Como tener relaciones gratificantes

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Algunas personas son tan carismáticas, brillantes, alegres y atractivas que no les hace falta forzar, y ni siquiera pedir, que las dejen entrar en ningún sitio. El magnetismo personal no es necesariamente un don innato. Cualquiera que realmente desee desarrollar una personalidad cálida, abierta y cordial puede lograrlo, dominando las técnicas descritas en este libro. Dale Carnegie y sus sucesores, Dale Carnegie & Associates, Inc., tienen más de 90 años de experiencia en la ayuda a personas de todas las edades...
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Algunas personas son tan carismáticas, brillantes, alegres y atractivas que no les hace falta forzar, y ni siquiera pedir, que las dejen entrar en ningún sitio. El magnetismo personal no es necesariamente un don innato. Cualquiera que realmente desee desarrollar una personalidad cálida, abierta y cordial puede lograrlo, dominando las técnicas descritas en este libro. Dale Carnegie y sus sucesores, Dale Carnegie & Associates, Inc., tienen más de 90 años de experiencia en la ayuda a personas de todas las edades a progresar en su carrera y enriquecer su vida.
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Product Details

  • ISBN-13: 9788497777513
  • Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
  • Publication date: 9/1/2011
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 208
  • Sales rank: 980,429
  • Product dimensions: 5.90 (w) x 9.10 (h) x 0.70 (d)

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Cómo tener relaciones personales gratificantes


By Dale Carnegie

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2011 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-751-3



CHAPTER 1

Sí ... ¡tú tienes carisma!


Cuando Robert conoció a Lisa, su nueva jefa, le impresionó la agradable «personalidad» que ella irradiaba. Había algo en su modo de proyectarse que hizo que a Robert le inspirara confianza de inmediato y que la admirase y se sintiera a gusto en su compañía. Pensó: «Esta mujer tiene carisma. Me gustaría ser como ella».

Tal vez pienses que las personas como Lisa han nacido siendo así. Algunas facetas de nuestra personalidad son innatas –nuestro aspecto físico, nuestro grado de inteligencia y algunas dotes–; pero cada uno de nosotros tiene la capacidad de sacar el mejor partido de sus rasgos congénitos y de desarrollarlos para conseguir ese tipo de «personalidad» que los demás admiran.

No es fácil convertirse en una persona carismática, pero el cambio comienza con el fuerte deseo y el compromiso de desarrollar los propios rasgos innatos.


Los rasgos de la personalidad se pueden adquirir

Hay algo en la personalidad de cada uno de nosotros que elude al fotógrafo, que el pintor no puede reproducir, que el escultor no puede plasmar. Este algo sutil, que todo el mundo siente pero que nadie es capaz de describir, que ningún biógrafo ha puesto nunca por escrito en un libro, tiene mucho que ver con el éxito personal en la vida.

Ciertas personalidades trascienden la mera belleza física y tienen más poder que el aprendizaje. El carisma, ese encanto especial que rezuman algunas personas, puede hacer cambiar de opinión a los caracteres más fuertes, y a veces incluso controlar el destino de las naciones.

Los individuos que poseen este poder magnético influyen inconscientemente en nosotros. En cuanto estamos ante su presencia, experimentamos una sensación de agrandamiento. Desbloquean dentro de nosotros posibilidades de las que previamente no teníamos ni idea. Nuestro horizonte se ensancha; sentimos un nuevo poder que despierta en todo nuestro ser; experimentamos una sensación de alivio, como si se nos quitara de encima un gran peso que nos agobiaba desde hacía mucho tiempo. ¿No sería estupendo que la gente reaccionara ante ti de ese modo?

Una buena parte del encanto de la personalidad magnética deriva de una actitud refinada, culta. El tacto es otro elemento muy importante. Uno debe saber exactamente qué hacer, y debe ser capaz de hacer lo correcto a su debido tiempo. El buen juicio y el sentido común son indispensables para aquellos que tratan de adquirir este mágico poder. El buen gusto es asimismo uno de los componentes del carisma.

Los rasgos de la personalidad se pueden adquirir. Las personas no son creadas todas iguales. Hemos de reconocer que no todos tenemos la misma inteligencia, la misma fuerza física o el mismo nivel de energía; pero, esforzándonos, podemos llegar a ser carismáticos. Puedes decidir esforzarte para desarrollar los rasgos de la personalidad que deseas adquirir. La clave es la dedicación.

Christopher L. era un hombre inteligente, muy trabajador y entregado a su trabajo, pero tímido. Cuando lo obviaron para el ascenso, se dirigió con timidez al director de recursos humanos y le preguntó por qué. El director le contestó: «Chris, eres un buen trabajador, pero no tienes las características que son esenciales para triunfar como supervisor. Si quieres abrirte camino en tu carrera, debes no sólo dominar tu trabajo, sino también ser capaz de tratar con soltura con tus subordinados, colegas y superiores. Si te aplicas, podrás adquirir estos rasgos». Siguiendo la sugerencia, Chris se matriculó en el Curso Dale Carnegie y aplicó los principios que aprendió en él. Superó su timidez y empezó a hacer sugerencias, a hablar en las reuniones y a entablar amistad con los compañeros de trabajo a los que previamente había ignorado. Cuando se presentó la siguiente oportunidad de ascenso, Chris fue el candidato escogido en primer lugar.


Sé alegre y optimista

Los individuos carismáticos son brillantes, alegres y esperanzados que van por la vida buscando el bien y la belleza, en lugar de la fealdad; lo noble, en lugar de lo innoble; lo luminoso y alegre, en lugar de lo oscuro y triste; la esperanza, en lugar de la desesperación; en definitiva, que prefieren ver el lado luminoso y no el oscuro. Orientar la cara hacia la luz del sol es igual de fácil que mirar siempre las sombras, y cambia totalmente tu carácter, que pasa de contento a descontento, de feliz a infeliz; y tu vida, que pasa de la prosperidad a la adversidad, del éxito al fracaso.

Helen Keller, la mujer ciega y sorda que tenía todos los motivos del mundo para quejarse de su suerte y ser pesimista, dijo: «El optimismo es la fe que conduce al logro; nada puede realizarse sin esperanza».

Las personas que más han triunfado en la vida siempre han sido alegres y optimistas, del tipo que emprende sus quehaceres con una sonrisa en la cara y acepta los cambios y las posibilidades de esta vida mortal tal como vienen, sean o no contratiempos.

Con frecuencia es posible facilitar la situación, ganar más dinero y ascender en el trabajo, realizar más ventas, ser un director o profesional más eficiente siendo siempre alegre y listo, al tiempo que uno lo pasa bien y es feliz.


* * *

¿Te gusta frecuentar a personas gruñonas, que tienen murria y son desdichadas, o prefieres tratar con personas felices y radiantes? Sus sentimientos y actitudes son tan contagiosos como el sarampión. Así que deberías irradiar precisamente aquellas cosas que deseas que tengan los demás.

Dale Carnegie

* * *


Sonríe

Una sonrisa es una señal de simpatía. Es el equivalente en humano del perro que menea la cola. Por supuesto, no puedes estar sonriendo todo el tiempo. La sonrisa no es algo que te puedas poner de forma mecánica, como si fuera un sombrero. Una sonrisa genuina no es más que la expresión exterior de un estado interior. Es bastante posible ser cortés y simpático hasta cierto punto sin llegar a sonreír. Hay situaciones en las que una sonrisa es totalmente inapropiada, y ciertamente nadie que no esté ingresado en un hospital psiquiátrico sonríe constantemente.

La sonrisa debe venir del corazón. Se abre camino hasta el exterior y se muestra en los ojos, en la voz y en las acciones. Actúa de modo alegre y te sentirás alegre. No se puede fingir una sonrisa. La sonrisa que es falsa parece justamente eso: una falsedad.

Elaine B., una auxiliar administrativa del ayuntamiento de Filadelfia, explicó cómo tuvo lugar esto en su propio caso:

«Una mañana emprendí el camino a mi trabajo decidida a probar el poder del pensamiento alegre. Yo era una de esas personas malhumoradas que rara vez sonríen. Había leído que mi vida podía mejorar mucho siendo jovial. Así que sonreí mientras caminaba por la calle y me quedé sorprendida al ver que me animaba. Mi porte era ahora más erguido, mi paso más ligero y tenía la sensación de estar flotando en el aire. Miré los rostros de las mujeres con las que me cruzaba y vi en ellos tantos problemas y ansiedad, tanto descontento e incluso mal humor que compartí su sufrimiento, deseando poder comunicarles un poquito del júbilo que ahora me embargaba.

»Al llegar al trabajo, saludé a la recepcionista con un comentario de pasada, que en mi vida habría hecho en otras circunstancias, ya que no soy ingeniosa por naturaleza; pero eso inmediatamente sentó una base de buen talante entre ambas. El supervisor del municipio era un hombre muy ocupado y siempre estaba intranquilo por asuntos laborales. Se me acercó con el ceño fruncido e hizo algunas observaciones críticas sobre mi trabajo. Como soy demasiado sensible por naturaleza, lo normal hubiera sido que me hubiese sentido bastante dolida; pero yo había decidido que nada iba a empañar la luminosidad de este día, así que le respondí con alegría. Dejó de fruncir el ceño, y ya estaba sentada otra base de trabajo agradable. Seguí haciendo lo mismo durante el resto del día, no permitiendo que ninguna nube ensombreciese su belleza para los demás ni para mí.

»Después del trabajo asistí a una reunión en mi iglesia y seguí en ella la línea que me había marcado. Nunca he sido muy popular entre el resto de los feligreses; pero, donde antes había notado distanciamiento y falta de solidaridad, ahora encontraba simpatía y una cálida amistad. La gente llegará a una solución de compromiso contigo si tú das el primer paso en ese sentido.

»Decidí que de ahí en adelante intentaría que el sol luciese para cualquiera que encontrase en mi camino. De ese modo encuentras la felicidad brotando a tu alrededor como flores, y ya nunca echarás en falta amigos o compañía».

Una sonrisa puede ayudar a convencer a un antagonista. Sharon M., una adolescente que es voluntaria en una clínica de reposo en Connecticut, nos habla de una paciente fuerte y de edad avanzada que estaba planteando considerables dificultades a las enfermeras. Rechazaba el tratamiento y, de no ser por los dispositivos de restricción de movimientos que le impusieron (medida ésta que la institución era reacia a aplicar), no habrían podido mantenerla bajo control. Cuando la sentaban en una silla de ruedas con una bandeja sujeta a los brazos de la silla, la paciente se ponía a aporrear la bandeja y trataba de deslizarse por debajo. En una ocasión, sin embargo, se quedó atascada a mitad de camino y se puso a llamar a gritos a las enfermeras.

Al llegar a este punto, Sharon intervino. Sabía que a la paciente le gustaba que la llevasen en la silla pasillo arriba y pasillo abajo, así que se encaminó hacia ella y, mirándola directamente a los ojos, le dedicó una amplia sonrisa. La paciente se sorprendió ante este súbito cambio, el pasar de un ambiente de conflicto a la amistosa aproximación de una auxiliar. Se calmó, y Sharon le habló con voz suave y la paseó en su silla de ruedas. Después de eso, le permitió a Sharon alimentarla y satisfacer otras necesidades.

¡Dale Carnegie ofrece algunas sugerencias sobre el arte de sonreír! «En primer lugar, debes tener la actitud mental adecuada hacia el mundo y sus habitantes. Mientras no la tengas, no conseguirás demasiado éxito. Pero incluso sonreír superficialmente ayuda, porque produce felicidad en otros y eso actuará para ti como un bumerán. Generar un sentimiento agradable en otra persona te hará sentir mejor, y en poco tiempo esa sonrisa será sincera.

«Además, al sonreír reprimes cualquier sentimiento desagradable o artificial que hayas podido experimentar en tu interior. Cuando le sonríes a otra persona, estás diciéndole sutilmente que te gusta, al menos hasta cierto punto. Esa persona se dará cuenta, y a raíz de eso tú también le gustarás más. Trata de adquirir el hábito de sonreír. No tienes nada que perder».

* * *

Las acciones dicen más que las palabras, y una sonrisa dice: «Me gustas. Me haces feliz. Estoy encantado de verte». ¿Una sonrisa falsa? No. Eso no engaña a nadie. Sabemos que es mecánica y nos molesta. Estoy hablando de una verdadera sonrisa, de una sonrisa grata, que viene de dentro, del tipo que obtendría un buen precio en el mercado.

Dale Carnegie

* * *


Las personas carismáticas son entusiastas

Las personas carismáticas son entusiastas acerca de sus vidas, su trabajo, sus relaciones y sus metas. El entusiasmo viene de muy dentro de nosotros. La palabra entusiasmo procede del griego [TEXT NOT REPRODUCIBLE IN ASCII.], «el hecho de tener el dios en sí». El entusiasmo no se puede imitar. Es fácil detectar cuándo uno finge estar entusiasmado por medio de gestos artificiales, sonrisas falsas y comentarios exagerados. En cambio, si crees que lo que estás haciendo vale la pena, tiene sentido y es apasionante y factible, se traslucirá en tu porte y tus acciones.

Las personas que están entusiasmadas consigo mismas y con sus actos acometen su trabajo con la seguridad de tener éxito. Los empleados que realizan sus tareas con energía, determinación y entusiasmo inspiran confianza a su jefe en el sentido de que no sólo van a cumplir su cometido, sino que además lo van a hacer bien.

No importa lo solida y bien construida que sea una locomotora de vapor, ni su potencia: a menos que el agua de la caldera se caliente a 100 °C, el tren no se moverá un milímetro. Si el agua no alcanza el punto de ebullición, aunque sólo esté un grado por debajo de él, no servirá de nada. De la misma manera, no importa la brillantez de nuestro cerebro o la excelencia de la educación que hayamos recibido: sin el vapor del entusiasmo, que propulsa la máquina humana, nuestra vida será infructuosa.

Dale Carnegie cuenta esta historia sobre los efectos del entusiasmo en las ventas:

«Una noche de verano, estudié la habilidad mercantil de dos comerciantes en astronomía que habían plantado sendos telescopios en la Calle 42 de Nueva York, enfrente de la Biblioteca Pública. Uno cobraba diez centavos por echar un vistazo a la Luna. El otro, cuyo telescopio era un poco más grande, cobraba un cuarto de dólar.

»El que cobraba un cuarto de dólar por mirada tenía el cuádruple de clientes que el que sólo cobraba diez centavos. Sin duda alguna, se veía un poco mejor con el primero de los dos telescopios; pero el principal motivo de su éxito era la personalidad del comerciante que estaba a cargo de él. Esa persona irradiaba entusiasmo y hablaba de observar la Luna con tal emoción que uno podría, en caso necesario, haber dejado pasar la cena con tal de verla. El otro comerciante, en cambio, no decía nada; se limitaba a cobrar».

El mundo siempre ha cedido el paso al entusiasmo. Multiplica nuestro poder y potencia al máximo cualquier habilidad que tengamos.

El entusiasmo es excelente para conseguir negocios. Es tan contagioso que, antes de que uno se dé cuenta, ya se ha contagiado de él, aun cuando trate de prepararse psicológicamente en su contra. Si pones el corazón en lo que haces, tu entusiasmo a menudo hará que un posible cliente olvide que estás tratando de venderle algo.

Hay algo importante en asumir el papel que quieres desempeñar y dedicarte a él con entusiasmo. Si eres ambicioso y deseas hacer grandes cosas, debes ser entusiasta y asumir el papel requerido.

Con frecuencia el trabajo que haces no es para nada apasionante; ni siquiera interesante. Puede ser monótono, aburrido y fatigoso. En tal caso, busca algo en él que genere entusiasmo en ti. Encuentra la manera de hacerlo mejor o más deprisa. Fíjate metas cuantitativas o cualitativas que te exijan el máximo esfuerzo. Y, si no encuentras eso en tu trabajo, busca otra actividad en tu comunidad, tu familia, tu iglesia o algún grupo político o social y conságrate a ella.

* * *

¿Estás aburrido de la vida? Entonces lánzate a hacer algún trabajo en el que creas con todo tu corazón: vive por él, muere por él y alcanzarás una felicidad que pensabas que nunca sería tuya.

Dale Carnegie

* * *


Hay algo importante en el ambiente que rodea a las personas entusiastas, que creen que van a triunfar; algo en su sola apariencia que gana la mitad de la batalla antes incluso de asestar el primer golpe.

El entusiasmo es contagioso, transmite a otros la seguridad de que pueden conseguir lo que pretendan. Con el tiempo, nos reafirmamos no sólo por el poder de nuestro propio entusiasmo, sino también por el de todos los que nos conocen. Nuestros amigos y conocidos afirman y reafirman nuestra capacidad de triunfar, y hacen que cada triunfo sucesivo sea más fácil de conseguir que el precedente. Nuestro aplomo, confianza y aptitud aumentan en proporción directa con el número de nuestros logros. Y la intensidad misma de nuestro entusiasmo al hacer lo que intentamos está, sin duda, relacionada con el nivel del éxito que logramos.

El entusiasmo es la dinámica de nuestra personalidad. Sin él, cualquier aptitud que poseamos permanece latente; y podemos decir sin temor a equivocarnos que todos tenemos más poder latente del que aprendemos a usar. Podemos tener conocimientos, buen juicio, facilidad de razonamiento; pero nadie –ni siquiera nosotros– lo sabrá hasta que descubramos cómo poner todo nuestro empeño en el pensamiento y la acción.

Cuando estamos entusiasmados con algo que estamos haciendo, la emoción, la alegría y la sensación interior de satisfacción impregnan la actividad entera. No siempre es fácil estar ilusionado con muchas de las cosas que tenemos que hacer a diario; pero es posible, con tal de hacer el esfuerzo.

No sólo debemos ser entusiastas de nuestras dotes, y de nosotros mismos; también es necesario que nos entusiasme lo que estamos haciendo: el producto que estamos fabricando o vendiendo, la música que estamos componiendo o interpretando, el ensayo que estamos escribiendo. El entusiasmo es el ingrediente secreto del éxito para la gente más triunfadora así como el generador de felicidad en las vidas de quienes lo poseen.

No puedes fingir el entusiasmo. Para ser verdaderamente entusiasta tienes que hacer de él una parte integrante de tu vida. Encuentra algo que verdaderamente te entusiasme. No confundas el entusiasmo con el ruido, el volumen, el griterío o los chillidos. Dale Carnegie define el entusiasmo como una ardiente cualidad espiritual muy profunda: una emoción reprimida. Dice: «Si tu corazón arde en deseos de ayudar a otros, estarás entusiasmado. Tu emoción irradiará a través de tus ojos, tu cara, tu alma y toda tu personalidad. Estarás inspirado, y tu inspiración inspirará a otros».


(Continues...)

Excerpted from Cómo tener relaciones personales gratificantes by Dale Carnegie. Copyright © 2011 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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