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Esclavo: La verdad escondida sobre tu indentidad en Cristo [NOOK Book]

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El autor y pastor Dr. John MacArthur revela una
palabra crucial que revolucionara lo que significa el seguir a Jesus.

A traves de la Biblia, los seguidores de Jesus han
sido ordenados a someterse. Se les ha dicho que tienen que obedecer y seguir
fielmente sin titubeos. ...

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Esclavo: La verdad escondida sobre tu indentidad en Cristo

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Overview

El autor y pastor Dr. John MacArthur revela una
palabra crucial que revolucionara lo que significa el seguir a Jesus.

A traves de la Biblia, los seguidores de Jesus han
sido ordenados a someterse. Se les ha dicho que tienen que obedecer y seguir
fielmente sin titubeos. Cada vez que los cristianos pronuncian la palabra Dios,
ellos hacen una declaracion sutil pero profunda- Que Dios es nuestro dueno y
que pertenecemos a El. De hecho, la Biblia describe a los creyentes como sus
esclavos. Hemos sido comprados a un precio y ahora vivimos para Cristo como
gente de su propia posesion.

Vaya a una iglesia hoy en dia, ojee a traves de
la mayoria de las traducciones de la Biblia y no vera ni escuchara la
palabra esclavo en ningun lugar porque se ha perdido en la traduccion. En este
excitante libro el Dr. John MacArthur utiliza profundas ensenanzas biblicas y
evaluaciones historicas para revelar una palabra olvidada que restaura la
verdadera definicion de la Biblia sobre la libertad del cristiano.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602555013
  • Publisher: Grupo Nelson
  • Publication date: 3/29/2011
  • Language: Spanish
  • Sold by: THOMAS NELSON
  • Format: eBook
  • Pages: 256
  • Sales rank: 1,145,029
  • File size: 425 KB

Meet the Author

John MacArthur, autor de muchos éxitos de librería que han cambiado millones de vidas, es pastor y maestro de Grace Community Church; presidente de The Master's College and Seminary; y presidente de Grace to You, el ministerio que produce el programa de radio de difusión internacional Gracia a Vosotros. Si desea más detalles acerca de John MacArthur y de todos sus materiales de enseñanza bíblica comuníquese a Gracia a Vosotros al 1-866-5-GRACIA o www.gracia.org.

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Table of Contents

Contents

Prólogo....................1
1. Una palabra oculta....................5
2. Historia antigua, verdad eterna....................23
3. El esclavo bueno y fiel....................41
4. El Señor y Amo (Parte 1)....................57
5. El Señor y Amo (Parte 2)....................73
6. Nuestro Señor y nuestro Dios....................87
7. El mercado de esclavos del pecado....................105
8. Atado, ciego y muerto....................123
9. Salvo del pecado, esclavizado por gracia....................137
10. De esclavos a hijos (Parte 1)....................153
11. De esclavos a hijos (Parte 2)....................171
12. Listos para recibir al Amo....................187
13. Las riquezas de la paradoja....................207
Apéndice: Voces en la historia de la iglesia....................225
Acerca del autor....................241
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First Chapter

esclavo

La verdad escondida sobre su identidad en Cristo
By John MacArthur

Thomas Nelson

Copyright © 2011 Grupo Nelson
All right reserved.

ISBN: 978-1-60255-501-3


Chapter One

Una palabra oculta

«Soy cristiano».

El joven no dijo nada más mientras se mantenía de pie ante el gobernador romano. Su vida pendía de un hilo. Sus acusadores lo apresaron nuevamente con la esperanza de hacerlo errar o forzarlo a retractarse. Sin embargo, una vez más respondió con la misma frase de apenas dos palabras: «Soy cristiano».

Esto ocurrió a mediados del segundo siglo, durante el reinado del emperador Marco Aurelio. El cristianismo era ilegal y los creyentes por todo el Imperio Romano enfrentaban la amenaza de la prisión, la tortura o la muerte. La persecución era especialmente intensa en el sur de Europa, donde se había arrestado y llevado a juicio a Sanctus, un diácono de Viena. Al joven se le decía repetidamente que renunciara a la fe que profesaba. No obstante, su resolución era impertérrita: «Soy cristiano».

Sin importar qué le preguntaran, siempre dio la misma respuesta. De acuerdo con Eusebio, el historiador de la iglesia, Sanctus «se ciñó a sí mismo [contra sus acusadores] con tal firmeza que ni siquiera habría dicho su nombre, la nación o ciudad a la que pertenecía, si tenía vínculos o era libre, sino que en lengua romana respondió a todas sus preguntas: "Soy cristiano"». Cuando finalmente llegó a ser obvio que no diría nada más, fue condenado a tortura y a la muerte pública en el anfiteatro. El día de su ejecución, se le obligó a sufrir el acoso, a ser sometido a las bestias salvajes y a sujetarse a una silla de hierro ardiente. Durante todo esto, sus acusadores continuaron tratando de quebrantarlo convencidos de que su resistencia se fracturaría bajo el dolor del tormento pero, como narra Eusebio: «Sin embargo, ellos no escucharon una palabra de Sanctus excepto la confesión que había pronunciado desde el principio». Sus palabras mortales hablaron de un compromiso inmortal. Su grito concentrado fue constante durante todo su sufrimiento. «Soy cristiano».

Para Sanctus, toda su identidad, incluido su nombre, ciudadanía y status social, se encontraba en Jesucristo. Por ello, no pudo dar mejor respuesta a la pregunta que se le hizo. Era cristiano y esa designación definía todo sobre él.

Esta misma perspectiva la compartieron otros incontables cristianos de la iglesia primitiva. Esto los incitó como testigos, fortaleció su resolución y confundió a sus oponentes. Cuando los arrestaban, estos creyentes osados confiadamente podrían responder como lo hizo Sanctus, con una aseveración sucinta de su lealtad a Cristo.

Como explicó un historiador sobre los primeros mártires:

Ellos [responderían] a todas las preguntas sobre ellos [con] la respuesta corta pero abarcadora: «Soy cristiano». Una y otra vez causaban no poca confusión a sus jueces por la pertinacia con la cual se adherían a esta breve profesión de fe. La pregunta se repetía: «¿Quién eres?» y ellos respondían: «Ya he dicho que soy cristiano y quien dice esto por ende ha nombrado su país, su familia, su profesión y todo lo demás».

Seguir a Jesús era la suma de toda su existencia. En el momento en que la vida misma pendía de un hilo, nada importaba más excepto identificarse ellos mismos con Él.

Para estos creyentes fieles, el nombre «cristiano» era mucho más que una mera designación religiosa. Esto definía todo acerca de ellos, incluyendo cómo se veían a sí mismos y al mundo a su alrededor. El sello enfatizaba su amor por el Mesías crucificado junto a su disposición a seguirle sin importar el costo. Esto hablaba de la transformación total que Dios había producido en sus corazones y daba fe de la realidad de que en Él se habían renovado completamente. Ellos habían muerto a su antiguo modo de vida, habiendo nacido nuevamente en la familia de Dios. Cristiano no era simplemente un título sino una forma completamente nueva de pensamiento, una que tenía serias implicaciones por cómo vivían, y finalmente cómo morían.

¿Qué significa ser cristiano?

Los primeros mártires tenían muy claro lo que significaba ser cristiano. Sin embargo, pregunte hoy lo que significa y probablemente va a recibir una variedad de respuestas, aun de aquellos que se identifican con este sello.

Para algunos, ser «cristiano» es primariamente cultural y tradicional, un título nominal heredado de una generación previa, el efecto neto que implica evitar ciertos comportamientos y asistir ocasionalmente a la iglesia. Para otros, ser cristiano es principalmente algo político, una búsqueda para defender valores morales en la plaza pública o quizá para preservar aquellos valores por medio del distanciamiento en general de la plaza pública. No obstante, muchos definen el cristianismo en términos de una experiencia religiosa pasada, una creencia general en Jesús o un deseo por ser una persona buena. Sin embargo, todo esto cae lamentablemente muy por debajo de lo que realmente significa ser cristiano desde la perspectiva bíblica.

Es interesante ver que a los seguidores de Jesucristo no se les llamó «cristianos» hasta después de diez o quince años del inicio de la iglesia. Antes de ese tiempo, a ellos sencillamente se les conocía como discípulos, hermanos, creyentes, santos y seguidores del Camino (título derivado de la referencia de Cristo a sí mismo en Juan 14.6, como «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida»). De acuerdo con Hechos 11.26, fue en Antioquía de Siria que «a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez» y desde entonces les quedó el mote.

Inicialmente el nombre lo acuñaron los incrédulos, como un intento por ridiculizar a aquellos que seguían a un Cristo crucificado. Sin embargo, lo que comenzó como un ridículo pronto se convirtió en una insignia de honor. Que a alguien le llamaran «cristiano» (en griego, Christianoi) era que le identificaban como discípulo de Jesucristo y lo asociaban con Él como su seguidor. De modo similar, los de la familia de César se referirían a ellos mismos como Kaisarianoi («aquellos de César») con el objetivo de mostrar su lealtad profunda al emperador romano. A diferencia de los Kaisarianoi, los cristianos, en cambio, no daban su lealtad suprema a Roma o a cualquier otro poder terrenal sino que toda su dedicación y adoración estaban solamente reservadas para Jesucristo.

Por esto, ser cristiano, en el sentido real del término, es ser seguidor incondicional de Cristo. Como dijo el mismo Señor en Juan 10.27: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen» (énfasis añadido). El nombre sugiere mucho más que una asociación superficial con Cristo. En lugar de ello, demanda un afecto profundo por Él, lealtad a Él y sumisión a su palabra. En el aposento alto, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Juan 15.14). Antes dijo a las multitudes que se agrupaban para escucharlo: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos» (Juan 8.31); y en otro lugar: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9.23; cp. Juan 12.26).

Cuando nosotros mismos nos llamamos cristianos, proclamamos al mundo que todo sobre nosotros, incluyendo nuestra identidad personal misma, se cimenta en Jesucristo porque nos hemos negado a nosotros mismos para seguirlo y obedecerlo. Él es tanto nuestro Salvador como nuestro Soberano y nuestras vidas se centran en agradarlo a Él. Profesar el título es decir con el apóstol Pablo: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1.21).

Una palabra que cambia todo

Desde su aparición en Antioquía, el término cristiano se ha convertido en el sello predominante de aquellos que siguen a Jesús. Es una designación apropiada, pues se enfoca justamente en el protagonista principal de nuestra fe: Jesucristo. A pesar de eso irónicamente, la palabra misma solo aparece tres veces en el Nuevo Testamento; dos en el libro de los Hechos y una en 1 Pedro 4.16.

En adición al nombre cristiano, la Biblia utiliza una serie de otros términos para identificar a los seguidores de Jesús. La Escritura nos describe como forasteros y extranjeros de Dios, ciudadanos del cielo y luces para el mundo. Nosotros somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, miembros de su cuerpo, ovejas de su rebaño, embajadores a su servicio y amigos alrededor de su mesa. Se nos llama a competir como atletas, a luchar como soldados, a permanecer como ramas en una vid y hasta a desear su palabra como los niños recién nacidos anhelan la leche. Todas estas descripciones, cada una en su forma propia y única, nos ayudan a entender lo que significa ser cristiano.

No obstante, la Biblia utiliza una metáfora con más frecuencia que cualquiera de estas. Es una descripción verbal vívida que quizá usted no espera pero es absolutamente crucial para entender lo que significa seguir a Jesús.

Es la imagen de un esclavo.

Una y otra vez a través de las páginas de la Escritura, se hace referencia a los creyentes como esclavos de Dios y esclavos de Cristo. De hecho, considerando que el mundo exterior los llamó «cristianos», los primeros creyentes reiteradamente se referían a sí mismos en el Nuevo Testamento como los esclavos del Señor. Para ellos ambas ideas eran sinónimas. Ser cristiano era ser esclavo de Cristo.

La historia de los mártires confirma que esto es precisamente lo que ellos quisieron decir cuando declararon a sus perseguidores: «Yo soy cristiano ». Las autoridades romanas, por ejemplo, encarcelaron y torturaron a un joven llamado Apphianus. Durante todo su juicio, él solo habría de responder que era esclavo de Cristo. Por tanto, se le sentenció finalmente a muerte y murió ahogado en el mar. Su lealtad al Señor nunca flaqueó.

Otros de los primeros mártires respondieron de manera similar: «Si consentían en ampliar sus respuestas, el asombro de los magistrados se hacía mayor, pues parecían hablar enigmas insolubles. "Yo soy esclavo de Cesar", decían, "pero un cristiano que ha recibido su libertad de Cristo mismo", o viceversa, "soy un hombre libre, esclavo de Cristo". Por esto, a veces ocurría que era necesario buscar al oficial apropiado (el curator civitatis) para constatar la verdad sobre su condición civil».

Sin embargo, lo que probaba ser confuso para las autoridades romanas tenía sentido perfecto para los mártires de la iglesia primitiva. Su identidad propia se había redefinido radicalmente por el evangelio. Ya fueran libres o esclavos en esta vida, a todos ellos se les había liberado del pecado; por tanto, al ser comprados por precio, todos habían llegado a ser esclavos de Cristo. Eso es lo que significa ser un cristiano.

El Nuevo Testamento refleja esta perspectiva, ordenando a los creyentes a someterse a Cristo completamente y no solo como siervos contratados o empleados espirituales, sino como quienes pertenecen por entero a Él. Se nos pide obedecerlo sin preguntas y seguirlo sin reclamos. Jesucristo es nuestro Amo, un hecho que reconocemos cada vez que lo llamamos «Señor». Somos sus esclavos, llamados para obedecerlo y honrarlo humilde e incondicionalmente.

Hoy en las iglesias no escuchamos mucho acerca de este concepto. En el cristianismo contemporáneo se habla de cualquiera cosa menos de la terminología esclavo. Se habla del éxito, de la salud, de la riqueza, de la prosperidad y de la búsqueda de la felicidad. Con frecuencia escuchamos que Dios ama a las personas incondicionalmente y quiere que sean todo lo que ellos quieren ser, que quiere que cumplan cada deseo, esperanza o sueño. La ambición personal, la realización personal, la gratificación personal, todo esto ha llegado a ser parte del lenguaje del cristianismo evangélico, y parte de lo que significa tener una «relación personal con Jesucristo». En lugar de enseñar el evangelio del Nuevo Testamento, donde se llama a los pecadores a someterse a Cristo, el mensaje contemporáneo es exactamente lo opuesto: Jesús está aquí para cumplir todos tus deseos. Equiparándolo a un ayudante personal o a un entrenador particular, muchos asistentes a las iglesias hablan de un Salvador personal que está deseoso de cumplir sus peticiones y ayudarlos en sus esfuerzos de autosatisfacción o logros personales.

La comprensión del Nuevo Testamento acerca de la relación del creyente con Cristo no podría ser más opuesta. Él es el Amo y Dueño. Nosotros somos su posesión. Él es el Rey, el Señor y el Hijo de Dios. Nosotros somos sus objetos y sus subordinados.

En una palabra, nosotros somos sus esclavos.

Perdido en la traducción

La descripción bíblica que prevalece sobre la relación del cristiano con Jesucristo es la de esclavo-amo. No obstante no la verá si hace una lectura superficial a través de su Nuevo Testamento en español.

La razón de ello es tan simple como chocante: en casi todas las versiones al español la palabra griega para esclavo ha sido encubierta por una traducción incorrecta. Vayamos tanto a la versión Reina-Valera Revisada 1960 como a la de 1909 que la precedió. Aunque la palabra esclavo (doulos en griego) aparece 124 veces en el texto original, solo una vez está correctamente traducida en la versión Reina-Valera de 1960. Muchas de nuestras traducciones modernas apenas lo hacen un poco mejor. Casi pareciera una conspiración.

En vez de traducir doulos como «esclavo», las traducciones coherentemente usan en su lugar la palabra siervo. Irónicamente, el idioma griego tiene al menos media docena de palabras que pueden significar siervo. La palabra doulos no es una de ellas. Siempre que se utiliza, tanto en el Nuevo Testamento como en la literatura secular griega, significa esclavo solamente. Atendiendo al Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario Teológico del Nuevo Testamento], la autoridad principal en cuanto al significado de los términos griegos en la Escritura, la palabra doulos se utiliza exclusivamente «ya sea para describir el estatus de un esclavo o una actitud que se corresponde con la de un esclavo». Tal diccionario continúa haciendo notar que

el significado es tan inequívoco y tan autónomo que es superfluo dar ejemplos de términos individuales o trazar la historia del grupo ... [El] énfasis aquí siempre está en «sirviendo como esclavo». Por consiguiente, tenemos un servicio que no es una cuestión de opción para aquel que lo hace, el cual tiene que realizarlo sea que le guste o no, pues está sujeto como esclavo a una voluntad ajena, la de su dueño. [El término acentúa] la dependencia del esclavo a su señor.

Aunque es cierto que las obligaciones de esclavo y sirviente podrían solaparse en algún grado, hay una distinción crucial entre las dos: los sirvientes se contratan; los esclavos se poseen. Los sirvientes tienen un elemento de libertad al elegir para quién trabajan y qué hacen. La idea de servidumbre mantiene cierto nivel de autonomía propia y derechos personales. Los esclavos, por su parte, no tienen ni libertad, ni autonomía, ni derechos. En el mundo grecorromano, a los esclavos se les consideraba propiedad, al punto que a los ojos de la ley se les veía como cosas en lugar de como personas. Ser el esclavo de alguien era ser su posesión, atado a obedecer su voluntad sin dudar ni argumentar.

Entonces, ¿por qué las traducciones modernas coherentemente tradujeron incorrectamente doulos cuando su significado en griego es inequívoco? Hay al menos dos respuestas a esta pregunta. Primero, dados los estigmas conectados a la esclavitud en la sociedad occidental, los traductores comprensiblemente habrían querido evitar cualquier asociación entre la enseñanza bíblica y la trata de esclavos del Imperio Inglés y la era colonial. Para el lector promedio, hoy la palabra esclavo no evoca imágenes de la sociedad grecorromana, más bien representa un sistema injusto de opresión que finalmente terminó por medio de la ley parlamentaria en Inglaterra y de la guerra civil en Estados Unidos. Con el objetivo de evitar ambas confusiones potenciales y las imágenes negativas, los traductores modernos han remplazado el vocablo esclavo con el término siervo.

(Continues...)



Excerpted from esclavo by John MacArthur Copyright © 2011 by Grupo Nelson. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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