Beso (Kiss)

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A veces morir con la verdad es mejor que vivir con una mentira.
Después que un accidente automovilístico pone a Shauna McAllister en coma y borra seis meses de su memoria, ella regresa al hogar de su niñez para recuperarse, pero su llegada estuvo llena de confusión. Su padre distante, un senador postulando a la Casa Blanca, y su madrastra abusiva culpan a Shauna por la tragedia, la cual ha dejado a su amado hermano con el cerebro severamente ...

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Overview

A veces morir con la verdad es mejor que vivir con una mentira.
Después que un accidente automovilístico pone a Shauna McAllister en coma y borra seis meses de su memoria, ella regresa al hogar de su niñez para recuperarse, pero su llegada estuvo llena de confusión. Su padre distante, un senador postulando a la Casa Blanca, y su madrastra abusiva culpan a Shauna por la tragedia, la cual ha dejado a su amado hermano con el cerebro severamente dañado.

Apoyándose en Wayne Spade, un amante olvidado pero esperanzado que se queda a su lado, Shauna trata de entender bien lo que sucedió esa noche avivando su memoria. En cambio, ella adquiere una capacidad mental misteriosa que la llevará a la verdad o a la muerte a manos de gente que trata de ocultar la verdad. En este juego a ciegas, Shauna está segura solo de una cosa: si ella recuerda, se muere.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602553903
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 8/31/2010
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 336
  • Sales rank: 783,726
  • Product dimensions: 6.30 (w) x 9.00 (h) x 1.20 (d)

Meet the Author

Ted Dekker

Ted Dekker, autor de más de veinticinco novelas, es un autor de mayor venta del New York Times. Es reconocido por novelas que combinan historias llenas de adrenalina con increíbles confrontaciones entre el bien y el mal. Vive en Texas con su esposa y sus hijos. Twitter @TedDekker, facebook.com/#!/teddekker.

Ted Dekker, autor de más de veinticinco novelas, es un autor de mayor venta del New York Times. Es reconocido por novelas que combinan historias llenas de adrenalina con increíbles confrontaciones entre el bien y el mal. Vive en Texas con su esposa y sus hijos. Twitter @TedDekker, facebook.com/#!/teddekker.

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First Chapter

beso


By TED DEKkER ERIN HEALY

Thomas Nelson

Copyright © 2008 Ted Dekker y Erin Healy
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-390-3


Chapter One

SEIS SEMANAS MÁS TARDE

La pesadilla de morir en un agua oscura empañaba las horas del sueño más profundo que Shauna McAllister hubiera experimentado nunca. En un bucle eterno se hundía, se ahogaba y, de alguna manera, era resucitada sólo para hundirse y ahogarse de nuevo, una y otra vez, en un terror sin fin. Siempre la misma lucha, siempre la misma búsqueda desesperada de una bocanada de aire. Siempre la misma intensa agonía durante la misma cantidad de tiempo antes de que las imágenes de su mente se atenuasen.

Luego un parpadeo, y de nuevo a la vida.

Despiadado, agotador.

Le dolía el estómago como si cientos de cuchillos se lo rebanasen, cortando siempre la cantidad necesaria para raspar, sangrar y escocer. El agua helada no era suficiente anestésico.

No podía recordar dónde estaba ni cómo había llegado hasta allí.

?Por qué no estaba su padre con ella? ?Adónde se había ido Rudy?

El agua se cerraba de nuevo sobre su cabeza. Con gusto le daría la bienvenida a la muerte y dejaría que su fatiga se saliese con la suya. Estaba muy cansada.

Algo la tocó. Una mano firme, amable y servicial agarraba su muñeca. En esa lucha hercúlea era toda la fuerza que no podía reunir. Y tanto era así, que en el mismo momento en que se resignó a ahogarse sintió como si emergiese de aquellas oscuras aguas; tal vez no moriría ese día.

Shauna rompió la superficie, jadeando y dejándose caer como un pez recién pescado lanzado a la cubierta de un ...

No, estaba en una cama, algo delgado que tembló cuando se movió.

Sus manos golpearon unas barandillas de metal y se agarró fuertemente para evitar deslizarse de nuevo bajo el agua, aunque una clase de sexto sentido le decía que no había agua. Empezó a toser y no podía parar, como si el oxígeno en ese lugar pudiera matarla igual de rápido que el líquido.

?Cómo llego hasta ahí?

Alguien le colocó una almohada bajo los hombros. Alguien estaba hablando. Mucha gente estaba hablando al mismo tiempo, con ánimo y atropelladamente.

Abrió los ojos y tomó su primera bocanada de aire.

Una mujer de mediana edad con una bata de enfermera estaba de pie junto a la cama, con los ojos brillantes abiertos de par en par y una ligera sonrisa en su boca mellada. Pulsó el botón del interfono en el panel que estaba sobre la cama, tan fuertemente que el plástico del micrófono se partió.

Shauna era poco consciente de toda la gente que abarrotaba la habitación.

-Doctor Siders -le dijo la mujer a la pared. Se puso la mano en el corazón como si quisiera evitar que se le escapase-. Le necesitamos aquí ahora. Se ha despertado!

* * *

Aún desorientada, Shauna se sentía el centro de atención de aquella pequeña multitud de su habitación. A través de la neblina que empañaba su mente se centró en aquel doctor tan alto que llevaba una bata blanca y que se movía alrededor del cabecero de su cama. El hombre tenía un ochenta por ciento de extremidades y un veinte por ciento de cuerpo, largo y enjuto y estirado como una cuerda de violín.

-Hola, Shauna, ?me oyes?

Sintió que su barbilla bajaba unos pocos centímetros.

Él puso la mano en su hombro.

-Soy el doctor Gary Siders. Y tú ... bueno, digamos que eres una chica con mucha suerte. Sin duda, el caso más insólito que he tenido en mucho tiempo aquí.

?Dónde era aquí? ?Dónde estaba Rudy?

Trató de hacer memoria. Imágenes al azar colisionaban en su memoria en una especie de naufragio que no podía reconstruirse como una explicación de lo ocurrido: comprando en un mercadillo de Guatemala, felicitando a una compañera en la empresa de contabilidad donde trabajaba, removiendo las verduras en un wok en su loft del centro.

Estos eventos aislados parecían desconectados de esta cama blanca, de esta habitación blanca, de esta gente vestida de blanco. No podía recordar, y el vacío era la pieza más desconcertante de este puzle blanco.

Vio un destello de color. Azul. Un anillo de graduación azul en una mano larga y angulosa que sujetaba el mentón de un hombre. Un hombre guapo. Estaba parado debajo de la televisión, con los brazos cruzados, y su frente arrugada por la preocupación activó alguna conexión en el cerebro de Shauna que decía: simpático. Los ojos marrones de él sostuvieron los de ella, y él sonrió de una manera casi imperceptible, con esperanza.

Su mente no lo reconocía. Pero era un descanso para sus sentidos, un objeto cálido y compasivo en una sala fría y desconocida. Ella sonrió de vuelta.

Al otro lado de la cama, sus ojos aterrizaron en Patrice McAllister.

Shauna se estremeció involuntariamente. ?Cómo era posible, después de todos aquellos años, que aquella mujer pudiera hacerle tener miedo? Patrice llevaba puesto su traje azul marino de marca y su cara inexpresiva. Tenía toda la buena pinta de Diane Keaton, pero su corazón era una piedra.

La cicatriz debajo del brazo de Shauna parecía que quemaba, como siempre que Patrice estaba cerca de ella. Shauna buscó a su padre. No había señal de él. No le sorprendió.

En vez de eso, vio al tío Trent de pie detrás de Patrice. Una corta capa de cabello blanco cubría su cabeza manchada por el sol. Trent dejó descansar su mano en el hombro de Patrice como si la obligara a permanecer quieta. Las finas arrugas de sus ojos provocadas por la risa aliviaron el miedo de Shauna.

En esos latidos de reminiscencia, Shauna sentía su cuerpo con una nueva conciencia, como si sus sentidos hubieran estado de vacaciones y recién retornaran: la rigidez de sus miembros, el dolor de su estómago, la dureza del colchón, la incomodidad de las sábanas que picaban. Quería salir de la cama. Sus músculos no respondían.

-Vamos a sentarte. -El doctor se acercó hasta los controles de la cama y ella se levantó con un zumbido-. ?Mejor?

-?Dónde estamos? -carraspearon sus cuerdas vocales.

-En el Centro Médico Hill Country.

Había estado en el hospital muchas veces, pero nunca como paciente. Detrás de él, en una repisa, unas flores viejas se marchitaban en agua sucia. Otros vasos vacíos se alineaban detrás de aquel.

-?Cuánto tiempo?

-Sólo debería llevar unos cinco minutos. Programaremos una evaluación neuropsicológica completa cuando estemos seguros de que estás preparada. Tomará un día o dos.

-Quiero decir cuánto tiempo he estado aquí.

Él dudó.

-Seis semanas.

?Seis semanas?

-Has estado entrando y saliendo del estado de inconsciencia, nunca despierta del todo.

-No recuerdo nada de eso.

-No es extraño.

-?Qué día es hoy?

Él miró su reloj de pulsera.

-14 de octubre. Domingo. Viniste el 1 de septiembre.

Septiembre.

Trató de recordar agosto.

Nada. Julio.

Nada. Más lejos.

Nada.

?Había estado allí seis semanas? Su mente no quería conectar con esa idea, y mucho menos con algún recuerdo específico.

Él deslizó una luz cegadora por sus ojos, y ella se estremeció. El extraño debajo del televisor se acercó a la cama y posó una cálida mano en su pie tapado con la manta. El gesto le dio ánimo. ?Quién era ese hombre? Alguien en quien ella confiaba, aparentemente.

-Sigue mis dedos -dijo el doctor Siders. Ella se centró en su mano nervuda, considerando cómo había pasado tanto tiempo sin que ella lo supiera. Seis semanas desde ...

?Desde qué?

Viajó a Guatemala. Eso fue cuándo, ?en marzo?

Él levantó la manta y deslizó una uña a lo largo de la suela de su otro pie. Sus reflejos hicieron que apartara el pie de su alcance.

-No tienes ningún respeto por los niveles de la escala Rancho; si te mueves entre ellos muy rápido, tendré que darte el alta esta tarde. Los datos de la ECG son inútiles. Aparentemente, sólo eres culpable de una conmoción cerebral. No hay TCE. El IRM y el TAC están limpios, aunque no son los más fiables, considerando que estás con una medicación en pruebas.

Ella no tenía ni idea de lo que él estaba hablando.

-?Puedes decirme quiénes son los que están aquí en la habitación con nosotros? -le preguntó el doctor.

Shauna posó sus ojos en el doctor.

-La mujer de mi padre, Patrice McAllister. Y el tío Trent, Trent Wilde, un amigo de la familia. No es realmente mi tío.

-?Y a qué se dedica el señor Wilde?

La respuesta llegó a ella sin necesidad de buscarla. Eso la sorprendió.

-Es el director ejecutivo de la empresa de mi padre, McAllister MediVista.

-?Dónde está emplazada la empresa?

-En Houston.

-?Sabes quién es él?

El doctor Siders señaló hacia el hombre cuya cálida mano todavía descansaba en su pie.

Ella lo examinó de nuevo. Frente ancha. El mismo color de cabello y de ojos. Azúcar moreno. Más mayor que ella, tal vez en la treintena. Profesional. Puede que sea un atleta (un corredor o un ciclista). Pero en cuanto a quién era, estaba en blanco.

Miró su cabeza. Patrice suspiró y golpeó los dedos en sus brazos cruzados.

-?No te acuerdas de Wayne Spade? -preguntó el doctor-. Creo que vosotros dos os conocéis bastante bien.

-?Cómo de bien?

El tío Trent intercambió una mirada con Wayne, que desvió la suya y empujó las manos hasta el fondo de sus bolsillos.

-Cariño -dijo Trent-, Wayne y tú habéis estado unidos durante muchos meses.

La vergüenza se instaló sobre Shauna.

-No querrás decir ...

-Está bien, Shauna -el tono de Wayne era cauteloso, y su sonrisa disimulaba lo que Shauna entendió como decepción. Ella escuchó lo que él no decía: habían sido algo más, y él no quería que eso le hiciera daño a ninguno de los dos-. Tómate tu tiempo.

?Cómo podía haberse olvidado de alguien tan cercano? La angustia le llenó el estómago.

-Lo siento -suspiró.

El doctor Siders se volvió hacia ella.

-Wayne salvó tu vida, querida. Te sacó del agua y te realizó una reanimación pulmonar hasta que llegó la ambulancia.

?Este hombre? ?Él salvó su vida? ?Qué agua?

El doctor continuó.

-?Dónde vives, Shauna?

-?Qué ...? Eh, en Austin.

-?Cómo se llama tu padre?

-Landon. McAllister.

-Y ahora mismo está haciendo campaña para ...

-Presidente -dijo ella-. ?Dónde está?

-En California, creo. Nuestro personal está intentando ponerse en contacto con él para darle las noticias de tu situación. ?Puedes decirme el resultado de las elecciones primarias de febrero?

Él ganó, por supuesto, o si no, no estaría todavía en campaña. Tenía algunas preguntas sobre ella misma, pero la conversación se estaba moviendo demasiado deprisa como para que ella articulase lo fundamental. ?Por qué podía recordar a su padre pero no a ...? ?Cómo se llamaba? ?Wayne? ?Por qué podía recordar el año pasado pero no el verano? Perdía el equilibrio en el filo de un enorme abismo repleto de nada más que ansiedad.

-?Podemos avanzar, por favor? -preguntó Patrice.

El doctor Siders comprobó sus notas.

-?Recuerdas el accidente?

Wayne pareció recobrarse de la bofetada de olvido de Shauna. Acariciando su tobillo, dijo:

-?Ahora es el mejor momento para sacar todo eso a la luz?

-El ... ?Tuve un accidente?

-Vaya, para partirse de risa ... -murmuró Patrice.

Shauna no podía mirar a su madrastra, pero dio con los ojos de tío Trent. Él le negó con la cabeza. No hagas caso.

-Sí -le dijo el doctor a Shauna-, ?lo recuerdas?

Shauna miró a Wayne.

-?Estabas allí? ?Cómo es que tú ...?

-Estaba siguiéndote hasta tu casa, desde la mía -dijo tío Trent.

-No entiendo -dijo Shauna.

-Dr. Siders -dijo Wayne-, está muy cansada.

-Ha estado durmiendo seis semanas -dijo Patrice, poniéndose de pie-. Puede estar despierta unos minutos más.

-Patrice ... -dijo Trent.

-No -le cortó ella-, ya está bien de melodrama. Merecemos saber lo que ella sabe.

-No lo entiendo. -Shauna apretó las sábanas bajo su puño-. ?Qué pasó?

-Cuéntanoslo tú, Shauna. Creo que sabes exactamente lo que quiero decir. Si estás haciendo el tonto -Patrice se inclinó sobre la cama-, si descubro que te estás riendo de Rudy y de tu padre con este número ...

Frunció el ceño y tanteó sus palabras.

Nada excepto la propia visión retorcida del mundo de Patrice podía darle sentido a tales acusaciones. Las sienes de Shauna palpitaban. Miró a tío Trent, rogándole sin palabras que le hiciera justicia.

Él apartó a Patrice de la cama.

-Rudy estaba contigo, cariño. Tú conducías cuando el coche colisionó con un camión y se salió del puente.

Shauna lo intentó con un suspiro poco profundo, pero no podía respirar.

-?Está bien?

Los ojos de Wayne se apartaron. El doctor Siders parecía tan desconcertado como Shauna. Trent miraba a Patrice sin ofrecer respuesta.

-?Está bien Rudy?

Patrice miró con odio a Shauna.

-No te mereces una respuesta. Tendrás que contarnos exactamente qué pasó. Dónde tienes las drogas. Por qué planeaste herir a Rudy. No me puedo creer que alguien pueda llegar tan lejos. Eres un monstruo. Casi has arruinado a tu padre. Es increíble que se las haya arreglado para salir adelante.

Rudy estaba herido. El miedo inyectó adrenalina en el corazón de Shauna.

?Drogas?

-?Dónde está? -demandó ella.

-En California -dijo Trent.

-Me refiero a Rudy! -echó para atrás las mantas.

Patrice se acercó a Trent. El doctor Siders se sacudió el aturdimiento. Dejó caer sus apuntes sobre la repisa que estaba detrás de él, y después se abalanzó sobre la cama para sujetar el brazo de Shauna.

-Os quiero a todos fuera ahora mismo. A todos! Ya hablamos de esto.

Se quitó de encima las manos del doctor Siders.

-Dime dónde está Rudy.

La cara de Wayne se encendió con preocupación, y alcanzó a Shauna justo cuando ella sacaba las piernas del borde la cama. Una mesa auxiliar se interponía entre ellos, y él se tropezó.

Sus pies desnudos golpearon el suelo e intentó permanecer erguida sobre sus piernas atrofiadas, que se resentían a sus demandas tanto como todos en aquella habitación aparentaban hacerlo. La sangre de su cuerpo corrió hacia sus pies para ayudarlos, vaciando su cabeza. Patrice se retiró y observó cómo Shauna se caía. Se fue abajo antes de que cualquiera pudiera agarrarla, golpeándose la mandíbula contra la mesa y poniendo freno a su lengua. Saboreó la sangre y escuchó cómo su cráneo se estampaba contra el suelo de vinilo, y después se deslizó de nuevo en las aguas oscuras.

Chapter Two

Wayne sujetaba el codo de Shauna y la ayudaba a caminar por el blanco pasillo. Ella había insistido en caminar en esta ocasión, desesperada por dejar la silla de ruedas, y decidida a dejar el hospital tan rápido como fuera posible. Ya era miércoles.

Después de un día de oscilar entre la consciencia y la inconsciencia, seguido de dos días enteros de escáneres, pruebas, muestras, interrogatorios y estudios, tenía aún más preguntas que la primera vez que se despertó.

Pero no había más respuestas. Todos se negaron a hablar de Rudy y eso la estaba volviendo loca.

-No puedo creer cuánto has progresado ya -dijo Wayne cuando su energía flaqueaba. Ella se tomó un descanso y se apoyó en la pared-. Eres increíble.

Ella buscó sus ojos.

-Por favor, Wayne. Cuéntamelo.

-?Contarte el qué?

-Lo que nadie más va a hacer. Sobre Rudy.

-Ya hemos hablado de ello -su tono reflejaba más tristeza que impaciencia-. Shauna, me han contando lo mismo que te han contado a ti. No puede ser tan terrible cuando le han mandado a casa.

-Esto es ridículo! ?A qué viene tanto secretismo?

-Él está en casa. Y tiene los mejores cuidados que el dinero de tu padre puede comprar.

-?Así que todo lo que podemos saber es que le han mandado a casa para morir?

Wayne se rió entre dientes.

-Vaya ... Realmente te vas a lo peor, ?no?

-No te rías de mí. -Shauna comenzó a caminar de nuevo.

Él se despejó y se puso a su lado.

-Sólo quiero decir que tu padre no estaría de viaje si ése fuera el caso.

-Esto es de locos!

-Estoy seguro de que es por tu bien. Trent se ha estado preocupando por todo ...

-Mi padre tendría que haber estado en su lugar. Pero él nunca estuvo donde se le necesitaba, ?no?

-Ahora está volviendo sobre sus pasos.

-Eso he oído.

Wayne no le contestó. Realmente, ?qué le podía decir? Shauna no le deseaba a nadie la dinámica disfuncional de su familia.

-Gracias por todo lo que has hecho estos pocos días.

-De nada.

-Me siento muy mal por no ... por no ...

Wayne le puso un dedo sobre los labios, provocándole a ella una ligera descarga de electricidad estática. Se estremeció. Él la miró sorprendido, y luego le lanzó una amplia sonrisa.

-No te preocupes por nada de eso -dijo él-. Lo iremos descubriendo en la medida en la que avanzamos. Ahora mismo tienes cosas más importantes de las que preocuparte.

Puso su mano entre sus omóplatos y la dirigió hasta la oficina, frotando su espalda con dulzura.

(Continues...)



Excerpted from beso by TED DEKkER ERIN HEALY Copyright © 2008 by Ted Dekker y Erin Healy. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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  • Posted May 14, 2011

    muy recomendable

    Excelente trama, Mantiene la tensión en todo momento. En pocas ocasiones puedes adelantarte al desarrollo de la misma. Aunque al principio es un poco lenta cuando arranca no te puedes despegar de ella. Las lagrimas, la desesperación y la duda de quien es quien es hasta el final. Definitivamente tienes que leerla.

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Anonymous

    Posted February 15, 2011

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