Eternidad (Evermore: Immortals Series #1)

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Entra en el oscuro y seductivo mundo de los inmortales.

Ever guarda un secreto: puede oír los pensamientos de todos los que están a su alrededor, ver su aura y conocer su pasado con solo tocarles la piel. Abrumada por la fuerza de este extraño don, vive encerrada en sí misma y solo tiene dos amigos, los excéntricos Haven y Miles. Todo cambia, sin embargo, cuando Damen se incorpora a su clase; atractivo y enigmático, despierta rápidamente el interés de todas las chicas del ...

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Eternidad: Libro primero de la serie de Los inmortales

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Overview

Entra en el oscuro y seductivo mundo de los inmortales.

Ever guarda un secreto: puede oír los pensamientos de todos los que están a su alrededor, ver su aura y conocer su pasado con solo tocarles la piel. Abrumada por la fuerza de este extraño don, vive encerrada en sí misma y solo tiene dos amigos, los excéntricos Haven y Miles. Todo cambia, sin embargo, cuando Damen se incorpora a su clase; atractivo y enigmático, despierta rápidamente el interés de todas las chicas del instituto. Ever, como siempre, intenta mantenerse al margen, pero muy pronto descubre con una mezcla de temor y fascinación que Damen no tiene aura y que altera de forma misteriosa todos sus poderes.

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Product Details

  • ISBN-13: 9780307741158
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 9/7/2010
  • Language: Spanish
  • Series: Immortals Series , #1
  • Edition description: Spanish-language Edition
  • Pages: 384
  • Sales rank: 321236
  • Age range: 12 - 17 Years
  • Product dimensions: 8.46 (w) x 11.28 (h) x 0.85 (d)

Meet the Author

Alyson Noël es la autora de varios bestsellers número uno de The New York Times y USA Today. Sus libros han ganado el National Reader’s Choice Award, entre otros premios y honores. Actualmente vive in California, mientras finaliza su serie de Los inmortales.
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Capítulo uno

¿Quién soy?

Haven aprieta con fuerza sus palmas cálidas y húmedas contra mis mejillas mientras el deslustrado borde de su anillo plateado de calavera deja una marca negra en mi piel. Y, aunque tengo los ojos cerrados y tapados, sé que lleva el cabello teñido de negro peinado con la raya en medio, que se ha puesto su corsé de vinilo negro encima de un jersey de cuello vuelto (según normas del instituto), que su nueva falda negra de satén, que llega hasta el suelo, tiene ya un agujero en el bajo porque se la ha pisado con sus botas Doc Martens y que sus ojos parecen dorados porque lleva lentillas amarillas.

También sé que su padre no se ha marchado por «asuntos de negocios», como dice; que el entrenador personal de su madre es algo más  que un «entrenador personal», y que su hermano pequeño le ha roto el DC de Evanescence, aunque tiene demasiado miedo para decírselo.

Sin embargo, no he averiguado nada de todo esto espiándola ni vigilándola, ni tampoco me lo han dicho. Lo sé porque tengo poderes psíquicos.

—¡Venga, adivínalo! ¡El timbre está a punto de sonar! —exclama. Su voz suena ronca e irritada, como si fumara un paquete de cigarrillos al día, aunque lo cierto es que solo ha fumado una vez.

Yo sigo callada mientras intento pensar en la persona con quien menos le gustaría que la confundieran.

—¿Eres Hilary Duff?

—¡Uf! Prueba otra vez. —Me aprieta con más fuerza, sin tener ni idea de que a mí no me hace falta ver para saberlo.

—¿Eres Marilyn Manson?

Haven ríe con ganas antes de soltarme. Se aparta y se lame el pulgar para borrarme el tatuaje que su anillo me ha dejado en la mejilla, pero yo le aparto la mano de un manotazo. No es que me dé asco su saliva (quiero decir que sé que está sana), lo que pasa es que no quiero que me toque de nuevo. El contacto es demasiado revelador, demasiado agotador, así que intento evitarlo a toda costa.

—¿Qué estás escuchando?

Busco en el interior del bolsillo que he cosido para el iPod en todas mis capuchas y que sirve para ocultar los inevitables cables blancos a los ojos de los profesores; luego le ofrezco el reproductor y observo cómo abre los ojos de par en par.

—¿Qué demonios...? ¿Por qué narices tienes el volumen tan alto? ¿Y quién es ese? —pregunta.

Deja los auriculares del iPod colgando entre las dos para que ambas podamos escuchar a Sid Vicious gritando algo sobre la anarquía en el Reino Unido. Le verdad es que no sé muy bien si Sid está a favor o en contra de la anarquía. Lo único que sé es que el volumen está lo bastante alto para embotar mis agudizadísimos sentidos.

—Son los Sex Pistols—le digo al tiempo que apago el reproductor y vuelvo a guardarlo en su compartimento secreto.

—Me sorprende que me hayas oído siquiera...—Haven sonríe en el preciso instante en que suena el timbre.

Yo me limito a encogerme de hombros. No me hace falta «escuchar» para «oír». Aunque no pienso admitir eso delante de ella. Solo le digo que la veré a la hora del almuerzo y me dispongo a cruzar el campus para dirigirme a clase. Noto un sobresalto cuando percibo a esos dos chicos que se colocan a hurtadillas detrás de ella, le pisan el bajo de la falda y están a punto de hacerla caer. Sin embargo, cuando ella se da la vuelta para fulminarlos con sus ojos amarillos y hacerles la señal del diablo (bueno, vale, en realidad no es la señal del diablo; no es más que algo que ella se ha inventado), los chicos retroceden a toda prisa y la dejan en paz. Dejo escapar un suspiro de alivio mientras abro la puerta de la clase, a sabiendas de que la energía remanente del contacto de Haven no tardará en desvanecerse.

Me dirijo hacia mi asiento, al fondo del aula, y trato de esquivar la mochila que Stacia Miller ha colocado de forma deliberada en medio de mi camino; mientras paso, hago caso omiso de la serenata diaria de «¡FRACASADAAA!» que ella canturrea entre dientes. Después me siento en mi silla, saco de la mochila el libro, el cuaderno y el bolígrafo, me pongo los auriculares, me subo la capucha de la sudadera, dejo la mochila en el sitio vacío que hay mi lado y espero a que aparezca el señor Robins.

El señor Robins siempre llega tarde. La mayoría de las veces su retraso se debe a que le gusta dar unos cuantos tragos de su pequeña petaca plateada entre clase y clase, algo que es consecuencia de que su mujer no deje de gritarle, de que su hija lo considere un inútil y de que deteste la vida que lleva. Descubrí todo esto el primer día en este instituto, cuando toqué su mano de forma accidental mientras le entregaba el formulario del traslado. Desde ese día, siempre que necesito entregarle algo lo dejo en el borde su mesa.

Cierro los ojos y espero; mis dedos se cuelan bajo la sudadera para cambiar la canción del estridente Sid Vicious por algo más suave y tranquilo. Todo ese estrépito ya no es necesario ahora que estoy en clase. Supongo que la relación alumno-profesor de algún modo consigue mantener a raya la energía psíquica.

No siempre he sido un bicho raro. Solía ser una adolescente de lo más normal. El tipo de chica que asiste a los bailes del instituto y adora a los famosos; estaba tan orgullosa de mi larga melena rubia que jamás se me habría ocurrido recogérmela en una cola de caballo y ocultarla bajo el enorme capucha de una sudadera. Tenía una madre, un padre, un hermana pequeña llamada Riley y un labrador dorado encantador llamado Buttercup. Vivía en una bonita asa de un buen barrio en Eugene, Oregón. Era popular, feliz, y me moría de ganas de que empezara el nuevo año, ya que acababa de superar las pruebas para entrar en el grupo de animadoras. Tenía una vida plena y mi único límite era el cielo. Y aunque esta última parte suena a tópico, era real, por irónico que parazca.

No obstante, todo eso ya no son más que recuerdos vagos para mí. Porque, desde que tuve el accidente, lo único qu puedo recordar con claridad es mi muerte.

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First Chapter

Eternidad


By Alyson Noel

Vintage

Copyright © 2010 Alyson Noel
All right reserved.

ISBN: 9780307741158

Capítulo uno

¿Quién soy?

Haven aprieta con fuerza sus palmas cálidas y húmedas contra mis mejillas mientras el deslustrado borde de su anillo plateado de calavera deja una marca negra en mi piel. Y, aunque tengo los ojos cerrados y tapados, sé que lleva el cabello teñido de negro peinado con la raya en medio, que se ha puesto su corsé de vinilo negro encima de un jersey de cuello vuelto (según normas del instituto), que su nueva falda negra de satén, que llega hasta el suelo, tiene ya un agujero en el bajo porque se la ha pisado con sus botas Doc Martens y que sus ojos parecen dorados porque lleva lentillas amarillas.

También sé que su padre no se ha marchado por «asuntos de negocios», como dice; que el entrenador personal de su madre es algo más  que un «entrenador personal», y que su hermano pequeño le ha roto el DC de Evanescence, aunque tiene demasiado miedo para decírselo.

Sin embargo, no he averiguado nada de todo esto espiándola ni vigilándola, ni tampoco me lo han dicho. Lo sé porque tengo poderes psíquicos.

—¡Venga, adivínalo! ¡El timbre está a punto de sonar! —exclama. Su voz suena ronca e irritada, como si fumara un paquete de cigarrillos al día, aunque lo cierto es que solo ha fumado una vez.

Yo sigo callada mientras intento pensar en la persona con quien menos le gustaría que la confundieran.

—¿Eres Hilary Duff?

—¡Uf! Prueba otra vez. —Me aprieta con más fuerza, sin tener ni idea de que a mí no me hace falta ver para saberlo.

—¿Eres Marilyn Manson?

Haven ríe con ganas antes de soltarme. Se aparta y se lame el pulgar para borrarme el tatuaje que su anillo me ha dejado en la mejilla, pero yo le aparto la mano de un manotazo. No es que me dé asco su saliva (quiero decir que sé que está sana), lo que pasa es que no quiero que me toque de nuevo. El contacto es demasiado revelador, demasiado agotador, así que intento evitarlo a toda costa.

—¿Qué estás escuchando?

Busco en el interior del bolsillo que he cosido para el iPod en todas mis capuchas y que sirve para ocultar los inevitables cables blancos a los ojos de los profesores; luego le ofrezco el reproductor y observo cómo abre los ojos de par en par.

—¿Qué demonios...? ¿Por qué narices tienes el volumen tan alto? ¿Y quién es ese? —pregunta.

Deja los auriculares del iPod colgando entre las dos para que ambas podamos escuchar a Sid Vicious gritando algo sobre la anarquía en el Reino Unido. Le verdad es que no sé muy bien si Sid está a favor o en contra de la anarquía. Lo único que sé es que el volumen está lo bastante alto para embotar mis agudizadísimos sentidos.

—Son los Sex Pistols—le digo al tiempo que apago el reproductor y vuelvo a guardarlo en su compartimento secreto.

—Me sorprende que me hayas oído siquiera...—Haven sonríe en el preciso instante en que suena el timbre.

Yo me limito a encogerme de hombros. No me hace falta «escuchar» para «oír». Aunque no pienso admitir eso delante de ella. Solo le digo que la veré a la hora del almuerzo y me dispongo a cruzar el campus para dirigirme a clase. Noto un sobresalto cuando percibo a esos dos chicos que se colocan a hurtadillas detrás de ella, le pisan el bajo de la falda y están a punto de hacerla caer. Sin embargo, cuando ella se da la vuelta para fulminarlos con sus ojos amarillos y hacerles la señal del diablo (bueno, vale, en realidad no es la señal del diablo; no es más que algo que ella se ha inventado), los chicos retroceden a toda prisa y la dejan en paz. Dejo escapar un suspiro de alivio mientras abro la puerta de la clase, a sabiendas de que la energía remanente del contacto de Haven no tardará en desvanecerse.

Me dirijo hacia mi asiento, al fondo del aula, y trato de esquivar la mochila que Stacia Miller ha colocado de forma deliberada en medio de mi camino; mientras paso, hago caso omiso de la serenata diaria de «¡FRACASADAAA!» que ella canturrea entre dientes. Después me siento en mi silla, saco de la mochila el libro, el cuaderno y el bolígrafo, me pongo los auriculares, me subo la capucha de la sudadera, dejo la mochila en el sitio vacío que hay mi lado y espero a que aparezca el señor Robins.

El señor Robins siempre llega tarde. La mayoría de las veces su retraso se debe a que le gusta dar unos cuantos tragos de su pequeña petaca plateada entre clase y clase, algo que es consecuencia de que su mujer no deje de gritarle, de que su hija lo considere un inútil y de que deteste la vida que lleva. Descubrí todo esto el primer día en este instituto, cuando toqué su mano de forma accidental mientras le entregaba el formulario del traslado. Desde ese día, siempre que necesito entregarle algo lo dejo en el borde su mesa.

Cierro los ojos y espero; mis dedos se cuelan bajo la sudadera para cambiar la canción del estridente Sid Vicious por algo más suave y tranquilo. Todo ese estrépito ya no es necesario ahora que estoy en clase. Supongo que la relación alumno-profesor de algún modo consigue mantener a raya la energía psíquica.

No siempre he sido un bicho raro. Solía ser una adolescente de lo más normal. El tipo de chica que asiste a los bailes del instituto y adora a los famosos; estaba tan orgullosa de mi larga melena rubia que jamás se me habría ocurrido recogérmela en una cola de caballo y ocultarla bajo el enorme capucha de una sudadera. Tenía una madre, un padre, un hermana pequeña llamada Riley y un labrador dorado encantador llamado Buttercup. Vivía en una bonita asa de un buen barrio en Eugene, Oregón. Era popular, feliz, y me moría de ganas de que empezara el nuevo año, ya que acababa de superar las pruebas para entrar en el grupo de animadoras. Tenía una vida plena y mi único límite era el cielo. Y aunque esta última parte suena a tópico, era real, por irónico que parazca.

No obstante, todo eso ya no son más que recuerdos vagos para mí. Porque, desde que tuve el accidente, lo único qu puedo recordar con claridad es mi muerte.

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Excerpted from Eternidad by Alyson Noel Copyright © 2010 by Alyson Noel. Excerpted by permission.
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  • Anonymous

    Posted Tue May 01 00:00:00 EDT 2012

    Encantador((: <3

    Este libro es como entrar enotromundo e dimension. Me encanto como Ever trata siempre en encantar a los demas antes de ella misma. Damen es el npvio perfecto quien todos esperemos que haci sean los de nosotros. Esye libro tien un historia de amir que te deja nomas impactada :D Mirar como ella se puede sanar despues de el accidenta nomas con el saber que su familia esta bien y que ella al final ee quentas no era culpable por todo. Yo recomiendo esye libro!!! <33333 ^_^

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Posted Sat Apr 10 00:00:00 EDT 2010

    more from this reviewer

    NO PUEDO ESPERAR POR LUNA AZUL

    ES UN LIBRO LLENO DE PASION Y MUCHO MISTERIO, TE LLENA Y LE LLEVA A LA IMAGINACION DE CADA PERSONAJE...

    1 out of 1 people found this review helpful.

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  • Anonymous

    Posted Thu Nov 29 00:00:00 EST 2012

    H

    Hola amigos







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  • Posted Mon Sep 17 00:00:00 EDT 2012

    Se los recomiendo

    Si estan buscando un libro en el cual busques de todo un poco este el libro para ti, a mi me facino de principio a fin y se los recomiendo al 100% imaginencen q lo termine en 2 dias estaba q no podia parar de leerlo de tan bueno q es el libro.

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  • Anonymous

    Posted Sat May 05 00:00:00 EDT 2012

    hola

    hola

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  • Anonymous

    Posted Sun Jan 15 00:00:00 EST 2012

    Poly ana

    Es un libro interesante donde la inmortalidad se mescla con la magia blanca, dandole vida a personajes de belleza interior y exterior. En este primer tomo podras adentrar a un mundo exitante del que vaz a querer seguir con los siuientes tomos.

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  • Anonymous

    Posted Wed Jan 26 00:00:00 EST 2011

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  • Anonymous

    Posted Wed Sep 14 00:00:00 EDT 2011

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  • Anonymous

    Posted Thu Apr 05 00:00:00 EDT 2012

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  • Anonymous

    Posted Sun Jan 02 00:00:00 EST 2011

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  • Anonymous

    Posted Sun Jan 16 00:00:00 EST 2011

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  • Anonymous

    Posted Sat Sep 03 00:00:00 EDT 2011

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  • Anonymous

    Posted Tue Dec 28 00:00:00 EST 2010

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  • Anonymous

    Posted Fri Jun 03 00:00:00 EDT 2011

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  • Anonymous

    Posted Sat Oct 29 00:00:00 EDT 2011

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  • Anonymous

    Posted Sat Apr 16 00:00:00 EDT 2011

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