Despertad!: Un manifiesto contra la indiferencia y a favor de una revolucion etica

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Una mirada al interior, para ver los retos que tenemos por delante, salir del conformismo y la apatía. Construir una iglesia del siglo XXI con una base sólida en la que prevalezca la unidad por encima de las diferencias. Luchar por una sociedad de valores, fomentar la integración y terminar con la actitud de gueto de las minorías. Una mirada exterior, para exigir nuestro derecho a ser diferentes, pero con un trato igualitario. Infundir valores, una ética de la vida y del trabajo. Luchar por leyes que favorezcan ...

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Una mirada al interior, para ver los retos que tenemos por delante, salir del conformismo y la apatía. Construir una iglesia del siglo XXI con una base sólida en la que prevalezca la unidad por encima de las diferencias. Luchar por una sociedad de valores, fomentar la integración y terminar con la actitud de gueto de las minorías. Una mirada exterior, para exigir nuestro derecho a ser diferentes, pero con un trato igualitario. Infundir valores, una ética de la vida y del trabajo. Luchar por leyes que favorezcan la vida y la igualdad. Denunciar los abusos del poder, las injusticias y fomentar la convivencia. Defender el derecho a vivir públicamente nuestra fe y a expresarla sin limitaciones.

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Product Details

  • ISBN-13: 9788415404125
  • Publisher: Nelson, Thomas, Inc.
  • Publication date: 4/3/2012
  • Language: Spanish
  • Edition number: 2
  • Pages: 124
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 0.50 (d)

Meet the Author

Mario Escobar, licenciado en Historia y diplomado en Estudios Avanzados en la especialidad de Historia Moderna, ha escrito numerosos artículos y libros sobre la época de la Inquisición, la Iglesia Católica, la era de la Reforma Protestante y las sectas religiosas. Apasionado por la historia y sus enigmas ha estudiado en profundidad la Historia de la Iglesia, los distintos grupos sectarios que han luchado en su seno, el descubrimiento y colonización de América.

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¡DESPERTAD!

Un Manifiesto contra la indiferencia y a favor de una revolución ética
By MARIO ESCOBAR

Grupo Nelson

Copyright © 2011 Mario Escobar
All right reserved.

ISBN: 978-84-15404-12-5


Chapter One

Un pueblo complacido

Vivimos en una sociedad conformista en todas las áreas. La crisis ha abierto el debate sobre el vacío moral, ético y espiritual del país. ¿Qué podemos aportar nosotros como cristianos para cambiar esta realidad?

Al hallarme en la mitad de la vida, como Dante en su libro La Divina Comedia, me siento responsable de mi silencio. Tal vez sea más fácil callar que hablar, ponerse a un lado y observar cómo las cosas se degradan por sí mismas, pero hay algo en nosotros que no nos deja tranquilos hasta que hacemos lo que tenemos que hacer.

Llevo en la iglesia desde niño. Pertenezco a una familia cristiana. Mis padres comenzaron a asistir a la iglesia cuando yo apenas tenía cinco años. España terminaba de abrirse a la democracia y era una época de temor, expectación y libertad. Por primera vez en mucho tiempo se podían convocar actos políticos, religiosos no católicos o manifestaciones, sin el temor de acabar en la cárcel o recibir una paliza de los "grises". Mis padres pasaron aquel frío invierno de 1976 dentro de una carpa en la que se celebraban las reuniones de la iglesia, ilusionados y conmovidos por una fe que les cambió por completo.

Aquella sociedad ha desaparecido. En esencia, no era mejor que esta: hombres y mujeres buscando una oportunidad para sobrevivir en un mundo cambiante, pero con la ilusión de construir algo nuevo.

La ilusión es contagiosa, posiblemente una de las cosas más contagiosas del mundo. En los años setenta y ochenta, todos creíamos que un mundo mejor era posible. Mientras, la sociedad iba transformándose, pero algunos signos de involución comenzaban a notarse. No éramos tan tolerantes y abiertos como podía parecer a simple vista.

La primera vez que sentí el rechazo de alguien, por mi condición de evangélico4, fue en una de las ocasiones que repartíamos folletos por la calle. Un desconocido tomó el folleto, lo arrugó y le dijo a su compañero: "Estas sectas usan a niños para hacer proselitismo". En aquel momento no entendí bien a qué se refería, pero supe que no era bueno. Desconocía lo que significaba proselitismo y mi idea sobre secta era muy difusa. En la década de los ochenta del pasado siglo XX, una campaña por varios medios de comunicación alertaba del crecimiento de las "sectas evangélicas" en Hispanoamérica y un posible contagio en España.

A pesar de las sucesivas campañas negativas de los medios de comunicación, las iglesias siguieron creciendo a buen ritmo. La congregación a la que asistíamos no paraba de evangelizar. Lo hacíamos con megafonía desde un coche, en el parque, organizando partidos de fútbol, por la radio, con folletos o regalando biblias; la cuestión era compartir con otros nuestras creencias. El crecimiento de las iglesias fue espectacular. Los vientos de cambio animaron a muchos a buscar en caminos alternativos a la religión oficial, una necesidad espiritual que diera sentido a sus vidas.

Al mismo tiempo, todo tipo de grupos religiosos comenzaron a verse por las calles: Testigos de Jehová, mormones, hare krishnas, entre otros. La pluralidad religiosa parecía un hecho imposible de lograr en el país europeo con más tradición confesional y en el que la libertad religiosa no existiría oficialmente hasta la Ley de Libertad Religiosa de 1980.

La ley de 1980

En 1980 se promulgó la Ley de Libertad Religiosa, que ampliaba lo dispuesto en la Constitución sobre este tema. Aunque su desarrollo fue tan pequeño y dejó tantas lagunas, que su media docena de páginas se pueden leer en cinco minutos. La ley dejaba la puerta abierta a Acuerdos entre el Estado y las confesiones religiosas, aunque el Estado Vaticano ya había firmado un Acuerdo previo o Concordato, seis días después de ser aprobada la Constitución en referéndum. Pasarían más de dos lustros hasta la firma en 1992 del primer Acuerdo entre evangélicos y el Estado español. Un convenio que tardó doce años en llegar y que desarrolló mínimamente lo establecido en la ley, haciendo énfasis en los casos prácticos de asistencia religiosa en cárceles, hospitales, cuarteles, enseñanza religiosa en los colegios, etc. Además de eximir a las iglesias de algunos tributos y reafirmando la inviolabilidad de los templos evangélicos, apenas llegó a acuerdos reales que cambiaran la situación de privilegio de la Iglesia Católica.

Curiosamente, el Acuerdo entre la Iglesia Católica y el Estado se firmó en 1979, poco después de ratificar la Constitución. Pero en cierto sentido está en un limbo legal, ya que es un Acuerdo entre dos Estados, no entre una confesión y un Estado. Ya hablaremos del Concordato en la segunda parte de este libro.

Mientras la transición religiosa se paraba antes de que naciera la Constitución, la sociedad, hastiada de decenios de opresión religiosa, se volcaba hacia un modelo más laico, dejando bajo mínimos una práctica religiosa católica que se centraba en la asistencia a la celebración de algunas ceremonias sociales, perdiendo en 30 años un 25% de sus fieles y viendo caer la asistencia a las iglesias hasta un 13,7% de fieles que actualmente van a la iglesia una vez por semana.

La sociedad contagiaba ese espíritu de indiferencia espiritual y una excesiva obsesión por las cosas materiales a una Iglesia Evangélica que comenzaba a notar la prosperidad económica del país y a relajar su primer fervor evangelístico.

La Iglesia Evangélica se convertía en una alternativa más de las muchas que ofrecía la sociedad, pero seguía estigmatizada por la descalificación mediática, que continuaba calificándola como secta y por la división denominacional fomentada por muchos líderes de la época.

Crecimiento

En el nuevo siglo, la Iglesia experimentaría su crecimiento más espectacular. Miles y decenas de miles de inmigrantes, atraídos por la prosperidad económica y a la búsqueda de una vida mejor, comenzaban a llegar a las iglesias. Parecía que esta era la oportunidad que estaba esperando el protestantismo para expandirse definitivamente, pero curiosamente, la minoría española impondría su pesimismo antropológico, su materialismo y la indiferencia a las necesidades espirituales del país. Por otro lado, los cristianos de origen hispano, en algunos casos recién convertidos y con poca formación bíblica, formaban sus propias comunidades fomentando aún más la sensación de lejanía de la sociedad española o se convertían en cristianos itinerantes, pasando de una congregación a otra, sin formalizar su compromiso. El otro gran fenómeno de crecimiento estuvo en otra minoría, el pueblo gitano, pero este se limitaba a evangelizar dentro de su grupo, incorporando al evangelio algunos rasgos de su cultura y dejando de lado la integración total en la sociedad.

Con las iglesias llenas o semi-llenas, muchos pastores y creyentes creían que la labor de evangelizar no era tan urgente. Tampoco parecían preocuparse mucho de que el crecimiento no afectara a los españoles de origen y que el único sitio en el que se conseguían resultados era en los grupos más marginados.

La sociedad del profeta Miqueas se parecía peligrosamente a la nuestra. Un pueblo embriagado con las mismas cosas que los otros pueblos que la rodeaban, al final de una etapa decadente que le llevó a su propia destrucción. La gente en la época de Miqueas se preocupaba por sus propios asuntos, se dedicaba a engordar sus fortunas, aunque eso supusiera explotar a los pobres y se complacía en su propia riqueza. La situación de los sacerdotes no era mucho mejor, disfrutando de confort y riquezas. Hasta los profetas hablaban únicamente lo que la gente quería escuchar: buenas noticias de prosperidad económica, una vida fácil y sin sobresaltos. Pero algo estaba a punto de cambiar, la pobreza llegaría tras la desobediencia y la opresión terminaría por liberar espiritualmente a Israel y Judá de la esclavitud de la avaricia.

Chapter Two

Crecimiento sin cimientos

Si no ponemos una base sólida al crecimiento de los últimos años, pueden suceder dos cosas: desmoronamiento o frenazo. ¿Cuáles son las causas de las deserciones en las iglesias? ¿Qué pasa con los jóvenes? ¿Qué pasa con muchos profesionales?

El rey Nabucodonosor tuvo un sueño y pidió a sus sabios que le interpretaran la visión, pero antes tenían que adivinar qué había soñado el soberano. El misterioso sueño de Nabucodonosor se parece mucho al paradigma de nuestra sociedad actual. En los programas de televisión y radio hay muchos analistas que en función a los datos interpretan desde la evolución de la economía hasta la Primavera musulmana, desde la Ley del Aborto hasta las últimas tendencias de la moda. Charlatanes ha habido siempre, algunos están fuera y otros dentro de las iglesias. Por eso el sueño de Nabucodonosor tenía que ser adivinado además de interpretado. Es demasiado sencillo dar lecciones sobre cosas que han pasado o interpretar lo abstracto, sin llegar nunca a pronosticar nada concreto.

El profeta Daniel fue el elegido para interpretar el sueño. Daniel era un hombre comprometido, preparado y abierto a dejarse usar por Dios. Era valiente en sus valoraciones y recto en sus principios, hasta el punto de arriesgar su propia vida por ellos. Lo fue de joven al no probar la comida del rey sacrificada a los ídolos y lo fue siendo ministro del rey, cuando se negó a dejar su vida de oración, para agradar al monarca y escapar de la trampa de sus enemigos. Daniel no era un oportunista ni acomodaba su moral al gobierno de turno.

La visión de la estatua estaba clara. Un gran edificio o una gran escultura difícilmente se pueden sostener sobre una base débil. El barro no puede soportar el peso del hierro o el bronce. Entonces, ¿cómo podrá soportar la Iglesia un crecimiento en plena decadencia? ¿Cómo seguirá creciendo con los pies de barro?

Hay tres modelos de iglesia que se alejan del modelo bíblico. No por su tamaño o su tipo de gobierno, sino por el ejemplo antibíblico que representan, más basado en el éxito personal y la falsa prosperidad que en la predicación del Evangelio.

El primer modelo de iglesia, nacido en Estados Unidos, pero llevado hasta el paroxismo en Hispanoamérica, es el del líder-profeta-apóstol. Este tipo de liderazgo suele exaltar al líder de turno. En algunos casos se le llama apóstol, en otros no hace falta, ver su nombre hasta en la sopa ya satisface suficientemente su ego. Normalmente este tipo de "ministerios" suele crearse fuera de las denominaciones y si pertenecen a alguna, terminan por salirse de ella. El "líder" se cree escogido para salvar al mundo y el resto de pastores son unos fracasados. No acepta ninguna crítica y se presenta como modelo de éxito. Algunas de estas iglesias utilizan el sistema piramidal, pero su crecimiento muchas veces se debe más a la incorporación de creyentes de otras iglesias, atraídos por el espectáculo o la verborrea del "apóstol", que por la conversión de nuevas personas. En este tipo de ministerios se comercializa todo y el líder suele vivir muy por encima del nivel económico de sus feligreses. Muchas veces este tipo de líder es inaccesible, pero no por el tamaño de la congregación, sino más bien por el tamaño de su ego. En muchas denominaciones se teme este tipo de liderazgos; suponen muchos diezmos para la denominación y no es fácil denunciar a alguien con tanto poder. Normalmente, cuando se cansa de ser alabado, este tipo de líder puede terminar cayendo en un pecado público y destrozando la vida de miles de personas.

El segundo modelo es el de la iglesia pequeña. Una iglesia que se cree más pura que las demás y no se relaciona con ninguna otra, para no manchar su "sana doctrina". En estas iglesias todo está mal visto y todo es pecado. El líder de este grupo suele ser humilde en apariencia, pero es tan impositor como el "gran líder", porque juega con el rol de una humildad fingida. Nadie puede discutir sus decisiones y todo el mundo tiene que someterse. El resto de grupos ha abandonado la verdadera fe, pero él conserva a su iglesia en una especie de cloroformo espiritual que asfixia y termina por expulsar a la gente más joven y más activa de la congregación.

El tercer modelo es el de la iglesia asamblearia. Normalmente aquí el líder se sustituye por una plutocracia, el gobierno de unos pocos. A veces se llaman diáconos, otras se denominan ancianos, consejeros de la iglesia, miembros del comité, etc. En estas iglesias se trata a los pastores como meros asalariados. Si no hacen lo que gusta a este grupo, el pastor recibe una amonestación, se le recuerda que es un empleado y si no entra en razón, se le expulsa a través de una asamblea extraordinaria o no se le ratifica en el puesto. Este tipo de iglesias se creen las más libres de todas, pero a veces sustituyen la dictadura de uno por la de unos pocos.

Estos tres modelos no son bíblicos, pero cada vez se dan más en nuestro país. Los tres tienen varios puntos en común:

1. Uno o unos pocos gobiernan a la iglesia a su antojo.

2. Los líderes buscan más gobernar y dominar a la congregación que servirla.

3. Los feligreses buscan seguridad y tranquilidad, no tener que pensar mucho, limitándose a creer en sistemas simplistas.

En la sociedad postmoderna, ante la inseguridad de tantos cambios sociales es normal que muchos busquen en estos grupos una falsa seguridad. La gente, en muchos casos, no quiere ser responsable de sus vidas; es más fácil que otro decida por ti.

Naturalmente, hay centenares de iglesias con liderazgos equilibrados, pastores que apenas logran subsistir con sus sueldos, personas que sacrifican sus vidas por los demás, pero negar un fenómeno que se está dando lo único que consigue es la normalización de prácticas inmorales o amorales.

Yo he sido durante muchos años co-pastor de una iglesia; soy consciente de los sacrificios, desvelos y sinsabores del pastorado, también de sus alegrías. Por eso, creo que es necesario recuperar un modelo pastoral de servicio, sacrificio y entrega. Entonces, ¿cuál es el modelo?

Métodos de crecimiento

No es fácil explicar un modelo de crecimiento acertado. La Biblia nos dice por boca del apóstol Pablo que uno siembra, otro riega, pero Dios es el que da el crecimiento. Sin duda la conversión y el crecimiento de miembros en la iglesia son dos de los misterios mejor guardados por Dios, pero sí podemos apuntar dos pautas:

1. Sembrar. La mayoría de nosotros conocemos la ley de la siembra y la cosecha. Si sembramos, cosechamos. Lo cierto es que la siembra tiene como fin buscar la cosecha. Uno de mis textos preferidos de la Biblia es Amós 9: 13: "Vienen días en que todavía se estará cosechando el trigo cuando ya será tiempo de arar el campo, y en que aún no se habrá acabado de pisar las uvas cuando ya será tiempo de sembrar el trigo. Por montes y colinas correrá el vino como agua". Pero la clave está en que sembramos. ¿Cuál es la semilla que utilizamos? Según lo que se siembra, eso se siega. Sembrar la Palabra de Dios no es fácil, pero muchas veces sembramos otras cosas, frutos que no provienen de Dios y que no dan la cosecha deseada.

2. Regar. Los españoles somos inconstantes por término general, creo que forma parte de nuestra cultura y, en cierto sentido, esto se puede trasladar a los hispanos en general. En todas las campañas evangelísticas en las que he participado siempre se descuida el seguimiento de las personas. ¿Por qué? El seguimiento requiere varias cosas: tiempo, organización y gente dispuesta. Muchos líderes intentan llevar la iglesia ellos solos y no pueden abarcar todo, paralizando el seguimiento. Otros no encuentran ayuda por más que la buscan. En algunos casos hay apoyo y disposición del liderazgo, pero no se saben organizar. El recién convertido, la persona interesada, no recibe ese riego y en la mayoría de los casos se seca, lo que produce una dureza espiritual y tiene como consecuencia que la próxima vez será más difícil que vuelva a escuchar el mensaje del Evangelio.

Una evangelización contextualizada, un mensaje claro, un testimonio impactante

A la mayoría nos gusta pasar desapercibidos, sobre todo en una sociedad que no está acostumbrada a lo diferente. Pensamos que con ser buenos cristianos y unos ciudadanos honrados es suficiente, pero Dios nos pide que seamos testigos, antorchas vivas que anuncian su mensaje.

Los modelos que tenemos son extranjeros. Muchos de ellos han funcionado en sus países de origen, pero ¿cuál es nuestro modelo?

Si después de treinta años de libertad religiosa no podemos responder a esta pregunta, algo anda mal.

El primer problema es que nos hemos dedicado a importar modelos de fuera, modelos que han fracasado en mayor o menor medida al ser aplicados en España.

(Continues...)



Excerpted from ¡DESPERTAD! by MARIO ESCOBAR Copyright © 2011 by Mario Escobar. Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Introducción....................11
Despertar a una cita con la historia por Jorge Fernández Basso (comunicador y pastor)....................13
Vivir, "religionar", soñar ... ¡despertar! por Manuel López (periodista y bautista guerrillero)....................17
¿Despertar?....................23
Desde dentro....................27
1. Un pueblo complacido....................29
2. Crecimiento sin cimientos....................35
3. ¿Dónde están la cabeza y la cola?....................43
4. "No critiques y no serás criticado"....................51
5. Propuestas para cambiar las cosas....................57
Desde fuera....................65
1. ¿Normalización o asimilación? El derecho a la diferencia....................67
2. Ser minoría....................71
3. De leyes injustas y el derecho a discrepar....................81
4. Una nueva Ley de Libertad Religiosa para los próximos veinte años....................89
5. Mirando a Europa y al mundo....................93
6. Propuestas para que las cosas cambien....................101
Apéndice 1....................107
Apéndice 2....................117
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