Breve historia de todas las cosas

Breve historia de todas las cosas

by Ken Wilber
     
 

View All Available Formats & Editions


This account of the place of men and women in a universe of sex and gender, self and society, and spirit and soul is written in question-and-answer format, making its grand ideas accessible. An exemplary introduction to Wilber's integral theory of consciousness that draws from the wisdom of all the traditions of inquiry, these questions offer a

Overview


This account of the place of men and women in a universe of sex and gender, self and society, and spirit and soul is written in question-and-answer format, making its grand ideas accessible. An exemplary introduction to Wilber's integral theory of consciousness that draws from the wisdom of all the traditions of inquiry, these questions offer a series of original views on many topics of current controversy, including the gender wars, multiculturalism, modern liberation movements, and the conflict between various approaches to spirituality.
 

Esta consideración de la posición de hombres y mujeres en un universo del sexo y el género, el yo y la sociedad y el espíritu y la alma, está escrita como una serie de preguntas y respuestas, un formato que hace accesibles las grandes ideas que contiene. Una introducción ejemplar a la teoría integral de la conciencia de Wilber, que deriva de la sabiduría de todas las tradiciones de pensar, estas preguntas ofrecen una serie de opiniones originales de varios temas controversiales, incluyendo la guerra de los sexos, el multiculturalismo, los movimientos modernos de liberación y el conflicto entre diferentes teorías de espiritualidad.

Product Details

ISBN-13:
9780834828018
Publisher:
Shambhala Publications, Inc.
Publication date:
06/29/2012
Sold by:
Barnes & Noble
Format:
NOOK Book
File size:
3 MB

Read an Excerpt

Breve Historia de Todas Las Cosas


By Ken Wilber, David González Raga

Editorial Kairós

Copyright © 1996 Ken Wilber
All rights reserved.
ISBN: 978-84-7245-937-3



CHAPTER 1

LA PAUTA QUE CONECTA


P: Comenzaremos, pues, nuestra historia con el mismo Big Bang y, a partir de ahí, trataremos de rastrear el camino recorrido por la evolución desde la materia hasta la vida y, desde ésta, hasta la mente. Luego, con la emergencia de la mente, de la conciencia humana, prestaremos atención a los cinco o seis grandes estadios por los que ha atravesado la evolución de la humanidad. Y todo esto lo ubicaremos en el contexto de la espiritualidad, del significado de la espiritualidad, de las diversas formas que ha ido asumiendo ésta a lo largo de la historia y de las diversas formas que pueda asumir en el futuro. ¿No es así?

KW: Así es. Se trata de una especie de breve historia de todo. Y, aunque parezca algo muy pretencioso, este intento se apoya en lo que yo llamo «generalizaciones orientadoras», lo cual simplifica extraordinariamente las cosas.

P: ¿Qué es exactamente una generalización orientadora?

KW: Una generalización orientadora es una verdad amplia y general procedente de los diferentes campos del conocimiento humano — la física, la biología, la psicología, la sociología, la teología y la religión — sobre las que existe muy poco desacuerdo.

En la esfera del desarrollo moral, por ejemplo, nadie coincide plenamente con todos los pormenores de los estadios del desarrollo moral descritos por Lawrence Kohlberg ni tampoco existe un acuerdo generalizado sobre los detalles concretos de la reconceptualización de ese mismo esquema realizada por Carol Gilligan. Pero en lo que sí existe un acuerdo amplio y general es en que el desarrollo moral atraviesa no menos de tres grandes estadios.

En el momento del nacimiento, el ser humano no está todavía socializado en ningún tipo de sistema moral (y, en este sentido, es «preconvencional»). Más tarde asimila un esquema moral general que representa los valores fundamentales de la sociedad en la que se halla inmerso (y deviene «convencional»). Y, en un momento posterior del desarrollo, el individuo puede comenzar a reflexionar sobre su propia sociedad y distanciarse críticamente de ella para alcanzar una cierta capacidad de transformarla (momento en el cual alcanza un estadio «postconvencional»).

Así pues, aunque los detalles reales y el significado concreto de esa secuencia evolutiva se hallen todavía sujetos a debate, todo el mundo coincide en la existencia universal, hablando en sentido amplio, de esos tres grandes estadios. Éstas son generalizaciones orientadoras que nos muestran, con un elevado grado de acuerdo, que los bosques importantes han sido ya localizados, aunque todavía no terminemos de estar de acuerdo en el número concreto de árboles que contienen.

El hecho es que, si tenemos en cuenta las generalizaciones orientadoras que nos proporcionan las diferentes ramas del conocimiento — desde la física y la biología hasta la psicología y la teología — sobre las que existe un amplio grado de acuerdo, podremos arribar a algunas conclusiones sorprendentes y, con frecuencia, profundas, que — por más extraordinario que puedan parecernos — no encarnan más que nuestro acuerdo-general-sobre-el-conocimiento. Es como si las perlas del conocimiento ya hubieran sido encontradas y sólo nos faltara enhebrarlas para componer el collar.

P: ¿Así que a lo largo de nuestra discusión iremos construyendo una especie de collar?

KW: Efectivamente. De este modo, las amplias generalizaciones orientadoras nos permitirán ir esbozando un amplio mapa orientador del lugar que ocupan los hombres y las mujeres en el universo, la vida y el Espíritu. Podemos rellenar como queramos los detalles concretos de este mapa, pero sus rasgos generales estarán firmemente asentados en las generalizaciones orientadoras, simples pero estables, que nos proporcionan las diversas ramas del conocimiento humano.


El Kosmos

P: Vamos a examinar el curso del desarrollo evolutivo a través de los diversos dominios, desde la materia hasta la vida y, desde ésta, hasta la mente, tres grandes dominios a los que usted denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera) y a los que, en conjunto, se refiere con el término «Kosmos».

KW: Sí. Fueron los pitagóricos quienes acuñaron el término «Kosmos», un término que nosotros solemos traducir como cosmos. Pero su significado original no era el que le damos hoy en día cuando hablamos del «cosmos» o del «universo» como universo exclusivamente físico, sino a la naturaleza y al proceso pautado de todos los dominios de la existencia, desde la materia hasta la mente y, desde ésta, hasta Dios.

Por ese motivo quisiera rescatar el término Kosmos. Y, como usted acaba de señalar, el Kosmos incluye el cosmos (o fisiosfera), la bios (la biosfera), la psique o nous (la noosfera) y la theos (la teosfera o el dominio divino).

Podemos darle muchas vueltas al punto exacto en el que la materia se convierte en vida — o el cosmos se convierte en bios —, pero, como señala Francisco Varela, la autopoyesis (la capacidad de autorreplicación) no tiene lugar en el cosmos sino en bios, en los sistemas vivos. Se trata de un emergente fundamental y profundo — algo asombrosamente nuevo —, y trataremos de rastrear diversas transformaciones o emergentes profundos de este tipo en el curso de la evolución del Kosmos.

P: Así que nuestra discusión no estará tan centrada en el cosmos como en el Kosmos.

KW: Exactamente. La mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que las lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión más real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material. Pero ése es un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo hasta que todos los dominios de la existencia — excepto el físico — terminan desangrándose lentamente hasta morir ante nuestros ojos. ¿Es ésta una forma adecuada de tratar al Kosmos?

No, en mi opinión, nosotros no tenemos que hacer cosmología sino Kosmología.


Los veinte principios: La pauta que conecta

P: Podemos comenzar esta Kosmología revisando las características de la evolución en los diversos reinos, una revisión de la que usted ha extraído veinte principios fundamentales que parecen comunes a toda forma de evolución, desde la materia hasta la vida y la mente.

KW: Correcto.

P: ¿Podemos ver algunos ejemplos de estos veinte principios para ilustrar de qué estamos hablando? El principio número 1 dice que la realidad está compuesta de totalidades/partes, u «holones». ¿La realidad está compuesta de «holones»?

KW: No creo que esto resulte muy extraño ni muy confuso. Arthur Koestler acuñó el término «holón» para referirse a una entidad que es, al mismo tiempo, un totalidad y una parte de otra totalidad. Y si usted observa atentamente las cosas y los procesos existentes no tardará en advertir que no son sólo totalidades sino que también forman parte de alguna otra totalidad. Se trata, pues, de totalidades/partes, de holones.

Así por ejemplo, un átomo forma parte de una molécula, una molécula forma parte de una célula, una célula forma parte de un organismo, etcétera. Cada una de estas entidades no es, pues, una parte ni una totalidad sino una totalidad/parte, un holón.

El hecho es que no existe nada que no sea, de un modo u otro, un holón. Desde hace unos dos mil años hay abierto un debate filosófico entre los atomistas y los holistas sobre cuál es la realidad última, si la totalidad o la parte. Mi respuesta, obviamente, es contundente: la realidad última no es ni totalidad ni parte o, si lo prefiere, es ambas a la vez. Mire hacia donde mire, todo el camino hacia arriba o todo el camino hacia abajo, no verá más que totalidades/partes en todas direcciones.

Hay un antiguo relato sobre este punto que habla de un rey que se dirigió a un sabio para preguntarle por qué la Tierra no se caía en el espacio. El sabio le respondió que "la Tierra estaba apoyada sobre un león». Entonces el rey preguntó nuevamente: «¿Y sobre qué se apoya el león?». "Sobre un elefante», contestó el sabio. «¿Y el elefante», continuó inquiriendo el rey, «sobre qué descansa?». «El elefante descansa sobre una tortuga», fue la respuesta del sabio. «Y sobre qué se apoya ...», iba a insistir nuevamente el rey, cuando el sabio le atajó diciéndole: "Sobre otra tortuga, Su Majestad, a partir de ahora una tortuga se apoya sobre otra».

Tortugas todo el camino hacia abajo y holones todo el camino hacia abajo. No importa cuán abajo descendamos porque siempre terminaremos descubriendo holones que descansan sobre holones que, a su vez, descansan sobre otros holones. Hasta las mismas partículas subatómicas se desvanecen en una nube virtual de burbujas dentro de burbujas, de holones dentro de holones, en una infinidad de ondas de probabilidad. Holones todo el camino de descenso.

P: Y también, como usted dice, holones todo el camino de ascenso, sin arribar nunca a una Totalidad última.

KW: Así es. No existe ninguna totalidad que no sea, al mismo tiempo, parte de otra totalidad. Y así ocurre de manera indefinida e interminable. El tiempo discurre y las totalidades de hoy serán las partes del mañana ...

Aun la misma «totalidad» del Kosmos no es más que una parte de la totalidad del momento siguiente, y así indefinidamente. En ningún momento arribamos a la totalidad, porque tal cosa no existe, porque sólo existen, y por siempre, totalidades/parte.

Así pues, el primer principio afirma que la realidad no está compuesta de cosas ni de procesos, de totalidades ni de partes, sino de totalidades/partes, de holones, todo el camino ascendente y todo el camino descendente.

P: Así que la realidad no está compuesta de partículas subatómicas.

KW: Por supuesto que no. Asumir tal cosa constituiría una aproximación profundamente reduccionista que privilegiaría al universo material y físico y, entonces, cualquier otra cosa — desde la vida hasta la mente y, desde ésta, hasta el Espíritu — debería derivarse de las partículas subatómicas. Y no es así como funcionan las cosas.

Pero advirtamos que una partícula subatómica es, en sí misma, un holón. Y lo mismo ocurre con una célula, con un símbolo, con una imagen o con un concepto. Todas esas entidades son, antes que nada, holones. Así que el mundo no está compuesto de átomos, de símbolos, de células ni de conceptos, el mundo está compuesto de holones.

Y, puesto que el Kosmos está compuesto de holones, descubrir lo que todos los holones tienen en común puede permitirnos comenzar a vislumbrar lo que tiene en común la evolución en todos los dominios. Holones en la fisiosfera, holones en la biosfera, holones en la psicosfera, holones en la teosfera, cómo se despliegan y qué pautas comunes presentan todos ellos.

P: Lo que todos los holones tienen en común. ¿Es así como ha llegado a formular los veinte principios?

KW: En efecto.


Individualidad y Comunión

P: De modo que el principio 1 afirma que el Kosmos está compuesto de holones. El principio 2 afirma que todos los holones comparten ciertas características.

KW: Muy bien. El hecho de que cada holón sea una totalidad/parte implica dos «tendencias» — o dos «impulsos», podríamos decir —: la tendencia a conservar su totalidad y la tendencia a conservar su parcialidad.

En primer lugar, los holones tienen que conservar su propia totalidad, su propia identidad, su propia autonomía, su propia actividad y, si fracasa en el intento de mantener o conservar su propia actividad o su propia identidad, simplemente deja de existir. Así pues, una de las características de los holones, sea cual fuere el dominio que estemos considerando, es la individualidad, la capacidad para conservar su propia integridad frente a las presiones externas que, de otro modo, podrían llegar a eliminarlo. Esto es algo cierto tanto para los átomos como para las células, los organismos o las ideas.

Pero un holón no es sólo una totalidad que deba conservar su individualidad, sino que además también es una parte de algún otro sistema, de alguna otra totalidad. Y es por ello que, además de tener que conservar su propia autonomía como totalidad, también debe adaptarse simultáneamente como parte de alguna otra totalidad. Su propia existencia depende de su capacidad de adaptación al ambiente, algo tan cierto para los átomos como para las moléculas, los animales o los seres humanos.

Así pues, los holones no sólo tienen su propia individualidad como totalidad sino que también deben adaptarse en su comunión como parte de otra totalidad. Y si fracasan en alguna de estas dos funciones, simplemente desaparecen y dejan de existir.


Trascendencia y disolución

P: Esto es precisamente lo que afirma el segundo principio, cada holón posee individualidad y comunión, capacidades a las cuales usted denomina «horizontales». ¿Qué ocurre con las capacidades «verticales»? ¿Qué ocurre con la «autotrascendencia» y con la «autodisolución»?

KW: Si un holón fracasa en el intento de conservar su integridad y las relaciones que mantiene con otras individualidades, termina destruyéndose y, cuando tal cosa ocurre, el holón termina disgregándose en los subholones que lo componen: las células se descomponen en moléculas que, a su vez, se descomponen en átomos que, bajo la presión adecuada, pueden seguir «disolviéndose» indefinidamente. Pero lo verdaderamente fascinante es que cuando los holones se descomponen lo hacen en un sentido inverso al que fueron construidos. Y esta descomposición es «autodisolución» o disgregación en los subholones que los componen, los cuales, a su vez, pueden seguir descomponiéndose en sus propios subholones, etcétera.

Pero sigamos considerando, por el momento, el extraordinario proceso de construcción, el proceso de emergencia de nuevos holones, el hecho, por ejemplo, de que las moléculas inertes se agrupen para configurar células vivas.

Hoy en día nadie cree ya en la resbaladiza explicación neodarwiniana estándar de la selección natural. Evidentemente, la selección natural darwiniana constituye uno de los mecanismos a través de los cuales opera la evolución, pero esta selección sólo tiene lugar entre aquellas transformaciones que ya han ocurrido merced a mecanismos que absolutamente nadie comprende.

P: Póngame un ejemplo.

KW: Tomemos, por ejemplo, la noción de que las alas no son más que una mutación evolutiva de las patas delanteras. La producción de un ala plenamente funcional — porque media ala carecería de todo valor funcional — a partir de una pata exige la presencia de un centenar de mutaciones previas. Media ala no es mejor que una pierna ni tampoco es mejor que un ala completa puesto que con ella no se puede correr ni se puede volar. Una media ala carece, por tanto, de todo valor adaptativo. En otras palabras, con media ala uno se convierte simplemente en alimento. Pero las alas sólo funcionarán si esas mutaciones intermedias tuvieran lugar al mismo tiempo en un animal y en otro animal del sexo opuesto para que luego puedan encontrarse, comer algo, aparearse y tener descendencia con alas realmente funcionales.

Esto es algo tan absurdo, tan infinita, absoluta y completamente disparatado que el concepto de mutación azarosa no puede llegar a explicarlo. La inmensa mayoría de las mutaciones son letales ¿cómo podemos, pues, pensar en cientos de mutaciones no letales — o, aunque sólo se tratase de cuatro o cinco, que para el caso da lo mismo — aconteciendo simultáneamente? Es cierto que, una vez que ha tenido lugar esta extraordinaria transformación, la selección natural se encarga de seleccionar las mejores alas de las alas menos operativas. Pero ¿qué ocurre con las mismas alas? Ésta es, ciertamente, una pregunta para la que nadie tiene, hasta el momento, una respuesta satisfactoria.

Por el momento, todo el mundo está de acuerdo en hablar de «evolución cuántica», de «evolución puntuada», de «evolución emergente» — de holones sumamente complejos y de emergentes radicalmente nuevos que llegan a la existencia en un extraordinario salto cuántico — sin la menor presencia — cualquiera que ésta sea — de formas intermedias. Son miles de mutaciones no letales simultáneas las que han tenido que ocurrir al mismo tiempo para que las alas o los globos oculares, pongamos por caso, hayan podido sobrevivir.

No obstante, nosotros hemos decidido que estas extraordinarias transformaciones ocurren (porque es innegable que lo hacen). Es por ello que muchos teóricos, como Erich Jantsch, por ejemplo, califican a la evolución como «autorrealización a través de la autotrascendencia». La evolución forma parte de un insólito proceso de autotrascendencia, un proceso que tiene la asombrosa capacidad de ir más allá de donde anteriormente se encontraba. La evolución constituye un proceso trascendente que incorpora lo que era anteriormente y le agrega componentes insólitamente nuevos. Es así como el impulso a la autotrascendencia se halla inmerso en el mismo entramado del Kosmos.


(Continues...)

Excerpted from Breve Historia de Todas Las Cosas by Ken Wilber, David González Raga. Copyright © 1996 Ken Wilber. Excerpted by permission of Editorial Kairós.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Meet the Author


Ken Wilber is a widely read and influential American theorist who has been credited with creating a genuine world philosophy. He is the author of Boomeritis; Kosmic Consciousness; Sex, Ecology, Spirituality; and A Theory of Everything.

Customer Reviews

Average Review:

Write a Review

and post it to your social network

     

Most Helpful Customer Reviews

See all customer reviews >