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Comentario Biblico Exegetico Al Texto Griego del Nuevo Testamento Vol. 2, Mateo

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Dirigido a todos los amantes y estudiosos de la Palabra. Este comentario reúne el rigor del análisis gramatical del texto griego del Nuevo Testamento y las derivaciones prácticas, doctrinales y teológicas del mismo.

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Dirigido a todos los amantes y estudiosos de la Palabra. Este comentario reúne el rigor del análisis gramatical del texto griego del Nuevo Testamento y las derivaciones prácticas, doctrinales y teológicas del mismo.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788482675558
  • Publisher: CLIE
  • Publication date: 12/28/2009
  • Language: Spanish
  • Pages: 2141
  • Product dimensions: 6.40 (w) x 9.50 (h) x 2.60 (d)

Meet the Author

Samuel Perez Millos ha trabajado desde 1981 como pastor de la Iglesia Evangelica Unida de Vigo, Espana. Estudio teologia en el Instituto Biblico Evangelico y tiene una Maestria en Cristologia y Espiritualidad Trinitaria. Es autor de mas de cuarenta y cinco libros de teologia, comentarios biblicos y temas de la vida cristiana. En el presente esta desarrollando un Comentario Exegetico en veinte volumenes sobre el texto griego del Nuevo Testamento. Da conferencias con frecuencia en reuniones del mundo entero, ha aparecido en diversos programas de radio y television en Espana y en America Latina, y ensena en Seminarios Protestantes Evangelicos de Espana.

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Comentario biblico exegético al texto griego del Nuevo Testamento vol. 2, Mateo


By Samuel Pérez Millos

ZONDERVAN

Copyright © 2009 Samuel Pérez Millos
All right reserved.

ISBN: 978-84-8267-555-8


Chapter One

GENEALOGIA Y ANUNCIACIÓN DEL REY

Introducción general.

El Evangelio.

El sustantivo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], se usaba para referirse a la recompensa que recibía un mensajero que traía una buena noticia. El mensaje llenaba de felicidad a quien lo recibía y recompensaba a quien era portador del mensaje. Pero el sustantivo se utilizaba también en el griego para expresar el mensaje en sí mismo. El término tiene que ver con una buena noticia, generalmente la noticia de una victoria, aunque se usaba también para referirse a noticias gozosas en el terreno personal o incluso en el campo político. En el mundo heleno y romano, las buenas noticias eran relacionadas con acciones de los dioses, lo que originaba que se les ofreciese algún sacrificio por el bien que se les atribuía. La palabra fue adquiriendo una vinculación religiosa especialmente en el culto al emperador. El término en el cristianismo permite ya un entendimiento general para el lector pleno en contenido religioso.

En alguna medida el sustantivo aparece en traducciones griegas del Antiguo Testamento. La LXX utiliza el término en 2S. 4:10 para trasladar el equivalente hebreo besoräh, que significa la recompensa por una buena noticia (en este caso concreto fue una sentencia a muerte por lo que el mensajero creía buena noticia). El verbo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], muy limitado traslada al griego la palabra bissar, literalmente anunciar buenas noticias (cf. 1 R. 1:42).

Tanto el sustantivo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII] como el verbo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], adquieren importancia en el Nuevo Testamento. Es notable la gran cantidad de veces que el texto griego los pone de manifiesto, si bien los escritores los usan con una distribución muy diferente. El verbo aparece una sola vez en el evangelio según Mateo (Mt. 11:5), mientras que Lucas utiliza el término 25 veces. Pablo lo usa 21 veces, apareciendo también 2 en Hebreos y 3 en 1 Pedro. El verbo no aparece en Marcos, sin embargo el segundo evangelio usa el sustantivo en 7 ocasiones. El uso del sustantivo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], es un término preferente en Pablo figurando por lo menos 60 veces en sus escritos. Sin embargo, no deja de ser sorprendente que los términos no aparecen en los escritos de Juan. Esto no significa que Juan desconozca la teología del evangelio; simplemente sustituye los términos por el sustantivo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], que significa testimonio, y por el verbo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], con el sentido de testimoniar.

Cabe preguntarse si Jesús usó los términos para referirse al mensaje que Él proclamaba en las ciudades y aldeas durante su ministerio. Es cierto que hay alguna referencia a sus propias palabras afirmando la necesidad de que el evangelio fuese predicado en todo el mundo (Mt. 24:14; Mr. 13:10; 14:9). El Señor se refirió al evangelio en el pleno sentido mesiánico que autentificaba su ministerio, de modo que afirmó que mediante sus palabras "los pobres eran evangelizados" ([TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII]). Las buenas noticias del evangelio son posibles en el tiempo actual en base a la obra realizada por Cristo en la Cruz, que abre la puerta de esperanza para todo aquel que crea. No tiene tanta importancia el uso de la palabra en el ministerio de Jesús como el alcance que tenía para quienes escuchaban su mensaje. La teología hebrea intuía en el Mesías al libertador que eliminaría a los enemigos de Israel y lo encumbraría a la situación de nación suprema entre el resto de las naciones. La proclamación del evangelio del reino alcanza tanto la gran dimensión liberadora en la enseñanza apostólica del Nuevo Testamento, como el traslado de la "potestad de las tinieblas al reino de Hijo Amado" (Col. 1:13). De ahí que la enseñanza apostólica ligase el sustantivo evangelio para expresar de un modo sintético el mensaje de salvación ligado a la Persona y obra de Jesucristo.

Probablemente se deba a Pablo la utilización y extensión del término evangelio a los escritos del Nuevo Testamento y, con ello, a la doctrina de la Iglesia. Es evidente que no fue el apóstol el primero en usar esa palabra para expresar tal concepto. La palabra se hace familiar en las iglesias fundadas por él, que conocen plenamente el contenido del evangelio. El evangelio pasó a ser un concepto fundamental y central de la teología paulina. El mensaje expresaba la buena noticia que anunciaba que Dios, en la encarnación, muerte y resurrección de su Hijo, operó la salvación del mundo. De ahí que el término evangelio no puede vincularse sólo a un determinado contenido de fe, sino al mismo hecho de la proclamación de esa verdad, la realización del anuncio de la obra de Dios a todo el mundo. El evangelio, pues, no es sólo la proclamación de un acontecer salvífico, sino que es el mismo acontecimiento de salvación. Esa es la causa por la que la transmisión del evangelio no se vincula al verbo evangelizar, sino con el sustantivo evangelio (2 Co. 8:18). El evangelio, donde quiera que es predicado, es una palabra eficaz que genera el proceso de la fe (Ro. 1:16) obra la liberación y salvación de Dios (Ro. 1:16; 1 Co. 15:2) y colma la esperanza absoluta del pecador creyente (Col. 1:5, 23). El mensaje del evangelio no procede de los hombres, sino que es comunicado por Cristo mismo a sus apóstoles (Gá. 1:11). En él, Cristo habla a los hombres y Dios los llama a la conversión.

Los evangelios sinópticos usan el término para designar la buena noticia del acontecimiento de salvación que Dios operó en la obra de Cristo. Sin embargo, cada uno de los tres sinópticos enfatizan un aspecto determinado de la obra salvífica, consonante con sus respectivos enfoques teológicos. Marcos suele usar la palabra en un sentido absoluto (en cierta medida es un uso idéntico al que Pablo hace de la misma). Para Marcos, Jesucristo es el contenido, alcance y autor del evangelio, que se hace presente y actúa en todo lugar donde se anuncia el evangelio. Marcos presenta a Jesús unido en un todo al evangelio (Mr. 8:35; 10:29). Esa es la causa por la que introduce relatos sobre aspectos de la vida y obra de Jesús afirmando que es "el principio del evangelio de Jesucristo" (Mr. 1:1). Para él, no hay posibilidad de separar a Jesús del evangelio. Marcos introduce su relato del evangelio reclamando la fe en Jesucristo, mediante la fe en el evangelio (Mr. 1:15). Mateo integra en el evangelio la proclamación del reino, de ahí que use la expresión "evangelio del reino", reclamando a los lectores la atención sobre el aspecto mesiánico de Jesús. El evangelio es la enseñanza que Jesús da a sus discípulos y las gentes con las que se relaciona durante el ministerio terrenal y está vinculado íntimamente con Él, el Mesías prometido en los profetas. Por tanto, el contenido del evangelio es Jesús mismo. Lucas utiliza el término evangelio en Hechos para referirse a la predicación de los apóstoles (Hch. 15:7; 20:24), pero no lo hace en relación con la proclamación de Jesús. El sentido que Lucas da al proceso de proclamar el mensaje de la buena nueva tiene que ver con el aspecto técnico que se refiere al hecho mismo de proclamar el mensaje; por eso utiliza el verbo [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII], vinculando la evangelización a la proclamación del reino de Dios (Lc. 4:43; 8:1).

Aunque el significado de evangelio en el Nuevo Testamento es desarrollado en distintas formas y con diferentes alcances, se puede llegar a la conclusión de que el término se refiere siempre y está vinculado al mensaje de salvación proclamado al mundo, tanto en forma oral como por medio de los escritos bíblicos. Desde el S. II se habla de los evangelios haciendo referencia a los escritos de los cuatro evangelistas.

Los evangelios.

Si el evangelio es el mensaje de salvación vinculado a la persona y obra de Jesucristo, los evangelios son documentos que recogen el mensaje del evangelio desde la perspectiva de cuatro personas. No se puede decir que los cuatro relatos sobre la persona y obra de Jesucristo sean biografías, con mayor o menor extensión sobre Jesucristo. El encabezamiento de cada uno de los cuatro evangelios afirma que su propósito y contenido tiene una dimensión mayormente teológica que histórica y todos los datos biográfico-históricos han de considerarse desde la perspectiva integrante de un mensaje espiritual para salvación. Afirmar que los relatos de los evangelios son formas distintas de presentar el relato de la salvación en la persona y obra de Jesucristo, conforme a la visión de Mateo, Marcos, Lucas y Juan es, en cierta medida, subjetivar la realidad espiritual del único mensaje de salvación. La importancia del autor humano es muy relativa al lado de la razón misma del escrito bíblico. La Iglesia Primitiva consideraba los cuatro evangelios como un solo mensaje de salvación, expresado en forma diversa por cuatro evangelistas.

La impactante figura y obra de Jesucristo fue proclamada oralmente en la evangelización de los primeros momentos de la Iglesia. Los apóstoles primero y los convertidos luego, anunciaron al mundo la obra de salvación contenida en la acción divina de redención en Cristo Jesús. Hubiera sido lógico que la Iglesia Primitiva encomendase a alguien la redacción de un documento de fe que recogiese los aspectos que se predicaban de la obra de salvación, vinculada con los hechos directamente llevados a cabo por el Verbo encarnado. Esto hubiera sido necesario en la extensión de la Iglesia, fuera del entorno de Palestina. En este último contexto no había una necesidad imperiosa de un relato escrito, por cuanto Jesús fue un personaje histórico conocido en todo el territorio, donde nació, creció, ejerció su ministerio, murió y resucitó, según el testimonio apostólico autentificado con las obras de poder hechas en su nombre. Sin embargo, la extensión de la iglesia, especialmente a la gentilidad y con ello la presencia en distintos ambientes sociales del mundo antiguo, hacía necesario que se expresase la verdad mediante escritos. Los ambientes sociales y nacionales hacían preciso enfatizar algunos aspectos según el lugar de origen y los destinatarios de los relatos escritos. Es en este contexto donde aparecen las cuatro presentaciones del evangelio. Sin duda, cada uno de ellos podría ser más afín a un determinado lugar o a una determinada cultura. Sin embargo, no se procuró nunca la eliminación de alguno de los cuatro aceptados en la Iglesia Primitiva. El tema era tan atractivo que Lucas afirma que fueron muchos los que "trataron de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas" (Lc. 1:1). La Historia de la Iglesia y las investigaciones más recientes ponen de manifiesto algunos relatos además de los cuatro que se consideran como canónicos y se aceptan como inspirados. Los evangelios llamados apócrifos, como el de Tomás y otros semejantes, no fueron nunca considerados como Palabra de Dios. Quiere decir que los cuatro evangelios, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los que se incorporaron al canon y fueron aceptados desde el principio como Sagrada Escritura.

Las corrientes de pensamiento y, sobre todo, las posiciones heréticas que se hacen evidentes en el S. II, tratan de capitalizar los evangélicos conforme a su pensamiento, buscando en ellos el sustento para sus posiciones personales, como escribe el Dr. Everet Harrison:

"Cuando en el siglo dos comenzaron a surgir movimientos de dudosa ortodoxia, los mismos se inclinaban a favorecer aquel Evangelio que era más afín a su punto de vista. Fue así que Mateo fue asociado con los ebionitas, Lucas con los seguidores de Marción y Juan con la mayoría de los grupos gnósticos. Esta apropiación de los Evangelios ortodoxos para propósitos no ortodoxos debe haber fastidiado a los Padres, pero ellos no podían repudiar un Evangelio sólo por el uso que le dieran los herejes".

Se hizo un intento para uniformizar los cuatro evangelios en uno solo, hacia fines del s. II, por Taciano en una obra llamada Diatessaron. El intento de refundición fue rechazado por dos razones: primero porque el autor era poco fiable desde el punto de vista de ortodoxia de la fe, como simpatizante con los encratitas; en segundo lugar porque los cuatro evangelios estaban arraigados en la Iglesia y no podían ser desalojados de ella.

Los cuatro evangelios son básicos para el enriquecimiento del único mensaje del evangelio de la gracia. Con sus peculiaridades y sus énfasis propios, aportan lo necesario para determinar la extensión del kerygma que debe ser transmitido para salvación a todo aquel que crea. Las aparentes discrepancias en los relatos de cada uno de los evangelios, especialmente notables en la diferencia de los tres sinópticos con el cuarto, lejos de general controversias, contribuyen a precisar aspectos y dar matices enriquecedores que confirman, la veracidad de los hechos centrales del misterio del evangelio, atestiguados en la diversidad de detalles manifestados en cada uno de estos cuatro documentos.

La fiabilidad de los cuatro evangelios.

Los relatos escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, no se produjeron inmediatamente después de la muerte, resurrección y ascensión del Señor, sino bastante tiempo después. Como mínimo debe hablarse de la década de los años 50, en las dataciones más tempranas y llegar hasta la de los 80 o incluso de los 90 para el cuarto evangelio. Una distancia tal entre las narraciones y los acontecimientos, pudiera dar lugar a escritos no fiables en toda la extensión, especialmente en cuanto a historia. No debe olvidarse que en la Iglesia se estaban desarrollando ya los prolegómenas que permiten la fijación de las doctrinas. Hubiera sido posible que los evangelistas se sintiesen más condicionados por el dogma de fe que por la historia en sí, en la que la salvación se desarrolla y lleva a cabo en la persona y obra de Jesucristo. Sin embargo, la tradición oral estaba preservando la fidelidad de los cuatro escritos, al coincidir plenamente con el mensaje que se proclamaba por los apóstoles y los evangelistas. Los relatos de los cuatro evangelistas tenían que ver con una historia no común, sino extraordinaria, o tal vez mejor, sobrenatural. La vida y obra de Jesús de Nazaret, tenía que ver con la salvación de los pecadores y la ejecución del plan de gracia que Dios había determinado en la eternidad y anunciado a lo largo de los siglos por medio de muchos profetas enviados por Él (2 Ti. 1:9). Los relatos evangélicos se mantuvieron y conservaron sólo en la medida en que perpetuaban el mensaje tal y como había sido expresado por los apóstoles. Pablo afirmaba que todo cuanto él proclamaba no procedía de los hombres, ni en visión personal ni en contenido, sino que le había sido comunicado directamente por Jesucristo mediante manifestación personal (Ga. 1:11), por tanto, cuanto discrepase de ese mensaje, en contenido bien fuese teológico y bien histórico, debía ser considerado como anatema, sin importar el origen del mensaje (Gá. 1:8). Los propios apóstoles preservaron los escritos sobre Jesucristo al enfatizar insistentemente que "si alguno predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (Gá. 1:9).

Los cuatro evangelios ofrecen, en mayor o menor grado, los elementos que se destacaron en la vida de Jesús. Entre otros el entorno geográfico, ya que su ministerio se desarrolló en el norte de Palestina, Galilea y en el sur Judea, especialmente en Jerusalén; la vinculación profética, en el sentido de que Jesús era el Mesías enviado, con un ministerio anunciado ya en el Antiguo Testamento; de igual modo la confrontación entre Jesús, por su ministerio y enseñanza y el estamento religioso-político nacional que se le oponía y que, en alguna medida, condicionaba también las posiciones de las gentes en relación con Jesús, haciendo que unos le repudiasen apartándose de él y otros, los discípulos, le siguiesen hasta la cruz y luego, tras su resurrección, en la senda del testimonio. Los tres elementos principales del ministerio de Jesús, están presentes en cada uno de los cuatro relatos, con los énfasis y condicionantes que cada autor les imprimió bajo la dirección y conducción del Espíritu Santo. Estos tres elementos que se proclamaban en el kerygma de la evangelización dan forma a los cuatro evangelios, que son concordantes y perpetúan la tradición de la Iglesia.

(Continues...)



Excerpted from Comentario biblico exegético al texto griego del Nuevo Testamento vol. 2, Mateo by Samuel Pérez Millos Copyright © 2009 by Samuel Pérez Millos. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Prólogo....................17
Introducción general....................21
Introducción al Evangelio según Mateo....................44
El Evangelio según Mateo....................46
Exégesis....................63
Bibliografía....................2139
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