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Hijo de bruja (Son of a Witch)
     

Hijo de bruja (Son of a Witch)

4.0 1
by Gregory Maguire, Claudia Conde (Translator)
 

Para todos aquellos que se han deslumbrado y extasiado con el Oz creado por Maguire, Hijo de bruja es la rica recompensa a su larga espera; la secuela a la querida e inmensamente exitosa Wicked

Diez años después de la publicación de Wicked, el aclamado novelista Gregory Maguire regresa finalmente

Overview

Para todos aquellos que se han deslumbrado y extasiado con el Oz creado por Maguire, Hijo de bruja es la rica recompensa a su larga espera; la secuela a la querida e inmensamente exitosa Wicked

Diez años después de la publicación de Wicked, el aclamado novelista Gregory Maguire regresa finalmente a la tierra de Oz. Allí nos presenta a Liir, un muchacho adolescente a quien hemos visto por última vez escondido en las sombras del castillo luego de que Dorothy acabó con la Bruja. Golpeado, inconciente, dado por muerto y abandonado en un barranco, Liir está destruido tanto espiritual como físicamente. Pero es atendido en el convento de Santa Glinda por la sumisa novicia Candela, quien le devuelve la voluntad de vivir con sus dones musicales.

¿Qué oscura fuerza dejó a Liir en estas condiciones? ¿Es realmente el hijo de Elphaba? Tiene su escoba y su capa pero, ¿qué hay de sus poderes? ¿Podrá encontrar a su supuesta media hermana Nor, vista por última vez en la prisión prohibida Sudescaleras? ¿Podrá cumplir los últimos deseos de una princesa en su lecho de muerte? En un Oz bajo una nueva y peligrosa administración desde la partida del Brujo, ¿es Liir capaz de mantener un perfil bajo el tiempo suficiente como para crecer y llegar a la adultez?

Editorial Reviews

Entertainment Weekly
“As fantastical as a novel set in Oz should be.”
People
“Maguire’s captivating, fully imagined world of horror and wonder illuminates the links between good and evil, retribution and forgiveness.”
Boston Globe
“Maguire has done it again: Son of a Witch is as wicked as they come. . . . Thoroughly entertaining.”
New York Times
“Maguire is full of storytelling brio . . . his Oz is meticulously drawn.”
—Wally Lamb
For Wicked:“I fell quickly and totally under the spell of this remarkable, wry, and fully realized story.”
—John Updike
“An amazing novel.”

Product Details

ISBN-13:
9780061626685
Publisher:
HarperCollins Publishers
Publication date:
12/09/2008
Series:
Wicked Years Series , #2
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
400
Product dimensions:
6.16(w) x 9.16(h) x 1.08(d)
Age Range:
14 - 18 Years

Read an Excerpt

Hijo de bruja
Novela

Capítulo Uno

La Casa de Santa Glinda

De modo que los rumores de crueldad arbitraria no eran meros rumores. A mediodía descubrieron los cadáveres de tres mujeres jóvenes, sorprendidas en alguna misión de conversión que al parecer se había torcido. Las mónacas novicias habían sido ahorcadas con sus propios rosarios y ya no tenían cara.

Finalmente conmocionada, Oatsie Manglehand se plegó a las demandas de sus clientes y pidió a los carreteros que hicieran un alto el tiempo suficiente para cavar unas tumbas poco profundas, mientras los caballos saciaban la sed. Después, la caravana prosiguió la marcha a través del páramo cubierto de matorrales, conocido como Las Decepciones, a causa de las numerosas granjas abandonadas aquí y allá.

Viajando de noche, se aseguraban al menos de no ser un blanco fácil, pero tenían tantas probabilidades de meterse en problemas como de eludirlos. En cualquier caso, el grupo de Oatsie estaba inquieto. ¿Deberían haber pasado la noche acurrucados, atentos a los cascos de los caballos y las lanzas? Habría sido una prueba demasiado dura para todos. Oatsie se consolaba pensando que, mientras la caravana estuviera en movimiento, ella podía ir sentada delante, con los ojos bien abiertos, fuera del alcance de las quejas, las recriminaciones y el desasosiego.

Así pues, desde su posición elevada, Oatsie fue la primera en divisar la hondonada. El aguacero caído al anochecer había formado un riachuelo que fluía junto a la senda, en torno a unmontículo de piel lacado por el agua y la luz de la luna. Una isla de carne humana, se temió Oatsie.

«Debería desviarme antes de que los otros se den cuenta—pensó—. ¿Cuántos más podrán soportar? No hay nada que yo pueda hacer por esa alma humana. Tardaríamos como mínimo una hora en cavar otra tumba, más el tiempo de las oraciones. Y sólo serviría para poner nerviosos a los clientes, que ya están obsesionados con el valor de su propia mortalidad.»

Sobre el regazo del horizonte oscilaba la cabeza de una luna chacala, así llamada porque una vez por generación, aproximadamente, los jirones de un naufragio celestial convergían detrás de la luna creciente de comienzos del otoño, creando un efecto tétrico que confería a la luna la apariencia de tener frente y hocico. A medida que la luna se redondeaba con el transcurso de las semanas, el animal hambriento se convertía en cazador victorioso, de protuberantes mejillas.

La visión era siempre temible, pero esa noche la luna chacala amedrentó aún más a Oatsie Manglehand. «No pares por la próxima víctima. Atraviesa Las Decepciones y deposita a estos clientes en la puerta de la Ciudad Esmeralda.» Pero Oatsie no cedió a la superstición. «Has de temer a los chacales auténticos—se dijo—, y no a las inquietudes ni a los portentos de la noche.»

Aun así, la luz de la constelación aliviaba parcialmente la ceguera a los colores que se instala por la noche. El cuerpo yacente era pálido, casi luminoso. Oatsie podría haber desviado la caravana de la Senda Herbácea y dar un amplio rodeo en torno al cadáver antes de que los demás lo vieran, pero el declive de sus hombros, el ángulo antinatural que formaban sus piernas… La luna chacala le hizo ver una figura demasiado clara, demasiado humana para dejarla de lado.

—¡Nubb!—le ladró a su ayudante—. ¡Detén la marcha! Pararemos en formación en el flanco de esa cuesta. Hay otra víctima allí, en la hondonada.

Hubo gritos de alarma a medida que la noticia se fue difundiendo hacia atrás y nuevos murmullos de amotinamiento: ¿por qué tenían que parar? ¿Acaso estaban obligados a ser testigos de cada nueva atrocidad? Oatsie no escuchó. Tiró de las riendas de su tronco de caballos, para detenerlos, y se apeó con cautela. Fue andando pesadamente, con la mano apoyada en la cadera dolorida, hasta situarse a un par de metros del cadáver.

Boca abajo y con los genitales ocultos, parecía un hombre joven. Aún conservaba unos cuantos jirones anudados a las muñecas y una de sus botas yacía a cierta distancia, pero por lo demás estaba desnudo y no había indicios de su ropa.

Curioso: ni rastro de sus asesinos. Tampoco habían visto ninguna señal en torno a los cadáveres de las mónacas, pero aquél había sido un terreno más pedregoso, en tiempo más seco. Oatsie no vio ningún signo de lucha, aunque en el barro de la hondonada habría sido normal esperar que hubiera… algo. El cadáver no estaba ensangrentado y aún no había empezado a descomponerse. El asesinato era reciente, quizá de esa misma noche, quizá de tan sólo una hora antes.

—Nubb, levantémoslo para ver si le han arrancado la cara—dijo ella.

—No hay sangre—observó Nubb.

—Quizá se la llevó el aguacero. Ahora ármate de valor.

Se situaron a ambos lados del cadáver y se mordieron los labios. Ella miró a Nubb, como diciendo: «Es sólo uno más, no es el último. Hagámoslo de una vez, compañero.»

Oatsie señaló el cuerpo con la cabeza. Uno, dos, ¡arriba!

Lo levantaron. La cabeza había caído en una cavidad natural de la piedra, diez o doce centímetros más arriba de la hondonada donde se había encharcado la lluvia. La cara estaba intacta, por así decirlo, porque aún seguía allí, aunque muy magullada.

—¿Cómo habrá llegado aquí?—dijo Nubb—. ¿Por qué no le habrán arrancado la cara?

Oatsie se limitó a menear la cabeza. Se puso en cuclillas. Los viajeros se habían adelantado y se estaban congregando en la cuesta, tras ella. Supuso que habrían recogido piedras y que estarían dispuestos a matarla si insistía en dar sepultura al muerto.

La luna chacala subió un poco más en el cielo, como si intentara asomarse al interior de la hondonada. ¡La inagotable curiosidad celeste!

—No vamos a cavar otra tumba.—Así habló el más ruidoso de sus clientes, un rico mercader del norte del Vinkus—. Ni la de este desdichado, ni la tuya, Oatsie Manglehand. No lo haremos. Lo dejaremos solo y sin sepultura, o lo dejaremos sin sepultura y con tu cadáver por compañía.

—No será preciso que hagamos ni lo uno ni lo otro—dijo Oatsie, suspirando—. Sea quien sea este pobre diablo, no necesita ninguna tumba, porque aún no está muerto.

Hijo de bruja
Novela
. Copyright � by Gregory Maguire. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

Meet the Author

Gregory Maguire is the author of several best-selling adult novels, including Wicked, which was turned into a Broadway musical. His books for younger readers include the picture book Crabby Cratchitt, the novel The Good Liar, and the popular Hamlet Chronicles series. While writing Leaping Beauty, Mr. Maguire sadly became allergic to all creatures great and small. Now he lives in a house without pets, though he is the father of three happy, noisy small children to whom, at this writing, he has not yet developed allergies.

Brief Biography

Hometown:
Boston, Massachusetts
Date of Birth:
June 9, 1954
Place of Birth:
Albany, New York
Education:
B.A., SUNY at Albany, 1976; M.A., Simmons College, 1978; Ph.D., Tufts University, 1990
Website:
http://www.gregorymaguire.com

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