Espiritualidad hindu: Sanatana dharma

Espiritualidad hindu: Sanatana dharma

by Raimon Panikkar, Santana Dharma, German Ancochea
     
 

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The mythology and practice of Hinduism are outlined in this sensitive discussion of Hindu faith and iconography. Avoiding academic jargon, this book relies upon firsthand accounts and personal knowledge to introduce this worldwide religion to a Spanish-speaking audience.
 

La mitología y la práctica del hinduismo están descritas de

Overview


The mythology and practice of Hinduism are outlined in this sensitive discussion of Hindu faith and iconography. Avoiding academic jargon, this book relies upon firsthand accounts and personal knowledge to introduce this worldwide religion to a Spanish-speaking audience.
 

La mitología y la práctica del hinduismo están descritas de forma magistral en este discurso sensible de la fe hindú. Sin jerga académica y con conocimientos de primera mano, este texto está destinado a convertirse en un tomo clásico en la lengua castellana acerca del hinduismo.

Product Details

ISBN-13:
9788472455771
Publisher:
Editorial Kairos
Publication date:
06/30/2006
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
420
Product dimensions:
5.00(w) x 8.00(h) x 1.20(d)

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Espiritualidad Hindú

Índices y Glosario de Germán Ancochea


By Raimon Panikkar

Editorial Kairós

Copyright © 2004 Raimon Panikkar
All rights reserved.
ISBN: 978-84-7245-766-9



CHAPTER 1

La naturaleza del hinduismo


1. Caracteres

La pregunta por la naturaleza de cualquier problema lleva implícita no sólo la esperanza de una solución, sino también la expectación de una determinada respuesta. Ello es debido a que al preguntar por algo ya lo hemos catalogado como un cierto algo. Cuando se pregunta, en clima cristiano occidental, lo que el hinduismo sea, se presupone que la contestación nos dirá que se trata de una determinada religión como, por ejemplo, el islam. Ahora bien, si nos planteamos la cuestión con esta implícita expectativa, ciertamente encontraremos muchos elementos que nos permitirán colmar nuestra exigencia, pero no daremos nunca con lo que el hinduismo es.

En efecto, la primera exigencia para saber lo que el hinduismo es parece que sea preguntar por su definición. Pues bien, el hinduismo es, por definición, un algo que no tiene ni puede tener definición. No es casual que el hinduismo, a diferencia de otras grandes religiones de la humanidad, no tenga fundador, ni que sus principales libros sagrados no posean autor – porque son palabra primordial. Más aún, en rigor el hinduismo no posee nombre propio. Fueron los demás quienes, para distinguirse de los hindúes, los llamaron por este nombre que luego ha perdurado.

Otro carácter del hinduismo que salta inmediatamente a la vista es la multiplicidad más variada y aun contradictoria de caminos, sectas y confesiones, aparte de su pluralidad de escuelas doctrinales; por eso suele decirse que es antes un ramillete de religiones que una religión.


2. Lo que el hinduismo no es

Antes de responder a la cuestión de lo que el hinduismo sea, veamos de desbrozar el camino siguiendo una reducción ontológica muy típica de la filosofía india. Cuando la mentalidad índica busca el predicado adecuado a un sujeto no se contenta hasta que no llega a la identidad total; cuando, por ejemplo, se pregunta por la naturaleza del sujeto personal, del atman, ningún predicado fuera del brahman satisface la identidad buscada. Yo no soy, en efecto, mi cuerpo, ni tampoco mis deseos o mis ideas, ni siquiera mi mente o mi voluntad, pues todo eso es mudable y dice por tanto una relación constitutiva al no-ser, que le hace incapaz de dar una respuesta satisfactoria a una cuestión que pregunta por el ser. Yo no soy tampoco, por la misma razón, mi ego contingente y variable. Análogamente, no hay ningún predicado en el orden de las esencias que pueda cumplir exhaustivamente la ecuación requerida para poder dar una respuesta adecuada a lo que el hinduismo es. El hinduismo no es una doctrina (puede haber por tanto muchas doctrinas hindúes), ni una idea (no tiene entonces necesidad de coherencia lógica), ni una organización, ni un rito. El hinduismo no tiene límite alguno. No tiene definición. Si cualquier cosa se probase ser "verdad" el hinduismo la aceptaría inmediatamente como propia. El gran temor del hinduismo es que las "verdades" (parciales) destruyan la Verdad (total).

Insistimos en ello, pues es un punto capital, ya que si planteamos la pregunta inadecuada cualquier respuesta a la pregunta lo será igualmente. No puede preguntarse lo que el hinduismo es sin plantearme lo que yo, como hindú, soy. De lo contrario, es una pregunta enajenante. La pregunta no toca mi yo. De ahí el consejo recurrente de tantos guru que nos conminan ante todo a preguntarnos quiénes somos, o más concretamente ¿"quien (soy) yo"? – ko ham Cualquier objetivación de una cuestión vital elimina la vida de la cuestión, la mata – la convierte en una respuesta abstracta, conceptual.

En una palabra: el hinduismo no es una esencia, su naturaleza no puede ser buscada con la razón. El hinduismo exige una conversión al orden fáctico de la mera existencia para ser aprehendido.

Esto no quita que no podamos detectar en la cuestión vital algunos presupuestos epistemológicos que legitiman la pregunta por la naturaleza del hinduismo. Con esta cautela proseguimos en nuestro intento de encuadrar una respuesta inteligible.


3. Lo que el hinduismo es

El hinduismo pertenece al orden de la desnuda facticidad, y si queremos responder a lo que es debemos encontrar una abstracción, que subyace a las mas variadas confesiones religiosas y que puede, como una especie de materia prima, ser informada por las más distintas formas. No tiene un contenido objetivo, sino que es un continente capaz de contener las interpretaciones esenciales más divergentes.

El hinduismo quiere ser la Verdad, pero no pretende darle un contenido esencial a esta verdad. La gran intuición del hinduismo es que cualquier verdad del orden del intelecto exige una limitación y con ello la exclusión de otras verdades. Por respeto a la Verdad las admite todas en el orden lógico. De ahí que donde el pensamiento lógico ve una contradicción el pensar del creyente hindú ve una diversidad más o menos armónica o incluso complementaria.

Aquí tocamos la raíz de muchos malentendidos, como insistiremos aún. No se puede entender la autocomprensión del hinduismo como una heterocomprensión (ajena). El genio occidental interpreta la esencia de una cosa como equivalente a su diferencia específica. De ahí su excelencia en la clasificación. El genio prevalentemente oriental ve la esencia como una manifestación de lo genérico, como la raíz que lo explica todo – según explica un famoso pasaje upanisádico que busca lo común a todas las cosas para encontrar su último constituyente, su animan, su raíz (lo más sutil, el átomo).

El hinduismo se llamaría a sí mismo si tuviese que darse un nombre: sanatana dharma, esto es, el orden perenne, el orden que permanece y que subyace a toda ordenación. Dharma, esta noción que ha sido traducida de las formas más distintas (religión, ordenación, deber, regla, derecho, moralidad, costumbre, ley, norma, armonía, virtud, mérito, justicia, conducta, doctrina, etc.), describiría la verdadera naturaleza del hinduismo.

El concepto de dharma es acaso el más fundamental de todo el hinduismo. El hinduismo es simplemente dharma. La expresión neo-hindú de "dharma hindú" es un pleonasmo que sólo indica la influencia occidental. No existe un dharma que no pueda llamarse hindú. Insistimos sobre este punto porque su olvido ha sido una de las causas del malentendido en el encuentro entre el hinduismo y las demás 'religiones' en el pasado y en el presente.

La etimología de la palabra quizá sea más iluminante que cualquier otra consideración. Proveniente de la raíz dhr, que significa coger, aguantar, dharma significa según la misma descripción del Mahabharata: "aquello que mantiene, que aguanta los pueblos". Dharma es simplemente el orden cósmico de toda la realidad: rtna rtam dharmnam dharayantha, por el orden cósmico (rta) el dharma es soportado.

Una traducción aproximada nos parece ser la de orden (ordo), entendido en el sentido ontológico de la escolástica medieval y equivalente a armonía, puesto que hoy día tiene otras connotaciones.

Existe un orden ontológico real en el mundo, no sólo como una ordenación extrínseca de la naturaleza de las cosas, sino como su estructura óntica más fundamental. Por tratarse de un orden primordial es equivalente a armonía, pues no tenemos otro criterio para juzgarlo – a no ser que creamos que la mente humana nos puede decir lo que "debe ser" independientemente de lo que es. Este orden que, para darle mayor consistencia y vida, algunas veces aparece como personificado, representa en rigor la óntica estructura jerárquica del ser. Quien hiere este orden se daña a sí mismo y peca, quien lo guarda alcanza el fin y la plenitud de su vida, el conocimiento de este orden es la sabiduría última y salvífica. Este orden regula la vida del cosmos, así como la del individuo y la de la sociedad. La moralidad y todos los valores positivos adquieren su valor y realidad en cuanto son expresiones de este orden, que no es algo así como una ley externa impuesta a las cosas, sino que es la naturaleza misma de las cosas vista desde su aspecto dinámico y jerarquizado.

«Si se hiere el dharma éste destruye; si se guarda entonces protege.» En rigor es el principio de la estabilidad y el verdadero orden que sostiene todas las cosas.

De ahí que el dharma entre muy pronto en relación íntima con el karman y que adquiera la variedad de sentidos que ha venido luego a tener. El mismo Mahabharata reconoce que existen cuatro vías ritualísticas y cuatro morales del dharma. Las primeras son: el sacrificio, la plegaria, el don y la ascesis. Las segundas: la verdad, la paciencia, el autocontrol y la indiferencia para los bienes terrenos.

Una noción capital del hinduismo es la de svadharma, esto es, el dharma personal y propio, algo así como el puesto óntico de cada ser en la escala de los seres. La obligación del individuo consiste en seguir su propio dharma, esto es la ley (que se convierte en deber), reguladora del desarrollo de su existencia. Cada cual tiene su dharma, esto es su propio deberser que debe aún crecer y llegar a ser integrándose en el Cuerpo completo del universo. La Gita llega al punto de afirmar que «es mejor cumplir el dharma propio (svadharma) aunque sea defectuosamente que "cumplir" el de otra persona a la perfección». Ésta es una de las razones de la resistencia del hinduismo a la "conversión" entendida como el "cambio" de religión. He aquí otro ejemplo triste del malentendido aludido. No se cambia de religión como se cambia de profesión – ni mucho menos como se cambia de partido. Conocidos son los proyectos de ley y las leyes del gobierno de la República India en contra de las "conversiones". Se interpreta la religión como un dato exclusivamente sociológico – pagando así, por ambas partes, un tributo a la Modernidad.

El conocimiento y la realización del dharma es la religión. De ahí que la religión, aun teniendo una base única común, sea considerada como una concretización personal o colectiva del dharma. De ahí la minuciosidad, común por lo demás a casi todas las religiones, de las reglas religiosas. La sanción aquí no puede menos que serle intrínseca. Por eso para la reparación del desorden se deben hacer acciones también prescritas, que deshacen en lo posible el mal cometido. A veces, sin embargo, cuando la ruptura es total no hay reparación posible («ni penitencia ni sacrificio sirven»).

El carácter ontológico del dharma explica la creencia común del hinduismo en la llamada reencarnación. El dharma es lo único que sigue al hombre cuando deja esta tierra. Simplificando podríamos decir que el karma es la cristalización del dharma. El mundo sería un caos si no hubiese una posibilidad general de reparar el dharma maltrecho por las acciones malas de los hombres o los mismos desquicios de la naturaleza. El orden tiene que seguir, alguien tiene que conectar con quien ha dejado ya de existir en esta tierra para recoger la antorcha a medio arder y continuar en la línea de la existencia. Tiene que haber una continuidad: el samsara, el ciclo cósmico de la existencia. ¿No es el hijo la continuación de la "carne" de sus padres? Apuntemos solamente una idea, para no soslayar un tema de candente actualidad – sin hacer hincapié en que la cuestión está ganando verosimilitud debido a la pobre caricatura a la que hemos reducido "cielo e infierno". Aquí tenemos un ejemplo de la peligrosidad de las comparaciones conceptuales cuando éstas se divorcian de las diferentes cosmologías que han originado los conceptos. Sin una idea precisa del karman cualquier trasposición a la "reencarnación" en clima individualista nos llevará a malentendidos. La idea cosmológica de la llamada "transmigración" no debería poner en peligro la dignidad, y por tanto la unicidad, de cada persona que no puede reducirse a ser un mero anillo impersonal en una cadena cósmica, un simple medio para otros fines.

Sobre el dharma buddhista no nos corresponde hablar, aunque ilustre por comparación la idea hindú de dharma. Mientras que éste tiene un carácter ontológico substancial, en el buddhismo conserva toda su "realidad", esto es, dinamicidad y eficiencia, pero sin ser considerado como algo substancial. En uno y otro caso, sin embargo, el dharma (dhamma, en pali) es previo a nuestra constitución personal y desde luego a nuestro conocimiento intelectual.

En rigor, el hinduismo no es una religión, en el sentido corriente (y vulgar) de la palabra, sino simplemente dharma. La religión, sobre todo en el Occidente moderno, se ha reducido a un hecho sociológico más o menos institucionalizado e identificado con una ideología. Acaso aquí se nos presente un ejemplo de la mutua fecundación cultural, y por tanto religiosa, entre Oriente y Occidente. El dharma pretende ser la realidad misma en su contextura existencial y su dinamismo jerarquizado, algo así como un punto matemático que no se define solamente por su situación estática, sino que requiere también su derivada para ser integrado en la línea general del ser. El dharma está ahí, se lo reconozca uno o no. Puede haber acciones adhármicas, pero no tiene sentido un hombre adhármico, por la misma razón que puede darse una excomunión moral pero no óntica; ello equivaldría a la anulación del sujeto capaz de tales acciones. De ahí que el dharma sea capaz de encontrar muchas vías por las cuales puede ser realizado – incluido el desprecio a Dios y los mitos religiosos. Cada persona posee su svadharma. Esto recuerda un hadith del Profeta que dice que «los caminos hacia mí son tantos como los corazones de mis siervos». Religión es el svadharma concretizado de una persona o grupo.

Acaso el concepto de religión prevalente en Occidente no sea más que una especie de un género más amplio. Ni qué decir tiene que la noción moderna corriente no deja de ser una caricatura y un reduccionismo de lo que tradicionalmente se ha entendido por esta palabra y sus equivalentes homeomórficos. La religión no es primordialmente ni una organización (institución) ni siquiera sólo una doctrina. La ortopraxis, por ejemplo, es tan importante como la ortodoxia. Religión no significa secta "religiosa", sino una dimensión antropológica – que acaso se pudiera llamar religiosidad.

Esta amplia noción de dharma explica el carácter peculiar de la tolerancia hindú. El hinduismo es doctrinalmente tolerante, pero dhármicamente intolerante, o, con otras palabras, es esencialmente tolerante, tolera cualquier interpretación que cada uno pueda dar de su dharma, da cabida a las doctrinas religiosas más diversas, pero es existencialmente intolerante, no puede permitir que se niegue la base fundamental sobre la que reposa la posibilidad misma de la tolerancia, esto es, la existencia de un orden óntico indestructible, que deja libre juego a las máximas piruetas doctrinales sin que por eso se desplace su centro de gravedad.

De ahí también una serie de características del hinduismo que no se comprende de no tener en cuenta este su carácter existencial. Es cierto que nuestro intelecto puede conocer el dharma, pero el hinduismo es antes una ortopraxis, esto es una acción existencial y ónticamente dhármica, que una ortodoxia, que una recta doctrina; es una liturgia, una acción sacra salvífica antes que una intelección correcta de la realidad o de la salvación. La misma fe del hinduismo insiste sobre el acto de fe (sin contenido ni objeto determinado) mucho más que sobre el término de éste acto. Lo que importa no es la "idea", el contenido, la formulación de lo creído, sino el acto de creer. En el fondo cualquier acto de fe si se objetiviza se convierte en objeto de "conocimiento" (ni que sea de fe) en lugar de ser pura fe, que es siempre la consciencia de nuestra apertura al Misterio, tanto en sí como en relación a cualquier intencionalidad nuestra, tanto volitiva como cognoscitiva. No debemos confundir la fe (como constitutiva del hombre) con la creencia (como contenido intelectual de la fe), ni ambas con el acto de fe (como libre aceptación de la fe a través de una creencia). La fe es un acto del conocimiento y de la voluntad, pero es mucho más, y, antes que nada, un acto de nuestro ser desnudo y completo que nos lanza hacia el transcendente en virtud de una misteriosa atracción y llamada de ese mismo transcendente, en la inmanencia de nuestro corazón.


4. Hinduismo y cristianismo

Análogamente a como los conceptos de brahman y de Dios no son iguales ni distintos, en cuanto equivalentes homeomórficos, contemplados desde dos puntos de vista casi opuestos y desde luego complementarios, el hinduismo y el cristianismo presentan una polaridad muy especial grávida de consecuencias.


(Continues...)

Excerpted from Espiritualidad Hindú by Raimon Panikkar. Copyright © 2004 Raimon Panikkar. Excerpted by permission of Editorial Kairós.
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Meet the Author


Raimon Panikkar is a professor of philosophy and theology who has taught at the University of Madrid and Harvard University. He is the author of Christophany, The Cosmotheandric Experience, Cultural Disarmament, La experiencia filosófica de la India, The Intra-Religious Dialogue, and El silencio del Buddha.

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