Citas con el cielo: La historia veridica de un doctor y sus encuentros con el mas alla

Citas con el cielo: La historia veridica de un doctor y sus encuentros con el mas alla

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by Reggie Anderson
     
 

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Cuando el doctor Reggie Anderson está presente al lado de la cama de un paciente moribundo, sucede algo milagroso. Algunas veces, mientras vela a un paciente y sostiene su mano... puede experimentar lo que ellos sienten y ven cuando pasan al otro lado. Debido a estos vistazos dados por Dios de la vida después de la muerte, sus «citas con el… See more details below

Overview

Cuando el doctor Reggie Anderson está presente al lado de la cama de un paciente moribundo, sucede algo milagroso. Algunas veces, mientras vela a un paciente y sostiene su mano... puede experimentar lo que ellos sienten y ven cuando pasan al otro lado. Debido a estos vistazos dados por Dios de la vida después de la muerte, sus «citas con el cielo», Reggie sabe sin lugar a dudas que estamos más cerca del mundo siguiente de lo que pensamos. Únase a él mientras comparte historias notables de su vida y su práctica, incluyendo la tragedia que casi lo aparta para siempre de la fe. Él revela cómo lo que ha visto, oído y experimentado ha modelado lo que cree sobre la vida y la muerte; cómo podemos enfrentar la muerte de nuestros seres amados con el coraje y seguridad de que los veremos nuevamente; y cómo cada uno de nosotros puede prepararse para nuestra propia «cita con el cielo». Emotivo y esperanzador, Citas con el cielo es un viaje poderoso a las preguntas que están en el centro mismo de nuestro ser: ¿Hay más en la vida que esto? ¿Cómo es el cielo? ¿Creo lo suficiente como para cambiar?

When Dr. Reggie Anderson is present at the bedside of a dying patient, something miraculous happens. Sometimes, as he sits vigil and holds the patient’s hand . . . he can experience what they feel and see as they cross over. Because of these God-given glimpses of the afterlife—his “appointments with heaven”—Reggie knows beyond a doubt that we are closer to the next world than we think. Join him as he shares remarkable stories from his life and practice, including the tragedy that nearly drove him away from faith forever. He reveals how what he’s seen, heard, and experienced has shaped what he believes about living and dying; how we can face the passing of our loved ones with the courage and confidence that we will see them again; and how we can each prepare for our own “appointment with heaven.” Soul-stirring and hope-filled, Citas con el cielo (Appointments with Heaven) is a powerful journey into the questions at the very core of your being: Is there more to life than this? What is heaven like? And, most important: Do I believe it enough to let it change me? Tyndale House Publishers

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Product Details

ISBN-13:
9781414391625
Publisher:
Tyndale House Publishers
Publication date:
09/01/2014
Pages:
384
Sales rank:
613,137
Product dimensions:
5.50(w) x 8.10(h) x 1.10(d)

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Citas con el Cielo

La historia veridica de un doctor y sus encuentros con el mas alla


By REGGIE ANDERSON

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2014 Reggie Anderson
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4143-9162-5



CHAPTER 1

EL PACIENTE


SEPTIEMBRE DEL 2011 ASHLAND CITY HOSPITAL, ASHLAND CITY, TENNESSEE

Él era un orgulloso hombre de Alabama, de ochenta y dos años de edad, que yacía en una camilla en la unidad de cuidados intensivos, y aunque yo no sabía cuándo moriría, sí sabía la causa de su muerte.

Por más de un año, este hombre había estado luchando con el síndrome mielodisplásico, una enfermedad en la cual la médula ósea deja de producir los glóbulos que se necesitan para luchar contra las infecciones. Su sistema inmunológico estaba deteriorado y había desarrollado una infección de estafilococos que era casi imposible de tratar. Su cuerpo se había vuelto séptico, y la inflamación estaba devastando sus órganos. Sabía que el hombre tenía los días contados, pero no podía soportar el pensamiento de que se fuera a morir.

Yo lo conocía de toda la vida. Era maestro y granjero, un hombre inteligente y determinado, orgulloso y obstinado. También era un hombre de mucha fe y no veía razón alguna para prolongar su vida en la tierra más allá del propósito que Dios tenía para él. Al igual que muchos de mis pacientes ancianos, él creía tener una cita con el cielo, y que Jesús lo estaba esperando al otro lado.

Como doctor, he visto lo que les sucede a los pacientes cuyos seres queridos no quieren dejarlos ir. Esas personas se aferran con desesperación al miembro de su familia y exigen que los médicos empleen medidas extraordinarias para mantener a la persona aquí, cuando, en realidad, el creyente moribundo solo quiere pasar tranquilamente al otro mundo. A veces los doctores pueden posponer por semanas o por meses la muerte de un paciente, pero a menudo eso involucra tomar medidas drásticas para mantener a la persona viva, conectada a máquinas y a tubos de alimentación. La calidad de vida del paciente no es lo que consideran los familiares cuando toman la decisión al principio y raramente es lo que el paciente desea.

Para el momento en que Dios lo llamara a su hogar, el hombre estaba listo.

Yo no quería mantener a este paciente vivo por medio de máquinas y tampoco lo deseaba él. No obstante, yo tenía buenas razones para alargarle la vida. Él tenía una familia unida, con muchos parientes, algunos de los cuales no vivían en la ciudad y esperarían tener la oportunidad de despedirse. Con intervención médica intensa, yo podría posponer su muerte el tiempo suficiente como para darles a esas personas la oportunidad de verlo una última vez. Su familia no estaba lista para dejarlo partir y yo me compenetré con eso totalmente. Yo tampoco estaba listo para que él se fuera.

Pensé en otras muertes que había presenciado, incluyendo una experiencia inolvidable que sucedió cuando era médico residente.

* * *

Mientras estaba en la facultad de medicina, yo había cuidado a pacientes en lechos de muerte, pero esa fue la primera vez que yo, como el médico residente supervisor, estaría a cargo cuando muriera un paciente. No sabía qué esperar.

«Dr. Anderson —comenzó a hablar la anciana, cuya voz comenzaba a fallar—, por favor, ¿podría sostener mi mano? Voy a ir a ver a Jesús y necesito alguien que me escolte».

Aquella noche, tuve la experiencia de presenciar cuando se parte el velo, es decir, el velo que separa esta vida de la siguiente. Mientras sostenía entre mis manos las manos de la mujer que moría, sentí el calor que produjo su alma al pasar cerca de mi mejilla cuando dejó su cuerpo, arrastrada por una brisa inexplicablemente refrescante, en un cuarto de aire pesado. Percibí la conocida fragancia de lilas y de frutas cítricas, y supe que el velo se había separado para permitir que su alma pasara a través de él.

Desde aquella primera paciente, yo he caminado con muchísimos otros pacientes hasta la puerta del cielo y los he visto entrar al paraíso. En muchas ocasiones, mientras sostenía la mano de los moribundos, Dios me permitió un vistazo a la entrada del cielo, mientras observaba a cada paciente deslizarse al otro mundo.

He sentido que Jesús está en el otro lado, de pie en el vestíbulo del cielo, dándoles la bienvenida a los muertos que son renovados otra vez. He vislumbrado colores y vistas que son casi inexplicables y he escuchado sonidos más intensos que ninguna otra cosa que haya experimentado en este mundo en el que vivimos. He aspirado el aroma de las lilas, aromas cítricos, madera de cedro recién cortada y pan horneado, con más fragancia de la que pensé que fuera posible.

A veces he sido testigo de pacientes que dejan este mundo y que regresan. Cuando ellos comparten sus historias conmigo, a menudo he recordado aquella vez, cuando era joven y cuando Dios me permitió entrar al vestíbulo del cielo, aunque yo ya no creía que él fuera real.

Lo que estas experiencias tienen en común es la intensidad de lo que se ve, de los sonidos, las fragancias y los sentimientos que experimenté. El cielo es más real que cualquier cosa que experimentamos aquí, y el sentimiento de paz, gozo y amor sobrecogedor va más allá de cualquier descripción.

* * *

Recuerdos de otros pacientes moribundos, así como de mis vistazos personales al cielo, me pasaron por la mente mientras estaba sentado al lado de mi paciente aquel día en la unidad de cuidados intensivos. Yo tenía la confianza total de que lo que le esperaba iba a ser mucho más gozoso que cualquier otra cosa que él hubiera experimentado. Sin embargo, por egoísmo, no estaba listo para verlo desaparecer a través de la puerta. Como su médico de cabecera, la familia esperaba que yo los guiara. Yo podía recomendar que le hicieran una transfusión de sangre que le prolongara la vida por unos cuantos días más; con varias transfusiones, yo podría extender su vida por una semana o más.

O podía dejarlo ir.

De cualquier forma, sabía que su familia me escucharía y haría lo que yo sugiriera.

Tenía que tomar una decisión difícil, y mis decisiones médicas estaban complicadas por lo que mis pacientes y yo habíamos experimentado al otro lado del velo. No obstante, mi lucha era aún mayor debido a quién era yo.

Yo no era solo el médico del paciente ... también era su hijo.

Una nota final de Reggie * * *

He llegado a ver la muerte no como un fin, sino como el principio de la vida en nuestro hogar eterno, donde nos vamos a reunir con muchos de nuestros seres queridos. Especialmente dulce será cuando veamos cara a cara a Aquel que nos amó y que vino para buscarnos ... a Jesús.

Aunque Dios me ha permitido atisbar algunas veces más allá del velo que separa este mundo del siguiente, mis mayores vistazos del cielo vienen de una fuente que está disponible tanto para usted como para mí: la Biblia.

Si anhela saber más acerca del cielo, lo aliento a que lea la Biblia. En primer lugar quiero dirigirlo al Evangelio de Juan, el libro que Dios usó cuando comenzó a revelarme su verdad.

Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?». (Juan 11:25-26)


Cuando regresé a Birmingham después de mi viaje de campamento el 4 de julio, comencé a aprender de memoria, con Karen, la Epístola a los Filipenses. Mientras estudiaba ese libro, las palabras sanadoras del apóstol Pablo pulsaron una sólida cuerda de gracia en mi interior. Eran justo lo que yo necesitaba.

Para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor. Pero si vivo, puedo realizar más labor fructífera para Cristo. Así que realmente no sé qué es mejor. Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí; pero por el bien de ustedes, es mejor que siga viviendo. (Filipenses 1:21-24)

Nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo; y esperamos con mucho anhelo que él regrese como nuestro Salvador. (Filipenses 3:20)


Cuanto más leía las Escrituras, más quería conocer al Dios que estaba vivo y que me había encontrado cuando yo no lo estaba buscando. Él se me dio a conocer a su tiempo y a su manera, puesto que yo no había hecho nada para merecer la vida renovada que él me había dado.

Comencé mi primer estudio formal de la Biblia en la Epístola a los Romanos. Era un regalo estudiar, como alguien nuevo en la fe, un libro que es una piedra angular del Nuevo Testamento.

Lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante. (Romanos 8:18)

Estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:38-39)

Creo que nuestro deber es compartir nuestras historias para alentar a otras personas y señalarles el camino a nuestro Señor. Todavía estoy asombrado de que Dios me haya dado la oportunidad de contar mi historia, pero estoy muy agradecido de que lo haya hecho.

A medida que piensa en las formas en que Dios ha estado obrando en su vida, quiero llevarlo a otros pasajes de la Biblia que espero que lo llenen de anticipación conforme piensa en nuestro hogar celestial.

Jesús respondió: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso». (Lucas 23:43)

Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, y vio la gloria de Dios y vio a Jesús de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Y les dijo: «¡Miren, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios!».

Entonces ellos se taparon los oídos con las manos y empezaron a gritar. Se lanzaron sobre él, lo arrastraron fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Sus acusadores se quitaron las túnicas y las pusieron a los pies de un joven que se llamaba Saulo.

Mientras lo apedreaban, Esteban oró: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». (Hechos 7:55-59)

Sí, estamos plenamente confiados, y preferiríamos estar fuera de este cuerpo terrenal porque entonces estaríamos en el hogar celestial con el Señor. (2 Corintios 5:8)

Nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. (Efesios 2:6)


Finalmente, quiero dejarlos con el pasaje que tal vez refleja mejor la gracia de Dios en mi vida:

Cuando alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado. Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen. (2 Corintios 3:16-18)


La libertad y la paz también están disponibles para usted, si acepta lo que dicen las Escrituras. Lea la Biblia con atención, escuchando lo que le dice el Espíritu de Dios y pidiéndole que le revele las muchas formas en las cuales él trabaja en la vida de las personas que están alrededor de usted. Entonces escuchará, verá y experimentará que nuestro Señor y Salvador Jesucristo es real, tanto aquí en la tierra como en nuestro hogar eterno en el cielo.


(Continues...)

Excerpted from Citas con el Cielo by REGGIE ANDERSON. Copyright © 2014 Reggie Anderson. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers, Inc..
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