Cenizas de medianoche

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Un día, a la caída de la noche, Clare Roth se ve obligada a huir de su hogar por culpa de una ardiente amenaza venida del mismo infierno. De entre las llamas y las cenizas, emerge un oscuro guerrero, Andreas Reichen, un antiguo amante que ahora se ha convertido en un extraño ávido de venganza. Encerrada en su fuego abrasador, Clare no podrá combatir ni su furia salvaje ni el deseo que la atrapa y sumerge en ese mundo de oscuridad eterna y placer infinito.
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Overview

Un día, a la caída de la noche, Clare Roth se ve obligada a huir de su hogar por culpa de una ardiente amenaza venida del mismo infierno. De entre las llamas y las cenizas, emerge un oscuro guerrero, Andreas Reichen, un antiguo amante que ahora se ha convertido en un extraño ávido de venganza. Encerrada en su fuego abrasador, Clare no podrá combatir ni su furia salvaje ni el deseo que la atrapa y sumerge en ese mundo de oscuridad eterna y placer infinito.
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Product Details

  • ISBN-13: 9788415410379
  • Publisher: Terciopelo
  • Publication date: 1/30/2013
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Sales rank: 703,739
  • Product dimensions: 5.20 (w) x 7.60 (h) x 0.90 (d)

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Cenizas de medianoche


By Lara Adrian, Violeta Lambert

Roca Editorial

Copyright © 2009 Lara Adrian, LLC
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4976-7897-2


CHAPTER 1

El vampiro no tenía ni idea de que la muerte lo esperaba en la oscuridad.

Sus sentidos estaban sobrecargados de necesidad, sus manos y brazos ocupados con una mujer pelirroja que lo manoseaba con una lujuria apenas contenida. Demasiado caliente como para notar que no estaban solos en su dormitorio del Refugio Oscuro, abrió las puertas dobles talladas y guio a su ansiosa y jadeante presa hacia el interior. La mujer se tambaleó sobre un par de tacones altos, riéndose mientras se retorcía para apartarse de él y movía un dedo delante de su cara.

—Hans, me has dado demasiado champán—dijo arrastrando las palabras, tropezando en la habitación a oscuras—. La cabeza me da vueltas.

—Se te pasará.—Las palabras del vampiro alemán eran lentas, demasiado, aunque no por el alcohol que había embriagado a su desprevenida compañera americana. Los colmillos sin duda llenaban su boca, y la saliva inundaba su lengua anticipando el alimento.

Él la seguía con movimientos deliberados mientras cerraba la puerta tras él y la rondaba. Sus ojos brillaban como brasas, con su color natural transformado en un color de otro mundo. Aunque la mujer parecía totalmente ajena al cambio que se había operado en él, el vampiro mantuvo la cabeza baja al acercarse, procurando ocultar el revelador calor de su mirada sedienta de sangre. Excepto por ese oculto brillo ámbar y el tenue resplandor de las estrellas al otro lado de las altas ventanas que daban a los terrenos privados de la finca del Refugio Oscuro, no había luz en la habitación. Sin embargo, siendo de la estirpe, él podía ver suficiente sin ella.

Y quien había venido a matarlo también.

Envuelta en sombras al otro lado de la gran habitación, una oscura mirada observaba al vampiro mientras este agarraba a su huésped por detrás y se ponía en acción. El primer aroma cobre y picante de la vena humana perforada hizo que los colmillos del observador emergieran de sus encías como una respuesta refleja. Él estaba también hambriento, más de lo que quería reconocer, pero había acudido allí con un propósito mayor que el de cubrir sus propias necesidades básicas.

Había venido por venganza.

Por justicia.

Fue esa la misión primordial que sostuvo a Andreas Reichen firmemente sobre sus pies mientras el otro vampiro bebía con glotonería y ciegamente al otro lado de la habitación. Esperó, con paciencia, solo porque sabía que la muerte de aquel macho lo llevaría un paso más cerca del pleno cumplimiento de la promesa que había hecho doce semanas atrás ... la noche en que su mundo se había desintegrado en un montón de cenizas y escombros.

La contención de Reichen estaba sujeta por una cadena raída. En su interior, se agitaba con el calor de su ira. Sus huesos eran como barras de hierro caliente debajo de su piel. Su sangre corría a través de su cuerpo, fuego líquido que lo quemaba desde el cuero cabelludo hasta los tobillos. Cada músculo y cada célula dentro de él gritaban pidiendo castigo ... lo exigían con una furia que se asemejaba a un reactor nuclear.

«Aquí no—se advirtió a sí mismo—. No así.»

El precio sería excesivo si se dejaba llevar por la medida de su rabia, y por Dios, ese hijo de puta no lo merecía.

Reichen mantuvo a raya esa parte explosiva, pero el esfuerzo llegó una fracción de segundo demasiado tarde. El fuego ya estaba creciendo en su interior, ardiendo a través de la frágil cadena de su autocontrol ...

El otro vampiro levantó de golpe la cabeza, dejando de alimentarse del cuello de la mujer. Inspiró profundamente por la nariz, y luego gruñó, con un sonido animal y alarmado.

—Aquí dentro hay alguien.

—¿Qué dices?—murmuró ella, todavía mareada por el mordisco mientras él le sellaba la herida con la lengua y luego la empujaba a un lado. Ella avanzó estupefacta hacia delante, murmurando enfadada un par de juramentos por lo bajo. En el instante en que su mirada lenta reparó en Reichen un grito desgarrado salió de su garganta.

—¡Oh, Dios mío!

Sintiendo sus ojos ardientes por el fuego ámbar de su rabia y sus colmillos desgarrando sus encías preparados para la inminente lucha, Reichen avanzó un paso fuera de las sombras.

La mujer gritó de nuevo, y la histeria aumentaba en sus ojos salvajes y aterrorizados. Miró a su compañero en busca de protección, pero el vampiro ya no la necesitaba. Le dio un cruel manotazo para apartarla de su camino y avanzó hacia delante. El golpe la hizo caer rápidamente al suelo.

—¡Hans!—gritó—. ¡Oh, Dios!, ¿qué pasa aquí?

Silbando, el vampiro plantó cara al inesperado intruso y se acuclilló en posición de ataque. Reichen apenas tuvo un momento para dirigir una mirada rápida a la confundida y aterrorizada mujer.

—Vete de aquí.—Envió una orden mental que quitó el cerrojo a las puertas de la habitación y las abrió de golpe—. Vete, mujer. ¡Ahora!

Mientras ella se levantaba del pulido mármol donde había caído y escapaba de la habitación, el vampiro del Refugio Oscuro dio un salto en el aire con un único y fluido arco de movimiento. Antes de que sus pies tocaran el suelo, Reichen saltó también hacia el bastardo.

Sus cuerpos chocaron, la explosión de Reichen lo impulsó hacia delante propulsándolos a los dos a través del ancho de la habitación. Sus enormes colmillos rechinaban, los feroces ojos color ámbar se clavaban en el adversario con la más despiadada maldad, y chocaron el uno con el otro como una bola de demolición contra la pared más lejana.

Los huesos crujieron con el impacto, pero no era suficiente para Reichen.

Estaba muy lejos de ser suficiente.

Arrojó al suelo a aquel macho de la estirpe furioso y luchador y lo dejó clavado allí, con una rodilla sobre su garganta.

—¡Idiota ignorante!—rugió el vampiro, despreciando con arrogancia su dolor—. ¿Tienes alguna idea de quién soy?

—Sé quien eres ... el agente de las fuerzas de la ley Hans Friedrich Waldemar.—Reichen mostró sus dientes y colmillos en una sonrisa irreverente mientras lo miraba desde arriba—. No me digas que tú has olvidado quién soy yo.

No, no lo había olvidado. El reconocimiento se abrió paso a través del dolor y el miedo en las estrechas pupilas de Waldemar.

—Hijo de puta ... Andreas Reichen.

—Eso es.—Reichen sostuvo una mirada de una furia tan letal que hasta debía de arderle—. ¿Qué es lo que ocurre, agente Waldemar? Pareces sorprendido de verme.

—No ... no lo entiendo. El ataque en el Refugio Oscuro el verano pasado ...—El vampiro aspiró, entrecortando la respiración—. Había oído que no sobrevivió nadie.

—Casi nadie—lo corrigió Reichen con tensión.

Y ahora Waldemar sabía por qué había recibido esa visita inesperada. La mirada del otro macho captó de modo inconfundible la lóbrega comprensión. Y el miedo crudo. Cuando habló de nuevo, su voz tembló un poco—. Yo no tuve nada que ver con eso, Andreas. Debes creerme ...

Reichen resopló.

—Eso es lo mismo que dijeron los otros.

Waldemar comenzó a retorcerse, pero Reichen apretó con más fuerza la rodilla que tenía clavada contra la garganta del vampiro. Waldemar resolló, tratando de levantar las manos mientras el peso comenzaba a impedirle el paso del aire.

—Por favor, dime lo que quieres de mí.

—Justicia.

Sin ningún tipo de satisfacción ni remordimiento, Reichen agarró la cabeza de Waldemar entre sus manos y le dio un tirón feroz. El cuello hizo un chasquido, y luego la cabeza del macho de la estirpe cayó hacia atrás contra el suelo dando un pesado golpe.

Reichen soltó un profundo suspiro que de poco sirvió para purgar su angustia, o el dolor que sentía por estar vivo y solo. El único superviviente. Él último de su linaje familiar.

Mientras se levantaba y se preparaba para dejar atrás ese último cadáver, el brillo de vidrio pulido en una de las estanterías caoba de la habitación captó su atención. Caminó hacia allí, moviéndose de manera automática, con la mirada fija en el rostro del enemigo que lo contemplaba desde la fotografía que había en el interior del marco plateado. Agarró la imagen y la examinó, con los dedos calientes al apretar el metal del marco. Los ojos de Reichen ardían mientras observaba aquel rostro odiado, un gruñido se enroscó en su garganta, crudo por la rabia todavía ardiente y visceral.

Wilhelm Roth estaba de pie entre un pequeño grupo de machos de la estirpe que llevaban el atuendo ceremonial de las fuerzas de la ley. Todos ellos iban engalanados con esmoquin negro y camisa blanca almidonada, y sus pechos adornados con bandas de seda brillantes y medallas que colgaban relucientes, con estoques dorados a los lados. Reichen resopló ante el aire engreído y la arrogancia hambrienta de poder que había grabada en esos rostros sonrientes y petulantes.

Ahora eran hombres muertos ... todos menos uno.

Había dejado a Roth para el final, tras haber seguido meticulosamente su cadena de mando. Primero, los miembros de la cuadrilla letal de la Agencia que había tendido una emboscada en su hogar de los Refugios Oscuros y había disparado contra todo lo que estuviera vivo, incluyendo las mujeres y hasta los niños dormidos en sus cunas. Su próximo blanco fueron los compinches de las fuerzas de la ley que no mantenían en secreto su lealtad con el poderoso líder de los Refugios Oscuros responsable de ordenar la matanza.

Uno por uno, durante las pasadas semanas, los culpables habían hallado su fin. El vampiro que yacía muerto y roto en el suelo era el último miembro conocido del círculo corrupto de Wilhelm Roth en Alemania.

Con lo cual, solo quedaba el propio Roth.

El bastardo ardería por todo lo que había hecho.

Pero primero tendría que sufrir.

La mirada de Reichen volvió a dirigirse a la fotografía del marco y sus manos se quedaron heladas allí. En un primer vistazo no había reparado en la mujer. Toda su atención, toda su furia, había estado centrada únicamente en Roth. Ahora que la había encontrado a ella, no podía apartar la vista.

«Claire.»

Estaba de pie a un lado del grupo de los hombres de la estirpe, pequeña pero majestuosa con un vestido sin mangas de un gris fantasmal que lograba que su piel, ligeramente bronceada, pareciera tan suave y exuberante como el satén. Su sedoso cabello negro estaba cuidadosamente recogido en un moño, sin un solo mechón fuera de sitio.

El tiempo no la había hecho envejecer ni siquiera un año desde que él la conocía ... no era extraño, ya que se conservaba joven y fuerte gracias al lazo de sangre que compartía con el compañero escogido desde hacía unos treinta años. Ella miraba a Wilhelm Roth y a sus amigos criminales sonriendo con una expresión perfectamente adiestrada y perfectamente indescifrable.

La perfecta compañera del vampiro que había demostrado ser el más traicionero adversario de Reichen.

«Claire.

Después de todo este tiempo.

Mi Claire», pensó él con gravedad.

No, no era suya.

Lo fue una vez, quizá. Mucho tiempo atrás, y por unos pocos meses. Un período de tiempo muy breve.

Una historia antigua.

Reichen contemplaba la imagen de ella detrás del cristal con marco plateado, sorprendido de la facilidad con que su furia por Wilhelm Roth podía extenderse a la compañera de sangre del vampiro. La dulce y adorable Claire ... unida a su más odiado enemigo. ¿Estaba ella al tanto de la corrupción de Roth? ¿Acaso la aprobaba?

Eso apenas importaba.

Él tenía una misión que cumplir. Una justicia que reclamar. Una mortal venganza que atender.

Y nada se interpondría en su camino ... ni siquiera ella.

La mirada de Reichen se echó encima de la fotografía, ardiendo con la luz ámbar que le devolvía el reflejo desde la superficie del vidrio. Los dedos le quemaban allí donde su piel entraba en contacto con el metal del marco. Trató de enfriar la tormenta ácida que se arremolinaba en su interior, pero era demasiado tarde para pretender ni siquiera una pequeña medida de calma. Con un rugido, lanzó al suelo la fotografía y se apartó de ella. Caminó hasta una de las altas ventanas y abrió los cristales con una orden de su voluntad, consciente de que no podía confiar en su tacto ahora que su ira estaba tan cerca de dominarlo.

Reichen se puso en cuclillas sobre el alféizar, mientras oía los escupitajos y el chisporroteo de la plata derretida y el cristal roto a medida que el marco de la fotografía ardía en llamas detrás de él.

Luego saltó para adentrarse en la espesa noche otoñal con la intención de acabar lo que Wilhelm Roth había empezado.

CHAPTER 2

Claire Roth frunció los labios con actitud reflexiva mientras contemplaba el plano de arquitecto extendido sobre la mesa de su biblioteca.

—¿Qué te parecería apartar el banco del camino de paseo y acercarlo al estanque de las carpas, justo al otro lado de la cabaña de rosas?

—Una idea excelente—dijo una alegre voz femenina a través del teléfono de manos libres que había cerca. La joven procedía de uno de los Refugios Oscuros de la región. Claire había visto algunos de sus trabajos en otros lugares de la comunidad de vampiros y llevaba una semana con ella, consultándole en privado el diseño de un pequeño parque jardín.

—¿Ha decidido los materiales para las pasarelas, Frau Roth? Creo que al principio mencionó adoquines o piedras alisadas ...

—¿En lugar de eso no sería posible conservar los senderos naturales?—preguntó ella trasladándose al otro lado de la mesa, mirando detenidamente el resto del modelo a escala—. Estoy pensando en caminos de tierra blanda adornados con algo sencillo y a la vez atractivo. ¿Flores de nomeolvides, por ejemplo?

—Desde luego. Puede quedar precioso.

—Bien—dijo Claire, sonriendo mientras consideraba el cambio—. Gracias, Martina. Has hecho un trabajo maravilloso. De verdad, no podría estar más contenta de comprobar cómo has cogido las ideas dispersas que habíamos planteado y las has llevado mucho más lejos de lo que imaginaba.

La voz de la joven compañera de sangre al otro lado de la línea sonó aún más alegre.

—El parque va a quedar precioso, Frau Roth. Es evidente cuánto tiempo y cuidado ha invertido en su visión de cómo le gustaría que fuera.

Claire registró rápidamente el cumplido, sintiéndose más que orgullosa, aliviada. Quería que aquel pedazo de tierra vacía se transformara en algo bello. Quería que fuera perfecto. Pretendía que cada planta, cada escultura cuidadosamente colocada, los bancos y los caminos de paseo fueran lugares de una paz y tranquilidad absolutas. Un santuario hecho para inspirar la mente, el corazón y el alma. Ella no era de las que levantan la antorcha por una causa—o hacía mucho tiempo que ya no lo era, en todo caso—, pero tenía que reconocer que aquel proyecto se había convertido en algo cercano a una obsesión para ella.

—Necesito que salga bien—murmuró, pestañeando porque los ojos de repente se le nublaron. Estaba demasiado sensible últimamente, y agradeció que no hubiera nadie en la biblioteca para ver su debilidad.

—No se preocupe—la calmó la alegre voz de Martina—. Estoy segura de que le va a encantar.

Claire tragó saliva al ser pillada desprevenida.

—¿Cómo?

Herr Roth—respondió la joven compañera de sangre. Un silencio incómodo se alargó durante unos momentos—. Lo siento ... si estoy siendo entrometida. Me pidió que mantuviera en secreto el jardín y el diseño, así que supuse que quería que fuera un regalo para él.

¿Un regalo para Wilhelm? Claire tuvo que esforzarse para disimular su reacción de perplejidad ante aquella idea. Llevaba medio año sin ver a su compañero. Él venía al campo solo porque su sangre lo obligaba a hacerlo. Claire había llegado a tener pavor de esas visitas, que tenían lugar para que su compañero se alimentara de sus venas y ella tomara su sangre en un intercambio. Wilhelm apenas fingía ver de otra manera su frío acuerdo obligatorio. Habían vivido discretamente separados durante las tres décadas que llevaban como pareja: él en su mansión de los Refugios Oscuros de la ciudad, ella y algunos empleados de seguridad en aquella casa de campo a un par de horas de distancia.


(Continues...)

Excerpted from Cenizas de medianoche by Lara Adrian, Violeta Lambert. Copyright © 2009 Lara Adrian, LLC. Excerpted by permission of Roca Editorial.
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    Posted March 20, 2012

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    very sexy

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  • Anonymous

    Posted May 5, 2012

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