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Amor, sexo y noviazgo: Se libre para amar

Overview

¿Qué
quiere decir ser soltero ¿Y sexual en los ojos de Dios?

Esto no es un mero sermón sobre los males del sexo prematrimonial. Con testimonios de gente real,
este libro pretende ser tu compañero en los retos que representa vivir tu sexualidad en concordancia con el diseño de Dios, expresado en principios bíblicos. Provee amplias explicaciones claras y bien fundamentadas...

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Overview

¿Qué
quiere decir ser soltero ¿Y sexual en los ojos de Dios?

Esto no es un mero sermón sobre los males del sexo prematrimonial. Con testimonios de gente real,
este libro pretende ser tu compañero en los retos que representa vivir tu sexualidad en concordancia con el diseño de Dios, expresado en principios bíblicos. Provee amplias explicaciones claras y bien fundamentadas científicamente
(en los procesos biofísicos y psicológicos) para que conozcas y comprendas adecuadamente las implicaciones a nivel corporal, emocional y espiritual de la sexualidad en todos sus aspectos. Lucha con qué quiere decir ser soltero y sexual en un entorno cultural que ofrece miles de respuestas que desilusionan.
El libro pinta un bello cuadro de jóvenes varones y mujeres, fuertes,
realizados en su sexualidad de una forma que refleja el glorioso diseño de Dios en un mundo roto.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781616822903
  • Publisher: Nelson, Thomas, Inc.
  • Publication date: 3/2/2010
  • Language: Spanish
  • Pages: 240
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 0.80 (d)

Table of Contents

Contents

Agradecimientos....................5
Introducción....................7
Capítulo I: Cómo entienden y viven su sexualidad los jóvenes....................11
Capítulo II: Reaprendamos el plan de Dios para la sexualidad....................23
Capítulo III: Sexualidad y culpa....................39
Capítulo IV: Autoestima y sexualidad....................45
Capítulo V: El deseo erótico y la necesidad de afecto....................51
Capítulo VI: Relaciones que lastiman....................69
Capítulo VII: Me amo para amar: Personas plenas....................81
Capítulo VIII: Relaciones plenas....................89
Capítulo IX: Ser humano y sexualidad....................97
Capítulo X: El amor....................109
Capítulo XI: Noviazgo y proyecto de vida....................127
Capítulo XII: Con miras al matrimonio....................151
Capítulo XIII: Cómo enseñar sexualidad en las iglesias ?Qué opinan los jóvenes?....................183
Capítulo XIV: Aprendamos de la experiencia: Historias reales....................195
Capítulo XV: Algunas palabras a los líderes de jóvenes....................207
Anexo: Percepción de los jóvenes cristianos sobre la sexualidad....................217
Bibliografía....................233
Notas....................235
Acerca del autor....................237
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First Chapter

AMOR, SEXO Y NOVIAZGO


By SIXTO PORRAS

Thomas Nelson

Copyright © 2010 Sixto Porras
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-247-0


Chapter One

Cómo entienden y viven su sexualidad los jóvenes

Por fin tengo independencia para decidir cómo vivir mi sexualidad. ?Qué hago?

La historia de Vivian

Tengo veinticuatro años, soy soltera y siempre he tenido la sensación de que algo anda mal conmigo. A mis catorce años, mi vida transcurría sin mayor tropiezo. Estaba en un buen colegio, tenía buenas amistades y hasta sostenía una relación inocente, de niños que <<se gustan>>, con un muchacho muy decente.

Sin embargo, por aquel entonces, en una fiesta familiar conocí a un muchacho totalmente diferente a mis amigos. Era muy independiente. Desde que lo conocí me impresionó mucho, y al poco tiempo iniciamos una relación de noviazgo. A raíz de algunos comentarios que circulaban acerca de él, la opinión de algunas personas cercanas, entre ellas mis padres, sobre mi nueva relación, no era favorable. Me prohibieron verlo, por lo que empecé a mentir acerca de dónde y con quién salía. Me escapaba del colegio, inventaba trabajos grupales, etc. La relación continuó por unos cuatro meses, hasta que un día él dijo que había encontrado a alguien más. Fue un golpe durísimo para mí.

Hasta aquí parece ser una historia más de romance adolescente; sin embargo, romper con él me provocó tal desequilibrio que ese día traté de quitarme la vida y terminé en el hospital. Después de esa dura experiencia, cambié de colegio, y mi vida continuó de forma más o menos normal. Ingresé a la universidad y me hice de nuevas amistades con nuevos chicos.

Alrededor de los dieciocho años tuve mi primera relación sexual con un muchacho del que no recuerdo que fuera ni bueno ni malo. Pasó por mi vida sin dejar nada positivo. Para ese tiempo, y por circunstancias difíciles con la salud de mi padre, empecé a actuar de forma rebelde y descontrolada. Fue un período en el que mis actos simplemente respondían a mis deseos y caprichos inmediatos, y mi vida no tenía rumbo cierto.

Luego, empecé a trabajar, y sucedió que volví a encontrar a aquel muchacho <<distinto e independiente>> que me había roto el corazón a los catorce. La relación comenzó de nuevo. Mis padres, al igual que otros a mi alrededor, expresaron su desaprobación, pero tuvieron que aceptar mi decisión de volver con él.

Nuestra relación duró cuatro años; los peores de mi vida. De forma paradójica, ambos tratábamos de buscar de Dios. Sin embargo, nunca dejamos que sus enseñanzas pusieran orden y fundamentaran nuestra relación. Simplemente fue una pesadilla. Abundaban los pleitos y los gritos, y continuamente nos faltábamos el respeto.

Por mi parte, me la pasaba vigilándole, ya que sabía de su adicción a las drogas, la que había adquirido poco después de nuestra primera relación. Me volví una loca obsesiva tratando de cuidarlo para evitar que volviera a llegar hasta el hospital psiquiátrico, donde ya había estado por su problema de adicción. Sabía que fumaba marihuana, pero de una u otra manera, yo siempre lo disculpaba, tanto por el consumo de drogas, como también por su aberrante actitud y comportamiento. Un día me pegó tan fuerte que me mandó al hospital con la nariz muy golpeada. Por intervención de una buena amiga, hice la denuncia correspondiente ante el juzgado y me dieron medidas de protección. No obstante, a los pocos días, ahí estábamos de nuevo juntos. Era increíble mi falta de amor propio. Nada cambiaba, así que con mucha dificultad terminé la relación o eso creí haber hecho.

Hace más de un año que tengo un noviazgo con otra persona muy decente, totalmente distinto. Un hombre trabajador, dedicado al deporte, muy seguro de sí mismo; en fin la otra cara de la moneda. Aun así, el pasado no ha quedado atrás. No dejo de volver la mirada atrás buscándolo. Estoy consciente de que el problema soy yo, mi falta de amor propio. Soy una persona insegura, llena de complejos y dependiente de otros. No tengo control de mí misma. Hoy quiero esto, mañana lo otro.

En cuanto a mi vida espiritual, creo conocer a Dios, pero jamás he logrado que guíe mi vida. Nunca he caminado de acuerdo a sus principios. Usualmente lo busco cuando estoy muy mal, o cuando estoy muy bien, pero no dejo que me acompañe en mi diario vivir. Cuando sé que estoy haciendo algo que está mal, me aparto como con vergüenza.

Hoy puedo decir que mi vida es totalmente inestable. No sé hacia dónde quiero ir. Soy dependiente afectivamente. Me da miedo la soledad y enfrentarme conmigo misma. Por un tiempo creí haber avanzado mucho hacia una mayor estabilidad y control. Sin embargo, siento que voy hacia el abismo de nuevo.

Mi relación iba bien, y el resto de mi vida iba tomando rumbo, hasta que me entró la desesperación por saber de él. De nuevo lo busqué y ahora siento que no hay marcha atrás. Me volví a involucrar en esa relación peligrosa que sé que no me traerá más que problemas. No entiendo por qué entonces lo busco, pero no lo puedo evitar. Es más fuerte que yo, necesito estar con él.

Soy una cobarde. No puedo sostener mis decisiones en el tiempo. Voy a perder lo que hasta hoy he ganado. Voy hacia el fracaso y no sé cómo detenerme.

* * *

A los jóvenes, más que un rango de edad, es el crecimiento emocional y una mayor independencia económica e individual lo que los define. En las últimas décadas, cada vez más jóvenes deciden no optar por el matrimonio debido a factores como las aspiraciones académicas, los proyectos de realización profesional y la búsqueda de estabilidad económica, entre otros. A nivel biológico, la persona joven que ha dejado atrás la adolescencia, se encuentra en la plenitud de sus facultades físicas, sociales y sexuales. Se puede decir que se encuentra en una etapa donde ya ha ido construyendo su identidad, lo que refuerza el sentimiento de seguridad y autonomía en sí mismo. Y, aunque siempre está en vías de maduración, el énfasis lo coloca en el establecimiento de relaciones afectivas más estables y cercanas.

Ahora bien, los jóvenes que han decidido tener una vida fundamentada en valores y principios cristianos, con miras a un desarrollo saludable, físico, emocional y espiritualmente, enfrentan desafíos distintos a quienes construyen su vida basándose únicamente en los parámetros personales de comodidad o conveniencia. Más que un rango de edad, es el crecimiento emocional y una mayor independencia económica e individual, lo que define a los jóvenes

Son numerosos los desafíos cotidianos relacionados con la sexualidad que los jóvenes enfrentan. En este ámbito, la influencia de una sociedad permisiva en temas como los encuentros sexuales casuales, la carencia total de compromiso y la satisfacción inmediata del deseo sexual, genera una presión particularmente complicada, especialmente para quienes tratan de manifestar un estilo de vida acorde con los valores y principios que han elegido como guía para sus vidas.

En esta etapa de la vida, la adolescencia generalmente ya ha dejado el fruto de una identidad medianamente consolidada. Por lo tanto, se tiene una noción más clara de quién se es, y esta seguridad abre las puertas emocionales, afectivas y sexuales a la búsqueda de la intimidad con otros seres humanos, en particular, dentro de una relación de pareja.

Dada la independencia económica y emocional que probablemente ya han alcanzado, ciertas conductas -que eran sancionadas en la adolescencia-, son accesibles e, incluso, esperables, en esta etapa.

Ahora bien, esto puede, en muchas ocasiones, entrar en conflicto con el hecho de que la espiritualidad juega un papel muy importante en la construcción del proyecto de vida, y en la cosmovisión de quienes han decidido vivir de acuerdo a los principios cristianos. Este fue el caso de los participantes en el estudio que se efectuó con el fin de tener una mejor percepción del joven. Entre quienes participaron, el ámbito de la <<espiritualidad>> despertó más interés que otros propuestos. Este tema no pareció limitarse a la experiencia mística o a la tradición religiosa <<encajonada>> en un tiempo y un espacio grupal. Pareció ser el marco dentro del cual estas personas anhelaban alcanzar sus metas en los demás ámbitos de la vida.

Por otro lado, para muchos de los jóvenes, el trabajo les consumía la mayor parte de su tiempo y energía. A pesar de que se indagó sobre aspectos como finanzas, arte, política y deportes, la búsqueda de una pareja pareció ser el anhelo más importante durante esta etapa. Ahora bien, si recordamos que estos contextos tratan la espiritualidad como prioridad, ?cómo se concibe la vivencia adulta de una relación exclusiva y heterosexual, si tomamos en cuenta la tensión y el deseo sexual, el proyecto de vida y la propuesta cristiana de postergar las relaciones sexuales hasta el matrimonio?

Al indagar sobre las definiciones que los participantes en el estudio atribuyeron a la <<sexualidad humana>>, las respuestas se dirigieron hacia distintas vertientes. Para algunos, sexualidad es la relación social y circunstancial entre todas las personas, así como la forma de convivir con el sexo opuesto, producto del aprendizaje social. Para otros, la sexualidad es el medio para la reproducción. Lo interesante de las respuestas anteriores es que son algo básicas (la reproducción o el aprendizaje social son explicativos, pero no atañen a la vivencia personal), o son muy generales.

A la luz de lo anterior, y como primera herramienta para los jóvenes, es importante que ellos interioricen una definición integral de sexualidad que les permita constituir sus creencias a nivel de conocimiento, y con su experiencia psicoemocional. El propósito es que conciban su propia sexualidad como un ámbito de la vida que pueden canalizar adecuadamente y de acuerdo con sus valores. El objetivo es que puedan sobrellevar los conflictos o la tensión que experimentan al haber optado, al menos a nivel de decisión, por no tener relaciones sexuales. Es primordial, para mantenerse o caminar hacia ese estilo de vida, tener una definición más profunda y, a la vez, concreta, de lo que es sexualidad sana, trascendiendo el ser activos sexualmente.

Por lo tanto, al hablar de sexualidad, es importante recordar que nos referimos a esa parte de la experiencia humana que responde a la necesidad de interrelacionarse con otros, encaminándose, por medio del aprendizaje con los demás, hacia la propia realización personal y la construcción subjetiva de la identidad. En la relación sexual, la pareja busca el bienestar y el desarrollo de ambos, dentro de un encuentro que es exclusivo y único. Cabe recordar, entonces, que la vivencia saludable de la sexualidad comprende lo siguiente: afecto, confianza, sensación de seguridad y compromiso, respeto, libertad, responsabilidad y la convicción de tener relaciones sexuales con una pareja con la que hay una relación de compromiso, y dentro de un marco de proyecto de vida.

No obstante, como estudiantes, los jóvenes perciben la presión de una sociedad que los estimula a llevar una vida sexual activa. Esta tensión se experimenta también en ambientes laborales y de recreación. Los jóvenes entrevistados han expresado la necesidad de contar con herramientas que les permitan manejar situaciones, dar respuestas ante las mofas o cuestionamientos de otros jóvenes, y canalizar adecuadamente sus necesidades afectivas y sexuales.

Además, se puede extraer de la conversación de los jóvenes, que el materialismo y la cosificación del cuerpo en la sociedad actual hacen de la sexualidad una interrogante, acompañada por el temor de ser utilizados como objetos de placer, o abandonados ante sus mismas necesidades sexuales y afectivas.

Entonces, ?cómo interiorizar una definición apropiada de sexualidad?

<<Sexo es tener órganos genitales y sexualidad es usarlos>>, contestó una alumna de primer año de secundaria cuando se les pidió a los integrantes del grupo que manifestaran la diferencia entre estos dos términos. <<Amar, quererse, y respetarse no tiene que ver con la sexualidad>>, añadió.

Un joven de segundo año respondió que la sexualidad es saber las posiciones y formas de tener relaciones sexuales. Cuando se les hizo la misma pregunta a estudiantes de niveles más avanzados, las respuestas comenzaron a variar para incluir otros elementos intrínsecos a la sexualidad como lo son el afecto y la emotividad. Sin embargo, aun en grupos de jóvenes adultos es difícil reconocer el elemento espiritual dentro de su concepción de sexualidad.

El primer paso para entender apropiadamente la sexualidad es tener una definición clara que les permita a las personas conjugar sus creencias a nivel espiritual con la experiencia física y psicoemocional. El propósito es que entiendan su propia sexualidad de forma integral y de acuerdo con sus valores. Que se sientan seguros y satisfechos de optar en el diario vivir por la postergación de las relaciones sexuales hasta el matrimonio.

Es primordial, entonces, comprender de forma concisa lo que es una sana concepción de la sexualidad.

Antes de profundizar en el tema, es necesario esclarecer dos conceptos. Cuando hacemos referencia a la palabra <<sexo>>, estamos haciendo alusión a ese conjunto de condiciones por las cuales logramos diferenciar a los hombres de las mujeres. Esto comprende aspectos fenotípicos, como lo son la composición anatómica (órganos reproductores, características sexuales secundarias, etc.), y los aspectos genotípicos, es decir la carga genética y cromosómica (XY para los hombres y XX para las mujeres).

Mientras que la sexualidad comprende la confluencia de una serie de facetas vitales, implicadas en la atracción, en el sentir y en el amar.

Muy al contrario de lo que exponen algunos teóricos, la sexualidad no puede ser únicamente entendida en función de la reproducción, o del encuentro físico ya que, la influencia del instinto, en nuestro caso (a diferencia de los animales), es diluida en la complejidad de nuestro ser. Si bien es cierto que a partir de la adolescencia se llegan a experimentar fuertes impulsos sexuales, los cuales se derivan de la hiperactivación hormonal, no se puede negar que otras áreas de la personalidad también entran en juego.

Hablamos de sexualidad sana cuando se integran todas las áreas de la persona en función del bienestar y del desarrollo tanto individual como relacional, hecho que hace posible encontrar a través de ella una enorme satisfacción. A continuación, pues, exponemos algunos elementos que implican una sexualidad sana así definida:

Cuando se comparte con la pareja existe afecto, confianza, amor, sensación de seguridad y compromiso. Hay un alto grado de intimidad, estabilidad y comunicación. La persona conoce el valor real de la vida, por lo que evita exponerse y someter a los demás, a daños y perjuicios, o a situaciones riesgosas para la salud física, mental y emocional. Se tiene un profundo autoconocimiento y autodominio que deriva en el ejercicio pleno de la libertad con responsabilidad. Existe conciencia de la importancia de compartir la vivencia de las exualidad con alguien especial. Esto implica la coincidencia en una serie de nociones tales como que la relación sea fuerte y esté consolidada, que exista respeto a las necesidades y tiempo compartido y que, por lo tanto, ninguna decisión sea impositiva.

(Continues...)



Excerpted from AMOR, SEXO Y NOVIAZGO by SIXTO PORRAS Copyright © 2010 by Sixto Porras. Excerpted by permission.
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