Cuidando Su Hogar: La Guia Chapman Para Mejorar Las Relaciones Con SU Conyuge

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Los hábitos molestos pueden dañar una relación en el largo plazo. Hay esperanza para el cambio. El Dr. Chapman proporciona un sistema personal para ayudar a las parejas a aprender cómo superar los malos hábitos. Al aprender y usar el sencillo proceso de tres pasos del Dr. Chapman (admitir y pedir perdón por sus faltas pasadas; descubrir y hablar el lenguaje del amor de su pareja; y aprender la manera, el momento y el lugar adecuados para pedir el cambio de comportamiento), las parejas podrán negociar con éxito el...
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Los hábitos molestos pueden dañar una relación en el largo plazo. Hay esperanza para el cambio. El Dr. Chapman proporciona un sistema personal para ayudar a las parejas a aprender cómo superar los malos hábitos. Al aprender y usar el sencillo proceso de tres pasos del Dr. Chapman (admitir y pedir perdón por sus faltas pasadas; descubrir y hablar el lenguaje del amor de su pareja; y aprender la manera, el momento y el lugar adecuados para pedir el cambio de comportamiento), las parejas podrán negociar con éxito el cambio, sin recurrir a las discusiones o la manipulación.

Those annoying habits can be damaging to a relationship over time. There's hope for change. Dr. Chapman provides a do-it-yourself approach to helping couples learn to overcome bad habits. By learning and using Dr. Chapman's simple 3-step process (admitting and asking forgiveness for your own past failures, discovering and speaking your spouse's love language, and learning the proper time, place and way to request behavioral change), couples will be able to successfully negotiate change without resorting to arguing or manipulation.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781414315874
  • Publisher: Tyndale House Publishers
  • Publication date: 4/10/2007
  • Language: Spanish
  • Series: Chapman Guides Series
  • Edition description: Spanish Language Edition
  • Pages: 128
  • Sales rank: 525,342
  • Product dimensions: 5.16 (w) x 7.60 (h) x 0.60 (d)

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Cuidando Su Hogar

La Guía Chapman para Mejorar las Relaciones con su Cónyuge
By GARY D. CHAPMAN

TYNDALE HOUSE PUBLISHERS, INC.

Copyright © 2007 Gary D. Chapman
All right reserved.

ISBN: 978-1-4143-1587-4

Contents

Introducción.................................................................................vii Capítulo 1: Comenzando en el lugar correcto..................................................1 Capítulo 2: Aprendiendo el poder del amor....................................................29 Capítulo 3: Pidiendo cambios.................................................................57 Epílogo......................................................................................91 Algunas reflexiones que vale la pena recordar................................................93 Cómo lograr que tu cónyuge cambie sin manipularlo: Un plan de tres pasos.....................97 Cambios que deseo ver en mi esposa...........................................................99 Cambios que deseo ver en mi esposo...........................................................105 Notas........................................................................................113 Acerca del autor.............................................................................115

Chapter One

Comenzando en el lugar correcto

Sin excepción, las personas que quieren que su cónyuge cambie, comienzan por el lugar equivocado. Un hombre joven llamado Roberto era ese tipo de persona. Vino solo a mi oficina y me dijo que su esposa, Estela, no había querido acompañarlo.

-¿En qué consiste el problema? -le pregunté. -La verdad es que mi esposa es muy desorganizada. Se pasa la mitad de la vida buscando las llaves del auto. Nunca sabe dónde encontrar nada porque no recuerda dónde lo puso. No estoy hablando de Alzheimer, apenas tiene treinta y cinco años. Quiero decir, es completamente desordenada. He tratado de ayudarla. Le hice algunas sugerencias, pero ella no escucha nada de lo que yo digo. Dice que estoy controlándola. No quiero controlarla. Lo único que deseo es ayudarla para que su vida sea más fácil. Si fuera más organizada, también mi vida sería más fácil. Pierdo un montón de tiempo ayudándola a buscar las cosas que no encuentra.

Apunté algunas notas mientras Roberto hablaba y cuando terminó le pregunté: -¿Hay otras áreas conflictivas?

-El dinero. Tengo un buen trabajo. Gano suficiente dinero como para que vivamos holgadamente, pero no lo logramos por la manera en que ella lo gasta. Quiero decir: no hace el intento de economizar en nada; paga cualquier precio. Por ejemplo, con su ropa: si la comprara fuera de temporada, la pagaría a mitad de precio. Hemos pedido asesoría financiera, pero ella no hace caso de los consejos que nos dieron. En este momento debemos cinco mil pesos con la tarjeta de crédito y aun así, Estela no para de gastar.

Yo asentía con la cabeza mientras lo escuchaba. -¿Existen otras áreas conflictivas, Roberto?

-Bueno, sí. A Estela no le interesa el sexo. Creo que ella podría vivir sin él. Si yo no tomara la iniciativa, nunca tendríamos relaciones sexuales. Y aun cuando lo hago, a menudo me rechaza. Yo pensaba que el sexo era una parte importante del matrimonio, pero aparentemente ella no lo siente de esa manera.

Mientras la sesión continuaba, Roberto compartió un poco más de sus frustraciones por el comportamiento de su esposa. Dijo que había hecho todos los esfuerzos para que ella cambiara, pero que veía pocos, mínimos resultados. Estaba frustrado hasta el punto de la desesperanza. Acudió a mí porque había leído mis libros y pensaba que si yo llamaba a su esposa, ella podría hablar conmigo y quizás, yo podría lograr que ella cambiara. Sin embargo, yo sabía por mi experiencia que si Estela venía a mi consultorio, presentaría una historia diferente a la de Roberto. Me hablaría de sus problemas con él. Probablemente diría que en lugar de ser comprensivo, Roberto era exigente y severo con ella. Diría: "Si Roberto me tratara con algo de amabilidad y fuera un poco romántico, yo me interesaría por tener sexo." Diría: "Desearía escuchar un cumplido de su parte por alguna compra que hice, en lugar de condenarme siempre por gastar tanto dinero." En resumen, su punto de vista sería: "Si Roberto cambiara, yo cambiaría."

¿Hay esperanza para Roberto y Estela? ¿Pueden lograr los cambios que desean en el otro? Creo que la respuesta es afirmativa, pero primero deben cambiar radicalmente su enfoque. Están comenzando en el lugar equivocado.

ANTIGUA SABIDURÍA

En mi práctica como orientador matrimonial, he descubierto que la mayoría de los principios para las relaciones que realmente funcionan no son nuevos. Muchos se encuentran en la literatura antigua, aunque por lo general se los ha pasado por alto durante años. Por ejemplo, el principio de comenzar en el lugar correcto se encuentra en una lección que enseñó Jesús, comúnmente conocida como el Sermón del Monte. Haré una paráfrasis de la cita para aplicar el principio a la relación matrimonial: "Esposo, ¿por qué miras la paja en el ojo de tu mujer y no prestas atención a la viga en tu propio ojo? O, esposa, ¿cómo puedes decirle a tu esposo: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', cuando hay una viga en tu propio ojo? Hipócrita, primero sácate la viga de tu ojo y así verás claramente para quitar la paja del ojo de tu cónyuge."

El principio es claro: lo primero que tienes que hacer es quitar la viga de tu propio ojo. Observa cuidadosamente que Jesús no dijo: "No hay nada malo en tu compañero. Déjalo en paz." Él reconoció que hay algo malo en tu pareja, porque dijo: "Una vez que saques la viga de tu propio ojo, entonces podrás ver con más claridad la paja en el ojo de tu cónyuge."

Todos necesitamos cambiar. No hay cónyuges perfectos, aunque una vez oí acerca de un pastor que preguntó: "¿Alguien conoce a un marido perfecto?" Un hombre al fondo de la iglesia rápidamente levantó la mano y dijo: "El primer marido de mi esposa." Mi conclusión es que si hubo esposos perfectos, están todos muertos. Jamás conocí a un esposo vivo que no necesitara cambiar. Ni he conocido a una esposa perfecta.

La razón más común por la cual las personas no logran los cambios que desean en su pareja, es que comienzan por el lugar equivocado. Se concentran en las fallas de su cónyuge antes de prestarle atención a sus propios defectos. Ven esa pequeña paja en el ojo de su cónyuge y comienzan a perseguirlo arrojándole sugerencias. Cuando eso no funciona, directamente piden un cambio. Cuando el pedido encuentra resistencia, levantan la temperatura, exigiéndole al cónyuge que cambie, o "ya verá". A partir de ahí, avanzan hacia la intimidación o la manipulación. Aunque tengan éxito en lograr algún cambio, este se produce con un profundo resentimiento de parte del otro. No es la clase de cambio que la mayoría de las personas desean. Por lo tanto, si quieres que tu pareja cambie, tienes que comenzar por corregir tus propias fallas.

SACA LA VIGA DE TU OJO

No fuimos entrenados para corregir primero nuestras propias fallas. Somos más propensos a decir: "Si mi cónyuge no fuera así, yo no sería de esta manera." "Si mi cónyuge no hiciera aquello, yo no haría esto." "Si mi cónyuge cambiara, yo también cambiaría." Muchos matrimonios se han establecido con ese enfoque. Una esposa dijo: "Si mi esposo me tratara con respeto, yo podría ser cariñosa; pero cuando él actúa como si yo fuera su esclava, me dan ganas de huir, rogando que no me encuentre." Para ser honesto, entiendo cómo se siente esta mujer; sin embargo, "esperar que mi cónyuge cambie" ha llevado a miles de parejas a un estado emocional de desesperanza, que a menudo termina en el divorcio cuando uno o ambos cónyuges llegan a la conclusión: "Él (o ella) nunca cambiará; así que me voy."

Para ser sinceros con nosotros mismos, tenemos que admitir que el esperar y desear no ha funcionado. Hemos visto pocos cambios, a no ser como resultado de la manipulación: una presión externa (emocional o física) realizada con el propósito de incomodar de tal manera al cónyuge como para que se sienta obligado a cambiar. Desgraciadamente, la manipulación origina resentimiento y el matrimonio, después del cambio, termina peor de lo que era antes. Si esta ha sido tu experiencia, como lo fue en los primeros años de mi matrimonio, espero que estés abierto a una propuesta diferente: una que funciona sin provocar resentimientos.

Aprender a corregir primero tus propias fallas no será fácil. Si yo te diera una hoja de papel, como a menudo hago con quienes vienen a pedirme consejo y te pidiera que te tomaras quince minutos para hacer una lista de las cosas que te gustaría ver cambiadas en tu pareja, lo más probable es que harías una lista muy larga. Sin embargo, si te doy otra hoja y te pido que te tomes quince minutos para confeccionar una lista de tus propias fallas, cosas que sabes que necesitas cambiar en la manera de tratar a tu cónyuge, sospecho que tu inventario sería muy breve.

La lista del marido típico tendrá veintisiete cosas malas de su esposa y apenas cuatro de él. El inventario de las esposas no sería muy diferente. Una mujer regresó con un detalle de diecisiete cosas que quería que su esposo cambiara, pero la página de sus propios defectos estaba en blanco. Me dijo: -Sé que usted no lo va a creer, pero sinceramente no puedo pensar en una sola cosa que yo esté haciendo mal.

Tengo que confesar que me quedé mudo. Nunca antes había conocido a una mujer perfecta. Pensé en llamar a mi secretaria para que trajera la cámara: "Saquémosle una fotografía a esta señora."

Después de un silencio de casi treinta segundos, dijo: -Bueno, yo sé lo que él diría.

-¿Qué diría? -le pregunté.

-Diría que estoy fallando en el área sexual, pero es lo único que se me ocurre.

No lo dije, pero de inmediato pasó un pensamiento por mi mente: Eso es lo suficientemente grave, incluso si es lo único que se le ocurre a usted.

No es fácil sacarse la viga del propio ojo, pero permíteme que te dé tres pasos que te ayudarán a hacerlo:

PASO 1: PIDE AYUDA EXTERNA

La mayoría de las personas no serán capaces de identificar sus defectos sin cierta ayuda externa. Estamos tan acostumbrados a nuestra manera de pensar y de actuar, que no nos damos cuenta cuando lo hacemos en formas disfuncionales y negativas. Déjame sugerir algunas fuentes de ayuda para identificar la viga en tu propio ojo:

Habla con Dios

Para algunas personas esto puede ser incómodo, pero te sugiero que pidas el consejo de Dios si quieres desarrollar una percepción más acertada. Tu oración podría ser así: "Dios, ¿en qué me equivoco? ¿Dónde estoy fallándole a mi pareja? ¿Qué cosas no debería estar haciendo y diciendo? ¿Cuáles debería hacer o decir? Por favor, muéstrame mis fallas." Esta simple oración (o una similar), ha sido pronunciada y respondida durante miles de años. Analiza detenidamente esta oración del salmo hebreo, escrito unos mil años antes de Cristo por David, el segundo rey de Israel: "Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por el mal camino, y guíame por el camino eterno." Podemos tener la certeza de que cuando hagamos una oración como ésta, Dios contestará.

Si estás preparado, tómate quince minutos para pedirle a Dios que te muestre tus fallas en el matrimonio y luego anota todo lo que traiga a tu mente. Tal vez no sean faltas morales graves, sino que pueden ser palabras y hechos que no han sido afectuosos y amables. Escribe todas aquellas cosas que consideres han sido nocivas para tu matrimonio.

Las siguientes son las listas que compiló una pareja luego de hacer esta oración (sugiero que completes tu lista antes de leerlas).

Esposo

Miro demasiada televisión.

Tengo que ayudar más con las cosas de la casa.

No uso mi tiempo con sensatez.

No la escucho como debería hacerlo.

A veces no actúo amablemente con ella.

No converso las cosas con ella.

No presto atención a sus ideas.

Pasamos poco tiempo juntos.

Hice que tuviera miedo de expresar sus opiniones.

No oramos juntos como deberíamos.

Esposa

No le doy ánimo.

Le doy más importancia a mi persona y a mis necesidades que a las de él.

A veces lo menosprecio.

No soy lo suficientemente cariñosa.

Pretendo que él haga las cosas de la manera en que yo las haría.

A veces soy grosera y dura en mi forma de hablar.

Paso demasiado tiempo en la computadora.

No soy sensible al lenguaje amoroso de mi marido.

No me gusta admitir cuando me equivoco.

No paso suficiente tiempo con Dios.

Dedico más tiempo y energía a nuestro hijo que a nuestro matrimonio.

No olvido los errores del pasado y los utilizo en las discusiones. Debería dejar de mirar sus errores y mirar más los míos.

Habla con tus amigos

Además de hablar con Dios, te sugiero que converses con una pareja de amigos que te conozca bien y que haya observado tu matrimonio. Diles que estás tratando de mejorar tu relación y que quieres que sean completamente sinceros contigo. Cuéntales que estás concentrándote en las áreas que necesitas mejorar en tu propia vida. Pídeles que te den información sincera sobre lo que hayan observado en ti, particularmente la forma en que le respondes a tu cónyuge. Diles que seguirán siendo amigos aun después de que te hayan dicho la verdad; de hecho, es porque son amigos que sabes que puedes confiar en que ellos serán sinceros contigo. No discutas con tus amigos; solamente escribe lo que te digan.

Una mujer le dijo a su amiga que había pedido su consejo: "¿Realmente quieres que sea sincera contigo?" Al responder que sí, la amiga le dijo: "Criticas a tu marido delante de otras personas. A veces me siento apenada por él. Sé qué es vergonzoso para él." Puede ser difícil escuchar la verdad (en algunos casos, será muy difícil), pero si no lo haces nunca darás los pasos necesarios para cambiar ni lograrás tu objetivo de un matrimonio mejor.

Un amigo le dijo al marido que había solicitado sus comentarios: "Lo que observo es que con frecuencia tratas de controlar a tu esposa. Recuerdo que la semana pasada ella estaba en la entrada de la iglesia hablando con otra mujer y tú te acercaste y le dijiste: 'Tenemos que irnos'. Actúas como si fueras el padre, diciéndole lo que ella tiene que hacer." Los amigos a menudo te harán observaciones que nunca hubieras imaginado.

Habla con tus padres y tus suegros

Si de verdad eres valiente y si tus padres y tus suegros han tenido la oportunidad de observarte a ti y a tu matrimonio, quizás puedas hacerles las mismas preguntas que a tus amigos. Comienza la charla diciéndoles que estás tratando de mejorar tu matrimonio y que quieres concentrarte en las cosas que necesitas cambiar. Nuevamente, por favor no discutas sus comentarios. Limítate a escribirlos y a expresar agradecimiento por su sinceridad.

Habla con tu cónyuge

Ahora, si quieres avanzar en serio, pídele a tu pareja la misma información. Puedes decir: "Cariño, de verdad quiero que nuestro matrimonio sea mejor. Sé que no soy un esposo perfecto, pero quiero mejorar en las áreas que sean más importantes para ti. Por eso quiero que hagas una lista de las cosas que hice o dejé de hacer y que te hayan herido. O tal vez sean cosas que dije o callé. Quiero ocuparme de mis errores y tratar de hacer mejor las cosas en el futuro." No discutas la lista de tu cónyuge ni rechaces los comentarios que te haga. Simplemente recíbelos como información y agradece a tu cónyuge por ayudarte a que te conviertas en una persona mejor.

PASO 2: REFLEXIONA SOBRE LA INFORMACIÓN QUE TE HAN DADO

Cuando hayas reunido todas las listas, lo que tendrás en tus manos será información valiosa sobre ti mismo y la forma en que te relacionas con tu cónyuge, desde la perspectiva de Dios y de las personas más cercanas a ti. Ahora es el momento en el que deberás procesar esta información. No trates de defenderte de los comentarios racionalizando. Es el momento de aceptar que hay algo de verdad en todos estos comentarios. A partir de las listas que has recibido, haz tu inventario de las cosas que reconoces que están mal en la forma que tratas a tu cónyuge.

Te sugiero que cada frase la transformes en algo personal, comenzando con la palabra Yo, de manera que estés presentando con franqueza la consciencia que tienes sobre los defectos de tu conducta. Por ejemplo: "Yo reconozco que con frecuencia pierdo los estribos y le digo cosas hirientes a mi cónyuge." Iniciar tus frases con Yo te ayudará a hacerlas más personales. Incluye frases con las cosas que deberías estar haciendo y también con las que no deberías hacer. Por ejemplo, además de la oración anterior acerca de perder los estribos y decir cosas hirientes a tu pareja, también podrías decir: "Yo no le digo a mi cónyuge palabras lo sufi cientemente positivas y alentadoras."

En este tiempo de refl exión, sé tan sincero contigo mismo como te sea posible. Quizás hasta puedas pedirle a Dios que te ayude a evaluar con franqueza tus errores. El intento de justifi carte a ti mismo o de justificar tu conducta, basado en la conducta de tu cónyuge, es un intento en vano de racionalizar las cosas. No lo hagas. Jamás sacarás la viga de tu propio ojo mientras justifiques tus errores.

(Continues...)



Excerpted from Cuidando Su Hogar by GARY D. CHAPMAN Copyright © 2007 by Gary D. Chapman. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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