El reino del dragon de oro (Kingdom of The Golden Dragon)

El reino del dragon de oro (Kingdom of The Golden Dragon)

4.8 8
by Isabel Allende
     
 

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Unas meses después que el joven Alexander Cold se internara con suabuela en el corazón del Amazonas en busca de una legendaria Bestia, vivirá otra aventura. En esta ocasión, la reportera Kate Cold acompaña a su nieto y a Nadia, la mejor amiga de Alexander, junto con los fotógrafos de la International Geographic, en un viaje a otro

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Overview

Unas meses después que el joven Alexander Cold se internara con suabuela en el corazón del Amazonas en busca de una legendaria Bestia, vivirá otra aventura. En esta ocasión, la reportera Kate Cold acompaña a su nieto y a Nadia, la mejor amiga de Alexander, junto con los fotógrafos de la International Geographic, en un viaje a otro remoto rincón del mundo. La misión del equipo es adentrarse en un reino prohibido, oculto en los picos helados del Himalaya, y localizar el legendario dragón de oro, una estatua sagrada y oráculo invaluable capaz de presagiar el futuro del reino.

En su carrera para llegar a la estatua antes de que sea destruida por la avaricia de un intruso, Alexander y Nadia deben usar el poder espiritual de sus animales totémicos: el Jaguar y el Águila. Con la ayuda de un sabio monje budista, su joven discípulo, el príncipe heredero, y una feroz tribu de guerreros Yeti, Alexander y Nadia lucharán para proteger el reino del dragón de oro.

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Editorial Reviews

Criticas
YA-This masterful title is the second book in Allende's adventure trilogy begun in La ciudad de las bestias (The City of the Beasts, Criticas, Sept./Oct. 2002). It tells the story of Alexander Cole, a 15-year-old from California; his grandmother Kate Cole, the dynamic and devoted reporter from the International Geographic and the magazine's team of photographers; and Nadia, a young Brazilian girl who is in touch with nature and can change into an eagle. Their adventure begins with a trip to the Forbidden Kingdom to write an article and photograph the golden dragon, which can predict the future. The book introduces delightful new characters: Tensing, a Buddhist monk and tutor to Dil Bahadur, prince and future king; Tex Armadillo, an American hit man and specialist in the art of stealing; Judit Kinski; and Pema, a young native girl. All bring their cultural values to the Forbidden Kingdom. The story is full of mystery and will take readers into a faraway place of natural wonders. This is a story of greed, mystery, and suspense that explores important themes of war and peace, East and West, new and old, good and evil. The plot is well crafted and believable a well thought out jigsaw puzzle that pieces together all the characters. Readers will be hooked from the very first page. A great addition to any public or school library with a large teen population that reads Spanish. Buy multiple copies. Armando Ramirez, Half Moon Bay Lib., CA Copyright 2003 Reed Business Information.

Product Details

ISBN-13:
9780060591717
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
09/07/2004
Series:
Alexander Cold Series, #2
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
432
Sales rank:
244,708
Product dimensions:
7.72(w) x 10.92(h) x 0.94(d)
Age Range:
12 - 17 Years

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Capítulo Uno

El Valle de los Yetis

Tensing, el monje budista, y su discípulo, el príncipe Dil Bahadur, habían escalado durante días las altas cumbres al norte del Himalaya, la región de los hielos eternos, donde sólo unos pocos lamas han puesto los pies a lo largo de la historia. Ninguno de los dos contaba las horas, porque el tiempo no les interesaba. El calendario es un invento humano; el tiempo a nivel espiritual no existe, le había enseñado el maestro a su alumno.

Para ellos lo importante era la travesía, que el joven realizaba por primera vez. El monje recordaba haberla hecho en una vida anterior, pero esos recuerdos eran algo confusos. Se guiaban por las indicaciones de un pergamino y se orientaban por las estrellas, en un terreno donde incluso en verano imperaban condiciones muy duras. La temperatura de varios grados bajo cero era soportable sólo durante un par de meses al año, cuando no azotaban fatídicas tormentas.

Aun bajo cielos despejados, el frío era intenso. Vestían túnicas de lana y ásperos mantos de piel de yak. En los pies llevaban botas de cuero del mismo animal, con el pelo hacia adentro y el exterior impermeabilizado con grasa. Ponían cuidado en cada paso, porque un resbalón en el hielo significaba que podían rodar centenares de metros a los profundos precipicios que, como hachazos de Dios, cortaban los montes.

Contra el cielo de un azul intenso, destacaban las luminosas cimas nevadas de los montes, por donde los viajeros avanzaban sin prisa, porque a esa altura no tenían suficiente oxígeno. Descansaban con frecuencia, para que los pulmones se acostumbraran. Les dolía el pecho, los oídos y la cabeza; sufrían náuseas y fatiga, pero ninguno de los dos mencionaba esas debilidades del cuerpo; se limitaban a controlar la respiración, para sacarle el máximo de provecho a cada bocanada de aire.

Iban en busca de aquellas raras plantas que sólo se encuentran en el gélido Valle de los Yetis, y que eran fundamentales para preparar lociones y bálsamos medicinales. Si sobrevivían a los peligros del viaje, podían considerarse iniciados, ya que su carácter se templaría como el acero. La voluntad y el valor eran puestos a prueba muchas veces durante esa travesía. El discípulo necesitaría ambas virtudes, voluntad y valor, para realizar la tarea que le esperaba en la vida. Por eso su nombre era Dil Bahadur, que quiere decir «corazón valiente» en la lengua del Reino Prohibido. El viaje al Valle de los Yetis era una de las últimas etapas del duro entrenamiento que el príncipe había recibido por doce años.

El joven no conocía la verdadera razón del viaje, que era más importante que las plantas curativas o su iniciación como lama superior. Su maestro no podía revelársela, tal como no podía hablarle de muchas otras cosas. Su papel era guiar al príncipe en cada etapa de su largo aprendizaje, debía fortalecer su cuerpo y su carácter, cultivar su mente y poner a prueba una y otra vez la calidad de su espíritu. Dil Bahadur descubriría la razón del viaje al Valle de los Yetis más tarde, cuando se encontrara ante la prodigiosa estatua del Dragón de Oro.

Tensing y Dil Bahadur cargaban en las espaldas bultos con sus mantas, el cereal y la manteca de yak indispensables para subsistir. Enrolladas a la cintura llevaban cuerdas de pelo de yak, que les servían para escalar, y en la mano un bastón largo y firme, como una pértiga, que empleaban para apoyarse, para defenderse, en caso de ser atacados, y para montar una improvisada tienda en la noche. También lo usaban para probar la profundidad y la firmeza del terreno antes de pisar en aquellos sitios donde, de acuerdo a su experiencia, la nieve fresca solía cubrir huecos profundos. Con frecuencia enfrentaban grietas que, si no podían saltar, los obligaban a hacer largos desvíos. A veces, para evitar horas de camino, colocaban la pértiga de un lado al otro del precipicio y, una vez seguros de que se sostenía con firmeza en ambos extremos, se atrevían a pisarla y brincar al otro lado, nunca más de un paso, porque las posibilidades de rodar al vacío eran muchas. Lo hacían sin pensar, con la mente en blanco, confiando en la habilidad de sus cuerpos, el instinto y la buena suerte, porque, si se detenían a calcular los movimientos, no podían hacerlo. Cuando la grieta era más ancha que el largo del palo aseguraban una cuerda a una roca alta, luego uno de los dos se ataba el otro extremo de la cuerda a la cintura, se daba impulso y saltaba, oscilando como un péndulo, hasta alcanzar la otra orilla. El joven discípulo, quien poseía gran resistencia y coraje ante el peligro, siempre vacilaba en el momento de usar cualquiera de estos métodos.

Habían llegado a uno de esos despeñaderos y el lama estaba buscando el sitio más adecuado para cruzar. El joven cerró brevemente los ojos, elevando una plegaria.

-¿Temes morir, Dil Bahadur? -inquirió sonriendo Tensing.

-No, honorable maestro. El momento de mi muerte está escrito en mi destino antes de mi nacimiento. Moriré cuando haya concluido mi trabajo en esta reencarnación y mi espíritu esté listo para volar; pero temo partirme todos los huesos y quedar vivo allá abajo -re-plicó el joven señalando el impresionante precipicio que se abría ante sus pies.

-Posiblemente eso sería un inconveniente ... -concedió el lama de buen humor-. Si abres la mente y el corazón, esto te parecerá más fácil -agregó.

-¿Qué haría usted si me caigo al barranco?

-Llegado el caso, tal vez tendría que pensarlo. Por el momento mis pensamientos están distraídos en otras cosas.

-¿Puedo saber en qué, maestro?

-En la belleza del panorama -replicó, señalando la interminable cadena de montañas, la blancura inmaculada de la nieve, el cielo resplandeciente ...

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