El Cucuy: En la Cumbre de la Pobreza

El Cucuy: En la Cumbre de la Pobreza

by Renan Almendarez Coello
     
 

Los secretos nunca antes contados sobre la vida de El Cucuy, revelados por el mismo Renán Almendárez Coello

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Los secretos nunca antes contados sobre la vida de El Cucuy, revelados por el mismo Renán Almendárez Coello

Product Details

ISBN-13:
9780060009984
Publisher:
Rayo
Publication date:
08/14/2003
Pages:
416
Product dimensions:
5.32(w) x 8.04(h) x 1.06(d)

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El Cucuy
En la Cumbre de la Pobreza

El Capítulo Uno

El Nacimiento de Renán, su Familia y Otras Cosas Más

¡Doña Virginia! ¡Doña Virginia! ¡Venga rápido que un puerco se está llevando a Renancito!

-- ¡Ay Dios mío, ¿cómo puede ser si lo acabo de bañar ayer?! ¡A este cipote todo le pasa!

Es la primera taza de café. Otras dos más vendrán antes del final de esta conversación. Up poco de azúcar artificial -- siempre las del sobrecito azul, que es la única que toma -- y mientras la cuchara se sumerge y empieza a dar vueltas tratando de mezclar el dulce con el amargo, Renán se sumerge en sus recuredos que también son dulces y amargos. Sin mirarme, con sus ojos negros puesos en la taza al frente suyo, aspira el aroma que asciende arropado en humo, y la memoria que también es etérea y vuela, se transforma en suspiro como preámbulo de las palabras viejas que ya llegan.

-- Pues empecemos por el principio -- me dijo con la resignación del sentenciado. Yo nací un 18 de noviembre de 1953 en Honduras, en un pequeño pueblo llamado Lepaterique que queda creo a cuarenta o cincuenta minutos de Tegucigalpa. Ya no recuerdo bien. Tegucigalpa es la capital, por cierto. Yo nací a los dos de la tarde. Mientras todos estaban echando la siesta, mi mamá estaba pujando. Ella decía que a todos los que nacen de día les encanta la vida nocturna. Y así salí yo. Yo viví muchos años de noche. Desde adolescente me gustaba refugiarme en la penumbra de la noche y convertirme en una de sus sombras. Tanto así que mis hermanos me decían el nocturno. Y aunque algunos dicen que "nada bueno sale de los seres de la noche", yo soy una excepción. No seré bueno como el pan, pero odio las injusticias. De Lepaterique tengo bagos pero gratos recuerdos pues allí pasé los primeros cinco años de mi niñez. El pueblo, creo que era muy bonito. Y nosotros éramos muy felices. A mi santa madre la ayudó una partera para traerme al mundo. Porque no había ni cómo llegar al hospital. Mi mamá nunca fue al médico para que le controle el embarazo ni tuvo cuidado prenatal. Lo único que hacía después de dar a luz era la "cuarentena".

-- ¿ Y eso qué es? -- interrumpí intrigado.

Sin casi tomar aire y sobre mi pregunta, Renán siguió su relato.

-- La "cuarentena" es un periodo de cuarenta días después del parto en que la mujer se mantiene acostada alimentándose con tortilla y queso o cuajada y toma cocoa de lata -- que por cierto era muy cara en ese tiempo -- para tener bastante leche y alimentar al bebé hasta cierta edad. Y de veras que sí funciona. Por cierto que mi madrecita tenía tan gran corazón, que ella no quería dejar de darnos de lactar porque no podía vernos sufrir. El destete, como le llaman a esa época donde el niño tiene que dejar de lactar, es una de las etapas más traumáticas de la infancia. Mi papá le gritaba y le decía que no dejara llorar, que cuando nos llegue el hambre íbamos a comer hasta sacate con frijoles. Entonces, para evitar que mi papá se enojara con ella, buscaba los lugares más recónditos de la finca para darnos su pecho o nos daba a escondidas en la noche. Y así mi mamá me dio de lactar hasta que yo tenía cuatro años.

-- Mire, yo estaba jugando pelota o a lost hoyitos por ahí afuera con mis amigos y en medio del partido me daba ganas y me iba corriendo donde ella que simpre estaba ocupada pero también siempre estaba dispuesta a darme gusto con ese amor infinito de madre, y se abría su blusa y me ofrrecía uno de sus pechos santos y yo bebía del néctar de vida y regresaba a jugar pelota con más ganas todavía.

-- Nole puedo creer -- le dije incrédulo y admirado.

-- Y eso no es todo -- agregó con su mirada pícara --. Le voy a contar algo. Mi papá tenía una cabra que daba leche. Y de esa leche nos dabad a nosotros, sin pasteurizar ni nada. Cuando la cabra tuvo sus crías, estaba lista siempre para dar leche. Entonces, yo solito me metía debajo de la cabra, le agarraba la teta y de ahí mismo mamaba la leche. Al final, escupía los pelos y órale a seguir jugando. Quizás por eso soy tan sanoy tan mamón --. Y se lanza a reírcon tantas ganas y gusto que las mejillas se le suben hasta los párpados y le enchinan los ojos.

El Cucuy
En la Cumbre de la Pobreza
. Copyright © by Renan Almendarez Coello . Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

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