El profeta

El profeta

by Frank E. Peretti
     
 

Una novela que penetra en el corazón de una gran lucha que amenaza con rasgar nuestra sociedad. El exitoso presentador de noticias John Barrett está atrapado en una incierta batalla moral y espiritual sobre la importancia de la verdad. Empleando los mejores elementos de la ficción de suspenso, el maestro de la narrativa Frank Peretti teje un

Overview

Una novela que penetra en el corazón de una gran lucha que amenaza con rasgar nuestra sociedad. El exitoso presentador de noticias John Barrett está atrapado en una incierta batalla moral y espiritual sobre la importancia de la verdad. Empleando los mejores elementos de la ficción de suspenso, el maestro de la narrativa Frank Peretti teje un relato profético para nuestros tiempos.
A thriller that penetrates to the very heart of a vast struggle that threatens to tear our society apart. Successful news anchorman John Barrett is caught in a suspenseful moral and spiritual battle over the importance of truth. Using all the elements of edge-of-your-seat fiction, master storyteller Frank Peretti weaves a prophetic tale of our times. Tyndale House Publishers

Product Details

ISBN-13:
9781414326399
Publisher:
Tyndale House Publishers
Publication date:
04/01/2009
Pages:
656
Product dimensions:
4.20(w) x 6.80(h) x 6.90(d)

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EL PROFETA



By FRANK E. PERETTI
Tyndale House Publishers, Inc.
Copyright © 2009

Frank E. Peretti
All right reserved.



ISBN: 978-1-4143-2639-9



Chapter One John Barrett oyó hablar a Dios cuando tenía diez años. Años después, lo único que recordaría con claridad acerca de aquella asamblea de un domingo por la noche en el Tabernáculo del Evangelio de Rainier era que había mucha gente y mucho sudor, en el centro mismo del calor estival. Y mucho ruido. Era el momento de la invitación al altar, al frente de la iglesia; los santos estaban orando y alabando, y no se trataba de ese tipo de adoración tranquila y meditativa, sino de la bulliciosa, ese tipo de adoración en que la gente echa atrás la cabeza y clama al Cielo, mientras las mujeres lloraban, los varones daban gritos, y el piano seguía tocando una y otra vez los acordes de "Yo me rindo a él, yo me rindo a él ..."

El pastor Thompson, joven y entusiasta, acababa de pronunciar un sermón que le había llegado al corazón a John. Y cuando vino el momento de la llamada al altar y el pastor Thompson dijo: "Si esta palabra es para usted, si Dios le está hablando al corazón, le invito a que pase al frente, y a que ponga su alma sobre el altar ..." John supo que Dios le estaba hablando a él, y pasó adelante, casi corriendo, para arrodillarse ante aquel largo reclinatorio de caoba, con el rostro enrojecido y los ojos deshechos en lágrimas.

"'He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,'" dijo el pastor Thompson, citando la Biblia. "¿Está usted dispuesto a recibir al Cordero esta noche? ¿Quiere usted encontrarse con Jesucristo?"

John estaba listo para recibir al Cordero, estaba listo para encontrarse con Jesucristo, y cuando invocó el nombre del Señor, pudo incluso ver un cordero, pequeño, tierno, inmaculado y blanco, ahí mismo frente a él, justo al otro lado del reclinatorio, tan cerca que habría podido extender la mano y tocarle la nariz. Posteriormente le dijeron que había tenido una visión, pero en aquel momento pensó que de veras había un cordero en la iglesia, tan real como cualquier otra cosa. El Cordero de Dios, como había dicho el pastor Thompson. Fue algo muy real en aquel momento, tanto tiempo atrás. Fue un momento que de veras le conmovió el alma.

Pero aquel momento, con todos sus sentimientos, sus signifi cados, sus palabras trascendentes y eternas, e incluso su pequeña visión, habría de desvanecerse con el paso del tiempo, y llegaría la hora en que John lo escondería en un rincón perdido y olvidado de su memoria.

No recordaría que había tratado con Dios, que había hecho un pacto con el Creador cuando no era más que un muchachito: "Señor, ven a mi corazón y quita mis pecados. Dios mío, te entrego mi vida. Úsame, Señor. Soy tuyo."

El recuerdo de la mano de su padre, puesta sobre su hombro, se desvanecería con el tiempo y con las ambiciones adultas, como también las palabras de su padre, pronunciadas con voz fuerte y profética al oído del niño, como procedentes del propio Dios: "Tienes un llamado, hijo mío, tienes un llamado. Te conocí antes que te formase en el vientre, y antes que nacieses te santifi qué a mi servicio. Camina conforme a mi Palabra, escucha mi voz, porque yo te hablaré y te guiaré en todos los senderos que emprendas. He aquí, estoy contigo todos los días ..."

Él elegiría no recordar. "... reconóceme en todos tus caminos, y yo enderezaré tus veredas ..." Palabras buenas, útiles. Palabras olvidadas. "Y he aquí yo estoy contigo todos los días, hasta el fin del mundo ..." No se acordaría.

Pero Dios sí se acordaba.

Chapter Two Señor Gobernador, se lo suplico, examine su corazón y cambie de rumbo, porque si usted no lo hace, Dios se lo cambiará a usted. Aunque usted haya dicho en su corazón: 'Nadie ve, nadie oye,' sin duda que el Señor sí ve, y oye todo lo que usted piensa en su corazón, todo lo que usted susurra, todo lo que usted dice en su recámara privada. No hay nada oculto a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas!"

Era septiembre, el viernes después del Día del Trabajo, todavía con sol, todavía de verano, y las sombras del atardecer apenas empezaban a extenderse. Multitudes de aturdidos partidarios venían de sus casas, de sus trabajos, de una cena temprana o de las escuelas, para reunirse en la Plaza de las Banderas de La Ciudad, para el gran mitin de lanzamiento de campaña del gobernador Hiram Slater. Los sombreros de paja con el lema "Hiram ganará!" florecían ya profusamente, y flotaban sobre centenares de cabezas como hojas en un río. Ante el telón de fondo de las cincuenta banderas de los Estados de la Unión que ondeaban en la plaza, se había levantado un estrado, forrado de azul, adornado con globos rojos, azules y blancos y con banderas estadounidenses, pulcramente arreglado con filas de sillas plegables y embellecido con todo un jardín de crisantemos en macetas. Pronto iba a comenzar el mitin, y el gobernador Slater iba a pronunciar su discurso de lanzamiento de campaña.

Pero mientras la gente llegaba a la plaza, un hombre robusto, de pelo canoso, vestido con un mono azul de bodega, ya estaba dando otro discurso, de pie sobre el borde de un macetero de concreto, con flores a sus pies, y la cabeza muy por encima del gentío. El gobernador podía estar o no estar al alcance de sus palabras, pero fuera como fuera ese hombre le iba a gritar al gobernador, con su voz teñida de dolor y de desesperación.

"Como el antiguo Nabucodonosor, usted ha levantado una imagen de sí mismo para que todos los hombres la sigan, una imagen altísima, una imagen potente, una imagen mucho más grande que usted. Pero, por favor, preste atención: el Señor quiere recordarle que usted no es esa imagen. Aunque usted diga: 'Soy fuerte e invencible; me levanto sobre las masas; nada puede tocarme ni hacerme daño,' en realidad usted es tan débil como cualquier otro hombre, y está a punto de ser dañado, a punto de ser derribado!"

-¿Por qué no se calla, bocón? -gritó un contratista con barriga de bebedor de cerveza, que iba pasando.

-Debe oírse la Verdad, aunque abunde la mentira -replicó el hombre.

"Otra vez ese!" se quejó una madre que llevaba consigo a cuatro niños.

"Bájese de ese macetero!" ordenó un corredor de bienes raíces, con traje ejecutivo. "Ese no es lugar para usted!"

Una editora feminista radical contestó con la consigna: "Hi-ram ga-na-rá!"

Los que estaban cerca siguieron la consigna, coreándola cada vez más fuertemente, y se la gritaron al hombre por puro encono: "Hi-ram ga-na-rá! Hi-ram ga-na-rá! Hi-ram ga-na-rá!"

Lo habían aguijoneado. Con los ojos llenos de dolor, miró el rostro de ellos y rogó: -Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra!

En medio del grito de la consigna, se pudieron oír algunas voces burlonas que respondieron fingiendo horror: -Uuuuuuuuh!

-Nuestro Dios está allí, siempre presente, y conmovido por nuestras debilidades. Él está hablando. Debemos guardar silencio y escuchar!

-Hi-ram ga-na-rá! Hi-ram ga-na-rá!

Detrás del estrado, oculto de los ojos del público por un telón azul, el gobernador Slater, de poca estatura, ya un poco calvo, con una voz atenorada que no resultaba impresionante, repasaba los últimos detalles con los organizadores del mitin.

-Treinta minutos -dijo-. Quiero treinta minutos, aunque ustedes tengan que recortar algo.

Wilma Benthoff, coordinadora de campaña del gobernador -y en este momento su ajetreada organizadora del mitin-se apartó del rostro la cabellera rubia, de rizos alocados, para poder ver la libreta de apuntes. -De acuerdo; tendremos el himno nacional, y luego Marv presentará a los dignatarios. Marv! -Marv no la oyó; estaba atareado dirigiendo el movimiento de fotógrafos mientras que a la vez ataba globos en las gradas del estrado-. MARV!

Él la miró. -El gobernador quiere más tiempo, así que las presentaciones tendrán que ser breves!

Él asintió y dijo algo que los otros no pudieron oír. Benthoff prosiguió: -Después tocará la banda ... eh ... Joyce, ¿cuántas piezas va a tocar la banda? -Joyce no la oyó; estaba parada demasiado cerca del trombonista, que estaba ensayando sus escalas-. Ah, que se olvide. Quitaremos una pieza. Yo le aviso.

El gobernador sintió una mano en su hombro. Era Martin Devin, uno de los miembros del alto personal del gobernador, que quería ser su futuro jefe de personal. Martin, alto, que en sus tiempos de universidad había sido jugador de fútbol americano, traía en el rostro una mirada de desprecio y de mofa. -Está presente nuestro viejo amigo, el profeta.

El gobernador echó una risita y meneó la cabeza. -No podía faltar -dijo, y se asomó furtivamente por la cortina; apenas pudo ver la cabeza del viejo encima del gentío-. ¿Qué estará pensando su hijo en este momento?

-Especialmente cuando vea el alboroto en su propio noticiero! Acabo de llamar a una amiga del Canal 6, y van a mover la cámara. Quieren captar la escena.

Al gobernador se le iluminó el rostro. -Tú siempre pensando, Martin, siempre pensando!

Devin asintió, aceptando el cumplido. -Así que bien puede ser que se nos esté presentando una oportunidad ... -repuso.

Leslie Albright, reportera de noticias del Canal 6, se colocó cuidadosamente en el oído un auricular moldeado, y luego halló un minúsculo espacio de terreno donde pararse mientras Mel, el camarógrafo de pelo largo, enfocaba su rostro con claridad. Había mejores lugares para tomar esta escena, mejores vistas de la plaza, mejores fondos escénicos, pero las órdenes eran órdenes. Algún día iba a matar a Tina Lewis.

"Efectivamente, John, aquí es donde comienza todo para el gobernador Hiram Slater ..." dijo ensayando, con su voz profesional. "Sin dejarse arredrar por los resultados que muestran las encuestas acerca de su rival Bob Wilson ..."

En una mano tenía su micrófono de NotiSeis, y en la otra los apuntes que había garabateado rápidamente, los cuales parecían querer zafársele de los tres dedos con que los sostenía. Trató de arreglarse el cabello rubio, alborotado por el viento, mientras examinaba su propio reflejo en la lente de la cámara. Ya había detrás de ella unos mirones que agitaban las manos para saludar a mamá por televisión.

"Sin dejarse arredrar por lo bien que está saliendo en las encuestas su rival ... Aun cuando las encuestas muestran que Bob Wilson tiene bastante fuerza ... eh ... muestran que Bob Wilson está adquiriendo apoyo ..."

-Nos quedan como diez minutos -crujió su auricular.

-Bien -contestó ella, y volvió a su ensayo. "El gobernador ha demostrado que él también tiene seguidores, como pueden verlo a juzgar por el gran gentío que está detrás de mí ..." Y entonces se puso sarcástica sólo para desahogarse. "... cosa que habrían podido ver mejor si nos hubiéramos quedado en las gradas en vez de pasarnos para acá."

Se ajustó el saco rojo de sastre y trató de volver a pensar bien su reportaje. El tipo que estaba ahí parado sobre el macetero, detrás de ella, no ayudaba mucho.

"La Palabra de Dios dice: 'Antes que te formase en el vientre te conocí!'" gritó el hombre.

Ay, no! Ahora va a salir con ese tema!

"Me gusta," dijo Tina Lewis, productora ejecutiva de noticias.

Estaba en la cabina de controles del Canal 6 para este reportaje; sabía que iba a ser interesante.

Por sobre la consola donde estaban sentados el productor de la edición, la directora y el intercambiador de video, los monitores que había en la pared parpadeaban con un caos visual, con diferentes cosas que sucedían en todas partes a la vez, tan rápido que unocasinopodíamantenerelritmo. Los Monitores Uno, Dos y Tres mostraban las imágenes de las tres cámaras del estudio en el escenario del noticiero abajo; el Monitor de Anticipo mostraba la imagen que vendría a continuación; el Monitor En el Aire indicaba lo que estaban viendo los televidentes. Los presentadores de noticias todavía estaban en medio del NotiSeis de las Cinco y Treinta, pasando los reportajes uno tras otro como vagones de un tren a toda máquina.

"Cámara Tres, de frente a John," dijo Susan, la directora.

La Cámara Tres avanzó. El Monitor Tres y el Monitor de Anticipo mostraron una imagen de primer plano de cabeza y hombros del apuesto presentador de noticias John Barrett, de unos cuarenta años, el cual miraba a la cámara.

"Panorámica para recuadro." La cámara se movió a la derecha. "Recuadro." El intercambiador de video apretó un botón, y un dibujo nítido de una lata de cerveza apareció en un marco en el ángulo superior derecho de la pantalla.

"A la Cervecería Bayley se le avecinan más dificultades," dijo John Barrett. "Desde el momento en que la Cervecería Bayley, en Tobías, otorgó su contrato de reciclaje de latas de aluminio a Materiales del Noroeste ..."

"Casete Dos en espera." El Casete Dos apareció con una imagen inmóvil en el Monitor de Anticipo.

"... los defensores del ambiente han estado echando espumas de furia y poniendo a fermentar toda una tormenta ..."

"Rueda el Casete Dos." Se apretó un botón. Comenzó a rodar el Casete Dos.

"... la cual podría estar llegando a su climax ..."

Cuenta regresiva para Casete Dos: Tres, dos, uno ...

"... Ken Davenport tiene la información."

En el Aire, Casete Dos: una toma de la cervecería. Título al pie de la pantalla: "Cervecería Bayley." La voz de Ken Davenport sobre la imagen.

"Los miembros de la Junta Directiva de la Cervecería Bayley efectuaron hoy una reunión a puerta cerrada para determinar si emprenderán alguna acción, y cuál ..."

"En espera, Cámara Dos, de frente a Ali."

En el Monitor Dos, Ali Downs, la copresentadora, una ex modelo con cabello negro azabache y ojos almendrados, estaba sentada y lista para dar inicio al siguiente reportaje.

En un monitor en blanco y negro cerca del cielo raso, Leslie Albright estaba de pie frente a la cámara de la unidad móvil, con el micrófono, el auricular, y el cabello bien arreglado, esperando su turno para informar. Detrás de ella se estaba armando una trifulca.

"Miren eso!" dijo Tina Lewis, casi estupefacta. "Por favor, miren eso!"

"Usted ha apartado la vista de la matanza que usted mismo promovió! Usted ha arrebatado la vida a los inocentes!" dijo el hombre que estaba sobre el macetero. "El Señor formó nuestras entrañas. El nos hizo en el vientre de nuestra madre, y sus obras son formidables y maravillosas!"

Eso era lo único que necesitaban oír algunos en el gentío. Hiram Slater era un gobernador pro-elección, y el gentío allí presente también era pro-elección. Las cosas comenzaron a expresarse a viva voz.

-Usted vino al mitin equivocado, viejo!

-No se meta con mi cuerpo, con esas ideas intolerantes!

-¿Por qué no va alguien a bajarlo de ahí?

Y en medio de todos los gritos y amenazas, "Hiram ganará!" nunca se perdió ni una sílaba.

A Leslie le pareció oír una pregunta por el auricular. Con una mano se tapó el otro oído. -Repítelo, por favor.

Era Rush Torrance, productor de la edición de noticias de las Cinco y Treinta. -John todavía necesita tener en el guión una pregunta para cerrar tu paquete.

-Eh ... -Leslie miró tras de sí, al gentío que se agitaba más y más-. Las cosas están cambiando muy rápidamente por aquí. Tal vez quiera preguntarme algo sobre el asunto del aborto ... es decir, cómo eso puede estar afectando la atmósfera del mitin.

-Entonces ... ¿cómo quieres que esté redactada? ¿Quieres que él ... -El hombre del macetero estaba gritando algo, la multitud gritaba todavía más fuerte que él, y todos a más volumen que la voz de Rush en el auricular.

-Lo siento, no te puedo oír!

-Le voy a decir que te pregunte por las cuestiones candentes, ¿de acuerdo? El te va a preguntar cómo se ven las cosas desde donde estás parada. ¿Cuál es tu frase de salida?

-Eh ... Voy a terminar así: "Esta campaña podría ser una emocionante carrera en montaña rusa para ambos candidatos, y todo el asunto va a comenzar dentro de pocos minutos."

-Perfecto. Lo capté.

Leslie se estaba poniendo nerviosa, temiendo que alguien le diera un codazo en las costillas o le lanzara algo a la cabeza en cualquier momento. Le preguntó a Mel, el camarógrafo: -¿Te parece que nos movamos un poquito hacia atrás?

-No -dijo Tina Lewis. En el estudio podían escuchar todo lo que decía Leslie-. Quédense ahí mismo. Lo estamos viendo todo. Se ve fantástico.

Rush Torrance trasmitió el mensaje por su micrófono.

En el monitor, Leslie se encogió un poco pero se quedó donde estaba, mientras que el gentío detrás de ella se volvía más denso y ruidoso. Se veían puños que se agitaban en el aire.

(Continues...)




Excerpted from EL PROFETA by FRANK E. PERETTI Copyright © 2009 by Frank E. Peretti. Excerpted by permission.
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