Don Pablo De Santa Maria

Don Pablo De Santa Maria

by Fernan Perez De Guzman
     
 

View All Available Formats & Editions


Esta obra de Pérez de Guzmán es una colección de biografías breves de personajes de la política de la España de su época. Su estilo, vivaz y apasionado, se fundó en la observación personal y la veracidad opuesta al estilo laudatorio de otros autores.

Overview


Esta obra de Pérez de Guzmán es una colección de biografías breves de personajes de la política de la España de su época. Su estilo, vivaz y apasionado, se fundó en la observación personal y la veracidad opuesta al estilo laudatorio de otros autores.

Product Details

ISBN-13:
9788496428232
Publisher:
Red Ediciones
Publication date:
05/28/2004
Series:
Religion Series
Pages:
34
Product dimensions:
5.30(w) x 8.30(h) x 0.20(d)

Read an Excerpt

Don Pablo de Santamaría y 16 Epístolas


By Fernán Peréz De Guzmán

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-96428-23-2


CHAPTER 1

DON PABLO DE SANTAMARÍA


Don Pablo, obispo de Burgos, fue un gran sabio y valiente hombre en ciencia. Fue natural de Burgos y fue hebreo, de gran linaje de aquella nación. Fue convertido por la gracia de Dios y por conocimiento que hubo de la verdad, que fue gran letrado en amar las leyes. Antes de su conversión era grande filósofo y teólogo, y desque fue convertido, continuando el estudio estando en la corte del papa en Aviñón, fue habido por grande predicador. Fue primero arcidiano de Treviño, y después obispo de Cartagena, a la fin, obispo de Burgos, y, después, canciller mayor de Castilla.

Hubo muy grande lugar con el rey don Enrique el tercero y fue muy adepto a él; y, sin duda, era muy grande razón que de todo rey o príncipe discreto fuese amado, ca era hombre de gran consejo y de gran discreción y de gran secreto, que son virtudes y gracias que hacen al hombre digno de la privanza de cualquier discreto rey. Cuando el dicho rey murió, dejolo por uno de sus testamentarios. Y después hubo grande lugar con el papa Benedicto XIII.

Fue muy grande predicador. Hizo algunas escrituras muy provechosas de nuestra fe, de las cuales fue una las Adiciones sobre Niculao de Lira, y un tratado De cena Domini, y otro De la generación de Jesucristo, y un gran volumen que se llama Escrutinio de las Escrituras, en el cual, por fuertes y vivas razones, prueba ser venido el Mesías, y Aquel ser Dios y hombre.

En este lugar acorde de enxerir algunas razones contra la opinión de algunos que, sin distinción y diferencia, absoluta y sueltamente condenan o afean en grande extremo esta nación de los cristianos nuevos en nuestro tiempo convertidos, afirmando no ser cristianos ni fue buena ni util su [conversión]. Y yo, hablando con reverencia de los que así determinadamente y sin ciertos límites y condiciones lo dicen, digo que no dudo que una gente que toda su generación vivió en aquella ley, y ellos nacieron y se criaron en ella y, mayormente, los que en ella envejecieron y fueron por fuerza, sin otras amonestaciones y exhortaciones, traídos a nueva ley, que no sean así fieles y católicos cristianos como los que en ella nacieron y fueron enseñados e informados por doctores y escrituras. Ca aun los discípulos de nuestro Señor, que oyeron sus santos sermones y, lo que es más, vieron sus grandes miraglos y maravillosas obras, y, con todo eso, a la pasión, lo desampararon y dudaron de su resurrección con mengua de la fe, hasta que por el Espíritu santo fueron confirmados en la fe. Y aun después, por ordenanza de los apostoles, a los que de nuevo se convertían dejaban usar algunas ceremonias de la ley vieja, hasta que, poco a poco, se afirma en la fe. Por todas razones no me maravillaría que haya algunos, especialmente mujeres y hombres groseros y torpes, que no son sabios en la ley, que no sean católicos cristianos; ca el sabidor o letrado más [ligero] es traer al conocimiento de la verdad que el ignorante, que solo cree la fe porque la heredó de su padre más no porque della haya otra razón. Pero yo esto no lo creo de todos así generalmente, antes creo haber algunas devotas y buenas personas entre ellos, a muévenme a ello las razones siguientes: la primera, que de tanta virtud creo ser la santa agua del bautismo, que no sin algún fruto sería en tantos esparcida y derramada; la segunda, que yo he conocido y conozco dellos algunos buenos religiosos que pasan en las religiones áspera y fuerte vida de su propia voluntad; la tercera, que he visto algunos, así en edificios de monasterios como en reformación de algunas órdenes que en algunos monasterios estaban corruptas y disolutas, trabajar y gastar asaz de lo suyo, y vi otros, así como este obispo o el honorable su hijo don Alfonso, obispo de Burgos, que hicieron algunas escrituras de grande utilidad a nuestra fe. Y si algunos dicen que ellos hacen estas obras por temor de los reyes y de los prelados o por ser más graciosos en los ojos de los príncipes y prelados y valer más con ellos, respondoles que por pecados no es hoy tanto el rigor y celo de la ley ni de la fe porque con este temor ni con esta esperanza lo deban hacer, ca con dones y presentes se ganan hoy los corazones de los reyes y prelados mas no con virtudes y devociones, ni es tan riguroso el celo de la fe porque con temor de él se deje de hacer mal y se haga bien. Por ende, a mi ver, no así precisa y absolutamente se debe condenar toda una nación, y no negando que las plantas nuevas e injertos tiernos han menester mucha labor y gran diligencia; y aun digo más, que los hijos de los primeros convertidos deberían ser apartados de los padres, porque en los corazones de los niños gran impresión hacen los preceptos y consejos de los padres. Y aunque así fuese como ellos por larga manera lo quieren afirmar, yo digo que todavía su conversión fue util y provechosa, ca el apostol san Pablo dice: «En esto me alegraré que el nombre de Jesucristo sea loado con verdad o con infinta». Asimismo, puesto que los primeros no sean tan buenos cristianos, pero a la segunda y tercera generación, y todavía más adelante, seran católicos y firmes en la fe. Y para en prueba desto, en las crónicas de Castilla se lee que cuando los moros ganaron la tierra, por pecados del rey Rodrigo y traición del conde Julián, muchos de los cristianos fueron tornados a la secta de los moros, cuyos hijos y nietos y descendientes nos defendieron y defienden la tierra y son asaz contrarios a nuestra ley, ca tanto quedó España poblada dellos como de moros. Yo vi en este nuestro tiempo, cuando el rey don Juan el segundo hizo guerra a los moros, que, por división que habían los moros con su rey Esquierdo, se pasaron acá muchos caballeros moros y, con ellos, muchos elches, los cuales, aunque habían asaz libertad para lo hacer, nunca uno se tornó a nuestra fe porque estaban ya afirmados y asentados desde niños en aquel error, y aun algunos dellos que acá murieron así estaban ya endurecidos en aquella malaventurada secta y presos de aquel error, que aun en el artículo de la muerte, cuando ya no esperaban gozar de aquellas carnales deleitaciones, ni habían temor de los moros estando en tierra de cristianos, murieron en su mala y porfiada secta. Pues ¿por qué yo no pensaré de algunos de los conversos lo que vi de todos aquellos? Y así, a mi ver, en todas aquestas cosas son de dejar los extremos y tener modos y límites en los juicios; o si de algunos saben que no guardan la ley, acúsenlos ante los prelados en manera que la pena sea a ellos castigo y a otros ejemplo: mas condenar a todos y no acusar a ninguno, mas parece voluntad de decir mal que celo de [corrección].

Tornando al propósito, murió este obispo don Pablo en edad de ochenta y cinco años, y dejó dos hijos, grandes letrados: don Alfonso de Burgos y don Gonzalo, obispo de Placencia.

(Generaciones y semblanzas, 1450)


EPÍSTOLA I

Al magnífico señor Pedro de Estúñiga, justicia mayor del rey

Más festivo que el domingo de Pascua fue el viernes 5 deste mes, ca parió la reina un hijo, que la infanta doña Leonor tomara que fuera hija; porque vuestra merced vederá lo que va de diez cuentos de florines de dote que llevará, o ser reina de Castilla. Dios le señala por buen rey, pues que nació en la víspera de los reyes: y agüeros trae de que será adivino, y saludador, pues nació en viernes. La reina tuvo un flujo en demasía; mas yo la acomodé un parche con que se estancó. Bautizaron ayer al príncipe, y lo llaman Enrique: digamos que Dios le haga tan cobrado como su abuelo. Bautizólo el obispo de Cuenca, que se tusó la barba, y se vistió de nuevo, que parecía que demandaba la vacanza del arzobispado de Toledo. Vuestra merced se echó de menos; mas buenos florines salvó por estar ocupado en esa buena perreda de los aragoneses. El rey señaló por padrino del bateo al duque don Fadrique, aunque está en Galicia, y que por él lo fuese don Alonso hijo del almirante, y también su padre el almirante, y el condestable don Álvaro, y Diego Gómez de Sandoval: que éste sobre todos salió de madre, y sacó muy apuestos los de su casa, los criados bajos de entrapada bermeja con carreras de medio velludo amarillo y los de cerca de sí, de velarte morisco, y revesadas de colorado, y pespuntadas las orlas. El almirante llevó más gente suya, mas no tan a punto, también de pabonado, y tiras blancas: y su hijo, que era sustituidor del duque don Fadrique, pasó a todos, porque sacó unas calzas ni francesas ni castellanas, blancas, con tomados de piezas de oro, y su gente llevó hatos muy más ricos recamados de orfebrería. El condestable no llevó casa, porque todos eran de su casa: y sacó un collar que le dio el rey de Aragón, que es valioso en 1.000 florines de oro. Las madrinas sí que son para ver y oír, la mujer del almirante, y la mujer del condestable, y la mujer del adelantado. La del almirante llevaba una cara acontecida símil símil a la de doña Juana de Mendoza, que es ella misma, y dice Pajarón, que no ha visto otra cara que se le parezca: sacó una saboyana ceñida, de medio raso pardo, con vivos de armiños, y tomados de verde. Doña Elvira Portocarrero salió de blanco, que la apodó Pajarón, como escarabajo en leche, con cuchilladas sobre nacarado, abotonada de granates falsos. Doña Beatriz de Avellaneda llevó una ropa escotada de punzado morado, y mangas largas de arriba a bajo con tiras de seda azul, y armiñada, y las vueltas nacaradas. Esta, dijo el Canónigo Leon que le placía más sola, que esotras dos juntas; y lo mismo dijera vuestra merced. Hubo grande procesión de todos los Prelados que se hallaron en esta villa, que duró más que al obispo de Palencia le fuera en grado; pues se hubo de meter en una casa, y decir que tenía cámaras, por no decir que tiene sesenta y seis años. Un famoso torneo se prepara de cincuenta con cincuenta. No hay alegrías que no sean pocas por la salud de un rey bueno; y por el nacimiento de un hijo tan deseado. Vuestra merced venga antes que nos vamos, porque dicen que presto saldrá el rey: solo esperan al señor don Juan de Lara. Nuestro Señor mantenga y prospere a vuestra merced. Hecha

El bachiller Fernán Gómez


EPÍSTOLA II

Al mismo señor, justicia mayor del rey

Mando a vuestra merced este personero cabalgando, para que sepa con antes, que parten el conde de Benavente, y Fernándo Alonso de Robles para esa ciudad de Burgos, a fía de que vuestra merced haga con el rey de Aragón que reparta su hueste, y que vuestra merced guardará en el castillo de esa ciudad al infante don Enrique, para ponerle en libertad en derramando por su tierra la hueste el rey de Aragón. Cate mientes vuestra merced que Fernán Alonso de Robles y otros sospechan que vuestra merced tiene placer de la entrada del rey de Aragón en Castilla: y se diz que Ruy Martínez de Vera, ayo y camarero mayor del infante, que fue a dar parte de su prison al rey su hermano, llevó cartas de creencia de vuestra merced: y con hacerle ahora faraute desta concordia le meten el lazo al pie, como a Cristo cuando le demandaron si se debía de pagar el pecho a Cesar. El doctor Periañez es buen servidor de vuestra merced Nuestro Señor &c.


EPÍSTOLA III

Al magnífico y reverendo señor don Juan de Contreras, arzobispo de Toledo

Demos a Nuestro Señor las gracias, que son llegados los capítulos de la concordia con el rey de Aragón, que dentro de treinta días se han de otorgar, si las revueltas del adelantado Pero Manrique no lo arriedran todo: ca el rey de Navarra con poder de nuestro señor el rey lo ha hecho, y sentirá por desaguisado si se rehúsa la concordia. Diego Gómez de Sandoval ha escrito al rey de Navarra, que al honor del rey don Juan no cumple soltar al infante don Enrique, teniendo el rey de Aragón aparejada su gente de armas. Pedro Maza viene a recibir la persona del infante don Enrique: a buena tabla come en casa del condestable, y esperará la vuelta del personero que fue al rey de Navarra. Arrufanse los mastines por el hueso que comen los gozques. Juan Rodríguez de Castañeda el de Fuentidueña, esperaba la soltura del infante, porque es el que procura los hechos del adelantado Pero Manrique. Supo el rey que estaba en Siete Iglesias, y a medianoche con perros y monteros dijo que iba a coger un lobo, y fue en persona a prenderlo; pero el lobo se le volvió raposo, y se le salió de la zalagarda. Nuestro Señor &c.


EPÍSTOLA IV

Al magnífico reverendo señor don Juan de Contreras, arzobispo de Toledo

La soltura del infante don Enrique ha sido el cochino de Juan Dávila, cátalo vivo, y cátalo muerto. Ya se deshizo la concordia que trajo ordenada de Aragón Pedro Maza, y ya se volvió a hacer otra, y el infante se mete en poder del rey de Navarra, que lo deberá tener, como si fuese su alcaide hasta que derrame el rey de Aragón su gente de armas. El rey don Juan, envió su alvalá a Gómez García de Hoyos, guarda del infante don Enrique, para que le entregase al rey de Navarra, o a su cierto mandado: y cumpliéndolo, lo entregó al mariscal Pero García de Herrera, que fue con cuatrocientos hombres de armas por su señoría. Y Sancho de Estúñiga, mariscal del infante, y Ruy Martínez de Vera, ayo del infante, fueron con él. Y la carta que tiene el rey de Gómez de Hoyos narra, que por mandado del rey de Aragón, a la hora que fue libre el infante, por los oteros y las sierras se hicieran ahumadas, en tal guisa que en un día colarían del castillo de Mora, hasta San Vicente de Navarra, adonde estaban los reyes de Aragón y de Navarra, si aprobara los tratados el rey don Juan. Tiene carta el rey, que en Agreda salió a recibir el rey de Navarra al infante, y narran al rey, que habló el infante muy honradamente de su señoría, de que plugo al rey de Navarra, que desea la paz. Más aguzadores del mal han escrito al almirante, y al condestable, y al conde de Benavente, que Juan Ramírez de Guzmán, comendador de Otos, pasó a hacer reverencia al rey de Aragón con credencias del maestre de Calatrava su pariente, del maestre de Alcántara, y de Pedro Manrique, y otros complacientes de la liberación del infante: y narran, que esta embajada es por haber alianzas con el rey de Aragón para sus haciendas: y dice que también porque si el rey y el infante quisieren vengarse de los que cerca del rey mandan, seguirán todos su pendón. El alma le sacará de mal pecado Fernándo Alonso de Robles, y en pos de Juan Ramírez de Guzmán fueron allá. Mas se diz de seguro, que el rey de Navarra viene a entender con el rey en los hechos del infante: y porque Pedro Manrique, que le acompaña, no osa venir sin alvalá de seguro, atienden que el rey se lo conceda; que si lo hiciere, no lo hará de grado. Nuestro Señor mantenga y prospere la vida de vuestra magnífica reverenda &c.


EPÍSTOLA V

Al mismo arzobispo

Somos venidos a Toro, y plega a Dios que el toro no nos tope; ca en Segovia no vimos la Pascua, y en Toro hallamos la cuaresma y la penitencia. Y el adelantado Pero Manrique, con poder de don Enrique, y de la infanta su mujer, ha desembargado las rentas del su maestrazgo: otrosí la plata, y las joyas, y las ropas, y las mulas, y los caballos. Mas las hablas y las confederanzas de unos y de otros se divulgan: y las mil lanzas que el rey manda andar con la Corte las zahiere el conde de Benavente y el adelantado, y Diego Gómez de Sandoval, y han hecho que los procuradores piden al rey que las derrame. Yo creo saber que el rey despedirá seiscientas lanzas; mas don Álvaro de Luna no se halla bien guardado con solo cuatrocientas lanzas. Todo anda de ventisca: y bien lo oteaba Juan Hurtado de Mendoza, que dijo al padre Finestrosa, cuando era para finarse, que andaba de buena gana, por no quedar a gustar las desaventuras de nuestros días. También el almirante queda a porta inferi; pero hase hecho más doliente de suyo, porque le visitase el rey, que le ha visitado dos veces con mucha amistad, y le ha dado para su hijo y para su testamento lo que tira de su señoría. El adelantado Diego Gómez de Sandoval ha hecho un buen troque, que ha vuelto al rey de Navarra la cédula del Lugar de Maderuelo que su señoría le había promeso cuatro años de primero, y el rey le ha dado la villa de Castroxeriz: y a su ruego el rey don Juan le ha dado la promesa de hacerle conde de Castroxeriz en saliendo de Toro; que este toro para unos es bravo, y para otros lidiadero. Bien puede vuestra reverenda merced llamarle de conde si le escribirá; que los de la casa del rey de Navarra le llaman de conde, y otros con esos. Nuestro Señor mantenga y prospere &c.


(Continues...)

Excerpted from Don Pablo de Santamaría y 16 Epístolas by Fernán Peréz De Guzmán. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Meet the Author

Fern�n P�rez de Guzm�n (1370-Batres, 1460). Espa�a. P�rez de Guzm�n fue se�or de Batres, sobrino del canciller Pero L�pez de Ayala y t�o del marqu�s de Santillana, ��igo L�pez de Mendoza. Sus padres fueron Pedro Su�rez de Guzm�n y Elvira de Ayala. Embajador en Arag�n en tiempo de Enrique III, combati� en la batalla de La Higueruela, en la que salv� la vida a Pero Mel�ndez de Vald�s, capit�n de la mesnada del se�or de Hita. Fue muy amigo del obispo de Burgos, el gran humanista hispanojud�o Alfonso de Cartagena, con quien compart�a un gran inter�s por la filosof�a de S�neca y a cuya muerte dedic� las Coplas a la muerte del obispo de Burgos. Su parentesco con el arzobispo de Toledo, don Gutierre G�mez, vehemente partidario de los infantes de Arag�n, lo llev� a apoyar a L�pez D�valos y a Fernando de Antequera lo que pag� con la prisi�n, que abandon� para retirarse a los cincuenta y seis a�os a su se�or�o de Batres. Desde entonces se consagr� a la lectura y el estudio hasta su muerte, a los ochenta y dos a�os de edad.

Customer Reviews

Average Review:

Write a Review

and post it to your social network

     

Most Helpful Customer Reviews

See all customer reviews >