Desafio (Night Star: Immortals Series #5)

Desafio (Night Star: Immortals Series #5)

4.7 11
by Alyson Noël
     
 

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Su mejor amiga se ha convertido en su peor enemigo, pero ¿a qué extremos está dispuesta a ir para salvarse?
 
Haven sigue culpando a Ever por la muerte de su novio Roman, y no hay manera de convencerla de que fue un accidente. Está completamente decidida a destruir a Ever, y de paso a Damen y Jude —y sabeSee more details below

Overview

Su mejor amiga se ha convertido en su peor enemigo, pero ¿a qué extremos está dispuesta a ir para salvarse?
 
Haven sigue culpando a Ever por la muerte de su novio Roman, y no hay manera de convencerla de que fue un accidente. Está completamente decidida a destruir a Ever, y de paso a Damen y Jude —y sabe perfectamente cómo hacerlo. Un secreto escondido en una de las vidas pasadas de Ever revela nueva información acerca de su relación con Jude. Un secreto tan terrible y brutal que podría separarla de Damen para siempre. Llena de dudas y preguntas sobre la persona a la que ama, Ever tendrá que usar poderes que nunca supo que tenía para ganar una batalla con su más aterrador enemigo. Pero antes tendrá que decidir si condenar a Haven a la oscuridad de Shadowland merecerá realmente la pena y si afectará a su futuro con Damen.

Product Details

ISBN-13:
9780307951472
Publisher:
Knopf Doubleday Publishing Group
Publication date:
08/07/2012
Series:
Immortals Series, #5
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
336
Sales rank:
1,390,618
Product dimensions:
5.10(w) x 7.90(h) x 0.90(d)
Age Range:
12 - 17 Years

Meet the Author

Alyson Noël es la autora de varios bestsellers número uno de The New York Times y USA Today. Sus libros han ganado el National Reader’s Choice Award, entre otros premios y honores. Ha escrito varias novelas juveniles, entre las cuales se encuentran Eternidad, Luna Azul, Tinieblas y Llama oscura, también parte de la exitosa serie Los inmortales. Actualmente vive in California.

Read an Excerpt

Desafio

Eternidad 5
By Alyson Noel

Vintage

Copyright © 2012 Alyson Noel
All right reserved.

ISBN: 9780307951472

Capítulo uno
 
—Jamás me vencerás. Nunca ganarás esta pelea, Ever. Es imposible. No puedes hacerlo, así que ¿para qué desperdiciar el tiempo?
 
Entorno los ojos y observo su rostro: me fijo en sus facciones menudas y pálidas, en la nube oscura de su cabello, en la ausencia de luz de su mirada llena de odio.
 
Aprieto las mandíbulas con fuerza.
 
—No estés tan segura —le digo en voz baja y comedida—. Corres el grave peligro de sobrestimarte. De hecho, es lo que estás haciendo. Estoy completamente segura.
 
Suelta un bufido. Alto y desdeñoso, el sonido resuena por la enorme habitación vacía, reverbera en las láminas de madera del suelo y en las paredes blancas. Es un ruido que tiene como objetivo asustar, o al menos intimidarme y distraerme.
 
Pero no funcionará.
 
No puede funcionar.
 
Estoy demasiado concentrada.
 
He focalizado mi energía en un solo punto y todo lo demás ha desaparecido. Solo quedamos yo, mi puño preparado y el tercer chakra de Haven, también conocido como el chakra del plexo solar: el núcleo de la furia, el miedo, el odio y la tendencia a darle demasiada importancia al poder, al reconocimiento y a la venganza.
 
Como si se tratara del centro de una diana, clavo la vista en esa localización, que se encuentra en la parte media de su torso enfundado en cuero.
 
Soy consciente de que un golpe rápido y preciso es lo único que necesito para dejarla reducida a un simple y triste pedazo de historia.
 
Para convertirla en una moraleja que advierte sobre los peligros del poder.
 
Para hacerla desaparecer.
 
En un instante.
 
Los únicos recuerdos de su presencia en el mundo serían un par de botas de tacón de aguja y un pequeño montón de polvo.
 
Nunca quise llegar a este punto. Intenté evitarlo y razonar con ella a fin de convencerla de que debíamos llegar a algún tipo de acuerdo, hacer una especie de trato, pero Haven se negó a ceder.
 
Se negó a rendirse.
 
Se negó a abandonar su equivocada búsqueda de venganza.
 
Y eso no me deja otra opción que matar o morir.
 
Sé, sin el menor género de duda, cómo acabará esto.
 
—Eres demasiado débil. —Se mueve en círculos muy despacio, con cautela, sin apartar los ojos de mí ni un momento. Los tacones de aguja de sus botas repiquetean en el suelo mientras habla—. No eres rival para mí. Nunca lo has sido y nunca lo serás.
 
Se detiene, pone los brazos en jarras y ladea la cabeza, con lo que una cascada de ondas oscuras y brillantes cae sobre sus hombros hasta más abajo de la cintura.
 
—Podrías haberme dejado morir hace meses. Tuviste tu oportunidad. Y, sin embargo, decidiste darme el elixir. ¿Y ahora te arrepientes? ¿Porque no te gusta en qué me he convertido? —Hace una pausa para poner los ojos en blanco—. Pues es una lástima, pero solo puedes culparte a ti misma. Fuiste tú quien me hizo así. ¿Qué clase de creador mata a su propia creación?
 
—Puede que yo te haya convertido en inmortal, pero lo que has hecho después es cosa tuya —le aseguro con los dientes apretados.
 
Mis palabras son firmes, deliberadas, aunque Damen me aconsejó que permaneciera callada, que me mantuviera concentrada y acabara con todo de una manera limpia y rápida, sin enredarme con ella en ningún sentido.
 
«Guárdate los remordimientos para después», me dijo.
 
No obstante, el hecho de que estemos aquí significa que para Haven no habrá un después. Y a pesar de lo que va a ocurrir, estoy decidida a intentar llegar hasta ella antes de que sea demasiado tarde.
 
—No tenemos por qué hacer esto. —La miro a los ojos con la esperanza de poder disuadirla—. Podemos parar ahora mismo. La cosa no tiene por qué llegar más lejos.
 
—¡Ja, ya te gustaría! —canturrea con tono burlón—. No puedes hacerlo, lo veo en tus ojos. Da igual que creas que lo merezco; da igual cuánto te esfuerces por convencerte de eso. Eres demasiado blanda. ¿Qué te hace pensar que esta vez será diferente?
 
«El hecho de que ahora eres peligrosa… y no solo para ti misma, sino también para todos los demás. Esta vez es diferente. Completamente diferente. Y estás a punto de comprobarlo», pienso.
 
Aprieto los puños con tanta fuerza que se me ponen los nudillos blancos al instante. Me tomo un momento para centrarme, para buscar el equilibrio y recargar mi luz, tal como Ava me enseñó a hacer. Mantengo la mano baja y firme, la mirada fija en ella, mi mente libre de pensamientos irrelevantes y mi rostro vacío de emociones, como Damen me recomendó hace poco.
 
«La clave es no revelar nada, moverse con rapidez y con un objetivo claro —me aseguró—. Tienes que encajar el golpe antes de que ella tenga oportunidad de verlo venir; debes conseguir que no se dé cuenta de que la has golpeado hasta que ya sea demasiado tarde, cuando su cuerpo se haya desintegrado y su alma se encuentre en ese lugar desierto y tenebroso.»
 
«No le des ni la más mínima oportunidad de moverse o luchar.»
 
Una lección que él aprendió en un antiguo campo de batalla. Una lección que jamás imaginé que yo tendría que poner en práctica en mi vida.
 
De cualquier forma, aunque Damen me advirtió que no lo hiciera, no puedo evitar disculparme. No puedo impedir que la palabra «perdóname» flote desde mi mente hasta la suya.
 
Su reacción es un destello de compasión que suaviza su mirada un instante y que desaparece de inmediato bajo la mezcla habitual de odio y desdén.
 
Levanta el puño hacia mí, pero es demasiado tarde. El mío ya está en movimiento, avanzando. La golpeo justo en el plexo solar y la envío en un vuelo picado vertiginoso y destructivo hacia el abismo infinito.
 
Shadowland.
 
El hogar eterno de las almas perdidas.
 
Soy consciente de que he tomado una brusca bocanada de aire mientras observo su rápida desintegración. Al contemplar la facilidad con la que se fragmenta, resulta difícil imaginar que alguna vez tuviera una forma sólida.
 
Siento un nudo en el estómago, una opresión en el pecho, y tengo la boca tan seca que no puedo ni hablar. Mi cuerpo reacciona como si lo que acaba de ocurrir ante mis ojos, el acto que he llevado a cabo, no fuera un juego imaginario, sino la horrible realidad.
 
—Lo has hecho bien. Te concentraste en el objetivo y acertaste en el blanco —dice Damen, que atraviesa la estancia en un segundo y me rodea con sus brazos cálidos para estrecharme contra su pecho. Su voz ronronea suavemente en mi oído cuando añade—: Aunque tienes que dejar la parte del «Perdóname» para cuando ella haya desaparecido. Créeme, Ever, sé que te sientes mal y no puedo culparte, pero ya lo hemos hablado: en un caso como este, se trata de ella o de ti. Solo una puede sobrevivir. Y, si no te importa, preferiría que fueras tú. —Desliza la yema del dedo por mi mejilla y luego me coloca un largo mechón rubio por detrás de la oreja—. No debes darle ningún indicio de lo que le espera. De modo que, por favor, guárdate las disculpas para después, ¿de acuerdo?
 
Asiento y me alejo de él, todavía con la respiración acelerada. Echo un vistazo por encima del hombro para contemplar el montón de cuero y encaje negro que hay en el suelo. Con un parpadeo, borro todo rastro de lo único que queda de la Haven que he manifestado.
 
Estiro el cuello hacia los lados y sacudo los brazos y las piernas en un movimiento que serviría tanto para aflojar tensiones como para prepararse para un nuevo asalto. Damen decide tomárselo como lo último.
 
—¿Otra ronda, entonces? —pregunta con una sonrisa.
 
Lo miro y niego con la cabeza. Hoy ya no puedo más. No puedo seguir matando al fantasma sin alma de mi antigua mejor amiga.
 
Estamos en el último día de verano, nuestro último día de libertad, y hay formas mucho mejores de pasar el tiempo.
 
Me fijo en su oscuro cabello ondulado, que se le derrama sobre la frente y cae sobre sus extraordinarios ojos castaños. Luego bajo la vista hasta el puente de su nariz, hasta los marcados pómulos y los labios carnosos, ahí mis ojos se demoran lo suficiente para recordar lo maravilloso que era sentirlos sobre los míos.
 
—Vamos al pabellón —le digo, mientras mi mirada ansiosa busca la suya antes de continuar hacia su sencilla camiseta negra y el cordón de seda que sujeta el grupo de cristales que lleva por debajo, y sigue hasta los vaqueros desgastados y las chancletas marrones de goma—. Vamos a divertirnos —repito al tiempo que cierro los ojos para crear nueva ropa para mí.
 
Hago desaparecer la camiseta, los pantalones cortos y las zapatillas deportivas que utilizo para entrenar y los sustituyo por la réplica de uno de los más hermosos vestidos encorsetados de gran escote que solía llevar en mi vida parisina.
 
No tengo más que echar un vistazo a sus ojos obnubilados para saber que es cosa hecha. El encanto del pabellón es casi imposible de resistir.
 
Es el único lugar donde de verdad podemos tocarnos sin las interferencias del escudo de energía, donde nuestra piel puede encontrarse, nuestro ADN fundirse, sin ningún peligro inminente para el alma de Damen.
 
Es el único lugar en el que podemos perdernos en un mundo en el que no existen los peligros de este.
 
Ya no albergo resentimientos por las limitaciones de nuestra vida aquí, porque ahora sé que son el resultado de tomar la decisión correcta, la única decisión posible. Tengo la certeza de que darle a Damen el elixir de Roman fue lo que hizo que hoy en día siga a mi lado, lo único que lo salvó de pasar la eternidad en Shadowland, así que me conformo con disfrutar de su contacto, venga en la forma que venga.
 
Con todo, ahora que sé que existe un lugar donde las cosas son mucho más fáciles que aquí, estoy decidida a pasar allí el mayor tiempo posible. Y este es un buen momento.
 
—Pero ¿qué pasa con las prácticas? Las clases empiezan mañana y no quiero que te pille desprevenida —dice. Es obvio que se esfuerza por hacer lo más noble y correcto, aun cuando está claro que el viajecito al pabellón es cosa hecha—. No tenemos ni la menor idea de lo que ella ha programado, así que deberíamos prepararnos para lo peor. Además, todavía no hemos comenzado con el tai chi, y creo que es necesario. Te sorprendería saber lo mucho que eso ayuda a equilibrar tu energía; te recarga de una manera que…
 
—¿Sabes qué otra cosa sirve para recargar mi energía? —Sonrío y, antes de que tenga tiempo para responder, aprieto mis labios contra los suyos, impaciente por oírle decir la palabra que nos llevará a ese lugar donde podré besarlo de verdad.
 
La ternura de su mirada me provoca una oleada de hormigueo y calidez, una sensación que solo él puede provocarme.
 
—Está bien, tú ganas —me dice al tiempo que se aparta un poco—. Pero siempre ganas, ¿no es así? —Sonríe y me mira a los ojos, feliz.
 
Toma mi mano y cierra los ojos mientras atravesamos el trémulo velo de suave luz dorada.

Continues...

Excerpted from Desafio by Alyson Noel Copyright © 2012 by Alyson Noel. Excerpted by permission of Vintage, a division of Random House, Inc.
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