El demonio y la senorita Prym (The Devil and Miss Prym)

El demonio y la senorita Prym (The Devil and Miss Prym)

4.1 9
by Paulo Coelho, M. Dolors Ventos
     
 

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Una novela sobre la lucha entre el Bien y el Mal... y la constante búsqueda del ser humano por alcanzar la verdadera felicidad

Una comunidad dividida por la codicia, la cobardía y el miedo. Un hombre perseguido por el fantasma de un pasado doloroso. Una joven en busca de la felicidad. Siete días, un breve período de

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Overview

Una novela sobre la lucha entre el Bien y el Mal... y la constante búsqueda del ser humano por alcanzar la verdadera felicidad

Una comunidad dividida por la codicia, la cobardía y el miedo. Un hombre perseguido por el fantasma de un pasado doloroso. Una joven en busca de la felicidad. Siete días, un breve período de tiempo durante el cual el Bien y el Mal librarán una batalla decisiva, y cada personaje decidirá a cuál de los dos bandos pertenece. Una pequeña aldea perdida en el tiempo y el espacio será el marco de esa inquietante lucha. Con la llegada de un extranjero, el pueblo se convierte en cómplice de una trama perversa que marcará para siempre la historia de sus habitantes.

El Demonio y la Señorita Prym es un texto emocionante, una novela cargada de tensión que plantea una pregunta esencial sobre la que todos nosotros nos hemos parado a reflexionar alguna vez.

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Editorial Reviews

Philadelphia Inquirer
“Only someone Jesuit-trained could bring to Scripture the kind of coolly passionate imagination on display in Coelho’s latest novel.”
Milwaukee Journal Sentinel
“A suspenseful fable...satisfying.”
Publishers Weekly
Acclaimed Brazilian author Coelho presents the third title in a trilogy that began with the novels A orillas del Rio Piedra me sent y llore (By the River Piedra I Sat Down and Wept, Planeta, 1998) and Veronika decide morir (Veronika Decides to Die, Planeta, 2000), both of which concern a week in the life of an ordinary person suddenly confronted with love and death. Like these two titles, Coelho's new novel reflects his professed belief that the most profound changes in individuals and in society occur in brief periods of time, as the result of extreme challenges. In this case, Coelho's fable revolves around the question of whether people will commit evil in order to gain wealth and power. After burying some gold in the forest, a visitor arrives in a small village in the Pyrenees and initiates a power struggle among the villagers by offering to give them the gold if they kill one of their own. Coelho best explains the personal crisis of the villagers through the young barmaid Chantal, who becomes the visitor's messenger and struggles with her choices and beliefs about good and evil in humankind. Coelho has been called a New Age writer for his use of allegories, moral messages, and uplifting life lessons. Although some readers might not agree with his preaching, the intriguing and fluid plot will keep them interested, just as it did in his six previous best-selling novels. Recommended for public libraries and bookstores with a New Age section. Lynn Shirey, Harvard Coll. Lib., Cambridge, MA Copyright 2001 Cahners Business Information.
Library Journal
When a stranger lands in isolated Viscos, he starts asking uncomfortable questions about human nature that put the villagers in a metaphysical crisis. Copyright 2006 Reed Business Information.

Product Details

ISBN-13:
9780061124259
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
05/30/2006
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
192
Sales rank:
443,425
Product dimensions:
5.31(w) x 8.00(h) x 0.43(d)

Read an Excerpt

Capítulo Uno

Hacía casi quince años que la vieja Berta se sentaba todos los días delante de su puerta. Los habitantes de Viscos sabían que los ancianos suelen comportarse así: sueñan con el pasado y la juventud, contemplan un mundo del que ya no forman parte, buscan temas de conversación para hablar con los vecinos...

Pero Berta tenía un motivo para estar allí. Y su espera terminó aquella mañana, cuando vio al forastero subir por la escarpada cuesta y dirigirse lentamente en dirección al único hotel de la aldea. No era tal como se lo había imaginado tantas veces; sus ropas estaban gastadas por el uso, tenía el cabello más largo de lo normal e iba sin afeitar.

Pero llegaba con su acompañante: el Demonio.

«Mi marido tiene razón --se dijo a sí misma-- . Si yo no estuviera aquí, nadie se habría dado cuenta.»

Era pésima para calcular edades, por eso estimó que tendría entre cuarenta y cincuenta años. «Un joven», pensó, utilizando ese baremo que sólo entienden los viejos. Se preguntó en silencio por cuánto tiempo se quedaría pero no llegó a ninguna conclusión; quizás poco tiempo, ya que sólo llevaba una pequeña mochila. Lo más probable era que sólo se quedase una noche, antes de seguir adelante, hacia un destino que ella no conocía ni le interesaba.

A pesar de ello, habían valido la pena todos los años que pasó sentada a la puerta de su casa esperando su llegada, porque le habían enseñado a contemplar la belleza de las montañas (nunca antes se había fijado en ello, por el simple hecho de que había nacido allí, y estaba acostumbrada al paisaje).

El hombre entró en el hotel, tal como era de esperar. Berta consideró la posibilidad de hablar con el cura acerca de aquella presencia indeseable, pero seguro que el sacerdote no le haría caso y pensaría que eran manías de viejos.

Bien, ahora sólo faltaba esperar acontecimientos. Un demonio no necesita tiempo para causar estragos, igual que las tempestades, los huracanes y las avalanchas que, en pocas horas, consiguen destruir árboles que fueron plantados doscientos años antes. De repente, se dio cuenta de que el simple conocimiento de que el Mal acababa de entrar en Viscos no cambiaba en nada la situación; los demonios llegan y se van siempre, sin que, necesariamente, nada se vea afectado por su presencia. Caminan por el mundo constantemente, unas veces sólo para saber lo que está pasando, otras veces para poner a prueba alguna alma, pero son inconstantes y cambian de objetivo sin ninguna lógica, sólo los guía el placer de librar una batalla que valga la pena. Berta estaba convencida de que en Viscos no había nada de interesante ni especial que pudiera atraer la atención de nadie por más de un día, y mucho menos de un personaje tan importante y ocupado como un mensajero de las tinieblas.

Intentó concentrarse en otra cosa, pero no podía quitarse de la cabeza la imagen del forastero. El cielo, antes soleado, empezó a cubrirse de nubes.

«Eso es normal en esta época del año --pensó-- . No tiene ninguna relación con la llegada del forastero, es pura coincidencia.»

Entonces oyó el lejano estrépito de un trueno, seguido de otros tres. Por una parte, eso significaba que pronto llovería; por otra, si decidía creer en las antiguas tradiciones del pueblo, podía interpretar aquel sonido como la voz de un Dios airado que se quejaba de que los hombres se habían vuelto indiferentes a Su presencia.

«Tal vez debería hacer algo. Al fin y al cabo, acaba de llegar lo que yo estaba esperando.»

Pasó unos minutos prestando atención a todo lo que sucedía a su alrededor; las nubes seguían descendiendo sobre la ciudad, pero no oyó ningún otro ruido. Como buena ex católica, no creía en tradiciones ni en supersticiones, especialmente las de Viscos, que tenían sus raíces en la antigua civilización celta que había poblado aquella zona en el pasado.

«Un trueno es un fenómeno de la naturaleza. Si Dios quisiera hablar con los hombres, no utilizaría unos medios tan indirectos.»

Fue sólo pensar en ello y volver a oír el fragor de un trueno, mucho más próximo. Berta se levantó, cogió su silla y entró en casa antes de que empezara a llover, pero ahora tenía el corazón oprimido, con un miedo que no conseguía definir.

«¿Qué debo hacer?»

Volvió a desear que el forastero partiera inmediatamente; ya estaba demasiado vieja como para ayudarse a sí misma o a su pueblo o, muchísimo menos, a Dios Todopoderoso, quien, en caso de necesitar ayuda, a buen seguro hubiera elegido una persona más joven. Todo aquello no pasaba de un delirio; a falta de nada mejor que hacer, su marido se inventaba cosas que la ayudaran a matar el tiempo.

Pero había visto al Demonio; sí, no tenía la menor duda de ello.

En carne y hueso, vestido de peregrino.

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