A Veces se Gana - A Veces Aprende: Las grandes lecciones de la vida se aprenden de nuestras perdidas [NOOK Book]

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#1 New York Times bestselling author John C. Maxwell believes that any setback, whether professional or personal, can be turned into a step forward when you possess the right tools to turn a loss into a gain. Drawing on nearly fifty years of leadership experience, Dr. Maxwell provides a roadmap for winning by examining the eleven elements that constitute the DNA of learners who succeed in the face of problems,...
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A Veces se Gana - A Veces Aprende: Las grandes lecciones de la vida se aprenden de nuestras perdidas

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#1 New York Times bestselling author John C. Maxwell believes that any setback, whether professional or personal, can be turned into a step forward when you possess the right tools to turn a loss into a gain. Drawing on nearly fifty years of leadership experience, Dr. Maxwell provides a roadmap for winning by examining the eleven elements that constitute the DNA of learners who succeed in the face of problems, failure, and losses.
1. Humility - The Spirit of Learning
2. Reality - The Foundation of Learning
3. Responsibility - The First Step of Learning
4. Improvement - The Focus of Learning
5. Hope - The Motivation of Learning
6. Teachability - The Pathway of Learning
7. Adversity - The Catalyst of Learning
8. Problems - The Opportunities of Learning9. Bad Experiences - The Perspective for Learning10. Change - The Price of Learning
11. Maturity - The Value of Learning

Learning is not easy during down times, it takes discipline to do the right thing when something goes wrong. As John Maxwell often points out--experience isn't the best teacher; evaluated experience is.
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Product Details

  • ISBN-13: 9781455575732
  • Publisher: Center Street
  • Publication date: 10/8/2013
  • Language: Spanish
  • Sold by: Hachette Digital, Inc.
  • Format: eBook
  • Pages: 256
  • Sales rank: 183,785
  • File size: 823 KB

Meet the Author

John C. Maxwell is a #1 New York Times bestselling author, coach, and speaker who has sold more than 24 million books in fifty languages. Often called America's #1 leadership authority, Maxwell was Identified as the most popular leadership expert in the world by Inc. magazine in 2014. And he has been voted the top leadership professional six years in a row on LeadershipGurus.net. He is the founder of The John Maxwell Company, The John Maxwell Team, and EQUIP, a non-profit organization that has trained more than 5 million leaders in 180 countries. Each year Maxwell speaks to Fortune 500 companies, presidents of nations, and many of the world's top business leaders. He can be followed at Twitter.com/JohnCMaxwell. For more information about him visit JohnMaxwell.com.
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A Veces se Gana - A Veces Aprendes

Cómo dar vuelta a sus pérdidas en experiencias de aprendizaje


By John C. Maxwell

Center Street

Copyright © 2013 John C. Maxwell
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4555-7290-8



CHAPTER 1

Cuando se está perdiendo, todo duele


Mi amigo Robert Schuller preguntó una vez: "¿Qué intentaría hacer si supiera que no fracasaría?". Esa es una gran pregunta, una pregunta inspiradora. Cuando la mayoría de personas la escuchan, comienzan a soñar del nuevo. Son motivados a alcanzar sus metas y a arriesgar más.

Yo tengo una pregunta que creo que es igual de importante: ¿Qué se aprende cuando uno fracasa?

Aunque las personas normalmente están preparadas para hablar de sus sueños, no están bien preparadas para responder una pregunta acerca de sus deficiencias. A la mayoría de personas no les gusta hablar de sus errores y fracasos; no quieren confrontar sus pérdidas, pues se sienten avergonzados por ellas. Y cuando se encuentran a sí mismos sin llegar a la altura, puede que comiencen a decir algo trillado como: "A veces se gana, a veces se pierde". El mensaje es: "Espere ganar, espere perder, y viva con los resultados sean cuales sean".

¿Qué hay de malo en eso? ¡No es así cómo piensan los ganadores!

Las personas exitosas enfocan la pérdida de modo distinto. No intentan ocultar el fracaso bajo la alfombra; no huyen de sus pérdidas. Su actitud nunca es: A veces se gana, a veces se pierde. En cambio piensan: A veces se gana, a veces se aprende. Entienden que las mayores lecciones de la vida se obtienen de nuestras pérdidas, si las enfocamos de la manera correcta.


Esto dolió de verdad

Yo he experimentado muchas victorias en la vida, pero también he tenido mi parte de pérdidas. Algunas pérdidas llegaron sin que yo cometiese ningún fallo; sin embargo, muchas las creé yo mismo, y vinieron de malas decisiones y estúpidos errores. El 12 de marzo de 2009 cometí el mayor de todos los errores estúpidos. Intenté pasar por seguridad en un aeropuerto importante llevando en mi maletín un revólver olvidado. ¡Eso es un delito federal! Fue con mucha diferencia la cosa más estúpida que haya jamás hecho. Así es como sucedió.

El sábado anterior estaba yo en Birmingham, Alabama, hablando en la iglesia Church of the Highlands. Es una maravillosa iglesia con un maravilloso líder llamado Chris Hodges. Él es un buen amigo que sirve en la junta de EQUIP, la organización sin ánimo de lucro que yo fundé para enseñar liderazgo internacionalmente. La congregación de Chris es fantástica, y lo pasé realmente bien con ellos ese fin de semana.

Muchas veces cuando tengo un compromiso como orador, viajo en vuelos comerciales, pero siempre que el compromiso no está muy lejos de casa y eso significa que podría regresar a casa y dormir en mi propia cama, intento viajar en un avión privado. Ese fue el caso después del tiempo que pasé con Chris en Birmingham.

Cuando estaba a punto de subir al avión en el aeropuerto de aviación general para viajar a casa, un amigo de Chris que había ido con nosotros quiso hacerme un regalo: un revólver Beretta.

"Es para Margaret", dijo, "para que pueda sentirse segura cuando usted esté viajando".

Yo tengo amigos que saben mucho de revólveres. Algunos hacen mucha caza, y yo he ido a cazar con amigos varias veces. Tengo rifles de cañón recortado y revólveres, pero en realidad no sé mucho sobre pistolas. Y para ser sincero, no tienen mucho interés para mí. En realidad no estoy a favor ni en contra de las pistolas; no pienso mucho al respecto. Y no soy una persona técnica, pero sabía que ese revólver me lo habían dado como un sincero regalo, y por eso lo acepté y lo metí en mi maletín.

Después de aterrizar, el piloto señaló que era un revólver muy bonito. Y me preguntó: "¿Sabe cómo cargarlo?".

"No tengo idea", respondí.

"Permítame hacerlo por usted", me dijo él.

Él cargó el revólver, se aseguró de que estuviera bloqueado y me lo devolvió. Yo lo metí en mi maletín y me dirigí a casa.

Y después olvidé todo al respecto.

Los siguientes días fueron días muy ocupados para mí. Tenía un compromiso para hablar a un grupo grande en Dallas, y estaba totalmente enfocado en prepararme para ello. Hubo un breve momento en el que estaba trabajando en mi lección cuando pensé: Ah, tengo que recordar sacar ese revólver de mi maletín. Pero estaba ocupado en la escritura, y no quise hacer una pausa porque iba muy bien. Así que pensé: Haré eso después.

Pasó el tiempo. La vida era ajetreada. Yo seguía trabajando. Y antes de darme cuenta, llegó la mañana del jueves y salí para el aeropuerto.

Si usted tiene mi edad, puede que recuerde a un personaje de dibujos animados llamado Mr. Magoo. Era un hombre que parecía ir de peligro en peligro sin resultar nunca herido. Algunos de mis amigos solían llamarme Mr. Magoo. (Si no es usted lo bastante mayor para conocer a Mr. Magoo, quizá recuerde a Forrest Gump. Los amigos también me han llamado así).

Aquel jueves, en mi peor momento Mr. Magoo, fui directamente a seguridad y dejé mi maletín en la cinta. Cuando estaba a punto de atravesar el detector de metales, recordé el revólver.

Con pánico, grité: "¡Hay un revolver ahí dentro! ¡Hay un revolver ahí dentro!".

Sin duda, es una de las cosas más estúpidas que haya hecho nunca. Me sentí como un idiota. Y para empeorar aún más las cosas, muchas de las personas que estaban en el lugar de seguridad me conocían, incluyendo al hombre que manejaba la máquina. Él dijo: "Sr. Maxwell, lo siento pero tendré que informar de esto". Créanme cuando digo que aquello no resultó ninguna sorpresa. Detuvieron todo, cerraron la cinta, me pusieron unas esposas y me alejaron de allí.

Resultó que el jefe de la división del sheriff que preparó el informe policial también me conocía. Durante una hora siguieron los procedimientos; pero después de que hubimos completado el proceso, él se dirigió a mí, sonrió y dijo: "Me encantan sus libros. Si hubiera sabido que nos conoceríamos así, los habría traído para que me los firme".

"Si pudiera usted sacarme de este lío, le regalaría libros firmados durante el resto de su vida", le respondí.

El hombre que tomó mi fotografía para ficharme me conocía. Cuando me llevaron a la habitación donde él trabajaba, dijo. "Sr. Maxwell, ¿qué está haciendo aquí?".

Me quitó las esposas y le dijo al oficial que yo no las necesitaba.

No es necesario decir que cuando me tomó la fotografía, yo no sonreí.


Evaluar la pérdida

Inmediatamente después de salir tras pagar la fianza, me reuní con mi abogado, quien me dijo: "Nuestra meta principal es que esto no se sepa".

"Eso es imposible", le respondí, hablándole de todas las personas con las que me había encontrado y que me conocían durante toda la difícil experiencia. Efectivamente, la noticia salió esa noche. Para hacer saber a la gente lo que había sucedido y minimizar el daño publicitario, antes de que saliera la noticia yo escribí el siguiente mensaje en Twitter: Definición de estúpido: recibir como regalo un revólver; olvidar que está en el maletín de mano e ir al aeropuerto. ¡En seguridad no están contentos!

Demasiadas veces en mi vida no he sido lo suficientemente cuidadoso. Sabía perfectamente que no debía llevar una pistola en mi maletín. Inmediatamente después de que seguridad encontrase el revólver, comencé en silencio a sermonearme a mí mismo acerca de mi descuido. Las palabras de Hugh Prather encajan perfectamente: "A veces reacciono ante cometer un error como si me hubiera traicionado a mí mismo. Mi temor a cometer un error parece estar basado en la suposición oculta de que soy potencialmente perfecto, y que si tan sólo puedo ser muy cuidadoso, no caeré del cielo. Pero un error es una declaración del modo en que soy, una sacudida a mi intención, un recordatorio de que no estoy tratando con hechos. Cuando he aprendido de mis errores, he crecido".

—Hugh Prather


"Cuando he aprendido de mis errores, he crecido".

Las palabras ten cuidado han sido lo que me he llevado de esa experiencia. Los errores son aceptables mientras el daño no sea demasiado grande. O como dicen en Texas: "¡No importa cuánta leche derrames mientras no pierdas tu vaca!".

Estoy convencido de que todos estamos a un paso de distancia de la estupidez. Yo podría haber "perdido mi vaca" debido a ese incidente. Ninguno de nosotros vive la vida tan bien que esté muy alejado de hacer algo necio, y lo que ha tomado toda una vida para ser construido tiene el potencial de ser perdido en un momento. Mi esperanza era que toda una vida de esforzarme por vivir con integridad sobrepasara a un acto de estupidez.

Afortunadamente, en cuanto la historia se hizo pública, mis amigos comenzaron a rodearme y apoyarme. Debido a que yo sabía que personas comenzarían a hacer preguntas al respecto, inmediatamente escribí sobre ello en mi blog, JohnMaxwellonLeadership.com, en una entrada titulada "Estúpido es lo que un estúpido hace". La respuesta de apoyo por parte de la gente fue abrumadora. Sus palabras de aliento y sus oraciones ciertamente me animaron.

Otros amigos adoptaron un enfoque más humorístico. Cuando fui a hablar a la Catedral de Cristal, Gretchen Schuller dijo: "John, los de seguridad quieren registrarte antes de que hables". Bill Hybels me escribió una nota que decía: "¿Nada de sexo? ¿Ningún escándalo de dinero? Aburrido ...". Angela Williams escribió un correo electrónico a mi asistente, Linda Eggers, con estas palabras: "Dile a John que es mi héroe. Su estima ha aumentado ante mis ojos. Yo provengo de una larga línea de 'Bubbas' (muchos hombres y mujeres que llevaban pistolas). La mamá de Art fue arrestada en el aeropuerto de Atlanta en los años ochenta por llevar una pistola tipo Clint Eastwood en su bolso grande ... ella también se olvidó de eso". Y Jessamyn West señaló: "Es muy fácil perdonar a otros sus errores; son necesarias más agallas para perdonarles por haber sido testigos de los propios".

Entonces comencé a recibir sugerencias de personas para el título de mi siguiente libro, entre las que se incluyen:

• Cómo desarrollar el gánster que lleva dentro de usted

• Las 21 leyes irrefutables de la seguridad en los aeropuertos

• Las 21 leyes indispensables e irrefutables sobre por qué no olvidar su revólver en su maletín cuando va al aeropuerto

• Liderar desde el centro de la banda


Actualmente, me siento muy afortunado porque el incidente fue descartado por el tribunal y ha sido borrado de mi historial. Puedo reírme de toda la situación. De hecho, poco después del incidente, creé un recordatorio para mí mismo del hecho de que en la vida a veces se gana, y a veces se aprende. Con frecuencia lo llevo en mi maletín (en lugar de un revólver). Es una tarjeta laminada. Por un lado está la portada de abril de 2009 de la revista Success. Yo aparecí en esa portada, ¡y me veo muy bien! Una sonrisa de un millón de dólares. Traje azul. Una pose de éxito y confianza. Medio millón de personas compraron esa revista, vieron mi fotografía y leyeron mis palabras acerca del éxito.

Por el otro lado está mi fotografía cuando me ficharon. ¡Fue tomada sólo dos semanas después de que saliera la revista! Ninguna sonrisa de un millón de dólares. Ningún traje azul, sólo un jersey. Una mala pose y una expresión de completo desaliento. Eso solamente para mostrarle que no hay mucha distancia entre el ático y el retrete fuera de la casa.


Por qué las pérdidas duelen tanto

En la vida, a veces se gana. En mis años de juventud jugaba al baloncesto y era muy competitivo. Me gustaba ganar, y aborrecía perder. Cuando tenía unos veintitantos años fui a la reunión de antiguos compañeros de clase, donde jugué en un partido contra otros exjugadores. Todos estábamos ansiosos por demostrar que podíamos seguir jugando al mismo nivel, y resultó ser un partido muy enérgico. Desde luego, yo quería ganar y por eso era muy agresivo. Después de haber derribado al piso a uno de los contrarios, él gritó con frustración: "¡Relájate, es sólo un partido!".

Mi respuesta: "Entonces déjame ganar".

No estoy exactamente orgulloso de aquello, pero creo que ilustra cuánto nos gusta ganar a la mayoría de nosotros. Cuando ganamos, nada duele; cuando perdemos, todo duele. Y la única vez en que uno oye a alguien utilizar la frase "Es sólo un partido" es cuando esa persona está perdiendo.

Piense en algunas de las pérdidas en su vida y cómo le hicieron sentir. Nada bueno. Y no es sólo el dolor del momento el que nos afecta; nuestras pérdidas también nos causan otras dificultades. A continuación hay algunas:


1. Las pérdidas nos hacen quedarnos emocionalmente atascados

El autor y orador Les Brown dice: "Los buenos momentos los guardamos en nuestro bolsillo. Los malos momentos los guardamos en nuestro corazón". He descubierto que eso es muy cierto en mi vida. En mi corazón sigo llevando algunos de los malos momentos, y apuesto a que usted también. Las experiencias negativas nos afectan más profundamente que las positivas, y si es usted como yo, puede que se quede emocionalmente atascado.

—Les Brown


"Los buenos momentos los guardamos en nuestro bolsillo. Los malos momentos los guardamos en nuestro corazón".

Recientemente experimenté estar emocionalmente atascado después de haber cometido un necio error. Ron Puryear, un maravilloso amigo, me invitó a quedarme unos días en su hermosa casa al lado del río en Idaho para que pudiera alejarme y comenzar a escribir este libro. El paisaje es inspirador y perfecto para pensar y escribir. Tiene vistas a una hermosa masa de agua con colinas cubiertas por árboles como telón de fondo. Es espectacular. Como tenía compromisos como orador en Spokane, Edmonton y Los Ángeles, todas ellas ciudades del oeste, decidí aceptar su oferta.

Mi yerno Steve y nuestro amigo Mark estaban conmigo porque también ellos irían conmigo a Edmonton, Canadá. Cuando nos subimos al auto en Spokane, Washington, para dirigirnos al aeropuerto, Steve preguntó: "¿Llevamos todos nuestro pasaporte?". ¡Mi corazón dio un vuelco! ¡Yo había olvidado el mío!

Ahora bien, aquello no era una sencilla situación de dar media vuelta y regresar a buscarlo. Yo estaba en el oeste y mi pasaporte estaba en Florida, a más de dos mil millas (3.200 kilómetros) de distancia. En seis horas yo debía estar hablando en Edmonton. Comencé a sentirme enfermo. ¿Qué iba a hacer?

¿Cómo podía un viajero experimentado e internacional como yo cometer un error tan tonto? Me sentí como un idiota.

Steve, Mark, mi asistente Linda y yo intentamos resolver mi problema durante las dos horas siguientes. Cada minuto que pasaba revelaba que yo tenía un gran problema. Sabía que no me permitirían subir a un avión hacia Canadá sin mi pasaporte (créame, ¡lo pregunté!). También descubrimos que no podíamos recibir el pasaporte a tiempo por vía aérea; tampoco un familiar en Florida podría llegar en un vuelo comercial y hacérmelo llegar a tiempo. Yo no sería capaz de cumplir con mi compromiso aquella noche. La situación parecía imposible de resolver.

Finalmente, después de mucho trabajo y pensar creativamente, encontramos una solución. Nuestro anfitrión en Edmonton estuvo de acuerdo en mover mi compromiso en la noche hasta la noche siguiente. Mientras tanto, contratamos un jet privado para viajar desde Florida a Spokane con mi pasaporte. En mi mente había una ridícula imagen de alguien poniendo el pasaporte en uno de los asientos como si fuera un pasajero. Vaya, sí que me sentí estúpido.

A medianoche cuando llegó el avión, abordamos y continuamos hasta Edmonton. Llegamos a la mañana siguiente, y estuve allí para la reunión del día siguiente y mi compromiso para hablar en la noche. Lo habíamos conseguido.

La buena noticia fue que habíamos resuelto el problema. ¡La mala noticia fue que el precio para arreglar mi error fue de 20 000 dólares!

El resto de aquel día yo estaba emocionalmente atascado. Continuamente me preguntaba:

¿Cómo pudo un viajero veterano como yo cometer un error de novato?

¿Cuántas inconveniencias causé a las personas que tuvieron que mover la reunión de una noche a la siguiente?

¿Por qué no pensé en el pasaporte veinticuatro horas antes de modo que me hubiera costado cientos de dólares en lugar de miles?

¿Qué habría hecho si no hubiéramos encontrado una solución?

Todos esos pensamientos y preguntas me agotaron emocionalmente. Para intentar recuperarme, me bebí un batido (alimento consolador), fui a nadar e intenté descansar; pero independiente de lo que hiciera, seguía continuamente golpeándome por haber sido tan necio. Me sentía como un esclavo de mi propio estado de ánimo y de mis sentimientos.


(Continues...)

Excerpted from A Veces se Gana - A Veces Aprendes by John C. Maxwell. Copyright © 2013 John C. Maxwell. Excerpted by permission of Center Street.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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  • Anonymous

    Posted January 6, 2014

    OUTSTANDING BOOK WITH OUTATANDING LESSONS FOR LIFE!

    One of the best books I ever read. It helps you grow tremendously into so many areas of every person's life.

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Anonymous

    Posted May 9, 2014

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