Cartas de relación. Selección

Cartas de relación. Selección

by Hernán Cortés
     
 

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Dirigidas al emperador de España Carlos V, son un testimonio de primera mano de la conquista de México y de la vida y costumbres del imperio azteca.

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Dirigidas al emperador de España Carlos V, son un testimonio de primera mano de la conquista de México y de la vida y costumbres del imperio azteca.

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ISBN-13:
9788498970258
Publisher:
Linkgua
Publication date:
01/01/2014
Series:
Diferencias
Sold by:
Barnes & Noble
Format:
NOOK Book
Pages:
358
File size:
508 KB

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Cartas de Relación Selección


By Hernán Cortés

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9897-025-8



CHAPTER 1

PRIMERA RELACIÓN. CARTA DE VERACRUZ


Muy Altos y Muy Poderosos, Excelentísimos Príncipes, Muy Católicos y Muy Grandes Reyes y Señores:

Bien creemos que Vuestras Majestades por letras de Diego Velásquez, teniente de almirante en la isla Fernandina, habrán sido informados de una nueva tierra que puede haber dos años poco más o menos que en estas partes fue descubierta, que principio fue intitulada por nombre Cozumel y después la nombraron Yucatán sin ser lo uno ni lo otro, como por esta nuestra relación Vuestras Reales Altezas mandarán ver. Porque las relaciones que hasta agora a Vuestras Majestades desta tierra se han hecho, así de la manera y riqueza della como de la forma en que fue descubierta y otras cosas que della se han dicho, no son ni han podido ser ciertas, porque nadie hasta agora las ha sabido, como será ésta que nosotros a Vuestras Reales Altezas enviamos. Y trataremos aquí desdel principio que fue descubierta esta tierra hasta el estado en que al presente está porque Vuestras Majestades sepan la tierra que es, la gente que la posee y la manera de su vivir y el rito y ceremonias, seta o ley que tienen, y el fruto que en ella Vuestras Reales Altezas podrán hacer y della podrán recibir y de quién en ella Vuestras Majestades han sido servidos, porque en todo Vuestras Reales Altezas puedan hacer lo que más servidos serán. Y la cierta y muy verdadera relación es en esta manera:

Puede haber dos años poco más o menos, Muy Esclarecidos Príncipes, que en la ciudad de Santiago, que es en la isla Fernandina, donde nosotros hemos sido vecinos en los pueblos della, se juntaron tres vecinos de la dicha isla, y el uno de los cuales se dice Francisco Fernández de Córdoba y el otro Lope Ochoa de Cayzedo y el otro Cristóbal Morante. Y como es costumbre en estas islas que en nombre de Vuestras Majestades están pobladas de españoles de ir por indios a las islas que no están pobladas de españoles para se servir dellos, envían los susodichos dos navíos y un bergantín para que de las dichas islas trajesen indios a la dicha isla Fernandina para se servir dellos. Y creemos, porque aún no lo sabemos de cierto, que el dicho Diego Velásquez, teniente de almirante, tenía la cuarta parte de la dicha armada. Y el uno de los dichos armadores fue por capitán de la armada, llamado Francisco Fernández de Córdoba, y llevó por piloto a un Antón de Alaminos, vecino de la villa de Palos. Y a este Antón Alaminos trajimos nosotros agora también por piloto, y lo enviamos a Vuestras Reales Altezas para que dél Vuestras Majestades puedan ser informados.

Y siguiendo su viaje fueron a dar a la dicha tierra intitulada de Yucatán a la punta della, que estará sesenta o setenta leguas de la dicha isla Fernandina y desta tierra de la Rica Villa de la Vera Cruz donde nosotros en nombre de Vuestras Reales Altezas estamos, en la cual saltó en un pueblo que se dice Campeche, donde al señor dél pusieron por nombre Lázaro y allí le dieron dos máscaras con una tela de oro por cima y otras cosillas de oro. Y porque los naturales de la dicha tierra no los consintieron estar en el pueblo y tierra se partieron de allá y se fue la costa abajo hasta diez leguas, donde tornó a saltar en tierra junto a otro pueblo que se llama Mochocobon y el señor dél Champoton. Y allí fueron bien recibidos de los naturales de la tierra, mas no los consintieron entrar en su pueblo y aquella noche durmieron los españoles fuera de las naos en tierra. Y viendo esto los naturales de aquella tierra, pelearon otro día por la mañana con ellos en tal manera que murieron veintiséis es pañoles y fueron heridos todos los otros. Y finalmente, viendo el capitán Francisco Fernández de Córdoba esto, escapó con los que le quedaron con acogerse a las naos.

Viendo pues el dicho capitán cómo le habían muerto más de la cuarta parte de su gente y que todos los que le quedaban estaban heridos y que él mismo tenía treinta y tantas heridas y que estaba cuasi muerto que no pensaría escapar, se volvió con los dichos navíos y gente a la isla Fernandina, donde hicieron saber al dicho Diego Velásquez cómo habían hallado una tierra muy rica de oro, porque a todos los naturales della los habían visto traer puestos adellos en las narices, adellos en las orejas y en otras partes; y que en la dicha tierra había edificios de cal y canto y mucha cantidad de otras cosas que de la dicha tierra publicaron de mucha administración y riquezas. Y dijiéronle que si él podía enviar navíos a rescatar oro, que habría mucha cantidad dello.

Sabido esto por el dicho Diego Velásquez, movido más a codicia que a otro celo, despachó luego un su procurador a la isla Española con cierta relación que hizo a los reverendos padres de San Jerónimo que en ella residían por gobernadores destas Indias, para que en nombre de Vuestras Majestades le diesen licencia por los poderes que de Vuestras Altezas tenían para que él pudiese enviar a bojar la dicha tierra, diciéndoles que en ello haría gran servicio a Vuestra Majestad, con tal que le diesen licencia para que rescatase con los naturales della oro y perlas y piedras preciosas y otras cosas lo cual todo fuese suyo pagando el quinto a Vuestras Majestades, los cuales por los dichos reverendos padres gobernadores jerónimos le fue concedido, así porque hizo relación que él había descubierto la dicha tierra a su costa como por saber el secreto della y proveer como al servicio de Vuestras Reales Altezas conviniese. Y por otra parte, sin lo saber los dichos padres jerónimos, envió a un Gonzalo de Guzmán con su poder y con la dicha relación a Vuestras Reales Altezas diciendo que él había descubierto aquella tierra a su costa, en lo cual a Vuestras Majestades había hecho servicio; y que la quería conquistar a su costa, y suplicando a Vuestras Reales Altezas lo hiciesen adelantado y gobernador della en ciertas mercedes que allende desto pedía, como Vuestras Majestades habrán ya visto por su relación y por esto no las expresamos aquí.

En este medio tiempo como le vino la licencia que en nombre de Vuestras Majestades le dieron los reverendos padres gobernadores de la orden de San Jerónimo, diose prisa en armar tres navíos y un bergantín, porque si Vuestras Majestades no fuesen servidos de le conceder lo que con Gonzalo de Guzmán les había enviado a pedir, los hubiese ya enviado con la licencia de los dichos padres jerónimos, y armados, envió por capitán dellos a un deudo suyo que se dice Juan de Grijalva, y con él ciento y sesenta hombres de los vecinos de la dicha isla entre los cuales venimos algunos de nosotros por capitanes por servir a Vuestras Reales Altezas. Y non solo venimos y vinieron los de la dicha armada aventurando nuestras personas, mas aun casi todos los bastimentos de la dicha armada pusieron y pusimos de nuestras casas, en lo cual gastamos y gastaron asaz parte de sus haciendas. Y fue por piloto de la dicha armada el dicho Antón de Alaminos, que primero había descubierto la dicha tierra cuando fue con Francisco Fernández de Córdoba. Y para hacer este viaje tomaron su dicha derrota, que antes que a la dicha tierra viniesen descubrieron una isla pequeña que bojaba hasta treinta leguas que está por la parte del sur de la dicha tierra, la cual es llamada Cozumel. Y llegaron en la dicha isla a un pueblo que pusieron por nombre San Juan de Portal atina, y a la dicha isla llamaron Santa Cruz.

Y el primero día que allí llegaron salieron a verlos hasta ciento y cincuenta personas de los indios del pueblo. Y otro día siguiente, según pareció, dejaron el pueblo los dichos indios y acogiéronse al monte. Y como el capitán tuviese necesidad de agua, hízose a la vela para la ir a tomar a otra parte el mismo día. Y yendo su viaje acordóse de volver al dicho puerto e isla de Santa Cruz y surgió en él, y saltando en tierra halló el pueblo sin gente como si nunca fuera poblado. Y tomada su agua, se tornó a sus naos sin calar la tierra ni saber el secreto della, lo cual no debieran hacer, pues era menester que la calara y supiera para hacer verdadera relación a Vuestras Reales Altezas de lo que era aquella isla. Y alzando velas, se fue, y prosiguió su viaje hasta llegar a la tierra que Francisco Fernández de Córdoba había descubierto, adonde iba para la bojar y hacer su rescate. Y llegados allá, anduvieron por la costa della del sur hacia el poniente hasta llegar a una bahía a la cual el dicho capitán Grijalva y piloto mayor Antón de Alaminos pusieron por nombre la bahía de la Ascensión, que según opinión de pilotos es muy cerca de la punta de las Veras, que es la tierra que Vicente Yánez descubrió y apuntó que la parte y mide aquella bahía, la cual es muy grande y se cree que pasa a la Mar del Norte. Y desde allá se volvieron por la dicha costa por donde habían ido hasta doblar la punta de la dicha tierra, y por la parte del norte della navegaron hasta llegar al dicho puerto Campeche que el señor dél se llama Lázaro, donde había llegado el dicho Francisco Fernández de Córdoba, y así para hacer su rescate que por el dicho Diego Velásquez les era mandado como por la mucha necesidad que tenían de tomar agua. Y luego que los vieron venir los naturales de la tierra, se pusieron en manera de batalla cerca de su pueblo para los defender la entrada. Y el capitán los llamó con una lengua e intérprete que llevaba y vinieron ciertos indios, a los cuales hizo entender que él no venía sino a rescatar con ellos de lo que tuviesen y a tomar agua. Y así se fue con ellos hasta un jagüey de agua que estaba junto a su pueblo y allí comenzó a tomar su agua y a les decir con el dicho faraute que les diesen oro y que les darían de las preseas que llevaban. Y los indios desque aquello vieron, como no tenían oro que le dar dijiéronle que se fuese. Y él les rogó que les dejasen tomar su agua y que luego se irían, y con todo eso no se pudo dellos defender sin que otro día de mañana a hora de misas los indios no comenzasen a pelear con ellos con sus arcos y flechas y lanzas y rodelas, por manera que mataron a un español e hirieron al dicho capitán Grijalva y a otros muchos. Y aquella tarde se embarcaron en las carabelas con su gente sin entrar en pueblo de los dichos indios y sin saber cosa de que a Vuestras Reales Majestades verdadera relación se pudiese hacer.

Y de allí se fueron por la dicha costa hasta llegar a un río al cual pusieron por nombre el río de Grijalva, y surgió en él casi a hora de vísperas. Y otro día de mañana se pusieron de la una y de la otra parte del río gran número de indios y gente de guerra, con sus arcos y flechas y lanzas y rodelas para defender la entrada en su tierra, y según pareció a algunas personas, serían hasta cinco mil indios. Y como el capitán esto vido no saltó a tierra nadie de los navíos, sino desde los navíos les habló con las lenguas y farautes que traía, rogándoles que se llegasen más cerca para que les pudiese decir la causa de su venida. Y entraron veinte indios en una canoa y vinieron muy recatados y acercáronse a los navíos, y el capitán Grijalva les dijo y dio a entender por aquel intérprete que llevaba cómo él no venía sino a rescatar, y que quería ser amigo dellos; y que le trajesen oro de lo que tenían y que él les daría de las preseas que llevaban. Y así lo hicieron el día siguiente en trayéndole ciertas joyas de oro sutiles, y el dicho capitán les dio de su rescate lo que le pareció y ellos se volvieron a su pueblo.

Y el dicho capitán estuvo allá aquel día, y otro día siguiente se hizo a la vela sin saber más secreto alguno de aquella tierra, y siguió hasta llegar a una bahía a la cual pusieron por nombre la bahía de San Juan y allí saltó el capitán en tierra con cierta gente en unos arenales despoblados. Y como los naturales de la tierra habían visto que los navíos venían por la costa acudieron allí, con los cuales él habló con sus intérpretes y sacó una mesa en que puso ciertas preseas, haciéndoles entender cómo venían a rescatar y a ser sus amigos. Y como esto vieron y entendieron los indios, comenzaron a traer piezas de ropas y algunas joyas de oro, las cuales rescataron con el dicho capitán. Y desde aquí despachó y envió el dicho capitán Grijalva a Diego Velásquez la una de las dichas carabelas con todo lo que hasta entonces habían rescatado.

Y partida dicha carabela para la isla Fernandina, adonde estaba Diego Velásquez, se fue el dicho capitán Grijalva por la costa abajo con los navíos que le quedaron y anduvo por ella hasta cuarenta y cinco leguas sin saltar en tierra ni ver cosa alguna excepto aquello que desde la mar se parecía. Y desde allí se comenzó a volver para la isla Fernandina y nunca más vido cosa alguna de la tierra que de contar fuese, por lo cual Vuestras Reales Altezas pueden creer que todas las relaciones que desta tierra se les han hecho no han podido ser ciertas, pues no supieron los secretos dellas más de lo que por sus voluntades han querido escribir.

Llegado a la isla Fernandina el dicho navío que el capitán Juan de Grijalva había despachado de la bahía de San Juan, como Diego Velásquez vido el oro que llegaba y supo por las cartas que Grijalva le escribía la ropa y preseas que por ello habían dado en rescate, parecióle que se había rescatado poco, según las nuevas que le daban los que en la dicha carabela habían ido y el deseo que él tenía de haber oro, y publicaba que no había ahorrado la costa que había hecho en la dicha armada y que le pesaba y mostraba sentimiento por lo poco que el capitán Grijalva en esta tierra había hecho. En la verdad no tenía mucha razón de se quejar el dicho Diego Velásquez, porque los gastos que él hizo en la dicha armada se le ahorraron con ciertas botas y toneles de vino y con ciertas cajas de camisas de presilla y con cierto rescate de cuentas que envió en la dicha armada, porque acá se nos vendió el vino a cuatro pesos de oro, que son 2.000 maravedís el arroba, y la camisa de presilla se nos vendió a dos pesos de oro, y el mazo de las cuentas verdes a dos pesos, por manera que ahorró con esto todo el gasto de su armada y aún ganó dineros. Y hacemos desto tan particular relación a Vuestras Majestades porque sepan que las armadas que hasta aquí ha hecho el dicho Diego Velásquez han sido tanto de trato de mercaderías como de armador, y con nuestras personas y gastos de nuestras haciendas. Y aunque hemos padecido infinitos trabajos, hemos servido a Vuestras Reales Altezas y serviremos hasta tanto que la vida nos dure.

Estando el dicho Diego Velásquez con este enojo del poco oro que le había llevado, teniendo deseo de haber más, acordó sin lo decir ni hacer saber a los padres gobernadores jerónimos de hacer una armada so color de enviar a buscar al dicho capitán Juan de Grijalva. Y para la hacer a menos costa suya habló con Fernando Cortés, vecino y alcalde de la ciudad de Santiago por Vuestras Majestades, y díjole que armasen ambos a dos hasta ocho o diez navíos, porque a la sazón el dicho Fernando Cortés tenía mejor aparejo que otra persona alguna de la dicha isla por tener entonces tres navíos suyos propios y dineros para poder gastar, y porque era bien quisto en la dicha isla y que con él se creía que querría venir mucha más gente que con otro, como vino. Y visto el dicho Fernando Cortés lo que Diego Velásquez le decía, movido con celo de servir a Vuestras Reales Altezas, propuso de gastar todo cuanto tenía y hacer aquella armada cuasi las dos partes della a su costa así en navíos como en bastimentos, demás y allende de repartir sus dineros por las personas que habían de ir en la dicha armada que tenían necesidad para se proveer de cosas necesarias para el viaje.

Y hecha y ordenada la dicha armada, nombró en nombre de Vuestras Majestades el dicho Diego Velásquez al dicho Fernando Cortés por capitán della para que viniese a esta tierra a rescatar y hacer lo que Grijalva no había hecho. Y todo el concierto de la dicha armada se hizo a voluntad del dicho Diego Velásquez aunque no puso ni gastó él más de la tercia parte della, según Vuestras Reales Altezas podrán mandar ver por la instrucciones y poder que el dicho Fernando Cortés recibió de Diego Velásquez en nombre de Vuestras Majestades, las cuales enviamos agora con estos nuestros procuradores a Vuestras Altezas. Y sepan Vuestras Majestades que la mayor parte de la dicha tercia parte que el dicho Diego Velásquez gastó en hacer la dicha armada fue emplear sus dineros en vinos y en ropas y en otras cosas de poco valor para nos lo vender acá en mucha más cantidad de lo que a él le costó o por manera que podemos decir que entre nosotros los españoles, vasallos de Vuestras Reales Altezas, hace Diego Velásquez su rescate y granjea sus dineros cobrándolos muy bien.

Y acabada de hacer la dicha armada, se partió de la dicha isla Fernandina el dicho capitán de Vuestras Reales Altezas Fernando Cortés para seguir su viaje con diez carabelas y cuatrocientos hombres de guerra, entre los cuales vinieron muchos caballeros e hidalgos y dieciséis de caballo. Y prosiguiendo el viaje, a la primera tierra que llegaron fue la isla de Cozumel, que agora se dice de Santa Cruz, como arriba hemos dicho, en el puerto de San Juan de Portalatina. Y saltando en tierra, se halló el pueblo que allí hay despoblado sin gente como si nunca hubiera sido habitado de persona alguna. Y deseando el dicho capitán Fernando Cortés saber cuál era la causa de estar despoblado aquel lugar, hizo salir la gente de los navíos y aposentáronse en aquel pueblo. Y estando allí con su gente, supo de tres indios que se tomaron en una canoa en la mar que se pasaba a la isla de Yucatán que los caciques de aquella isla, visto cómo los españoles habían aportado allí, habían dejado los pueblos y con todos sus indios se habían ido a los montes por temor de los españoles por no saber con qué intención y voluntad venían con aquellas naos. Y el dicho Fernando Cortés hablándoles por medio de una lengua y faraute que llevaba les dijo que no iban a hacerles mal ni daño alguno, sino para les amonestar y atraer para que viniesen en conocimiento de nuestra santa fe católica y para que fuesen vasallos de Vuestras Majestades y les sirviesen y obedeciesen como lo hacen todos los indios y gente destas partes que están pobladas de españoles vasallos de Vuestras Reales Altezas. Y asegurándolos el dicho capitán por esta manera, perdieron mucha parte del temor que tenían y dijeron que ellos querían ir a llamar a los caciques que estaban la tierra adentro en los montes, y luego el dicho capitán les dio una su carta para que los dichos caciques viniesen seguros. Y así se fueron con ella, dándoles el capitán término de cinco días para volver.


(Continues...)

Excerpted from Cartas de Relación Selección by Hernán Cortés. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
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Hernán Cortés led the conquest of Mexico. He is believed to have studied at the University of Salamanca. 
Hernán Cortés led the conquest of Mexico. He is believed to have studied at the University of Salamanca. 

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