Atravesando Fronteras: Un Periodista en Busca de Su Lugar en el Mundo

Atravesando Fronteras: Un Periodista en Busca de Su Lugar en el Mundo

by Jorge Ramos
     
 

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Nuestra "casa", más que un lugar físico, es un conjunto de recuredos que nos permite comprender mejor quienes éramos, quienes somos, y puede ayudarnos a comprender quienes seremos. Ese sentido de pertenencia es el que nos define. Algunos dejan su "casa", su hogar, muy pronto en sus vidas; para ellos es muy difícil encontrar su centro emocional.

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Overview

Nuestra "casa", más que un lugar físico, es un conjunto de recuredos que nos permite comprender mejor quienes éramos, quienes somos, y puede ayudarnos a comprender quienes seremos. Ese sentido de pertenencia es el que nos define. Algunos dejan su "casa", su hogar, muy pronto en sus vidas; para ellos es muy difícil encontrar su centro emocional. Están, a veces, condenados a una vida sin equilibrio. Pero también es una existencia con mucha libertad. Sin frontera alguna, estos eternos viajeros no dejan de buscar aventuras y experiencias límite esperando encontrar algún día, como Ulises, un lugar que puedan llamar su "casa".

Así empieza el viaje de la extraordinaria autobiografía de Jorge Ramos, un periodista que encarna este espíritu aventurero a la perfección, y que espera, algún día, encontrar un lugar en el cuál se sienta como en casa.

Por primera vez, Jorge Ramos, el más prestigioso presentador de noticias en español comparte su vida personal con sus lectores, televidentes y radioescuchas. Hable de lost amores de su vida, de su pasión por el periodismo de sus viajes y entrevistas y de su propio concepto de realización espiritual. Es, al mismo tiempo, una invitación a aprovechar al máximo cada instante de nuestra vida.

En este libro conocemos al hombre de la televisión al que millones de latinos e hispanoparlantes le han dado toda su confianza durante años. Así descubrimos que Ramos es alguien que comprende que para vivir plenamente, hay que tomar riesgos, y que sin riesgos no hay recompensa.

Ramos cuenta de sus conflictos, de niño, con los sacerdotes benedictinos, de sus luchas como estudianted en Los Ángeles a principios de los ochentas, de su primera incursión en el periodismo norteamericano y de las advertencias de las grandes cadenas de televisión en inglés de que jamás llegaría a un puesto importante si no perdía su acento.

Se equivocaron. De esta manera Ramos nos abre las puertas al mundo de los medios de comunicación en español, un mundo que muchos críticos veían como innecesario e irrelevante y que ahora se ha convertido en uno de los sectores más poderosos de la cultura estadounidense.

Con las historias de las muchas guerras que has cubierto, los lugares que has visitado y los poderosos y temidos líderes mundiales que ha entrevistado, Ramos cautiva a sus lectores contándoles la trayectoria y los altibajos de un periodista que llegó a un país que quisiera llamar su casa, pero que no puede. Descubrimos también, a un hombre cuya atracción por las emociones fuertes lo han puesto en peligro de muerte y cuyo sentido del humor lo ha salvado de las situaciones más incómodas.

Padre, reportero, esposo e hijo, en su nuevo libro Atravesando Fronteras, Ramos nos muestra como cada uno de nosotros puede ser testigo de la historia, y que viajar sin cesar puede ser preferible a quedarse en un mismo lugar para siempre.

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Editorial Reviews

The New York Times
No Borders blends personal memoir, political commentary and greatest-hits selections from Ramos’s war coverage — El Salvador, Persian Gulf, Kosovo — and his interviews with Latin American leaders like the Colombian president, Ernesto Samper, Venezuela’s Hugo Chávez and Nicaragua’s Daniel Ortega. The most successful portions of the book, well translated from the Spanish by Patricia J. Duncan, are the personal narrative and reportorial reminiscences. — Shannon Brady Marin
Publishers Weekly
Ramos (The Other Face of America), seven-time Emmy Award-winning news anchor of Noticiero Univision, moved to the U.S. from Mexico when he was 25 and has lived here for 20 years. "What am I," he pointedly asks, "a Latino, a Hispanic, a Latin American immigrant, or a Mexican?" This question resonates throughout his affable memoir, and it turns out to be unanswerable. By the book's end, Ramos is still searching for a place where he does not "feel like a foreigner" or someone who's "just arrived." These efforts to define himself, however, did not distract Ramos from pursuing an enormously successful career. In easygoing prose, he describes his rise to become, at 28, "one of the youngest national anchormen in the history of American television." Claiming not to believe in luck, but rather in preparedness, he tells readers he was chosen for one of his first big assignments (covering the 1981 Reagan assassination attempt) simply because he was the only reporter in the room with English language skills and a ready passport. Speaking from extensive experience, Ramos points out the curious position of Spanish-language journalists in this country: "Most of the United States, of course, does not understand us [Spanish-language journalists]," and "many people do not even know we exist." Yet Univision is America's fifth largest station, and when Ramos and his co-anchor Maria Elena Salinas host the evening news, they attract 10 times the viewing audience of CNN at that time slot. Readers from this large viewing audience will devour Ramos's inspiring immigrant story. Photos not seen by PW. Agent, Bill Adler. (Oct. 15) Copyright 2002 Cahners Business Information.
Criticas
As the most famous and respected face in Spanish-language broadcast journalism, Ramos also has the rare ability to write best-selling books about his investigations and political views. His most recent title about Latino immigration in the United States, La otra cara de América (The Other Face of America, Grijalbo, 2000), was further proof of this talent. While his four previous books were convincing and well investigated, thousands of his readers were still curious about what it was like for him to sit down with George W. Bush, to be caught in a life-threatening crossfire in El Salvador, or to experience death threats in Colombia. In his latest book, Ramos delivers on that wish and offers intimate accounts of his family, career, two marriages, and two children to boot. This smart and easy-to-read memoir recounts his childhood in Mexico, his early years as a struggling "immigrant journalist" on the accent-phobic U.S. broadcast news scene, his 16-year-long career at Univision, and, ultimately, his international journalistic adventures. Unlike his persona on television, which seems, as he puts it, "always in control," Ramos has the ability to be frank, while also being suave and poetic. Unafraid to lower his guard when he's talking about confronting death, the links between love and war, or even his self-described character flaws, Ramos will enthrall readers with his earnestness and passion for journalism. Recommended for all bookstores and libraries. Adriana Lopez, "Criticas" Copyright 2002 Cahners Business Information.

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Product Details

ISBN-13:
9780062238016
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
09/18/2012
Sold by:
HARPERCOLLINS
Format:
NOOK Book
Pages:
368
Sales rank:
342,772
File size:
1 MB

Read an Excerpt

El Capítulo Uno

Quería vivir tan sólo lo que brotaba espontóneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan dificil?
—Hermann Hesse

El pasado es indestructible.
—Jorge Luis Borges

"¿Con qué sueñas?" me preguntó el periodista Dennis Farney, quien escribía un largo artículo que saldría, en primera pógina, en el diario The Wall Street Journal. "Sueño con mi casa," le contesté, "con la casa de México."

El artículo fue publicado antes de las elecciones presidenciales del 2000 y me dió a conocer ante muchos norteamericanos que no hablan español. Pero no incluyó la respuesta sobre mi casa. La política — no mis sueños — dominaban en ese entonces al país. Afortunadamente.

Contrario a mis días (llenos de noticias sobre guerras, violencia, asesinatos y golpes de estado), a los viajes constantes y a los estresantes y poco estructurados horarios, mis sueños son casi aburridos. Son como un refugio.

En realidad, esos sueños son una búsqueda desesperada de balance. Para alguien cuya profesión — el periodismo ¿qué mós? — le impide saber con certeza, cada mañana, en qué pais va a acabar durmiendo esa misma noche, soñar es escaparse. Un día me levanté en Los Ángeles y terminé acostado sobre las ruinas de una ciudad de México, recién azotada por un terremoto; otro, desperté en Miami y dormité frente a un muro de Berlín que se caía a pedacitos; una mañana pelé el ojo en Madrid y sólo el cansancio me tumbó en una destartalada cama a unos pasos de un Kosovo bombardeado ...

Y por eso, porque vivo sin calma, sin paz interior, frecuentemente me escapo a la casa de México; a ese lugar donde viví la mayor parte de mi infancia y adolescencia y que, todavía, significa estabilidad y tranquilidad. Ese es mi verdadero, mi único hogar.

Sueño que camino, sin prisa, de un lado al otro de esa casa de dos pisos. Subo las escaleras, como flotando, hasta el cuarto que comparto con mi hermano Alejandro y le echo un vistazo a mis dos otros hermanos, Eduardo y Gerardo, que juguetean en su recómara tras un arco que nunca tuvo puerta. Sonrío sin abrir la boca. Oigo a mi hermana Lourdes acomodando sus muñecas sobre una cama alta, blanca y chillona. Salgo de mi cuarto y veo el pequeño baño de mosaicos azules; estó abierto, con el lavabo manchado con pasta de dientes y el bote de la ropa sucia, rebosante, a punto de explotar y con la tapa tirada en el piso. La televisión suena al fondo pero nadie la ve. A unos pasos estó el cuarto de mis padres con una cama gigantesca cubierta con una colcha verde y dorada. ¡Nunca supe cómo pudieron meter esa cama en el cuarto! Me asomo por la ventana y estó el jardín, un poco descuidado pero siempre verde, que riega mi papó cuando regresa del trabajo. Mi mamó estó abajo, en la cocina. Al entrar, del lado izquierdo, sobre una enorme barra de acero inoxidable hay cinco vasos en fila de leche con chocomilk. Es la plancha metólica que se trajo mi papó de uno de sus trabajos de construcción. La estufa suelta un humito blanco, rico, reconfortante. Es la olla express de los frijoles. A un lado se estó cocinando la salsa de tomate para el queso guisado y en el centro de la estufa descansan, hinchadas y ulceradas por el aire caliente, un montón de tortillas. Cruzo la cocina, salgo al patio y huelen a limpio las sóbanas blancas que cuelgan bajo el sol. Cuando llego a ese punto, casi siempre me despierto. A veces aprieto los ojos, suavecito, para tratar de regresar al sueño. Cuando lo logro me veo jugando futbol con mis hermanos en el jardin o colgado de un pasamanos verde junto a un órbol que nunca dio aguacates. Pero no siempre puedo regresar a mi sueño. No importa; ya estuve en mi casa. Estoy tranquilo. Sé de donde vengo.

Yo soy de esa casa en la calle Hacienda de Piedras Negras # 10, Bosque de Echegaray, Estado de México, teléfono 560-51-20. Puedo olvidar cualquier cosa, pero no esa dirección ni ese teléfono. Si lo olvidara, perdería el centro; no sabría a dónde regresar cuando me pierdo, cuando estoy confundido, cuando el mundo me parece demasiado grande.

Cuando, regreso a México me gusta pasar frente a la casa y verla de lejitos. La última vez todavía tenía una reja verde y un tejado rojo. Pero es curioso que esa misma casa — localizada a unos pasos de una ruidosa supercarretera y ahogada por la contaminación ambiental, rodeada por una ferretería, un hospital y una farmacia homeopótica — me genere tanta calma interior.

Varias veces he estado a punto de bajarme del auto, tocar el amarillento timbre y pedirle a quien quiera que hoy viva ahí — mis padres la vendieron para mudarse a un apartamento — que me deje pasar a ver la casa. Se me antoja, lo reconozco, trepar sobre la reja como cuando era niño y había olvidado la llave de la puerta. Ese movirniento, ese zangoloteo metólico, me recuerda los días en que nada — ni una reja — me podia parar.

Cosas terribles pudieron ocurrir en esa casa. Aun recuerdo con lujo de detalle los planes secretos de tirarme desde el techo hasta una imaginaria piscina en el centro del jardín — al menos cinco metros de caída libre — y los sueños de colocar muchas chinampinas (en realidad, pequeñas cantidades de pólvora) en las suelas de mis zapatos para poder volar como Batman o Supermón. Pero por falta de unos pesitos no me rompí el cuello ni me quemé los piés.

La verdad, no necesito ver esa casa. La tengo grabada dentro de mí. Ahí viví 20 años. en comparación, durante los siguientes 20 años he vivido en por lo menos 16 casas, apartamentos u hotels; acabo de hacer la cuenta.

Casi todo lo mío tiene su origen, su razón de ser, durante el tiempo que viví en esa casa. Me explico ... y empiezo por lo mós sencillo.

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