El ticket de tu vida (Life's Golden Ticket)
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El ticket de tu vida (Life's Golden Ticket)

5.0 1
by Brendon Burchard
     
 

En lo que seguro se transformará en una obra clásica, Brendon Burchard ha creado un relato exultante sobre el crecimiento personal y los cambios que inspirará a cualquiera que ha deseado tener una segunda oportunidad.

El Ticket de Tu Vida cuenta la historia de un hombre que se encuentra atrapado en la prisión de su pasado y no puede ver

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Overview

En lo que seguro se transformará en una obra clásica, Brendon Burchard ha creado un relato exultante sobre el crecimiento personal y los cambios que inspirará a cualquiera que ha deseado tener una segunda oportunidad.

El Ticket de Tu Vida cuenta la historia de un hombre que se encuentra atrapado en la prisión de su pasado y no puede ver las posibilidades, las opciones y los regalos que tiene enfrente de sus propios ojos. A petición de su prometida Mary, quien se aferra a la vida en un hospital, este hombre toma un sobre misterioso que ella le da y lo lleva a un parque de diversiones abandonado para cumplir con el pedido delirante de su amada. Cuando pasa por la entrada de rejas oxidadas, como por arte de magia, el parque se llena de vida.

Pronto conoce a un hombre sabio y mayor, quien resulta ser el encargado del parque, y juntos intentan averiguar que fue lo que le pasó a Mary. En el camino, conoce numerosos empleados del parque, comprensivos y a su vez controvertidos—un hipnotizador, un adivino, un domador de leones y algunos trapecistas—quienes le abren los ojos para mostrarle más de lo esperado sobre su prometida y él mismo.

Lo que sigue es un viaje inolvidable de transformación personal mientras que el hombre vence su pasado y descubre lo que le pasó a Mary, y, al fin, logra entender lo que se encuentra dentro de ese misterioso sobre.

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Editorial Reviews

Jack Canfield
“This is a powerful parable of loss, love and redemption that will stir the souls of its readers.”
James Redfield
“Three cheers for Life’s Golden Ticket for helping us heroically step forward and claim who we are meant to be.”

Product Details

ISBN-13:
9780061189135
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
10/02/2007
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
256
Product dimensions:
5.31(w) x 8.00(h) x 0.57(d)

Read an Excerpt

El Ticket de Tu Vida
Una Novela Inspiridora

Capítulo Uno

El Sobre

Me encontraba afeitándome de pie en el baño cuando escuché una voz que provenía de la televisión:

«Interrumpimos este programa para traerle las últimas noticias de la desaparición de Mary Higgins.»

Dejé caer la afeitadora en el lavabo, me envolví la cintura con una toalla y corrí al living. Una foto de Mary llenaba la mitad izquierda de la pantalla. El estoico presentador local de las noticias dijo:

«La señorita Higgins, que desapareció misteriosamente hace cuarenta días, fue hallada . . . »

Dios mío. Y esperé lo peor.

« . . . Un vocero de la patrulla de caminos dijo que Higgins fue llevada . . . »

Sonó el teléfono, me abalancé sobre él con un ojo todavía en el televisor.

« . . . hospital hace quince minutos, donde, según la información . . . »

Llegué a manotear el teléfono en medio de un timbrazo. Era Linda, la madre de Mary, hablando tan rápido que sólo podía entender la mitad de lo que decía.

—Un poco más despacio, Linda. ¿Qué pasa?

—. . . Estamos aquí con ella . . . tienes que venir . . . la encontraron . . . ¡Encontraron a Mary!

Miré la foto de Mary en la pantalla.

—Por Dios, Linda—respiré—. Está en las noticias. ¿Se encuentra bien?

—Estamos en el hospital. Tienes que venir .. . ¡ahora!—dijo.

—Linda, ¿Mary está bien?

—Ven lo más rápido que puedas, habitación 410. Me tengo que ir. Date prisa. La comunicación se cortó.

Me precipité dentro del hospital y de pronto estuve rodeado por los fogonazos de las cámaras. Me rodeaba una pared de periodistas que a los empellones blandían sus cámaras y micrófonos frente a mi cara al tiempo que vociferaban preguntas.

—¿Cómo está Mary? . . .

—¿Sabe qué le pasó? . . .

—¿Habló con sus padres?

En mi vida me alegró tanto ver a una enfermera. Una mujer robusta vestida de blanco se abrió paso entre los periodistas y tomó mi antebrazo.

—¡Denle al hombre un poco de privacidad!—ordenó—. Usted, déjeme pasar.—Tiró de mí para avanzar mientras apartaba a los periodistas con un brazo extendido. Me llevó hasta los ascensores, me depositó en uno de ellos y se dio vuelta para bloquear el paso de la prensa.—Cuarto piso—dijo.

Toqué el botón y sentí un escalofrío cuando junto a él vi que decía terapia intensiva.

La puerta se cerró silenciando las preguntas que seguían gritando los periodistas. Respiré el aire cargado de lejía y éter del hospital y pensé cuánto me desagradaban esos lugares. Me vinieron a la mente imágenes de mi abuelo y de mi madre. Qué no sea así otra vez, pensé.

La puerta se abrió. Había una enfermera junto a un escritorio.

—Señora, busco la habitación 410, soy . . .

—Ya sé—dijo—. Siga por el pasillo, doble a la derecha, quinta puerta a la izquierda.

Para cuando terminó de decirlo, yo ya estaba en la mitad del pasillo.

Al girar, vi a la madre de Mary, Linda, llorando en los brazos de Jim, su esposo. Un médico hablaba con ellos en voz baja. A una distancia respetuosa, el detective Kershaw, oficial a cargo de la unidad de personas desaparecidas, contemplaba cabizbajo sus pies.

Respiré hondo y traté de apaciguar mi corazón. Mientras me dirigía hacia ellos, me repetí que debía ser fuerte.

Jim me vio primero y susurró algo en el oído de Linda, quien se secó las lágrimas, giró y me miró con ojos angustiados.

Oh no, pensé, por favor no.

Cuando llegué hasta ellos, sentí mi rostro entumecido.

—¿Linda está viva?

Kershaw, sentado frente a mí, jugaba nerviosamente con su bloc de notas y cada tanto echaba una mirada sobre uno de esos horribles cuadros con escenas de playa que parecen ser decoración obligatoria de las paredes de una sala de espera. Sabía que si me miraba a los ojos, yo le daría vuelta la cara. Con voz contrita me dijo:

—Mira, nos equivocamos contigo. Encontrarla a Mary de esta manera prueba que no tenías nada que ver con su desaparición.

—Era hora de que se dieran cuenta, ustedes . . .

—Bueno, bueno—dijo Kershaw echándose hacia atrás y levantando las manos con las palmas hacia fuera—. Sé que estás molesto, pero como ya te dije, sólo estaba haciendo mi trabajo, no puedes culparme por pensar que tenías algo que ver . . .

Todavía furioso, me quedé callado.

—No te culpo—dijo—. ¿Qué tal si empezamos de nuevo? Hablemos como dos personas que sólo quieren saber cómo acabó Mary en esa carretera. Sé que ya pasamos por esto montones de veces, pero ¿podrías contarme una vez más cómo fue la última vez que la viste? ¿Podrías decirme una vez más qué dijo ella exactamente? Ahora que sabemos dónde fue a parar, tal vez encontremos alguna pista en esa última conversación que mantuvieron.

Nuestra última «conversación», lamento decirlo, fue una pelea a gritos. Cuando la recordaba, me llenaba de vergüenza y remordimiento.

Nos gritábamos el uno al otro en la cocina. Una vez más Mary había lanzado su perorata acerca de que teníamos que cambiar de vida. Era la misma discusión de siempre, de todas las noches después de cenar, los últimos seis meses. Estaba harta de que yo me sentara frente al televisor todos los días después del trabajo, harta de mi «distancia», harta de mi cinismo, harta de sentirse débil y de vivir una vida que ella consideraba por debajo de nuestras posibilidades. Harta, decía, de estar harta.

—Nos estamos ahogando—repetía—. Ahogando en nuestra desesperación, en nuestro propio mar de pesimismo.—Ésta era su frase de batalla preferida: «mar de pesimismo».

—¡Qué suerte tenemos!—contrarrestaba yo—. Mis amigos matarían por estar junto al mar.

Una frase como ésa solía frenar su ímpetu y calmarla un poco; siempre fui bueno para hacerla reír y cambiar de tema. Pero esta vez no. Hundió la cara en sus manos y comenzó a llorar. Luego de unos instantes de sollozos, levantó la mirada y me dijo:

—Creo que necesito irme el fin de semana . . . Pensaba pedirte que me acompañaras, pero no creo que estés preparado.

Nunca antes había dicho algo en voz tan seria.

El Ticket de Tu Vida
Una Novela Inspiridora
. Copyright � by Brendon Burchard. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

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