El poder del perdon: Perdona y seras perdonado

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T.D. JAKES, autor de bestseller del New York Times, presenta El poder del perdón demostrando una vez más por qué lo llaman “un genio espiritual”, “un maestro para entenderse con la humanidad” y uno de los mejores predicadores en los Estados Unidos.

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El poder del perdón: Perdona y serás perdonado

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T.D. JAKES, autor de bestseller del New York Times, presenta El poder del perdón demostrando una vez más por qué lo llaman “un genio espiritual”, “un maestro para entenderse con la humanidad” y uno de los mejores predicadores en los Estados Unidos.

Jakes es consciente de que él y sus pares cristianos comparten verdades espirituales “que trascienden el tiempo y las culturas y reflejan un entendimiento universal de la naturaleza humana”. En El poder del perdón explora la verdad espiritual del perdón y su importancia para aquellos que han sido objeto de agravios tanto como para quienes los han infligido.

Este libro ofrece acciones claras y específicas para aplicar el perdón en la vida diaria. Jakes indica que las ofensas forman parte de la vida, pero si aprendemos a perdonar, los conflictos se pueden resolver y las relaciones pueden transformarse y salvarse. Jakes nos muestra que por grande o pequeña que sea la injusticia, el perdón nos permite liberarnos para tener un mañana mejor.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781476725383
  • Publisher: Atria Books
  • Publication date: 4/2/2013
  • Language: Spanish
  • Series: Atria Espanol Series
  • Pages: 272
  • Sales rank: 799,458
  • Product dimensions: 5.50 (w) x 8.38 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

T.D. Jakes

T.D. Jakes is the founder and senior pastor of The Potter's House of Dallas, Inc., and a regular personality on the Dr. Phil show. The New York Times bestselling author of Making Great Decisions and Reposition Yourself, he lives in Dallas, Texas.

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Read an Excerpt

El poder del perdón


  • Debo confesar algo y quiero que lo escuches directamente de mí. Es acerca de ciertas personas que amo. ¡Amo a las personas que tienen ideas grandes! Amo su forma de ver el mundo como un magnífico paisaje de crecientes posibilidades. Donde otros ven montañas insalvables o aguas traicioneras, esas personas ven enormes oportunidades y horizontes sin límite. Me encanta escucharlas porque mis propias ideas se nutren de su forma de pensar. Creo que el discurso de cada quien es en buena parte resultado de su propia perspectiva y, generalmente, la perspectiva de las personas está a la altura desde la cual piensan.

Te daré un ejemplo muy literal. Alguna vez que mi esposa y yo ocultábamos los regalos de Navidad de nuestros hijos, caí en cuenta de la divertida propensión de ambos a esconder los juguetes de acuerdo con nuestra respectiva estatura. Mi esposa rara vez oculta un regalo en un sitio alto, siempre lo hace en un lugar a su alcance. Comparada conmigo, ella es de estatura relativamente baja, de modo que siempre que oculta algo, lo hace en sitios bajos. En cambio, yo oculto los juguetes de los niños encima del clóset o en algún ducto de aire en el cielorraso, porque mi punto de vista refleja mi estatura. Mi esposa no se oponía a esconderlos en lugares altos, simplemente no se le ocurría ocultarlos por encima del nivel de sus ojos. Sus ideas eran un reflejo de su estatura.

Desde su fundación nuestro país ha sido una nación de grandes ideas. Si retrocedemos un poco más de tres siglos, un período relativamente corto en la historia del mundo, vemos que la mayoría de las comodidades que hoy disfrutamos como los aviones, la electricidad, los trenes y los automóviles, no existían. Antes del siglo veinte no teníamos acceso a las computadoras, hornos microondas o teléfonos celulares y mucho menos teléfonos en los autos. Tampoco había quimioterapia o grandes cirugías como trasplantes de corazón o riñón y mucho menos investigaciones sobre células madres.

Cuando consideramos todo el tiempo que el hombre ha existido, es realmente asombroso que la mayoría de las comodidades hoy comunes en nuestra vida diaria solo surgieran en los dos últimos siglos. Su creación revela que el catalizador de las ideas grandes y de su producción en masa han sido las generaciones más recientes.

Nuestro país ha prosperado porque por varias generaciones hemos sido una nación de ideas grandes. Las ideas grandes provienen de personas visionarias que desafían la norma, piensan diferente e inventan el mundo que ven en su interior, en lugar de someterse a las limitaciones de los paradigmas del momento.

Posiblemente te estés preguntando “¿De qué está hablando? ¡Creí que este era un libro para dejar atrás al pasado y encontrar la gracia del perdón! ¿Por qué sigue hablando de ideas grandes?”. Me alegra que lo preguntes. Verás, tal como la idea del turborreactor, el avión de combate, el Internet, la neurocirugía o la investigación de células madre, la del perdón es una idea grande. Para presentar y practicar el perdón con efectividad se necesita una persona que tenga más ideas grandes que pensamientos relativamente pequeños. ¿No te parece? Profundicemos en este concepto para comprobar su validez.

Hace algún tiempo fui invitado a un programa de Oprah para hablar del abuso sexual. La gente enfureció cuando sugerí que es importante que de solamente decir lo mala que ha sido la persona que comete esos actos atroces, pasemos a la idea (a mi modo de ver) más grande de mostrar a esa persona que puede obtener el perdón y la rehabilitación. Algunas de las otras personas invitadas estaban demasiado enojadas para pensar por encima del nivel de las atrocidades de que habían sido víctimas y se refugiaron en su ira como en una frazada familiar que les proporciona calor y consuelo, sin caer en cuenta de que al hacerlo así ellas mismas asfixian su propio futuro. Tampoco pudieron aceptar que los posibles futuros autores de esos delitos jamás buscarán ayuda si saben que no tienen la menor oportunidad de ser perdonados ni rehabilitados.

Aunque todas las mujeres que contaron sus historias ese día en el programa tenían razones que justificaban su odio y su enojo, la realidad es que el veneno de una furia implacable no intoxica al autor del crimen sino que aprisiona a la víctima. Al negar el perdón, la víctima pierde la posibilidad de liberarse y queda presa de lo que ocurrió, encarcelada por su trauma, al eliminar ella misma la oportunidad de escaparse de su dolor.

Esta verdad sobre el perdón la hemos visto representada a escala mayor. Cuando ultrajadas y furiosas mujeres de Sudáfrica gritaron las horribles atrocidades que sufrieron bajo el apartheid, Nelson Mandela y los miembros del Congreso Nacional Africano (ANC) fueron conscientes de que una idea pequeña como la venganza podía destruir la idea mucho más grande de sanación y supervivencia de su país. Si ellos se hubieran concentrado solamente en ese deseo temporal de justicia y castigo inmediato, ignorando la necesidad mucho más importante de conformar un gobierno incluyente, funcional y sano en una nación lacerada por el dolor de sus males, su patria jamás habría sobrevivido.

El Concejo Nacional de Provincias (NCOP) se creó para escalar otro nivel al otorgar inmunidad diplomática a personas que no la merecían, con el fin de proteger la necesidad mayor que era la supervivencia de la nación. La idea grande era la del perdón; la idea pequeña, por justificable que pareciera, era la del odio, resentimiento y venganza. Sudáfrica sobrevivió porque sus dirigentes eligieron la idea del bien para todos por encima de la de venganza para algunos.

Cuando el Dr. King se resistió a la tentación de su propia ira sometiéndose a la idea mucho más grande de un movimiento no violento guiado y conformado por gente que estaba justificadamente enojada, él preservó el futuro y cambió nuestro mundo. Aquellos que albergaban las ideas más pequeñas de crear nuestro propio país o dar muerte a los autores de delitos racistas que habían abusado de nuestros padres y violado a nuestras madres, habrían saciado nuestra humana necesidad de castigo, pero también habrían acabado con nuestra forma de vida. Sobrevivimos porque nos atrevimos a actuar dentro de la idea grande del perdón y no nos sometimos a las ideas pequeñas de venganza y represalia. Y fue así como la esperanza de hombres y mujeres que se atrevieron a soñar a una escala superior a todo lo que antes habían visto, sorteó la destrucción que habría sido el inevitable resultado de pensar a escala tan pequeña.

Como los indios americanos relegados a reservaciones en las que solo se puede ser dirigente de una pequeña área autorizada por el gobierno, muchos de nosotros preferimos permanecer en una reservación en lugar de escapar al mundo mucho más amplio que nos asimila, incluye y acepta. En otras palabras, la gente que no perdona neutraliza sus propias posibilidades de crecimiento. Inevitablemente, esas personas acaban atrapadas por las repercusiones de un liderazgo que se mantiene dentro del mezquino contexto de un pensamiento, haciendo caso omiso de la necesidad general de trascender el inconveniente del momento. Tal como muchos indios americanos lo han hecho, debemos pensar más allá de la reservación y seguir adelante.

Cuando escribo en blogs y en Facebook, a menudo me asombran los cristianos que jamás abandonan su propia reservación y solo pueden ver o pensar desde su perspectiva cristiana, sin atreverse a evaluar otros puntos de vista desde una perspectiva más amplia. Prefieren sacrificar un líder excelente porque no es cristiano según su definición de lo que debe ser un cristiano, o limitar la discusión a uno o dos puntos, a costa de la idea más grande que es lo bien que ese líder sea capaz de dirigir el país.

Causé revuelo en mi iglesia cuando anuncié que me interesaba mucho más encontrar un cirujano que fuera excelente operando, que encontrar uno que votara como yo en política o compartiera mis ideas sobre la fe. Les expliqué que de un cirujano me interesa más el registro de recuperación exitosa de sus pacientes que su opinión sobre la teología escatológica. Solo me interesa saber si él puede hacer el trabajo, ¡no si enseña en la escuela dominical de la First Baptist!

En una mesa de operaciones bien podemos sacrificar la idea pequeña de nuestro propio punto de vista teológico por la idea superior de la competencia de un cirujano. Si logramos tenerlas ambas, ¡maravilloso! Pero no voy a rechazar los servicios de un cirujano excelente solo porque a mí no me guste su equipo de fútbol favorito o su religión.

Al considerar este modelo de pensamiento para aplicarlo en nuestra propia vida, debemos preguntarnos, ¿el hecho de condenar a cadena perpetua sin esperanza de libertad condicional al autor de un delito, realmente nos protege de la creciente posibilidad de ser atacados por otros delincuentes? Mi temor es que solo perpetúe una patología que enseña a nuestros hijos que somos parte de una sociedad tan irracional que no permite que las personas crezcan por encima de lo que hicieron hasta lo que deberían haber sido. Por consiguiente, a los delincuentes no les queda más que esconder lo que son y continúan atacando a nuestros hijos, destruyendo sus propios votos matrimoniales o enzarzándose en disputas por errores ya cometidos. Un entorno familiar saludable solo se alcanza cuando uno deja encendida la lamparilla de noche para quienes han extraviado el camino. Debemos estar dispuestos a darles lo que todos necesitamos, un GPS o sistema de posicionamiento global, que permita al hijo pródigo encontrar la ruta de regreso cuando por fin esté listo para volver a casa.

He aprendido que la mayoría de las personas que albergan en su corazón animadversión hacia otros, lo hacen porque permanecen en la reservación de lo ocurrido en el pasado, en lugar de escapar hacia la idea mucho más grande de un futuro mejor. Pero deberían preguntarse: “¿Qué tal si por aferrarme a mi estrecha perspectiva pierdo la oportunidad de cambiar mi vida? ¿Cómo dejar atrás mi historia para pasar al más amplio terreno de mi destino?”.

Sí, damas y caballeros, el perdón es una idea grande y funciona mejor si se otorga a personas que tengan el coraje de agarrar la idea de tres metros de lo que es mejor para su futuro, en lugar de aferrarse a la de metro y medio de obtener una compensación por lo ocurrido en su pasado. Estoy aquí para animarlos a cortar la alambrada que les impide salir adelante, con el soplete de una idea grande que deshaga el metal de un pasado doloroso. ¡Debo decirles que la forma en que las civilizaciones sobreviven y los individuos prosperan es perdonando lo menor para proteger lo mayor!

Veamos, la falta de perdón implica un campo de acción pequeño. Existe en las personas que no pueden escaparse de lo que fue a lo que es. La supervivencia no será fácil para una familia que no pueda perdonar a sus miembros los errores pasados. El niño constantemente asaltado por un vigilante implacable que lo castiga por sus errores de ayer, inevitablemente se debilita, se atrofia, y morirá sin convertirse en lo que habría podido ser si alguien lo hubiera nutrido con el perdón. A ese niño era necesario hacerle ver que tenía por delante mucho más que todo el peso de los errores que él habría podido dejar atrás.

Esta verdad es válida en el ámbito personal y en el profesional. A excepción de unas cuantas personas notables que en el siglo veintiuno han seguido dándonos ideas grandes, las que hoy encontramos son más que todo ideas diminutas camufladas bajo una satinada y superficial avalancha publicitaria, diseñada para hipnotizarnos e inducirnos a creer que son ideas grandes. Para evitar una rápida obsolescencia e insolvencia, las empresas exitosas deben contar con el aporte permanente de pensadores en grande. Si las pequeñas empresas no se adaptan y cambian, pronto son absorbidas por conglomerados más grandes que sí salen del mar conocido a explorar un océano de más altos niveles de pensamiento y consciencia.

Las ideas grandes salen del corazón de personas grandes que piensan más allá de la infracción y abrazan las posibilidades del futuro. Todos somos capaces de tener ideas grandes y prodigiosos avances, pero rara vez damos rienda suelta a esos pensamientos grandes. Sin saberlo nosotros mismos, la negativa a perdonar nos encarcela sin rehabilitarnos, y pronto el guardián de esa destrucción nuestra se convierte en el forense que estudia la causa de la muerte de nuestros sueños, nuestro corazón y nuestra esperanza. Si no aceptamos que el perdón es la llave para nuestra libertad, nuestras pequeñas ideas siempre envenenarán nuestras grandes oportunidades de echar a volar nuestro pensamiento, dialogar sinceramente y discutir orientados a obtener soluciones.

En el mejor de los casos, el llamado que el mismo Dios nos hace a perdonar es todo un reto, y no lo podrán superar quienes no renuncien a la comodidad del enojo para asumir la sobrecogedora tarea de seguir adelante. Si queremos disfrutar de un mejor mañana, debemos deshacernos de los severos atuendos del lugar donde hemos estado y confeccionar nuevas prendas de vestir acordes al sitio al que nos dirigimos.

Si eres cristiano probablemente recordarás que Jesús se deshizo de las vestiduras de su muerte y apareció en el jardín con un radiante atavío que no mostraba trazas del lugar donde había estado. A pesar de conocerlo tan bien, ni siquiera María reconoció a Jesús, porque Él ascendió a un nuevo sitio de poder, propósito y paz, mientras ella esperaba que luciera y pensara como en su vida pasada.

Tu vida pasada es demasiado pequeña para servirte cuando alcances la plenitud de lo que estabas destinado a ser. ¡Es como si usaras tu uniforme de la banda de sexto grado para dar un concierto en el Carnegie Hall! Ahora ese uniforme es demasiado pequeño para el que eres y el sitio al que vas, y aferrarte a él solo expresa tu necesidad de ver todas las cosas desde la perspectiva pequeña de tu experiencia pasada.

Nuestra nación, como todas las naciones libres, solo alcanzó la libertad cuando prestó atención a una idea más grande que la predominante en la época, y si eso aplica para nosotros como sociedad, también aplica para nosotros como individuos. Sin embargo, nos dejamos convencer por la pequeñez de espíritu de algunos de los pensadores de ayer, aunque lo que en realidad necesitamos ¡solo puede emanar de aquellos que piensen en grande dando rienda suelta a la imaginación!

¿Estás preparado para cambiar de atuendo? Tengo la esperanza de que si aceptamos el reto de pensar a niveles más grandes, inevitablemente evolucionaremos como sociedad y como individuos, y dejaremos atrás las ideas pequeñas que nos mantienen cautivos de lo que fue. Y también espero que quienes piensan a una altura que sobrepase otras alturas se nutran de este libro y salgan de la estrechez de sus miras al portentoso terreno del pensamiento de tres metros de altura. Creo que Dios oculta en los lugares más altos las respuestas a los interrogantes que todos tenemos, para que solo las águilas las encuentren y se nutran de ellas.

El problema es que muchos vamos dando tumbos como pollos en vez de volar como águilas. Mientras las águilas vuelan alto y otean los cielos, los pollos están ocupados mirando para abajo y comiendo del suelo. Sí, sobreviven con un bajo nivel de consumo, pero no vuelan lejos ni hacen mucho más porque están demasiado atareados picoteando el suelo. Jamás pasan de un bajo nivel de pensamiento al nivel de extender sus alas como águilas para volar muy alto.

Tu misión, si la aceptas, es mirar para arriba y averiguar quién eres y a dónde vas. ¿Quieres alimentarte con boronas de pensamiento recogidas del suelo o buscar las cumbres del éxito de quienes sobrepasan a los grandes de la vida y se elevan por sobre las tormentas? Por sabroso que le parezca el pollo a la gente que lo come, recuerda siempre que los pollos se alimentan mayormente de desperdicios. Las águilas, en cambio, vuelan demasiado alto para comer lo que fue y solo comen lo que es.

La vida está llena de grandes y los pollos viven temerosos de ellos, porque con la cabeza gacha y siempre mirando para abajo, corren el riesgo de que los aplasten, decapiten o aniquilen. Los pollos son vulnerables porque permanecen al alcance de sus posibles aniquiladores. Los grandes atacan solamente lo que queda a su alcance. Ellos solo encuentran los tesoros que están en sitios bajos. De manera que los pollos y quienes tienen ideas de pollo siempre están al alcance de aquellos que buscan destruirlos.

En mi otro negocio de entretenimiento, es frecuente que las películas tipo pollo no sean grandes éxitos de taquilla. Casi siempre, una baja inversión se traduce en bajas utilidades. En Hollywood los productores invierten los mayores dinerales en las ideas que consideran más grandes. Pero los grandes que tienen bajas expectativas los llevan a sub-financiar un entretenimiento de pollos, consumir las escasas utilidades, y pasar a otra cosa. Aunque comprendo ese paradigma, e incluso he operado a un nivel empresarial de pollo, la mayoría de las veces por necesidad más que por preferencia, guardo en mi corazón ideas de águila que esperan ser develadas.

Si has vivido con pollos pero pensado como águila, es solo cuestión de tiempo para que alguien vea el águila en ti y te permita extender las alas y volar más alto. Pero debes tener presente que si quieres atreverte como águila, debes renunciar a la perspectiva de pollo. No permitas que grandes problemas y restricciones económicas, y ni siquiera excusas legítimas, te hagan desistir de tus sueños y sofoquen tu pasión.

Puedes empezar desde el suelo, pero, por Dios, ¡acaba en el aire! Desde donde está el águila, los grandes se ven más pequeños y se vuelven intrascendentes. Desde donde vuela el águila, siempre se divisan nuevas oportunidades. ¡El águila ve lo que está al frente mientras el pollo solo ve lo que está abajo! ¡El águila no teme a los grandes porque vive a demasiada altura como para vivir en peligro!

No me malinterpretes, me encantan los pollos y los he cuidado, alimentado e incluso comido ¡pero para ellos no escribo! Yo escribo para el águila que aún no ha salido del clóset y está leyendo esto: es hora de que extienda sus alas y alce la vista. Estamos a punto de navegar desde nuestro ayer hasta muy lejos por el oscuro azul de los cielos frente a nosotros. Si el perdón es una idea grande, y lo es, necesitarás un juego completo de largas alas para elevarte por encima de lo temporal y navegar a lo trascendente. Es tiempo de considerar lo que obtendremos si nos deshacemos del peso del ayer y abrazamos los fieros vientos de una nueva mentalidad y un corazón abierto.

Mi temor es que si no aprendemos a volar cómo se remontan las águilas, sin darnos cuenta nosotros mismos nos volveremos cementerios de minas antipersonas. O para usar una metáfora más fuerte, y más chocante, la falta de perdón se convierte en el cáncer de nuestra alma. Así como tememos descubrir un tumor maligno en nuestro cuerpo, debemos vivir vigilantes en cuanto a los rencores que guardamos y las ofensas que recibimos; si no lo hacemos, tal vez nunca lo veamos venir.

A todos nos asusta la pesadilla del cáncer, y hoy día si estás vivo te tocará, directa o indirectamente, en la familia o en alguien que amas. Nuestra peor pesadilla cobra vida cuando de un examen físico de rutina resulta un diagnóstico terminal, o si un molesto dolor encubre un problema mucho mayor, o si se descubre un tumor o se encuentran células cancerosas, o un pólipo o un bulto se hacen visibles.

Muchas personas se someten a un chequeo y encuentran que están en la cuarta etapa de un cáncer que jamás vieron venir, del que no hubo señales y tampoco síntomas, simplemente les cayó encima. Es difícil para el enfermo y doloroso para la familia. No hubo tiempo de prepararse, salió de la nada.

En retrospectiva, podría parecer que los despreocupados días que pasamos bajo un sol radiante fueron el punto de inicio del crecimiento maligno del melanoma. Aunque muchos tipos de cáncer no se pueden evitar, hay hábitos saludables que podrían ayudarnos a vivir sin tener que librar la que algunos llaman “la batalla de su vida”. Sea por ignorancia o por falta de conocimiento (jamás usamos protector solar cuando yo era niño), por descuido o imprudencia de juventud (cuando no pensábamos en arrugas ni manchas y menos aún en proteger nuestra piel para prevenir algo tan ominoso como el cáncer), nunca tomamos las precauciones debidas para asegurar la salud de nuestro organismo. Y ahora estamos pagando el precio de esa omisión con una extenuante batalla contra el cáncer que amenaza con reducir nuestra calidad de vida para siempre.

He notado que cada vez que mi esposa tiene programada una mamografía, en su voz asoma el oculto temor a lo que el examen pueda revelar. Siempre con voz algo trémula, ella me dice que ya es tiempo de hacerse el examen. Nunca ha tenido cáncer, pero la posibilidad de tenerlo y lo que han padecido tantas personas amigas, la afectan cada vez que va a ese examen. Siempre existe la posibilidad de que haya habido algún tipo de invasión sin que ella lo hubiera notado, de que tenga cáncer sin saberlo. Mientras más años tengo, también yo experimento esa incertidumbre cada vez que me someto a un chequeo o procedimiento médico de rutina.

Aunque de hecho abogo por hacer todo lo humanamente posible para prevenir el cáncer y promover su detección temprana, aquí y ahora no me propongo alertarte sobre esa enfermedad sino conseguir que tomes consciencia de su equivalente emocional y espiritual, porque nos altera y perjudica igualmente la vida. Nuestra incapacidad o falta de voluntad para perdonar ofensas pasadas a menudo se encona, hace metástasis en nuestro interior y crece calladamente, hasta causar un bloqueo que afecta cada área de nuestra vida. Si no perdonamos, el resentimiento asecha calladamente en nuestro corazón y el de nuestros seres queridos y permanece latente hasta que explota en cualquier crisis emocional.

Cuando se revela la malignidad de una herida del pasado, todos los involucrados sienten el impacto porque jamás imaginaron que pudiera existir tanto dolor, ira, virulencia y animadversión bajo la superficie en esta persona que siguió preparando desayunos, celebrando festividades y llevándoles rosas. Si has vivido bastante, sabes que es casi imposible conocer realmente todo de una persona, ver su corazón y saber lo que está sucediendo bajo la superficie. Las heridas emocionales no siempre muestran señales externas del caos interior.

La mayoría de la gente no analiza sus emociones, y si lo hace, frecuentemente se queda cavilando sobre lo que encuentra en lugar de buscarle solución y sanarlo. Tampoco realizamos chequeos de rutina para asegurarnos de que las personas que trabajan o viven con nosotros estén siendo realmente sinceras y abiertas con sus sentimientos. Me asalta el temor de que el ajetreo en medio del cual transcurre nuestra vida se preste para que se generen suposiciones, expectativas y consideraciones que a menudo llevan a que problemas no resueltos de nuestro pasado se multipliquen en un crecimiento canceroso dentro de nuestra alma. Hacer caso omiso del cúmulo de heridas, ofensas, desaires e injusticias que hemos soportado puede originar graves problemas que debilitan las relaciones y ponen fin a la productividad.

Así como se extirpan lunares o lesiones cutáneas para evitar que crezcan y se conviertan en anomalías más serias, vale la pena resolver los desacuerdos menores antes de que se vuelvan desastres. A la mayoría de las personas no les gusta crear problemas y se tragan la frustración ocultando sus verdaderos sentimientos, por no comprometer la tranquilidad temporal, sin darse cuenta de que el caos total no empieza siendo total: va creciendo bajo la piel como un cáncer que una detección temprana habría podido evitar. Amigo mío, las personas renuncian a su trabajo mucho antes de escribir la carta. Los esposos se van mucho antes de mudarse a otro lugar. Los chicos se rebelan en su corazón mucho antes de que los arresten por vandalismo.

Damos por hecho que si no sentimos o vemos algo, entonces todo está bien, pero algunos de los más letales asesinos de nuestra salud física son silenciosos. La presión arterial alta no produce sonido alguno. El cáncer puede corroerte interiormente durante meses sin producir síntomas que te adviertan de su arraigo en tu organismo. Por eso es que todos debemos someternos a chequeos y exámenes médicos con regularidad. Igualmente, debemos chequear nuestra salud emocional y nuestra actitud, así como las de quienes nos rodean. Con esto no me refiero a dedicarse a cavilar por qué alguien hirió tus sentimientos en el picnic de la iglesia o apenas dijo solo de pasada “¿cómo te va?”. Si realmente queremos fomentar nuestra salud, bienestar e intimidad, debemos tomarnos tiempo para comunicar lo que en realidad está pasando en nuestro interior y descubrir lo que de hecho está ocurriendo en el interior de la otra persona.

Sé que con demasiada frecuencia no lo vemos venir. Igual que el paciente con cáncer pensó que estaba sano hasta antes del temido descubrimiento y diagnóstico, muchas veces suponemos que mientras mantengamos el frenético ritmo de nuestra vida diaria, estaremos bien. Cuando surgen signos de alerta en nuestras relaciones, tratos de negocios y amistades personales, los ignoramos o descartamos por considerarlos insignificantes o no merecedores de un examen más profundo.

A menudo la gente nos honra y respeta tanto que oculta su descontento para parecer amable, en lo que muchas veces es un engaño bien intencionado, pero realmente puede despojarnos de la oportunidad de hacer algo por mejorar nuestro entorno en la casa y el trabajo. Que una persona se presente en su sitio de trabajo y lleve a cabo las tareas básicas no garantiza que se sienta verdaderamente realizada haciéndolo. Que nuestros hijos nos regalen una dulce tarjeta el Día de la Madre no significa que nuestra relación sea como la de los personajes del Cosby Show. Solo porque a la hora de la cena nuestro cónyuge toma asiento frente a nosotros y sonríe, no podemos decir que nuestros corazones estén sincronizados.

He visto una y otra vez la frustración que, como un cáncer, va invadiendo silenciosamente a las personas que evitan la confrontación hasta convertirse en mártires, simplemente porque les falta el coraje o la destreza para hablar francamente sobre las pequeñas zonas de descontento y resentimiento. Tras el silencioso progreso de un descontento que se habría evitado comunicando las cosas pequeñas antes de que se volvieran grandes, sin darte cuenta, habrás perdido un miembro muy bueno de tu personal. También se da el caso de la esposa que no captó la inconformidad de su esposo con el matrimonio, hasta que salió a la luz una amante. Muchas amistades y relaciones se atascan en una rueda sin fin de amabilidad superficial porque ninguna de las personas está dispuesta a analizar los agravios y expresar sus inquietudes. El perdón, como veremos más adelante, debe practicarse a diario y no bajo la presión de una crisis.

El otro peligro capcioso de no practicar el perdón es que nos convertimos en portadores contagiosos de las mismas ofensas que hemos sufrido. Si nuestros padres nos mostraron un comportamiento violento en situaciones difíciles, suponemos que esa es la manera de manejar los conflictos. Si un socio que no era de fiar nos traicionó, nos sentimos tentados a recurrir a las mismas tácticas para evitar una nueva traición. Se sabe que décadas atrás unos investigadores descubrieron que la gran mayoría de quienes abusan sexualmente de niños también fueron víctimas del mismo tipo de abuso en su niñez.

Con esto no quiero decir que todo el que en su niñez haya sido víctima de abuso sexual está destinado a convertirse en un abusador. Algunos padecen trastornos de nutrición, de promiscuidad u otras cicatrices como baja autoestima. Y le ocurre no solo a la gente que ha tenido esos problemas sino a todos los que hemos vivido situaciones profundamente dolorosas en la vida. No todos los casos llegan a ese nivel pero, si hay algo seguro, es que nadie muere sin haber llorado en el transcurso de su vida. Aquí el propósito es proteger nuestro futuro para que no lo infecten las tribulaciones de nuestro pasado. Sé que este no es el tipo de proceso que se pone en marcha accionando un interruptor. Así que si estás pensando “Si supieras por las que he pasado en mi vida, comprenderías por qué no puedo perdonar a la gente que me lastimó”, por favor quiero que sepas que entiendo la enorme dificultad de tu carga.

Pero también sé que Dios no nos diseñó para ser víctimas. Hasta cuando padecemos las egoístas, dolorosas y a veces malvadas acciones de otras personas, tenemos el mismo poder para optar porque el fantasma de nuestras terribles experiencias no nos perturbe. Siempre podemos elegir. Lo trágico es que tantas personas se quedan atrapadas en un infierno mucho después de que sus heridas les fueron infligidas. Tal como nuestro cuerpo está diseñado para curarse y recuperarse de las lesiones físicas, nuestra alma nos ayuda a recuperarnos de las heridas internas sufridas. Pero muchas veces, sin darnos cuenta, nosotros mismos bloqueamos el proceso por falta de herramientas, modelos de conducta, madurez o agudeza espiritual para seguir adelante y permitir que la sanación ocurra. No hemos aprendido procedimientos de detección temprana que nos permitirían disfrutar de una calidad de vida más saludable y balanceada.

Espero que este libro te proporcione todos esos elementos vitales para practicar el arte de perdonar. Y por favor entiende que para perdonar a otros, debemos estar dispuestos a ver nuestra propia capacidad de herir, ofender y lastimar a quienes nos rodean, que a menudo son nuestros seres más queridos. Como lo descubriremos, la Oración del Señor nos proporciona una agudeza clave para experimentar el júbilo y la vida de abundancia que Jesús dijo haber venido a brindarnos. “Danos hoy nuestro pan de cada día, y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, nos enseñó Jesús a rezar (Mateo 6:11—12, KJV – Versión Autorizada del Rey Jacobo o Jaime).

Me asalta el temor de que cuando rezan esta oración tan conocida, muchas personas no se den cuenta de que están pidiéndole a Dios que las perdone como ellas están perdonando (o no perdonando) a otras personas. No creo que Dios nos esté castigando y diciéndonos que básicamente recibiremos lo mismo que hayamos dado a otros. Dios es mucho más grande que eso, mucho más amoroso, misericordioso y compasivo para con sus hijos. No, lo que yo creo que Jesús revela en la Oración del Padre es que nuestra capacidad humana de recibir la misericordia de Dios se bloquea cuando no estamos dispuestos a perdonar a quienes nos han hecho daño. No podemos abrazar el perdón de Dios si estamos ocupados aferrándonos a heridas pasadas y cuidando de viejos rencores. Para poder avanzar a las bendiciones de nuestro futuro, debemos renunciar a los dolores del pasado.

El perdón no exonera a la persona que te hizo daño ni trivializa la profundidad de tu trauma. De ninguna manera. El perdón te libera a ti y a tu alma de vivir en una casa de horror llena de recuerdos y tormentos que no merecen que les dediques más tiempo de tu vida. El perdón, entonces, es un regalo para el que debes encontrar la forma de dártelo sin importar quién te sumió en esta situación lamentable. Creo de todo corazón que la principal causa de los divorcios es la falta de perdón, no el adulterio, y tampoco los problemas económicos, a los que a veces se señala como culpables. La falta de perdón ha sido una espada que acaba con hermanas, madres, padres e innumerables hijos. Ha dañado relaciones de trabajo y minado el trabajo en equipo que es el que aumenta los márgenes de utilidad y reúne lo mejor de lo mejor en un modelo de negocios que produce rendimientos y niveles de competencia superiores.

Como ves, el perdón es esencial para alcanzar la plenitud para la cual fuimos creados por Dios. Hechos a su imagen y semejanza, compartimos su capacidad de amar, de ser traicionados por seres queridos, y de perdonar y arriesgarnos a amar de nuevo. El perdón no te debilita, te fortalece para que vuelvas a vivir y a amar, y lo hagas a tu plena capacidad, sin las trabas de los males que te aquejaron ayer. Quiero encaminarte de nuevo hacia tu mayor potencial y detener el agotamiento mental y la tortura de un mal recuerdo. Quiero ayudarte a recuperar el control pues tienes el enorme poder de cambiar la calidad y dirección de tu propia vida, sacándola del estancamiento y la amargura para llevarla a la sanación espiritual de la misericordia y la paz.

¿Realmente quieres experimentar la plenitud de la vida a la cual estabas destinado, una vida de satisfacción, vitalidad creativa y jubilosa intimidad con tus seres queridos? ¿Estás dispuesto a dejar ir el dolor emocional de todos los golpes que has recibido en la vida? ¿Sientes que este es el tiempo de transición de los viejos, agrietados y despicados envases de tu energía al júbilo de nuevos odres?

Entonces es el momento de experimentar el poder sobrenatural que se desencadena cuando encontramos el poder del perdón y ¡lo dejamos todo atrás!

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