Comprende y sana el abuso en tu Vida: Understanding and Healing Abuse

Comprende y sana el abuso en tu Vida: Understanding and Healing Abuse

by Steven R. Tracy
     
 

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ESTE LIBRO BRINDA PUNTOS DE VISTA BÍBLICOS Y CIENTIFICOS BIEN DOCUMENTADOS SOBRE EL ABUSO

En el abuso, en sus diferentes formas (físico, sexual, verbal, espiritual, y por negligencia), reduce las emociones, asesina el valor propio, paraliza la mente e incluso destruye el cuerpo.  See more details below

Overview

ESTE LIBRO BRINDA PUNTOS DE VISTA BÍBLICOS Y CIENTIFICOS BIEN DOCUMENTADOS SOBRE EL ABUSO

En el abuso, en sus diferentes formas (físico, sexual, verbal, espiritual, y por negligencia), reduce las emociones, asesina el valor propio, paraliza la mente e incluso destruye el cuerpo.

Product Details

ISBN-13:
9780829758023
Publisher:
Vida
Publication date:
07/25/2011
Pages:
256
Sales rank:
1,346,468
Product dimensions:
5.50(w) x 8.40(h) x 0.70(d)
Age Range:
18 Years

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COMO COMPRENDER Y SANA EL ABUSO

Y MALTRATO EN TU VIDA Y EN LA DE LOS DEMAS
By STEVEN R. TRACY

ZONDERVAN

Copyright © 2011 Editorial Vida
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5802-3


Chapter One

Una llamada de atención al poder y alcance del abuso

Mary sollozaba de forma incontrolable en el piso del baño. Su madre le acariciaba el cabello y la apoyaba; hasta que por fin pudo hablar. El primer día en la escuela secundaria resultó la peor pesadilla para un padre. Mary se peleó con una compañera, amenazó al director y estuvo a punto de ser expulsada. Sus padres, misioneros de una organización cristiana en el centro de San Francisco, estaban muy molestos. Desde que entró a la adolescencia, Mary se volvió cada vez más rebelde y retraída. La pequeña niña precoz, que utilizaba vestidos de ensueño y dibujaba títeres, ahora vestía de negro y dibujaba cadáveres. Mary intentó suicidarse dos veces en noveno grado. Tuvo arranques de ira y maldijo a sus padres por no abortarla. Ellos buscaron el apoyo de consejeros, de su pastor de jóvenes y hasta del doctor de la familia, pero nada parecía ayudar. Era como si tuvieran la batalla perdida contra un demonio invisible que consumía el alma misma de su hija.

Al final, Mary comenzó a hablarle a su madre en susurros apenas audibles. Le contó sobre un chico que amenazó a una amiga en la escuela. A medida que su madre indagó sobre la profundidad de su enojo en contra del muchacho, el enorme dragón invisible comenzó a tomar forma. Su cruel compañero de clase activó memorias oscuras, de las cuales Mary había tratado de escapar durante años. Finalmente, no pudo contener más las imágenes terribles. Avergonzada, ella narró cómo su primo la había abusado sexualmente, cinco años atrás; esto había sucedido durante dos años, mientras él la cuidaba. El abuso se detuvo cuando su familia se mudó a San Francisco; pero siempre que ella llegaba de visita, su primo persistía en hacerle comentarios sexualmente sugestivos. Los padres de Mary se contactaron de inmediato con las autoridades y con el resto de la familia. Las autoridades decidieron no iniciar el procedimiento judicial, ya que no había evidencia física. Los otros miembros de la familia atacaron a Mary y a sus padres en un acto de venganza. Acusaron a Mary de intentar destruir a la familia con mentiras, acusaron a sus padres de utilizar al primo como chivo expiatorio para ocultar su incapacidad de criar a su hija y los amenazaron con pasar un reporte a la junta directiva de la organización cristiana, para que los quitara de su ministerio. A pesar de que otros tres niños aparecieron y reportaron que el primo los había acariciado, el resto de la familia se rehusó a creer en Mary y a apoyarla. Ellos argumentaron que si el primo le hubiera hecho algo inapropiado a Mary, eso ya sería parte del pasado, y ella estaba en la obligación de perdonar y olvidar. Para agregar una bofetada a este insulto, reprendieron a Mary por su enojo hacia su primo y dijeron que esto mostraba lo pecadora y poco cristiana que era en realidad. Dos años después de revelar el abuso, Mary todavía no estaba segura de poder creer en Dios, quien vio a su primo abusarla pero no hizo nada para detenerlo.

Desearía que la historia de Mary fuera meramente un ejemplo hipotético. No lo es. Mi ministerio con Mary y su familia ha transformado de forma permanente mi entendimiento sobre el abuso. El caso también pone de manifiesto preguntas preocupantes para todos los cristianos.

• ¿Qué tan generalizado está el abuso?

• ¿Por qué el abuso que ocurrió años atrás aún tiene impacto?

• ¿De qué manera los padres, ministros juveniles y adultos solteros, en busca de pareja para toda su vida, pueden identificar a los agresores en potencia?

• ¿Cómo pueden sanar las víctimas de abuso?

• ¿Cómo se identifica la sanidad genuina?

• ¿Dónde encaja el perdón?

Estas son algunas de las preguntas que este libro busca responder. Durante mucho tiempo, la iglesia ha ignorado y aun ha encubierto el abuso. Con la gracia de Dios, esto tiene que cambiar.

Cómo comprender y sanar el abuso está dividido en tres partes. La primera parte se concentra en la naturaleza del abuso. En ella buscaré dar una explicación bíblica de este, definir con exactitud en qué consiste y echar un vistazo a las características de los agresores y de las familias que sufren abuso. También, examinaré las cinco clases de abuso, las cuales son muy dañinas porque distorsionan la imagen de Dios.

La segunda parte explica los efectos del abuso. Las víctimas, así como las personas que buscan ministrarlas, deben entender la forma en que el abuso impacta el alma, antes de formular un plan para sanar. A menudo, cristianos bien intencionados lanzamos versículos bíblicos para curar problemas muy complejos como el abuso. Las Escrituras nos presentan un camino para sanar, pero no podemos utilizarlas de forma apropiada hasta que tengamos una comprensión aguda del abuso y del daño que se necesita sanar. De manera específica, echaré un vistazo a la vergüenza, la falta de vida, la impotencia y el aislamiento; cuatro de los efectos más persistentes y destructivos del abuso. Asimismo, estableceré la relación entre las consecuencias del abuso y nuestro ser, el cual está hecho a la imagen de Dios; pues solo cuando vemos el abuso con la perspectiva ventajosa de que somos creación única y portadores de la imagen de Dios, podemos entender el daño que este causa en el alma.

La tercera parte nos dará un camino a la sanidad. Específicamente, discutiré cómo enfrentar el daño que el abuso causa, cómo revivir de un estado moribundo y de la indiferencia emocional, cómo aprender a amar y confiar en Dios, así como el rol y la práctica del perdón. Esta sección concluye con un epílogo escrito por una sobreviviente del abuso sexual, quien expone cómo Dios la ayudó a sanar; también manifiesta sus pensamientos sobre cómo las iglesias y los líderes cristianos pueden ministrar a los que son abusados.

Adicionalmente, he incluido cinco apéndices que desarrollé en mi ministerio pastoral: un formato para la política de protección infantil, un formulario escrito para trabajar con menores, un formulario de verificación oral, un resumen de las señales de alerta para identificar agresores potenciales y una lista de los pasajes de la Biblia que tratan sobre el abuso. He escrito este libro de manera que sea un manual accesible para las personas heridas y para los pastores (tanto laicos como profesionales) que buscan ayudarles. Por lo tanto, he tratado de mantener la discusión técnica al mínimo. Para aquellos que desean una discusión con más matices, así como la documentación de las fuentes, he provisto abundantes notas ___________________________________________ ________________________________________________________________________ Antes de dar una mirada a la naturaleza del abuso, me gustaría que estuvieras consciente de tres de las premisas que forman mi esquema de abuso y sanidad.

EL ABUSO CORRE GALOPANTE

Yo, como muchos otros que han tenido la bendición de crecer en un hogar amoroso, he tenido dificultad para aceptar la realidad del abuso, en particular, en los hogares cristianos. Años atrás, cuando era un joven pastor en una iglesia activa, me sentí profundamente ofendido porque el ministerio de mujeres invitó a un conferencista especial para hablar de violencia intrafamiliar. No me daba cuenta (ni ninguna otra persona) de que uno de nuestros ancianos había golpeado a su esposa durante años, que la había enviado al hospital muchas veces y que, en ese tiempo, uno de nuestros ministros estaba a punto de ser arrestado por el delito de abuso infantil. Me he percatado de que el abuso no es una excepción extraña, sino que corre galopante en la iglesia, así como en la sociedad secular. La evidencia de esta aseveración trágica es abrumadora.

La violencia intrafamiliar contra una mujer adulta es una de las formas de abuso que más proliferan en la mayoría de culturas alrededor del mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara que en cada país donde se han llevado a cabo estudios confiables y a gran escala, la investigación ha revelado que del dieciséis al cincuenta y dos por ciento de las mujeres ha sido agredida por un compañero íntimo. Y la violencia, que a menudo sucede en el hogar, es causa significativa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva, en comparación con el cáncer. La violencia intrafamiliar es también un enorme problema en Estados Unidos. En 1992, la Comisión de Justicia del Senado preparó un reporte en el cual citaba a dos directores generales de salud pública y declaraba que la violencia intrafamiliar era el riesgo sanitario número uno para las mujeres adultas en Estados Unidos. Además, se ha declarado a la violencia doméstica como la causa principal de lesiones en las mujeres entre las edades de quince y cuarenta y cuatro años; esto es más común que los accidentes de tránsito, los atracos y las muertes por cáncer, combinados.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos reporta que aproximadamente un tercio de las mujeres asesinadas ha fallecido a manos de un compañero íntimo (un esposo, un ex esposo o un novio), y que la mayoría de las víctimas de estos homicidas íntimos fue asesinada por sus esposos. En 1998, las mujeres experimentaron alrededor de novecientas mil ofensas violentas a manos de sus compañeros íntimos; un dato cinco veces más alto que la violencia que los hombres sufrieron por parte de las mujeres. Se estima que en Estados Unidos, una de cada tres mujeres adultas experimentará maltrato físico por parte de un compañero íntimo a lo largo de su vida intrafamiliar.

Trágicamente, la violencia doméstica en los hogares cristianos parece ser un espejo de las altas estadísticas de la sociedad en general. Por ejemplo, un estudio de Lee Bowker, realizado entre mil mujeres maltratadas provenientes de todos los sectores sociales de Estados Unidos, reveló que la mayoría de las agredidas y sus esposos «eran parte de los principales grupos religiosos estadounidenses» y que la preferencia por una denominación no difería, de forma significativa, entre las familias violentas y las que no lo eran.

Las violaciones sexuales, en particular la violación por parte de un acompañante en una cita, también son horriblemente comunes, tanto en adolescentes como en mujeres adultas. En 1987, Mary Koss llevó a cabo una de las más extensas (más de 6,000 estudiantes) y más ampliamente citadas encuestas sobre la violación sexual entre las estudiantes universitarias. Ella y sus compañeros investigadores encontraron que más de un cuarto de las mujeres había experimentado una violación o un intento de violación desde la edad de catorce años; y otro catorce por ciento de las mujeres había experimentado algún contacto sexual indeseado. Otro investigador colocó esta tasa de violación sexual en perspectiva: «(Estos hallazgos) hacen que las violaciones cometidas por extraños y por acompañantes en citas sean más comunes que escribir con la mano izquierda, los infartos y el alcoholismo. Estas violaciones no son una moda reciente en las universidades o una fantasía de mujeres frustradas. Son reales. Todo sucede alrededor de nosotros».

Una investigación a gran escala sobre al maltrato infantil revela que el abuso sexual y físico de menores también ha proliferado. Es imposible saber a ciencia cierta con qué frecuencia sucede el abuso infantil, pues la vasta mayoría de los casos no se reporta a las autoridades. Los métodos de sondeo más confiables (estudios retrospectivos en la población adulta, sin historial clínico) muestran que en Norteamérica al menos del veinte al veinticinco por ciento de las chicas y del cinco al quince por ciento de los chicos experimenta contacto sexual abusivo. Cada año, en los cincuenta estados, el Departamento de Salud y Servicios Sociales recopila información proveniente del Servicio de Protección Infantil. Su más reciente estudio publicado indica que los reportes de presunto abuso sexual llegaron a más de 2.8 millones en 1998. Uno de los estudios más detallados y respetados con relación al maltrato infantil, el cual fue preparado para el Congreso, es National Incidence Study of Child Abuse and Neglect [El estudio nacional de incidencia en el maltrato y negligencia hacia los niños]. Su más reciente reporte, realizado con criterio estricto, reveló que en 1993 más de 1.5 millones de niños fueron abusados o sufrieron negligencia en Estados Unidos. Lo más alarmante es que en los siete años transcurridos entre el segundo y el tercer estudio hubo significativos incrementos en todas las categorías de abuso y negligencia, con excepción de la negligencia en la educación. En total, el número estimado de niños seriamente abusados y heridos se cuadruplicó entre 1986 y 1993.

Para colocar estas estadísticas en perspectiva, Charles Whitfield, doctor y experto en el tema del abuso, destaca que hay un aproximado de cincuenta mil nombres en el monumento memorial de la guerra de Vietnam en Washington, D.C. Si levantáramos un memorial a los niños que han sido sexualmente abusados en nuestra sociedad, se necesitaría tener un espacio con más de mil trescientas veces el tamaño del memorial de Vietnam. Si lo extendiéramos, para incluir otras formas de maltrato infantil (maltrato físico y negligencia), el monumento necesitaría tener más de siete mil veces el tamaño del memorial de la guerra de Vietnam.

En gran medida, para nosotros es difícil aceptar el hecho de que el abuso se ha proliferado. Tengo memorias vívidas de un pastor que se ofendió mucho cuando le di un libro cristiano sobre el abuso sexual. Él afirmó, de manera dogmática, que el autor del libro (una renombrada autoridad en el tema del abuso) no sabía de lo que estaba hablando, cuando escribió que el abuso era algo común en la iglesia. Su razonamiento era que él había sido pastor de una iglesia grande durante muchos años y de miles de personas en su congregación, y que él solo sabía de un par de individuos que habían sido abusados. Además, sostenía que la discusión sobre el abuso sexual, que se daba en el libro, ponía pensamientos impuros en la mente de las personas. Al parecer, no se le ocurría que, debido a su manera de pensar, era improbable que alguien le revelara algún problema con el abuso sexual. Era irónico, pero mi esposa y yo sabíamos de varias docenas de personas que pertenecían a la iglesia de este hombre y habían sufrido abuso.

EL ABUSO ES PREVISIBLE

Aunque el predominio del abuso nos impacta, no debería sorprendernos. El cristianismo ortodoxo siempre ha declarado que vivimos en un mundo caído. Los humanos no nacen moralmente neutros, sino en pecado y depravados. Mientras los teólogos evangélicos debaten los efectos de la depravación humana (en especial la naturaleza del libre albedrío), nadie pone en duda su presencia universal. El registro bíblico hace una acusación, la cual es difícil de eludir: Tan pronto como Adán y Eva comieron del fruto prohibido, un invasor destructivo entró y los comportamientos de abuso le siguieron. Tras los talones del primer pecado humano (Génesis 3:1-6) entraron el esconderse de Dios (Génesis 3:8-10), el culpar a los demás (Génesis 3:12-13), el asesinato (Génesis 4:8) y la maldad universal; de tal manera que Dios casi destruye a la totalidad de la raza humana (Génesis 6:5-8).

(Continues...)



Excerpted from COMO COMPRENDER Y SANA EL ABUSO by STEVEN R. TRACY Copyright © 2011 by Editorial Vida. Excerpted by permission of ZONDERVAN. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Steven R. Tracy es Profesor de teología y ética en el Seminario de Phoenix, Arizona. Es graduado del Seminario Bautista Conservativo Western con una maestría en divinidad y teología. Recibió un doctorado de Filosofía del Nuevo Testamento de la Universidad Sheffield de Inglaterra. Tracy ejerció como pastor durante quince años y posee una gran experiencia en consejería pastoral. Él y su esposa Celestia, quien es terapeuta familiar, son fundadores del ministerio Mending the Soul, una organización cristiana sin ánimo de lucro que ofrece educación, currículos, y entrenamiento para prevenir y sanar abuso. El Dr. Tracy sirve en la Comisión del Gobernador para la prevención de la violencia en contra de la mujer en Arizona y en el Equipo de inspección de víctimas mortales de la cuidad de Phoenix. Además de escribir un sinnúmero de artículos publicados acerca del abuso y la sexualidad, él es autor de varios libros, entre ellos Comprende y sana el abuso en tu vida. Para más información visite:?

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