Desde El Corazon Madre Teresa: Pensamientos, Anecdotas y Oraciones by Madre Teresa, Teresa |, Paperback | Barnes & Noble
Desde El Corazon Madre Teresa: Pensamientos, Anecdotas y Oraciones

Desde El Corazon Madre Teresa: Pensamientos, Anecdotas y Oraciones

by Madre Teresa, Teresa
     
 

Editorial Reviews

Publishers Weekly
Pearls of wisdom about selflessness, forgiveness, love and spirituality.

Product Details

ISBN-13:
9781577310839
Publisher:
New World Library
Publication date:
08/28/1998
Pages:
112
Sales rank:
1,115,141
Product dimensions:
4.96(w) x 7.10(h) x 0.34(d)

Related Subjects

Read an Excerpt

Desde El Corazón Del Mundo

Pensamientos, Anécdotas, Y Oraciones


By Madre Teresa, Becky Benenate, Magdalena Holguín

New World Library

Copyright © 1998 New World Library
All rights reserved.
ISBN: 978-1-57731-083-9



CHAPTER 1

Pensamientos

Sobre la compasión

* * *

"Nunca sabremos cuánto puede hacer una simple sonrisa".

* * *

No usemos bombas y armas para dominar el mundo; usemos el amor y la compasión. La paz comienza con una sonrisa. Sonriamos cinco veces al día a una persona a quien en realidad no queremos sonreír. Hagámoslo por la paz. Irradiemos la paz de Dios y Su luz, extingamos el odio y el amor al poder en el mundo y en los corazones de todos los hombres. Sonriamos los unos a los otros. No siempre es fácil. En ocasiones, me es difícil sonreír a mi Hermana, pero entonces rezo.

Dios ama al mundo a través de ti y de mí. ¿Somos este amor y esa compasión? Cristo vino para ser la compasión de su Padre. Dios ama al mundo a través de ti y de mí, y a través de todos aquéllos que son Su amor y compasión en el mundo.

* * *

Hay mucho sufrimiento en el mundo — demasiado. El sufrimiento material es sufrir de hambre, de falta de hogar, de toda clase de enfermedades. Creo, sin embargo, que el mayor sufrimiento es estar solo, sentir que nadie nos ama, no tener a nadie. Soy cada vez más consciente de que no ser deseado es la peor enfermedad que cualquier ser humano puede experimentar.

En esta época de desarrollo, el mundo entero corre y se apresura. Pero hay algunos que caen en el camino y no tienen fuerzas para continuar. Son ellos por quienes debemos preocuparnos.

Seamos muy sinceros en nuestro trato con los demás, y tengamos el valor de aceptarnos unos a otros como somos. No nos sorprendamos ante el fracaso de los demás, ni nos preocupemos por él; veamos y encontremos más bien lo bueno de cada uno, pues cada uno de nosotros ha sido creado a imagen de Dios. Jesús lo dijo bellamente. "Yo soy la vid, ustedes las ramas". La savia dadora de vida que fluye de la vid a través de cada una de las ramas es la misma.

* * *

Seamos bondadosos en nuestras acciones. No pensemos que somos los únicos que podemos trabajar con eficiencia, realizar trabajos dignos de mostrar. Esto nos hace severos en nuestros juicios sobre quienes no tienen quizás los mismos talentos. Hagamos lo mejor posible y confiemos en que los demás lo harán también. Y seamos leales en las cosas insignificantes, pues es en ellas donde reside nuestra fortaleza.

El Evangelio nos recuerda que Jesús, antes de enseñar a la gente, sintió compasión por las multitudes que lo seguían. A veces, sentía compasión al punto de que olvidaba comer. ¿Cómo puso en práctica su compasión? Multiplicó los panes y los peces para satisfacer el hambre de sus seguidores. Les dio alimento hasta cuando ya no pudieron comer más, y aún quedaron doce canastas llenas. Sólo entonces comenzó a enseñarles.

* * *

Al amarnos los unos a los otros a través de nuestras obras aumentamos la gracia y hacemos crecer el amor divino.


Sobre el silencio

* * *

"El ayer se fue. El mañana no ha llegado aún. Sólo nos queda hoy, Comencemos".

* * *

En el silencio del corazón, Dios nos habla. Si buscas a Dios en la oración y en el silencio, Dios te hablará. Entonces sabrás que eres nada. Sólo cuando eres consciente de tu nada, de tu vacuidad, puede Dios llenarte de Sí mismo. Las almas de oración son almas de gran silencio.

Existe un sacerdote muy santo, uno de los mejores teólogos de la India en la actualidad. Lo conozco muy bien, y le dije, "Padre, usted habla todo el tiempo acerca de Dios. ¡Qué cerca de Dios debe de estar!" Y ¿saben qué me respondió? "Es posible que hable mucho acerca de Dios, pero tal vez le hablo muy poco a Dios". Y luego explicó: "Puedo hablar mucho y quizás diga cosas buenas, pero en el fondo no tengo tiempo para escuchar. Porque Dios habla en el silencio del corazón".


No podemos colocarnos directamente en la presencia de Dios si no practicamos el silencio exterior e interior.

En el silencio hallamos nueva energía y verdadera unidad. El silencio nos da una nueva perspectiva sobre todas las cosas.

Lo esencial no es lo que decimos sino lo que Dios nos dice y lo que dice a través de nosotros. En aquel silencio, Él nos escuchará; allí le hablará a nuestra alma y allí escucharemos Su voz.

Escucha en silencio, porque si tu corazón está lleno con otras cosas no podrás escuchar la voz de Dios. Cuando hayas escuchado la voz de Dios en la quietud de tu corazón, tu corazón se llenará de Dios.

Los místicos y ascetas de todas las épocas y religiones han buscado a Dios en el silencio y la soledad de los desiertos, los bosques, las montañas. El mismo Jesús pasó cuarenta días en el desierto y en las montañas, comulgando largas horas con el Padre en el silencio de la noche.

Nosotras también somos llamadas, cada cierto tiempo, a retirarnos a un silencio más profundo y a estar a solas con Dios, reunidas como comunidad y personalmente. Estar a solas con Él — no con nuestros libros, pensamientos y recuerdos, sino despojadas por completo de todo — permanecer amorosamente en su presencia, silenciosas, vacías, ansiosas e inmóviles. No podemos encontrar a Dios en medio del ruido o de la agitación.

En la naturaleza hallamos el silencio — los árboles, las flores y el prado crecen en silencio. Las estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio.

El silencio del corazón es necesario para que puedas escuchar a Dios en todas partes — en una puerta que se cierra, en la persona que te necesita, en el canto de los pájaros que cantan, en las flores, en los animales.

Lo esencial no es lo que decimos, sino lo que Dios nos dice y lo que les dice a otros a través de nosotros. En el silencio nos escucha; en el silencio le habla a nuestra alma. En el silencio se nos concede el privilegio de escuchar Su voz.

* * *

Para hacer posible el verdadero silencio interior, practica lo siguiente: El silencio de los ojos, buscando siempre la belleza y bondad de Dios en todas partes, cerrándolos a las faltas de los demás y a todo lo que es pecaminoso y perturbador para el alma.

El silencio de los oídos, escuchando siempre la voz de Dios y el llanto de los pobres y de los necesitados, cerrándolos a todas las otras voces que provienen de la naturaleza humana decadente, tales como las habladurías, los chismes y las palabras poco caritativas.

El silencio de la lengua, alabando a Dios y diciendo la Palabra de Dios, dadora de vida, que es la Verdad, que ilumina e inspira, trae paz, esperanza y alegría, y absteniéndonos de la propia defensa y de toda palabra que cause oscuridad, agitación, dolor y muerte.

El silencio de la mente, abriéndola a la verdad y al conocimiento de Dios en la oración y en la contemplación, como María, que meditaba sobre las maravillas del Señor en su corazón, y cerrándola a toda falsedad, distracciones, pensamientos destructivos, juicios apresurados, falsas sospechas, pensamientos vengativos y deseos.

El silencio del corazón, amando a Dios con nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y amándonos unos a otros como Dios ama, evitando todo egoísmo, odio, envidia, celos y avaricia.

* * *

Preservaré el silencio de mi corazón con el mayor cuidado, para que en el silencio de mi corazón escuche Sus palabras de consuelo, y desde la plenitud de mi corazón consuele al Jesús que se esconde tras la angustiosa apariencia de los pobres. Dios habla en el silencio y la pureza del corazón.


Sobre la alegría

* * *

"Como Jesús, pertenecemos al mundo entero, no vivimos para nosotros sino para los demás. La alegría del Señor es nuestra fortaleza".

* * *

Un corazón alegre es el resultado de un corazón ardiente de amor. La alegría no es sólo una cuestión de temperamento; siempre es difícil permanecer alegre — razón de más para tratar de adquirirla y hacer que germine en nuestro corazón.

La alegría es oración; la alegría es fuerza; la alegría es amor. Da más quien da con alegría.

A los niños y a los pobres, a todos los que sufren y están solos, dales siempre una sonrisa feliz; no les des sólo tus cuidados sino también tu corazón. Es posible que no podamos dar mucho, pero siempre podemos dar la alegría que brota de un corazón pleno de amor.

Si tienes dificultades en tu trabajo y las aceptas con alegría, con una gran sonrisa, en esto, como en muchas otras cosas, verás tus buenas obras. Y la mejor manera de mostrar tu gratitud es aceptar todo con alegría.

* * *

Si estás alegre, la felicidad brillará en tus ojos y en tu mirada, en tu conversación y en tu contento. No podrás ocultarla, porque la alegría se desborda.

La alegría es muy contagiosa. Trata, entonces, de rebosar siempre de alegría a donde quiera que vayas.

La alegría, según San Buenaventura, ha sido dada al hombre para que pueda regocijarse en Dios por la esperanza del bien eterno y de todos los beneficios que recibe de Dios. Sabrá entonces cómo regocijarse por la prosperidad de su vecino, sentir descontento por las cosas vacías.

La alegría debe ser uno de los ejes de nuestra vida. Es la señal de una personalidad generosa. En ocasiones, es también el manto que cubre una vida de sacrificio y de ofrenda de sí. La persona que posee este don a menudo alcanza altas cimas; es como un sol en la comunidad.

Debiéramos preguntarnos a nosotros mismos: "¿He experimentado realmente la alegría de amar?" El verdadero amor es amor que nos causa dolor, que hiere y, no obstante, nos trae alegría. Por esta razón debemos orar y pedir el valor de amar.

* * *

Que Dios te recompense en amor todo el amor que hayas dado y toda la alegría y paz que hayas sembrado a tu alrededor, en todas partes del mundo.


Sobre la contemplación

* * *

"Buscar el rostro de Dios en todo, en todos, en todas partes, todo el tiempo, y ver Su mano en todo acaecer — esto es la contemplación en el corazón del mundo".

* * *

A través de la contemplación, el alma toma directamente del corazón de Dios las gracias que la vida activa debe distribuir.

Nosotras [las Misioneras de la Caridad] estamos llamadas a la contemplación en el corazón del mundo, así:

Buscando el rostro de Dios en todo, en todos, en todas partes, todo el tiempo, y viendo Su mano en todo acaecer.

Viendo y adorando la presencia de Jesús, especialmente en la humilde apariencia del pan y en la angustiosa apariencia del pobre.

Nuestra vida de contemplación debe preservar las siguientes características:

Ser misioneras: para salir físicamente o en espíritu en busca de almas en todo el mundo.

Ser contemplativas: para reunir al mundo entero en el centro de nuestro corazón, donde mora el Señor, y permitir que el agua pura de la divina gracia se derrame en abundancia y sin cesar de la propia fuente, sobre la totalidad de Su creación.

Ser universales: para orar y contemplar con todos y por todos, especialmente con los más pobres de los pobres de espíritu y por ellos.


Otro aspecto de nuestra vida contemplativa es la sencillez, que nos hace ver el rostro de Dios en todo, en todos, en todas partes, todo el tiempo, y ver Su mano en todo acaecer; y que nos hace hacer todo lo que hacemos — pensar, estudiar, trabajar, hablar, comer, o descansar — bajo la mirada amorosa del Padre, estando completamente disponibles para Él en cualquier forma que venga a nosotras.

¿Qué es la contemplación? Vivir la vida de Jesús.

Esto es lo que yo comprendo — amar a Jesús, vivir Su vida en nosotros, vivir nuestra vida en Su vida. Esto es la contemplación. Debemos tener un corazón limpio para poder ver; sin envidia, sin ira, sin pretensión y, especialmente, sin falta de caridad.

* * *

Para mí, la contemplación no consiste en encerrarse en un lugar oscuro, sino en permitir que Jesús viva Su pasión, amor y humildad en nosotros, orando con nosotros, estando con nosotros, santificando a través de nosotros.


Sobre la generosidad

* * *

"Todo acto de amor es una obra de paz, por pequeño que sea".

* * *

Hay muchos remedios y curas para enfermos de toda índole, pero a menos que manos bondadosas se den en el servicio y corazones generosos en el amor, creo que nunca habrá una cura para la terrible enfermedad de no sentirse amado.

Puede suceder que una simple sonrisa, una corta visita, encender una lámpara, escribir una carta para un ciego, cargar un balde de carbón, regalar un par de sandalias, leer el diario a alguien — algo muy, muy pequeño — sea, en efecto, nuestro amor de Dios en acción. Escuchar, cuando nadie más se ofrece a hacerlo, es, sin duda, algo muy noble.

La santidad crece con rapidez si hay bondad. Nunca he escuchado hablar de almas bondadosas que se extravíen. El mundo está perdido por falta de dulzura y de bondad.

* * *

Necesitamos dinero, medicamentos, ropa y otras miles de cosas para los pobres a quienes servimos. Si mucha gente no fuese generosa, miles de personas permanecerían sin ayuda. Dado que aún tenemos muchos pobres, familias y niños necesitados que viven en las calles — no sólo en Calcuta, sino en Londres, Rotterdam, Madrid, Marsella, Roma — la necesidad es grande. En la última ciudad que mencioné, tenemos muchas personas necesitadas. Las hermanas salen por la noche a las calles, especialmente en los alrededores de la estación del tren, entre las diez de la noche y las dos de la mañana, para reunir a quienes no tienen un hogar y llevarlos a un albergue que tenemos en San Gregorio al Cielo.

La última vez que estuve en Roma, me era insoportable ver a tantas personas sin hogar que vivían de esta manera. Me dirigí entonces al alcalde de Roma y le dije: "Déme un lugar para estas personas, porque se niegan a venir con nosotras y prefieren permanecer donde están". Él y sus colaboradores respondieron de una manera maravillosa. A los pocos días, nos ofrecieron un lugar muy agradable cerca de la estación ferroviaria de Termini. Ahora, todas las personas que no tienen dónde pasar la noche se dirigen a este lugar y duermen en una cama. Parten en la mañana.

Ésta es la parte maravillosa de nuestra vocación; como Misioneras de la Caridad, hemos creado una consciencia de los pobres en el mundo entero. Hace veinte años, nadie habría creído que existían mujeres y hombres desnudos y hambrientos. Actualmente, el mundo entero conoce a nuestros pobres gracias a nuestro trabajo. Y quiere compartirlo.

¿Por qué es conocida nuestra congregación hoy en día en todas partes del mundo? Porque la gente ve lo que hacemos; damos de comer al hambriento, vestimos al desnudo, cuidamos a los enfermos y a los moribundos. Y porque ven, creen.

* * *

Estoy convencida de que la juventud de hoy es más generosa que la de otras épocas. Nuestros jóvenes están mejor preparados y más dispuestos a sacrificarse en servicio del hombre. Por esta razón, no nos sorprende que los jóvenes muestren una preferencia por nuestra congregación. En gran medida, se trata de jóvenes de clase media. Lo tienen todo; riqueza, comodidades, altas posiciones. No obstante, piden ingresar a una congregación que está al servicio de los pobres, para llevar una vida de verdadera pobreza y contemplación.

En ocasiones, los ricos parecen muy dispuestos a compartir a su manera la infelicidad de otros. Sin embargo, es una lástima que nunca den hasta el punto de sentir que ellos están necesitados.

Las generaciones actuales, en especial los niños, comprenden mejor. Hay niños ingleses que hacen sacrificios para poder ofrecer un pan a nuestros niños. Hay niños daneses que hacen sacrificios para poder ofrecer a otros un vaso de leche todos los días. Y los niños alemanes hacen lo mismo para poder ofrecer a los pobres alimentos vitaminizados.

Éstas son maneras concretas de enseñar a amar. Cuando estos niños crezcan, sabrán lo que significa dar.

* * *

Hay personas que pueden hacer grandes cosas, pero muy pocas que quieran hacer cosas insignificantes.


Sobre el sacrificio

* * *

"El amor, para ser real, debe costar — debe doler — debe vaciarnos de nosotros mismos".

* * *

El sacrificio se encuentra en el corazón de la fe cristiana. El pueblo de Dios en la época del Antiguo Testamento ofrecía animales por sus pecados — corderos, cabras, toros y palomas. Jesús se ofrendó a sí mismo como sacrificio perfecto y último para que no tuviesen que repetirse los sacrificios animales.

El sacrificio, la entrega y el sufrimiento no son temas populares hoy en día. Nuestra cultura nos hace creer que podemos tenerlo todo, que debemos exigir nuestros derechos, que con la tecnología apropiada pueden superarse todo el dolor y todos los problemas. No es ésta mi actitud frente al sacrificio. Sé que es imposible aliviar el sufrimiento del mundo, a menos que el pueblo de Dios esté dispuesto a entregarse a Él, a hacer sacrificios, a sufrir al lado de los pobres.


(Continues...)

Excerpted from Desde El Corazón Del Mundo by Madre Teresa, Becky Benenate, Magdalena Holguín. Copyright © 1998 New World Library. Excerpted by permission of New World Library.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Customer Reviews

Average Review:

Write a Review

and post it to your social network

     

Most Helpful Customer Reviews

See all customer reviews >