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Cambia tu vida

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No hay necesidad de sentirse desgraciado. No hay necesidad de estar triste, disgustado, ofendido u oprimido. Tampoco hay necesidad de sufrir enfermedades, fracasos o desilusiones. El Dr. Emmet Fox nos ofrece un sencillo y eficaz método de trabajo dirigido a todos aquellos que deseen realmente cambiar sus vidas, en este libro nos dice que la infelicidad, la frustración, la pobreza o la soledad no son más que condicionamientos y malos hábitos a los que sus víctimas se han ido acostumbrando al creer que no hay ...
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No hay necesidad de sentirse desgraciado. No hay necesidad de estar triste, disgustado, ofendido u oprimido. Tampoco hay necesidad de sufrir enfermedades, fracasos o desilusiones. El Dr. Emmet Fox nos ofrece un sencillo y eficaz método de trabajo dirigido a todos aquellos que deseen realmente cambiar sus vidas, en este libro nos dice que la infelicidad, la frustración, la pobreza o la soledad no son más que condicionamientos y malos hábitos a los que sus víctimas se han ido acostumbrando al creer que no hay manera de evitarlos, pero esas limitaciones y hábitos pueden erradicarse, y él explica cómo.
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Product Details

  • ISBN-13: 9788497779029
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 1/30/2013
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 264
  • Sales rank: 1,392,143
  • Product dimensions: 5.20 (w) x 8.20 (h) x 0.90 (d)

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Cambia tu vida


By Emmet Fox

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2000 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-902-9



INTRODUCTION

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis


Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis se encuentran entre los símbolos más importantes de la Gran Biblia porque proporcionan la clave de la naturaleza del hombre tal y como le conocemos. Cuando comprendas bien estos símbolos, comprenderás tu propio carácter y podrás empezar a trabajar en el dominio tanto de ti mismo como de lo que te rodea.

Existe otra razón de por qué es tan importante comprender a los Cuatro Jinetes. Constituyen un ejemplo típico de la manera en que la Biblia hace uso del principio general del simbolismo. Cuando te hagas con todo su significado, por ejemplo, dándote cuenta de la forma en que la Biblia habla sobre los caballos, para enseñar la verdad psicológica y espiritual, habrás dominado el esquema general de las alegorías bíblicas. La Biblia no está escrita en el estilo de los libros modernos. Posee un método propio para transmitir conocimientos mediante símbolos gráficos por la simple razón de que ésta es la única manera en que puedan transmitirse conocimientos a gentes de todas las edades en diferentes partes del mundo y con distintos grados de desarrollo espiritual. Una afirmación directa en un estilo moderno podría gustar a un determinado tipo de audiencia, sin embargo, los símbolos agradan a todos, y cada individuo saca de ellos nada más que aquello para lo que está preparado.

La Biblia no está llena de predicciones. La Biblia no pretende decir lo que va a suceder en el futuro, porque, si pudiera hacerse, solamente querría decir que no tenemos libre albedrío. Si el futuro se organizase desde ahora –como una película embobinada en su caja–, ¿de qué servirían las oraciones o el estudio de la metafísica? ¿Por qué dedicó Jesús tantas horas, incluso noches enteras, a la oración si con ello no podía cambiar nada? Pero, por supuesto, claro que puedes cambiar el futuro y el presente mediante la oración, y, por supuesto también, lo que te hace o te deshace, lo que hace que te sientas enfermo o sano, feliz o triste, idiota o sensato.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis representan los cuatro elementos o partes de la naturaleza humana tal como la vemos en este momento. Tal como nos conocemos en nuestra personificación actual, da la impresión de que estemos hechos de cuatro partes. La primera de todas, el cuerpo físico, eso que vemos al mirarnos en un espejo. Después está tu naturaleza sensitiva o tus emociones. Se trata de una parte sumamente importante de ti mismo, porque, aunque no puedas «ver» tus sentimientos, eres tremendamente consciente de ellos. En tercer lugar, está tu inteligencia. Tampoco la puedes ver, pero conoces perfectamente su existencia porque contiene hasta el más diminuto dato de los conocimientos –importantes o no– con que cuentas.

Y, por fin, está tu naturaleza espiritual o tu auténtico yo eterno, tu verdadero yo, tu YO SOY, tu Cristo Residente, la Chispa Divina o como quieras llamarla. Ésta es tu auténtica identidad, que es eterna. Casi todos creen en su existencia, aunque la mayor parte de la gente no sea muy consciente de ella como algo real.

Los estudiosos de metafísica son conscientes de que llegará inevitablemente el momento en que las tres primeras se fundirán con la cuarta y de que entonces todos sabremos –en vez de sólo creeremos– que la naturaleza espiritual es todo. Sin embargo, hasta que llegue ese momento, no ocurre así, por lo que nos vemos viviendo con esos cuatro elementos de nuestra naturaleza, a los que la Biblia llama los Cuatro Caballos.

El primer caballo que nos ocupará es el Caballo Pálido, siendo aquí «pálido» el color del miedo. Tal vez hayáis visto el terror reflejado en un semblante humano. No trato aquí de un cierto nerviosismo o miedo moderado, sino de terror. No es un espectáculo agradable. La piel se vuelve de un gris ceniza. Ése es el color del Caballo Pálido.

Y el nombre de quien lo montaba era Muerte, y el Infierno le seguía.

Bueno, pues el Caballo Pálido significa el cuerpo físico, y se nos dice que lo monta la Muerte y que el Infierno le sigue de cerca. Si tú eres ese tipo de jinete, si sólo vives para tu cuerpo, lo único que te espera es el infierno en este plano o en cualquier otra parte. Hay que sentir lástima por las personas que viven para el cuerpo, porque el cuerpo es el mayor tirano de todos si se le permite ser quien manda. La persona que sólo vive para comer, beber y para la sensualidad no hace sino introducir el mal y la destrucción en su vida en este plano. Recuerda que la persona que vive para el cuerpo no puede regenerarse, por lo que envejece más cada año. Esto quiere decir que el cuerpo se va desgastando constantemente y que esa persona carece de otros recursos. Para ella, la vejez le aporta decrepitud y vacío y, con toda probabilidad, también molestias y dolor. Se ha montado en el Caballo Pálido, y es el infierno el que sigue a ese jinete.

Pero el Caballo Pálido no significa solamente el cuerpo físico. También implica otras cosas físicas, como, por ejemplo, lo que la Biblia denomina el «mundo»: dinero, posición, honores materiales.

Si antepones el dinero a todo, cabalgas el Caballo Pálido, aunque no seas glotón ni sensual. El dinero es tu Dios, y es muy posible que lo alcances, aunque lo sentirás porque le sigue el infierno. ¿Por qué adorar al dinero? Después de que hayas comprado algo de comida, alguna ropa, pagado tu alquiler y adquirido algunas cosas más, ¿qué puede darte el dinero? Hay cantidad de millonarios que pasan por la Quinta Avenida y que no encuentran nada de lo que realmente necesitan que puedan comprar con su dinero. No pueden entrar en unos almacenes y adquirir tranquilidad o un cuerpo sano o amistad o lealtad o –por encima de todas las cosas– un contacto con Dios.

Por otro lado, hay personas a las que no les preocupa el dinero, pero que se consumen por las distinciones y honras mundanas. Quieren ser importantes o, para decirlo mejor, quieren que se les considere importantes. Quieren ser la cabeza de algo. Quieren ser respetados. No piensan en lo bueno que pudieran hacer en el mundo, sino en cuántos honores pueden recibir. También están montados en el Caballo Pálido, y el infierno les sigue. Si pudieses leer los corazones de quienes se asientan en las poltronas de los poderosos, te sorprenderías de la frecuencia con que te encontrarías con descontento y desengaño, porque el Caballo Pálido siempre galopa igual.

Si alguien acepta un puesto importante porque quiere servir honradamente al prójimo y glorificar a Dios, no va montado en el Caballo Pálido, en cuyo caso, si las cosas van mal o se le malinterpreta o engaña, no le preocupa porque lo que intentaba hacer era lo que Dios manda y en esto consiste el auténtico éxito.

El que vive para comer y beber, el adicto a la sensualidad y las drogas, el que vive para el dinero o para los honores mundanales, es el jinete del Caballo Pálido.

Y ahora quiero hablar del Caballo Rojo.

Y entonces llegó otro caballo que era rojo, y a quien lo montaba se le había dado el poder de que la paz abandonase la Tierra y de que todos se matasen entre sí. También se la había dado una gran espada.

¿Qué es el Caballo Rojo? El Caballo Rojo es tu naturaleza emocional, tus sentimientos. Tu mente humana, como ya sabes, consiste en dos partes, inteligencia y sentimiento. Y nada más. Cada uno de tus pensamientos cuenta con dos partes, un contenido de conocimientos y un contenido de sentimientos, con lo que siempre te encuentras con esas dos cosas, conocimiento y sentimiento. El conocimiento pertenece a la inteligencia, y el sentimiento, como es de suponer, a la naturaleza emocional. En algunos pensamientos, el contenido de conocimientos es mucho mayor que el de sentimientos, y, en otros, es el contenido de sentimientos el que es mayor.

En matemáticas, por tomar un caso extremo, el contenido de sentimientos casi no existe. Nadie se emociona demasiado con la idea de que dos lados cualquiera de un triángulo suman una longitud mayor que el lado restante, o que, cuando dos líneas rectas se cortan, los ángulos que forman son idénticos. Sí que existe un pequeño contenido emocional, porque los conocimientos reales y exactos siempre producen cierta satisfacción a la mente, además de que hay una cierta belleza en las verdades matemáticas, pero la verdad es que, para la mayoría de la gente, la cantidad de sentimientos involucrada sería bastante pequeña.

En el otro extremo de la escala se encuentran los sentimientos relacionados con la religión y la política. Todos conocemos los profundos sentimientos –por no decir prejuicios– que conllevan estos temas. La gente los siente con tanta intensidad que, por regla general, están proscritos en cualquier reunión social; sin embargo, la cantidad de conocimientos que la mayoría de la gente posee sobre ellos es sorprendentemente pequeña. Por ejemplo, son pocas las personas que hayan estudiado las doctrinas de la iglesia particular a que pertenecen. Sin embargo, las sienten profundamente y son capaces de revolverse contra la más mínima crítica que se haga contra ellas. Son escasísimos los que hayan considerado cuidadosamente el principio político que sostiene al partido político a que pertenecen y quienes se hayan molestado en familiarizarse con la cantidad de datos existentes sobre el tema, pero eso no les impide ser acérrimos partidarios de dicho partido. Tanto en éstos como en otros temas, la gente cuenta con una masa de sentimientos muy poco iluminada por la inteligencia. El contenido intelectual de esos pensamientos es sumamente pequeño.

Es muy peligroso permitir que tus emociones te controlen, que el Caballo Rojo te arrastre, porque socavará tu salud te arruinará en cualquier fase de tu vida que te halles. El Caballo Rojo es tan peligroso como el Pálido, aunque, por supuesto, no tan degradante, razón por la que arruina muchas más vidas. Una persona adulta es aquella que tiene control de sus sentimientos. La persona que no puede controlarlos es todavía un niño, aunque tenga cien años de edad. Si no puedes controlar tu emoción, ésta te controlará a ti y acabará contigo.

Pero esto no quiere decir que las emociones o sentimientos sean intrínsecamente malos. Lo que quiere decir es que la emoción incontrolada es algo malo; de hecho, es casi tan malo sentir poca emoción como demasiada. Las personas débiles emocionalmente nunca llegan muy lejos. Son esas personas tan amables a quienes jamás se tiene en cuenta o que pasan desapercibidas. Nadie sabe ni se preocupa de si están o no en la misma habitación. Son arrastradas por la vida como por accidente; son arrastradas a negocios en los que nunca llegan a nada; son arrastradas a matrimonios y, por fin, son arrastradas a la tumba casi sin que nadie se dé cuenta.

Una naturaleza emocionalmente fuerte es como un coche de gran potencia. Si lo controlas, es algo estupendo. Te llevará adonde quieras por los caminos más abruptos o a la cima de montañas, porque es todo potencia. Pero, si no lo controlas, si no entiendes la manera de conducirlo o si eres idiota y pisas el acelerador en lugar del freno, el coche se autodestruye y a ti con él, precisamente por ser tan potente.

Si lo que tienes es un coche antiguo y de poca potencia, que a duras penas puede avanzar traqueteando, no te conducirá a ninguna parte, pero tampoco te hará mucho daño. Aunque choques contra una pared, él sólo emitirá un rateo y se detendrá.

Una naturaleza emocional fuerte es un don espléndido si tú la dominas, pero, si es ella la que te domina a ti, es que estás montado en el Caballo Rojo, y, si montas el Caballo Rojo, apéate en cuanto puedas, porque no hay salvación para ese jinete.

¿Cómo saber si estás montado en el Caballo Rojo? Pues mira, si te irritas por nada, si te enfadas e indignas por nonadas, en especial, cuando ni siquiera te concierne; si te pones frenético por cosas que lees en el periódico; si intentas dirigir las vidas de otros y ello te excita, pues están montado en el Caballo Rojo, y lo mejor es que te bajes.

En el momento en que aprendas a dominar tus sentimientos, empezarás a hacer algo de tu vida.

Ahora llego al Caballo Negro, y esto es lo que dice:

Y hete aquí que había un caballo negro y que quien lo montaba sostenía una balanza en su mano, y oí una voz que surgía entre las cuatro bestias y que decía: una medida de trigo por un penique y tres de cebada por un penique.

La balanza, es decir un par de platillos como los que emplean en las droguerías o tiendas de ultramarinos, se convierte aquí en símbolo de hambruna o de necesidad. Quiere decir que no hay suficiente para todos y que, por lo tanto, hay que empezar a racionar. El Caballo Negro representa la inteligencia y, si te montas en él, tu alma morirá de hambre. Son muy pocos los que montan el Caballo Negro si los comparamos con quienes lo hacen en el Caballo Rojo, pero hay quienes lo montan, y todo el mundo civilizado viene haciéndolo desde hace siglos.

El hecho de montarse en el Caballo Negro no implica que se tenga una gran inteligencia, aunque el tenerla no sea nada malo. De hecho, muchísima gente, sobre todo en el plano religioso, estaría mucho mejor con un poco más de inteligencia que la que tienen. Montarse en el Caballo Negro quiere que permitas que tu inteligencia te domine hasta excluir la naturaleza emocional y, lo que es peor, la espiritual. Es bueno tener la inteligencia entrenada y pulimentada por el uso, pero es una desgracia permitir que se convierta en tu dueña. Hay quienes dicen que el universo puede entenderse desde un punto de vista intelectual, que todo lo relativo a Dios puede ponerse en español puro y ser explicado perfectamente con palabras. Esto sí que es un absurdo, porque en realidad sería como intentar definir lo infinito, y, como decía Spinoza, definir a Dios es negarle. Otras personas suelen dogmatizar y decir que no existe nada fuera de la materia, que la mente no es sino una secreción de la materia y que, por lo tanto, el hombre, al no poder llevarse su cuerpo consigo, no puede sobrevivir a la muerte. Esta gente suele decir que el cerebro piensa y que, cuando el cerebro se pudre en la tumba, el pensador no puede permanecer vivo. Hay también quienes se siente ofendidos si se les llama materialistas a pesar de que dicen que no pueden creer en la oración porque las leyes de la naturaleza son deterministas y porque, por lo tanto, es imposible que la oración pueda cambiar nada.

Todas estas personas están montadas en el Caballo Negro y tienen hambre porque creencias tan equivocadas les privan de toda comprensión y crecimiento espirituales.

La inteligencia es algo excelente y se da por supuesto que no podríamos vivir en este plano sin ella; pero la inteligencia puede solamente tratar de cosas tridimensionales. Más allá, se rompe. Debemos tener inteligencia para comprar y vender, para levantar edificios y construir carreteras; en pocas palabras, para llevar a cabo nuestro trabajo cotidiano, pero, a medida que nos vamos aproximando a Dios, vamos abandonando el territorio de la inteligencia para atravesarlo por completo y llegar a la región de lo espiritual, donde los valores constituyen la perfección, y la dimensión es el infinito. La verdad sobre Dios debe sobrepasar la inteligencia, necesitando de la naturaleza espiritual para entender aquélla. El instrumento de la inteligencia es la razón, y, si bien es verdad que cualquier cosa que contradiga a la razón no puede ser verdadera, las verdades religiosas deben alcanzar más allá de la razón, sin, por supuesto, contradecirla.

La inteligencia no puede darte la verdad sobre Dios, y el intentar suponerlo es como intentar utilizar un termómetro para pesar un paquete o hacer uso de una balanza para medir la temperatura de la habitación. Si lo haces, te equivocas de instrumentos.

Si intentas vivir sin el conocimiento de Dios, sin oración o sin contacto espiritual, puedes estar seguro de que, tarde o temprano, llegarás a un estado de depresión y de disgusto, porque éste es el destino del Jinete del Caballo Negro.

En el siglo XIX, los científicos no creían en nada que no pudiese aislarse en un tubo de ensayo o examinarse bajo el microscopio. Estos científicos materialistas iban montados en el Caballo Negro. Sin embargo, hoy en día, algunos de los especialistas más eminentes en ciencias naturales comienzan a reconocer la existencia de cosas espirituales.


(Continues...)

Excerpted from Cambia tu vida by Emmet Fox. Copyright © 2000 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Contents


Cambia tu vida, 7,

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, 13,

El esclavo y el libre, 37,

El libro del Génesis, 39,

Los siete días de la creación, 43,

Primer Día, 46,

Segundo Día, 48,

Tercer Día, 49,

Cuarto Día, 53,

Quinto Día, 57,

Sexto Día, 59,

Séptimo Día, 69,

Adán y Eva, 73,

La Torre de Babel, 95,

Dios, el liberador (Salmo 18), 101,

El zodíaco y la Biblia, 109,

Los siete aspectos principales de Dios, 131,

Haz que tu vida valga la pena, 163,

Cómo conseguir una demostración, 169,

Mantente en la onda, 171,

La magia del diezmo, 173,

Cómo mantener la paz, 181,

El espíritu americano, 189,

El destino histórico de Estados Unidos, 211,

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