Antologia

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by Jose Rizal y Alonso, Jos Rizal, Jose Rizal y. Alonso
     
 

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Esta antología comprende las dos obras de teatro de que Rizal escribió (Junto al Pásig y El consejo de los Dioses) y una selección de sus mejores poemas.

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Esta antología comprende las dos obras de teatro de que Rizal escribió (Junto al Pásig y El consejo de los Dioses) y una selección de sus mejores poemas.

Product Details

ISBN-13:
9788498167481
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
10/28/2006
Pages:
74
Sales rank:
988,733
Product dimensions:
5.50(w) x 8.50(h) x 0.21(d)

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Antología


By José Rizal

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9816-748-1



CHAPTER 1

JUNTO AL PÁSIG. MELODRAMA EN UN ACTO Y EN VERSO

Letra del doctor José Rizal

Representada por primera vez el 8 de diciembre de 1880, a las seis de la tarde, con música de don BLAS ECHEGOYEN, en el Salón de Actos del Ateneo Municipal, de Manila, por los alumnos de la Academia de Literatura Castellana de dicho centro docente, de la que era Presidente el egregio de Apóstol de las libertades filipinas.

Representada por segunda vez, con música de MANUEL VÉLEZ, con motivo de la VELADA LITERARIA, LÍRICA Y MUSICAL organizada por el periódico anual ilustrado DÍA FILIPINO, que se ha celebrado el 19 de Junio de 1915, en el Grand Opera House, Avenida Rizal, Manila, en conmemoración del 54.º aniversario del nacimiento del inmortal MÁRTIR DE BAGUMBAYAN.

Editado por el DÍA FILIPINO.

1915.


PERSONAJES

Leónido
Cándido
Pascual
Satán
Ángel
Niño I
Niño II
Niño III
Coro de niños y coro de diablos.


ACTO ÚNICO

(La acción se lleva a cabo a orillas del río Pásig, en el pueblo de este nombre; la decoración representa el río, y la orilla opuesta a la en que están los personajes. Verán la iglesia, casas, cañaverales y multitud de banderas y adornos propios de los pueblos del Archipiélago. Es la hora del alba y, de consiguiente, el tono del conjunto ha de ser suavemente reproducido.)


Escena I

Cándido, Pascual y otros niños. (Uno de los cuales lleva flores, y otros con banderas y juguetes propios de la niñez.)

Coro

Rosas, claveles, Pásig ameno, Luce con galas mil; Divina aurora, Su hermoso cielo Viste de luz gentil; Sus ojos son divinos, Su frente el rosicler. Sus labios purpurinos El pecho hacen arder: En ti, dulce hermosura. La mente segura va; En ti, rica ventura El alma feliz tendrá.

(Recitado)

Cándido

¡Cuán hermosa es la mañana! La aurora con sus albores Va acariciando a las flores Con que el prado se engalana. ¡El Pásig! ¿Oís el murmullo De las cañas en su orilla? ¿Escucháis de la avecilla El suave y variado arrullo? Decidme: tanta belleza, Tanto adorno y galanura, Que con mágica hermosura Ostenta Naturaleza; Y esta tranquila corriente Do las bancas se deslizan, ¿No os encantan? ¿No os hechizan Con su lenguaje elocuente? ¿No os dicen que su contento Lo causa la Virgen pía, Viviendo en aqueste día Con pomposo lucimiento?

Todos

¡Sin duda!

Pascual

Tal alborozo En el pueblo se respira; Tal es el placer que inspira, Que todos bailan de gozo. Llenas encuentro doquier De vistosos aparejos Las calles; niños y viejos. Todos salen para ver.

Niño I

Hablas, Pascual, muy de veras; ¡Y lo creo! Pues la gente Anda colgando impaciente Gallardetes y banderas.


Niño II

Aquí traigo un canastillo
De flores para ofrecer
A la Virgen ...

Niño I

¡Ole! ¡A ver! ...
Es un regalo sencillo ...

(Lo mira con desprecio.)

Yo tengo una jaula en casa
Do moran pintadas aves,
Cuyos trinos son tan suaves
Que se la daré, si pasa.

Niño III

¡Pajaritos! ¡Qué locura!
Yo tengo bombas,
cohetes ...

(Con jactancia.)

Niño I

¡Quita allá! ¡Esos son juguetes
Que solo infunden pavura! ...

Niño III

¡Tú tienes miedo!

Niño I

¿Yo? ¡No!

Pascual

Tengo una flauta de caña ...

(Todos se ríen.)

Todos

¡Ja! ¡Ja!

Pascual

¿La cosa os extraña?
¡Pues sí! ¡La tocaré yo!
Mi padre, como sabéis,
Me enseñó varias sonatas,
Lindas, muy lindas, muy gratas:
Las tocaré; ¡ya veréis!

Niño II

¡Mejores serán mis flores!

Pascual

¡Mi flauta!

Niño I

¡Qué tontería!
Es mejor la jaula mía ...

Niño III

¡Cá! Las bombas son mejores.

Niño I

¡No, señor!

Niño III

¡Que sí, señor!

Niño I

¡Vaya un tonto!

Niño III

¡Vaya un loco!
Tu pobre jaula es bien poco.

Niño I

Tus bombas son lo peor.

Cándido

¡Ea, amigos! No riñáis:
Es cada ofrenda preciosa;
Pero suplico una cosa,
Y es ... que obedientes me oigáis:
Una banca adornaremos
Con el más bello atavío;
Dentro de ella, aqueste río
Mansamente surcaremos;
Banderas y gallardetes
Pondremos de mil colores;
Llevarás todas tus flores;
Tú, la jaula; tú, cohetes;
Este, con flauta sonora
Irá entretanto tocando:
Así vamos navegando ...
Hasta hallar a la Señora.
¿Qué os parece?

Todos

¡Bien, muy bien!

Niño III

¡Es idea singular!

Niño I

¡Vamos la banca a buscar!

Cándido

¡Eso lo digo también!
(Se dispone a salir.) ¡Calla! ¿Y Leónido? ¿Do está?

Pascual

¡Ah! ¡Verdad! ¿Adónde fue?

Niño II

¿Dónde ha ido?

Niño III

No lo sé.

Cándido

Pues bien, se le buscará:
Nuestra banca dejaremos
Para después: es igual:
Nos falta lo principal,
Pues al jefe no tenemos.

Niño I

Busquémosle.

Cándido

¡Ahora mismo!
¡Sin él nada se podrá Hacer! ...

Niño III

¡Se registrará

Hasta el fondo del abismo!

Coro

Marchemos, marchemos,
Marchemos sin tardanza:
¡Felice nuestra holganza!
¡María colmará!

Escena II

Sale Satán vestido de negro y rojo; su color es
pálido.

Satán

¿Será verdad? ¿Será cierto
Que el pueblo que me adoraba,
Ahora de arribar acaba
De la salvación al puerto?
Si navegante inexperto
En el borrascoso mar
Del vivir, ¿qué singular
Fuerza le ampara y escuda
Que consigue con su ayuda
Mis escollos evitar?
¿Quién de la mansión sombría
Do se hallaba sepultado,
Poderoso le ha sacado
A la clara luz del día?
¡Ay! Para desgracia mía
Fuiste sin duda, ¡oh Mujer!
Quien tuvo tanto poder
¡De quitarme mi morada!
¡Criatura privilegiada!
¿Cuándo te podré vencer?
¡Maldición! ... El mismo Averno
Do se engendran los dolores,
Las crueles penas y horrores,
No iguala a mi tedio eterno.
¡Ay! ¿Por qué del gozo tierno
Me privó la triste suerte?
¿Por qué me negó el más fuerte
Que en mi terrible amargura
Encontrase mi ventura
En los brazos de la muerte?
¡ Espíritu! ¡Ser sublime!
¡Ser mísero y desgraciado,
A padecer condenado
Por la mano que le oprime!
Si el hombre en la tierra gime
Y le molesta el vivir,
Se consuela en el sufrir
Viendo la vida tan breve,
¡Mientras el ángel no se atreve
A esperar que ha de morir!
Más ¡ay! fuerza es que, sufrido
Mi triste destino acate,
Ya que en mi sin par combate
Adversa suerte he tenido:
Empero, aunque fui vencido,
Sigo en mi senda fatal:
Él ama el bien; yo amo el mal ...
¡Soberbio! ... Que haga su gusto;
Yo, yo le estorbaré; es justo;
Que es mi enemigo mortal.
¡Comience, pues, nuestra lidia! ...
Pensemos recuperar
Antes mi imperio sin par
Con la astucia o la perfidia.
¡Suelo que me das envidia!
¡Ay! ... ¡Yo te recobraré!
Oculto aquí esperaré

(Se oculta detrás de un árbol.)

A algún incauto cristiano:
¡Quiero que caiga en mi mano
La raza que tanto odié!


Escena III

(Sale Leónido.)

Leónido

La orilla está solitaria;
No se oye la gritería;
Lo extraño: ya es claro el día
Y no veo a nadie aquí.
Debieron haber llegado,
Pues así me prometieron ...
Presumo que ya salieron ...
¿Quién sabe si me perdí?
Más no: este es el sendero
Que a la población conduce;
Este es el río que luce
Su corriente sin igual ...
Allá la iglesia ... Mi casa ...
Las banderas ... ¡Ya lo creo!
¡Es el lugar del recreo
Que a mi me dijo Pascual!
Desde aquí esperaríamos
Que pase la Virgen pura ...
Más ... ¿quién a mi me asegura
Que no acaban de salir?
Lo mejor será buscarlos;
Iré hacia abajo; no ... arriba ...
Creo que la comitiva
Ya no tardará en venir.

(Se dispone a salir, y viene Satán vestido de Diwata.)


Escena IV

Leónido y Satán.

Satán

¡Detente! ¿Adónde vas?

Leónido

¿Quién sois?

Satán

¿Acaso

No me conoces ya?

Leónido

No recuerdo vuestra faz,
Ni me acuerdo haberos visto
Alguna vez. ¡Dadme paso!

Satán

¡Nunca! Mírame bien ...

Leónido

Decid, os ruego, quien sois ...

Satán

Yo soy aquél que, prepotente,
Leyes da al huracán, al mar, al fuego;
Brilla en el rayo y muge en el torrente,
Yo soy aquel que con poder grandioso
Reinó en un tiempo hermoso,
Venerado y temido;
Dios absoluto de la indiana gente.

Leónido

¡Mentís! De mis mayores
El dios ya duerme en vergonzoso olvido,
Y sus torpes altares,
Do al eco de fatídicos loores
Víctimas ofrecían a millares,
Hoy yacen derribados:
De su poder en mengua,
Les lanza nuestra lengua
Desprecios a sus ritos olvidados:
Vos no sois ningún dios; mentís sin duda.
Pues solo un Dios existe verdadero:
El Dios que al hombre creó y al mundo entero,
Y a quien adora nuestra mente ruda.

Satán

¡Insensato! ¿No temes de mis iras
El poder? Niño impío,
¿No ves que es mío el aire que respiras,
El Sol, las flores y el undoso río? ...
A mi voz prepotente, creadora,
De las aguas surgieron
Aquestas Islas, que alumbró la aurora,
Islas que bellas en un tiempo fueron;
Y mientras, fieles a mi culto santo,
Elevaron sus preces
En mis altares, les libré mil veces
De la muerte, del hambre y del espanto.
Los campos rebosaban
De fragante verdura;
Sin trabajo brotaban
De la piadosa tierra,
Entonces pura,
Las amarillas mieses;
Vagaban por el prado
El cabrito pintado,
El ciervo alígero y las gordas reses;
La diligente abeja
Su panal fabricaba mansamente,
Y al hombre regalaba miel sabrosa:
Retirada en su nido la corneja,
No auguraba doliente
Calamidad odiosa;
Gozaba entonces este rico suelo
De una edad tan dichosa,
Que en sus delicias se igualaba al cielo;
Y ahora, sin consuelo,
Triste gime en poder de gente extraña,
Y lentamente muere
¡En las impías manos de la España!
Empero, yo le libraré, si quiere
Doblegar su rodilla
Ante mi culto, que esplendente brilla.
Tan poderoso soy que ahora mismo
Te daré, si me adoras, cuanto ansías;
Más, ¡ay de ti, si ciego te desconfías!

Leónido

Si tan potente sois, si en vuestras manos
Las venturas están de los mortales,
¿Por qué han sido fatales
Para vos los cristianos?
Y si, como decís, el mar bravío
Y el aquilón sumisos obedecen
A vuestra voz y a vuestro poderío,
¿Por qué sus carabelas delicadas,
Que ahora os escarnecen,
No fueron anegadas
Y bajo las olas sepultadas?
¿Por qué vuestras estrellas
En noche tenebroso les guiaron,
Y los vientos sus velas empujaron
Y no les lanzasteis vuestras centellas?
¿Sois por eso tal vez omnipotente?
Y para mayor desdicha, todavía,
El nombre de María,
Nombre que encanta a la infelice mente,
Cual arrogante insulto,
¡Vino a destruir las huellas de tu culto!

Satán

¡Las huellas de mi culto! ¡Desdichado!
¿No sabes que conservo
Un pueblo que me adora prosternado?
¡Ay! ... Vendrán en lo futuro
Los males que reservo
A tu raza, que aclama un culto impuro:
¡Tristes calamidades,
Pestes, guerras y crueles invasiones
De diversas naciones
En venideras próximas edades!
Tu pueblo regará con sangre y llanto
Del patrio campo la sedienta arena;
Ya en la pradera amena
El ave a quien hirió metal ardiente.
Ni tus bosques añosos,
Ni los ríos, ni el valle, ni la fuente
Serán ya respetados
De los hombres odiosos
Que turbaron la paz y tu bonanza;
Mientras yo, por venganza,
Desataré los indomables vientos
Para que en su carrera,
Con ira y rabia fiera,
Alboroten los varios elementos,
Y la débil piragua,
Hundiéndose en el agua,
Aumente sus horribles sufrimientos.
Devastaré en mi saña
Los verdes campos de la míes ópima,
Y desde la alta cima
De la erguida montaña
Arrojaré de lavas río ardiente,
Que envuelto en humo y devorante llama
Asole poblaciones
Cual furioso torrente
Que, cuando se desparrama,
Arranca los arbustos a montones;
Y la tierra aterida,
A mi voz conmovida
Temblará con atroz sacudimiento,
Y a cada movimiento
El rico suelo amargará, y la vida.
¡Ay! ¡ay! ¡Cuánto quebranto!
¡Cuánto gemir inútil! ¡cuánto llanto
Oiré entonces sin que sienta el pecho
El duelo de la gente,
Que con gozo insolente
Reír los miro con mortal despecho!

Leónido

¡Mentira! ¡Nada puedes! ¡Te conjuro,
En nombre del Señor que el alma adora,
Ángel, o genio impuro.
Que seducirme quieres,
¡Aparta el antifaz que desfigura
Tu primitiva e infernal figura!

Satán

¡Pues, bien! ¡Héme ya aquí!
Y advierte y nota
Que soy Satán, el ángel que esplendente
(En traje de diablo.) Se sentaba en un trono
En época remota;
Rayos de luz lanzando de su frente.
Yo soy aquel que con feroz encono
Luché contra el tirano;
Después, vencido en mi fatal derrota
Arrastré a vuestros padres a la muerte;
Más hoy, si del cristiano
La fe divina me venció en mi furia
De tan mortal injuria
Me vengaré, y de ti; yo soy el fuerte;
Y si no quieres que mueras,
¡Ríndete a mis pies!

Leónido

¡Oh! ¡Nunca!

Satán

¿Ves mi poder y mi fuerza?
Los espíritus potentes
Que en el universo reinan,
Obedecen a mi voz:
Sigue mi ínclita bandera;
Óyeme, pues: si humildoso
Abjuras tu nueva secta,
Y arrepentido a mis aras
Con grato fervor te llegas,
Yo te haré feliz, dichoso,
Tendrás cuanto apetezcas;
El río que a tus pies corre.
Que arrastra diamantes, perlas;
El ambiente que respiras
Do mil pajaritos vuelan;
Esas plantas, esas flores,
Esas casas, y esas huertas,
Tuyas serán, si al instante
De tu nueva fe reniegas;
Si el nombre ingrato aborreces
De aquella cuya es la fiesta.
Más, ¡ay de ti! si obstinado
Desobedecerme anhelas,
Pues a tus pies ahora mismo
Se abrirá la inmunda tierra,
Sepultándote en su seno,
Cual se sepulta en la arena
La pequeña gota de agua
Cuando el Sol las plantas seca.

Leónido

En vano infundir me quieres
Torpe miedo con tu lengua;
En vano, en vano pretendes
Que yo a tu fe me someta;
Jamás al niño cristiano
El demonio amedrenta,
Y ante el Hijo de María
El Averno eterno tiembla,
¡Espíritu mentiroso!
Ve, huye, ve a las tinieblas,
A la mansión del gemido.
¡Y de la eterna vergüenza! ...

Satán

¡Pues, bien! Ya que lo has querido,
Es necesario que mueras:
Tú serás la postrer víctima
Que ante mis aras se quema:
Tú pagarás por los tuyos,
En ti me vengaré mis afrentas.
¡Espíritus! Mis fieles compañeros
Que encontráis en el mal grata dulzura,
Que con cruel amargura
Os nutre el odio que vuestra alma encierra,
¡Venid, alegres, a empezar la guerra!

Escena V

Salen diablos en tropel.

Coro de diablos

¿Quién nos llama
Con furor?
¿Quién reclama
Nuestro ardor?
¡Viva el mundo
Infernal,
Cuya dicha
Es el mal!
¡Muera, muera
El traidor,
Del Averno
Ofensor!

Satán

Venid contentos,
Oíd atentos;
La voce mía
Os llama ya;
Que en este día
Nuestra esperanza
Dulce venganza
Hoy colmará.

Coro de diablos

Ama el diablo
A su rey;
Sus mandatos
Son su ley;
Obedientes
Seguirán;
Por ti, todos
Lucharán.

Satán

Cese el insulto;
Niño ínfelice,
Lleno de afán;
Ven y bendice
Mi imagen pura,
Pues la ventura
Te reirá.

Leónido

Te detesto
Vil traidor,
A Dios solo
Rindo amor
Mientras viva,
Seré fiel;
Morir quiero
Yo por Él.

Coro de diablos

¡Viva! ¡viva
Nuestro Rey!
¡Muera, muera
Quien su Ley
No venera
Con ardor
De la vida
Con horror!

Escena VI

Dichos y un Ángel.

Ángel

¡Atrás, ángeles malditos
De la cólera del Cielo!
¡Volved el rápido vuelo
A la mansión del dolor!
¡Huid, si del vivo rayo
Teméis el fúnebre brillo,
¡Huye, o arcángel traidor!
(Huyen los diablos.) Y tú, niño fiel, despierta.
(Se despierta.) Ven aquí; soy el enviado
Del Cielo que te ha librado
Del pérfido Satanás:
Ya la Virgen de Antipolo
Las aguas, surca del río;
Salúdala en canto pío,
Pues siempre su hijo serás.
Ella te libró piadosa,
De las garras del Averno;
Sé de Ella el hijo más tierno,
Pues trae la dicha en pos. ...
Ya tus compañeros llegan,
Adiós, pues; volveré al Cielo.
¡Adiós, Leónido, adiós!
(Desaparece.)

Leónido

Adiós, hermosa criatura
Que viniste a socorrerme,
Guarda que vela, si duerme
El niño el sueño infantil.


Escena última

(Leónido y los Niños. La Virgen pasa el río momentos antes de
concluir el recitado.)

Cándido

¡Ah! ¡Leónido! Te buscamos;
He aquí la Virgen María:
¿Sientes la dulce armonía
Que se oye entre cantos mil?

Leónido

¡Oh, si, amigo! La percibo;
La miro también venir ...
¡Oh! ¡qué secreta alegría
Yo siento dentro de mí!
Unamos nuestros acentos
En este día feliz.
Saludemos a la Virgen ...
¿Qué decís, amigos?

Todos

Sí.

(Aparece la Virgen con luz
de magnesio o eléctrica.)

Coro FINAL.

¡Salve Rosa pura Reina de
la mar!

¡Salve! Blanca Estrella,
Fiel Iris de Paz ...
Antipolo,
Por ti solo
Fama y renombre tendrá.
De los males,
Los mortales
Tu imagen nos librará;
Tu cariño,
Al fiel niño
Le guarda siempre del mal;
Noche y día,
Tu le guías
En la senda terrenal.

Fin

CHAPTER 2

EL CONSEJO DE LOS DIOSES


Con el recuerdo del pasado entro en el porvenir.

ALEGORÍA ARREGLADA EN FORMA TEATRAL

Por Lope Blas Hucapte

Juicio crítico

En el Certamen literario para conmemorar el CCLXIV aniversario del inmortal Cervantes que celebró el Liceo Artístico Literario de Manila el 23 de abril de 1880, se concedió como premio a la mejor de las composiciones en prosa, una sortija con un camafeo que lleva el busto de Cervantes.

Al referirse al resultado obtenido en el certamen abierto para este aniversario y después de señalar que se habían presentado 14 pliegos, de los cuales fueron rechazados todos menos los que llevaban los números 1 y 12, dice el Jurado: «Leídos ambos trabajos, los que suscriben no han vacilado en la adjudicación del premio, atendida la superioridad de la alegoría marcada con el número 12», y después de hacer un extracto del trabajo el Consejo de los dioses, cuyo lema era «Con el recuerdo del pasado entro en el porvenir», se expresa así: «Como se ve, la idea y el argumento de la obrita son de gran originalidad, a lo que debe añadirse la circunstancia de brillar en toda ella un estilo correcto hasta lo sumo, una admirable riqueza de detalles, delicadeza de pensamientos y figuras y, por fin, un sabor tan helénico que figura el lector encontrarse saboreando algún delicioso pasaje de Homero, que con tanta frecuencia nos describe en sus obras las Olímpicas sesiones. Tantas y tan preciadas cualidades han pesado en el ánimo de los que suscriben para, sin discusión, ni vacilación siquiera, preferir este trabajo al marcado con el número 1.»


(Continues...)

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Meet the Author

Jos� Protacio Rizal Mercado y Alonso Realonda (19 de junio de 1861, Calamba-30 de diciembre de 1896, Manila), fue patriota, m�dico y hombre de letras inspirador del nacionalismo de su pa�s. Rizal era hijo de un pr�spero propietario de plantaciones azucareras de origen chino. Su madre, Teodora Alonso, fue una de las mujeres m�s cultas de su �poca. La formaci�n de Jos� Rizal transcurri� en el Ateneo de Manila, la Universidad de Santo Tom�s de Manila y la de Madrid, donde estudi� medicina. M�s tarde estudi� en Par�s y Heidelberg. Noli me Tangere, su primera novela, fue publicada en 1886, seguida de El Filibusterismo, en 1891. Por entonces edit� en Barcelona el peri�dico La Solidaridad en el que postul� sus tesis pol�ticas Pese a las advertencias de sus amigos, Rizal decidi� regresar a su pa�s en 1892. All� encabez� un movimiento de cambio no violento de la sociedad que fue llamado �La Liga Filipina�. Deportado a una isla al sur de Filipinas, fue acusado de sedici�n en 1896 y ejecutado en p�blico en Manila.

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