Gabby: Una historia de valor y esperanza

Gabby: Una historia de valor y esperanza

4.4 76
by Gabrielle Giffords, Mark Kelly
     
 

View All Available Formats & Editions

Como individuos, la congresista Gabrielle Giffords y su esposo, el astronauta Mark Kelly, demostraron a los estadounidenses cómo el optimismo, el espíritu aventurero y el llamado al servicio pueden ayudar a cambiar el mundo. Como pareja, se convirtieron en un ejemplo nacional del poder sanador que puede encontrarse en la valentía y el amor

Overview

Como individuos, la congresista Gabrielle Giffords y su esposo, el astronauta Mark Kelly, demostraron a los estadounidenses cómo el optimismo, el espíritu aventurero y el llamado al servicio pueden ayudar a cambiar el mundo. Como pareja, se convirtieron en un ejemplo nacional del poder sanador que puede encontrarse en la valentía y el amor profundamente compartidos.

Su llegada al centro de atención mundial se dio en la peor de las situaciones. El 8 de enero de 2011, al reunirse con sus electores en Tucson, Arizona, Gabby fue víctima de un atentado que dejó seis muertos y trece heridos. Los médicos dijeron que era un “milagro” que hubiera sobrevivido.

Íntima, inspiradora, conmovedora e inolvidable, Gabby: Una historia de valor y esperanza cuenta la vida de estas dos personas extraordinarias. Lleva a los lectores detrás de muchas puertas cerradas: a la plataforma de lanzamiento del transbordador espacial, a los vestuarios del Congreso, y a las salas de hospital donde Gabby luchó para recuperarse con la ayuda de formidables equipos médicos y de familiares y amigos dedicados.

Gabby: Una historia de valor y esperanza es un recordatorio del poder que tienen la valentía y la paciencia en la superación de obstáculos inimaginables, y de la trascendencia del amor.

Editorial Reviews

From the Publisher
“An extraordinary tale…of love, of unthinkable trauma, of a heroic partnership… Redefining for the world what it means to be a fighter.”People

“A gripping and inspirational memoir…”—St. Petersburg Times

“A picture of a victorious human spirit.”Publishers Weekly

“Nothing but inspirational.”Kirkus Reviews

“A story of bravery and perseverance.”Palm Beach Post

Product Details

ISBN-13:
9781451682717
Publisher:
Scribner
Publication date:
05/01/2012
Edition description:
Original
Pages:
352
Product dimensions:
6.10(w) x 8.80(h) x 0.99(d)

Read an Excerpt

Gabby


  • Yo solía ser capaz de decir lo que mi esposa Gabby estaba pensando.

    Podía sentirlo en su lenguaje corporal, en la forma en que se inclinaba hacia delante cuando se sentía intrigada por alguien y quería absorber cada palabra que decía; por la forma en que ella asentía cortésmente con la cabeza al escuchar a un sabelotodo que estaba hablando; por la forma en que me miraba con sus ojos brillantes y su sonrisa radiante, y quería que yo supiera que ella me amaba.

    Gabby era una mujer que vivía en el momento, a cada momento.

    También era muy conversadora. Era muy animada, y utilizaba sus manos como si fueran signos de puntuación; hablaba con pasión, claridad y buen humor, haciendo que quisieras escucharla. Por lo general, yo no tenía que preguntarme qué estaba pensando, pues expresaba hasta el más mínimo detalle. Las palabras eran importantes para Gabby, bien fuera que estuviera hablando sobre inmigración en la Cámara de Representantes de EE.UU., o si estaba a solas conmigo, hablándome de su anhelo de tener un bebé.

    Gabby ya no tiene el dominio de todas esas palabras, al menos no todavía. Una lesión cerebral como la suya es una especie de huracán que arrastra consigo algunas palabras y frases, y deja otras casi al alcance, pero enterradas bajo los escombros o en un lugar diferente. “Es horrible”, dirá Gabby, y yo estoy de acuerdo con ella.

    Sucede lo siguiente: mientras Gabby se esfuerza para encontrar las palabras y lidia con una frustración constante que el resto de nosotros no podemos comprender, yo sé en qué está pensando la mayor parte del tiempo. Sí, sus palabras son vacilantes o incorrectas, o simplemente no le salen, pero todavía puedo leer su lenguaje corporal. Aún conozco los matices de su sonrisa tan especial. Su ánimo sigue siendo contagioso, y en términos generales mantiene su optimismo, utilizando su mano buena para enfatizar algo que quiere decir.

    Y ella también sabe qué estoy pensando yo.

    Hay un momento al que Gabby y yo nos vamos a aferrar, un momento que habla de nuestra nueva vida juntos y de la forma en que seguimos conectados. Fue a finales de abril de 2011, menos de cuatro meses después de que Gabby recibiera un disparo en la cabeza por parte de un asesino. Como astronauta que soy, acababa de pasar cinco días en cuarentena, esperando el último lanzamiento del transbordador espacial Endeavour, del cual estaría al mando. Era casi mediodía, un día antes del despegue programado, y los cinco miembros de mi tripulación y yo habíamos recibido permiso para reunirnos un par de horas con nuestros cónyuges antes de partir.

    El sitio de reunión era la terraza posterior de una casa de dos pisos, vieja y destartalada, que la NASA tiene desde hace varias décadas en la playa de la Florida. Está en el terreno del Centro Espacial Kennedy, y un letrero en el camino sin pavimentar que conduce a ella dice simplemente “La casa de la playa”. La vivienda tenía una cama que los astronautas y sus compañeros de aventuras utilizaban para “reuniones románticas” no oficiales. Actualmente, sólo es un lugar de encuentro para los administradores de la NASA y, por tradición, un lugar donde los cónyuges se despiden de los astronautas, con la esperanza de verlos nuevamente. En los treinta años de historia del transbordador espacial, la tripulación no logró regresar de sus misiones en dos oportunidades. Y así, después de una comida y de socializar en grupo, las parejas suelen caminar tomadas de la mano por la playa desierta.

    La casa, de 2.000 pies cuadrados, es la única edificación del paseo marítimo en más de 25 millas a la redonda, pues la NASA controla una gran parte de la “costa espacial” de la Florida. Si miras en cualquier dirección, sólo verás arena, gaviotas, de vez en cuando una tortuga marina, y el Océano Atlántico. Básicamente, es la misma Florida de hace varios siglos.

    En nuestra visita anterior a este lugar, un día antes de mi misión en un transbordador en mayo de 2008, Gabby y yo estábamos recién casados, sentados en la arena, platicando sobre la misión, sobre su próxima elección, y sobre nuestro futuro juntos.

    Gabby me recordó cuán “bendecidos” éramos; era algo que decía con frecuencia. Ella sentía que debíamos sentirnos muy agradecidos por todo lo que teníamos, y lo cierto era que lo estábamos.

    Nuestro mayor problema era encontrar el tiempo para vernos, debido a nuestras exigentes carreras en distintas ciudades. El rompecabezas que era nuestra vida parecía complicado en aquel entonces, pero en retrospectiva, era bastante fácil y simple. No podíamos haber imaginado que tres años más tarde regresaríamos antes de otro lanzamiento, y que todo sería tan diferente.

    En esta ocasión, Gabby llegó a la casa de la playa en una silla de ruedas, con un casco que le protegía un lado de la cabeza. Una parte de su cráneo había sido removido gracias a la cirugía que le salvó la vida después de recibir el disparo.

    Mientras que las otras personas que estaban en la casa habían llegado en parejas (cada astronauta con su cónyuge), Gabby y yo lo hicimos con un séquito increíble: su madre, su jefe de personal, una enfermera, tres oficiales de policía del Capitolio de EE.UU., tres agentes de seguridad del Centro Espacial Kennedy y un colega de la NASA asignado para cuidar a Gabby durante mi misión.

    Ella necesitaba un apoyo considerable, y ciertamente no era lo que mis compañeros de tripulación esperaban en sus últimos momentos con sus esposas. En lugar de una despedida íntima en una playa aislada, esto se convirtió en un verdadero circo. Fue un poco incómodo, pero los miembros de mi tripulación y sus cónyuges nos ofrecieron todo su apoyo.

    Ellos entendían, pues Gabby había pasado dieciséis semanas difíciles y dolorosas en un hospital de Tucson, y luego en un centro de rehabilitación en Houston. Había hecho un gran esfuerzo para volver a entrenar su cerebro y luchar contra la depresión causada por sus circunstancias; eran las condiciones establecidas por sus médicos y equipo de seguridad para que ella pudiera salir del hospital.

    Mis compañeros de tripulación y sus esposas saludaron calurosamente a Gabby, y ella les sonrió y los saludó a todos, aunque era evidente que no podía sostener siquiera una pequeña conversación. Algunas palabras y frases aún estaban fuera de su alcance. Y aunque todos tuvieron una actitud positiva con Gabby, se percataron muy bien de su situación.

    Me sentí muy orgulloso de ella al verla tratando de hablar con los demás. Ella sabía que su lesión podía desanimarla y robarle energías, y también era consciente de sus deficiencias y de su aspecto. Sin embargo, había encontrado la manera de comunicarse moviendo su mano de forma optimista y con su gran sonrisa, la misma que la había ayudado a conectarse con los ciudadanos, a desarmar a opositores políticos y a llamar mi atención. Ella no tenía que recitar oraciones para encantar a un grupo de astronautas y a sus esposas; sólo tenía que ser la persona que siempre ha sido.

     

    Un tiempo después de estar en la casa, pregunté a Gaby:

    —¿Quieres ir al océano?

    —Sí —respondió—. Sí, nadar en el océano.

    Aunque Gabby creció en Arizona y es hija del desierto, no he conocido a otra persona que le guste tanto el mar como a ella. Conoció el Océano Pacífico durante su infancia, cuando viajó a México y Centroamérica con sus padres y su hermana. Durante varias semanas recorrieron la costa del Pacífico en una camioneta o en una van. Le encantaba nadar, buscar conchas y observar a las personas. Posteriormente, el Atlántico se hizo igualmente atractivo para ella, incluyendo esta playa, donde caminábamos y nadábamos antes de mis vuelos espaciales. En esas visitas, a Gabby le gustaba nadar lejos de la orilla, y me parecía admirable la forma en que animaba a las otras esposas para que se olvidaran de los nervios que sentían por las misiones espaciales de sus esposos. Ella sabía cómo tratar a los demás y cumplía con las funciones propias de la esposa del comandante, al mismo tiempo que tenía los pies completamente en la tierra y hacía que todos se sintieran bienvenidos.

    Pero esta vez, desde luego, ella dependía de la bondad de los demás.

    Su enfermera la llevó al baño y le puso el traje de baño. Aunque era un día cálido, necesitaba pantalones de sudadera y una chamarra, ya que la mayor parte del tiempo sentía frío a causa de su lesión. Gabby se vestía lo mejor que podía con su mano izquierda, pero tenía limitaciones físicas. (Recibió un disparo en el lado izquierdo del cerebro, el cual controla parcialmente el lado derecho del cuerpo, y su mano derecha quedó prácticamente paralizada, una extremidad inerte en su regazo).

    Cuando Gabby salió del baño, quienes la cuidaban le ayudaron a sentarse en una silla especial en la que los equipos médicos de emergencia llevan a los pacientes por las escaleras o para sacarlas de un sitio remoto. Se necesitaron tres personas para empujar la silla a través de la arena, paso a paso, un centenar de metros en dirección al océano. Adicionalmente, la marea estaba baja, haciendo que el recorrido fuera más largo.

    Yo sabía exactamente en qué estaba pensando Gabby durante este trayecto incómodo desde la casa a la playa: pensaba en lo mismo que yo; cuán desesperadamente anhelábamos la vida que habíamos llevado juntos.

    Cuando llegaron a la orilla del mar, les agradecí a los hombres por sus esfuerzos y por ayudarle a Gabby a bajar.

    Desatamos las correas, la ayudamos a ponerse de pie y Gabby logró caminar, dando unos cuantos pasos por la arena dura y húmeda, apoyada en su pierna izquierda. Entonces, nuestro equipo de apoyo se alejó, tratando de mantener una distancia prudente para que Gabby y yo pudiéramos estar a solas.

    En los días inmediatamente posteriores al disparo yo había pensado en dejar mi cargo como comandante del transbordador. No estaba seguro de poder concentrarme de lleno en la misión, y no sabía cuándo saldría Gabby de cuidados intensivos. Pero cuando ella comenzó a mejorar y yo regresé a los entrenamientos, me encontré fantaseando con la posibilidad de que Gabby se recuperara lo suficiente y pudiera estar conmigo en esta playa un día antes del lanzamiento. Esto se convirtió en nuestra meta. Y allí estábamos ahora.

    Resultó ser un momento increíble, un regalo de serenidad mientras nos convertíamos en el centro de una gran atención. El día anterior, millones de televidentes habían visto imágenes no autorizadas y difusas, en las que Gabby subía una escalera de manera lenta y abordaba un avión en Houston para asistir al lanzamiento. La grabación la había realizado un camarógrafo desde el helicóptero distante de un noticiero. Mientras tanto, se esperaba que 700.000 personas llegaran al centroeste de Florida en un lapso de veinticuatro horas, para vernos a mí y a mi equipo despegar a bordo del transbordador espacial. Y, sin embargo, allí en la orilla del mar, toda esa atención se sentía muy lejana.

    Gabby y yo sólo estábamos concentrados el uno en el otro, una intimidad que era más intensa por todo lo que había pasado y por este lugar aislado del planeta. A excepción de mis compañeros de tripulación y de sus esposas, que caminaban por la playa como meras siluetas en la distancia, no había ninguna señal de humanidad en el sur, en el norte, ni en el horizonte. Si nos olvidábamos de nuestro equipo de apoyo que estaba detrás de nosotros, pensaríamos que sólo estábamos ella y yo. Así que ninguno de los dos se dio vuelta para mirar atrás.

    Ayudé a Gabby a dar una docena de pasos en el agua con mucho cuidado y nos salpicó en los muslos. Una caída suya podía ser mortal debido al agujero que tenía en su cráneo, así que permanecí junto a ella, sosteniendo su brazo y su cintura, y ayudándole a mantener el equilibrio. Yo estaba alerta, pero era muy agradable estar tan cerca de ella.

    Aunque el agua estaba a una temperatura perfecta casi de 75 grados, inicialmente fue demasiado fría para Gabby. Sin embargo, ella siguió hacia adelante con el chapoteo de cada ola, decidida a recuperar una pequeña parte de su vida anterior.

    Lo que sucedió después fue casi mágico. Mientras Gabby contemplaba el océano Atlántico con los ojos muy abiertos y su sonrisa radiante y feliz, me sentí casi hipnotizado con sólo mirar su cara. Y fue entonces cuando me di cuenta: por primera vez desde el tiroteo, Gabby parecía absolutamente feliz.

    —¡Increíble! —dijo—. Increíble.

    Comenzó a sentir que el agua estaba más cálida. El cielo estaba despejado y muy azul.

    —Realmente te encanta esto, ¿no es así, Gabby? —le dije.

    —Sí, sí —respondió. Casi se me salen las lágrimas al verla tan feliz.

    Gabby se sentó en su silla, con los pies en el agua. Me senté a su lado en otra silla.

    —¿Sabes qué sería genial? —le dije—. En el futuro, deberíamos comprar una pequeña casa cerca del mar, para que puedas nadar.

    —Sí —dijo—. ¡Fantástico!

    —Tal vez podamos conseguir un bote de pesca. O un velero y estar en una laguna, en un lugar donde el agua sea más caliente.

    —¡Sí!

    Me sentí bien al decirle esto, al hablarle de un plan que no tenía nada que ver con un tratamiento médico, una rehabilitación física o una terapia del habla.

    —Olas —dijo Gabby—. Océano.

    Luego guardó silencio, prefiriendo escuchar el suave sonido de las olas a su voz interrumpida.

    Su rostro era luminoso. En muchos sentidos, aún parecía aquella mujer hermosa y vivaz de la que yo me había enamorado. Sin embargo, había algunas diferencias. Su cabeza estaba deforme porque le faltaba un pedazo del cráneo y por la acumulación excesiva de líquido cerebroespinal. Ya no tenía esa melena rubia y abundante que tantas personas han visto gracias a las fotos tomadas antes del tiroteo. Su cabello, que le habían cortado y rasurado para la cirugía, estaba muy corto y había vuelto a crecer con su color natural castaño oscuro.

    También tenía varias cicatrices: una en el cuello debido a la traqueotomía, en el lado izquierdo de la frente —el lugar por el que entró la bala en su cerebro— encima de su ojo derecho —que también sufrió daños en el ataque— y un conjunto de cicatrices en la parte superior de la cabeza, por el que sus neurocirujanos tuvieron el acceso que necesitaban para salvar su vida. Aunque Gabby usaba lentes de contacto, ahora tenía que usar lentes. Debido a sus lesiones, había perdido la mitad de su visión en ambos ojos.

    Observé todo esto y le dije:

    —Te ves muy bien, Gabby. —Y así era, a pesar de todo.

    Gabby me sonrió. Ella sabe que me encanta su sonrisa. Luego volvió a mirar hacia el horizonte y su sonrisa se hizo más amplia mientras las olas tocaban sus pies.

    Yo sabía qué estaba pensando: que en ese breve momento todo parecía como si fuera casi normal. Que tal vez, un día, ella estaría íntegra de nuevo.

  • Meet the Author

    A third generation Arizonan, Gabrielle Giffords represented Arizona’s 8th Congressional District in the U.S. House of Representatives from 2007 until 2012. A graduate of Scripps College, she has a Masters degree from Cornell University. She was a Fulbright Scholar in Mexico and a fellow at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government.

    Mark Kelly was a captain in the United States Navy when he commanded the final mission of Space Shuttle Endeavour in May of 2011. A veteran of four space flights to the International Space Station, he is a graduate of the United States Merchant Marine Academy and holds a masters degree from the US Naval Post Graduate School. As a naval aviator he flew thirty-nine combat missions in Operation Desert Storm in 1991.

    Jeffrey Zaslow (1958-2012) was most recently the author of The Magic Room. His other books include The Girl from Ames and, as coauthor of The Last Lecture by Randy Pausch.

    Customer Reviews

    Average Review:

    Write a Review

    and post it to your social network

         

    Most Helpful Customer Reviews

    See all customer reviews >

    Gabby: Una historia de valor y esperanza 4.4 out of 5 based on 0 ratings. 76 reviews.
    Anonymous More than 1 year ago
    This is such an inspirational story about two wonderful people who serve and served their country. It is terrific to hear how well Gabby is progressing. The book is so well written. I could not put it down until I reached the end.
    Anonymous More than 1 year ago
    I read this book twice. I found it to be so inspirational and the writing was so wonderful. As a person with many health issues and a progressive disease, it was an eye opener to see how these two brave people handled and fought their way through this tragic event. Their story will give others hope and courage. It is so appropriate for their story to be available during the holidays. Great gift for family and friends to read and share!
    chalkdust423 More than 1 year ago
    This book, by Gabrielle Giffords and Mark Kelly with Jeffrey Zaslow, is a story of will power over adversity. It is the story of a woman who will tackle any problem: physical, emotional, social, and political, which stands in the way of her ability to reach her goals. It is the story of a man who helps his wife plot a way back to being the best she can be after a life threatening attack from a gun shot wound to her head. It is about family, friends, and care-givers coming together to offer support, love, care and nurturing. Ultimately it is a story about miracles. The miracle of love between a father and mother toward their daughter, a miracle of love between a husband and wife, a miracle of step-children having to grow up in a hurry to cope with the life threatening and possible loss of a step-mother with whom they never really bonded, a miracle that family, friends, and care givers who were able to work as a cohesive unit to bring Gabby back to what she is now, an individual who defines the word miracle! I couldn't put this book down. I would hope my family and loved ones, as well as care-givers, were as dedicated to my well being as Gabby's were to her in any life threatening situation.
    Kars10 More than 1 year ago
    Gabrielle Giffords, Mark Kelley and Jeffrey Zaslow have written an outstanding account of the events that took place on January 8th, 2011. This novel is very easy to read and keeps your interest from chapter to chapter. Gabrielle's determination to regain her life (back to normal) is outstanding! I enjoyed Mark's account of his Military History and Space Exploration, as well. Mark should write another book, just on his NASA training and experience. It would be a great read! Anyone that reads, this book, will come back with a different perspective on life and living from the exraordinary accounts of events in this book. This must have been a heart wrenching novel to write, but it will always be one of my favorite books!
    Anonymous More than 1 year ago
    I truly enjoyed reading about the journey Giffords and Kelly have been on this past year. They are brave, courageous, honorable, and I am so thankful they chose to serve their country.
    Anonymous More than 1 year ago
    Hddhdshfgddddyefrtrehjhfhvybduddyddj
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Am I DJ or not?!
    Anonymous More than 1 year ago
    Ru on or not why didnt you respond to me from marie
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    I love her! She is so brave
    Anonymous More than 1 year ago
    Enjoyed the story of her life and accident.
    hfineisen More than 1 year ago
    As a student in Mr. Pfeffer's High School Civics class I learned about "Free Cheese" and how sitting in the back of class with the B's, C's and D's (alphabetically-not grade wise) was way cooler than sitting in the front. That said, I wish this book would have been available way back then as it is a readable discourse on civility and serving your country. In addition, it touches on how congress works, blended families, and reaching your goals. Oh, and it has space travel and a shooting, too. Regardless of your political views, Giffords' and Kelly's story is inspiring and relatable. Sure, we all may not be or aspire to be congress people or astronauts, but most of us have children who don't like their step parent, aimlessness, sick and injured loved ones and the opportunity with just one vote, the chance to participate.
    Anonymous More than 1 year ago
    What an awe inspiring account of such a traumatic incident. The book is more then just the accounts of a horrible day in Arizona history, but also a very beautiful love story. I would recommend it very highly to be at the top of a must read
    Cheritol More than 1 year ago
    This is a wonderfully written book about Gabby's commitment to serving the people of Arizona, her work ethic, and her ability to connect with poeple accross party lines, and Marks commitment to their marriage, her reabilitation, and his work at the space program. This book is a source of inspiration for anyone dealing with a life threatening situation.
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    This was a very good, compelling book., worth reading more than once.
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Anonymous More than 1 year ago
    Monk44 More than 1 year ago
    An excellent book that really tells Gaby's story. You really get to know her, what kind of person she is and her genuine sincerity in representing the people. I do not feel we've seen or heard the last of her in the world of politics, at least I hope not. Mark and her make a great couple and team in the world of public service. I look forward to hearing about them in the future.