Diario De A Bordo (Primer Viaje)

Diario De A Bordo (Primer Viaje)

by Cristobal Colon
     
 

View All Available Formats & Editions

El Diario de a bordo de Cristóbal Colón fue transcrito por Bartolomé de la Casas ante que se perdiese para siempre. Aquí se recogen todos los episodios del viaje en que el se descubrió América a finales del siglo XV.

Overview

El Diario de a bordo de Cristóbal Colón fue transcrito por Bartolomé de la Casas ante que se perdiese para siempre. Aquí se recogen todos los episodios del viaje en que el se descubrió América a finales del siglo XV.

Product Details

ISBN-13:
9788498166057
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
01/01/2007
Pages:
138
Product dimensions:
5.50(w) x 8.50(h) x 0.32(d)

Read an Excerpt

Diario de a Bordo (Primer Viaje)


By Cristóbal Colón

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9816-942-3



CHAPTER 1

EL PRIMER VIAJE A LAS INDIAS. RELACIÓN COMPENDIADA POR FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


In Nomine don N. Jesu Christi

Porque, cristianísimos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos príncipes, Rey y Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestros Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa y haber acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año a 2 días del mes de enero por fuerza de armas vide poner las banderas reales de Vuestras Altezas en las torres de Alfambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad, y vide salir al rey moro a las puertas de la ciudad y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe Mi señor, y luego en aquel presente mes, por la información que yo había dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un príncipe que es llamado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes, como muchas veces él y sus antecesores habían enviado a Roma a pedir doctores en nuestra santa fe porque le enseñasen en ella y que nunca el Santo Padre le había proveído y se perdían tantos pueblos creyendo en idolatrías o recibiendo en sí sectas de perdición, Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes, y los pueblos y tierras y la disposición de ellas y de todo y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de todos vuestros reinos y señoríos, en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me anoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don y fuese Almirante mayor de la mar océana e Visorrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase y de aquí adelante se descubriesen y ganasen en la mar océana, y así sucediese mi hijo mayor y así de grado en grado para siempre jamás. Y partí yo de la ciudad de Granada a 12 días del mes de mayo del mismo año de 1492, en sábado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante hecho, y partí del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a 3 días del mes de agosto del dicho año en un viernes, antes de la salida del Sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha mar océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se verá. También, Señores Príncipes, allende describir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus propios lugares debajo su viento, y más, componer un libro y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran trabajo.


Viernes 3 de agosto

Partimos viernes 3 días de agosto de 1492 años de la barra de Saltes a las ocho horas. Anduvimos con fuerte virazón hasta el poner del Sol hacia el Sur 60 millas, que son 15 leguas; después al Sudoeste y al Sur cuarta del Suroeste, que era el camino para las Canarias.


Sábado 4 de agosto

Anduvieron al Sudoeste cuarta del Sur.


Domingo 5 de agosto

Anduvieron su vía entre día y noche más de 40 leguas.


Lunes 6 de agosto

Saltó o desencajóse el gobernarlo a la carabela Pinta, donde iba Martín Alonso Pinzón, a lo que se creyó y sospechó por industria de un Gomes Rascón y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque le pesaba ir aquel viaje; y dice el Almirante que antes que partiese habían hallado en ciertos deveses y grisquetas, como dicen, a los dichos. Vídose allí el Almirante en gran turbación por no poder ayudar a la dicha carabela sin su peligro, y dice que alguna pena perdía con saber que Martín Alonso Pinzón era persona esforzada y de buen ingenio. En fin, anduvieron entre día y noche 29 leguas.


Martes 7 de agosto

Tornóse a saltar el gobernalle a la Pinta, y adobáronlo y anduvieron en demanda de la isla del Lanzarote, que es una de las islas de Canarias, y anduvieron entre día y noche 25 leguas.


Miércoles 8 de agosto

Hubo entre los pilotos de las tres carabelas opiniones diversas dónde estaban, y el Almirante salió más verdadero; y quisiera ir a gran Canaria por dejar la carabela Pinta, porque iba mal acondicionada del gobernarlo y hacía agua, y quisiera tomar allí otra si la hallara. No pudieron tomarla aquel día.


Jueves 9 de agosto

Hasta el domingo en la noche no pudo el Almirante tomar la Gomera, y Martín Alonso quedóse en aquella costa de gran Canaria por mandado del Almirante, porque no podía navegar. Después tomó el Almirante a Canaria (o a Tenerife), y adobaron muy bien la Pinta con mucho trabajo y diligencias del Almirante, de Martín Alonso y de los demás; y al cabo vinieron a la Gomera. Vieron salir gran fuego de la sierra de la isla de Tenerife, que es muy alta en gran manera. Hicieron la Pinta redonda, porque era latina; tornó a la Gomera domingo a 2 de septiembre con la Pinta adobada.

Dice el Almirante que juraban muchos hombres honrados españoles que en la Gomera estaban con Doña Inés Peraza, madre de Guillén Peraza, que después fue el primer Conde de la Gomera, que eran vecinos de la isla de Hierro, que cada año veían tierra al Oeste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de la Gomera, afirmaban otro tanto con juramento. Dice aquí el Almirante que se acuerda que estando en Portugal el año de 1484 vino uno de la isla de la Madera al Rey a le pedir una carabela para ir a esta tierra que vía, el cual juraba que cada año la vía y siempre de una manera. Y también dice que se acuerda que lo mismo decían en las islas de las Azores y todos éstos en una derrota y en una manera de señal y en una grandeza. Tomada, pues, agua y leña y carnes y lo demás que tenían los hombres que dejó en la Gomera el Almirante cuando fue a la isla de Canaria a adobar la carabela Pinta, finalmente se hizo a la vela de la dicha isla de la Gomera con sus tres carabelas jueves a 6 días de septiembre.


Jueves 6 de septiembre

Partió aquel día por la mañana del puerto de la Gomera y tomó la vuelta para ir a su viaje. Y supo el Almirante de una carabela que venía de la isla del Hierro que andaban por allí tres carabelas de Portugal para lo tomar: debía de ser la envidia que el Rey tenía por haberse ido a Castilla. Y anduvo todo aquel día y noche en calma, y a la mañana se halló entre la Gomera y Tenerife.


Viernes 7 de septiembre

Todo el viernes y el sábado, hasta tres horas de noche, estuvo en calma.


Sábado 8 de septiembre

Tres horas de noche sábado comenzó a ventar Nordeste, y tomó su vía y camino al Oeste. Tuvo mucha mar por proa que le estorbaba el camino; y andaría aquel día 9 leguas con su noche.


Domingo 9 de septiembre

Anduvo aquel día 19 leguas, y acordó contar menos de las que andaba, porque si el viaje fuese luengo no se espantasen ni desmayase la gente. En la noche anduvo 120 millas; a 10 millas por hora, que son 30 leguas. Los marineros gobernaban mal, decayendo sobre la cuarta del Nordeste, y aún a la media partida: sobre lo cual les riñó el Almirante muchas veces.


Lunes 10 de septiembre

En aquel día con su noche anduvo 60 leguas, a 10 millas por hora, que son 2 leguas y media; pero no contaba sino 48 leguas, porque no se asombrase la gente si el viaje fuese largo.


Martes 11 de septiembre

Aquel día navegaron a su vía, que era el Oeste, y anduvieron 20 leguas y más, y vieron un gran trozo de mástil de nao, de ciento y veinte toneles, y no lo pudieron tomar. La noche anduvieron cerca de 20 leguas, y contó no más de 16 por la causa dicha.


Miércoles 12 de septiembre

Aquel día, yendo su vía, anduvieron en noche y día 33 leguas, contando menos por la dicha causa.


Jueves 13 de septiembre

Aquel día con su noche, yendo a su vía, que era al Oeste, anduvieron 33 leguas, y contaba 3 o 4 menos. Las corrientes le eran contrarias. En este día, al comienzo de la noche, las agujas noruesteaban, y a la mañana noruesteaban algún tanto.


Viernes 14 de septiembre

Navegaron aquel día su camino al Oeste con su noche, y anduvieron 20 leguas; contó algún menos. Aquí dijeron los de la carabela Niña que habían visto un garjao y un rabo de junco; y estas aves nunca se apartan de tierra cuando más 25 leguas.


Sábado 15 de septiembre

Navegó aquel día con su noche 27 leguas su camino al Oeste y algunas más. Y en esta noche al principio de ella vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos 4 o 5 leguas.


Domingo 16 de septiembre

Navegó aquel día y la noche a su camino al Oeste. Andarían 39 leguas, pero no contó sino 36. Tuvo aquel día algunos nublados, lloviznó. Dice aquí el Almirante que hoy y siempre de allí adelante hallaron aires temperantísimos, que era placer grande el gusto de las mañanas, que no faltaba sino oír ruiseñores. Dice él: "y era el tiempo como abril en el Andalucía". Aquí comenzaron a ver muchas manadas de hierba muy verde que poco había, según le parecía, que se había desapegado de tierra, por lo cual todos juzgaban que estaba cerca de alguna isla; pero no de tierra firme, según el Almirante, que dice: "porque la tierra firme hago más adelante".


Lunes 17 de septiembre

Navegó a su camino el Oeste, y andarían en día y noche 50 leguas y más. No asentó sino 47. Ayudábales la corriente. Vieron mucha hierba y muy a menudo, y era hierba de peñas y venía la hierba de hacia Poniente. Juzgaban estar cerca de tierra. Tomaron los pilotos el Norte marcándolo, y hallaron que las agujas noruesteaban una gran cuarta, y temían los marineros y estaban penados y no decían de qué. Conociólo el Almirante; mandó que tornasen a marcar el Norte en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agujas. La causa fue porque la estrella que parece hace movimiento y no las agujas. En amaneciendo, aquel lunes vieron muchas más hierbas y que parecían hierbas de ríos, en los cuales hallaron un cangrejo vivo, el cual guardó el Almirante. Y dice que aquellas fueron señales ciertas de tierra, porque no se hallan 80 leguas de tierra. El agua de la mar hallaban menos salada desde que salieron de las Canarias; los aires siempre más suaves. Iban muy alegres todos, y los navíos quien más podía andar andaba por ver primero tierra. Vieron muchas toninas, y los de la Niña mataron una. Dice aquí el Almirante que aquellas señales eran del Poniente, "donde espero en aquel alto Dios, en cuyas manos están todas las victorias, que muy presto nos dará tierra". En aquella mañana dice que vido un ave blanca que se llama rabo de junco que no suele dormir en la mar.


Martes 18 de septiembre

Navegó aquel día con su noche, y andarían más de 55 leguas, pero no asentó sino 48. Llevaba todos estos días mar muy bonanza, como en el río de Sevilla. Este día Martín Alonso, con la Pinta, que era gran velera, no esperó, porque dijo al Almirante desde su carabela que había visto gran multitud de aves ir hacia el Poniente, y que aquella noche esperaba ver tierra y por eso andaba tanto. Apareció a la parte del Norte una gran cerrazón, que es señal de estar sobre la tierra.


Miércoles 19 de septiembre

Navegó su camino, y entre día y noche andarían 25 leguas, porque tuvieron calma. Escribió 22. Este día, a las diez horas, vino a la nao un alcatraz, y a la tarde vieron otro, que no suele apartarse 20 leguas de tierra. Vinieron unos lloviznas sin viento, lo que es señal cierta de tierra. No quiso detenerse barloventeando el Almirante para averiguar si había tierra; más de que tuvo por cierto que a la banda del Norte y del Sur había algunas islas, como la verdad lo estaban y él iba por medio de ellas. Porque su voluntad era de seguir adelante hasta las Indias, "y el tiempo es bueno, porque placiendo a Dios a la vuelta se vería todo": estas son sus palabras ... Aquí descubrieron sus puntos los pilotos el de la Niña se hallaba de las Canarias 440 leguas; el de la Pinta, 420; el de la donde iba el Almirante, 400 justas.


Jueves 20 de septiembre

Navegó este día al Oeste cuarta del Noroeste y a la media partida, porque se mandaron muchos vientos con la calma que había. Andarían hasta 7 u 8 leguas. Vinieron a la nao dos alcatraces y después otro, que fue señal de estar cerca de tierra; y vieron mucha hierba, aunque el día pasado no habían visto de ella. Tomaron un pájaro, con la mano, que era como un garjao; era pájaro de río y no de mar: los pies tenía como gaviota. Vinieron al navío, en amaneciendo, dos o tres pajaritos de tierra cantando, y después antes del Sol salido desaparecieron. Después vino un alcatraz: venía del Ouesnorueste; iba al Sueste, que era señal que dejaba la tierra al Ouesnorueste, porque estas aves duermen en tierra y por la mañana van a la mar a buscar su vida, y no se alejan 20 leguas.


Viernes 21 de septiembre

Aquel día fue todo lo más calma y después algún viento. Andarían entre día y noche, de ello a la vía y de ello no, hasta 13 leguas. En amaneciendo, hallaron tanta hierba que parecía ser la mar cuajada de ella, y venía del Oeste. Vieron un alcatraz. La mar muy llana como un río y los aires los mejores del mundo. Vieron una ballena, que es señal que estaban cerca de tierra, porque siempre andan cerca.


Sábado 22 de septiembre

Navegó al Oeste norueste más o menos, acostándose a una y a otra parte. Andarían 30 leguas. No veían casi hierba. Vieron unas pardelas y otra ave. Dice aquí el Almirante: "Mucho me fue necesario este viento contrario, porque mi gente andaban muy estimulados, que pensaban que no ventaban estos mares vientos para volver a España". Por un pedazo de día no hubo hierba; después, muy espesa.


Domingo 23 de septiembre

Navegó al Noroeste y a las veces a la cuarta del Norte y a las veces a su camino, que era el Oeste; y andaría hasta 22 leguas. Vieron una tórtola, y un alcatraz y otro pajarito de río y otras aves blancas. Las hierbas eran muchas, y hallaban cangrejos en ellas. Y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gente diciendo: que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver a España; pero después alzóse mucho la mar y sin viento, que los asombraba, por lo cual dice aquí el Almirante: "Así que muy necesario me fue la mar alta, que no pareció, salvo el tiempo de los judíos cuando salieron de Egipto contra Moisés, que los sacaba de cautiverio".


Lunes 24 de septiembre

Navegó a su camino al Oeste día y noche, y andarían 14 leguas y media. Contó 12. Vino al navío un alcatraz y vieron muchas pardelas.


Martes 25 de septiembre

Este día hubo mucha calma, y después ventó; y fueron su camino al Oeste hasta la noche. Iba hablando el Almirante con Martín Alonso Pinzón, capitán de la otra carabela Pinta, sobre una carta que le había enviado tres días hacía a la carabela, donde según parece tenía pintadas el Almirante ciertas islas por aquella mar. Y decía Martín Alonso que estaban en aquella comarca, y decía el Almirante que así le parecía a él; pero puesto que no hubiesen dado con ellas, lo debía haber causado las corrientes que siempre habían echado los navíos al Nordeste, y que no habían andado tanto como los pilotos decían. Y, estando en esto, dijo el Almirante que le enviase la carta dicha. Y, enviada con alguna cuerda, comenzó el Almirante a cartear en ella con su piloto y marineros. Al Sol puesto, subió el Martín Alonso en la popa de su navío, y con mucha alegría llamó al Almirante, pidiéndole albricias que vía tierra. Y cuando se lo oyó decir con afirmación, el Almirante dice que se echó a dar gracias a Nuestro Señor de rodillas, y el Martín Alonso decía Gloria in excelsis Deo con su gente. Lo mismo hizo la gente del Almirante; y os de la Niña subiéronse todos sobre el mástil y en la jarcia, y todos afirmaron que era tierra. Y al Almirante así pareció y que habría a ella 24 leguas. Estuvieron hasta la noche afirmando todos ser tierra. Mandó el Almirante dejar su camino, que era el Oeste, y que fuesen todos al Sudoeste, adonde había parecido la tierra. Habrían andado aquel día al Oeste 4 leguas y media, y en la noche al Sudoeste 17 leguas, que son 21, puesto que decía a la gente 13 leguas porque siempre fingía a la gente que hacía poco camino porque no les pareciese largo; por manera que escribió por dos caminos aquel viaje, el menor fue el fingido, y el mayor el verdadero. Anduvo la mar muy llana, por lo cual se echaron a nadar muchos marineros. Vieron muchos dorados y otros peces.


Miércoles 26 de septiembre

Navegó a su camino al Oeste hasta después de medio día. De allí fueron al Sudoeste hasta conocer que lo que decían que había sido tierra no lo era, sino cielo. Anduvieron día y noche 31 leguas, y contó a la gente 24. La mar era como un río, los aires dulces y suavísimos.


(Continues...)

Excerpted from Diario de a Bordo (Primer Viaje) by Cristóbal Colón. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Customer Reviews

Average Review:

Write a Review

and post it to your social network

     

Most Helpful Customer Reviews

See all customer reviews >