Comentario exegetico al texto griego del Nuevo Testamento: Santiago

Comentario exegetico al texto griego del Nuevo Testamento: Santiago

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by Zondervan
     
 

El Comentario sobre el libro de Santiago del estudio del griego a lo largo del N.T. de una forma metódica.  See more details below

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El Comentario sobre el libro de Santiago del estudio del griego a lo largo del N.T. de una forma metódica.

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ISBN-13:
9788482675305
Publisher:
CLIE
Publication date:
06/05/2012
Pages:
336
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6.50(w) x 9.30(h) x 1.10(d)
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18 Years

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SANTIAGO

COMENTARIO EXEGÉTICO AL TEXTO GRIEGO DEL NEUVO TESTAMENTO
By Samuel Pérez Millos

Zondervan

Copyright © 2011 Samuel Pérez Millos
All right reserved.

ISBN: 978-84-8267-530-5


Chapter One

EL CRISTIANO EN LAS PRUEBAS

Introducción.

Las llamadas Epístolas Católicas o Universales son un grupo septenario de los escritos de Santiago, Primera y Segunda de Pedro, Primera, Segunda y Tercera de Juan, y Judas. Este calificativo les fue dado desde el año 197 por Apolunio, el antimontanista. Eusebio también las califica de este modo, aunque para él, católicas es sinónimo de canónicas. Suele explicarse el término en razón del círculo más amplio de lectores al que se dirige, en contraste con otros escritos del Nuevo Testamento, especialmente las cartas de Pablo, que tienen destinatarios más concretos y limitados. Los escritos aparecen en el orden en que las enumeran los representantes de las iglesias orientales, fundamentado en el mismo en que aparecen las llamadas columnas de la iglesia (Gá. 2:9). Sin embargo, en occidente se solían mencionar primero las dos epístolas de Pedro. El orden en que habitualmente aparecen en las versiones bíblicas es el que se estableció en la Vulgata.

Se hace mención de las Epístolas Universales en la patrística antigua, de modo que el primer testimonio procede de Orígenes, que llama católicas a la Primera Epístola de Pedro, a la Primera Epístola de Juan, y a la de Judas. De la misma manera Dionisio de Alejandría (fallecido en a. 265), distingue la Epístola Católica de Juan, de las otras tres del mismo apóstol. Los Padres griegos, suelen llamarlas católicas, como se aprecia en las Catenae griegas sobre estas epístolas. Dídimo el Ciego de Alejandría, las llamaba canónicas. El calificativo de Católicas en sentido de universales, alcanzó las siete epístolas, ya en tiempos de Eusebio y de Jerónimo. Los Padres latinos anteriores a Jerónimo, no las distinguen, generalmente, por este u otro calificativo.

Algunas de las Epístolas Universales, fueron cuestionadas por un tiempo y puestas en duda por autores antiguos, de ahí que Eusebio las colocaba entre la [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], escritos discutidos, aunque reconoce que ya eran admitidos mayoritariamente. Aunque algunas de ellas seguían siendo cuestionadas en tiempos de Orígenes, éste las consideraba como canónicas. En la iglesia latina, dejan de cuestionarse a fines del s. IV, reconocidas ya en el concilio provincial de Hipona (a. 393) y por los III y IV de Cartago (a. 397 y 419). Sin embargo, en la iglesia oriental siguieron cuestionándolas durante más tiempo, hasta que fueron reconocidas en el Concilio Trulano (1. 692), aceptándolas en el canon del Nuevo Testamento. La iglesia siríaca tardó aún más en admitir todas las Epístolas Universales.

Estas Epístolas tienen casi el carácter de homilías, en su conjunto, que se escriben en forma de carta. Son todas ellas un ejemplo del modo de enseñanza que se utilizaba para la formación de los fieles en las iglesias primitivas, especialmente en aquellas que tenían una notable presencia de judeo-cristianos. De alguna manera se puede coincidir con Agustín que señala como objetivo principal de ellas el de refutar las herejías que comenzaban a presentarse en las comunidades cristianas primitivas.

Tal vez por formar parte de un grupo al margen del gran corpus paulino, se hayan tenido como escritos de menor interés para el estudio. Sin embargo la riqueza de su contenido tanto en doctrina como en parénesis es admirable.

Entre las Epístolas Universales, está la de Santiago cuyos destinatarios se les llama como "las doce tribus que están en la dispersión" (v. 1), dirigida no tanto a una iglesia sino a un determinado grupo de cristianos, mayoritariamente judíos, en Palestina. No significa esto que no hubiese allí iglesias establecidas, ya que en Hechos se mencionan a las de Judea, Galilea y Samaria, como iglesias pujantes que crecían y se consolidaban (Hch. 9:31). Con todo no se conoce mucho de la fundación de estas iglesias que probablemente no fueron fundadas por los apóstoles, sino por cristianos convertidos en Jerusalén y por los dispersos a causa de las primeras persecuciones (Hch. 8:4). La epístola es un escrito dirigido a los hermanos de ascendencia judía, con la intención de exhortarles a una vida cristiana consecuente atendiendo, en una expresión visible de la fe, al compromiso del seguimiento a Cristo.

Como parte de la Escritura, la Epístola de Santiago es un escrito inspirado y debe ser estudiada en toda la profundidad posible, como elemento de formación, corrección, amonestación y orientación de vida cristiana (2 Ti. 3.16-17). El creyente sólo alcanzará la madurez en la medida en que incorpore, por el poder y acción del Espíritu, la Escritura a su vida personal. Este escrito es un elemento en la mano de Dios para alentar, orientar y corregir al creyente en muchos aspectos de la ética, tanto en la relación con Dios, como con los hombres y los hermanos. Desconociendo estos aspectos no habrá un correcto modo de vida y testimonio. La Epístola de Santiago no surgió de un modo casual, sino que es el resultado de enfrentar las necesidades de los creyentes en varios aspectos de su modo de vida, a fin de que fuesen un fiel testimonio de Cristo ante el mundo.

I. INTRODUCCIÓN GENERAL.

Autor.

La identificación del autor ha sido motivo de polémica durante tiempo. Algunos consideran la Epístola como pseudoepígrafa, esto es, con una firma que no corresponde al autor. En ese sentido entienden que tuvo que haber sido escrita durante el tiempo de la primera patrística, o sub-apostólico. Tanto Jerónimo como Clemente hacen alusión a esa opinión sostenida en sus días. Para otros se trata de un escrito anónimo que en el tiempo se asignó a Santiago. Es de opinión de algún erudito que se trate de un material recopilado de sermones predicados por Santiago, compilado en forma epistolar de la manera en que se dispone actualmente.

Cinco personas aparecen en el Nuevo Testamento con el nombre de Santiago, si bien la primera de ellas el hijo de Matán y padre de José el esposo de María (Mt. 1:15s) no tiene nada que ver con la posible autoría del escrito. El nombre es una contracción castellanizada de dos palabras latinas, Santus Iacobus, esto es, San Jacobo.

El primero de este nombre es Santiago el hijo de Zebedeo, que era hermano del apóstol Juan (Mt. 4:21). Fue llamado por el Señor junto al Mar de Galilea (Mt. 4:21) y seleccionado junto con su hermano menor Juan para ser uno de los doce apóstoles (Mt. 10:2; Mr. 3:17; Lc. 6:14; Hch. 1:13). Ambos, junto con Pedro, formaban un grupo que se conoce como el círculo íntimo, estando presentes en ocasiones especiales del ministerio de Cristo, como la resurrección de la hija de Jairo (Mr. 5:37), la transfiguración (Mt. 17:1ss) y en la agonía del Señor en Getsemaní (Mr. 14:33). A Jacobo y a su hermano Juan, probablemente por su carácter impulsivo, les llamó Jesús Boanerges, que significa hijos del trueno (Mr. 3:17). Los dos hermanos fueron reprendidos por el Señor a causa de su impetuosidad (Lc. 9:54). Ambos pidieron un lugar preferente en el reino del Mesías, anunciándoles Jesús que beberían la copa de Él (Mr. 10:39), cumplimiento que se produjo en relación con Santiago al morir degollado por mandato de Herodes Agripa I, sobre el año 44 (Hch. 12:2). La tradición lo llamó Santiago el Mayor, para distinguirlo de otros con ese nombre. Si su muerte se produjo en la fecha antes indicada, no debió ser el escritor de la Epístola, puesto que no se presenta a sí mismo como apóstol, forma habitual en todos los escritos apostólicos. Por otro lado, la iglesia primitiva hubiese hecho mención del escrito relacionándolo con el apóstol.

El segundo es Santiago, el hijo de Alfeo, otro de los doce apóstoles (Mt. 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15; Hch. 1:13). También se dice que Leví era llamado hijo de Alfeo, pero, probablemente se trate de otro con ese nombre y Leví y Jacobo o Santiago, no fuesen hermanos. A éste se le identifica generalmente como Santiago el Menor, tal vez por su estatura o por su juventud, para distinguirlo de Santiago el hijo de Alfeo. Su madre era una de las mujeres con nombre de María (Mr. 15:40). Es un apóstol sólo conocido por su inclusión en las listas de los Doce, no habiendo otras referencias personales en el Nuevo Testamento. Es muy dudoso que este fuese el autor de la Epístola, por las mismas razones apuntadas para el anterior.

En tercer lugar, aparece el padre de Judas, no el Iscariote (Lc. 6:16). No se dice nada de él, salvo esta relación con el apóstol Judas. Por esta razón debe descartarse como posible autor de la Epístola.

Queda en último lugar a Santiago el hermano del Señor. Aparece en la lista que el evangelio da de los hermanos de Jesús (Mt. 13:55; Mr. 6:3). Posiblemente durante el ministerio de Jesús, Santiago no debía admitir la autoridad del Señor (cf. Mt. 12:46-50; Mr. 3:31-35; Lc. 8:19-21; Jn. 7:5) y probablemente no lo reconocía como el Mesías. Que el Señor tuvo hermanos, nacidos de la relación entre María y José después del nacimiento de Jesús, es un hecho evidente en los evangelios. Tanto Mateo como Marcos nombran a cuatro hermanos y hacen referencia también a sus hermanas (Mt. 13:55; Mr. 6:3). La idea de que María permaneció siempre virgen contradice lo que escribe Mateo: "Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús" (Mt. 1:24-25), en donde se aprecia la relación matrimonial en el uso común del verbo conocer, y el calificativo de primogénito que recibe Jesús. Es a partir del s. III, que para sustentar la perpetua virginidad de María, la iglesia griega propuso la tesis de que los hermanos del Señor eran hijos de José, habidos en otro matrimonio anterior. Esta suposición no tiene base bíblica alguna y tampoco histórica. En el s. IV y por la misma causa, Jerónimo propuso que los hermanos del Señor, eran primos de Jesús, hijos de la hermana de María, y que Santiago era el discípulo de Jesús. La principal argumentación la sustentan en que los nombres de Jacobo, Simón y Judas, aparecen juntos en las listas del los Doce (Mt. 10:2-4), por lo que debían ser hermanos y se pueden identificar con los hermanos de Jesús. En esta argumentación, María la madre de Santiago el Menor (Mr. 15:40), es la misma María la mujer de Cleofas, hermana de la Virgen (Jn. 19:25), ya que Cleofas es el mismo que Alfeo, como idéntica trascripción del nombre en arameo. Sin embargo identificar a los tres apóstoles con los hermanos de Jesús, supone el conflicto de la oposición a su ministerio que se relata en los evangelios. Los evangelios presentan a los hermanos como miembros de la familia de María, lo que descarta la idea de ser hijos de otra María y de Cleofas. En el fondo de todo esto se aprecia el deseo de Jerónimo, entusiasta del celibato, de mantener la virginidad de María y de José en forma perpetua.

A Santiago el hermano del Señor, se le apareció Jesús resucitado (1 Co. 15:7), lo que sin duda supuso para él la evidencia máxima de la realidad de quien era su medio hermano, es decir, hijo de la misma madre pero no del mismo padre, ya que Jesús, nuestro Señor, fue concebido por operación especial y omnipotente del Espíritu Santo (Mt. 1:20).

Luego de la ascensión del Señor, aparece en el lugar de oración donde se reunían los doce y las mujeres, junto también con María, la madre de Jesús (Hch. 1:12-14). Es posible que llegase al liderazgo de la iglesia en Jerusalén como consecuencia de la muerte de Santiago, el hermano de Juan (Hch. 12:2). El lugar que ocupaba en la iglesia en Jerusalén era de relevancia. Cuando fue visitado por Pablo, le llama una de las tres columnas de aquella iglesia (Gá. 1:18-19; 2:9). El apóstol Pedro habla con mucha deferencia de él, encomendando que diesen aviso de su liberación "a Jacobo y a los hermanos" (Hch. 12:17). No cabe duda que en ese tiempo este Jacobo no podía ser el hermano de Juan, puesto que había sido muerto por Herodes (Hch. 12:2). Santiago tomó parte importante en el Concilio de Jerusalén, que con toda seguridad presidió (Hch. 15:13-29). Fue una figura clave para recomendar una solución de convivencia, pidiendo a los gentiles que evitasen ciertas prácticas a fin de facilitar la comunión con los cristianos de origen judío (Hch. 15:28-29). Es evidente que sentía una simpatía muy fuerte por las costumbres judías como se pone de manifiesto en la recomendación que hace al apóstol Pablo cuando visitó Jerusalén, posiblemente por última vez (Hch. 21:17-26).

En cierta medida, se le considera apóstol (Gá. 1:19) en el sentido de ser enviado con un campo de ministerio entre los judíos (Gá. 2:9). Su autoridad espiritual se ponía de manifiesto cuando algunos visitaron las iglesias del mundo gentil demandando en nombre de Jacobo que el mismo apóstol Pedro comiese en mesas separadas de los gentiles (Gá. 2:12). Era un hombre casado (1 Co. 9:5).

La tradición posterior, como señala Hegesippo, antiguo historiador cristiano, sobre el año 180, dice que a este Jacobo se le llamaba el. Como escribe Everett Harrison, citando a Eusebio:

"Eusebio cita el testimonio de Egesippo, un historiador eclesiástico del siglo II, que dice que Santiago vivió la vida de nazareo a perpetuidad, pasando mucho tiempo en oración en el templo y gozando de la estima de los judíos, por lo que los líderes le suplicaron advertir a la gente en contra de creer en Jesús. Cuando él utilizó esta oportunidad para dar testimonio de Él, los escribas y los fariseos se indignaron y ordenaron que fuese arrojado desde la muralla del templo. Con todo, sobrevivió lo suficiente para orar por su nación, muriendo finalmente a consecuencias de un golpe de garrote del lavandero".

Evidencias internas.

El autor se califica a sí mismo como [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], siervo del Señor Jesucristo. Sólo a una persona bien conocida de la iglesia primitiva podía servir una identificación tan general y sencilla. Santiago reunía en sí mismo esa condición, como alguien que tenía un papel destacado en la iglesia en Jerusalén.

La sintaxis de la carta, aunque en un excelente griego, es más semita que helena. Ningún otro escrito, salvo la Epístola a los Hebreos tiene un griego tan correcto, acercándose en todo a la lengua clásica. Sorprende la riqueza del texto griego que recurre muy pocas veces a construcción hipotáctica.

El escritor es un profundo conocedor del Antiguo Testamento, lo mismo que debían serlo sus destinatarios. El saludo introductoria es propio de judío, [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], a las doce tribus que están en la diáspora o en la dispersión. El origen judío del escritor se pone de manifiesto en que llama a Abraham, [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], nuestro padre. Otra evidencia de su vinculación semita se aprecia al ser el único escritor del Nuevo Testamento que utiliza la expresión [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], Señor de los ejércitos, uso propio en algunos profetas del Antiguo Testamento.

Utiliza también personajes del Antiguo Testamento para ilustrar sus enseñanzas, como por ejemplo Abraham e Isaac (2:21); Rahab (2:25); Job (5:11); Elías (5:17, 18). Hace también continuas apelaciones a la ley.

Es persona que está familiarizada con fórmulas judías, usadas en los tiempos del nacimiento de la Iglesia, como son las utilizadas para los juramentos (5:12). La referencia a costumbres judías es evidente, como ocurre con la alusión a la limpieza de las manos y a la purificación de los corazones (4:8). Otro testimonio evidente en este sentido es la importante referencia que hace de la higuera, aceptada como símbolo de Israel en el mundo judío de entonces (3:12).

Muchas palabras de la Epístola, concuerdan con las de Santiago registradas en Hechos: a) El término [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], amados, que aparece en 1:16, 19 y 2:5, ocurre también en Hechos 15:25. b) La expresión [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], hermanos míos amados, oíd, en 2:5, es muy semejante a la de Hechos 15:13. c) El uso de [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], volver, en relación con la conversión 5:19, 20; la utiliza también Santiago en Hchos 15:19. d) De la misma manera ocurre con [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], visitar, que aparece tanto en la Epístola (1:27), como en Hechos 15:14).

Es notoria la gran semejanza que existe entre la enseñanza de la Epístola y el Sermón del Monte, como se aprecia en la siguiente relación:

Tema Cita epístola Cita Mateo

Gozo en medio del sufrimiento. 1:2 5:10-12 Exhortaciones a la perfección. 1:4 5:48 Buenas dádivas. 1:5 7:7 Los términos [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], hacedores, y [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII], oidores. 1:22 7:24 La expresión guardar toda la ley. 2:10 5:19 Las bendiciones de la misericordia. 2:13 5:7 Las bendiciones para los pacificadores. 3:18 5:9 La amistad del mundo y sus consecuencias. 4:4 6:24 Las bendiciones para los humildes. 4:10 5:5 El pecado de juzgar a otros. 4:11, 12 7:1-5 La polilla y el orín en relación a las riquezas. 5:2-3 6:19 El mal uso de los juramentos. 5:12 5:33-37.

La forma de las expresiones y el modo de la exhortación, es muy semejante en ambos casos.

(Continues...)



Excerpted from SANTIAGO by Samuel Pérez Millos Copyright © 2011 by Samuel Pérez Millos. Excerpted by permission of Zondervan. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Finqueronica More than 1 year ago
Escrito de Manera Directa. y al punto con claridad entendible aun para personas no muy versadas en el tema.