Adoremos

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Una refrescante interpretación de la «adoración», un estilo de vida más que una forma de expresión.

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Una refrescante interpretación de la «adoración», un estilo de vida más que una forma de expresión.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780881131956
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 1/1/1994
  • Language: Spanish
  • Pages: 256
  • Product dimensions: 5.20 (w) x 7.90 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Marcos Witt es fundador y director del Grupo CanZion y pastor de la congregación hispana de Lakewood
Church en Houston, Texas. Ganador en varias ocasiones del Latin Grammy en la categoría "Mejor álbum de música cristiana", es también autor de varios libros y reconocido conferencista.

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Adoremos


By Marcos Witt

Grupo Nelson

Copyright © 1993 Marcos Witt
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-2395-9



CHAPTER 1

Acción De gracias


El Salmo 100.4 donde leemos: «Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza» nos da la pauta de cómo es el proceso de entrar al Lugar Santísimo de la presencia del Señor. Es obvio que este pasaje se refiere al tabernáculo donde moraba el arca del pacto de la presencia de Dios, y nos enseña que a su habitación se entra por las «puertas» de acción de gracias.

Cuando estudiaba en la Escuela Bíblica, escuché a uno de mis profesores decir: «El nivel de tu agradecimiento estará directamente relacionado con tu nivel de espiritualidad». Al principio, esta declaración me sonó un poco drástica, pero al pensarla, le encontré sentido. ¿Cómo pasar por personas espirituales o entregadas al Señor cuando le somos malagradecidos? ¿No es cierto que el agradecimiento en la vida de uno determina mucho su estado de ánimo? Cuando una persona es malagradecida, no vive en armonía con nadie, mucho menos con el Señor.

En esta primera parte, nos daremos cuenta que la gratitud es algo muy importante en el proceso de llegar a ser verdaderos adoradores. Como dice Santiago, es imposible que de una misma fuente puedan salir aguas amargas y aguas dulces a la misma vez. Y si esto es así, entonces es imposible que si uno va a ser un adorador que rinda verdadera adoración (aguas dulces) pueda también ser malagradecido (aguas amargas). Arreglemos este asunto en nuestras vidas, antes de seguir adelante.


Ingratitud

Pablo le escribe a Timoteo diciendo: «[...] También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres ... ingratos [...]» (2 Timoteo 3.1,2). Es interesante ver que en una lista de varias actitudes desagradables, el apóstol incluye la ingratitud como una de las señales de dos cosas: 1) «los postreros días» y 2) «tiempos peligrosos». Si hay una palabra que resume la actitud general de la mayoría de la gente hoy en día esta es la palabra ingratitud. Todos están preocupados por sus propios intereses, necesidades y deseos y no hay tiempo para las necesidades, los dolores y las angustias de los demás. Pareciera que la moda de la gente de ahora es pensar que la sociedad les «debe» algo y por lo tanto adoptan la actitud del que espera que le den, en lugar de dar. Y cuando se les da algo, en lugar de decir «gracias» dicen: «Pues, ya era hora. Te tardaste un poco, eh». Esta lamentable actitud es uno de los factores que están contribuyendo al desmoronamiento de la fibra moral del mundo. No hemos encontrado el punto de «contentamiento» en las cosas. Siempre queremos más, y cuando no lo podemos obtener, nos ponemos a acusar a todo el mundo y a tratar de transferir la responsabilidad de nuestra «necesidad» a otros. Esto es un estado muy avanzado de ingratitud. Necesitamos recordar estos consejos:

[...] Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora [...] Hebreos 13.5

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto» (cursivas del autor). 1 Timoteo 6.8


El Diccionario Larousse describe la palabra «ingratitud» como: «Desagradecimiento; olvido de los beneficios recibidos». Esto último me dejó sorprendido cuando lo leí. ¡Cuántas veces se nos han olvidado los beneficios que el Señor, en su amor, misericordia y gracia nos ha dado! ¡Tan fácil es el olvidar! Nos ocupamos con las cosas de la vida cotidiana, con nuestras responsabilidades y miles de otros asuntos, haciéndonos olvidar todos los beneficios del Señor. Con razón el Salmista dice: «[...] no olvides ninguno de sus beneficios [...]» (Salmos 103.2). David reconoce que el agradecimiento es uno de los ingredientes importantes en la vida de un adorador. No hay lugar más precioso que aquel donde uno reconoce que el Señor nos ha dado toda dádiva buena y todo don perfecto (véase Santiago 1.17); y, por lo tanto, podemos estar «contentos»; en otras palabras, satisfechos, agradecidos y viviendo un estilo de vida que muestre nuestra gratitud. Esto trae una dimensión de paz que ninguna otra cosa puede traer. Busque ese lugar de contentamiento.

Recuerdo que hace muchos años quise comprar un vehículo nuevo, porque pensaba que el que tenía ya no podía servir bien a los propósitos del Reino. Como ve muchas veces le echamos la culpa al Señor de no querer satisfacer nuestros deseos personales:

—Señor, tú sabes que te quiero servir. Pero este coche ya tiene sus añitos y me impide darte un mejor servicio. Si quieres seguir contando con mi ayuda, me vas a tener que dar uno nuevo. Que sea del año, y por favor color verde menta, con aire acondicionado, dirección hidráulica, etc.

En aquel entonces recuerdo que miraba los coches de todos los demás. Cuando conducía por la calle o por la carretera, siempre me iba fijando en los otros carros que pasaban y soñaba con tener uno similar. Llegó a tal grado mi insatisfacción en esto que hasta llegué a vivir de una forma muy personal de malagradecimiento con el Señor. Le decía:

—Señor, ¿cómo es posible que bendigas más al impío que a tus «siervos»? ¿Cómo quieres que te sea útil si no me das buenas herramientas con qué trabajar?

Un día cuando conducía mi auto por una autopista de Estados Unidos (donde se encuentran los autos más hermosos que jamás haya visto), discutía con el Señor y trataba de convencerlo que era yo un buen candidato para ser receptor de ese vehículo que había llegado a idolatrar. Cuando de pronto, el Señor me dijo:

—Marcos, ¿a qué velocidad vas?

Contesté:

—Perdón, Señor, ¿pero eso tiene algo que ver con lo que venimos hablando?

El Señor:

—Todo.

Yo:

—Bueno, Señor pues vengo a ... (tuve que bajar la velocidad). Ahora sí, vengo a la velocidad permitida, ¿por qué, Padre?

De nuevo me contestó el Señor, pero con su manera tan característica: suave, sin gran alarde, pero directo al grano:

—No te veo ni a pie, ni descompuesto al lado de la carretera, y aunque sí lo estuvieras, recuerda que siempre estoy contigo y nunca te dejaré. Tienes un auto que te transporta bien (y hasta con más de la velocidad permitida, por cierto), está pagado, sólo tienes que echarle gasolina y hacer estos viajes, a donde te mando nunca te ha faltado el alimento ni la vestimenta ni donde dormir. ¿De qué te estás quejando?

Y así, tan rápido como me habló, dejó de hacerlo. Pero, vaya que agarré el mensaje. Me puse a cantar y a alabarle y a darle las gracias por su increíble amor y gracia que siempre nos regala. Miré mi auto y lo pude ver con nuevos ojos de aprecio y agradecimiento: era el regalo que el Señor en una ocasión anterior me había hecho.

Podemos decir mucho acerca de no codiciar, ser agradecidos con lo que tenemos y no querer lo que tienen otros. Cuando dejemos esta manera de pensar estaremos más cerca de llegar a ser un verdadero adorador.


El agradecimiento como ofrenda

Casi todas las ofrendas y sacrificios del Antiguo Testamento contienen un elemento de «acción de gracias». El sentimiento es que al ofrecer el sacrificio los israelitas no lo hacían sólo para pedir perdón por los pecados, sino también para dar gracias de que aún vivían para poder hacerlo. Había un reconocimiento general entre el pueblo de que servían a un Dios temible, grande y poderoso. El hecho de ofrecer sacrificios y ofrendas no era solamente en obediencia a sus mandatos, sino también en agradecimiento de que les permitía seguir con vida para poder acercarse a Él. Una de estas ofrendas es la de paz o, como comúnmente se le llama, el «sacrificio de paz» (véase Levítico 7.11,12).

Una de las razones por la que se ofrecía esta ofrenda era la acción de gracias (v. 12). Hay varios versículos que hablan de sacrificar en acción de gracias (Levítico 22.29; Salmo 50.14; 107.22; 116.17; Amos 4.5; Jonás 2.9). Creo que el concepto de ofrecer un sacrificio es muy interesante para esta aplicación. El diccionario dice que «sacrificio» significa «esfuerzo hecho o pena sufrida voluntariamente en expiación de una falta ...» Otra definición: «Privación que sufre o se impone una persona». Las dos definiciones contienen el elemento «voluntario», algo que hacemos de nuestra propia iniciativa, algo que decidimos hacer o «imponer» sobre nosotros mismos. Es una acción de la voluntad. Muchas personas sólo agradecen cuando lo «sienten», pero el concepto de «sacrificio» amplía un poco el entendimiento en que algunas veces no «sentiremos» ser agradecidos, pero lo daremos como ofrenda, «acción voluntaria» que nos «imponemos» para mostrar nuestro agradecimiento al Señor.

Una de las palabra hebreas que significa «acción de gracias» es la palabra towdah traducida muchas veces al español como «alabanza», porque en su definición original vienen los dos sentidos, y hasta uno tercero que es «confesión». Es decir towdah significa «alabanza, acción de gracias y confesión», pero en la mayoría de los lugares en su Biblia en español donde en hebreo dice towdah usted leerá «alabanza». Uno de esos lugares, entre otros, es el Salmo 50.14, donde dice: «Sacrifica a Dios alabanza (towdah), y paga tus votos al Altísimo». Es interesante notar que en esta aplicación de «sacrificar» viene la palabra «towdah» o sea, acción de gracias.

Algo que acabo de descubrir es que en Hebreos 13.15 donde encontramos el famoso versículo sobre «[...] sacrificio de alabanza [...]» la palabra «alabanza» en este caso es la palabra griega ainesis que quiere decir, aparte de alabanza, «ofrenda de acción de gracias». Podemos ver en esto que acciones de gracias y alabanza van de la mano y se deben ofrecer como sacrificio: «Esfuerzo hecho ... voluntariamente».

Otro versículo interesante es Levítico 22.29: «[...] Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias [la palabra usada aquí es towdah] a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable [...]» De nuevo vemos el aspecto de «ofrenda» o «sacrificio» en relación a acción de gracias. También hay que hacerlo de tal manera que sea aceptable. Esto habla de las motivaciones del corazón, a lo cual nos referiremos más en el capítulo tres.

El «dar un sacrificio» no debe implicar que es algo pesado, fastidioso o molesto el dar acciones de gracias sino que debe mostrarnos un poco sobre el estar en una actitud de agradecimiento continuo. En realidad, cuando uno medita sobre todas las cosas hermosas que ha hecho el Señor, no tan sólo en Su creación eterna, sino en cada una de nuestras vidas, sería difícil ser una persona malagradecida. Sin embargo, ¡cómo cuesta! A la mayoría de nosotros nos es mucho más fácil quejarnos de todo lo que sucede a nuestro alrededor que dar las gracias. Creo que por esto es un «sacrificio», en ese sentido, porque es un «esfuerzo voluntario» y calculado que hacemos para dar gracias. Cada día deberíamos recordarnos que «Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él» (Salmo 118.24), para que no se nos haga tan difícil el dar las gracias.

Un aspecto, a veces duro de entender, de este tema es el dar las gracias en TODO de acuerdo a las instrucciones del apóstol Pablo a los tesalonicenses en el capítulo 5 verso 18: «Dad gracias en todo [...]» Pablo, inclusive, nos la pone un poco más difícil al decirnos que: «[...] es la voluntad de Dios para con [nosotros] en Cristo Jesús». Hay muchas personas en estos tiempos que están buscando «la voluntad de Dios» para sus vidas. Pues aquí está una de las cosas que ya nos ha sido revelado que son Su voluntad. ¿Por qué no la estaremos cumpliendo como nos corresponde? No hay necesidad, realmente, de estar buscando más de Su voluntad hasta que estemos cumpliendo con aquello que ya se nos ha sido encargado, ¿no cree? Y este es un mandamiento tan sencillo pero tan complicado. Ojalá pudiéramos decir que es tan fácil como simplemente decir: «Señor, gracias por todo ...», y colorín colorado. Pero no. Nos cuesta mucho trabajo, mucho esfuerzo ser personas agradecidas, sobre todo cuando las cosas «no van bien». Esto, precisamente, nos trae al asunto que muchos batallamos en nuestra vida con relación al agradecimiento. ¿Cuántas veces ha escuchado usted, y he escuchado yo a las personas decir: «¿Pero también le tengo que dar gracias a Dios porque se murió mi esposo?», o «¿Le tengo que dar gracias a Dios porque perdí mi trabajo?», o «¿Le tendré que dar las gracias porque mis hijos se han ido de la casa y mi esposo me golpea cada noche al llegar borracho a la casa?»

Más adelante en este libro estaremos hablando acerca de la necesidad que tenemos de que Dios nos de «visión global»: La habilidad de poder ver las cosas desde el punto de vista de Dios y no desde el nuestro. Ver el «todo» que Dios está tratando de obrar en nuestra vida. En este asunto de dar gracias, es cierto que es difícil mantener el enfoque cuando las cosas no van bien. Es verdad que en muchas ocasiones de nuestra vida sentimos como que el mundo se nos está «cerrando». Sin embargo, si pudiéramos aprender a dar gracias «en» todo, seríamos personas más cerca de llegar a ser verdaderos adoradores. Lo que sucede es que A PESAR de lo que esté pasando podemos dar gracias; EN MEDIO de lo que nos sucede podemos ser agradecidos. Quizás es duro, ¿por qué no decirlo?, imposible de entender todo lo que el Señor está haciendo o que hará a través de esta circunstancia difícil en nuestras vidas. Pero aquí es donde entra la confianza que hemos desarrollado con El al paso del tiempo y después de haber aprendido a tener una relación íntima con Él. ¡Podemos confiar de que «todas las cosas ayudan a bien» a los que aman a Dios y que son llamados conforme a su propósito (Romanos 8.28).

Un perfecto ejemplo de esto nos lo dio nada menos que nuestro Señor Jesús. En Juan 11 vemos el relato de la muerte de Lázaro, un hombre que era amigo del Señor y que de alguna manera habían tenido una amistad bastante desarrollada por lo que podemos ver. Sin embargo, cuando le traen la noticia a Jesús de que Lázaro está gravemente enfermo, tan así como para existir la posibilidad de muerte, el Señor tranquilamente sigue donde está sin darle mucha importancia al asunto. Les dice algo a los discípulos acerca de que esta enfermedad «es para la gloria de Dios» y luego les informa que va para Judea no Betania, donde vivía Lázaro. ¡Qué manera tan extraña de hacer las cosas el Señor! Muchos de nosotros hubiéramos corrido al lado de nuestro amigo para orar, interceder, hacer cualquier cosa para consolarlo, etc ... Pero Jesús, quien tiene «visión global», que ve todas las cosas que no podemos ver nosotros, sigue con toda tranquilidad su marcha hacia adelante.

Ahora, es muy fácil para nosotros leer esta historia el día de hoy y saber lo que va a suceder, pero pongámonos por un momento en el lugar de Marta y María, las hermanas de Lázaro. Saben que Jesús tiene el poder para sanar a su hermano, entonces cuando se pone grave, lo mandan llamar: «Señor, necesitamos que vengas lo más pronto que puedas porque nuestro hermano, Lázaro, está a punto de muerte y necesitamos un milagro». Me puedo imaginar que cuando regresa el mensajero de darle el recado a Jesús, las hermanas casi no pueden esperar para saber la respuesta que les ha traído de parte de Él, sólo para encontrarse con que ni siquiera les mandó un aviso de cuándo llegaría, etc., sino que simplemente el mensajero les dice que el Señor se volteó con los discípulos para decirles que la enfermedad era para traerle «gloria a Dios» y «¡vámonos a Judea, muchachos!» ¿Se puede imaginar qué desconcertadas se han de haber sentido estas dos hermanas ante esa terrible noticia? ¿Pueden sentir la frustración que han de haber sentido al saber que, aparentemente, ni le había importado al Señor el asunto de su querido hermano? ¿No es cierto que en muchas ocasiones así se ha sentido usted al estarle pidiendo algo al Señor? ¿No es verdad que en muchas ocasiones nos ponemos a lamentar nuestras circunstancias «tan horribles», y a preguntarle al Señor ¿por qué nos ha abandonado? Me puedo imaginar que exactamente así se sentían María y Marta al saber que el Señor no tan solo no venía, sino que parece que ni le había importado el asunto. ¡Qué desesperación! ¡Qué buen motivo para no dar gracias!

Las cosas sólo empeoran cuando al fin muere Lázaro, pasan cuatro días, lo han enterrado (fin de todas sus esperanzas de ver una sanidad en su hermano), y están todos en casa llorando y lamentando la pérdida de su queridísimo hermano y amigo, Lázaro. En eso, va llegando Jesús ... cuatro días más «tarde». Inmediatamente le salen al encuentro las dos hermanas, muy como nosotros hubiéramos salido y como muchas veces le salimos al encuentro, no con «acciones de gracias» sino con reclamos: «Señor, si hubieses estado aquí mi hermano no habría muerto» (véanse vv. 21 y 32). Dice usted, «un reclamo muy natural de acuerdo a las circunstancias que se estaban viviendo». De acuerdo. Pero, la Palabra nos está tratando de enseñar a ser personas «sobrenaturales». En otras palabras, aprender de la Palabra que aun cuando suceden cosas tan dramáticas como lo que ha sucedido en esta historia, podemos dar un «sacrificio» (esfuerzo voluntario) de gracias a pesar de todo lo que sucede alrededor. De hecho, las circunstancias alrededor de Lázaro todas apuntaban a una derrota, un fracaso, pero el Señor sabe tomar esas cosas y hacerlas que resulten para bien si tan solo pudiésemos aprender eso. Si tan solo pudiésemos CONFIAR en Él y descansar en Él sabiendo que Él tiene todo bajo control.


(Continues...)

Excerpted from Adoremos by Marcos Witt. Copyright © 1993 Marcos Witt. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Prólogo, 9,
Prefacio, 11,
1 Acción de gracias, 15,
2 Alabanza, 37,
3 Antes de ser un adorador, 55,
4 Adoración, 81,
5 ¿Por qué la escasez de verdaderos adoradores?, 103,
6 Un encuentro con Dios, 121,
7 La importancia de alabar y adorar, 151,
8 Los moradores de Sion, 167,
9 Allá en el cielo, 187,
10 Problemas comunes en la alabanza y adoración, 219,
Conclusión, 247,

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  • Anonymous

    Posted August 30, 2002

    A "must read" for every worship leader

    I would describe this book as an amazing work by Marcos Witt. There is a powerful message focused on worship and praise in today's Christian Church. Marcos Witt, who is probably the most influential worship leader in LAtinAmerica shares through this book what he has learned on praise and worship. This book will reveal to you some of the keys to become a true worshiper. Dont miss the opportunity of living a life of worship.

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