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Carácter de Líder

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Dr. Dan B. Allender received his MDiv from Westminster Theological Seminary and his PhD in Counseling Psychology from Michigan State University. Currently, Dan serves as Professor of Counseling at Mars Hill Graduate School in Seattle, WA. A therapist in private practice he is a frequent speaker and conference leader. He and his wife Rebecca are parents to three adult children. SPANISH BIO: Dan B. Allender recibio su Maestria en Divinidades en la Academia Teologica Westminster y su Doctorado en Consejeria y ...
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Dr. Dan B. Allender received his MDiv from Westminster Theological Seminary and his PhD in Counseling Psychology from Michigan State University. Currently, Dan serves as Professor of Counseling at Mars Hill Graduate School in Seattle, WA. A therapist in private practice he is a frequent speaker and conference leader. He and his wife Rebecca are parents to three adult children. SPANISH BIO: Dan B. Allender recibio su Maestria en Divinidades en la Academia Teologica Westminster y su Doctorado en Consejeria y Sicologia en la Universidad de Michigan. En la actualidad es profesor de consejeria en la Escuela de Graduados de Mars Hill cerca de Seattle, Washington. Es terapista, conferencista y lider de seminarios. Ademas, el doctor Allender es autor de varios libros incluyendo Corazon Herido, Liderando con imperfecciones, Amor Intrepido y Aliado intimos. el y su esposa, Rebecca, son padres de tres hijos.
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Product Details

  • ISBN-13: 9780829757118
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 1/5/2010
  • Language: Spanish
  • Series: Seleccion Vida Lider Series
  • Pages: 128
  • Product dimensions: 5.10 (w) x 7.20 (h) x 0.60 (d)

Meet the Author

Dr. Dan B. Allender received his MDiv from Westminster Theological Seminary and his PhD in Counseling Psychology from Michigan State University. Currently, Dan serves as Professor of Counseling Psychology and Founding President at The Seattle School of Theology and Psychology in Seattle, WA. A therapist in private practice, he is a frequent speaker and conference leader. He and his wife, Rebecca, are parents to three adult children and grandparents of two grandsons and one granddaughter. SPANISH BIO: Dan B. Allender recibio su Maestria en Divinidades en la Academia Teologica Westminster y su Doctorado en Consejeria y Sicologia en la Universidad de Michigan. En la actualidad es profesor de consejeria en la Escuela de Graduados de Mars Hill cerca de Seattle, Washington. Es terapista, conferencista y lider de seminarios. Ademas, el doctor Allender es autor de varios libros incluyendo Corazon Herido, Liderando con imperfecciones, Amor Intrepido y Aliado intimos. el y su esposa, Rebecca, son padres de tres hijos.
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CARÁCTER DE LÍDER


By DAN B. ALLENDER

Zondervan

Copyright © 2009 Dan B. Allender
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5711-8


Chapter One

Comencemos con una primera pregunta, ¿cómo te convertiste en líder? ¿Recuerdas las circunstancias? Es probable que hayas obtenido un título que indicara que tú eras la persona a cargo: el capitán del equipo, el candidato para una función pública, el gerente general. O tal vez la gente que te rodeaba haya gravitado a tu alrededor de manera natural, teniéndote en cuenta para tomar decisiones y seguir tu liderazgo. Incluso es factible que tus comienzos en el liderazgo se hayan parecido a los míos: La conducción se presentó como algo que debía suceder.

Yo estaba enseñando en la escuela de graduados Mars Hill, que, en ese tiempo, era una escuela satélite del Seminario Western, en Portland, Oregón. Nos encontrábamos en el proceso de llevar a la escuela a la independencia y seis de las personas que estábamos en la facultad participamos de esa transición. En algún momento, aproximadamente a tres años de haber iniciado el proceso, se nos solicitó completar y firmar un documento de acreditación y uno de los espacios de este formulario requería una respuesta para la siguiente pregunta: ¿Quién es elpresidente?

Nunca olvidaré aquella reunión. Cuando llegamos al punto en el que alguien debía proponerse como presidente, todos permanecieron en silencio. Mientras nos mirábamos unos a otros, quedó claro que nadie iba a hablar. Todos estábamos midiéndonos mutuamente, esperando ver quién sería lo suficientemente tonto como para aceptar semejante cargo.

Finalmente llegamos al consenso de que, por ser el mayor, yo debía ocupar ese puesto; aunque nadie, incluyéndome, esperaba que yo de veras actuara como presidente.

Esa suposición continuó hasta el momento en que, aproximadamente cuatro meses después, tuvimos que despedir por primera vez a un empleado. Y al asumir esa responsabilidad, probablemente me haya convertido en el único ser humano de la historia que debió echar a la misma persona tres veces en menos de veinticuatro horas.

Lo despedí dándole las razones del caso y pidiéndole que pensara y orara al respecto. Al final de nuestros cuarenta y cinco minutos de interacción, le dije que hablaríamos de nuevo al día siguiente, sin imaginarme nunca que él se iría a su casa e idearía todo un plan sobre cómo mejorar su rendimiento y revisar la descripción de su trabajo. Regresó entusiasmado por la oportunidad de presentar su propuesta. Lo que puso de manifiesto que el despido no había surtido efecto.

Reuní la suficiente sabiduría y fortaleza como para echarlo nuevamente de su empleo. En esa ocasión él solicitó, debido a ciertas cosas que estaba haciendo, permiso para quedarse de una semana a diez días más para terminar aquellos proyectos. Yo consideré que era una sugerencia enormemente atenta de su parte. "Qué razonable!", pensé. Así que continuó trabajando.

Ese día, más tarde, nuestra recepcionista, que en el pasado había trabajado para una gran corporación, me preguntó: "¿Sigue trabajando aquí?" "Si", le dije, "pero solo por siete o diez días".

En ese punto, ella comenzó a enumerar toda la información a la que esta persona tenía acceso y me explicó cómo eso podría resultar problemático si él albergara alguna clase de resentimiento hacia la escuela. Bueno, yo ni siquiera había pensado sobre la posibilidad de un resentimiento, y mucho menos en las complicaciones que podían ocurrir. Ella me comentó que en su trabajo anterior, cuando a los empleados se les solicitaba que dejaran sus puestos de trabajo, la compañía les otorgaba una hora para ir a sus escritorios y reunir sus pertenencias personales. Y luego eran escoltados fuera del edificio.

Tenía sentido! Lo que implicaba que yo debía despedir a la misma persona por tercera vez.

Ese fue solamente el principio. En los años siguientes cometí todas las clásicas equivocaciones que un líder puede cometer e inventé algunas que creo que no habían existido antes sobre la faz de la tierra.

Pero cada error cometido se convirtió en una lección aprendida y muy a menudo esas duras lecciones dieron lugar a valiosas conversaciones con otros líderes. Comencé a ver que ciertos patrones rodean al liderazgo destacado. Noté cuán a menudo los líderes a los que más admiro son conocidos ampliamente por su carácter fuerte y altamente respetado. Esto no quiere decir que sean pesados, poco imaginativos o rigurosos. De hecho, la mayoría de ellos son bastante sinceros con respecto a sus luchas en el ministerio y sus batallas en el liderazgo.

Sí, tienen una integridad impecable, pero también me hacen reír. No solo me cautivan por su individualidad y espontaneidad, me impresionan por su meticulosa sinceridad y franqueza. Luchan y se preocupan por sus hijos. Aunque tienen un compromiso en su matrimonio, hay ocasiones en las que se sienten solos y necesitan más apoyo de sus cónyuges. Son personas hermosas, auténticas, humanas, y entusiastas.

Muy a menudo, los líderes sofocan el deseo de ser más abiertos. Lo que se les permite decir desde el púlpito o en las conversaciones con otros se reduce a lo "esperado y tolerado", y todo lo demás se debe esconder o negar. Tales limitaciones inducen a mostrar dos caras: una pública y otra privada.

A veces, incluso, esa hipocresía se interioriza. Cuando esto sucede, es decir, cuando negamos aspectos de nosotros mismos que podrían provocar molestias si fueran vistos o reconocidos por personas sensibles, nos encontramos en un terreno peligroso. Porque nadie puede vivir por largo tiempo en medio de semejante disparidad sin perder su integridad.

Nadie es inmune al conflicto entre las facetas de lo público y lo privado.

En ocasiones, la imagen que presentamos en público requiere de un inmenso coraje; otras veces, la faceta pública es un indicativo de enorme cobardía. ¿Eres consciente de cuándo has sido valiente y cuándo cobarde? Oro para que al leer y luego reflexionar a través de este material, seas motivado a pensar en ambas posibilidades.

Con el tiempo me di cuenta de que el liderazgo depende completamente del carácter, y que el líder cristiano, sin importar lo que supervise, tiene la oportunidad de ser un protagonista. Es decir, una vívida representación del poder de la resurrección y del privilegio de la comunión creada gracias al padecimiento de Cristo.

Demostramos lo que significa ser "protagonistas" viviendo esta realidad ante aquellos que son parte de nuestras organizaciones. Comunicamos nuestra visión y estrategia, apoyamos y reafirmamos a nuestros empleados, fortalecemos programas exitosos, desechamos procesos que ya no resultan eficaces ... y mucho, mucho más. Pero nunca debemos hacer estas cosas sin dar a conocer a Cristo a través de la Palabra y la obra. Lo primordial no es lo que hablamos, sino cómo vivimos. Debemos tener un carácter que invite a los demás a ver la bondad de Cristo, ser personas que creen una intriga que lleve a otros a tratar de descubrir lo que significa haber sido perdonados y liberados para vivir con pasión y gozo.

En resumen, los líderes más eficientes siempre acogen dos fundamentos:

El primero es tener carácter

El segundo es ser protagonista

TENER CARÁCTER

Pronuncia la palabra carácter y una docena de vocablos asociados te vendrán a la mente. Tenemos conceptos como: actores de carácter y testigos de carácter. Vivimos en una cultura demasiado familiarizada con la difamación del carácter e intuitivamente somos conscientes de que el comportamiento de alguien que conocemos es "característico" o "no característico".

Sin embargo, básicamente asociamos la presencia de carácter con virtudes como franqueza, coraje o sinceridad. Pocos cumplidos resultan más valiosos que el ser considerado una persona de carácter destacado. Todo el mundo estará de acuerdo con que el carácter de un líder es un componente clave de su eficiencia.

Nuestro carácter refleja a nuestro Creador. Somos hechos a la imagen de Dios y la naturaleza de la personalidad de Dios está tejida en lo más profundo de nuestro ser. Para entender nuestro carácter, debemos empezar por echar un vistazo al carácter de Dios.

El carácter de Dios

Dado que todo ser humano, tanto el creyente como el no creyente, fue hecho a la imagen de Dios, todos albergamos un carácter que revela a Dios. ¿Qué significa para nosotros revelar a Dios en nuestra humanidad, a través de nuestra personalidad y a través de nuestro carácter? Una de las maneras más concisas de resumir la naturaleza misma de Dios se encuentra en el Salmo 62: "Una cosa ha dicho Dios, y dos veces lo he escuchado: Que tú, oh Dios, eres poderoso; que tú, Señor, eres todo amor" (vv. 11-12). En pocas palabras el salmista captura la esencia del carácter de Dios: fuerte y amoroso.

La fuerza de Dios es absoluta y de ninguna manera depende de nadie o de nada que no sea su divinidad. Dios es completamente Dios, sin que le falte nada. Dios también es amor y él ha elegido atarse a sus criaturas en un pacto leal de pasión. Dios es libre y se encuentra ligado; es independiente y está altamente comprometido.

¿Cómo pueden ser verdaderos estos dos conceptos? Muchos podrían argumentar que si Dios es fuerte no puede ser al mismo tiempo amoroso, dado que existe demasiado sufrimiento en el mundo y él no ha hecho nada, aparentemente, para ponerle fin. Siguiendo esa lógica se podría sugerir que si Dios es amoroso no puede ser fuerte, dado que el amor de Dios estaría entonces supeditando su poder. Pero el interrogante lo tenemos nosotros, no Dios. Dios es tanto fuerte como amoroso, y esto no representa ninguna contradicción ni conflicto para la Trinidad.

La fortaleza de Dios se refleja en su autoridad soberana sobre todo lo que existe y todo lo que respira. Nada sucede que lo sorprenda o que esté fuera de su control. Él tiene autoridad porque él es el Creador. Y aunque no es el autor del pecado, incluso lo usa para lograr sus propósitos soberanos. Fíjate en el alarde que Dios hace ante Job:

¿Quién encerró el mar tras sus compuertas cuando éste brotó del vientre de la tierra? ¿O cuando lo arropé con las nubes y lo envolví en densas tinieblas? ¿O cuando establecí sus límites y en sus compuertas coloqué cerrojos? ¿O cuando le dije: Solo hasta aquí puedes llegar; de aquí no pasarán tus orgullosas olas? Job 38:8-11

El poder creativo y organizador de Dios en el mundo es parte de su fortaleza. Su fortaleza también se demuestra en los límites que establece sobre cómo debemos vivir y tanto su ley como las consecuencias por la trasgresión están bajo su autoridad. Sin embargo, la totalidad de su poder no puede ser catalogada ni entendida; solo se puede honrar con asombro y obedecerse con reverencia.

Pero Dios es más que poder. Dios es amor. Las Escrituras están llenas de comparaciones y descripciones hechas para ayudarnos a comprender la profundidad e inclusión del amor santo e insondable que Dios siente por nosotros. Por ejemplo, ese amor es comparable con la tierna devoción de una madre por su hijo y a Dios se lo caracteriza arrodillándose para susurrarnos con ternura y motivar de ese modo el desfalleciente corazón de sus hijos. Se nos dice que el amor de Dios nos busca incluso en la angustia de la espera y el dolor, y constantemente se nos recuerda de su misericordia y amorosa protección. Al igual que su poder, la totalidad del amor de Dios no se puede catalogar ni entender; solo se puede honrar con gratitud y ofrecerse a otros con reverencia.

Dios usa su fuerza y su amor para propósitos sabios y honrosos. Él es decididamente amoroso y tierno con su pueblo y nosotros fuimos hechos para reflejar el carácter de Dios en todas nuestras relaciones.

Nuestro carácter

La palabra charaktér en griego era originalmente utilizada para referirse a las herramientas que se usaban al realizar grabados. De hecho, el carácter es una herramienta que nos marca, que de alguna forma nos corta, nos forma, nos graba. Somos portadores de una imagen, somos predeterminados por Dios para darlo a conocer de una manera en la que nadie más sobre esta tierra puede hacerlo.

Nuestras características son tan únicas como las de un copo de nieve. A la distancia, todos nos vemos considerablemente parecidos, pero un escrutinio más cercano de nuestro grabado resulta fenomenalmente distintivo. Cada persona está grabada con una marca propia: rostro, cuerpo, padres, intelecto, orden de nacimiento, talentos, pasión, cargas y llamados; todo eso difiere de un ser humano a otro. Nuestro carácter es una compleja interacción entre la escritura que Dios hace en nuestro cuerpo y entorno, las contribuciones que otros hacen a nuestra vida y nuestra original coparticipación en la escritura de nuestra historia con Dios. La totalidad da como resultado nuestro carácter, la forma en que nuestras "marcas" se muestran ante otros.

En la filosofía griega, el carácter se convirtió en una lista de virtudes que se consideraban como requisito para ser un buen ciudadano. Podemos apreciar que esta palabra se volvió un sinónimo de nuestra reputación, y finalmente comenzó a representar una serie de virtudes que uno debe desear y esforzarse por obtener. Cuando alguien carecía de estas virtudes, se decía que tenía un mal carácter; si alguien las tenía, era poseedor de un buen carácter.

Por simple que esto parezca, debemos subrayar que el Evangelio nos exhorta a vivir una paradoja: cuanto más progreso realizamos, más gracia necesitamos; cuanto más justos nos volvemos, más conscientes somos de todo lo que fallamos y de todo el perdón que precisamos. El desarrollo del carácter descrito como un simple aumento de la virtud no es, por lo tanto, un concepto cristiano.

(Continues...)



Excerpted from CARÁCTER DE LÍDER by DAN B. ALLENDER Copyright © 2009 by Dan B. Allender. Excerpted by permission.
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