Cien años de soledad (One Hundred Years of Solitude)

Cien años de soledad (One Hundred Years of Solitude)

4.5 68
by Gabriel García Márquez
     
 

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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

 

Con estas palabras empieza una novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, una de las aventuras literarias má

Overview

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

 

Con estas palabras empieza una novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, una de las aventuras literarias más fascinantes del siglo xx. Millones de ejemplares de Cien años de soledad leídos en todas las lenguas y el Premio Nobel de Literatura coronando una obra que se había abierto paso a “boca a boca” —como gusta decir el escritor— son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero.

Editorial Reviews

From the Publisher
“Más lucidez, ingenio, sabiduría y poesía de lo que se espera de cien años de novelistas, y mucho más de un solo hombre”.  —Washington Post Book World

Product Details

ISBN-13:
9780307474728
Publisher:
Knopf Doubleday Publishing Group
Publication date:
09/22/2009
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
496
Sales rank:
37,845
Product dimensions:
5.40(w) x 7.96(h) x 1.07(d)
Age Range:
14 - 18 Years

Read an Excerpt

  Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.»

Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer. En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. «La ciencia ha eliminado las distancias », pregonaba Melquíades. «Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.» Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirlas. José Arcadio Buendía no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos personalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblonesa cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie  perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue esa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a sí mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento: La tierra es redonda como una naranja. Úrsula perdió la paciencia. «Si has de volverte loco, vuélvete tú solo», gritó. «Pero no trates de inculcar a los niños tus ideas de gitano.» José Arcadio Buendía, impasible, no se dejó amedrentar por la desesperación de su mujer, que en un rapto de cólera le destrozó el astrolabio contra el suelo. Construyó otro, reunió en el cuartito a los hombres del pueblo y les demostró, con teorías que para todos resultaban incomprensibles, la posibilidad de regresar al punto de partida navegando siempre hacia el Oriente. Toda la aldea estaba convencida de que José Arcadio Buendía había perdido el juicio, cuando llegó Melquíades a poner las cosas en su punto. Exaltó en público la inteligencia de aquel hombre que por pura especulación astronómica había construido una teoría ya comprobada en la práctica, aunque desconocida hasta entonces en Macondo, y como una prueba de su admiración le hizo un regalo que había de ejercer una influencia terminante en el futuro de la aldea: un laboratorio de alquimia. Para esa época, Melquíades había envejecido con una rapidez asombrosa. En sus primeros viajes parecía tener la misma edad de José Arcadio Buendía. Pero mientras éste conservaba su fuerza descomunal, que le permitía derribar un caballo agarrándolo por las orejas, el gitano parecía estragado por una dolencia tenaz. Era, en realidad, el resultado de múltiples y raras enfermedades contraídas en sus incontables viajes alrededor del mundo. Según él mismo le contó a José Arcadio Buendía mientras lo ayudaba a montar el laboratorio, la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final. Era un fugitivo de cuantas plagas y catástrofes habían flagelado al género humano. Sobrevivió a la pelagra en Persia, al escorbuto en el archipiélago de Malasia, a la lepra en Alejandría, al beriberi en el Japón, a la peste bubónica en Madagascar, al terremoto de Sicilia y a un naufragio multitudinario en el estrecho de Magallanes. Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas. Usaba un sombrero grande y negro, como las alas extendidas de un cuervo, y un chaleco de terciopelo patinado por el verdín de los siglos. Pero a pesar de su inmensa sabiduría y de su ámbito misterioso tenía un peso humano, una condición terrestre que lo mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana. Se quejaba de dolencias de viejo, sufría por los más insignificantes percances económicos y había dejado de reír desde hacía mucho tiempo, porque el escorbuto le había arrancado los dientes. El sofocante mediodía en que reveló sus secretos, José Arcadio Buendía tuvo la certidumbre de que aquel era el principio de una grande amistad. Los niños se asombraron con sus relatos fantásticos. Aureliano, que no tenía entonces más de cinco años, había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica y reverberante de la ventana, alumbrando con su profunda voz de órgano los territorios más oscuros de la imaginación, mientras chorreaba por sus sienes la grasa derretida por el calor. José Arcadio, su hermano mayor, había de transmitir aquella imagen maravillosa, como un recuerdo hereditario, a toda su descendencia. Úrsula, en cambio, conservó un mal recuerdo de aquella visita, porque entró al cuarto en el momento en que Melquíades rompió por distracción un frasco de bicloruro de mercurio.—Es el olor del demonio —dijo ella.—En absoluto —corrigió Melquíades—. Está comprobado que el demonio tiene propiedades sulfúricas, y esto no es más que un poco de solimán. Siempre didáctico, hizo una sabia exposición sobre las virtudes diabólicas del cinabrio, pero Úrsula no le hizo caso, sino que se llevó los niños a rezar. Aquel olor mordiente quedaría para siempre en su memoria, vinculado al recuerdo de Melquíades. El rudimentario laboratorio —sin contar una profusión de cazuelas, embudos, retortas, filtros y coladores— estaba compuesto por un atanor primitivo; una probeta de cristal de cuello largo y angosto, imitación del huevo filosófico, y un destilador construido por los propios gitanos según las descripciones modernas del alambique de tres brazos de María la judía. Además de estas cosas, Melquíades dejó muestras de los siete metales correspondientes a los siete planetas, las fórmulas de Moisés y Zósimo para el doblado del oro, y una serie de apuntes y dibujos sobre los procesos del Gran Magisterio, que permitían a quien supiera interpretarlos intentar la fabricación de la piedra filosofal. Seducido por la simplicidad de las fórmulas para doblar el oro, José Arcadio Buendía cortejó a Úrsula durante varias semanas, para que le permitiera desenterrar sus monedas coloniales y aumentarlas tantas veces como era posible subdividir el azogue. Úrsula cedió, como ocurría siempre, ante la inquebrantable obstinación de su marido. Entonces José Arcadio Buendía echó treinta doblones en una cazuela, y los fundió con raspadura de cobre, oropimente, azufre y plomo. Puso a hervir todo a fuego vivo en un caldero de aceite de ricino hasta obtener un jarabe espeso y pestilente más parecido al caramelo vulgar que al oro magnífico. En azarosos y desesperados procesos de destilación, fundida con los siete metales planetarios, trabajada con el mercurio hermético y el vitriolo de Chipre, y vuelta a cocer en manteca de cerdo a falta de aceite de rábano, la preciosa herencia de Úrsula quedó reducida a un chicharrón carbonizado que no pudo ser desprendido del fondo del caldero. Cuando volvieron los gitanos, Úrsula había predispuesto contra ellos a toda la población. Pero la curiosidad pudo más que el temor, porque aquella vez los gitanos recorrieron la aldea haciendo un ruido ensordecedor con toda clase de instrumentos músicos, mientras el pregonero anunciaba la exhibición del más fabuloso hallazgo de los nasciancenos. De modo que todo el mundo se fue a la carpa, y mediante el pago de un centavo vieron un Melquíades juvenil, repuesto, desarrugado, con una dentadura nueva y radiante. Quienes recordaban sus encías destruidas por el escorbuto, sus mejillas fláccidas y sus labios marchitos se estremecieron de pavor ante aquella prueba terminante de los poderes sobrenaturales del gitano. El pavor se convirtió en pánico cuando  Melquíades se sacó los dientes, intactos, engastados en las encías, y se los mostró al público por un instante —un instante fugaz en que volvió a ser el mismo hombre decrépito de los años anteriores— y se los puso otra vez y sonrió de nuevo con un dominio pleno de su juventud restaurada. Hasta el propio José Arcadio Buendía consideró que los conocimientos de Melquíades habían llegado a extremos intolerables, pero experimentó un saludable alborozo cuando el gitano le explicó a solas el mecanismo de su dentadura postiza. Aquello le pareció a la vez tan sencillo y prodigioso, que de la noche a la mañana perdió todo interés en las investigaciones de alquimia; sufrió una nueva crisis de mal humor, no volvió a comer en forma regular y se pasaba el día dando vueltas por la casa. «En el mundo están ocurriendo cosas increíbles», le decía a Úrsula. «Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como los burros.»

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“Más lucidez, ingenio, sabiduría y poesía de lo que se espera de cien años de novelistas, y mucho más de un solo hombre”. 
Washington Post Book World

Meet the Author

Gabriel García Márquez, nacido en Colombia, fue una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura universal. Ganador del Premio Nobel de Literatura, fue además cuentista, ensayista, crítico cinematográfico, autor de guiones y, sobre todo, intelectual comprometido con los grandes problemas de nuestro tiempo, en primer término con los que afectaban a su amada Colombia y a Hispanoamérica en general. Máxima figura del realismo mágico, fue en definitiva el hacedor de uno de los mundos narrativos más densos de significados que ha dado la lengua española en el siglo xx. Entre sus obras más importantes se encuentran las novelas Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, El general en su laberinto, El amor en los tiempos del cólera, Memoria de mis putas tristes, el libro de relatos Doce cuentos peregrinos, la primera parte de su autobiografía, Vivir para contarla, y sus discursos reunidos, Yo no vengo a decir un discurso. Falleció en 2014.

Brief Biography

Hometown:
Mexico City, Mexico
Date of Birth:
March 6, 1928
Place of Birth:
Aracataca, Colombia
Education:
Universidad Nacional de Colombia, 1947-48, and Universidad de Cartagena, 1948-49

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Cien años de soledad (One Hundred Years of Solitude) 4.5 out of 5 based on 0 ratings. 68 reviews.
FocoProject More than 1 year ago
Not the first time I read the book, to be honest. My dad had actually recommended it to me back in High School and I had indeed picked it up and read it cover to cover, mostly during one long swim meet weekend, between heats. However, reading it now, almost fifteen years later, I wonder if I really read it the first time, or if I really knew what exactly it was that I was reading. Though certain concepts remained the same, there was a lot here I did not remember and which struck me as brand new. Certainly one can chuck it up to a forgetful memory, a lot of ish does happen in over a decade, but I was still struck by how this book took me by surprise all over again.

As the title implies, this book is about Solitude, one hundred years of it, in fact and all of it centered around the Buendia family, starting with Jose Aureliano Buendia and his wife, Ursula, who are part of the group of people that founded a tiny town named Macondo in the middle of the bog. Largely untouched by the outside world, Macondo develops under it¿s own self imposed structure and law and the families grow. However, our point of view is always kept through the eyes of the Buendia¿s.

Ironically enough the very concept of Solitude was entirely lost to me as a high school student. Probably because I was still submerged in an environment where the idea had not taken root. Reading it now, the entire story is soaked in it, solitude suffocates every character in a way that even with the humor, the tenderness, the beauty that this story encompasses, it is not enough to get past that melancholy feeling.

The book takes us over a whole century of the Buendia family, with Ursula Buendia being the only character that manages to tie it all together until close to the end. Me meet all the Jose¿s and all the Arcadios that are born and are introduced to some very interesting women as well like Remedios, Rebeca and Amaranta, all characters fully fleshed out and quirky in their own way to help make of this story an epic.

I highly recommend this one, though be aware for some magical realism, which I guess is what they call this type of story which is set in a real world but where magical reasons for things are often taken as logical explanations for how things actually happen. It is a touch of spice that takes this story to a whole other level of enjoyment.
Anonymous More than 1 year ago
I read "solitude" in English many years ago and would like to read it again. I will attempt to read the original Spanish but it may take me 100 years. Maybe its a good exercise for my aging brain but I would really like the translation so that I could see if I am understanding correctly. Come on B&N...offer the English translation please!
Guest More than 1 year ago
I love this book, I have read this book four times in the last 19 years. Once in english and three in spanish (there is a slight difference) I always miss the characters after Im done reading. Great book...
Guest More than 1 year ago
The book gave me a new style of Writing. It contains wisdom and Phylosophy.
UrsNYC More than 1 year ago
This book is a complete masterpiece by Garcia Marquez, it is a must for people who like great novels.
JuanRivero More than 1 year ago
Because I live outside the U.S., I bought the book but I can't read by those ridiculous policy of B&N not to sell to non-U.S. users. This situation generates me very angry, because I bet for the nook e-reader for their quality, but the books charged to me but do not let me see them, as well as other products, newspapers, magazines, applications and more. Managers of B&N know that globalization exists and it is time to look beyond U.S. borders.
dee_deesmilez More than 1 year ago
La primera vez que lo leí fue para mi clase de lectura y redaccion y no le preste mucha atencion. Cuando volvi a leer el libro quedé enamorada, los personajes, la historia, todo. Jamas me cansare de leer el libro. He leido como 5 obras literarias del sr. Gabriel García Márquez y cada vez estoy mas facinada. Espero en Dios que él se encuentre bien, supe que padece de cancer y es una gran pena. Dios le de salud.
ximenarive More than 1 year ago
La forma de narrar y el lexico del escritor es encantador, te mantiene atento de principio a fin.
Guest More than 1 year ago
Jamas me gusto leer, incluso para mi era uno de los peores castigos. Haste que un dia me propuse que agarraria un libro y lo leeria de principio a fin. Este fue el libro que agarre y la verdad me quede enamorada de forma que el hace reales sus personajes. Es mi escritor favorito, es realmente un libro muy interesante y si, lo recomiendo.
Guest More than 1 year ago
Aunque ya habia leido varios libros de este mismo author, este es el cual cautivo mi atencion por completo. El modo en el que se desarrolla te hace pensar si realmente habra cien años de 'soledad'
Guest More than 1 year ago
Un libro que tiene la capacidad de transportanos a un mundo casi real, una trabajo monumental en el cual sobresaltan los temas familiares y magicos. Perfecto para un tiempo de vacasiones. Me encanto la facilidad que puede tener uno para involucrarse en la historia, y la desorbitante manera de contar los sucesos fragmentadamente en la novela que la hacen una pieza que uno no quiere parar de leer.
Guest More than 1 year ago
Para mi el libró Cien Años fue el mejor libro que e leído. Aun que al principio me perdía entre los capítulos por que García Márquez, brincaba de un personaje a otro, me logro cautivar y siempre me mantuvo ahí, en suspenso con los locos personaje de macondo y la Familia Buendía. Mi personaje favorito fue ¿Aureliano segundo¿ por que siempre quería estar bañándose con campaña, y malgastando su dinero.
Guest More than 1 year ago
Es maravilloso, los personajes son todos distintos. Es como ver una película, por la cantidad de descripciones que posee. Es ver morir a toda una generación. El autor lo hizo de una manera increible. TIENES QUE LEERLA... Mi personaje favorito es; Remedios, la bella.
Anonymous More than 1 year ago
Excelente
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Creativo, hermoso e inespetado,no hay un parrafo sin una aventura, genio de la literatura
Anonymous More than 1 year ago
Liz619 More than 1 year ago
This is a classic in Spanish culture
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
P
Anonymous More than 1 year ago
Hi l am abbie peck I love softball its so much fun. Im wearing a purple and white shirt and navy pants that go up to my knees. Im also wearing black vans.
Anonymous More than 1 year ago
Love this book
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Cute Ipad