres. Mi hermano mayor, que había estudiado pintura de caballete y reconstrucción de obras históricas, y quien trabajaba para el Patrimonio Histórico en ese entonces, habló con los hombres y estos le contaron que el Departamento de Investigaciones se había llevado el oro. Mi hermano informó al Patrimonio Histórico sobre lo acontecido, y fue enviado a hacer el inventario del tesoro. Había cincuenta y ocho piezas de oro, entre coronas, placas y amuletos. El tesoro pasó al Patrimonio Histórico y al Museo Reina Torres de Araúz. Esas piezas de oro, junto con muchas otras, fueron robadas del museo durante la invasión de los Estados Unidos de América a Panamá, que aconteció a finales de ese año, y sólo se oía decir que "todo se perdió en la invasión".

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Table of Contents

Uno, De las leyendas y mitos de una cultura; Dos, Cuando la Religión y las tradiciones se mezclan; Tres, Cuatro días de locura; Cuatro, Familia, historias de vida; Cinco, Sucesos inexplicables; Seis, Días de escuela, pasión por la música; Siete, IRHE, tiempo de aventuras; Ocho, De la política y sus andanzas; Nueve, Athens-Ohio, la embrujada; Diez, Entrando en la tecnología, el CD-ROM; Once, El Álbum Rojo

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