Asombrate!: Ante las maravillas de Dios

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A menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo. (Mateo 18:3)

Observa profunda y atentamente a los pequeños niños en tu vida; quizás se trata de tus propios hijos. O, tal vez, son los niños que corren por el centro comercial o por los pasillos de la iglesia.

¿Cómo se sentiría tener un corazón y vivir la vida al igual que ellos?

Cuando Jesús nos dice que nos ...

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¡Asómbrate!: Ante las maravillas de Dios

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Overview

A menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo. (Mateo 18:3)

Observa profunda y atentamente a los pequeños niños en tu vida; quizás se trata de tus propios hijos. O, tal vez, son los niños que corren por el centro comercial o por los pasillos de la iglesia.

¿Cómo se sentiría tener un corazón y vivir la vida al igual que ellos?

Cuando Jesús nos dice que nos volvamos como niños, ¿qué es lo que nos está pidiendo?

En ¡Asómbrate!, R. C. Sproul Jr., padre de ocho niños, nos pide que tomemos seriamente las palabras de Jesús:
Diariamente, observo que mis propios hijos son mis superiores espirituales.
Cuando llega la nieve, mientras yo veo cristales de hielo, caminos resbaladizos y los elevados recibos de la calefacción, ellos miran asombrados por la ventana la creatividad de Dios.
Cuando llega la noche y brillan las estrellas, mientras yo medito acerca de los átomos de hidrógeno que las conforman, ellos disfrutan de las esferas danzantes en celebración del Dios que las creó.
Cuando nuestra familia se sienta a comer, mientras yo visualizo una cocina llena de platos para lavar, ellos ven el pan diario que les provee su fiel Padre celestial.
¿Por qué no desearía alguien volverse como un niño?
¿Por qué no querríamos aprender de nuevo a gritar de alegría frente a los deleites simples de la vida?
¿Por qué no reposar completamente en Dios, confiándole nuestros mañanas? Creo que esa era precisamente la idea de Jesús.
¡Si tan solo aprendiéramos a vivir de esa manera!

Descubre hoy en ¡Asómbrate! cómo recapturar el espíritu de candor. Dios te está llamando a recuperar lo que perdiste. Tyndale House Publishers

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Product Details

  • ISBN-13: 9781414378480
  • Publisher: Tyndale House Publishers
  • Publication date: 3/1/2013
  • Language: Spanish
  • Pages: 208
  • Product dimensions: 5.40 (w) x 8.20 (h) x 0.80 (d)

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¡Asómbrate!

Ante las maravillas de Dios
By R. C. Sproul Jr.

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2013 R. C. Sproul Jr.
All right reserved.

ISBN: 978-1-4143-7848-0


Chapter One

SORPRENDIDO POR DIOS

[Jesús] dijo: "Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo". MATEO 18:3

¿Te gustan las sorpresas? Si así es, entonces piensa en esto: Dios está lleno de ellas. Frecuentemente estas sorpresas que Dios da vienen en paquetes pequeños: en las acciones y en las palabras de los niños.

La historia de la vida y del ministerio de Jesús contiene un flujo constante de estas sorpresas, giros en las historias y correcciones a nuestra forma adulta de pensar, que se ha desviado en la dirección equivocada.

Cuando Jesús vino al mundo, ¿quién fue el primero en expresar alegría por su llegada?

No fueron los líderes religiosos, ni los profetas Simeón o Ana.

Tampoco fueron los pastores ni los reyes magos.

No, la primera expresión de alegría fue la de un bebé tan joven que ni siquiera había nacido. Juan el Bautista saltó en el vientre de su madre cuando Jesús, de igual manera in utero, se le acercó.

Un bebé en el útero. Un niño.

¡Qué sorpresa! El primero que apreció la gran encarnación del reino de Dios, que venía a esta tierra en forma humana, fue un niño.

De allí en adelante, el gran reino del Hijo de Dios, Emanuel —Dios con nosotros—, se expresó dentro del contexto de la humildad y no en el de la gloria real terrenal que la mayoría de nosotros esperaría que tuviera el Hijo de Dios.

Jesús nació en un establo, en un lugar apartado de Palestina. Piensa en esto: Jesús —el Hijo único de Dios— no respiró por primera vez en un palacio real, rodeado del esplendor que correspondía a su talla. No, su primer respiro probablemente estuvo lleno de los olores de ovejas y de vacas.

Demasiados de los que somos adultos no comprendemos totalmente la naturaleza impactante de lo que la Palabra de Dios dice acerca del Dios vivo. Leemos deprisa los pasajes bíblicos que en realidad deberían hacernos parar en seco. Francamente, esa tentación es aún mayor para los que hemos leído las Escrituras muchas veces. Somos los adultos los que tendemos a refrenar al Dios de las sorpresas al desestimar con argumentos lo que las Escrituras dicen claramente acerca de este Dios vivo.

Recuerdo cuando caí en esa tentación. Estaba estudiando y preparándome para el ministerio. Mi profesor de Antiguo Testamento aprovechó la oportunidad para enseñarme una lección profunda que tardé un poco en asimilar. No recuerdo qué dio lugar a su pregunta, pero la recuerdo claramente. Preguntó:

—R. C., ¿tiene Dios un fuerte brazo derecho?

Debo confesar que me sentí muy insultado. No era un nuevo creyente. Había leído las Escrituras y sabía que Dios es Espíritu y que no tiene cuerpo.

—Claro que no —respondí.

Pacientemente, mi profesor dijo:

—R. C., la Biblia dice que Dios tiene un fuerte brazo derecho.

Yo todavía me sentía un poco insultado, pero las cosas parecían mejorar un poco. Pensé que entendía lo que el profesor estaba tratando de hacer. Me estaba haciendo esta pregunta sencilla para que pudiera darle un pequeño discurso acerca del lenguaje antropomórfico al resto de la clase. Me alegró saber que él sabía que podía contar conmigo para encargarme del asunto. Tal vez necesitaba de unos minutos de descanso en su enseñanza, por lo que le estaba pasando la batuta a uno de sus mejores estudiantes.

—Pues, sí, profesor, la Biblia se refiere al fuerte brazo derecho de Dios, pero entendemos que la Biblia usa frecuentemente lenguaje antropomórfico. Es decir, a veces la gente describe a Dios en términos de cualidades humanas que él realmente no tiene, para ayudarnos a entender cómo es él. La Biblia, después de todo, también dice que los ojos de Dios recorren toda la tierra. Lo que Dios nos dice es que él es omnisciente, que él lo sabe todo. Sería uno de los errores más grandes pensar que los ojos de Dios están arriba de un par de piernas gigantescas y que recorren todo el globo como un hámster en una rueda. Cuando la Biblia nos dice que Dios tiene un fuerte brazo derecho, lo que en realidad está diciendo, pues al principio se dirigía a gente primitiva, es que Dios tiene la cualidad de la omnipotencia. Él tiene todo el poder.

Supuse que eso zanjaría el asunto. Seguramente el profesor me agradecería por explicar el concepto del poder ilimitado de Dios tan bien. En lugar de eso, él simplemente volvió a decir:

—R. C., la Biblia dice que Dios tiene un fuerte brazo derecho.

El timbre sonó, marcando el final de la clase de ese día, y yo me quedé confundido respecto a cuál podría haber sido su propósito.

Años después, Dios en su gracia me ayudó a entender lo que el profesor había tratado de inculcar en mí. Es muy cierto que Dios es omnipotente. Él tiene todo el poder. No hay poder del que él no sea la fuente fundamental. Nada puede doblegarlo jamás. Sin embargo, omnipotente no es la esencia que se extrae de "fuerte brazo derecho." No nos acercamos más a la verdad tomando el lenguaje primitivo y llano de las palabras fuerte brazo derecho y traduciéndolas como "omnipotente." Al contrario, terminaríamos más lejos de la verdad. Si fuéramos sinceros, omnipotente simplemente podría ser un parámetro de un medidor de potencia, la línea más alta que hace sonar la campana en los juegos de carnaval. Nos dice cuánto poder tiene Dios. Si el poder se ilustrara mediante un gráfico circular, Dios lo llenaría todo. Sin embargo, lo que falta en omnipotente, que se expresa claramente en fuerte brazo derecho, es la idea de propósito y dirección. Una fuerza podría ser imaginablemente omnipotente. Se necesita de una persona —no, se necesita de un Padre— para tener un fuerte brazo derecho. Fuerte brazo derecho no solo sugiere cuánta potencia hay sino cómo funciona esa energía: protege, provee y consuela. En lugar de hablar en abstracto de la fuerza, como yo tontamente hacía en el salón de clases en años pasados, la frase fuerte brazo derecho expresa el hecho de que Dios el Padre es una persona. En mi presunta sofisticación, no estaba dejando en claro el mensaje de Dios, sino más bien lo estaba debilitando. No estaba demostrando ser más sabio que mis antepasados espirituales. Estaba mostrándome como un tonto.

Dios no es un Dios amable y razonable que uno puede domesticar a su antojo. Él no encaja en nuestras nociones preconcebidas. Según he aprendido, tenemos que dejar de tratar de amaestrar al Dios que se supone debemos adorar. Más bien, tenemos que comprender mejor todas las implicancias de las acciones y de las palabras de Dios en las Escrituras. Dios hace lo que no esperamos. Esa es su naturaleza. Como nos dijo C. S. Lewis, él, después de todo, no es "un león domesticado y dócil."

He aquí un ejemplo de lo que quiero decir cuando digo que tenemos la tentación de domesticar a Dios. Supongamos que fuiste un ángel que observó cómo se desarrolló la tragedia del Edén. Habías presenciado la gloria espectacular de la creación del universo. Te inclinaste para presenciar cómo Dios formaba a Adán y cómo le soplaba el aliento de vida. Lloraste ante la belleza de Adán y Eva caminando juntos en el jardín del Edén tomados de la mano, y te conmoviste aún más cuando Dios se unió a ellos en la frescura de la noche. Luego miraste, con el corazón en la garganta, cómo la serpiente le hablaba a la mujer. Te lamentaste cuando el jugo de la fruta prohibida corrió por la barbilla de Eva y luego por la de Adán. Te tapaste los ojos para no ver la destrucción feroz cuando Dios volvió a descender al jardín para castigar a los que se habían atrevido a desobedecer su simple orden de no comer de un solo árbol. Luego oíste esto: "Pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón" (Génesis 3:15).

No hubo truenos.

No hubo erupción volcánica.

En lugar de eso, hubo una promesa, compasión y esperanza.

Aunque pudieras haber estado muy sorprendido, sospecho que la confusión habría sobrepasado tu sorpresa. ¿Qué podría haber querido decir Dios con que se le golpearía el talón al descendiente de la mujer? Mientras te preguntabas cómo podría Dios sacar algo bueno de esta gran tragedia, ¿se te habría ocurrido alguna vez que el Hijo de Dios se haría humano, se encarnaría y nacería de una virgen? ¿Se te habría ocurrido alguna vez la noción de que él llevaría el pecado de su pueblo sobre sus hombros? ¿Habrías pensado que eso se lograría a través de los horrores de la Crucifixión? ¿Habrías sospechado que la ira de Dios el Padre sobre los pecadores como Adán y Eva se derramaría sobre su Hijo?

Dios nos sorprende. ¿Por qué? Porque, como dice Isaías, los caminos de Dios ni siquiera se acercan a los nuestros:

"Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos, —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos". ISAÍAS 55:8-9

La ilustración primordial de la Biblia sobre cuán diferentes son los pensamientos de Dios de los pensamientos de la gente promedio está en la interacción entre Jesús y sus discípulos en Mateo 18.

Al saber que pronto se enfrentaría a la agonía de la Crucifixión y que la entereza de sus discípulos sería puesta a prueba en los días por venir, Jesús comenzó a prepararlos para lo que se avecinaba. Primero, les reveló su gloria en el monte de la Transfiguración. Después, les volvió a advertir a sus seguidores de lo que se avecinaba: lo traicionarían y moriría; pero también resucitaría.

Después de todas esas revelaciones extraordinarias, los discípulos preguntan: "¿Quién es el más importante en el reino del cielo?" (Mateo 18:1).

Piensa en esto: Jesús está hablando de su próximo sufrimiento y humillación. Ya está sosteniendo una batalla intensa con los poderosos representantes religiosos de su época. Siente el peso de la cruz que pronto tendrá que cargar, saborea ya la amargura de la copa que tendrá que beber, ¡y los discípulos le preguntan acerca de sus posibilidades de ascenso cuando llegue el reino! Se requiere osadía para hacerlo.

¿Qué hace Jesús? Él responde a su pregunta, pero al hacerlo, Jesús aprovecha la oportunidad para revolucionar el mundo de los discípulos. Recuerda que Jesús no está hablando con sus enemigos. No está hablando con las multitudes. Está hablando con sus seguidores. Inclusive sus propios seguidores ven el mundo y el reino venidero desde una perspectiva equivocada.

Entonces Jesús llama a un niñito, lo pone en medio de los discípulos y dice: "Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo" (Mateo 18:2-3).

Podríamos tener la tentación de parafrasear a Jesús de esta manera: "¿Quieren saber quién será el más grande? Bueno, veamos. Primero, no será ninguno de los grandiosos y gloriosos de la nobleza romana. Tampoco será el rico ni el poderoso entre los escribas y fariseos." Quizás en este punto el corazón de los discípulos comienza a latir un poco más rápidamente. Todavía están en la carrera. "El sobre, por favor. Sí, el ganador del título de Mayor en el Reino es este niñito."

Esa paráfrasis habría sido lo suficientemente impactante. Sin duda habría sido tremendamente humillante. Sin embargo, eso no es lo que Jesús dijo. No dijo que las mansiones más grandes del reino le pertenecerían a los que son semejantes a los niños. Tampoco dijo que los que se parecen más a los niños se sentarán en la mesa principal en la fiesta de bodas del Cordero. El mensaje fue mucho más radical. "Si no son como este niño, ni siquiera se les invitará. No pasarán de la puerta. Olvídense de las medallas, de los laureles y de los tronos cubiertos de oro. Si no adquieren la perspectiva, la forma de pensar y el corazón de un niño, estarán en la oscuridad externa: no llorarán como bebés, sino que habrá llanto y rechinar de dientes."

Muchos de nosotros —y yo también he sido culpable de esto— tratamos de analizar lo que Jesús dice y lo diseccionamos como hacen los científicos con un espécimen que están estudiando. Tomamos las palabras de Jesús y las pasamos por nuestras herramientas de estudio. Revisamos lo que este erudito pensó y lo que aquel hombre culto tenía que decir. Buscamos las palabras clave y cómo las usaron los griegos. Revisamos nuestros manuales de referencia y nuestros textos de teología sistemática, todo en un intento vano de hacer que el texto no implique lo que en realidad dice. Porque si significa lo que dice, sugiere que nuestro conocimiento de lo que este erudito pensó y de lo que aquel hombre culto dijo, y nuestra capacidad de manejar diestramente distintas herramientas de estudio bíblico, no son solo inútiles, sino que muy fácilmente podrían interponerse en el camino. Si significa lo que dice, estaríamos mejor si fuéramos como niños. Si significa lo que dice, estamos en peligro de perder algo. Si significa lo que dice, vamos a tener que renunciar o al reino de Dios o a nuestro orgullo; y ambas cosas son muy importantes para nosotros.

Por supuesto que todos hacemos esto, porque somos pecadores, al igual que los discípulos. Por eso es que he trabajado duro con el paso de los años para presentar a la gente lo que llamo "El Principio de Hermenéutica de R. C. Sproul Jr.," en otras palabras, mi principio para interpretar la Biblia. Como sabes, hay reglas confiables e importantes para hacerlo. Por ejemplo, se nos llama a interpretar la Biblia literalmente, es decir, en cuanto a sus diversas estructuras literarias. No leemos las narraciones históricas de la misma manera en que leemos poesía. No leemos las parábolas de la misma manera en que leemos las narraciones históricas. Todo eso es muy básico. El Principio de Hermenéutica de R. C. Sproul Jr. es muy sencillo: cuando leas tu Biblia y te topes con gente (como los discípulos, por ejemplo) que hace algo verdaderamente tonto, no pienses: ¿Cómo pueden ser tan tontos? En lugar de eso, pregúntate: ¿Cómo es que soy tan tonto como ellos? (Observa: este principio tiene mi nombre porque me he dado cuenta de lo tonto que soy.) En realidad no hay nada nuevo bajo el sol. Todos deberíamos esperar que la clase de pecados que infectaba a la gente de la Biblia de igual manera nos infecte a nosotros, y ninguno es más común que el problema del orgullo, que frecuentemente produce estupidez.

La Biblia nos dice que la sabiduría comienza cuando tenemos temor de Dios (ver Proverbios 9:10). El temor de Dios comienza cuando creemos lo que él dice. Cuando él habla, no deberíamos tratar de escabullirnos de su Palabra. No deberíamos analizar para quitarle claridad a lo que él ha dicho. Así es con Mateo 18. Dios en Cristo nos dice que si no somos como niños, ni siquiera veremos el reino de Dios. Eso significa sencillamente que será mejor que aprendamos a ser como niños. Será mejor que no estudiemos cómo no es posible que este texto signifique lo que en realidad significa. Más bien, será mejor que estudiemos cómo podemos someternos a lo que significa. En las próximas páginas buscaremos hacer precisamente eso: considerar cómo es la fe característica de los niños; ver cómo, con el poder del Espíritu de Dios, podemos cultivar el espíritu de un niño.

Observa bien y por bastante tiempo a los niños de tu vida: tal vez a tu hijo o a tu hija, tal vez a tu nieto o a tu nieta, a tu sobrino o a tu sobrina. O tal vez sean los niños que pasan corriendo en el centro comercial o en los pasillos de la iglesia.

¿Cómo será tener un corazón que imita al de ellos?

¿Qué pide Jesús de nosotros?

Averigüémoslo.

(Continues...)



Excerpted from ¡Asómbrate! by R. C. Sproul Jr. Copyright © 2013 by R. C. Sproul Jr.. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers, Inc.. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Agradecimientos....................ix
Introducción....................xi
1. Sorprendido por Dios....................3
2. Las características de la inocencia....................17
3. El llamado a confiar....................31
4. El llamado al asombro....................55
5. El llamado a agradar....................77
6. El llamado a nuestro Padre....................99
7. El llamado a la madurez....................117
8. El llamado a la alegría....................143
9. El llamado a la presencia de Dios....................169
Acerca del autor....................189
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