En el nombre de Salomé [NOOK Book]

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Es el verano de 1960 y Camila Henríquez Urena, profesora de español jubilándose de la Universidad de Vassar, está empacando sus últimas pertenencias antes de mudarse de su apartamento en Poughkeepsie, Nueva York para unirse a la revolución de Fidel Castro en Cuba. Camila es hija de Salomé Urena, la famosa poetisa dominicana de finales del siglo diecinueve que instigaba revolución con sus apasionados versos, se casó con un presidente y luchó por educar a las niñas de su querida isla. Para Camila su llamado a la ...
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En el nombre de Salomé

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Es el verano de 1960 y Camila Henríquez Urena, profesora de español jubilándose de la Universidad de Vassar, está empacando sus últimas pertenencias antes de mudarse de su apartamento en Poughkeepsie, Nueva York para unirse a la revolución de Fidel Castro en Cuba. Camila es hija de Salomé Urena, la famosa poetisa dominicana de finales del siglo diecinueve que instigaba revolución con sus apasionados versos, se casó con un presidente y luchó por educar a las niñas de su querida isla. Para Camila su llamado a la revolución es parte de su herencia. Pero Camila también ha heredado la confusión y el dolor del exilio y tiene sólo dos baúles llenos de papeles y efectos personales para iluminar el corazón y la vida de una madre que nunca llegó a conocer de verdad — y así también descubrir su propio ser naciente.


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Product Details

  • ISBN-13: 9780307522924
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 8/24/2011
  • Language: Spanish
  • Sold by: Random House
  • Format: eBook
  • Pages: 384
  • Sales rank: 611,123
  • File size: 2 MB

Meet the Author

Julia  Alvarez

Julia Álvarez es la autora de De cómo las chicas García perdieron el acento, En el tiempo de las mariposas (un finalista del National Book Critics Circle Award) y ¡Yo!. También ha publicado dos colecciones de poesía y una colección de ensayos. Julia Álvarez vive en Vermont y en República Dominicana, donde dirige una cooperativa de café orgánico, y un centro de alfabetización y arte con su esposo.

Biography

Julia Alvarez was born in New York City during her Dominican parents' "first and failed" stay in the United States. While she was still an infant, the family returned to the Dominican Republic -- where her father, a vehement opponent of the Trujillo dictatorship, resumed his activities with the resistance. In 1960, in fear for their safety, the Alvarezes fled the country, settling once more in New York.

Alvarez has often said that the immigrant experience was the crucible that turned her into a writer. Her struggle with the nuances of the English language made her deeply conscious of the power of words, and exposure to books and reading sharpened both her imagination and her storytelling skills. She graduated summa cum laude from Middlebury College in 1971, received her M.F.A. from Syracuse University, and spent the next two decades in the education field, traveling around the country with the poetry-in-the-schools program and teaching English and Creative Writing to elementary, high school, and college students.

Alvarez's verse began to appear in literary magazines and anthologies, and in 1984, she published her first poetry collection, Homecoming. She had less success marketing her novel -- a semiautobiographical story that traced the painful assimilation of a Dominican family over a period of more than 30 eventful years. A series of 15 interconnected stories that unfold in reverse chronological order, How the Garcia Girls Lost Their Accents addresses, head-on, the obstacles and challenges immigrants face in adapting to life in a new country.

It took some time for "ethnic" literature to gain enough of a foothold in the literary establishment for Alvarez's agent, a tireless champion of minority authors, to find a publisher. But when the novel was released in 1991, it received strongly positive reviews. And so, at the tender age of 41, Alvarez became a star. Three years later, she proved herself more than a "one-hit wonder," when her second novel, In the Time of Butterflies was nominated for the prestigious National Book Critics Circle Award. Since then, she has made her name as a writer of remarkable versatility, juggling novels, poetry, children's books, and nonfiction with equal grace and aplomb. She lives in Vermont, where she serves as a writer in residence at her alma mater, Middlebury College. In addition, she and her husband run a coffee farm in the Dominican Republic that hosts a school to teach the local farmers and their families how to read and write.

Good To Know

From 1975 until 1978, Alvarez served as Poet-in-the-Schools in Kentucky, Delaware, and North Carolina.

She has held positions as a professor of creative writing and English at Phillips Andover Academy in Massachusetts (1979-81), the University of Vermont (1981-83), and the University of Illinois (1985-88).

In 1984, Alvarez was the Jenny McKean Moore Visiting Writer at George Washington University. Currently, she is a professor of English at Middlebury College.

She and her husband run a coffee farm, Alta Gracia, in the Dominican Republic.

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    1. Hometown:
      Middlebury, Vermont
    1. Date of Birth:
      March 27, 1950
    2. Place of Birth:
      New York, New York
    1. Education:
      B.A., Middlebury College, 1971; M.F.A., Syracuse University, 1975

Read an Excerpt

PrólogoLa salida de PoughkeepsieJunio de 1960Se para junto a la puerta, una mujer alta, elegante, de piel ligeramente morena (¿una italiana sureña? ¿una judía mediterránea? ¿una mulata a quien han permitido pasar por blanca gracias a sus títulos?), y pasa revista a las habitaciones vacías que le han servido de hogar durante los últimos dieciocho años.Ahora, en pleno junio, hace calor en el ático. Años atrás, cuando la confirmaron como maestra permanente, la decana le ofreció? un apartamento más moderno, más cercano a la universidad. Pero ella lo rechazó. Siempre le gustaron los Áticos, sus secretos, sus rincones y recovecos, donde aquellos que nunca se sienten cómodos en casa pueden esconderse. Y este tiene una luz maravillosa. En las columnas de sol que entran por las ventanas flota un enjambre de partículas de polvo que tal pareciera que el aire estuviera vivo.Ya es hora de que haya sangre nueva en esta casa vieja. En el segundo piso, justo debajo del suyo, envejece Vivian Lefleur del Departamento de Música quien, además, se está quedando sorda. Cada año el piano se hace más fortísimo, su pie cada vez pesa más sobre el pedal. Su hermana mayor, Dot, se retiró de Ingresos y se mudó con su "hermanita". "Corre, Viv", le grita a veces desde su dormitorio. La música se detiene. ¿Será el final de Dot? En la planta baja está Florence, de Historia, a quien hicieron regresar de su jubilación después de que la joven profesora medievalista de Yale se cayera en una alcantarilla y se fracturara un tobillo. "Me alegro tanto", le confesó Florence un día junto a los buzones de correo. "Me estaba volviendo loca en mi cabaña en Maine".A la mujer le preocupa el vacío que se vislumbra en su futuro. Sin hijos y sin madre, es una cuenta desensartada de un collar de generaciones. Todo lo que deja detrás son unas colegas cercanas, también a punto de jubilarse, y sus estudiantes, esos jóvenes immortales que, ella espera, hayan archivado correctamente en sus memorias el subjuntivo en español.No puede permitirse caer en la morbosidad. Es el año de 1960. En Cuba, Castro y sus barbudos hablan de cosas alarmantes y maravillosas sobre la nueva patria que están forjando. El Dalai Lama, que el año pasado se escapó del Tíbet en un yak con los chinos pisándole los talones, hizo una declaración: Debemos amar a nuestros enemigos, de lo contrario todo estará perdido. (Pero tú lo has perdido todo, piensa ella.) Este invierno leyó algo sobre una expedición a la Antárctica liderada por Vivian Fuchs. Sir Vivian ha pedido al mundo que no tire desperdicios nucleares allí. (¿Por qué tirarlos en lugar alguno? se pregunta Camila.) Pero hay señales positivas, se dice a sí misma, señales positivas. No es un nuevo hábito suyo ese de darse ánimos cuando le dan los ataques de depresión que heredó de su madre. Pero lo cierto es que, a veces, el panorama da grima. ¿Entonces? Utiliza el subjuntivo (se recuerda a sí misma). Pide un deseo. A pesar de las posibilidades, a pesar de los hechos.Ha enviado por delante la mayoría de sus pertenencias, varios baúles y cajas, años de acumulación, clasificadas con la ayuda de su amiga Marion, reducidas a lo esencial. Se lleva solamente su maleta y el baúl con los papeles y poemas de su madre que ahora bajan los conserjes de la universidad al carro que la espera. ¡Pensar que hace sólo unos pocos meses escudriñaba esos poemas en busca de una señal! Sonríe al pensar en la simple artimaña que creyó que resolvería la gran incógnita de su vida. Ahora, como una traviesa, se imagina sus tantas vidas vividas encapsuladas en el título de uno u otro de los poemas de su madre. ¿Cómo se titulará esta nueva vida? ¿"Fe en el porvenir"? ¿"La llegada del invierno"? o (¿por qué no?) ¿"Amor y ansia"?.La bocina suena de nuevo. ¡Posiblemente se titulará "Ruinas" si no baja inmediatamente! Marion está impaciente por salir. Tiene la cara enrojecida, echa maldiciones y gira el timón para virar el carro. "Mujeres chóferes", masculla uno de los conserjes.Marion y Les, su nuevo marido, han viajado en avión para ayudarla con la mudanza. (El compañero de Marion por diez años finalmente le propuso matrimonio.) Ahora las dos amigas se dirigirán en dirección sur hacia la Florida en un carro alquilado. Marion depositó a Les en casa de su hija en Nueva Hampshire, así ella y Camila podrán disfrutar este último viaje juntas. Por todo el camino, desde Baltimore y Jacksonville hasta Cayo Hueso donde tomará el ferry hacia La Habana, Marion trata de disuadirla de sus planes."Todo el mundo está tratando de salir de allí"."Pues entonces, no tendré ningún problema. 'No soy Nadie--¿Y tú quién eres?'". Le encanta citar a Miss Dickinson, cuya casa visitó una vez y cuyo talento le recuerda el de su propia madre. Emily Dickinson es para Estados Unidos lo que Salomé Ureña es para la República Dominicana--o algo así. A una de sus sobrinas--¿Lupe?--le encantan esas analogías de los libros de juego que les lleva cuando las visita. Pero Camila se pone nerviosa cuando le piden que ponga las cosas exactamente donde pertenecen. Observa mi vida, piensa, de aquí para allá, de allá para acá.Pero ahora--"¿Haremos que redoblen los tambores, que suenen las trompetas, y que toquen una cantinela en la flauta?", dice Marion en son de broma--va camino a tu casa, o lo más cerca de tu casa que puede llegar. Trujillo ha convertido el país en una opción imposible. Quizás todo salga bien, quizás, quizás."Tú eres alguien, Camila", su amiga la regaña. "¡No seas modesta!" A Marion le encanta dárselas. Ella proviene del área medio oeste del país y se impresiona fácilmente con cualquiera, especialmente si es de una de las costas o de algún país extranjero. ("La madre de Camila fue una poetisa famosa". "Su padre fue presidente". "Su hermano fue el Conferenciante Norton en Harvard".) Quizás Marion se imagina que ese resaltar la importancia de Camila pueda detener la ola de prejuicios que a menudo ahoga a los extranjeros y a la gente de color en este país. Pero debería saber que no es así. ¿Cómo puede Marion olvidar las cruces de madera ardiendo en el césped frente a su casa aquel verano no tan lejano cuando Camila visitó a la familia Reed en Dakota del Norte?"¿Necesita ayuda con alguna otra cosa, Miss Henry?", dice uno de los fornidos conserjes. Su apellido es Henríquez ("con acento en la i"), les ha dicho más de una vez, y ellos lo han repetido lentamente, pero para la próxima vez que ella necesite ayuda, lo habrán olvidado. Miss Henry, Miss Henriette.Más atreas, en la Calle College, con sus vestidos pastel, un grupo de estudiantes graduadas pasa apresuradamente hacia alguna reunión de última hora. Parecen capullos liberados de sus tallos.Una de ellas se voltea súbitamente, se lleva la mano a la frente para protegerse los ojos del sol, su pelo rojo como una bandera. "Hasta luego, Profesora", le grita en español a la ventana del ático.Posiblemente no me ve, piensa la profesora. Ya me he ausentado de este lugar.Antes de irse, se persigna--un viejo hábito del que no ha logrado deshacerse desde que murió su madre hace sesenta y tres años.En el nombre del padre, del hijo y de mi madre Salomé.Su tía Ramona, la única hermana de su madre, fue quien le enseñó la frase. La querida Mon, redonda y morena con un moño de pelo negro en la coronita de la cabeza, una Buda dominicana pero sin un ápice de calma bodhisattva. Mon era más supersticiosa que religiosa y más cascarrabias que nada. En aquel entonces, existía la costumbre de besarle le mano a los padres y a pedirles la bendición antes de salir de la casa. La bendición, Mamá. La bendición, Papá.(Sus estudiantes norteamericanas hicieron muecas de disgusto cuando ella les habló de esta tradición. "Qué fastidio", dijo la gordita y pecosa estudiante de Cooperstown, alzando la comisura de los labios como si esta costumbre del viejo mundo oliera mal.)Cuando Salomé murió, Mon inventó esta oración para Camila como una manera de pedirle la bendición a su madre, para que sacara fuerzas de un borroso recuerdo que cada año se ha ido alejando más y más de la realidad hasta que lo único que ha quedado de su madre es la historia de su madre.A veces la frase es mitad oración, mitad maldición--como ahora cuando escucha el estridente y brusco bocinazo de la calle y masculla entre dientes. Marion va a matar a Dot. Las dos hermanas siempre han sido muy amables con la tranquila vecina de los altos, esa amabilidad condescendiente de los nativos hacia los extranjeros que no les atemorizan. Todos los inviernos, Dot le teje sus horrorosos conjuntos de guantes y gorro, los cuales Camila debe ponerse por lo menos una vez para demostrar su aprecio.Otro bocinazo seguido por un grito, "¡Oye, Cam! ¿Te dio un infarto o qué?". Ella mira hacia abajo desde la ventana de atrás y le indica con la mano a su amiga que bajará inmediatamente. Marion está de pie junto al carro alquilado, un Oldsmobile color turquesa Caribe. Han discutido sobre el color. (Ella es del Caribe, y nunca ha visto ese tono de azul, dice. Pero el manual que Marion saca de la guantera dice turquesa Caribe.) Con las manos en la cintura, sus pantalones anchos y su bufanda de paisley alrededor del cuello (¿quién puede creer que es de Dakota del Norte?), Marion pudiera ser la profesora de teatro de la universidad, gritándole órdenes a las muchachas en el escenario. Los tantos años de enseñar educación física han mantenido a Marion en muy buena forma, y sus genes del medio oeste norteamericano han hecho el resto. Ella es cálida y aparatosa y arma un revuelo dondequiera que va. "¿Eres española también?", la gente le pregunta a menudo, y con su pelo negro y ojos brillantes, Marion pudiera pasar por hispana, a pesar de que su piel es tan blanca que al padre de Camila le preocupaba si tendría anemia o tuberculosis.Ellas dos habían pasado por muchas cosas, algunas de las cuales es mejor dejar enterradas en el pasado, especialmente ahora que Marion es una respetable mujer casada. ("No sé lo de respetable", decía riéndose.) En política, Marion es tan conservadora como su flamante esposo, Lesley Richards III, que tiene la piel tan tostada que parece barnizada, como si estuviera preservado para la posteridad. Es rico y alcohólico y está acribillado de malestares.No debe ser tan despiadada.Al lado de la puerta cuelga el árbol genealógico que dibujó la estudiante que la ayudó a clasificar el contenido de los baúles de la familia. Camila encontró el papel, sin duda abandonado sin querer, cuando estaba limpiando. Le divirtió tanto la visión que de su vida tenía la joven, que colgó el papel en su pizarrita. Considera quitarlo, pero luego decide dejar este curioso recuerdo para que los próximos inquilinos tengan algo con que entretenerse.De nuevo la bocina y más gritos que la reclaman.El viaje a la Florida será largo. Ha medido la ruta en el atlas grande de la biblioteca usando sus dedos para calcular la distancia. Cada dedo es un día de carretera. Cinco dedos, un puñado, con Marion cantando viejas canciones de camping y manejando demasiado rápido, considerando que el baúl de Salomé va amarrado al techo del carro. En el asiento de pasajeros, Camila se agarra al descanso del brazo de la puerta y ruega que no se topen con un aguacero, y espera y ruega que Marion no trate de disuadirla de su decisión ni que vuelva a recordarle que tiene sesenta y cinco años, que está sola y que debía pensar en su pensión, debía pensar en su futuro, debía pensar en mudarse a una cómoda casita cerca de Marion, por lo menos hasta que las cosas se tranquilicen en esas islitas acaloradas."En el nombre de mi madre Salomé", musita para sí misma de nuevo. Necesita mucha ayuda en estos momentos en que su vida en Estados Unidos llega a su final.Al pasar trenton, Nueva Jersey, para que su impaciente amiga no la distraiga más ("Enciéndeme un cigarrillo", "¿Quedan papitas?", "Me tomaría un refresco"), le hace un ofrecimiento. "¿Quieres saber por qué he decidido regresar?". Desde que Marion llegó a ayudarla con la mudada ha estado molestando a Camila. "Pero, ¿por qué?. Eso es lo que quiero saber. ¿Qué esperas lograr con esos gorilas groseros, esos sucios barbudos que gobiernan ese país?".Camila está segura de que Marion pronuncia la palabra mal a propósito. "Guerrillas", Camila la corrige, arrastrando las erres.Ha tenido miedo de explicar, por no sonar como una tonta, que ella desea, aunque sea una sola vez en su vida, entregarse a algo completamente--sí, como su madre. Sus amistades se preocuparían y pensarían que ha perdido el sentido, que tiene demasiado azúcar en la sangre, que las cataratas le nublan la vista. Y la desaprobación de Marion es lo peor de todo, pues no solo está en desacuerdo con la decisión de Camila, sino que hará todo lo posible por salvarla.Marion ha volteado el rostro para mirarla. Brevemente el carro se desvía hacia el carril izquierdo. El bocinazo de un carro que viene en dirección contraria la sorprende, y recobra el control justo a tiempo.Camila respira hondo. Quizás el porvenir llegue a su fin antes de lo que tenía pensado."Soy toda oídos", dice Marion cuando se ha recuperado.El corazón de Camila aletea desbocadamente--como uno de esos murciélagos que a veces se quedan atrapados en su ático y tiene que llamar a los conserjes para que vengan a sacarlo. "Tengo que retroceder bastante", explica. "Tengo que empezar con Salomé"."¿Puedo confesarte algo?", Marion cuestiona, aunque no es una pregunta en verdad ya que no espera respuesta de Camila. "Por favor, no te ofendas, pero, francamente, yo creo que nunca hubiera sabido quién era tu madre si no te hubiera conocido".No le sorprende. Los norteamericanos no se interesan por los héroes y heroínas de países menores hasta que hagan una película sobre ellos.Más adelante, en una valla de anuncios, un hombre fuma un cigarrillo; detreas, una manada de vacas espera pacientemente a que él termine."Bueno, ¿cuál es la historia?", Marion quiere saber."Como dije, tengo que comenzar con mi madre, es decir, con el nacer de la patria, ya que ambas nacieron al mismo tiempo". Su voz le suena como la suya y al mismo tiempo como una voz ajena. Tantos años en el salón de clases. Su medio hermano Rodolfo llama al modo en que ella se disuelve dentro de lo que esté enseñando su "impedimento pedagógico". Lo ha hecho toda su vida. Mucho antes de poner un pie en el aula, ella tenía esa costumbre de borrarse a sí misma, de convertirse en tercera persona, en personaje secundario, en la mejor amiga (¡o hija!) de la moribunda primera persona, del héroe o heroína. Su misión en la vida, al caer el telón, es relatar la historia de los grandes que han muerto.Pero Marion no se lo va a permitir. Camila no ha pasado de los primeros años de la vida de Salomé y las guerras de independencia cuando su amiga la interrumpe. "Pensé que por fin ibas a hablar de ti, Camila"."Estoy hablando de mí", le dice, y espera hasta que dejan atrás un enorme camión con un barco flotando en sus costados de aluminio, para retomar el hilo.

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  • Anonymous

    Posted December 25, 2011

    una buena lectura

    Es interesante leer sobre los viejos tiempos y atravez de sus personajes sentir esa pasion sobre cosas de la vida que en estos tiempos parecen que se han perdido.

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Posted April 22, 2011

    more from this reviewer

    This is a novel for all of us who have loved a mother, a daughter and a country, all of which were lost forever.

    En el Nombre de Salomé by Julia Álvarez - Vintage Spanish

    This is the story of Camila Henríquez Urena, a professor that is retiring from teaching at Vassar University, as she is packing her belongings. She is moving from her apartment in Poughkeepsie, NY, to join the Cuban Revolution headed by Fidel Castro.

    Camila is Salomé Urena's daughter--the famous Dominican poet from the end of the 19th century, who inspired revolution with her passionate verses, married a President of the Republic, and fought to educate the women of her beloved Island.

    Camila's call to the Revolution is part of her inheritance; just like she has suffered the pain of being in exile. She only owns two chests filled with papers and personal effects to try to remember the mother she never knew.

    Salome is by far the more interesting character and her poetry was pivotal in the Dominican revolutionary period. Out from her writings the reader learns more about the DR during the 19th century. Camila seems more disoriented, unsure of herself and did not live the life that she wanted to and being more active in the Cuban political sphere did not change her life at all.

    This is a novel for all of us who have loved a mother, a daughter and a country, all of which were lost forever.

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  • Anonymous

    Posted April 20, 2007

    Best written book ever read!

    This has been a great and enjoyable read. It makes you never want to put the book down and keeps you on your toes. I especifically LOVED how the author used the different times and divided them into chapters that intersected at the end. If you want to get a little taste of what Dominican Rep. was in the 1800 & 1900's, and fall in love with poetry at the same time, you should definitely read this excellent book.

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  • Anonymous

    Posted October 2, 2002

    Good story, bad translation

    I am sorry I didn't realize the author herself didn't write the book in Spanish. I've never been a fan of translations, and this book is an example. The translator, Dolores Prida, seriously needs a Spanish grammar course. It is sad to be distracted from the story to try to make sense to her sentences due to the poor grammar. She doesn't know the difference between the conditional and the subjunctive in Spanish, among many other errors. The story, however, is very good, and that's the only reason why I've decided to continue my reading.

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