Destino (Everlasting: Immortals Series #6)

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La fascinante conclusión de la serie de Los inmortales

Su épica historia de amor ha capturado los corazones de millones de lectores alrededor del mundo. Ahora, en esta espectacular última entrega, todo será finalmente revelado.

 
Cuando todo parece perdido, a veces el azar nos concede segundas oportunidades. Pero Ever y Damen saben ...

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La fascinante conclusión de la serie de Los inmortales

Su épica historia de amor ha capturado los corazones de millones de lectores alrededor del mundo. Ahora, en esta espectacular última entrega, todo será finalmente revelado.

 
Cuando todo parece perdido, a veces el azar nos concede segundas oportunidades. Pero Ever y Damen saben que su condena no tiene remedio: pasarán la eternidad juntos pero sin poder tocarse. Sin embargo, un giro del destino les ofrece una salida a cambio de un gran sacrificio: Ever debe escoger entre liberar Damen o buscar el Árbol de la Vida, cuyo fruto podría salvar al resto de los inmortales. ¿Será capaz Ever de sacrificar el destino de cientos de almas por egoísmo? ¿Se arriesgará a perder su amor por un fin superior? El futuro de Ever y Damen depende de esta decisión final que pondrá todo —incluso la eternidad— en juego. 

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Product Details

  • ISBN-13: 9780307951489
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 11/13/2012
  • Language: Spanish
  • Series: Immortals Series , #6
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 368
  • Sales rank: 578,675
  • Age range: 12 - 17 Years
  • Product dimensions: 5.34 (w) x 7.78 (h) x 0.82 (d)

Meet the Author

Alyson Noël es la autora de varios bestsellers número uno de The New York Times y USA Today. Sus libros han ganado el National Reader’s Choice Award, entre otros premios y honores. Ha escrito varias novelas juveniles, entre las cuales se encuentran Eternidad, Luna Azul, Tinieblas y Llama oscura, también parte de la exitosa serie Los inmortales. Actualmente vive in California.

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Read an Excerpt

Sabed, por tanto, que del silencio más inmenso regresaré…
No olvidéis que volveré junto a vosotros…
Apenas un instante, un momento de reposo en el viento, y otra mujer me concebirá.
KHALIL GIBRAN

 
Capítulo uno

—¡Ever, espera!
 
Damen alarga el brazo hacia mí y me agarra del hombro con la esperanza de frenarme, de que vuelva con él, pero sigo avanzando. No puedo permitirme perder tiempo cuando estamos tan cerca, cuando ya casi hemos llegado.
 
Chorrea inquietud como un parabrisas chorrea lluvia, y esa inquietud no disminuye en absoluto cuando se pone a mi altura, alcanza mi ritmo y enlaza sus dedos con los míos.
 
—Deberíamos regresar. Este no puede ser el sitio. No se parece ni de lejos.
 
Su mirada recorre la distancia que hay desde el perturbador paisaje hasta mi rostro.
 
—Tienes razón —reconozco—. No es igual, ni de lejos.
 
Titubeo en el perímetro, respirando deprisa y con el corazón acelerado. Me tomo un instante para mirar a mi alrededor antes de aventurarme a dar otro paso. Un pequeño avance seguido de otro, hasta que mis pies se hunden tanto en la tierra enfangada que desaparecen por completo.
 
—Lo sabía —susurro de forma apenas audible, aunque no necesito hablar para que Damen me oiga; nos resulta muy fácil comunicarnos mediante telepatía—. Es igual que el sueño. Es…
 
Me mira sin decir nada.
 
—Bueno, es lo que me esperaba. —Echo un vistazo hacia un lado. Mis ojos azules se encuentran con sus ojos oscuros y le sostienen la mirada. Quiero que vea lo que veo yo—. Todo esto, todo lo que ves aquí, es como… es como si todo hubiese cambiado por mí.
 
Damen se arrodilla a mi lado, extiende los dedos sobre mi espalda y sube y baja la palma de su mano por mi columna vertebral dibujando círculos lentos. Aunque le gustaría tranquilizarme y refutar todo lo que acabo de decir, opta por tragarse sus palabras. Diga lo que diga, por muy convincentes y sólidos que puedan ser sus argumentos, sabe que no servirán de nada. Sabe de sobra que no voy a cambiar de opinión.
 
Oí a la anciana. Damen la oyó. Vimos cómo señalaba, y también su mirada acusadora; escuchamos la hechizante cadencia de su canción espeluznante, con su letra críptica y su persistente melodía.
 
La advertencia que me hizo solo a mí.
 
Y ahora esto.
 
Suspiro y miro fijamente la tumba de Haven, por llamarla de algún modo. El punto en el que hace solo unas semanas cavé hondo para enterrar sus pertenencias, todo lo que quedaba de ella; la ropa que llevaba cuando envié su alma a Shadowland. Un punto que juzgué elegido y sagrado, y que ahora encuentro transmutado, transformado. La tierra que fue fértil se ha convertido en una masa húmeda, empapada, sin señal alguna de las flores que manifesté, sin vida de ninguna clase. El aire ya no brilla, no reluce; es imposible distinguir esta zona del lado oscuro de Summerland con el que me topé. Resulta tan desolada, tan ominosa, tanto en su aspecto como en la sensación que produce, que Damen y yo somos las únicas criaturas dispuestas a aventurarnos en sus proximidades.
 
Las aves permanecen en el perímetro, esa alfombra de hierba que se encoge sobre sí misma y que así me demuestra con más claridad que nunca que ha cambiado por mí.
 
Como si fuese fertilizante arrojado sobre una zona de malas hierbas, cada una de las almas inmortales que he enviado a Shadowland ha contaminado e infectado Summerland, creando su opuesto, su sombra, un yin indeseado para su yang. Un lugar tan oscuro, tan sombrío y tan hostil que ni la magia ni la manifestación pueden existir en él.
 
—Esto no me gusta —dice Damen con voz tensa y mirada inquieta, ansioso por marcharse.
 
Y aunque a mí tampoco me gusta, aunque tengo las mismas ganas que él de dar media vuelta y no mirar atrás, no es tan sencillo.
 
Han transcurrido pocos días desde mi última visita y, a pesar de saber que hice lo que debía, a pesar de saber que no tuve más remedio que matar a Haven, mi antigua mejor amiga, me veo forzada a regresar, a pedir perdón por mis acciones y también por las de ella. Y ese breve período de tiempo ha bastado para que este lugar pase de la luz a la oscuridad, para que se cubra de tinieblas y barro, para que desaparezca la vegetación. Y es a mí a quien corresponde impedir que el mal siga extendiéndose.
 
Impedir que empeore.
 
—¿Qué es lo que viste exactamente en ese sueño? —me pregunta Damen con voz más suave, mientras sus ojos me observan con detenimiento.
 
Inspiro con fuerza y hundo los talones en el suelo. Los bolsillos de mis viejos vaqueros desgastados se manchan de barro, pero en realidad no me importa. Puedo manifestar otro par nuevo y limpio tan pronto como salgamos de aquí. Dada la situación, mi ropa es la menor de mis preocupaciones.
 
—No es un sueño nuevo. —Me vuelvo y, al mirarle a los ojos, veo el destello de sorpresa que le cruza el rostro—. Lo tuve otra vez, hace mucho tiempo. Justo antes de que decidieses dejarme sola para que pudiese elegir entre Jude y tú. —Traga saliva y da un leve respingo ante el desagradable recuerdo. Eso hace que me sienta mal; no era lo que yo intentaba decir—. Entonces creí que Riley me lo había enviado. Al fin y al cabo, ella salía en el sueño, y parecía muy vibrante y… viva. —Sacudo la cabeza—. Bueno, tal vez fuese ella o tal vez fuesen solo imaginaciones mías, de tanto como la echaba de menos. Sin embargo, cuando ella llamó mi atención, comprendí que quería que te viese a ti. Lo importante del sueño eras tú.
 
—Y… —apunta con los ojos muy abiertos y la mandíbula rígida, preparado para lo peor.
 
—Y… era como si estuvieras atrapado en una prisión de cristal alta y rectangular, y luchases con todas tus fuerzas por escapar. Pero por más que te esforzabas no podías liberarte. Aunque yo intentaba ayudarte y de llamar tu atención para que pudiésemos colaborar, era como… como si no me vieses. Yo estaba ahí, al otro lado del cristal, pero daba la impresión de que te era invisible. No percibías mi presencia. No veías lo que estaba justo ahí, delante de ti…
 
Su gesto de asentimiento me dice que su lado lógico, ese que aprecia las explicaciones metódicas y las soluciones sencillas, está deseando tomar el relevo.
 
—Una situación clásica en los sueños —dice, relajando la frente en un gesto de alivio—. En serio. Me da la impresión de que crees que no te presto suficiente atención, o que no te escucho de verdad, o quizá incluso…
 
Pero antes de que pueda seguir le corto en seco:
 
—Créeme, no era la clase de sueño que sale en cualquier libro sobre interpretación de los sueños. En el sueño de esta noche, y también en el que tuve hace tiempo, cuando te dabas cuenta de que no podías resistirte, cuando te dabas cuenta de que estabas atrapado para siempre… bueno, te rendías. Dejabas caer los puños, cerrabas los ojos y te desvanecías. Te adentrabas en Shadowland.
 
Traga saliva con fuerza e intenta tomárselo bien, pero no lo consigue. Está claro que se siente tan afectado como yo me sentí al soñarlo.
 
—Y luego, justo después de eso, todo desapareció. Y al decir «todo» me refiero a ti, a la prisión de cristal, al estrado… a todo. Lo único que quedaba era un terreno oscuro y empapado, muy parecido a este en el que nos hallamos. —Aprieto los labios y veo la escena en mi mente con tanta claridad que es como si me encontrase sumergida en ella—. Pero esa última parte era nueva. Me refiero a que no aparecía en el sueño original. Aun así, en cuanto me desperté supe que los dos sueños no solo estaban relacionados entre sí, sino que además se relacionaban con este sitio. Supe que tenía que venir aquí, que debía verlo por mí misma y comprobar si estaba en lo cierto. Siento haberte arrastrado a ti.
 
Contemplo su pelo despeinado, la camiseta suave y arrugada y los vaqueros desgastados, prendas reunidas a toda prisa, segundos antes de que yo manifestase el velo de luz dorada que nos ha traído hasta aquí. Noto que me rodean sus brazos fuertes y capaces. Su calor me recuerda el momento, hace solo unas horas, en que nos deslizamos entre las sábanas, encajamos nuestros cuerpos y nos dispusimos a pasar la noche.
 
Entonces, nuestra única preocupación inmediata era cómo llevaría Sabine la segunda semana consecutiva sin verme aparecer por su casa.
 
Cómo llevaría que me hubiese tomado sus palabras al pie de la letra cuando me advirtió que no volviese hasta que fuera capaz de aceptar la clase de ayuda que según ella necesito.
 
Y aunque sé sin ninguna duda que necesito ayuda, sobre todo en vista de la situación a la que me enfrento, no es la ayuda de la que hablaba Sabine. Por desgracia, no es la ayuda que puede encontrarse en una receta, en el diván de un psiquiatra o en el último libro de autoayuda.
 
Necesito algo mucho mayor.
 
Ambos nos entretenemos mirando la tumba de Haven. Los pensamientos de Damen se mezclan con los míos, recordándome que, sean cuales sean las consecuencias, sea cual sea nuestro futuro, él va a apoyarme. No tuve más remedio que hacer lo que hice.
 
Al matar a Haven, salvé a Miles. Me salvé a mí misma. Ella era incapaz de manejar sus poderes y actuaba sin ninguna prudencia. Al convertirla en inmortal saqué a la luz todo un nuevo aspecto de ella, uno que no me esperaba.
 
Pero es ahí donde Damen y yo discrepamos. Yo tiendo más a creer lo que dijo Miles poco después de que le librase de Haven. Que no había nada nuevo o sorprendente en el lado oscuro de ella, que siempre había estado ahí, que mi antigua amiga dio muestras de poseerlo desde el principio. Sin embargo, como amigos suyos, nos esforzamos por ignorarlo y optamos por pasarlo por alto, por ver solo la luz. Cuando la miré a los ojos aquella noche y vi cómo brillaban de triunfo mientras arrojaba a las llamas la camisa de Roman —la última esperanza que me quedaba de conseguir el antídoto que nos habría permitido a Damen y a mí estar juntos—, en fin, no me cupo ninguna duda de que su lado oscuro había destruido la mejor parte de ella.
 
En cuanto a la muerte de Drina, bueno, se trataba de matar o morir. Así de sencillo. Quien tuvo mala suerte fue Roman, porque lo que le ocurrió no deja de ser un desafortunado accidente. Un trágico malentendido, ahora estoy segura. En el fondo, sé que Jude llevó a cabo su desastrosa intromisión creyendo que me beneficiaba. Sus intenciones fueron buenas.
 
Lo vi desarrollado en su mente.
 
Nos ponemos en pie despacio, con gestos solemnes, conscientes de que no encontraremos aquí las respuestas que buscamos, de que lo mejor que podemos hacer es empezar por los Grandes Templos del Conocimiento y seguir desde allí. Y nos disponemos a partir cuando oímos la melodía que nos deja paralizados:
 
Se alzará desde el barro,
y se elevará hacia los vastos cielos de ensueño.
Y tú-tú-tú te alzarás también…
 
Damen agarra mi mano con más fuerza, me atrae hacia sí y nos volvemos juntos hacia ella. Contemplamos los largos mechones de cabello que se han escapado de la trenza que baja por su espalda y flotan sueltos en torno a su cara arrugada y vetusta, creando un sobrecogedor efecto de halo plateado. Los ojos de la anciana, legañosos y turbios, se clavan en los míos.
 
Desde el abismo y las oscuras profundidades,
lucha por avanzar hacia la luz.
Solo desea una cosa.
¡La verdad!
La verdad de su ser.
Pero ¿se lo permitirás?
¿Permitirás que se alce, florezca y crezca?
¿O lo condenarás a las profundidades?
¿Desterrarás su alma agusanada y exhausta?
 
Repite la melodía, destacando el final de cada verso. Su voz se eleva al cantar: «Barro – ensueño – también – profundidades – luz – cosa – verdad – ser – permitirás – crezca – profundidades – exhausta – exhausta – exhausta», repitiendo la última parte una y otra vez. Sus ojos me recorren, observando y analizando aunque parezcan ciegos. Alza ante sí sus viejas manos nudosas, sarmentosas; los dedos se abren despacio y las palmas arrojan ceniza.
 
Damen me aprieta la mano y le dirige una mirada furiosa, dura y cargada de significado, al tiempo que le advierte:
 
—No te acerques. —Se pone delante de mí y añade—: Quédate ahí.
 
Su voz es serena y segura, y contiene una amenaza apenas velada, imposible de ignorar.
 
Pero si la anciana le ha oído, no le presta atención. Sus pies siguen moviéndose, avanzando a rastras; sus ojos siguen mirándome y sus labios continúan pronunciando la letra de la canción. Se detiene a escasa distancia de nosotros, en el borde mismo del perímetro, el punto en el que termina la hierba y empieza el barro. Baja el tono de voz cuando dice:
 
—Te estábamos esperando.
 
Se inclina ante mí, doblando la espalda con una agilidad y una gracia sorprendentes para alguien tan anciano, tan… decrépito.
 
—Ya me lo has dicho —respondo, para consternación de Damen.
 
«¡No le contestes! —me advierte él mentalmente—. Limítate a seguirme. Saldremos de aquí.»
 
Unas palabras que la anciana oye sin duda, pues su mirada se clava en Damen. El azul desteñido de sus viejos iris casi desaparece cuando pone los ojos en blanco y dice:
 
—Damen.
 
Al oír pronunciar su propio nombre, Damen se pone rígido y se prepara mental y físicamente para cualquier cosa menos lo que viene a continuación.
 
—Damen. Augustus. Notte. Esposito. Tú eres la razón. —Los mechones de su cabello se alzan y giran en una brisa manifestada que sopla por todas partes—. Y Adelina, la cura. —Une las palmas de las manos y me suplica con la mirada.
 
Les miro sin saber qué me resulta más perturbador: el hecho de que la vieja sepa su nombre completo, incluyendo un término que nunca había oído y otro pronunciado de una manera nueva para mí, o ver que Damen palidece y se queda paralizado tan pronto como ella le acusa.
 
Por no hablar de quién demonios es «Adelina».
 
Sin embargo, las respuestas que se arremolinan en la mente de Damen mueren mucho antes de poder alcanzar sus labios, detenidas por el tono de la voz de ella, que dice:
 
—Ocho. Ocho. Uno. Tres. Cero. Ocho. Es la clave. La clave que necesitas.
 
Los miro a los dos y observo que Damen entorna los ojos y aprieta los dientes. Murmura una serie de palabras en voz tan baja que no logro entender lo que dice. Agarra mi mano con más fuerza para ayudarme a salir del barro y alejarnos de ella.
 
Damen me ha advertido que no mire atrás, pero no le hago caso. Echo un vistazo por encima del hombro y clavo la mirada en esos viejos ojos legañosos, esa piel tan frágil, tan translúcida que parece iluminada desde el interior, esos labios que ceden suavemente mientras canta: «Ocho – ocho – uno – tres – cero – ocho».
 
—Ese es el principio —dice—. El principio del final. Solo tú puedes desvelarlo. Solo tú, tú, tú, Adelina…
 
Las palabras flotan en el aire y nos acompañan burlonas, persiguiéndonos hasta que salimos de Summerland.
 
Hasta que volvemos al plano terrestre.

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  • Anonymous

    Posted September 4, 2014

    L

    My dearest love, <p> I am doing well, and have settled into the beautiful country of Virginia well. My folks are kind and the neighbors are helpful. The wagon ride was very bumpy and long. I hope to hear from you soon. <p> lol im being weird right know. Tonight is one of my exploding nights were I wanna party. Anyways, im hoping your enjoying yourself in Hawii. Lol tomorrow is Fancy Friday and im wearing one of my favorite summer dresses. And it was my dads birthday today. He turned 48. Old, right? XP im guessing thats why they are so eager to get me out if school asap. They are growing old and want grand children faster lol xD. Thats how I see it anyway. They are rying to speed eberything up, knowing it will take Eric about two more years until he gets married. Maybe my mom is afraid that she will be too old to sit around babysitting. Or that she wont be around to guide me when i do have a baby, and wants me to know everything there is to know faster. So i can help my little sister. But maybe they want me out of the house faster O.O. lol idk the reason, but Im glad they want me to finish school earlier. The only problem with my career choice; most publishing places arw in the city, like New York. Wow. I dont wanna live there. At all. Lol Alaska sounds fun xD if im planning to shiver all year round and have quite a few colds. Hmmmmmmmmmmm cali doesnt sound too bad. Either desert or city. Rather stick to the mountains though, thinking about it. Here, its beautiful. Mountains all around, rolly or cliffy. Fresh air.....and cows xP anyways, i gotta go to sleep. Nighty! Sweet dreams. Hugs and kisses :* Luvers you!

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  • Anonymous

    Posted March 27, 2013

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