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Como un viento recio
     

Como un viento recio

by Mel Tari, Cliff Dudley (Joint Author), Juan Carlos Rea (Preface by)
 

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Relata el poder de Dios que se manifiesta hoy al igual que en los tiempos bíblicos.

Overview

Relata el poder de Dios que se manifiesta hoy al igual que en los tiempos bíblicos.

Product Details

ISBN-13:
9780881130416
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
06/01/1992
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
208
Sales rank:
910,367
Product dimensions:
4.29(w) x 7.03(h) x 0.60(d)

Read an Excerpt

Como Un Viento Recio


By Mel Tari, Cliff Dudley

Grupo Nelson

Copyright © 1972 EDITORIAL CARIBE
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-2384-3



CHAPTER 1

En Dios confiamos


El corazón me latía con violencia en circunstancias que el colosal jet de la Pan American rugía a lo largo de la pista en el aeropuerto de Yakarta, para luego levantar el vuelo. De pronto las pequeñas islas de Indonesia se parecían a enormes hojas de plátano. Al poco poco rato la densa jungla y las chozas de mi pueblo quedaban sólo en mi recuerdo. Yo —Melchior Tari, un indonesio insignificante, pequeño y sin instrucción— me hallaba de camino a los Estados Unidos.

En mi bolsillo acariciaba la moneda de cincuenta centavos que uno de mis amigos me había dado. La saqué del bolsillo, y como lo había hecho muchas veces, leí atentamente las palabras: "En Dios confiamos."

"Los Estados Unidos deben ser como el cielo en la tierra", pensé. "Tanto el gobierno como su pueblo confían en Dios. Cada vez que gastan dinero, se acuerdan de Dios."

—Dios, ¿estás seguro que tengo un mensaje para los Estados Unidos? —le pregunté.

El avión siguió subiendo hasta que nos hallábamos muy por encima de las nubes, y mis pensamientos retornaron a aquel día en 1967.

—Mel —me había dicho Dios—, te voy a mandar a los Estados Unidos para que les cuentes acerca de mí.

"¡Eso es imposible!", pensé. "No hay manera. Necesitaría más dinero del que podría ahorrar durante el resto de mi vida."

—No te preocupes —me dijo el Señor—. Te he llamado y te abriré el camino.

Cuando se inició el avivamiento en Indonesia, muchos recibieron mensajes proféticos de Dios de que él los enviaría de Indonesia a todo el mundo. En aquellos días no teníamos ninguna idea respecto de quiénes enviaría el Señor. Pero me puse a pensar, especialmente antes de unirme a uno de los equipos, de que si yo era uno de los escogidos, sería muy lindo.

Precisamente por esta razón Dios no me permitió unirme al primer equipo que salió con el evangelio. Tuve que esperar hasta que fuese organizado el equipo número 42 para ser elegido. Dios quería que me inspirasen los motivos justos.

Un día oré con desesperación diciendo: —Señor, ¿por qué no me eliges a mí? Has elegido a mi hermana y ella no es más espiritual ni mejor que yo. En realidad ella es peor que yo en muchas cosas. Cuando me comparas con los demás, me encuentro tan capacitado como ellos, Señor, o quizá aún más.

Dios me habló con una voz suave y delicada. —Mel, tus motivos son equivocados. Quieres servirme pero no en los sitios difíciles de la jungla. Quieres viajar por todo el mundo, y eso no es correcto. Así que no te puedo usar ahora.

Finalmente me arrepentí de esos motivos tontos, y fui llamado para formar parte de un equipo, tres meses después de haberse iniciado el avivamiento. Dos años más tarde, Dios me habló de nuevo. Esta vez me dijo que debía ir a los Estados Unidos. Para aquel entonces había perdido interés en partir de Indonesia. Mi mente estaba confusa a raíz de las ideas que había recibido de los misioneros. Me habían dicho que si alguno de nosotros iba a los Estados Unidos seríamos afectados por el dinero, los automóviles, los ricos alimentos y otros lujos que casi todos disfrutaban en los Estados Unidos.

Pero después de semanas de leer la Biblia y orar, comprendí que el trasladarme a los Estados Unidos constituía el plan de Dios para mí. Aún así Dios me hizo esperar. Me indicó con claridad que debía viajar a los Estados Unidos en 1970 y no antes.

El diablo casi me hizo viajar un año antes.

En 1969 una familia de los Estados Unidos me envió un telegrama y el dinero para mi vuelo, pero Dios me dijo con claridad: —No lo tomes.

Les agradecí pero manifesté: "Lo lamento. Pero aún no ha llegado el momento oportuno."

—Mel, eres un tonto—, me dijeron mis amigos—. Si recibiste el dinero, puedes deducir que era de Dios y debías de haberlo tomado. ¿No quieres ir?

—Seguro que quiero ir a los Estados Unidos, pero aún no es el tiempo oportuno —les contesté.


Dios dice: "¡Ve!"

Un año después, el Señor me dijo: —Ahora es el momento de ir.

De manera que acudí a los creyentes para que confirmaran el llamado.

—Le pido que ore por mí —le dije a una de mis hermanas en la fe—. Necesito las directivas divinas para algo de mucha importancia.

—¿Qué quieres saber? —me preguntó.

—No le puedo decir, porque usted lo pensaría, y si le gustaba la idea diría "Sí", y si no le gustaba la idea diría "No", y yo tendría solamente su opinión y no la de Dios. De manera que yo oraré, y mientras lo hago, usted observe la televisión de Dios y dígame lo que ocurre.

Dios le había dado a mucha gente de Indonesia el don de visiones. Acudimos a esas personas que observan la "televisión" de Dios. Les muestra acontecimientos futuros como si fuesen en una pantalla gigantesca. De manera que oré y dije: "Dios, tú sabes que necesito tu dirección, de manera que te ruego que ilumines a esta hermana para que ella me cuente lo que tú quieres. Tú me has hablado, pero quiero que lo confirmes por intermedio de ella."

Cuando terminé de orar le pregunté: —¿Qué le ha mostrado Dios?

—Es muy extraño —mi hermana me replicó—. Te vi de pie entre muchas personas, pero no se parecen a nosotros. Tienen rostros blancos. Muchos de ellos tienen cabellos amarillos. Sus ojos son distintos de los nuestros. Muchos de los hombres tienen más de un metro ochenta de estatura. Tampoco entendí lo que tú decías. Hablabas en una lengua muy extraña. No sé el país que vi, pero Dios me indicó que te dijera que debes hacer lo que él te ha dicho, y que debes hacerlo ahora, porque es su voluntad. Mel, ¿qué es esto? Por favor, explícamelo.

Le dije que la gente que había visto en la visión eran norteamericanos y que hablábamos en inglés, y que ella debía alabar a Dios conmigo porque por intermedio de ella Dios me había confirmado que debía trasladarme a los Estados Unidos.


La provisión milagrosa de Dios

Siguieron a ésta muchas otras confirmaciones. Una noche, después de haber orado juntos en la iglesia, Dios me dijo: —Ve ahora. Prepárate para partir pasado mañana.

—Oh, no, Dios, es imposible—le repliqué—. No hay manera de recoger fondos tan pronto. No tengo ni un centavo en el bolsillo.

Pero el Señor insistió. —Diles a tus amigos y a tu familia que partirás a los Estados Unidos dentro de dos días.

"Mejor sería que no les dijera; creerán que estoy loco", pensé para mí mismo. Pero puesto que Dios insistía, obedecí, aún cuando todo parecía imposible.

—Pasado mañana parto para los Estados Unidos —anuncié.

Y mi familia y mis amigos hicieron precisamente lo que yo pensaba que harían: se rieron.

—Mel, es imposible. Estás loco —me dijeron.

—Mel, me alegro de que me lo hayas dicho a mí, pero te ruego que no se lo digas a ningún otro —respondió mi padre—. Pensarán que has perdido el juicio.

Lo primero que necesitaba era trasladarme a la ciudad de Kupang, ciudad capital de Timor. Kupang se encuentra a unos 115 kilómetros de mi pueblo de Soe. Si visita alguna vez la isla de Timor, comprenderá por qué me preocupaba tanto el viaje. El viajar en mi país es muy difícil. A veces, si uno tiene suerte, puede viajar en un camión del gobierno. Pero la mayoría de la gente tiene que caminar por los senderos de la jungla.

En aquel momento Dios le habló a dos hermanas en Yakarta y les dijo que yo necesitaba ayuda. Dios les dijo que volaran a Kupang, contrataran un jeep, fueran a Soe y trajeran de vuelta a Mel Tari a Yakarta.

"Dios, Mel acaba de regresar a Soe, ¿y ahora tú quieres que vayamos a buscarlo?", dijeron en tono de protesta. (Yo había sido el orador en una conferencia misionera en Bandung.) Dios les dijo que fueran de cualquier forma, de manera que volaron 2.400 kilómetros hasta Timor. Allí encontraron un jeep y vinieron a Soe. Llegaron a mi casa esa noche.

Y me dijeron: —Mel, ¿necesitas pasaje a Yakarta?

—Alabado sea Dios, sí, y estoy listo para partir —les contesté.

En aquel momento recibí un cablegrama de los Estados Unidos que decía: DINERO DEPOSITADO EN BANCO EN KUPANG PARA SU VIAJE A YAKARTA. PAN AMERICAN TIENE EL PASAJE DE IDA Y VUELTA A LOS ESTADOS UNIDOS.

Este cable lo recibía de una familia que no conocía. Dios les había hablado diciéndoles: "Envíen dinero a Indonesia para que venga Mel Tari." No me conocían, pero obedecieron a Dios y enviaron el dinero.

Llevé el cablegrama al banco y recibí el dinero para ir a Yakarta. Pero cuando llegué a dicha ciudad se me presentó un verdadero problema. ¿Cómo conseguiría una visa para los Estados Unidos? No tenía a nadie que me patrocinara.

Me presenté al vicecónsul norteamericano, quien no quiso extenderme la visa.

—¿Quién lo va a patrocinar? —me preguntó.

—El Señor Jesucristo —le repliqué.

—Es una buena persona, quizá —me dijo—. Pero no lo podemos aceptar como su patrocinador.

Salí de aquella oficina esa mañana sin la visa. Después de almorzar, y muchas oraciones, Dios me dijo que volviera al consulado y que por segunda vez pidiera la visa.

Cuando regresé, el vicecónsul se había ido y hablé con una mujer. Resultó ser la cónsul.

—¿Quién lo patrocina? —me preguntó.

—El Señor Jesucristo —le dije.

Sin vacilar, escribió la visa y me la entregó.

—¿De qué manera vivirá en los Estados Unidos? —me preguntó.

—El Señor suplirá todo lo que necesito. Me lo ha prometido —le respondí.

—Oh —me dijo—. Quizá se convierta en una carga para los Estados Unidos.

—No, jamás seré una carga para nadie en los Estados Unidos —le respondí—. Si el Señor Jesús puede soportar la carga de todo el mundo, indudablemente puede cuidarme a mí.

Después de salir, dije: —Ahora, Señor, has demostrado quién eres. Pero Señor, tú sabes que no puedo hablar inglés muy bien.

—Ve tú, y yo me encargaré del problema del idioma —me dijo Dios—. Si cuando estás listo para hablar no puedes hacerlo, dile a la gente: "Jesús me ha fracasado."


A mi llegada

De repente oí que los gigantescos motores del jet reducían la marcha y apareció la señal que decía "Abróchense los cinturones". Escuché a la camarera que decía: "Tengan la amabilidad de abrocharse los cinturones, puesto que nos preparamos para aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Los Angeles."

Un gozo profundo llenó mi alma. "Estados Unidos, Estados Unidos", pensé. "El país donde todos confían en Dios." "Señor Jesús, gracias te doy por dejarme venir a este cielo en la tierra", oré. "Y hazme saber lo que quieres que le diga a esta gente que ya sabe tanto de ti."

Ni soñaba siquiera cuántas veces el Señor tendría que demostrarme su fidelidad en los Estados Unidos, puesto que no solamente necesitaba hablar mejor el inglés y tener dinero para vivir, sino que necesitaba en realidad comprender el hecho que las palabras grabadas en las monedas "En Dios confiamos", no se ajustaban siempre a la verdad.

Apenas podía bajarme del avión, puesto que estaba tan entusiasmado. Los edificios eran tan grandes y nuevos. Todo era maravilloso. Caminé un largo trecho por un angosto corredor hasta llegar a una inmensa sala donde estaba la gente sentada y había cosas para la venta.

"¡Ah, no! ¡Esto no es los Estados Unidos!", exclamé. "El diablo ha hecho aterrizar el avión en un sitio equivocado." Por todas partes que miraba veía libros obscenos, bares donde se vendían bebidas embriagantes y parecía que todos fumaban. "¿Qué pasa?", pensé. "¡Ayúdame, Dios!"

CHAPTER 2

Un viento recio


Quiero compartir con ustedes lo que el Señor ha hecho. Quizá contribuya a que comprendan lo que Dios puede hacer en estos últimos días. Les demostrará también que toda la Biblia es verdadera, aún para aquellos de nosotros que vivimos en la actualidad.

Con frecuencia la gente habla de la Biblia diciendo que es "El viejo Libro negro". Creen que las cosas registradas allí ocurrieron hace varios siglos y que no son de actualidad para nosotros en esta generación. Pero puedo demostrarles que esta Biblia es más de actualidad que el diario de la mañana. El diario nos habla solamente de crímenes y de guerras, terremotos y rebeliones. Sin embargo la Biblia explica la voluntad de Dios. Nos habla del corazón del Padre, su amor y su poder.

Cuando creemos en la Biblia tal cual es, veremos que el poder de Dios se manifiesta en nuestra vida y en nuestra colectividad, como ocurrió hace siglos en épocas bíblicas.

Antes de contarles del avivamiento en Indonesia y cómo ocurrió, quisiera compartir con ustedes el versículo 16 del capítulo 15 de la epístola a los Romanos: "Para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles les sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo." En este versículo el apóstol Pablo no solamente habla del llamado definido que Dios le había hecho, sino también de su ministerio. Ejerció su ministerio en favor de los gentiles no solamente mediante las palabras, sino a través de poderosas señales y maravillas por el poder del Espíritu Santo. (Romanos 15: 18, 19.)

Creo que ésta es la manera en que el Espíritu Santo desea operar por intermedio de la vida del siervo de Dios en la actualidad.

En nuestra iglesia en Indonesia conocíamos a Dios el Espíritu, a Dios el Padre, y a Dios el Hijo Jesucristo. Sabíamos bien la Biblia. Aprendíamos de memoria versículos bíblicos. Pero nunca experimentamos la manifestación del Espíritu en la forma que Pablo la describe. Pablo explicó con claridad que por la virtud del Espíritu Santo ejerció su ministerio entre los gentiles en palabras y obras y grandes maravillas. El apóstol Pablo viajaba de pueblo en pueblo y de lugar en lugar predicando el evangelio de Jesucristo. No solamente compartía la Palabra viva de Dios con ellos mediante la vida que vivía según el evangelio, sino también por portentosas señales y maravillas.

El Espíritu Santo emplea la Santa Palabra para llegar en la actualidad al corazón de la gente. Pero también quiere emplearnos a nosotros. Quiere vivir en nosotros, y quiere manifestarse en nuestra vida mediante milagros y señales y maravillas. En 2 Timoteo 1:7 se nos dice que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. En 1 Corintios capítulo 12 se nos habla de la obra del Espíritu Santo en poder. En el capítulo 13 de 1 Corintios, el Espíritu Santo es el Espíritu de amor. Pero eso no es todo. El Espíritu de Dios es también el espíritu de dominio propio. Esto hallamos en 1 Corintios capítulo 14. En el idioma griego, dominio propio significa disciplina u orden. Creo que en las iglesias, según el apóstol Pablo lo dijo en Romanos 15, el Espíritu Santo siempre se manifestó de esta manera con poder.

Pero hay muchas iglesias y personas en el mundo en la actualidad que no creen que los dones espirituales pueden manifestarse ya en nuestro medio. ¡ Qué lamentable! Desde que comenzó el avivamiento indonesio en 1965, Dios ha restaurado los dones espirituales en las iglesias, y gracias a Dios por ello.

Muchos dicen que porque la iglesia fue establecida en Pentecostés, no necesitamos los dones espirituales. Pero yo no lo creo así. ¿Por qué? Porque Pablo y Pedro y Juan, hace 2.000 años, necesitaban la manifestación y operación del Espíritu Santo en sus ministerios. ¡Cuánto más lo necesita esta generación! El diablo sabe que no queda mucho tiempo y que Jesús retornará pronto. El diablo libra una lucha tremenda en este siglo, mucho más intensa que en el siglo primero. Estoy convencido de que la única forma en que los creyentes pueden combatir en la actualidad a estos poderes demoníacos es por medio del poder del Espíritu de Dios. La única esperanza de la iglesia consiste en que permitamos que los dones espirituales se manifiesten de nuevo.


El poder en un compartimiento

"Señor", decimos, "tú afirmas en la Biblia que puedes hacerlo, pero este versículo es para hace 2.000 años. Este versículo no es vigente en la actualidad, porque la iglesia no estaba aún establecida."

Tenemos demasiados compartimientos en nuestras iglesias en los cuales ponemos diversos versículos de las Sagradas Escrituras. Este compartimiento es para un versículo que nos habla de lo que aconteció hace varios siglos. Otro compartimiento es para versículos que nos dicen lo que ocurre hoy, pero solamente bajo ciertas circunstancias. Estos versículos son para los judíos solamente, de manera que los ponemos en otro compartimiento. Hemos puesto a la Biblia en tantos compartimientos que hemos perdido la mayor parte de su mensaje y significado.


(Continues...)

Excerpted from Como Un Viento Recio by Mel Tari, Cliff Dudley. Copyright © 1972 EDITORIAL CARIBE. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Meet the Author

Mel Tari era un nuevo creyente en Indonesia. Al ser visitado por el Espiritu Santo comenzó a ver que Dios tenía grandes planes para su vida. Ha viajado y predicado internacionalmente por unos 40 años. Escribió su autobiografía, Como un Viento Recio.

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