Dios en un Burdel: Un Viaje Secreto en el Trafico Sexual y de Rescate

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Esta es una historia verdadera sobre las experiencias de un investigador encubierto, infiltrado en la multimillonaria industria mundial del sexo.

Es una historia de ?xito sobre los ni?os y adolescentes liberados de una vida de esclavitud y el rescatista que puso en libertad a cientos de v?ctimas, llevando a juicio a docenas de criminales. Tambi?n es la historia de constante desesperaci?n de quienes han sido olvidados en sistemas corruptos en el...

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Dios en un burdel: Un viaje secreto en el tráfico sexual y de rescate

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Overview

Esta es una historia verdadera sobre las experiencias de un investigador encubierto, infiltrado en la multimillonaria industria mundial del sexo.

Es una historia de éxito sobre los niños y adolescentes liberados de una vida de esclavitud y el rescatista que puso en libertad a cientos de víctimas, llevando a juicio a docenas de criminales. También es la historia de constante desesperación de quienes han sido olvidados en sistemas corruptos en el cumplimiento de la ley.

Es la historia personal de Daniel Walker, un hombre que siguió un difícil camino de discipulado, terribles frustraciones e improbable redención.

Es un desafío al pueblo de Dios, a involucrarse en la batalla que podría liberarlos a todos.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602557765
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 7/3/2012
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 224
  • Product dimensions: 5.40 (w) x 8.30 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

Daniel Walker ha trabajado como investigador encubierto para varias organizaciones sin fines de lucro que buscan liberar a mujeres y niños del tráfico sexual, en los Estados Unidos y en más de una docena de países. Cuenta con una maestría en Desarrollo Económico del Tercer Mundo de la Eastern University de Filadelfia.

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DIOS EN UN BURDEL

Un viaje secreto en el tráfico sexual y de rescate
By Daniel Walker

Grupo Nelson

Copyright © 2012 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-776-5


Chapter One

Asia del Sur

Se llama Daya

* * *

Los guetos de Munpur son un extenso laberinto de chozas de hojalata y calles sucias, cloacas abiertas, basura en descomposición, olores sofocantes y condiciones de vida miserables. Y esto solo para los afortunados. Los que no tienen casa duermen en las aceras, debajo de puentes de hormigón y en las estrechas medianas de carreteras y autopistas. Familias enteras se apiñan bajo plásticos y cartones; niños y recién nacidos duermen a pocos centímetros de vehículos que circulan con exceso de velocidad esparciendo sus acres gases.

En una de estas comunidades marginadas del noreste de Munpur, una niña regenta un burdel. Lo regenta porque es la única trabajadora. El prostíbulo es un pequeño habitáculo de hormigón con tejado de zinc. El suelo es de cemento y la puerta es de madera maciza, pero por lo demás no difiere de los miles de minúsculos cubículos que lo rodean. No hay dirección, ni nombre, ni comodidades, ni letreros que lo anuncien. El mobiliario interior consiste en una cama.

No obstante, es un negocio próspero, y un hombre viene a diario a recoger la recaudación y a traerle agua y comida a la niña. El resto de visitantes son el torrente de clientes que entran y salen de su cama a cualquier hora del día o de la noche, pagándole menos de un dólar estadounidense por usar su pequeño cuerpo. Y es pequeño porque la niña solo tiene doce años.

Me habían destinado a Munpur para ayudar a algunos de mis colegas a asegurar la cooperación policial en el rescate de un número indeterminado de víctimas del tráfico humano y de la prostitución forzada. Aquella vivienda en particular iba a ser nuestro primer objetivo. Después de varios días de negociación, el jefe de policía finalmente había accedido a colaborar. De pie bajo el tórrido sol en el exterior de la comisaría, repasé el plan una última vez.

Coordinar una redada sobre un objetivo así implica muchas dificultades. En primer lugar, no hay una forma rápida de distinguir el edificio de los muchos que lo rodean, y localizar un sitio exacto sin tener ningún punto de referencia es problemático. En segundo lugar, como en la mayoría de barrios marginales y guetos de los países en vías de desarrollo, la pequeña ciudad tiene su propio sistema de comunicación boca a boca. Siempre que un coche de policía u otro vehículo extraño penetra en su entorno, la noticia se esparce más rápido que el fuego, las puertas se cierran y los que mueven los hilos del mercado negro desaparecen. En tercer lugar, una comunidad de estas características tiene su propio entendimiento de lo que es la administración y el cumplimiento de la justicia. Acceder por la fuerza al corazón del vecindario plantea problemas reales de seguridad para el grupo de asalto, especialmente si uno de los que entra es caucásico, resaltando en medio del mar de rostros de color oscuro. Por último, cuando ciertos oficiales de policía de la comisaría local son conocidos por ser corruptos y trabajar en asociación con los que ganan dinero del abuso infantil, pedirles que colaboren en el rescate de la niña es, de hecho, pedirles que cierren su fuente de ingresos.

Sin embargo, acompañados por un grupo de policías locales a los que consideramos honestos, finalmente entramos en el gueto y nos dirigimos al objetivo tan rápido como nos permitieron nuestros 4x4 alquilados.

LA REDADA DE LA MISERIA

Al llegar al edificio, se hizo evidente que habíamos tomado a los vecinos por sorpresa. El grado en que la comunidad estaba involucrada en actividades ilegales de cualquier tipo se hizo patente cuando la policía bajó de los vehículos. Hombres, mujeres y niños de todas las edades empezaron a escabullirse de las puertas, escurriéndose hacia los callejones, mientras se deshacían de cualquier forma de los artículos ilegales. No obstante, nosotros solo estábamos interesados en un edificio de hormigón y en una puerta de madera roja y pequeña.

De pie en la sucia calle, ahora desierta, el sargento de policía empezó a llamar a la puerta. «¡Policía! ¡Abran la puerta!», gritó. Otros agentes ya se habían posicionado en la parte trasera del edificio. De pie al lado de la puerta, me esforcé por escuchar cualquier respuesta o movimiento en el interior. Contuvimos la respiración para ver si la niña aún seguía allí. Cuando no hubo respuesta a los golpes y a los gritos, pregunté: «¿Intento derribar la puerta de una patada?» El bigote del sargento se movió nerviosamente mientras consideraba mi petición. Sin contestarme, siguió aporreando la puerta. «¡Abran!»

Al final se oyó un clic en el interior y la pequeña puerta se abrió.

Cuando nos adentramos en la oscuridad, dejando atrás la brillante luz del sol, la delgada silueta de una niña tomó forma ante nuestros ojos. De pie al lado de su cama, descalza, llevaba un vestido de algodón blanco muy manchado. Tenía su lisa cabellera negra recogida en una cola, dejándole al descubierto la cara. Era hermosa, de ojos llamativos y tez clara. Estaba sola. Confusa. Asustada.

Al llevarla desde la oscuridad de su minúsculo cuchitril hacia la brillante luz del sol, la seguridad y la libertad, me sentí abrumado por un sentimiento de gratitud, gozo y actitud protectora. Gratitud porque hasta el momento todo había salido según lo planeado y habíamos encontrado a la niña. Gozo porque ahora se encargarían de ella, y por haber tenido el honor de participar en su rescate. Como si fuera mi hermana pequeña, caminaba a su lado, ofreciéndole la protección de un guardaespaldas, con mi aún vigilante y fría mirada comunicándole a todo el que nos observaba que defendería mi pequeña carga sin piedad.

Después de dejarla en uno de los vehículos policiales, las trabajadoras sociales de nuestro equipo le comunicaron suavemente que no estaba metida en ningún lío, sino que había sido liberada de aquel burdel y de su trabajo allí para siempre. La expresión de la niña fue cambiando poco a poco, y sus hombros se relajaron. Y lo más impactante: una pequeña pero deslumbrante sonrisa cruzó su rostro, y empezó a comunicarse en su lengua nativa.

Mientras el pequeño convoy policial emprendía el camino de vuelta para salir del gueto, la niña de pronto señaló a un hombre a lo lejos que había estado observando toda la operación con gran interés. De un modo animado, la niña empezó a conversar con los oficiales de policía y las trabajadoras sociales. Para cuando me tradujeron lo que había dicho, el hombre ya se desvanecía entre la multitud. Salté del vehículo con uno de los oficiales de policía y comencé a perseguir al hombre responsable de su encarcelamiento y explotación diaria.

Corriendo a toda velocidad por una red aún más estrecha de callejones con reminiscencias a un decorado de las películas de Indiana Jones, me abrí camino entre puestos de comida picante, ropa tendida, perros callejeros y niños jugando. Cruzaba nubes de humo de basura en llamas y saltaba por encima de las alcantarillas abiertas, decidido a no perder mi presa. Sin embargo, al llegar a una intersección, me di cuenta de que había perdido de vista a nuestro hombre y de que no tenía ni idea de qué camino había tomado.

Una pequeña multitud empezó a materializarse a mi alrededor, fascinados por ver a un hombre blanco en su propia y diminuta parte del mundo. Y en medio de toda aquella gente fue cuando por primera vez vi un número cada vez mayor de rostros a la defensiva, de ojos inyectados en odio. Frustrado como estaba por la cercanía del perpetrador y sabiendo que la policía no haría nada por localizarlo cuando nos marchásemos, la discreción parecía ser la mejor forma de valentía. Nos retiramos discretamente hacia la seguridad de nuestros vehículos y salimos del área.

De vuelta a la comisaría de policía, el comandante local se sentó a un lado de la mesa de los interrogatorios y la niña, Daya, al otro. Sus ojos abiertos y su pequeña silueta estaban flanqueados a ambos lados por dos trabajadoras sociales, que la tomaban de la mano, alentándola y tranquilizándola. De pie detrás de ellas, me recordaron a dos ángeles sentados en silencio al lado de su protegida, comunicando con su presencia todo lo que Daya necesitaba saber.

GRATITUD Y TRANSFORMACIÓN

Sin pensar, en voz baja, empecé a musitar una de las canciones de adoración que había aprendido en mi juventud. Fue uno de esos insólitos momentos en los que mi corazón espontáneamente empezó a darle gracias a Dios por quien es él: el Padre y defensor de huérfanos y desamparados. También le agradecí que me permitiera experimentar el puro júbilo y el gozo de tomar parte en la dramática transformación de una joven vida. Supe que la vida de esa niña y la mía propia nunca volverían a ser lo mismo.

De pie bajo el calor del verano, en los confines de un pequeño patio de policía en las afueras de Munpur, me di cuenta de que no estaba solo alabando a Dios por quien es él y por lo que ha hecho en la historia, sino fundamentalmente por lo que había hecho a través de mí ese mismo día.

Comencé a preguntarme qué pasaría si los hombres de todas partes aceptaran su propósito divino de defender y proteger a las mujeres y los niños desamparados en sus comunidades. Qué sucedería si, además de dar rienda suelta a su fuerza, habilidades y pasión en un campo de deporte, en la oficina o detrás de una pantalla de ordenador, descubrieran su auténtica masculinidad respondiendo a este llamado a las armas y la acción.

Me pregunté: ¿qué sucedería si la iglesia de todo el mundo pasara a la ofensiva contra la opresión y la esclavitud de tal modo que actos de rescate y restauración como estos tuvieran lugar a diario? ¿Qué pasaría en nuestras comunidades de creyentes si empezásemos a ser proactivos a la hora de encarar tales injusticias? Es más, ¿cómo cambiarían para siempre nuestras familias, nuestro discipulado, si todos estuviésemos de algún modo involucrados activamente en el rescate de los oprimidos, la defensa de los huérfanos y la protección de las viudas?

También empecé a cuestionarme qué ocurriría si las iglesias de todo el mundo movilizaran a sus congregaciones para llevar la luz de Cristo de forma activa a los oscuros lugares de esclavitud sexual existentes en sus propias comunidades y ciudades. ¿Qué podría conmover a su iglesia más profundamente e influenciar al mundo con mayor trascendencia que el hecho de encontrar a Dios entre las tinieblas y la depravación de un prostíbulo?

HECHOS: Tráfico sexual

• El tráfico sexual es la forma de esclavitud moderna más extendida en el mundo hoy en día, y es una sólida industria global que reporta a las redes criminales organizadas miles de millones de dólares al año.

• El tráfico sexual es la captación y el transporte de una persona con fines de explotación sexual comercial y obtención de beneficios. A diferencia del contrabando de personas, que implica una relación contractual entre los que buscan viajar y los que actúan como sus contrabandistas, el tráfico es un negocio que se aprovecha de los vulnerables usando la fuerza, la estafa, el engaño, la coerción y el secuestro. El traficante es el único beneficiario de la transacción.

• A menudo los traficantes se hacen pasar por patronos, contrabandistas o intermediarios matrimoniales para secuestrar o atraer a las víctimas. A veces los traficantes son parientes, amigos o un pretendido cónyuge. Cuando las víctimas llegan a su destino, por lo general se las despoja de su pasaporte y documentos y son obligadas a trabajar bajo amenaza de violación, malos tratos, inanición y deportación.

• Más de dos millones de niños son explotados en la industria comercial del sexo en todo el mundo. El tráfico de niños a menudo supone la explotación de la pobreza extrema de los padres. Es posible que los padres vendan a sus hijos a los traficantes para pagar deudas u obtener ingresos, o puede que les engañen con promesas de una vida mejor para sus hijos. En muchos países, a menudo los niños víctimas del tráfico han perdido a uno o a ambos progenitores por el SIDA.

• Las personas que sufren las peores formas de abuso sexual con fines comerciales en el mundo son, por lo general, mujeres y niños sin recursos. Son abusados, explotados y condenados a la esclavitud sexual simplemente porque se puede hacer. Son las personas más vulnerables del planeta.

• La industria de la «violación con fines de lucro» no existiría sin la creciente demanda de sexo comercial a nivel mundial.

Chapter Two

Superhéroe

¿Qué importa cómo me llame? Se nos conoce por nuestros actos. Batman Begins

Siempre quise ser un superhéroe. No uno con mallas y capa, sino la clase de héroe que todo chaval aspira a ser.

Cuando era pequeño idolatraba al Zorro, al Llanero Solitario y al Hombre Biónico. Leía todos los cómics de Commando, veía todas las películas de guerra y seguía de cerca las aventuras de cada uno de los paladines del momento, ya fuera Luke Skywalker o James Bond. Con frecuencia me perdía durante horas jugando a la guerra con mis amigos, imaginando mi heroico papel en todas las grandes batallas de la historia.

Al hacerme mayor empecé a anhelar labrarme mi propio destino en la lucha contemporánea del bien contra el mal. Las dos únicas opciones profesionales que me seducían era hacerme soldado u oficial de policía. Decidí entregar mi alma y corazón a una de las dos.

En secundaria hice todo lo posible para prepararme para el papel que un día asumiría. Practiqué los deportes que creí que podrían serme de utilidad en mi cruzada, como tiro, karate y atletismo. Elegí a mis amigos con cuidado, estudié duro y asumí roles de liderazgo dentro de la escuela. Para cuando me gradué, me había asegurado de poseer las habilidades necesarias para ser el candidato perfecto.

Mis solicitudes iniciales fueron bien. Superé todos los exámenes obligatorios y entrevistas, y creía que estaba en el camino correcto para hacer realidad mis sueños. Cuando recibí una carta del Ejército de Nueva Zelanda y otra de la Policía de Nueva Zelanda explicándome que un defecto visual me inhabilitaba para servir en ambos cuerpos, me derrumbé.

CHICAS Y GRACIA

Como muchos jóvenes en busca de un sentido y un propósito dignos para su vida, me matriculé en la universidad. Acogí con agrado la oportunidad de explorar las grandes ideas, teorías y economías que habían dado forma a la historia y el desarrollo humanos. Como había asistido a una escuela solo para chicos, también disfruté mucho de estar rodeado de tantas jovencitas atractivas. Cuando una muchacha especialmente encantadora me invitó a acompañarla a escuchar a un orador cristiano invitado, accedí con rapidez. Francamente, ¡habría accedido a ir a cualquier sitio con ella!

De niño había asistido a la escuela dominical en una iglesia anglicana de nuestro barrio, pero hacía ya mucho tiempo que había descartado las tradiciones de la fe como algo aburrido y sumamente irrelevante para la vida moderna. A pesar de eso, me intrigaron los argumentos tan razonables e intelectualmente sólidos que se expusieron a favor de la deidad de Cristo. Al final, sin embargo, aunque lo que había dicho el predicador visitante tenía sentido, no logró convencer a mi corazón.

Varios meses después estaba con algunos amigos en el centro de la ciudad cuando empezamos a flirtear con un grupo de chicas. Terminamos siguiéndolas hasta el ayuntamiento solo para encontrarnos metidos de lleno en un concierto de Juventud para Cristo. Lentamente, durante el transcurso de la tarde, mi atención cambió de las chicas a las que perseguíamos a algo de lo que el conferenciante, John Pritchard, de Juventud para Cristo Nueva Zelanda, estaba diciendo.

Mientras hablaba de un Dios de «sublime gracia», recuerdo que pensé que todo eso era muy bonito: la idea de ese Dios tan bueno y al que, al parecer, yo le gustaba tanto. Sin embargo, yo estaba buscando algo más.

Entonces el predicador dijo algo que cambiaría mi vida para siempre. Una breve frase sorteó todas mis preguntas y dudas. Una frase me alcanzó a través de la multitud y se apoderó de mi corazón: «El amor y la gracia de Dios son un regalo gratuito, y no hay nada que puedas hacer para ganarlos. Pero te van a costar todo lo que tienes».

Mi espíritu interior, hambriento de aventuras, no dejó escapar aquella fantástica invitación, aquel asombroso reto. Allí y entonces, determiné que podía pasarme el resto de mi vida buscando por todo el mundo y no encontrar jamás un propósito más extraordinario o una misión más noble.

Creí que finalmente había encontrado la heroica oportunidad que había soñado toda mi vida, y un destino que me exigiría una entrega absoluta. Así que me levanté de mi asiento y pasé al frente aquella noche, añadiendo mi nombre al libro de la vida. Tomé una decisión y partí hacia un camino sin retorno. Abracé el desafío y acepté perseverar a través de lo que el futuro deparara.

EL REINO DE DIOS

Devoré todos los libros y literatura que cayeron en mis manos que trataban sobre esta misión de amor. Me uní a una iglesia y disfruté del compañerismo de otros que seguían el mismo llamamiento y vivían según el mismo código.

(Continues...)



Excerpted from DIOS EN UN BURDEL by Daniel Walker Copyright © 2012 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Prefacio....................ix
1 Asia del Sur: Se llama Daya....................1
Hechos: Tráfico sexual....................7
2 Superhéroe....................9
3 Latinoamérica: Se llama María....................19
Hechos: Corrupción....................24
4 Críticas....................25
5 Estados Unidos: Se llama Jeni....................32
Hechos: Internet....................44
6 Peligroso....................46
7 Sureste Asiático: Se llama Mahal....................57
Hechos: Turismo sexual....................70
8 Hombres....................72
9 Sureste Asiático: Se llaman Lan y Milan....................80
Hechos: Prostitución infantil....................91
10 Decisiones....................93
11 Estados Unidos: Se llama Emily....................99
Hechos: Crimen organizado....................110
12 Infiltrado....................112
13 Sureste Asiático: Se llaman Phi y Tan....................119
Hechos: Pedófilos....................127
14 Iglesia....................128
15 Sureste Asiático: Se llama Sua....................135
Hechos: VIH/SIDA....................148
16 Cambios....................150
17 Caribe: Se llama Juan....................154
Hechos: Asistencia....................163
18 El precio....................165
19 Caribe: Se llama Carla....................170
Hechos: Mujeres....................178
20 Sublime gracia....................180
Hechos: Globalización....................189
21 Misión posible....................191
Conclusión....................197
Agradecimientos....................204
Notas....................206
Acerca de Nvader....................211
Acerca del autor....................212
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