Dile adios a tus temores: Como vencer los miedos y vivir completamente feliz (How to Overcome Fear: And Live Your Life to the Fullest)

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Overview

El temor es devastadoramente real. Todos nosotros — en algún momento u otro — lo hemos experimentado. De hecho, aproximadamente una de cada diez personas ha tenido una situación crítica al menos una vez en su vida. Sean grandes o pequeñas, las cosas a las que tememos nos parecen insuperables, pero en realidad no lo son. Dile adiós a tus temores nos enseña que cuanto más te enfrentes a tus miedos, tanto más puedes entenderlos y tanto más fácilmente derrotarlos. Partiendo de su propia experiencia, Marcos Witt lleva...

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El temor es devastadoramente real. Todos nosotros — en algún momento u otro — lo hemos experimentado. De hecho, aproximadamente una de cada diez personas ha tenido una situación crítica al menos una vez en su vida. Sean grandes o pequeñas, las cosas a las que tememos nos parecen insuperables, pero en realidad no lo son. Dile adiós a tus temores nos enseña que cuanto más te enfrentes a tus miedos, tanto más puedes entenderlos y tanto más fácilmente derrotarlos. Partiendo de su propia experiencia, Marcos Witt lleva a los lectores a comprender con claridad el cumplimiento de la Palabra de Dios como un puente para tener una vida de victoria y libertad, sin temores.

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Editorial Reviews

Criticas

In his latest book, three-time Grammy Award winner and pastor Witt tells readers how to overcome fear. Witt and his pastor wife are very involved in Latino issues in Texas. Witt shares with readers his personal experience with fear, as well as those of others, and offers practical steps to defeating those anxieties. His positive and vulnerable attitude throughout the book helps readers believe in the possibility of defeating the fear dominating his or her life. In all ten chapters, the author refers to God, Jesus Christ, and the Holy Spirit as the key to overcoming fears; in the final chapter, he reminds Christians that the only real fear should be fear of God (which he defines as respect rather than terror). Throughout, Witt quotes a variety of people and popular Christian preachers, such as Joel Osteen; each chapter finishes with at least one funny short story or a question for reflection. Though geared to Christians, Witt’s book will surely appeal to anyone struggling with fears and anxieties. Recommended for all bookstores and libraries with Spanish-language Christian collections. [Read the interview on p. 12.—Ed.]
—Bianca Elliott

From the Publisher
"Marcos Witt les regala un mensaje de amor y fe. Recomiendo este libro a todo aquel que quiera aprendar a disfrutar de la vida y a vivir libre de miedos".

-- Padre Alberto Cutié, autor del libro Ama de verdad, vive de verdad

"Marcos es un amigo entrañable y uno de los mejores músicos y predicadores de la palabra de Dios".

-- Franklin Graham, Presidente de Billy Graham Evangelistic Association

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Product Details

  • ISBN-13: 9781615563517
  • Publisher: Simon & Schuster Adult Publishing Group
  • Publication date: 3/20/2007
  • Language: Spanish
  • Pages: 240
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.30 (h) x 0.60 (d)

Meet the Author

Marcos Witt nació en San Antonio, Texas. Ha ganado tres Grammys Latinos por el Mejor Álbum de Música Cristiana, millones de personas asisten a sus conciertos cada año. Él es el pastor principal de la congregación hispana de la Iglesia de Lakewood, Texas. Witt y su esposa, Miriam, quien también es pastora en la Iglesia de Lakewood, tienen cuatro hijos. Para más información sobre el autor, visite www.marcoswitt.net.

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Read an Excerpt

Dile adiós a tus temores (How to Overcome Fear)

Como vencer los miedos y vivir completamente feliz
By Marcos Witt

Atria

Copyright © 2007 Marcos Witt
All right reserved.

ISBN: 9780743290876

CAPÍTULO UNO

Entenderlo para conquistarlo

A nada en la vida se le debe tener miedo.

Sólo debe entenderse.

M. CURIE

SERPIENTES Y ESCALERAS

La sensación que sentí fue mucho más que simple miedo o espanto: ¡fue puro PAVOR! Era una noche similar a todas en la que se acercaba la hora de subir al dormitorio que compartía con mis dos hermanos para dormir. Habíamos cenado y después de ayudar en algunos de los quehaceres de la casa me dispuse a subir las escaleras que llevaban a nuestra habitación. No era una casa grande. Vivíamos ahí mis papás, mis dos hermanos, mis hermanas gemelas y yo. Sólo tres recámaras y un baño y medio. Mis hermanas compartían una habitación en la planta baja al lado del dormitorio de nuestros papás. En la segunda planta había un salón grande, que usábamos para jugar, leer o estudiar. Típicamente, esta pieza es lo que llamarían la «sala de TV», pero en mi casa, no había televisor. Atravesando por ese salónse llegaba a la puerta que conducía a nuestra recámara, con un medio baño y las literas donde dormíamos mis hermanos y yo. Para subir a la segunda planta, había que abrir una puerta, que se encontraba a un costado de la cocina, y subir unas escaleras. Éstas no eran más que grandes tablas de concreto marmoleado, puestas sobre unas repisas de hierro. Entre cada escalón, se alcanzaba a ver la oscuridad debajo de las escaleras, que era un espacio donde mi mamá guardaba artículos que no eran de uso diario. Pocas veces teníamos acceso a ese espacio y tampoco teníamos muchos deseos de entrar.

Una noche, abrí con total confianza la puerta que daba a la segunda planta, notando que la luz del pasillo estaba apagada. No pensé nada al respecto porque sabía que había un apagador al lado de la escalera que yo podía prender para que hubiese luz. Lo que pasó a continuación es algo que se me ha quedado grabado en la mente por el resto de mi vida. Cuando puse mi pie en ese primer escalón, sentí un movimiento debajo de la escalera que hizo que mis ojos se dirigieran a esa oscuridad. Mi corazón comenzó a palpitar más rápidamente ya que pude darme cuenta de que algo estaba fuera de lo normal. De pronto vi una mano que se extendía de entre los peldaños de la escalera y se asía fuertemente de mi tobillo. Pegué un grito despavorido que seguramente se escuchó alrededor de toda la cuadra. Mis dos hermanos se habían escondido entre las cajas que estaban debajo de la escalera y habían esperado pacientemente hasta que yo apareciera, para llevar a cabo su travesura de terror.

De esa ocasión a la fecha han pasado 32 años (al escribir esta historia tengo 43 años y eso me sucedió a los 11) y aún puedo sentir la angustia de ese horrible momento. Me desplomé al piso. Mi cuerpo se sacudía como hojas en el viento, mi aliento era rápido y escaso, y el corazón me latía a mil por hora. Lo único que se escuchaba más fuertemente que el latir de mi corazón eran las risas de mis hermanos a los que les había parecido muy graciosa su maldad. Puedo asegurar que pocas veces en mi vida había sentido tal pánico absoluto. Después de ese incidente, subía esas escaleras con cierta angustia y me aseguraba, antes de escalar, que no había nadie debajo de ellas para espantarme.

Todos tenemos nuestras propias historias, ¿no es cierto? Momentos vividos, recuerdos tenebrosos, segundos de pánico y angustia total. En la vida, todos tenemos miles de oportunidades de enfrentarnos al temor. No hay manera de evitarlo. Es parte de nuestro diario vivir. Sin embargo, lo que hacemos con esas oportunidades es lo que determinará si le diremos adiós al temor, o si seguiremos viviendo en sus cadenas de esclavitud. Una gran cantidad de personas vive completamente controlada por sus temores, dudas, fobias, angustias, malos augurios y nerviosismos. Pero, no hay necesidad de vivir así. Tengo buenas noticias: ¡podemos vivir en libertad! Podemos vivir tranquilos, seguros y sin temor de nada ni nadie.

De niño, recuerdo haber jugado un juego de mesa que se llamaba «Serpientes y Escaleras». Se trataba de un tablero lleno de números intercalados por figuras de serpientes y escaleras sobrepuestas sobre los cuadros que contenían los números. El objectivo era alcanzar la meta lanzando un dadito que nos daba el número de espacios que podíamos avanzar o, en ocasiones, dependiendo de dónde caía nuestra figura, retroceder. La cola de una serpiente nos podía lanzar a una posición mucho más avanzada en el tablero o bien regresarnos hasta el principio. Una escalera podía ayudarnos a conseguir un número más alto o más bajo, dependiendo de la cifra que mostrara el dado y de dónde eso hacía caer nuestra figura. Me acordé de ese jueguito al estar pensando en mi experiencia de la escalera y mi otro gran terror: las víboras.

Lo más probable es que lo haya heredado de mi mamá. Ella siempre le ha tenido mucho miedo a las víboras. Pero, cuando le hablo de miedo, no le estoy hablando de cualquier cosa, sino del miedo más allá de los grados normales. Creo que mi mamá podría aguantar cualquier cosa en la vida, excepto enfrentarse a una víbora. ¡Igual que yo! Yo les tenía un pavor tan grande a las víboras que no las podía ver ni en películas, ni en fotos. No me importaba si estaban muertas o detrás de una vitrina. No las podía soportar en ninguna de sus presentaciones. Si llegaba a ver una víbora, todo mi cuerpo lo sentía. Era una mezcla de desesperación, angustia, temor, asco, repulsión y miedo puro. Mi reacción no se limitaba a un temor psicológico, sino que incluía una reacción física muy real. Lo que sentía era un hormigueo que corría por todo mi cuerpo. Mi corazón palpitaba más fuerte, mi respiración se cortaba y mis ojos se nublaban.

En la misma casa donde me ocurrió la experiencia de la escalera, teníamos un gran solar en la parte de atrás. Solíamos, mis hermanos y yo, pasar largas horas jugando en ese patio, con nuestra perra y cualquier otro juguete que niños de nuestra edad tendrían. Como era una casa de campo, estábamos rodeados de varias hectáreas de terreno deshabitado. Por ende, en muchas ocasiones veíamos diferentes animaluchos de la naturaleza, especialmente roedores de campo, ratas y demás. También se veían víboras de vez en cuando. Nunca olvidaré cuando ayudábamos a mi mamá a limpiar el jardín y mi hermana Nolita y yo trabajábamos a un costado de la casa arrancando zacate largo y verde. Dentro de ese zacate había una viborita de campo que se prendió de la mano de mi hermanita. Lo supimos porque ella sintió el piquete y corrió para decirnos que una «mamá gusano» la había mordido. Mi hermanita tendría 3 años de edad cuando sucedió esto y no sabía que lo que le había picado era una víbora y por eso la llamó así. Yo alcancé a llegar al lugar del incidente con suficiente tiempo para ver una víbora verde deslizarse por la tierra a su lugar de escondite, dejando a un grupo de humanos aterrorizados en su estela. Casi le vi una sonrisa de burla que tenía en la boca, porque todos los que estábamos ahí en ese momento le teníamos total pavor a todos los de su especie. Mi papá se encontraba fuera de casa y me tocó llevar a mi hermanita en bicicleta al consultorio del doctor que quedaba a unas cuantas cuadras de casa. Gracias a Dios que no fue nada serio y en poco tiempo mi hermana estuvo de vuelta en casa y regresamos a la normalidad.

En ese mismo patio, mi papá me había pedido quitar unos ladrillos que habían dejado unos trabajadores. Simplemente, estaban mal ubicados y él quería que los colocásemos en otro lugar menos visible. Yo tenía más de quince minutos moviendo ladrillos y estaba llegando a los últimos, cosa que me alegraba porque, la verdad sea dicha, no tenía muchos deseos de estar allí y lo que quería era jugar con mis amigos, cuando de pronto me percaté que había dos ojos negros repugnantes mirándome atentamente desde el pasto. Era una víbora grande, gorda, color café con rayas negras y ojos recortados muy feos que me desafiaban, casi reclamándome por haberla molestado a la mitad de su siesta de media tarde. No tardé ni un milisegundo en reaccionar. Tiré los ladrillos al suelo y me eché a correr lo más rápido posible gritando a voz en cuello: «Papá, papá... una víbora... grande... fea... enojada...». A los minutos salieron todos de la casa y mi papá con un azadón buscaba la manera de pescar la víbora para matarla. Para ser sincero, no recuerdo el final de la historia, o si la mataron o no, porque no me pude acercar más a ese sitio por el temor que sentía. En todo el tiempo que vivimos en esa casa no pude acercarme más a ese lugar por el recuerdo de esa víbora fea.

Las serpientes y las escaleras en mi vida me habían marcado para siempre. Y le aseguro que no se trataba de ningún juego. Era algo demasiado real en mi vida. Lo único que me da autoridad para hablar sobre el tema del temor es que he luchado contra él toda mi vida. En alguna expresión u otra, siempre he tenido que lidiar con él y salir adelante a pesar de que muchas veces me ha querido paralizar. El temor es algo tan real que ha debilitado a millones de personas, impidiéndoles alcanzar sus metas, objetivos e ideales en la vida. Pero esto no le debe pasar a usted. Usted será una de las personas que les dirán adiós a sus temores. Usted será una de las personas que saldrá de la cárcel del miedo y se convertirá en un gran campeón en la vida.

CONOCER Y CONQUISTAR

El gran historeador Tito Livio dijo las siguientes palabras: «Le tememos a las cosas en proporción a nuestra ignorancia de ellas». La mayoría de las personas tiene grandes temores debido a la falta de conocimiento. De hecho, en el caso específico del temor a los animales, en la gran mayoría de los casos, ellos nos tienen más miedo a nosotros que nosotros a ellos. Pasarían muchos años antes de darme cuenta de que esa víbora que me encontré debajo del ladrillo aquella tarde soleada en Durango, México, estaba más aterrada que yo por el hecho de que un ser cien veces más grande que ella, había descubierto su escondite, dejándola vulnerable ante cualquier ataque. Cuando usted y yo tememos a algo o a alguien, se ven más grandes y temibles de lo que realmente son. Esa víbora, por el temor que yo le tenía, se veía mucho más grande y amenazadora de lo que realmente era. ¿Qué me hacía falta? Conocer más acerca de las víboras. Así de sencillo. El Gran Maestro de todos los tiempos, Jesús, lo expresó aún mejor: «Conocerás la verdad, y la verdad te hará libre» (Juan 8:32). Mientras más conozcamos la verdad, más libres viviremos de cualquier temor.

Mi vida cambió el dia que tomé una decisión. Le confieso que no fue una decisión fácil, pero fue de calidad. Estaba disfrutando una tarde con mis hijos mientras veíamos juntos un programa en televisión llamado Crocodile Hunter (Cazador de Cocodrilos) con un australiano llamado Steve Irwin, que falleció recientemente. Mis tres hijos varones, al igual que mi hija, Elena, siempre han tenido fascinación por la naturaleza y, en especial, por la vida animal. Desde muy pequeños, leían libros y estudiaban enciclopedias acerca de animales. Este programa de Steve Irwin se había convertido en uno de sus programas favoritos en la televisión. De pronto, un buen día, a este hombre se le ocurre que sus aventuras con cocodrilos y lagartos peligrosos no le satisface lo suficiente, así que comienza a expandir sus horizontes al mundo reptil de todo tipo: incluyendo víboras y serpientes peligrosas del mundo. Sin saber esta última información, una tarde estaba sentado con mis hijos en nuestra sala viendo el programa cuando, de pronto, aparece en la pantalla una enorme serpiente de colores vívidos y cálidos. Era una criatura larga, aceitosa y sigilosa y este hombre la tenía tomada de la cola, alzándola al cielo, mientras la cabeza de la víbora se encontraba cerca del piso intentando a toda costa buscar una escapatoria. Inmediatamente, comencé a sentir la misma reacción que había sentido toda la vida ante la imagen o presencia de una víbora: piel de gallina, corazón acelerado, respiración recortada, hormigueo por toda la espalda, etc... Mis hijos, que han sabido toda su vida acerca de mi terror por las víboras, comenzaron a hacerme bromas como: «Mira, papá, ¡qué viborita tan linda! ¿Te gusta? Mira cómo se mueve, ¿te gustaría que te la pusieran aquí en el cuello...?» y cosas por el estilo. Se reían a carcajadas al ver mis reacciones de terror. Era algo que no podía contener. Era algo con lo que yo había vivido toda mi vida. Tendría, para ese entonces, unos 35 años de edad y aún no había vencido el miedo a las serpientes y mis hijos, ¡se burlaban de mí!

Fue en ese instante que tomé la decisión. De hecho, no me tardé un segundo en tomarla. Me forcé a ver ese programa de televisión, con todo y los síntomas que tenía en el cuerpo. No soportaba más tener ese miedo y era hora de hacer algo al respecto. Decidí que la única manera de quitarme esa fobia era acercándome a lo que le tenía miedo para conocerlo mejor. Y fue lo que hice en ese mismo momento.

Hoy puedo decir que estoy totalmente libre del miedo a las víboras. Lo he comprobado en varias ocasiones en que hemos ido a los zoológicos con la familia y, cosa que nunca había hecho antes, entré a la sección de reptiles y me detuve para conocer detenidamente a cada una de las víboras, de dónde provenían, cuáles eran sus gustos en alimentos y mucha más información que antes desconocía. Cuando conocí más acerca del mundo de los reptiles, me di cuenta de que la mayoría de esas víboras sólo ataca cuando se siente agredida. Si las dejamos en paz, nos dejarán en paz. He decidido que puedo vivir tranquilo dejándolas en paz.

La verdad fue lo que me liberó del miedo a las serpientes. La verdad es lo que lo hará libre a usted de ese temor que lo agobia. Mientras más nos acercamos a nuestros temores para conocerlos, más nos daremos cuenta de la mentira que se esconde detrás de ellos. Tito Livio dijo «El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peores de lo que son». ¡Cuán acertadas son sus palabras!

DÉLE EL FRENTE

No hay manera de evitarlo. Todos nosotros seremos confrontados durante toda nuestra vida por situaciones que nos darán temor. La única manera de salir adelante es conocer la verdad para ser libres. Es importante que cada uno tome una decisión y diga «¡Basta! Estoy cansado de sentir este miedo. Hoy, cambiaré mi manera de pensar y haré algo al respecto». El hecho puede ser que usted «sienta» temor, pero la verdad es que no tiene por qué someterse y postrarse ante ese temor. Nunca podremos obtener la victoria si huimos. De hecho, cuando vemos cómo equipan a los soldados, notamos que la armadura principal se encuentra en la parte delantera. ¿Por qué? Porque esa es la parte que estará expuesta al enemigo. No hacen provisión para la espalda, porque un soldado conquistador es uno que siempre está de cara al enemigo. Un cobarde es uno que siempre está huyendo del enemigo. Usted y yo tenemos una sola opción: darle el frente de una vez y para siempre a este enemigo llamado temor.

Soy un ávido estudiante de la Biblia. Encuentro muchos ejemplos positivos en los personajes que se encuentran en sus páginas, además de consejos muy prácticos que me sirven en la vida diaria. Uno de los personajes más reconocidos de la Biblia es el joven David, quien llegó a ser uno de los guerreros y reyes más respetados de la historia. Sin embargo, de joven lo vemos con un dinamismo y un carisma que lo separan de los demás. Desde pequeño, confrontó desafíos que la mayoría de los muchachos de su edad no enfrentaban. Teniendo a su cargo las ovejas de Isaí, su padre, David en ocasiones tuvo que librar a sus ovejas de las garras de animales salvajes que intentaban invadir la pequeña manada para comérsela. Específicamente, conocemos la historia de un oso y un león que mató cuando se quisieron pasar de listos con sus ovejas. Fue una muestra de fuerza, determinación y valentía singular para un joven de su edad. Seguramente, habría tenido momentos de pánico y desesperación, pero en lugar de darles la espalda a estos grandes desafíos, los enfrentó. No huyó, a pesar de que la historia nos muestra que no tendría más de quince años cuando ocurrieron esos eventos. Seguramente, David nunca se habría imaginado que esas luchas con aquellos animales salvajes eran parte de su preparación para una de las pruebas más grandes de su vida.

Su enemigo, Goliat, era un tipo formidable. Con casi tres metros de altura, era el paladín del ejército filisteo. Además, era rudo, mal hablado y desafiante. Tanto así, que todo el ejército del pueblo de Israel se escondía en sus tiendas de acampar cada vez que salía este hombrón a desafiarlos, demandando que alguien le saliera al encuentro a pelear con él. Hasta el mismo rey Saúl, supuesto comandante en jefe de las tropas, dejaba pasar los días sin saber qué hacer ante esa grave situación. Sin tener un plan, sin alguien dispuesto a llevar uno a cabo, sin valor en sus corazones, el ejército entero se encontraba paralizado ante el burlón de Goliat que salía todos los días a reírse en sus caras, provocando más pánico y terror en el corazón de los soldados judíos. Un rey cobarde, unos soldados paralizados, un enemigo formidable y la falta de dirección, hacían que esta situación se convirtiera en un gran impasse en todos los aspectos.

Un día llegó el joven pastor David. No tardaría en saber que había algo radicalmente mal en el campamento de los soldados, entre los cuales se encontraban dos de sus hermanos, quienes eran la razón de su visita. Su padre le había encargado que les llevase comida a los hermanos que estaban en la guerra. Cuando sus hermanos lo vieron, se molestaron con David porque pensaban que el lugar en el que se encontraban era demasiado peligroso para un «niño» como él. Era raro, porque no podía haber peligro donde no pasaba nada y en ese supuesto «campo de guerra» no estaba pasando nada. Sin embargo, molestos, trataron de convencer a David de que regresara a casa.

Mientras lo están tratando de convencer, sale Goliat a la escena como lo hacía todos los días a la misma hora para comenzar su rito diario de burla y provocación. Cuando David lo ve y escucha lo que está pasando, se indigna contra ese fortachón inmundo que se atreve a burlarse de las tropas del pueblo de Dios. Su molestia es tal, que se ofrece a ser el guerrero que se enfrente ante aquel enemigo. Una cosa lleva a la otra y de pronto se encuentra delante del mismo Rey Saúl explicándole por qué él podría ser el candidato para salir en contra de ese burlón que los insultaba sin cesar. No teniendo ningún otro plan, Saúl lo envía al enemigo con nada más que una bendición y la esperanza de que Goliat no lo aniquile totalmente.

Esta es la parte de la historia que me llama la atención, porque es lo que nos va ayudar a usted y a mí a decirles adiós a nuestros temores de una vez por todas. Seguramente, David entendió la gravedad del momento. Seguramente, calculó el tamaño de Goliat. David sabía que todo descansaba sobre sus hombros y que las vidas de miles de soldados dependían del buen o mal resultado de su plan. Toda su vida David mostró sensatez y congruencia en todo lo que hacía y, a pesar de ser muy joven en esta ocasión, no podemos imaginarnos que no haya tenido esa misma cordura. Mi sentir es que David caminó rumbo a ese gigantón con las rodillas temblándole, con el corazón corriendo a mil por hora, con la frente sudada. Pero confiado, porque sabía que dentro de él estaba una fuerza mayor, la de Dios, que lo ayudaría a destruir a este gran adversario. Pienso que David salió al encuentro de Goliat A PESAR de lo que le decían sus emociones o sus temores. En todo momento, entiende que hay una fuerza mayor que él que lo va a ayudar a salir de este aprieto. Cuando el gigante se burla de David y aun se molesta con él porque esperaba un hombre más formidable contra quien pelear, David le contesta a los insultos con declaraciones de victoria, pero no en nombre de él ni del pueblo de Israel, sino en nombre de Dios, el Dios Todopoderoso, capitán de los escuadrones celestiales. El muchacho David entiende que lo único que nos puede liberar de nuestros enemigos, de nuestros temores y de nuestras angustias es Dios, Nuestro Señor. Él está más que presto para auxiliarnos en cualquier situación. Sin embargo, David también entendía que él tenía que hacer SU parte. Esto es lo que a muchos se nos olvida. Queremos que Dios diga algunas palabras mágicas, mueva su varita desde el cielo y «puff» ya todo queda arreglado. En la mayoría de los casos, no funciona así. Nosotros tenemos que hacer nuestra parte y Dios hace lo que nosotros no podemos hacer. Es una colaboración entre ambos. Esto lo entendió David. Ya se había encomendado a Dios y estaba listo para lo que seguía. Así que se preparó con su herramienta de guerra (su pequeña onda), sus municiones (cinco piedritas redondas tomadas de un arroyo), se armó de valor y salió al encuentro de su formidable enemigo.

«David se dio prisa y corrió a la línea de batalla» (1 Samuel 17:48). Quiero resaltar esta frase porque dice mucho acerca del por-qué David se enfrentó a sus temores y los venció. Todos necesitamos aprender sobre eso. En esa línea vemos la ACTITUD de David ante el desafío. Una actitud emprendedora, de tomar cartas en el asunto inmediatamente y no dejar pasar un segundo más, antes de enfrentar el problema. «Se dio prisa». Dentro de sí, había determinado que había transcurrido demasiado tiempo con ese problema. No iba esperar un segundo más con las cosas como estaban, así que se dispuso a correr hacia la línea de la batalla en lugar de continuar su vida negando que existía un problema y escondiéndose en la comodidad de una tienda de acampar, como lo hacían todos sus compatriotas.

La mayoría de los que hemos luchado toda la vida contra alguna clase de temor no le ha dado el frente con la rapidez necesaria para cortar el problema en su estado embriónico. Muchas veces, por nuestra indecisión, el problema crece fuera de proporción, llevándonos a una crisis que destruye nuestras emociones, nuestra familia, los amigos y el mundo que nos rodea. Tenemos que hacer como David: una vez que reconozcamos que existe el problema, corramos a la línea de la batalla, enfrentémonos al gran gigante en nuestra vida y corrijamos de inmediato la situación para continuar nuestra vida en paz. Al igual que él, podremos encontrar que nuestra acción, nuestra entrega a Dios y nuestro compromiso en hacer algo al respecto traerá grandes resultados en nuestra vida personal, profesional, familiar y emocional. Veremos caer a ese gran Goliat, como lo vio David, y saborearemos el rico manjar del triunfo.

¡Dése prisa! ¡Corra a la línea de batalla! El hecho que usted tenga este libro en sus manos me indica que será una persona que le dirá adiós a sus temores y sabrá cómo tratar oportunamente con cada gigante que se le presente en la vida.

ES CUESTIÓN DE DECISIÓN

Lo que causó que el pueblo de Israel fuese liberado del gigante Goliat fue el hecho de que hubo una persona entre ellos que se hartó a tal grado, que decidió hacer algo. Lo que nos llevará a usted y a mí a la victoria es una decisión permanente e inamovible de batallar con cada gigante que se nos presente. Algunos de esos gigantes nos intimidarán grandemente. Algunos nos harán sentir realmente incapaces de poder funcionar. Otros se burlarán de nosotros y nos dirán toda clase de cosas. Pero nos tenemos que decidir, hoy mismo, a salir de prisa a la línea de batalla y enfrentar esos gigantes con determinación y carácter; sabiendo que la Fuerza del Todopoderoso reside dentro de nosotros y nos ayudará a obtener la victoria. Si confiamos en Él, beberemos de Sus fuerzas y podremos enfrentarnos a cualquier desafío y salir triunfantes. Pero todo es cuestión de que nos decidamos.

Algunos nos hemos acostumbrado tanto al temor que ha llegado a ser parte de nuestra vida diaria. El miedo se ha vuelto parte de nuestro vocabulario. Por ejemplo, en ocasiones escucho a personas decir: «Temo que mis hijos no salgan adelante» o «me temo que mi esposo está siéndome infiel» o «temo que nunca podré salir adelante en mi trabajo» o «temo que nunca podré pagar esta deuda que tengo» o «temo que nunca podré superar este vicio que he tenido durante tantos años» o «temo que nuestra familia siempre vivirá en la pobreza que nos ha caracterizado por tantos años». Temo, temo, temo...Para decir adiós a nuestros temores, tendremos que cambiar nuestro vocabulario. Es imposible llegar a una victoria personal cuando tenemos el temor en nuestro diario hablar. Nuestras palabras son poderosas: edifican o destruyen. Cada vez que decimos: «temo que...» estamos clavando la estaca del temor más profundamente en nuestro corazón. Cada vez que pronunciamos el temor en nuestra vida, lo estamos afirmando y dándole cabida, en lugar de destruirlo y sacarlo de una vez y para siempre de nuestro corazón.

Todos conocemos la historia de Job, el paciente. Cómo, de un día para otro, lo perdió todo: casa, familia, bienes, dinero, tierras, riquezas, todo. Es interesante notar que en los primeros días que le vino esta gran prueba, lo escuchamos decir las siguientes palabras: «porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía» (Job 3:25). Es decir, lo más probable es que en el vocabulario diario de Job estaba el temor de que algún día lo perdería todo, que se le vendría abajo todo el imperio que poseía. En su vocabulario diario estaba el temor. Entonces cuando le vino la pérdida, no le extrañó porque la había estado temiendo toda su vida. ¡Qué extraordinario ejemplo de por qué debemos cuidar lo que dice nuestra boca! Es aquí donde comienza el viaje que nos llevará a decirles adiós a nuestros temores: cambiar nuestra forma de hablar. Hágase un análisis honesto. ¿Existe el temor en su vocabulario? ¿Existen declaraciones de temor en su conversación diaria? ¿Sus palabras son de angustia y pesadez? Por aquí tenemos que empezar. Comience HOY MISMO a cambiar su vocabulario.

El cambio de vocabulario nos llevará a un cambio de mentalidad. Necesitamos cambiar nuestra manera de pensar. Si siempre estamos pensando que nuestros temores nos van a destruir y a vencer, eso es lo que va ocurrir. Si pensamos que saldremos adelante y que nos esperan mejores días, eso es lo que va ocurrir. Dice el gran proverbio antiguo: «Como piensa el hombre en su corazón, tal es él» (Proverbios 23:7). Si pensamos que podremos decirles adiós a nuestros temores, lo lograremos. Si pensamos que mañana será mejor que ayer, lo será. Si podemos pensar que somos guerreros, ganando victorias, así será. Tenemos que conquistar nuestra mente primero y de ahí podremos conquistar cualquier otra cosa. Muchas veces, nosotros somos nuestro principal enemigo.

Jim Whittaker fue el primer norteamericano en conquistar la cima del Monte Everest. Pocos han tenido la dicha de haber estado en esa cima. Whitaker escribió una frase que decía: «Uno nunca conquista una montaña. Las montañas no pueden ser conquistadas. Uno se conquista a sí mismo, sus esperanzas, sus temores». El resultado de conquistarse a uno mismo, es poder escalar las cimas más altas que nos da la vida. Podemos gozar de los placeres que la vida trae. Dios así lo diseñó. Él nos dio toda la creación para que la disfrutáramos y nos trajera placer. Desafortunadamente, muchos no hemos conquistado nuestras esperanzas y temores para poder disfrutar de la plenitud que Dios tiene para cada uno de nosotros. Decida hoy que usted no será una de esas personas. Decida hoy que usted será la excepción. «Mejor es el hombre que se conquista a sí mismo que a toda una ciudad» (Proverbios 16:32). Decida hoy que usted conquistará sus pensamientos y se convertirá en un gran guerrero, disfrutando así de la vida que Dios Nuestro Señor nos ha regalado en Su bondad y Su misericordia.

Cambiemos nuestras costumbres y nuestro vocabulario. Eso nos ayudará a cambiar nuestra mentalidad. Por ejemplo, yo ahora puedo ver los programas de televisión sobre víboras y no siento absolutamente nada. ¡Qué cambio cuando lo comparo con los años en que no los podía aguantar! Me decidí, me acerqué a mi temor (corrí a la línea de batalla), cambié mi vocabulario (dejé de decir que me dan miedo las serpientes), cambié mi mentalidad (me empecé a decir que podía vencer ese miedo) y cambiaron mis costumbres (ahora puedo ver víboras en vivo, en fotos y en programas de televisión sin tener ninguna reacción). Habiendo dicho todo eso, le aseguro que no he llegado al grado de tener ganas de convivir con ellas. Las respeto, pero no les tengo miedo. Me alegro de que ellas tengan su hábitat y que en la mayoría de los casos nuestros mundos no tengan necesidad de cruzarse.

En conclusión, si usted se acerca más a sus temores para conocerlos, los podrá conquistar. Si usted conoce la verdad acerca de quién es y del Poder maravilloso que Dios ha depositado en su vida, usted les podrá decir adiós a sus temores y nunca sentir nostalgia por ellos, jamás. No desista en conocer la verdad, es lo que lo hará libre. Robert Schuller dijo en una ocasión: «Si escucha sus temores, se morirá sin saber cuán grande pudo haber usted sido». Usted es una gran persona. Estoy seguro que está iniciando uno de los mejores viajes de toda su vida: decir adiós a sus temores.

Preguntas para reflexionar

1. ¿Es la palabra temor parte de mi vocabulario diario?

2. ¿Qué cosas puedo hacer para cambiar mi manera de hablar?

3. ¿Qué cosas puedo hacer para acercarme a mis temores y conocerlos mejor, para poderlos vencer?

4. ¿Qué hábitos, mentalidad o pensamientos tengo, que podría cambiar para decirles adiós a mis temores?

5. ¿Qué puedo hacer para «correr de prisa a la línea de batalla» para conquistar mis miedos?

Oración

Dios y Padre Celestial: Ayúdame a dejar atrás mis temores. Te pido que no me dé miedo el viaje mismo de dejar atrás mis temores. Te pido que me des la fortaleza y la determinación para cambiar mi manera de hablar, de pensar y de actuar con respecto al temor. Quiero tener la resolución necesaria para correr a la línea de la batalla, aprisa, para conquistar los temores de mi vida. Confío en ti y en tu poder para sacarme adelante. Muchas gracias por tus fuerzas.

Copyright © 2007 by Marcos Witt



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Excerpted from Dile adiós a tus temores (How to Overcome Fear) by Marcos Witt Copyright © 2007 by Marcos Witt. Excerpted by permission.
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Table of Contents

ÍNDICE

Prólogo

por Joel Osteen

CAPÍTULO UNO

Entenderlo para conquistarlo

Serpientes y escaleras

Conocer y conquistar

Déle el frente

Es cuestión de decisión

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO DOS

Fobias, miedos y pánicos

¿Por qué tenemos miedo?

Tipos de fobia

Los famosos y sus temores

¿Qué hacer?

La ayuda divina

No tenga miedo

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO TRES

El lado positivo del temor

Parámetros de salud

Parámetros de seguridad

Parámetros de alegría

Un gran ejemplo de un mal ejemplo

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO CUATRO

¡Hágalo!...aunque tenga miedo

La acción disipa el temor

Actuará igual a como habla

Si es posible que pase esta copa

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO CINCO

No se deje vencer

Temor al rechazo

Temor al fracaso

Temor al qué dirán

Temor a la crítica

Temor al éxito

Temor a ser imperfecto

Temor a hacer el ridículo

Un ejemplo extraordinario

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO SEIS

Hace falta el amor

El poder del perfecto amor

El temor es una mentira

La verdad del perfecto amor

¿Cómo conocer más a Dios?

Beneficios del perfecto amor

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO SIETE

Con luz todo se ve mejor

Obstáculos en el camino

Fraudes, estafas, negocios fraudulentos

Inmoralidad sexual

Pornografía

Ocultismo, esoterismo

La ira, el enojo y el maltrato

Mentira

Chismes

Pasiones descontroladas

No vuelva atrás

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO OCHO

Déle la espalda al pasado

Reflexión

Perdonar

Restitución

Memorias que atan

La amenaza

El rechazo

¿Qué hay que hacer?

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO NUEVE

Déle el frente al mañana

Ciego al pasado

Movilizado hacia lo que vendrá

Consejos para un camino seguro

Arregle su pasado

Sueñe

Haga planes

Siga caminando, no se detenga

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración

CAPÍTULO DIEZ

El único temor válido

Lo que NO es el temor de Dios

Lo que SÍ es el temor de Dios

El temor de Dios es admiración reverente

Respeto devocional

Confianza relacional

Intimidad profunda

Para reír

Preguntas para reflexionar

Oración final

Agradecimientos

Bibliografía

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