El ADN de las Relaciones para Parejas

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Este libro enseña a los lectores que tienen problemas en su matrimonio los pasos que deben tomar para fortalecer y restaurar sus relaciones matrimoniales. Las soluciones prácticas se basan en los pasos básicos que se explican en El ADN de las Relaciones. El doctor Smalley utiliza parejas ficticias (a partir de sus experiencias con parejas de la vida real) que están luchando con problemas reales que van, desde equilibrar las prioridades del trabajo y la familia, hasta aventuras extramaritales. El libro proporciona...

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Este libro enseña a los lectores que tienen problemas en su matrimonio los pasos que deben tomar para fortalecer y restaurar sus relaciones matrimoniales. Las soluciones prácticas se basan en los pasos básicos que se explican en El ADN de las Relaciones. El doctor Smalley utiliza parejas ficticias (a partir de sus experiencias con parejas de la vida real) que están luchando con problemas reales que van, desde equilibrar las prioridades del trabajo y la familia, hasta aventuras extramaritales. El libro proporciona una herramienta para ayudar a ambos esposos a identificar hábitos destructivos en la relación y explica cómo comenzar el proceso de restauración.
CARACTERISTICAS

  • Se basa en los principios de consejería matrimonial utilizados en el Instituto Nacional del Matrimonio; las parejas que han participado en el programa le han otorgado el 91.6% de aceptación.
  • Está dirigido especialmente a parejas cuya relación matrimonial tiene problemas.
  • Ofrece soluciones prácticas para resolver los conflictos matrimoniales.

This book shows readers the steps to take to build or rebuild their marriage relationship. The practical solutions are built on the basic steps that are explained in The DNA of Relationships. Smalley uses couples (based on real client experience) that are grappling with real-life problems ranging from work and family priority balance issues to extramarital affairs. The book provides a tool to help both partners identify destructive relationship habits and explains how to begin the rebuilding process.
FEATURES

  • Based on marriage counseling principles employed at the National Institute of Marriage; couples in the program have given a 91.6% approval rating of the program.
  • Especially suited for couples whose marriage relationship is struggling.
  • Offers practical solutions to solve marital problems
Tyndale House Publishers
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Product Details

  • ISBN-13: 9781414312859
  • Publisher: Tyndale House Publishers
  • Publication date: 12/28/2006
  • Language: Spanish
  • Pages: 432
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.20 (h) x 1.00 (d)

Read an Excerpt

EL ADN de las Relaciones para Parejas


By Greg Smalley

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2007 Greg Smalley
All right reserved.

ISBN: 978-1-4143-1285-9


Chapter One

Rafael se acercó una vez más a la ventana de la cocina. Se inclinó sobre el fregadero y se aproximó a la ventana para abrir la cortina, como si pudiera lograr con sus pensamientos que Cristina le hiciera juegos de luces desde la distancia para indicar su regreso. Todo estaba oscuro, con excepción de la pequeña luz de la calle al final de la cuadra. Su esposa no había respondido en la oficina ni en el celular. ¿Debería llamar a la policía? Por su garganta subió una mezcla de preocupación, de ira y de miedo. Quizá su esposa estaba en problemas.

Él había jugado con los niños y luego les había dado la cena, suponiendo que ella se demoraba en el trabajo. Luego bañó a los dos pequeños, les leyó algunas páginas de un libro y los abrigó en la cama. Pero Cristina no llegaba. Comenzó a ponerse nervioso. Se entretuvo mirando una comedia en la televisión y se armó de ánimo para lavar la vajilla, especialmente para quedarse cerca de la ventana. Pasaron tres horas. Rafael no sabía qué hacer. No era la primera vez que su esposa, una profesional que se negaba a ser controlada por nada ni por nadie, llegaba a casa mucho más tarde de lo que se esperaba. Sin embargo, nunca había demorado tanto. Pero si llamaba a la policía ella se pondría furiosa.

Rafael se dejó caer en el sofá, sin prestar mucha atención al piso de la sala que estaba sembrado de juguetes y de libros. Más bien pasaban por su mente imágenes de su esposa. Se hacía preguntas, se preocupaba, y peleaba con su desconfianza. Había tenido demasiado trabajo ... se había sentido molesta conmigo ... sé que de vez en cuando sale después del trabajo para tomar algo ... tiene trabajos que deben cumplirse en su fecha ... y está con esos hombres atractivos, vestidos con trajes. Se levantó del sofá, fue una vez más a mirar por la ventana y luego a cerciorarse cómo estaban los niños.

Javier tenía su mejilla aplastada contra la almohada y los labios entreabiertos. Su manito regordeta abierta con la palma hacia arriba le daba un aspecto vulnerable e inocente, como el de cualquier pequeño. Ana dormía boca abajo en la cuna, apoyada en las rodillas y con el traserito para arriba. Rafael se inclinó, apartó los rizos de la niñita y le besó la mejilla.

Mientras contemplaba a sus hijos dormidos, Rafael sintió un deseo más intenso de que Cristina regresara. A la hora de ir a dormir, el pequeño Javier había preguntado por su mamá y no se había consolado hasta que Rafael le había prometido que ella le daría un beso cuando llegara. Estos niños necesitaban a su madre. ¿Dónde estaba ella?

Cuando la camioneta de Cristina subió la rampa de entrada, en el reloj del microondas eran las 2 y 13 minutos de lamadrugada. Las emociones de Rafael habían recorrido todo el abanico. Sentía una mezcla de alivio y de ira, pero tenía claro qué debía hacer. Debería enfrentar a su esposa y preguntarle dónde había estado hasta esa hora. La esperaría en la puerta y le exigiría una explicación. Ella estaba por abrir. Él había esperado esas horas y estaba decidido a hacerle frente y preguntarle sin rodeos qué estaba pasando.

La puerta se abrió suavemente. Rafael entró en pánico y quedó paralizado en el sillón. Escuchó que su esposa esquivaba al gato y pasaba en puntas de pie junto al sofá, mientras él simulaba estar dormido.

* * *

-Soy Julia. ¿En qué puedo ayudarlo?

Rafael sintió que se congelaba. Le había parecido que era una buena idea llamar al Instituto Nacional del Matrimonio, pero ahora no sabía qué decir.

-Ejem ... -tartamudeó-, un ... amigo ... me dio su número y ... y ... y ... me di ... dijo que ... que ... debía llamar -tomó aire-. No sé qué hacer. Hace varios días, mi esposa se marchó con los niños y dice que quiere separarse de mí -la casa estaba desolada y vacía. Nada de risas, ni gritos de niños, ni dibujos animados en la televisión. Podía escuchar el temblor de su propia voz, pero de todos modos continuó-. Amo a mi esposa y a mis hijos, y no quiero perderlos. ¿Pueden ustedes ayudarnos?

-Eso espero -dijo Julia-. Pero antes, dígame qué pasaba en su matrimonio, para ayudarlo a decidir si nuestros programas son los que usted necesita, y si es así, cuál es el apropiado para usted.

Rafael se secó los ojos con la manga.

-Mi esposa dice que yo no tomo ninguna iniciativa en nuestra relación. No es que no la ame, la amo con todo mi corazón -se esforzaba por no llorar-. Temo que sea demasiado tarde. No estoy seguro de lo que debo hacer.

-¿Hay otros problemas concretos entre ustedes?

-Bueno ... digamos que sí ...

Rafael explicó que él no ganaba lo suficiente, y que si bien su esposa argumentaba que quería estar en la casa con los niños, volvía tarde por la noche. Por mucho que él se esforzara, el resentimiento de su esposa crecía cada vez más. Ella detestaba el hecho de que él siguiera trabajando en los clubes para niños, y le insistía que se capacitara en administración o avanzara en sus estudios.

-Pero me gusta mi puesto -le dijo a Julia-. El trabajo es estable, tengo horarios flexibles y sé manejar a los niños ... discúlpeme por divagar.

-No, está bien -dijo Julia. Tenía una voz agradable y parecía paciente. Rafael comenzó a relajarse-. Es conveniente entender un poco lo que está ocurriendo en su relación. Da la impresión de que ambos se sienten desdichados e incomprendidos. Me parece que todavía no han llegado a la raíz del problema.

Era exactamente así como se sentía, pero la idea de llegar a la raíz del problema lo inquietaba. Es más, le resultaba aterradora. ¿Qué descubrirían en la raíz de su conflictivo matrimonio?

Julia le explicó que los consejeros con los que trabajaba, los doctores Greg Smalley y Bob Paul, eran especialistas en problemas matrimoniales y que día tras día ayudaban a las personas a llegar a la raíz de esta clase de problemas. Tomaban la precaución de que ambos se sintieran seguros antes de zambullirse en lo más profundo de sus dificultades. Luego le describió los programas disponibles y animó a Rafael a visitar el sitio Web del Instituto para conocer más detalles.

UNA CONVERSACIÓN CON LOS DOCTORES

No intentes resolverlo solo

Nos gustaría poner a un lado la historia de Rafael y Cristina y conversar un momento contigo. A lo largo de este libro, a medida que conozcas a estas parejas imaginarias y escuches las sesiones de consejería, interrumpiremos de vez en cuando con algunas palabras de aliento, de reto o de explicación. A estos breves "paréntesis con el lector" los llamaremos "Una conversación con los doctores", y estarán incluidos en secciones como ésta.

Lo primero que queremos decir es que nunca se esperaba que las personas debieran arreglárselas para construir relaciones extraordinarias sin la ayuda y el apoyo de otras. Si tu relación es buena y quieres que sea extraordinaria, si tienes frustraciones o dificultades que no sabes de qué manera resolver, o si tu matrimonio es un desastre, no intentes resolverlo solo. Cuando estés lidiando con problemas en la relación, busca ayuda. Hay diferentes maneras de hacerlo. Puedes hablar con un amigo de confianza o con tu pastor, encontrarte en privado con un miembro de tu grupo de estudio bíblico o de discipulado, consultar a un consejero profesional, o asistir a un encuentro intensivo como el que describe este libro. A menudo cuesta dar el primer paso, así como le fue difícil a Rafael hacer esa llamada telefónica. Pero tú y tumatrimonio lo valen!

Quizás estás leyendo este libro no porque tengas problemas matrimoniales, sino porque alguien a quien amas tiene conflictos. Si es así, te recomendamos que tengas compasión. Tenemos la confianza de que lo que aprenderás en estas páginas te capacitará para brindar un oído atento en caso que tu amigo o amiga decidan pedirte ayuda.

Cualquiera sea tu situación personal, te invitamos una vez más a participar con nosotros como la quinta pareja durante esta semana del encuentro intensivo en Branson. Nuestra esperanza y oración son que a medida que conozcas la vida de estas parejas imaginarias aprendas algo acerca de tu propia relación matrimonial y quizás hasta algo nuevo y estimulante acerca de ti mismo.

-Parece que un encuentro de ese tipo es el que necesitamos -le dijo Rafael a Julia, todavía nervioso con la perspectiva de descubrir la raíz de su problema-. Pero no estoy seguro de que Cristina quiera venir. ¿Podría usted hablar con ella?

Julia le dijo que, así como los médicos no pueden forzar a sus pacientes para que asistan a una consulta, por razones éticas tampoco el Instituto permite a su personal presionar a los pacientes. Tendrían que esperar hasta que Cristina estuviera interesada en comunicarse con ellos.

-Con gusto responderé a sus preguntas, inquietudes o dudas, en el caso de que esté dispuesta. ¿Le parece bien?

-¿Rafael ...?

Como si la hubiera llamado con sus pensamientos, de pronto Rafael oyó la voz de Cristina. Ella había entrado por la puerta trasera y él no lo había notado.

-Vine a buscar ropa para los niños, pero no me demoraré. Disculpa que te interrumpa.

-No hay problema. Ejem! Estaba hablando con alguien que quizá pudiera ayudarnos. Ellos ... ella quiere hablar contigo -le alcanzó el teléfono, esperando que ella lo recibiera. Con un gesto de escepticismo Cristina lo tomó. Rafael se escabulló hacia la galería y se sentó a esperar en los escalones de la entrada.

* * *

-¿Hola? Soy Cristina.

Cristina escuchó mientras Julia le explicaba quién era y por qué había llamado Rafael. Impaciente, caminaba por la cocina mientras le daba a Julia la oportunidad de describir el programa de cuatro días del encuentro intensivo y de preguntarle si eso le interesaría como pareja.

-Le diré ..., -comenzó Cristina con vacilación, mientras buscaba vasos en el armario-, para ser honesta, ni siquiera sé si quiero que este matrimonio funcione. Lo intenté durante demasiado tiempo. Estoy cansada de esperar que mi esposo cambie. No estoy segura de tener ganas de esforzarme para que funcione.

-Julia le preguntó a Cristina si tenía miedo de darle a su matrimonio otra oportunidad.

-Sí, estoy desilusionada y ya no quiero probar otra vez. -Se dejó caer sobre un viejo banco en la cocina, se cruzó de piernas y movió nerviosamente el pie apoyando su cabeza contra la pared. Las puertas del armario necesitaban una limpieza, había migas y restos de comida bajo la mesa y marcas de barro en la puerta-. Lo que más deseo es ser feliz y que mis hijos sean felices, y no puedo imaginar que podamos lograrlo con Rafael incluido.

Julia admitió que cada persona tiene que abrirse camino en estas situaciones y que no le correspondía a ella decirle a Cristina lo que necesitaba hacer o dejar de hacer con su vida o con su matrimonio. -Eso es algo entre usted y Dios. Esperamos que usted y Él puedan resolverlo. -Julia le aclaró que la meta del centro de consejería era acompañar a las parejas de una manera que resultara útil para cada persona.

-Es más, en realidad hacemos una sola pregunta a las parejas, con el propósito de definir si podemos o no acompañarlas -le dijo Julia.

-¿Sólo una pregunta? -preguntó Cristina. Mientras sostenía el teléfono entre el hombro y la oreja, Cristina tomó la escoba y comenzó a barrer el piso.

-Para estar seguros de que ya están listos para iniciar nuestro programa, deben responder a una sola pregunta: Si Dios quisiera hacer un milagro en su matrimonio, aunque tuviera la magnitud similar a la de separar las aguas del Mar Rojo, ¿estaría dispuesta a recibir ese milagro? En otras palabras, si Dios separara el mar ante sus ojos ¿estaría dispuesta a caminar a través de él? -Julia hizo una pausa y luego continuó-. No hace falta que usted crea que el milagro podría producirse, ni siquiera es necesario que lo desee. La única pregunta es: Si ocurriera, ¿lo aceptaría? Si la respuesta es sí, estamos dispuestos a acompañarlos a ambos para ver qué ocurre. Si la respuesta es no, le diríamos que ahorre su tiempo y su dinero.

Hubo una larga pausa. Cristina echó una mirada a Rafael, que estaba apoyado contra el marco de la puerta, mostrándose un poco ansioso.

-Mmm -fue lo primero que le salió-. No sé que pensar. Supongo que si Dios quiere hacer un milagro, yo estaría dispuesta a recibirlo.

* * *

Rebeca Stuart no sabía muy bien de qué manera ella y su esposo habían llegado juntos. En un primer momento habían pensado viajar por separado, pero luego ella lo pensó nuevamente y decidió que sería una buena idea pasar juntos algunas horas en la ruta para hablar un poco. Ella y Pablo habían estado separados durante un mes, y había sido imposible lograr algún grado de comunicación. Pero no fue mejor mientras viajaban.

-Ahí está el cartel, Pablo. Tenemos que ir por la autopista 65; tendrías que doblar aquí.

En cuanto encontraron el acceso correcto a Branson, sonó el teléfono de Pablo.

-Espero que no sea el hospital-dijo Rebeca. Habían transcurrido apenas cinco minutos desde que el joven médico y su esposa habían salido de la agencia de autos de alquiler en Springfield, y el hospital estaba llamando otra vez-. ¿No pueden dejarte tranquilo?

Pablo ignoró a su esposa y atendió la llamada. -Sí, Monty. Dime nuevamente cuáles son los síntomas, porque no pude escucharte -le lanzó a Rebeca una mirada de reproche.

Rebeca podía escuchar la voz de Monty en el teléfono, mientras describía los síntomas de la paciente. Dolor de cabeza, náuseas, malestares estomacales, hemorragia, hinchazón, presión elevada y proteínas en la orina. Ella sabía que los síntomas del síndrome Hellp eran graves. La situación requería la intervención inmediata de un ginecólogo. Rebeca advertía la frustración que sentía su esposo y sabía que se sentía culpable de abandonar el hospital cuando lo necesitaban. Frunciendo el ceño, él respondió: -Coincido con tu diagnóstico, Monty. Te conviene hacer ...

-Pablo, lo prometiste! -Rebeca estaba furiosa-. Termina de hablar por teléfono. -Aunque era un cuadro grave, ella estaba segura de que el doctor Monty Burleson podía manejar la situación por su cuenta.

Pablo sacudió la cabeza con disgusto y le lanzó a su esposa una mirada que ya le era demasiado familiar. Una mirada que expresaba: Basta de fastidiar, déjame tranquilo.

-Te comprometiste con este encuentro intensivo, y ahora me dices que no puedes dejar que por unos días los otros médicos tomen las decisiones -ella comenzó a sentir el conocido ataque de desesperación-. No puedo creer que yo realmente haya pensado que esto podía funcionar. -Impulsivamente, arrancó el cargador del teléfono donde había estado reponiendo la batería después de un día de intenso uso.

Habían viajado todo el día, haciendo escala entre el sur de California y Springfield. La tarea de dejar a sus dos hijas con los padres de Pablo, durante varios días, había sido agotadora para Rebeca, y ahora no le importaba quién estuviera al otro lado de la línea. Había esperado demasiado tiempo para que Pablo le prestara atención. Necesitaba que estuviera exclusivamente con ella, sólo esta vez. Esta decisión, al igual que el viaje, era una deuda pendiente; aunque quizá ya era demasiado tarde.

Pablo apenas perdió el ritmo de la conversación. Lamentablemente para Rebeca, el teléfono t enía suficiente batería como para seguir hablando.

-Monty, perdona la interrupción. Aguarda un segundo, por favor -cubrió el teléfono y aferró la muñeca de su esposa. Por la expresión en su rostro, ella sabía que su comportamiento lo había enfurecido-. Deja de hacer un drama, Rebeca. Esto llevará apenas unos minutos. Están en juego la vida de un bebé y la de su madre. -Empujó la mano de Rebeca hacia su falda, le echó otra mirada furibunda y se frotó la frente-. No eres la única en el mundo, ya lo sabes. -Pablo retomó la conversación que había interrumpido.

En un acceso de ira, Rebeca dio media vuelta y se quedó mirando por la ventanilla, leyendo en voz alta los carteles publicitarios al costado de la carretera.

-Silver Dollar City ... -anunció Rebeca con sarcasmo-. Quizá deberíamos ir allí en lugar del encuentro intensivo, ya que nuestra vida parece girar en torno al dinero. -Inclinándose hacia el teléfono, gritó-: Eh, Monty! ¿Sabías que hay una famosa autopista 76? Que bueno ...! Mira, Pablo ... Andy Williams canta en el teatro Moon River, ¿no les encantaría a tus padres?

Pablo estaba lívido. Sostuvo el teléfono lejos, cubrió el micrófono con el pulgar, y amenazó con un susurro: -¿Ya terminaste?

(Continues...)



Excerpted from EL ADN de las Relaciones para Parejas by Greg Smalley Copyright © 2007 by Greg Smalley. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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