En lo más Profundo

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In an instant, everything was swept away. On August 30, 2003, Robert Rogers, his wife, Melissa, and their four children were driving home from a wedding when they were caught in a flash flood. As Robert was swept away by the strong current, he could only hope his family would survive. Into the Deep is the true story of what happened to the Rogers family on that fateful night in August and how, through it all, God's amazing grace sustained a father left to grieve the family he loved. Robert's moving story will ...
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In an instant, everything was swept away. On August 30, 2003, Robert Rogers, his wife, Melissa, and their four children were driving home from a wedding when they were caught in a flash flood. As Robert was swept away by the strong current, he could only hope his family would survive. Into the Deep is the true story of what happened to the Rogers family on that fateful night in August and how, through it all, God's amazing grace sustained a father left to grieve the family he loved. Robert's moving story will challenge you to live a life of 'no regrets,' to cherish your loved ones, and to live life to the fullest.
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Product Details

  • ISBN-13: 9780829756494
  • Publisher: Vida
  • Publication date: 12/1/2009
  • Language: Spanish
  • Pages: 256
  • Product dimensions: 5.30 (w) x 8.40 (h) x 0.80 (d)

Meet the Author

Robert Rogers, es ingeniero electricista y un talentoso pianista y compositor, renuncio a su carrera tecnica en 2004 para formar el ministerio Mighty in the Land. Da al mundo su testimonio de 'vivir sin reproches', reside en Fort Wayne, Indiana.

Stan Finger es un experimentado periodista del periodico Wichita Eagle de Kansas Nominado al premio Pulitzer, y ganador de otros premios por sus escritos, Finger reside en Wichita, Kansas.

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En la profundidad del abismo

One Man's Story of How Tragedy Took His Family but Could Not Take His Faith
By Robert Rogers Stan Finger

ZONDERVAN

Copyright © 2009 Focus on the Family
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5649-4


Chapter One

<<Es viernes!>>

Disfruta. Presta atención. No te apures para hacer algo más importante. Lo que estemos haciendo es importante, viviendo cada momento del camino. El tiempo es un regalo. -Poema exhibido en la casa de Robert y Melissa Rogers

Conduje el auto hacia el interior del garaje en nuestra casa de un piso y medio, una vivienda con techo inclinado y aleros, al estilo Cape Cod. Vivíamos en el suburbio de Liberty en la ciudad de Kansas, Missouri. Entré por la puerta de la cocina y anuncié:

-Es vieeeeeeeeerneeeeesssssss!

Mi esposa Melissa y nuestros cuatro hijos recibieron esas palabras con gritos de espontánea alegría, mientras que mis dos hijos varones vinieron corriendo a abrazarme las piernas, haciendo que me tambaleara.

A Melissa y a mí siempre nos había encantado aprovechar los momentos comunes y convertirlos en algo especial para nuestra familia, ya se tratara de cocinar galletas, ahuecar una calabaza o alegrarnos por la llegada del fin de semana.

<<Vamos a crear un recuerdo!>>, decía Melissa con frecuencia.

Este viernes del fin de semana del Día del Trabajodel año 2003 nos ofrecería un recuerdo perdurable. A menudo los viernes disfrutábamos de la <<Noche de Diversión en Familia>>. Para nosotros esto significaba palomitas de maíz, pizza, películas y helado.

-¿Quién quiere venir con papá a buscar películas? -pregunté.

Antes de que hubiera terminado de hablar oí dos voces que se ofrecían con un resonante: <<Yo!>>. Eran Makenah Alexandra, nuestra hija de ocho años, y Nicholas Adam, nuestro hijo de tres. Alenah WenYing, nuestra hija de veintiún meses con necesidades especiales, a la que habíamos adoptado en el mes de enero ese año, parecía confundida, como si pensara que no había dado su voto con relación a algún asunto importante.

Pude descifrar también el gritito de entusiasmo y aprobación de Zachary Seth, a quien le habían diagnosticado síndrome de Down en su segundo día de vida hacía ya seis años. Como nació con fisura de paladar, no pronunciaba muchas palabras.

Melissa quería darle de comer a Alenah y cocinar una de sus deliciosas pizzas de tomate, salchichón y hongos mientras nosotros íbamos a buscar las películas. Así que subí a nuestros tres niños mayores en la camioneta y conduje hasta la tienda local para comprar algunas cosas y alquilar un par de películas.

Al volver a casa nos recibió el delicioso aroma de la pizza recién horneada.

-Hurra! -exclamó Melissa mientras entrábamos en la cocina.

Mi esposa había sido porrista en la escuela secundaria y seguía alentando perennemente a todos, siempre chispeante y alegre dondequiera que estuviese. Su sonrisa radiante y cautivadora se había adueñado de mi corazón hacía ya trece años, en un café de una calle del centro de Boston, Massachusetts.

Ayudé a nuestros tres hijos mayores a lavarse las manos y ocuparon sus lugares sobre la sábana blanca que Melissa había extendido en el suelo frente al televisor. Melissa colocó a Alenah en su silla alta, donde podría disfrutar de su pizza sin que los varones la molestaran.

-Oremos! -dije.

El momento de orar y hablar con Jesús era tan normal como respirar para nosotros. Melissa y yo hacíamos un esfuerzo consciente para mostrarles a nuestros hijos nuestra relación con Dios cada día, sin relegarla al momento semanal del domingo por la mañana. Muchas veces decíamos <<Gracias, Jesús>> por cositas simples que sucedían en casa o alguna sorpresa a lo largo del día. A menudo orábamos en voz alta por algún raspón de uno de los niños, o debido a una ambulancia que pasaba por la calle.

Nos dimos las manos y dijimos nuestra oración tradicional de agradecimiento por los alimentos, terminando con un potente Aaaaaaaaaaaaa-mén!

Todos nuestros hijos, y en especial Zachary, se nos unían para ese <<Amén>> no solo con la voz, sino con sus manos, usando el lenguaje de las señas. Era nuestra forma de darle punto final a la oración, pero también simbolizaba la señal de permiso: Ahora sí, a comer!

Después de la pizza, una bolsa de palomitas de maíz y dos breves episodios de ScoobyDoo, se estaba haciendo tarde.

-Bien, hora de ir a dormir! -dije mientras apagaba la televisión.

-Ooooooooohhhhh -protestó Makenah.

A ninguno nos gustaba que el momento divertido terminara, pero el sábado sería un día especial. Iríamos a Wichita, Kansas, a trescientos veinte kilómetros de casa, para asistir a la boda de Mark, el tío de Melissa.

Aun así no pude resistirme a la tentación de disfrutar de un momentito de música junto al piano de cola Steinway de mi abuela antes de ir a dormir. Comencé a tocar una melodía alegre y Makenah puso los almohadones del sofá en el piso para saltar con los niños.

Era el tipo de noche que nos encantaba: nosotros dos y nuestros hijos, disfrutando de la diversión y las risas, todos juntos. Toqué dos canciones más y luego enviamos a los cuatro niños arriba a fin de prepararlos para dormir.

Nuestro ritual de cada noche incluía la oración y la memorización de algunos versículos. Años antes, habíamos decidido seguir el consejo que diera el Dr. Joe Whiten en un programa de radio de Enfoque en la Familia acerca de enseñarles a los niños un versículo cada noche antes de ir a dormir.

Melissa y yo nos turnábamos para arropar a cada uno de los niños. Antes de salir de la habitación de Makenah, puse mi mano en su frente y dije: <<Que el Señor te bendiga, te sane, te guarde y te proteja. Haga el Señor resplandecer su rostro sobre ti y te conceda paz y favor todos los días de tu vida. En el nombre de Jesús, Amén>>.

Esta era la bendición que pronunciaba sobre todos nuestros hijos casi todas las noches.

Con los pequeños ya en la cama, Melissa y yo preparamos todo lo que necesitaríamos para el largo viaje que nos esperaba al día siguiente: bolsas con pañales, meriendas, juguetes, cintas grabadas de Aventuras en Odyssey, mudas de ropa, almohadas y mantas para cuando volviéramos a casa. Envolvimos los regalos de boda y colocamos todo en la camioneta lo mejor que pudimos.

Nos disponíamos a terminar nuestro día, pero no antes de que Melissa y yo nos sentáramos en el sofá, cada uno con un pote de helado en la mano, para hablar un momento sobre cómo había sido nuestra jornada. A la hora de ir a dormir nos dirigimos a la sala, donde habíamos ubicado nuestra cama mientras remodelábamos nuestro dormitorio en el primer piso.

-Te amo -dije como casi todas las noches, y besé los labios de Melissa con mucha suavidad.

-Yo también te amo -respondió ella devolviéndome el beso.

Nos dormimos profundamente y solo despertamos al oír la alarma del reloj.

Como ninguno de los dos éramos <<madrugadores>>, por lo general apagábamos el despertador, pero no podíamos hacer eso esta mañana. La boda sería a la una de la tarde en Wichita, que estaba a sus buenas tres horas de la ciudad de Kansas. No obstante, como yo estaba encargado de recibir y acomodar a los invitados a la ceremonia, teníamos que llegar a las once y treinta de la mañana. También queríamos tener tiempo de cambiarles la ropa a los niños y darle la oportunidad a Matt, el hermano de Melissa, para que se pusiera el traje que Melissa acababa de comprarle.

Aunque sabía que nos quitaría unos minutos, deseaba cocinar los <<famosos panqueques de papá>> para el desayuno. A nuestros hijos les encantaban y manteníamos esta tradición de los sábados por la mañana.

-¿Quién quiere ayudar a papá con los panqueques? -pregunté.

-Yooooooo! -dijo Nicholas.

Me gustaba que los niños participaran de lo que estuviera haciendo, ya fuera ir a la ferretería, cambiar el aceite del auto o -como en este caso- preparar panqueques. Terminamos de preparar la mezcla y comencé a hacer los panqueques. Melissa hizo que Makenah y Zachary ayudaran a poner la mesa. Siempre preferimos que nuestros hijos colaboraran en todo lo posible con los preparativos de la comida para que no se acostumbraran a que fuéramos sus <<camareros>>.

Mientras los últimos panqueques terminaban de hacerse, me senté para que diéramos las gracias antes de comer. Cerré la oración con una breve observación que me había enseñado mi padre cuando oraba por nuestra familia de diez personas -mamá, papá y ocho hijos, de los cuales yo era el menor-cada vez que nos íbamos de vacaciones:

<<Jesús, por favor, permítenos tener un buen viaje en el día de hoy, sin accidentes para nosotros ni para otras personas, ni para nuestro vehículo o el de otros, o nuestras pertenencias o las de los demás. Te lo pedimos en tu santo nombre para que nosotros y otras personas siempre podamos servirte más y mejor en tu santo nombre y por tu gran honor y gloria. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén>>.

Nos dedicamos de lleno entonces a desayunar, pasándonos el sirope, cortando los panqueques de los niños, esparciendo la mantequilla. Charlamos y reímos como cada sábado por la mañana.

No teníamos mucho tiempo, de modo que limpiamos la cocina y vestimos a los niños con la ropa que usarían durante el viaje. Sabíamos que no podrían usar desde ese momento lo que llevarían puesto en la boda. Luego subimos a todos a la camioneta. Melissa quería conducir durante el primer tramo. Por lo general, era la que mejor sabía llevarnos a salvo a cualquier parte cuando contábamos con poco tiempo. No obstante, acabábamos de salir cuando nos dimos cuenta de que habíamos olvidado los regalos de boda.

-Grrrrrrrrrrr! Eso sí que me molesta mucho! -gruñó Melissa frustrada.

Dimos la vuelta y regresamos. Corrí hacia el garaje, tomé los regalos, y le di una última mirada a la cocina. Sin embargo, no vi una mochila que estaba junto al escalón de la sala de estar. Volví a la camioneta con los regalos.

-Listo. Vamos ya.

Llovió durante todo el camino hasta Wichita, pero no tanto como para que el atraso fuera importante. Melissa y yo cambiamos de lugares a mitad de camino cerca de Emporia, Kansas. Al llegar a Wichita encontramos la iglesia sobre la Avenida Woodlawn. Aún teníamos bastante tiempo.

-Llegamos, muchachos! -anuncié al detener la camioneta.

Melissa salió del auto bajo la lluvia, que ahora era más fuerte, y abrió la puerta corrediza. Yo tomé el paraguas y entré corriendo para entregarle el traje a Matt. Ambos teníamos que ayudar a los invitados a encontrar los lugares que ocuparían para la ceremonia, por lo que teníamos que repasar las instrucciones. Al volver a la camioneta vi que Melissa estaba preocupada.

-¿Qué pasa? - pregunté-. ¿Puedo ayudar?

-Oh, estoy tan enojada! No encuentro la bolsa con las otras mudas de ropa y las medias de los niños. Sé que lo empaqué todo, pero no la encuentro. No puedo hacer que vayan a la boda con su ropita elegante y sin medias. Seguro que dejamos la bolsa en casa!

-Teníamos un millón y medio de detalles para recordar. ¿Qué importa si van sin medias? Son niños!

Melissa seguía sintiéndose frustrada, molesta consigo misma. Su naturaleza meticulosa, que le resultara tan útil en su profesión como diseñadora de interiores, a veces obraba en su contra en otras áreas de la vida. Deseaba que todo estuviera siempre bien.

Pasada ya la pequeña crisis, acabamos haciendo malabares con los paraguas mientras cargábamos con los pañales, la ropa y los niños y lográbamos llegar a la entrada de la iglesia bajo la lluvia. Después de acomodar a los invitados en sus asientos, fui a sentarme junto a mi familia en una de las últimas filas. Cuando terminó la ceremonia, salimos del santuario y nos dirigimos al salón de recepciones de la iglesia. Había torta, maníes y bocadillos sobre las mesas. Nos reunimos en torno a una mesa grande, junto con el padre de Melissa, Grandpa Jere, y la abuela Judy, madrastra de Melissa, además de Matt, su esposa y cuatro hijos. Muchos amigos y parientes se acercaron para saludar a nuestra familia en crecimiento y que les contáramos las últimas novedades.

Melissa estaba radiante. Mostraba una sonrisa de oreja a oreja, feliz con la vida y orgullosa de nuestra familia de seis integrantes. Muchos de nuestros parientes no conocían todavía a Alenah. Nuestros niños jugaban a las escondidas con sus primos, corrían por todo el lugar y tomaban bocadillos de las mesas. Zachary, que rara vez llevaba zapatos en casa, ya fuera dentro o fuera, se los había quitado y corría descalzo a nuestro alrededor.

Comenzamos a tomar fotografías de varios familiares frente a las mesas. Cuando le tocó el turno a nuestra familia, les pasamos nuestra cámara a varios parientes para captar ese momento. Melissa, fiel a su mantra cotidiano, quería <<crear un recuerdo>>. Se paró frente a la mesa con Makenah y Nicholas a cada lado, colocando sus brazos alrededor de ellos. Yo tomé a Zachary y a Alenah antes de que salieran corriendo otra vez.

Me agaché apoyado sobre la rodilla derecha y coloqué a Zachary sobre mi rodilla izquierda. El pequeño continuaba sin zapatos ni medias. Acerqué a Aelnah a mí y la abracé con la mano derecha, poniendo mis dedos sobre sus costillas a fin de lograr que esbozara una sonrisa para la foto. Funcionó, como había ocurrido en otras tantas ocasiones.

La fotografía salió perfecta, para sorpresa de todos. Los seis estábamos mirando a la cámara y sonriendo. Esto es algo que no sucede con frecuencia, como sabrá cualquiera que tenga cuatro niños pequeños.

A las tres de la tarde, llegó el momento de despedir a los recién casados. Sin embargo, primero teníamos que <<decorar>> su auto. Varios hombres, entre los que nos contábamos el padre de Melissa, su hermano y yo, salimos para adornar el vehículo. Llevé conmigo a Makenah para que se divirtiera. Nos tocaron los globos, los cuales inflamos e introdujimos dentro del auto mientras que otros le ponían guirnaldas y escribían sobre el vidrio usando una pastilla de jabón: <<Recién casados!>>. Terminada nuestra obra de arte, alguien llevó el auto hasta la galería techada por donde saldrían los novios.

Ayudamos a la novia y al novio a entrar en el auto en medio de las risas y los gritos de alegría. Ellos tuvieron que hacer los globos a un lado para poder subir al vehículo y luego partieron. Los niños jugaron durante un rato más con los globos, mientras nosotros tomábamos más fotografías. Más tarde fuimos a buscar la camioneta y colocamos allí los regalos que habían recibido los flamantes esposos. Seguimos a la caravana de vehículos hasta la casa de la pareja y dejamos los paquetes en la sala.

Después de secarnos y conversar durante un rato junto a la mesa de la cocina, preguntamos: <<¿Quién quiere tomar un helado con nosotros en Braum's?>>.

El abuelo y la abuela, que siempre aprovechaban cada ocasión de tomar un helado, dijeron que esta vez preferían no hacerlo porque querían llegar a casa temprano. No obstante, Matt, el hermano de Melissa, y su familia dijeron que vendrían. Les explicamos cómo llegar a la tienda de la calle Rock y acordamos encontrarnos allí. Nos llevamos los paraguas y enfrentamos la lluvia otra vez llevando de la mano a los niños.

En ese momento, la lluvia había arreciado.

(Continues...)



Excerpted from En la profundidad del abismo by Robert Rogers Stan Finger Copyright © 2009 by Focus on the Family. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Palabras preliminares....................11
Reconocimientos....................13
Prólogo....................15
1. <<Es viernes!>>....................19
2. Un muro de agua....................28
3. ¿Dónde está mi familia?....................45
4. <<Están con Jesús ahora>>....................54
5. Esperanza sin esperanza....................65
6. En acción....................72
7. <<Dios es mi fortaleza>>....................78
8. <<Encontramos a Melissa>>....................85
9. El regreso al río Jacob....................95
10. De vuelta en casa....................101
11. Miremos hacia atrás....................107
12. La belleza de Kansas....................115
13. Helado y amor....................121
14. Sueños y penas....................128
15. Del perdón al para siempre....................134
16. Llega Makenah....................138
17. Roce con la muerte....................145
18. ¿Qué pasa, Dios?....................152
19. La resaca....................162
20. El camino del amor....................168
21. Un verano glorioso....................175
22. Rodeado de recuerdos....................179
23. Sin reproches....................184
24. Un lugar de descanso final....................191
25. Cinco ataúdes blancos....................195
26. Un último adiós....................202
27. Globos para el cielo....................211
28. Vacío....................219
29. Nace un ministerio....................232
30. Dios sigue siendo bueno....................242
31.Epílogo....................249
Notas....................251
Una invitación....................253
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