Amor y respeto

Amor y respeto

5.0 1
by Emerson Eggerichs
     
 

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Descubra el más grande secreto para un matrimonio exitoso.
¿Qué quiere usted para su matrimonio? ¿Quiere tener paz? ¿Quiere sentir intimidad? ¿Quiere sentirse valorado? Entonces, pruebe un poco de Amor y respeto.

Basado en Efesios 5.33 y vasta investigación  bíblica y psicológica, el doctor

Overview

Descubra el más grande secreto para un matrimonio exitoso.
¿Qué quiere usted para su matrimonio? ¿Quiere tener paz? ¿Quiere sentir intimidad? ¿Quiere sentirse valorado? Entonces, pruebe un poco de Amor y respeto.

Basado en Efesios 5.33 y vasta investigación  bíblica y psicológica, el doctor Emerson Eggerichs revela por qué los espsos reaccionan negativamente el uno con el otro, y cómo pueden tratar con este conflicto rápida, fácil y bíblicamente.

Product Details

ISBN-13:
9781602556850
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
02/01/2010
Sold by:
THOMAS NELSON
Format:
NOOK Book
Pages:
304
Sales rank:
315,475
File size:
848 KB

Read an Excerpt

AMOR Y RESPETO


By Emerson Eggerichs

Thomas Nelson

Copyright © 2011 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-685-0


Chapter One

El sencillo secreto para un matrimonio mejor

¿Cómo puedo hacer para que mi esposo me ame tanto como yo lo amo a él? Ésta era la pregunta básica que oía decir, una tras otra, a las esposas que me consultaban por consejo durante los casi veinte años en que pastoreé una congregación creciente. Se me rompía el corazón por las esposas al verlas llorar y oírlas contarme sus historias. Las mujeres son tan tiernas. En muchas ocasiones me quedaba sentado allí mientras me corrían lágrimas por las mejillas. Al mismo tiempo me sentía molesto con los esposos. ¿Por qué no podían ver lo que les estaban haciendo a sus esposas? ¿Había alguna forma de ayudar a las esposas a motivar a estos maridos a amarlas más?

Sentía todo esto muy profundamente porque había crecido en un hogar infeliz. Mis padres se divorciaron cuando tenía un año. Más tarde se volvieron a unir, pero cuando tenía cinco, se separaron otra vez. Volvieron a estar juntos cuando estaba en tercer grado, y los años de mi niñez están llenos de recuerdos de gritos y de tensión inquietante. Vi y oí cosas que quedaron grabadas en mi alma para siempre, y a veces lloraba hasta quedarme dormido. Recuerdo que sentía una gran tristeza. Mojé la cama hasta la edad de once años y a los trece me enviaron a la escuela militar, donde permanecí hasta graduarme.

Cuando recuerdo cómo mis padres vivieron una vida de conflicto casi constante, puedo ver la raíz de su infelicidad. No fue difícil ver que mi madre imploraba amor y que mi padre quería desesperadamente ser respetado.

Mamá enseñaba acrobacia, zapateo americano y natación, lo que le proporcionaba un buen ingreso y le permitía vivir independientemente de los recursos de papá. Esto lo hacía sentir que mamá podía arreglárselas sin él, y a menudo ella le enviaba ese mensaje. Ella tomaba decisiones financieras sin consultarlo, lo cual lo hacía sentir insignificante, como si él no importara. Y como él se ofendía, reaccionaba de formas poco cariñosas hacia ella. Estaba seguro de que ella no lo respetaba. Papá se enojaba por ciertas cosas, ninguna de las cuales puedo recordar. Mamá se sentía aplastada, y se retiraba de la sala. Esta dinámica entre ellos fue mi forma de vida desde la niñez hasta los años de adolescencia.

Cuando era adolescente oí el evangelio: que Dios me amaba. Él tenía un plan para mi vida, y yo necesitaba pedirle perdón por mis pecados para recibir a Cristo en mi corazón y experimentar la vida eterna. Hice exactamente eso, y mi mundo entero cambió cuando me convertí en un seguidor de Jesús.

Después de graduarme de la escuela militar, me inscribí en el Wheaton College porque creía que Dios me estaba llamando al ministerio. Cuando estaba en primer año en Wheaton, mi madre, mi padre, mi hermana y mi cuñado recibieron a Cristo como Salvador. En nuestra familia empezó un cambio, pero las cicatrices no desaparecieron. Mamá y papá ahora están en el cielo, y agradezco a Dios por su salvación eterna. No hay amargura en mi corazón, sino solamente mucho dolor y tristeza. Durante mi niñez sentía, y ahora lo veo claramente, que mi padre y mi madre reaccionaban defensivamente el uno hacia el otro. Su problema era que podían ofenderse mutuamente con mucha facilidad, pero no tenían herramientas para efectuar algunos ajustes menores que pudieran apagar sus "lanzallamas".

Mientras estaba en Wheaton, conocí a una chica sanguínea que llevaba luz a cada lugar donde entraba. Sarah era la muchacha más positiva, cariñosa, e interesada en los demás que yo había conocido. Ella había sido Miss Simpatía del condado Boone en Indiana. Era íntegra y santa. Amaba al Señor y sólo deseaba servirle. Ella debería haber tenido una carga de una tonelada por el divorcio que había deshecho su familia, pero no permitió que eso contaminara su espíritu. Por el contrario, decidió seguir adelante. No solamente era atractiva, yo también sabía que podía despertar cada día sabiendo que tenía una amiga.

El "desacuerdo" por la chaqueta de jean

Le propuse matrimonio a Sarah cuando todavía estábamos en la universidad, y dijo que sí. Cuando aún estábamos comprometidos, tuvimos un indicio de cómo esposos y esposas pueden entrar en una discusión prácticamente por nada. Esa primera Navidad Sarah me hizo una chaqueta de jean. Yo abrí la caja, sostuve la chaqueta en alto, y le agradecí.

"No te gusta", dijo.

La miré perplejo y le respondí: "De veras que sí me gusta".

Insistente, dijo: "No, no te gusta. No estás entusiasmado".

Desconcertado, repetí con firmeza: "De veras que sí me gusta".

Ella replicó: "No, no te gusta. Si te gustara, estarías entusiasmado y agradeciéndome mucho. En mi familia decimos: '¡Oh, qué bueno! ¡Justo lo que quería!' Hay entusiasmo. La Navidad es un tiempo superespecial, y lo demostramos".

Esa fue nuestra introducción a la forma en que Sarah y Emerson reaccionan ante los regalos. Sarah agradece a la gente una docena de veces cuando algo la impacta profundamente. Como no le agradecí efusivamente, supuso que yo estaba siendo cortés pero que apenas podía esperar para dejar la chaqueta en un centro de colectas del Ejército de Salvación. Estaba segura de que yo no valoraba lo que ella había hecho y de que no sabía apreciarla. En cuanto a mí, me sentía juzgado por no ser y actuar de cierta manera. Sentía como si yo fuera inaceptable. Toda esa escena de la chaqueta me tomó totalmente por sorpresa.

Durante ese episodio, aunque ninguno de los dos lo discernía claramente por entonces, Sarah no se sentía amada y yo no me sentía respetado. Yo sabía que Sarah me amaba, pero ella, por otro lado, había comenzado a preguntarse si yo sentía por ella lo que ella sentía por mí. Al mismo tiempo, cuando ella reaccionó ante mi respuesta "indiferente" al recibir la chaqueta, sentí que realmente yo no le agradaba. Aunque no lo expresamos así, sin embargo, estos sentimientos de no sentirse amado y respetado ya habían comenzado a aflorar en nuestro interior.

Nos casamos en 1973 mientras yo terminaba mi master en comunicación en la Wheaton Graduate School. De allí nos fuimos a Iowa a trabajar en el ministerio, y completé un master en divinidad en el Seminario Dubuque. En Iowa, junto con otro pastor, iniciamos un centro de aconsejamiento cristiano. Durante ese tiempo comencé a estudiar seriamente las diferencias entre el hombre y la mujer. Podía sentir empatía por los clientes a quienes aconsejaba, porque Sarah y yo también experimentábamos la tensión de ser hombre y mujer.

Quizás tenga razón pero esté equivocado a los gritos

Por ejemplo, Sarah y yo somos muy diferentes en la interacción social. Sarah es afectuosa, muy dada a tratar con otros, y le encanta hablar con la gente acerca de muchas cosas. Después de estar con gente, se siente energizada. Yo tiendo a ser analítico y a procesar las cosas más o menos fríamente. Me siento energizado después de haber estado estudiando solo por varias horas. En actividades sociales interacciono cordialmente con la gente, pero soy mucho menos dado a relacionarme que Sarah.

Una noche, mientras volvíamos a casa después de un grupo pequeño de estudio bíblico, Sarah expresó algunos sentimientos fuertes que había ido acumulando durante varias semanas.

"Estuviste bastante aburrido en el estudio bíblico hoy—dijo, casi enojada—. Intimidas a la gente con tu silencio. Y cuando hablas, a veces dices algo falto de sensibilidad. Lo que dijiste a la pareja nueva no se entendió muy bien".

Quedé desconcertado pero intenté defenderme: "¿De qué estás hablando? Yo estaba tratando de escuchar a la gente y de entender lo que estaban diciendo".

La respuesta de Sarah subió varios decibeles más. "Necesitas hacer que la gente se sienta más relajada y cómoda". (Los decibeles aumentaron un poco más.) "Tienes que hacer que la gente se muestre más comunicativa". (Ahora Sarah prácticamente estaba gritando.) "¡No seas tan introvertido!"

No le respondí por unos segundos porque me sentía menospreciado, no solamente por lo que me dijo sino por su comportamiento y su tono. Respondí: "Sarah, quizás tengas razón pero estás equivocada a los gritos".

Sarah recuerda que nuestra conversación de aquella noche en el auto le cambió la vida. Quizás su apreciación de mi manera de actuar con la gente era acertada, pero su forma de expresarlo fue una exageración. Ambos resolvimos algunas cosas gracias a esa conversación. (Aún hoy a veces nos recordamos mutuamente: "Quizás tengas razón pero estás equivocado a los gritos".) En términos generales creo que, como producto de esa conversación, Sarah ha mejorado más que yo. Justamente la semana pasada me dio una clase sobre cómo ser más sensible hacia otra persona. (¡Y esto después de más de treinta años en el ministerio!)

Aquel temprano episodio de nuestro matrimonio plantó más semillas de lo que más adelante podría escribir y hablar claramente. Yo sabía que Sarah me amaba y que su arranque fue producto de su deseo de ayudarme. Ella quería que apreciara su interés y que entendiera que sólo lo estaba haciendo por amor, pero en resumidas cuentas, yo me sentía atacado, no respetado y a la defensiva. A lo largo de los años, continuamos lidiando con este mismo problema. Ella acostumbraba expresar su preocupación por algo a lo que yo no prestaba la debida atención. ("¿Devolviste la llamada de tal y tal? ¿Le escribiste una notita a tal otro?") Yo hacia todo lo posible por mejorar, pero de vez en cuando volvía a caer en lo mismo, y eso la hacía sentir que yo no valoraba su aporte.

Y después me olvidé de su cumpleaños

Pasaron unos cuantos años más, y se acercaba el cumpleaños de Sarah. Ella estaba pensando cómo respondería yo—incluso si me acordaría. Ella siempre se acordaba de los cumpleaños, pero no eran algo grande en la pantalla de mi radar. Ella sabía que nunca se olvidaría de mi cumpleaños, porque me amaba entrañablemente. Sin embargo, se preguntaba si yo celebraría el suyo. Ella pensaba: ¿Ocupo en su corazón el mismo lugar que él ocupa en el mío?

Así que lo que hizo no fue con espíritu mezquino. Simplemente estaba tratando de descubrir cosas acerca de mí y de los hombres en general. Ella sabía que el olvido era un problema común, y sólo estaba siendo curiosa. A modo de experimento, escondió todas las tarjetas de felicitación que habían llegado antes de su cumpleaños. No había señales de ello por ningún lado, y yo estaba envuelto en mi neblina de siempre, estudiando y pensando. El día de su cumpleaños, almorcé con un amigo. Esa noche mientras Sarah y yo cenábamos, preguntó suavemente: "Entonces, ¿Ray y tú celebraron mi cumpleaños hoy?"

No puedo describir exactamente lo que sucede dentro de un cuerpo humano en un momento como ése. Pero yo sentía como si mi sangre hubiera salido del corazón, llegado hasta los pies, y subido con toda la fuerza hacia mi rostro. ¿Cómo haría para explicarle esto?

Carraspeé y vacilé, pero no podía explicar cómo había olvidado el cumpleaños de Sarah. Mi olvido había mostrado falta de amor y podía ver que ella estaba dolida. Pero al mismo tiempo, tenía estos sentimientos extraños. Sí, había hecho mal al olvidarme, pero no había ignorado intencionalmente su cumpleaños. Me sentía juzgado, rebajado—y con todo derecho. En ese entonces, no podía describir mis sentimientos con una palabra como falta de respeto. Durante aquellos años, cuando el feminismo estaba en pleno auge, los hombres no decían que las mujeres les faltaban el respeto. Eso habría sido arrogante, y en los círculos eclesiásticos se lo habría considerado como una terrible falta de humildad.

Momentos de ternura y chisporroteos desagradables

Los años pasaron rápidamente—una imagen borrosa de prédicas, pastoreo y consejo a parejas casadas. Sarah y yo continuábamos creciendo en nuestro matrimonio a medida que aprendíamos más uno del otro, y pasamos muchos momentos maravillosos. Pero junto con esos momentos tiernos también hubo lunares (¿debería decir "chisporroteos"?) desagradables. Ninguno duraba mucho; casi siempre orábamos juntos después, pidiéndonos perdón mutuamente y también al Señor. Pero ¿qué significaba todo eso? ¿Hacia dónde se dirigía nuestro matrimonio? Después de todo, yo era un pastor al que le pagaban para ser "bueno". ¿Cómo podría justificar todas esas pequeñas metidas de pata que eran "buenas para nada"?

Como dijo alguien, el problema con la vida es que es tan diaria. Y Sarah y yo nos exasperábamos mutuamente casi todos los días con malos hábitos que no nos podíamos sacudir. Uno de los míos era dejar las toallas húmedas sobre la cama. Por lo menos una vez al mes Sarah se enojaba por mi toalla húmeda. Y más o menos cada tres meses volvía a estar preocupado por otras cosas, descuidando ciertos deberes, y olvidando ciertos pedidos. Cuando me criticaba surgía tensión, y yo salía culpándola a ella o dando excusas.

Sarah tose y se aclara la garganta periódicamente, y en los primeros años de matrimonio en los momentos en que estábamos orando, me sentía irritado por su tos. ¿Hasta dónde podía ser infantil? Estábamos orando al Señor del cielo, y yo me sentía molesto por algo que ella no podía evitar. Otras veces, ella quería que alabara al Señor cuando estaba frustrado. Francamente, no siempre quería alabar al Señor ¿y eso me hacía menos espiritual? Cuando ella estaba frustrada, ¡yo no le decía que alabara al Señor! ¿No me hacía eso menos crítico y más espiritual?

La tensión tiene su manera de destruir nuestra autoimagen. Por el lado de la confrontación, yo sentía que nunca sería suficientemente bueno. Y por el lado del conflicto familiar, Sarah se sentía fracasada como madre y esposa. Como sucede con todas las parejas, las cosas específicas que provocaban estas tensiones pesaban mucho en nosotros como pareja. En efecto, la vida puede ser "tan diaria".

Viajar, estudiar o enseñar no es lo primero que Sarah elegiría porque no es su don, aunque está dispuesta a ir por causa del ministerio. Yo no soporto tener que arreglar cosas que se rompen en la casa, porque ése no es mi talento. Así que casi siempre me quejo cuando intento reparar algo y no funciona (¡y justamente era por eso que no lo quería arreglar!).

Comparto estos pequeños "secretos" sobre mi esposa y yo para que sepa que no damos nuestro mensaje desde ningún pedestal de perfección. Hemos luchado en muchos frentes y lo seguimos haciendo, ¡pero ahora luchamos sabiendo que podemos ganar! A lo largo de los años, muy despacio, hemos ido descubriendo el "secreto" que ha logrado la diferencia para nosotros (y muchas otras parejas).

El "secreto" escondido en Efesios 5:33

Durante más de veinte años tuve el privilegio de estudiar la Biblia treinta horas por semana para mi ministerio de predicación. También obtuve un doctorado en estudios familiares, además de un master en comunicación. Tenía mucha educación formal, pero cuando esta iluminación de la Escritura estalló en mi corazón y mi mente un día de 1998, simplemente quedé maravillado. Literalmente exclamé: "¡Gloria a Dios!" Esta revelación que finalmente había reconocido en la Escritura, y que más adelante confirmé leyendo informes científicos, explicaba por qué Sarah y yo teníamos discusiones. Por fin vi claramente por qué Sarah podía sentirse aplastada por mis palabras y acciones, así como mi madre se había sentido aplastada por mi padre. Y Sarah podía decir cosas que me harían explotar, así como mi madre había dicho cosas que habían hecho explotar a mi padre.

¿Cuál era el secreto? En realidad, no había secreto alguno. Este pasaje de la Escritura ha estado ahí por unos dos mil años, a la vista de todos. En Efesios 5:33, Pablo escribe: "Cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo" (NVI).

Por supuesto, había leído ese versículo muchas veces. Incluso había predicado sobre él al dirigir ceremonias matrimoniales. Pero por alguna razón nunca había visto antes la conexión entre amor y respeto. Pablo dice claramente que las esposas necesitan amor y los esposos necesitan respeto. Cuando comencé a compartir mi secreto en las prédicas y más tarde en seminarios y conferencias, a menudo encontraba gente que me decía cosas como: "Esta Conexión entre Amor y Respeto suena bien, Emerson, ¿pero no es un poquito teórica? Nosotros tenemos problemas reales—problemas de dinero, problemas sexuales, la crianza de los niños ..."

Como voy a mostrar a lo largo de este libro, la Conexión entre Amor y Respeto es la clave de todo problema en un matrimonio. Ésta no es una linda teoría a la que le agregué unos cuantos versículos bíblicos. La forma en que la necesidad de amor y la necesidad de respeto compiten entre sí en un matrimonio tiene todo que ver con la clase de matrimonio que usted tendrá.

(Continues...)



Excerpted from AMOR Y RESPETO by Emerson Eggerichs Copyright © 2011 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

En su calidad de investigador, el doctor Emerson Eggerichs, quien tiene un Doctorado en Filosofía con especialidad en Ecología Infantil y Familiar otorgado por la Universidad del Estado de Michigan, se ganó los testimonios de miles de madres después del lanzamiento de su obra best seller del New York Times Amor y Respeto. Estas madres reportaron consistentemente que cuando aplicaban a sus hijos varones el aspecto de respeto que contenía el mensaje obtuvieron unos resultados significativos. Emerson y su esposa Sarah presentan en distintos lugares de la nación una serie de Conferencias sobre Amor y Respeto en el matrimonio y en la educación de los hijos. Emerson también ha dado conferencias a grupos de la NFL, la NBA, la PGA, los Navy Seals y miembros del Congreso. Durante casi veinte años, fue el Pastor Principal de la iglesia Trinity, en East Lansing, MI. Él y Sarah  han estado casados desde 1973 y tienen tres hijos adultos. Emerson también cuenta con una Licenciatura en Artes con especialidad en Estudios Bíblicos, otorgada por el Wheaton College, una Maestría en Artes con especialidad en Comunicación, otorgada por la Escuela Graduada del Wheaton College y una Maestría en Divinidades otorgada por el Seminario Teológico de la Universidad de Dubuque.

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Amor y Respeto 5 out of 5 based on 0 ratings. 1 reviews.
AzulChavez More than 1 year ago
Simplemente Excelente, todas las parejas deben leerlo tengan o no problemas, basado en los principios Biblicos lo cual lo hace de Interes Universal