El secreto de la vida cristiana

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En este libro el hermano Watchman Nee, presenta el secreto de la vida cristiana en tres partes, a saber: en Cristo, Cristo en nosotros, y algunas aplicaciones. Se trata de mensajes que fueron predicados mayormente entre 1934 y 1938, en varias ciudades de China. Son directos, ilustrativos y fáciles de entender. Este libro puede ser considerado como un volumen complementario del ya clásico, La vida cristiana normal.

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En este libro el hermano Watchman Nee, presenta el secreto de la vida cristiana en tres partes, a saber: en Cristo, Cristo en nosotros, y algunas aplicaciones. Se trata de mensajes que fueron predicados mayormente entre 1934 y 1938, en varias ciudades de China. Son directos, ilustrativos y fáciles de entender. Este libro puede ser considerado como un volumen complementario del ya clásico, La vida cristiana normal.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780829762518
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 2/5/2013
  • Language: Spanish
  • Pages: 208
  • Product dimensions: 5.00 (w) x 7.10 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

Watchaman Nee se convirtió al cristianismo en China a la edad de diecisiete años y comenzó a escribir en el mismo año. A través de casi treinta años de ministerio se evidenció como un don único del Señor para su iglesia en ese tiempo. En 1952 fue hecho prisionero por su fe y permaneció en prisión hasta su muerte en 1972. Sus palabras permanecen como una fuente de abundante revelación espiritual para los cristianos de todo el mundo.
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EL SECRETO DE LA VIDA CRISTIANA


By WATCHMAN NEE

ZONDERVAN

Copyright © 2013 Watchman Nee
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-6251-8


Chapter One

En Cristo

«Mas por él [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús» (1 Corintios 1:30a).

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

La frase «en Cristo» es sumamente sencilla, sin embargo, su significado resulta muy profundo, ya que no hay evangelio si no es «en Cristo». Tampoco hay iglesia si no es «en Cristo». Sin la frase «en Cristo» no existiría el cristianismo, ni la redención, ni la salvación, porque todo lo que Dios hace, lo hace en Cristo, no en el hombre. Todo lo que Dios produce en nosotros es por medio de Cristo.

Efesios 1:3 dice que Dios «nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». La palabra «toda» resulta muy significativa. Al leer este versículo, tal vez consideremos que la Palabra de Dios es redundante y por eso nos parece cansona. Consideramos innecesario agregar «en Cristo» a «bendición espiritual en los lugares celestiales». ¿Por qué ha sido articulada de ese modo la Palabra de Dios? Si entendiéramos esto, sabríamos sin duda alguna lo que es el cristianismo. Conoceríamos el plan redentor de Dios y también la forma en la cual el Señor obra. En el plan redentor de Dios, él no trata directamente con el hombre. La Biblia nos muestra que la forma en la cual Dios trata con la humanidad no se basa en individuos, sino más bien emplea una base corporativa o colectiva. Dios no pregunta cuántos pecados has cometido, ni cuántas malas acciones has llevado a cabo. Solo te pregunta si estás en Adán. El hombre a menudo les presta atención a los pecados personales, pero Dios incluye a toda la humanidad en una única persona, que es Adán. En este único hombre te puedes ver a ti mismo. Si él no tiene problemas, entonces tampoco tú tienes problemas. Si él puede ser cuestionado, entonces también tú puedes ser cuestionado.

Solo dos hombres

De acuerdo con este principio bíblico, hay dos hombres en el mundo. En la Biblia está escrito que Adán es «el primer hombre». Se le designa con este calificativo. Cristo es el segundo hombre y también se le llama el último Adán (véase 1 Corintios 15:45). Alguien pudiera preguntar: «¿Y cómo consideras a la gran cantidad de hombres que vivieron entre ambos? Resulta evidente que existen muchos, muchísimos hombres en el mundo. ¿Cómo puedes decirme que hay solo dos hombres?». Esto se debe a que a los ojos de Dios toda la humanidad está representada por estos dos hombres. Además de estos dos, no hay un tercer hombre ni ningún hombre más. Así que tú estás en Adán o en Cristo. Adán, por lo tanto, parecería ser un hombre increíblemente grande debido al hecho de que cuando sales del vientre de tu madre ya existes en ese gran Adán. Sin embargo, cuando crees en el Señor Jesucristo y naces de nuevo, de inmediato eres transferido hacia Cristo.

En Adán

Cierta vez vi un dibujo de una mujer con un enorme delantal, debajo del cual se escondían muchos niños. Esta es exactamente la manera en la cual Dios mira a la humanidad. Todos los hombres viven en Adán. Dios junta a todos los hombres en Adán. Podemos trazar el origen de los niños hasta sus padres y de los padres a los abuelos: una generación tras otra hasta que retornamos a Adán. Así comprendemos que toda la humanidad está en Adán. Y por consiguiente, todo lo que Adán hizo en aquel lejano día, nosotros también lo hemos hecho. Cuando Adán y Eva pecaron en el jardín del Edén, tú y yo pecamos igualmente, porque todo lo que Adán hizo, tú y yo lo hicimos también.

¿Cuál es el exacto significado de estar «en Adán»? Permíteme ilustrarlo. Cuando me encontraba en Kaifeng, alguien me pidió que explicara lo que significa estar en Adán.

—Los chinos reconocemos que hemos descendido de nuestro antepasado Huang-ti. Cierta vez hubo una batalla entre Huang-ti y Si-iu. Supongamos que en ese tiempo no hubiese sido Si-iu el que muriera, sino Huang-ti. ¿Existiría hoy la raza china?

—No —me respondió mi inquiridor.

—¿Por qué no habría raza china si Huang-ti hubiera muerto? —le pregunté.

—Porque si Huang-ti hubiese muerto, nosotros no habríamos descendido de él —me respondió.

—Pero Huang-ti puede haber fallecido y nosotros vivir nuestras vidas —le respondí.

—No es así —insistió—, ya que todos descendemos de Huang-ti, de modo que si en aquel entonces lo hubieran matado, nosotros también habríamos muerto con él.

Resulta fácil comprender que Si-iu no necesitó matarnos a cada uno de nosotros. Si solo hubiera logrado matar a Huang-ti, no habría quedado ni uno de nosotros, ya que estamos «en Huang-ti». Las Escrituras ven a Adán de este modo. No hay necesidad de que cada uno de nosotros peque, pues como descendemos de Adán, ya hemos pecado por medio del pecado de Adán. Todo lo que experimentó Adán es también nuestra experiencia. «En Adán todos mueren», afirma 1 Corintios 15:22. Adán murió, de modo que todos sus descendientes también murieron. No tienes necesidad de trazar tu historia personal. Mientras estés en Adán, todo lo que él experimentó constituye también tu historia.

En Cristo

Dios utiliza el mismo principio para salvarnos, porque en Cristo somos salvos. ¿Cómo podemos encontrar la salvación mediante la muerte del Señor Jesucristo? Mirándolo desde un punto de vista personal, soy salvo cuando creo. Sin embargo, considerando el asunto desde el punto de vista corporativo, hemos sido juzgados en Cristo. Por ejemplo, supongamos que un montón de pedacitos de tiza dentro de una botella nos representan a todos nosotros en Cristo crucificado. No necesito arrojar los trozos de tiza uno por uno al mar. Si simplemente arrojo la botella al océano, todos los trozos de tiza que se encuentran en su interior estarán también en el agua, ya que donde esté la botella, allí mismo se hallará su contenido. Del mismo modo, ya que estamos en Cristo, la experiencia de Cristo se convierte en nuestra propia experiencia. Cuando él sufrió el juicio, murió en la cruz, fue resucitado de entre los muertos y ascendido al cielo, nosotros los que estamos en Cristo también fuimos juzgados, crucificados, resucitados y ascendimos con él. Todo lo que Cristo experimentó se convierte también en nuestra experiencia. Dios nos ve en Cristo, habiendo vivido todas las experiencias de Jesús. En esto consiste, por consiguiente, la obra redentora de Dios.

Cómo estar en Cristo

Algunos me han preguntado cómo podemos estar en Cristo. Mi respuesta es: «Suponga que yo, Nee, que peso solo ochenta kilos, puedo colocar todos esos trozos de tiza dentro de una botella. ¿No puede Dios, que es miles de millones de veces más fuerte, hacer que todos nosotros estemos en Cristo?». Les ruego que lean 1 Corintios 1:30a: «Mas por él [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús». ¿Quién nos permite permanecer en Cristo? Dios. Yo estoy en Cristo, aunque no sé cómo, tal como un trozo de tiza no sabe cómo está en la botella. Sin embargo, puesto que los trozos de tiza han sido colocados en la botella, todo lo que le suceda a la botella le sucede también a los trozos de tiza que se encuentran dentro de ella. Yo no sé cómo entré a formar parte de Cristo, pero sé que Dios ya me ha puesto en Cristo. Como Cristo es, así también soy yo. Aquí notamos una cosa: En la obra redentora de Dios, él no trata con individuos, sino con Cristo. En la actualidad, Dios establece dos campos en el mundo: el campo de Cristo y el campo de Adán. Tú tienes hoy el derecho a elegir si estás en Adán o en Cristo. Si estás en Adán, mueres. No obstante, si estás en Cristo, eres salvo. Dios considera a los seres humanos solo estando en Adán o en Cristo.

—¿Piensa usted que yo podría ir al infierno? —me preguntó alguien.

—Me parece que usted está bien capacitado para ir allá —le dije.

—¿Cómo es posible que una persona tan buena como yo vaya al infierno? —replicó.

—Porque ya está calificado. No le estoy preguntando cuán bueno o malo es usted. Solo necesito saber si está en Cristo o en Adán. Usted no necesita robar, asesinar o cometer algún crimen muy serio. Mientras permanece en Adán, es candidato al infierno —le expliqué.

Recuerdo un maravilloso relato en la Biblia. Se halla en la Epístola a los Hebreos, la cual es algo difícil de entender. Para demostrar que Cristo es más excelente que Moisés, Josué, Aarón y los ángeles, el autor de esta epístola establece un paralelo. En una de esas comparaciones menciona que el sacerdocio de Cristo es más excelente que el sacerdocio de Aarón. ¿Cómo demuestra esto? Él muestra que Cristo fue hecho sacerdote según el orden de Melquisedec, mientras que el sacerdocio de Aarón vino según el orden de Leví. Aarón tuvo un antepasado llamado Abraham. Cierta vez, cuando Abraham regresó de una batalla victoriosa, le entregó la décima parte del botín de guerra a Melquisedec. Ahora bien, Aarón fue descendiente de Leví, Leví de Jacob, Jacob de Isaac, e Isaac de Abraham. Cuando Abraham le dio el diezmo a Melquisedec, Isaac estaba en sus entrañas y también Jacob y Leví. De modo que por medio de Abraham, Leví también le ofreció los diezmos a Melquisedec. Por esta razón, el sacerdocio de Cristo, que es según el orden de Melquisedec, es superior al sacerdocio de Aarón, que era según el orden de Leví.

Cada bendición espiritual está en Cristo

Cierta vez tuve una conversación con algunos estudiantes que se estaban graduando en biología. Les expliqué que de acuerdo a la Biblia, la edad del padre es inferior a la edad de su hijo. ¿Por qué dije algo así? Porque podemos trazar el origen de la vida hasta nuestros primeros antepasados. Si solo consideramos al padre, la simiente ya habría estado sobre la tierra durante seis mil años. Y si a continuación el hijo viviera hasta los treinta años, entonces, al sumar esos treinta años a los seis mil anteriores, ¿no sería mayor el total de los años de la vida del hijo que todos los años de la vida de su padre?

Tal como antes teníamos la vida de Adán, así tenemos ahora la vida de Cristo. Cuando aceptamos la vida de Adán, llegamos a ser parte de Adán. Del mismo modo, al recibir la vida de Cristo, llegamos a ser parte de Cristo. Todo lo que está en Cristo nos pertenece. Esta es la manera según la Biblia por medio de la cual Dios nos ofrece la salvación.

Aquí nos encontramos con un problema. ¿Necesito perseguir estas bendiciones espirituales en Cristo? ¿Puedo vencer al pecado sin necesidad de buscar la santidad? Por favor, recuerda que para ser santo y perfecto tienes que mirarte a ti mismo con los ojos de Dios. Olvida por el momento el asunto de si pecas o no, de si vences o no. Mientras estás en Cristo, lo que eres en ti mismo no cuenta. Si tú, como un trozo de tiza, solo permaneces en la botella, todo lo que le suceda a la botella te sucede a ti. Esas son las buenas noticias. De modo que declaramos que el evangelio es una gracia gratuita. Básicamente, no depende de ti. Si estás en Cristo, entonces todo es tuyo, ya que todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales nos han sido dadas en Jesucristo. Es imposible que Dios se rehúse a darnos todas esas bendiciones espirituales si estamos en Cristo. Dios mismo nos ha puesto en Cristo; por lo tanto, no puede negarse a darnos todas esas bendiciones. Nada nos puede ser rehusado. Cristo no puede tener diez y nosotros solo nueve. Todo lo que está en Cristo nos ha sido dado. Tal es la obra de Dios. Ya sea la salvación, la vida victoriosa, el poder, el camino y todo lo demás, todas las cosas nos han sido dadas en Cristo.

Puesto que Dios te ha puesto en Cristo, incluso si afirmas que eres el primero de los pecadores, ya fuiste juzgado y castigado cuando Cristo fue juzgado y ejecutado en la cruz. En Cristo todos tus pecados han sido perdonados. Dios no puede traerlos de regreso, pues se trata de la gracia y la justicia de Dios. Esto es lo que la Epístola a los Romanos nos dice. Hay una diferencia de tiempo entre la gracia de Dios y la justicia divina. Dios, en Cristo, nos revela su gracia. ¿Qué puede hacer el hombre si Dios no lo ha puesto en Cristo? Que permanezcamos en Cristo se debe a la gracia de Dios. Sin embargo, tras ponernos en Cristo, Dios juzga a aquellos que están en él. De este modo, nuestra salvación involucra no solo la gracia de Dios, sino también la justicia divina. Considerando que ya Dios nos ha juzgado en Cristo, ¿acaso puede castigar otra vez a aquellos que permanecemos en él? Nunca. Después que ha juzgado a Cristo en la cruz, está obligado a justificarnos a nosotros los que estamos en Cristo. Dios es justo. Él no puede sino aceptar lo que Cristo ha hecho.

Como cristianos, todo depende del hecho de nuestra permanencia en Cristo. Estando en Cristo, disfrutamos de grandes bendiciones.

Con la mirada puesta en Cristo

Necesitaría mucho tiempo para hablar en detalle de todas las cosas que conlleva nuestra permanencia «en Cristo», ya que en él disfrutamos de abundantes bendiciones espirituales, tales como santidad, victoria, poder, espiritualidad, fe, crecimiento espiritual, humildad, paciencia, amor y muchas más. Toda las bendiciones espirituales que puedas imaginar ya están en Cristo. El problema consiste en que hoy los cristianos tienden a mirar dentro de sí en lugar de mirar hacia afuera. Si miras dentro de ti mismo procurando hallar santidad, te puedo asegurar que no hallarás nada bueno en ti. Somos propensos a olvidarnos de que cuando Dios nos salvó, nos salvó en Cristo. Con frecuencia nos preguntamos: «Ahora que ya soy salvo, ¿por qué a menudo pierdo los estribos y me encolerizo? ¿Por qué sigo siendo tan orgulloso? ¿Por qué mis pensamientos siguen siendo tan sucios?». Anhelas resultar victorioso, pero cuando miras dentro de ti mismo, no logras hallar paciencia, humildad, santidad y otras virtudes. Por el contrario, encuentras toda clase de pecados, tales como lujuria, mal genio, vanidad, orgullo y muchos más. ¿Por qué? Porque olvidas que Dios te salva por medio de Cristo, no de tu propio ser. La paciencia está en Cristo, la humildad está en Cristo, la santidad está en Cristo. Todo está en Cristo. En ti mismo hay siempre pensamientos sucios y falta de santidad ¡Si estás en Cristo, lo tienes todo! No obstante, si vives por ti mismo, permaneces sin cambio alguno.

Unido con Cristo

Nunca imagines que Dios ha hecho algo en ti, porque aún eres tan sucio de pensamientos, malvado, nefasto, impío y orgulloso como siempre lo has sido. Esto es así porque la gracia de Dios no obra en ti, sino solo en Cristo. Cuando estás unido a Cristo, todo lo que le pertenece a él fluirá en tu interior; pero si eres arrojado fuera de Cristo, todos tus sucios pensamientos volverán a ti. Esto es como estar conectado a una tubería de agua por medio de la cual recibes agua potable, clara y limpia. No obstante, si estuvieras conectado a una cañería de agua sucia, solo obtendrías agua contaminada.

Tal vez imaginabas que después de ser salvo tu viejo Adán iba a cambiar gradualmente. Sin embargo, ahora Dios te probará que tal cosa nunca va a suceder. Mientras estés en Adán, siempre te mantendrás impuro. Lo que te hace diferente es permanecer en Cristo. Solo estando en Cristo serás cambiado. Por ejemplo, ¿cómo brilla una bombilla eléctrica? La bombilla en sí misma no irradia luz. Logra brillar cuando la corriente eléctrica fluye a través de su filamento de tungsteno. Lo mismo sucede con las virtudes, el fruto del Espíritu Santo y el poder de Dios, pues estos se hallan en Cristo. Al estar unido a Cristo, el cristiano lo logra todo. La electricidad se encuentra en la toma de corriente eléctrica. Tan pronto como la lámpara es conectada a la toma de corriente eléctrica, surge la luz. De modo erróneo decimos que la lámpara da luz. Sin embargo, estrictamente hablando, no es la lámpara la que proporciona luz, más bien es la corriente eléctrica fluyendo a través de la lámpara la que produce la luminosidad. La lámpara anula la oscuridad por medio de la luz de la electricidad. De manera similar, mientras estemos en Cristo, conectados y relacionados con él, su poder fluirá a través de nosotros.

En lo que a mí respecta, vi una lámpara eléctrica por primera vez cuando tenía diez años. Quedé muy sorprendido al ver iluminarse súbitamente la oscura bombilla. Después de verla brillar por dos horas, la desenrosqué y la llevé a un cuarto completamente oscuro, pensando que allí continuaría resplandeciendo. ¿Por qué tan pronto como la quité de su lugar dejó de brillar? La razón, por supuesto, consiste en que la bombilla en sí misma no tiene luz, sino que permanece apagada y oscura. Solo cuando entra en contacto con la corriente eléctrica puede brillar sin más.

(Continues...)



Excerpted from EL SECRETO DE LA VIDA CRISTIANA by WATCHMAN NEE Copyright © 2013 by Watchman Nee. Excerpted by permission of ZONDERVAN. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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