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El libro que dio forma al mundo: Como la Biblia creo el alma de la civilizacion occidental
     

El libro que dio forma al mundo: Como la Biblia creo el alma de la civilizacion occidental

by Vishal Mangalwadi
 

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Descubre cómo fue que la Biblia se convirtió en la fuente de derechos humanos, justicia, heroísmo, optimismo, compasión, capitalismo, familia y moralidad.

Overview

Descubre cómo fue que la Biblia se convirtió en la fuente de derechos humanos, justicia, heroísmo, optimismo, compasión, capitalismo, familia y moralidad.

Product Details

ISBN-13:
9781602555266
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
05/10/2011
Pages:
480
Product dimensions:
6.00(w) x 9.00(h) x 1.40(d)

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EL LIBRO QUE DIO FORMA AL MUNDO

CÓMO LA BIBLIA CREÓ EL ALMA DE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL
By VISHAL MANGALWADI

Thomas Nelson

Copyright © 2011 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-527-3


Chapter One

OCCIDENTE SIN SU ALMA De Bach a Cobain

Nos pasamos doscientos años aserrando y aserrando y aserrando la rama en que estábamos sentados. Y al final, mucho más repentinamente de lo que nadie predijo, nuestros esfuerzos fueron recompensados, y caímos. Pero, por desgracia, ha habido una pequeña equivocación: lo que había en el suelo no era un lecho de rosas después de todo; era un pozo ciego lleno de alambre de púas ... Parece que la amputación del alma no es un trabajo quirúrgico sencillo, como que le extirpen el apéndice a uno. La herida tiene tendencia a infectarse.

—George Orwell Notes on the Way, 1940

El 8 de abril de 1994, un electricista descubrió accidentalmente un cadáver en Seattle, Washington. Un escopetazo había destrozado la cabeza de la víctima reduciéndola a fragmentos irreconocibles. La investigación policial concluyó que la víctima de esta horrorosa tragedia era la leyenda del rock Kurt Cobain (n. 1967) y que se había suicidado unos días antes. Los intentos previos de Cobain para suicidarse con sobredosis de drogas habían fracasado. Se dice que su hermosa esposa, la cantante Courtney Love, había llamado a la policía en múltiples ocasiones para pedirle que le confiscaran las armas antes de que se matara o hiciera daño a otros.

Cobain, cantante y talentoso guitarrista del grupo de rock Nirvana, captó la pérdida de ancla, centro o alma de su generación tan efectivamente que de su álbum Nervermind se vendieron diez millones de ejemplares, desplazando a Michael Jackson en el primer lugar de las listas de popularidad.

La frase «never mind» significa «no te preocupes», «no hagas caso». ¿Para qué preocuparse, si nada es verdad, bueno o hermoso en ningún sentido absoluto? ¿Debería un hombre preocuparse porque su adorable hija necesita continuamente un padre? «No te preocupes» es una virtud lógica para el nihilista que piensa que no hay nada allá afuera que dé sentido o significado a algo aquí, sea la hija, la esposa o la vida de uno. En contraste, el Occidente moderno fue edificado por personas que dedicaron su vida a lo que creían que era divino, verdadero y noble.

Nirvana es el término budista para referirse a la salvación. Significa extinción permanente de la existencia individual de uno, la disolución de nuestra individualidad ilusoria en el shunyata (vacío, nada, o vacío). Es liberarnos de esa infeliz ilusión nuestra de que tenemos un núcleo permanente en nuestro ser: un yo, alma, espíritu o atman.

Esta es una muestra de la poesía de Cobain que expresa su concepto de la salvación como silencio, muerte y extinción:

Silencio, aquí estoy, aquí estoy, silente. La muerte es lo que soy, vete al infierno, vete a la cárcel ... Muérete.

Conforme se extendieron las noticias del suicidio de Cobain, algunos de sus fanáticos emularon su ejemplo. La revista Rolling Stone informó que a su muerte trágica le siguieron por lo menos sesenta y ocho suicidios por imitación.

«¡Hey, hey, jo, jo, la civilización occidental tiene que desaparecer!» Los estudiantes de Stanford de la década de los sesenta que repetían esta frase para la desaparición de la civilización occidental estaban disgustados por la hipocresía e injusticias de Occidente. Sin embargo, su rechazo del alma de su civilización produjo algo muy diferente a la utopía que soñaban. Diana Grains, en Rolling Stone, notó que antes de la década de los sesenta, el suicidio de adolescentes casi no existía entre los estadounidenses. Para la década de los ochenta, casi cuatrocientos mil adolescentes intentaban suicidarse cada año. En 1987, el suicidio había llegado a ser la segunda causa de muerte de adolescentes, después de los accidentes automovilísticos. Para la década de los noventa, el suicidio había bajado al tercer lugar debido a que los adolescentes se estaban matando unos a otros con frecuencia similar a la del suicidio. Grains explicó estas crecientes cifras entre la descendencia de la generación de los sesenta:

La década de los ochenta les ofreció a los jóvenes una experiencia de violencia social y humillación sin precedentes. Traumatizados por ausentes o abusivos padres, educadores, policías y gurús, atascados en empleos sin sentido y sin un salario digno, desorientados por instituciones que se desintegraban, muchos jóvenes se sintieron atrapados en un ciclo de inutilidad y desesperación. Los adultos... [lo arruinaron] todo por todas partes, abandonando a una generación entera al no proveer para ellos ni protegerlos o prepararlos para la vida independiente. Sin embargo, cuando los jóvenes empezaron a exhibir síntomas de descuido, reflejado en sus tasas de suicidio, homicidios, abuso de fármacos, fracaso en los estudios, imprudencia y desdicha general, los adultos los condenaron como apáticos, analfabetos y perdedores amorales.

Según sus biógrafos, los años de infancia de Cobain habían sido felices, llenos de afecto y esperanza. Pero, cuando tenía nueve años, Cobain se vio atrapado en el fuego cruzado del proceso de divorcio de sus padres. Como demasiados matrimonios de Estados Unidos, el matrimonio de sus padres se había convertido en un campo de batalla verbal y emocional. Uno de los biógrafos de Cobain, comentando sobre un retrato de la familia de cuando Kurt tenía seis años, dijo: «Es un retrato de una familia, pero no un cuadro de un matrimonio». Después del divorcio, la madre de Kurt empezó a salir con hombres más jóvenes. Su padre se volvió impositivo, más con miedo de perder a su nueva esposa que de perder a Kurt. Este rechazo paternal lo dejó desplazado, incapaz de hallar un centro social estable, incapaz de mantener lazos emocionales constructivos, ya fuera con sus iguales o con la generación de sus padres. Esa inestabilidad hirió profundamente el alma de Cobain, que no pudo sanar ni con música, fama, dinero, sexo, drogas, licores, terapia, rehabilitación o programas de desintoxicación. Su angustia interior le hizo fácil aceptar la primera verdad noble de Buda: que la vida es sufrimiento.

La psicoterapia le falló. Habiendo cuestionado la misma existencia de la psique (algo semejante al yo o el alma), la psicología secular es ahora una disciplina en declive. Sigmund Freud y Carl Jung creían en la existencia del yo,5 pero sus seguidores ahora reconocen que la fe en el «yo» fue un efecto residual del pasado cristiano de Occidente; el padre de Jung, por ejemplo, fue ministro religioso.

Los verdaderos seguidores seculares de Jung, como James Hillman, están forjando de nuevo la esencia de su teoría. Un número creciente de pensadores reconocen que teóricamente es imposible practicar la psicología sin teología. Seis siglos antes de Cristo, Buda ya sabía que, si Dios no existe, el yo humano tampoco puede existir. Por consiguiente, analizó la idea hindú del alma. Cuando uno empieza a pelar la piel de cebolla de la psiquis propia, descubre que no hay un núcleo sólido en el centro de su ser. El sentido de yo de uno es una ilusión. La realidad es no yo (anatman). Uno no existe. La liberación, enseñó Buda, es darse cuenta de la irrealidad de la existencia propia.

Este nihilismo es lógico si uno empieza con la presuposición de que Dios no existe. Sin embargo, no es fácil vivir con la consecuencia de esta creencia, o mejor dicho, esta no creencia, en el propio ser. Decir: «Yo creo que "yo" no existo» puede ser devastador para almas sensibles como la de Cobain. Su música —alternativamente sensible y grotesca, entusiasta y deprimida, ruidosa y ominosa, anárquica y vengativa— reflejaba la confusión que vio en el mundo posmoderno que le rodeaba y en su propio ser. Aunque estaba comprometido a un conjunto pequeño de principios morales (tales como el activismo ecologista y la paternidad), fue incapaz de hallar una cosmovisión estable en la cual centrar esos principios.

Naturalmente, se sintió atraído hacia la doctrina budista de la transitoriedad: no hay nada estable o permanente en el universo. Nadie puede nadar dos veces en el mismo río, porque el río cambia a cada momento, como el ser humano. Uno no es la misma «cosa» que fue un momento atrás. La experiencia de Cobain de la falta de un centro emocional, social y espiritual para su vida tuvo consecuencias trágicas. Adoptó el vacío filosófico y moral que otras bandas elogiaban como la «Autopista al infierno».

Música después de la muerte de Dios

El filósofo alemán Federico Nietzsche (1844–1900 A.D.) se dio cuenta de que, habiendo matado a Dios, Europa probablemente no podría salvar los frutos de la civilización de su fe en Dios. Pero ni siquiera Nietzsche se dio cuenta de que una implicación filosófica de la muerte de Dios sería la muerte de su propio yo. Los mil quinientos años previos a Nietzsche, Occidente había seguido a San Agustín (354–430 A.D.) afirmando que todo ser humano es una trinidad de existencia (ser), intelecto y voluntad. Después de negar la existencia del ser divino, se hizo imposible afirmar la existencia del ser humano. Por consiguiente, muchos intelectuales están acudiendo a la idea budista de que el yo es una ilusión. Como el psicólogo jungiano contemporáneo Paul Kuglar explicó, en la filosofía posmoderna, Nietzsche (el sujeto que habla) está muerto, nunca existió, porque la individualidad es solo una ilusión producida por el idioma.

Los decontruccionistas culpan al lenguaje de producir la ilusión del yo, pero Buda culpaba a la mente. No puede ser imagen de Dios. Por tanto, la mente tiene que ser un producto de la ignorancia cósmica primitiva, Avidia. El rechazo de Buda del yo tuvo sentido para escépticos clásicos como Pirro de Elea (360–270 A.C.), que viajó a la India con Alejandro Magno y se relacionó con filósofos budistas. Al regresar a Grecia estableció una nueva escuela de filosofía escéptica para enseñar que nada es verdaderamente cognoscible. Si es así, ¿por qué alguien tenía que pagarles a los filósofos para que enseñen algo? Con razón la educación, la filosofía y la ciencia declinaron en Grecia.

La negación de la realidad de un núcleo espiritual como esencia de todo ser humano hace difícil hallar sentido en la música, porque la música, como la moralidad, es cuestión del alma. Los que piensan que el universo es solo sustancia material y el alma una ilusión, hallan difícil explicar la música. Tienen que dar por sentado que la música evolucionó de los animales, pero ninguno de nuestros supuestamente primos en evolución hace música. (Algunos pájaros, en efecto, «cantan», pero nadie ha propuesto que nosotros, o nuestra música, evolucionamos de ellos.) Charles Darwin pensaba que la música evolucionó como una ayuda para el apareamiento. Eso se pudiera creer si los violadores llevaran bandas musicales para seducir a sus víctimas. Según la psicología evolucionista, la violación se puede ver como una forma natural de apareamiento y la moralidad como un control social arbitrario.

La música no sirve a ningún propósito biológico. Como Bono, cantante de U2, dice: «la música es asunto del espíritu». Algo de la música contemporánea se mueve hacia Dios; por ejemplo, los cantos evangélicos. Otros géneros, como el blues, pueden alejarse de Dios y buscar la redención en otras partes. Con todo, «uno y otro género reconocen el eje de que Dios está en el centro de ese camino de búsqueda». Incluso en la Biblia, no toda poesía profética entona alabanzas a Dios. Empezando con Job, la poesía bíblica incluye un penetrante cuestionamiento de Dios frente al sufrimiento y la injusticia. La música que culpa a Dios por el mal afirma a Dios como la única fuente disponible para darnos significado y derecho a dictar un juicio moral.

El escepticismo budista que Pirro trajo a Europa es lógico y poderoso. Occidente escapó de su influencia paralizadora solo porque pensadores como San Agustín lograron refutarlo. Agustín afirmó la certeza del yo humano debido a que la Biblia enseñaba que Dios existía y había creado al hombre a su imagen. Agustín también afirmó la validez de las palabras. Creía que el lenguaje puede comunicar verdad porque la comunicación es intrínseca en el Dios trino y el hombre fue creado a imagen de un Dios que se comunica. Ahora, habiendo rechazado esos cimientos bíblicos, Occidente no tiene base para escapar del pesimismo radical de Buda.

A pesar de, o tal vez debido a, su caos interior, Cobain siguió siendo tan popular que en 2008 la industria musical le catalogó como el «artista muerto» número uno. Sus discos se vendieron más que los de Elvis Presley. Años después de su muerte, en 2002, su viuda pudo vender los fragmentos y garabatos de sus diarios a la empresa Riverehead Books por (según se dice) cuatro millones de dólares. Hace dos décadas, todo editor de cualquier parte del mundo hubiera rechazado sus notas como garabatos carentes de sentido y con pésima ortografía. En la aurora de Estados Unidos del siglo veintiuno, los guardianes de la cultura reconocen con acierto que Cobain representa las carencias de alma de Estados Unidos mejor que la mayoría de los famosos. Como muestra de lo relativamente significativo de su ausencia de significado, escribió:

Me gusta el rock punk. Me gustan las chicas de ojos extraviados. Me gustan las drogas. (Pero mi cuerpo y mente no me permiten tomarlas.) Me gusta la pasión. Me gusta jugar mal mis cartas. Me gusta el vinilo. Me gusta sentirme culpable por ser varón blanco, estadounidense. Me gusta dormir. Me gusta hostigar a los perros pequeños, que ladran, en coches estacionados. Me gusta hacer que la gente se sienta contenta y superior en su reacción a mi aspecto. Me gusta tener opiniones firmes sin nada que las respalde excepto mi sinceridad primitiva. Me gusta la sinceridad. Yo no tengo sinceridad ... Me gusta quejarme y no hacer nada para que las cosas mejoren.

He visto notas similares a los diarios y versos de Cobain en diarios privados de estudiantes en exposiciones de arte en las universidades estadounidenses. Antes de Cobain, en los años sesenta y setenta, los estudiantes contraculturales de estas universidades pensaban que estaban a punto de inaugurar la utopía. Para el tiempo de Cobain sabían que el nihilismo conduce solo al escapismo. Steven Blush estudió la música de principios de los ochenta, directa predecesora de Cobain tanto cronológica como estilísticamente. Popularmente se le llamó «hardcore», género marcado por su insolencia y por mantenerse deliberadamente fuera de la corriente principal. Él concluyó:

El hardcore era más que música; se convirtió también en un movimiento político y social. Los participantes constituyeron una tribu por derecho propio. Algunos de ellos sufrieron alienación o abuso, y hallaron escape en la música extrema. Algunos buscaban un mundo mejor o destrozar el statu quo, y estaban muy coléricos. La mayoría de ellos simplemente quería atizar el caos. Atrevidos e implacables ... Muchos muchachos trastornados «se hallaron a sí mismos» mediante este estilo empedernido ... la estética era intangible. La mayoría de bandas no podían realmente tocarla bien, y sus canciones por lo general carecían de arte. Dedicaban poco esfuerzo para lograr las normativas acostumbradas de producción. Sin embargo, LO tenían: una combinación contagiosa de música ultra rápida, letra de pensamiento insinuante, y una actitud de olvido.

Los «rebeldes sin causa» posmodernos estaban

Viviendo en su propio mundo.

La música de Cobain apelaba al Estados Unidos contemporáneo porque estaba llena de una completamente acelerada desarmonía, cólera, angustia, odio, desesperanza, sinsentido y obscenidad. Algunos títulos de canciones suyas son «Me detesto, quiero morir», y «Viólame » (más tarde cambiado a «Abandóname»). La mayor parte de lo que Cobain cantaba no se puede descifrar y mucho de la letra que sí se puede descifrar no tiene ningún significado evidente. Lo supiera o no, sus versos eran zen koans, dichos contrarracionales como «¿Cómo suena la palmada de una sola mano?» Son palabras que no tienen sentido, porque (en la ausencia de revelación) la realidad misma no tiene sentido. Las palabras son meramente mantras: sonidos sin sentido; que hay que recitar o gritar.

(Continues...)



Excerpted from EL LIBRO QUE DIO FORMA AL MUNDO by VISHAL MANGALWADI Copyright © 2011 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Meet the Author

Vishal Mangalwadi, LLD, nació y se crió en India. Estudió religiones del oriente y filosofía en su país natal, en Hindú ashrams y en la Fraterinidad L’Abri en Suiza. Vishal Mangalwadi es un dinámico y fascinante orador quien ha presentado sus conferencias en más de treinta países. Es un reformador social, político, columnista y autor de catorce libros. La revista Christianity Today lo reconoce como “El Cristiano más intelectual de la India.”

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