Jesús es ___.: Un nuevo camino para ser genuinamente humano

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¡Unbest-sellerdelNew York Times!

Judah Smith investiga profundamente para responder a las preguntas más comunes y las más difíciles acerca de Jesús, un hombre que muy pocos entienden y que muchos necesitan desesperadamente.

EnJesús es _. Judah Smith explora una serie de temas que revelan el propósito de la venida de Jesús, lo que logró cuando estuvo aquí, y lo que eso significa para los que vinimos después.

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Overview

¡Unbest-sellerdelNew York Times!

Judah Smith investiga profundamente para responder a las preguntas más comunes y las más difíciles acerca de Jesús, un hombre que muy pocos entienden y que muchos necesitan desesperadamente.

EnJesús es _. Judah Smith explora una serie de temas que revelan el propósito de la venida de Jesús, lo que logró cuando estuvo aquí, y lo que eso significa para los que vinimos después.

Jesús ha sido venerado en gran medida, criticado duramente y penosamente mal entendido. Judah analiza quién es Jesús y explica a los lectores cómo entendiendo más ampliamente, no sólo enriquecerá sus vidas, sino que también les dará significado y les traerá salvación.

Jesús es _. da a los lectores el conocimiento íntimo que proporciona una relación más profunda y duradera con Jesús, lo que les permite comunicarse con y crecer en él. Judah quiere que los lectores sepan que Jesús es más que un buen maestro, más que un líder inspirador. Él es el sentido de toda vida.

ANew York TimesBest-Seller!

InJesús es _.Judah Smith breaks down who Jesus is and explains to readers how understanding that more fully will not only enrich their lives, but also give meaning to them and save them.

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Product Details

  • ISBN-13: 9781602556768
  • Publisher: Nelson, Thomas, Inc.
  • Publication date: 9/28/2013
  • Language: Spanish
  • Pages: 240
  • Sales rank: 899,335
  • Product dimensions: 5.40 (w) x 8.30 (h) x 0.70 (d)

Meet the Author

Judá Smith y su esposa, Chelsea, son los pastores principales de la iglesia The City Church en la ciudad de Seattle, Washington. Judá está en alta demanda como orador, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Judá y Chelsea tienen tres hijos: Zion, Eliott, y Grace.

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JESÚS ES ______.

UN NUEVO CAMINO PARA SER GENUINAMENTE HUMANO


By JUDAH SMITH, Graciela Lelli

Grupo Nelson

Copyright © 2013 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-1-60255-979-0



CHAPTER 1

Supermalo o un poco malote


«Si Dios puede ayudar a fulanito, ¡puede hacerlo con cualquiera!».

Yo mismo lo he dicho unas cuantas veces. «Fulanito» siempre es una referencia a expertos pecadores, famosos por su pericia en el mal hacer. Son asombrosos en lo que al pecado respecta, pecan mucho y disfrutan con ello.

«¿No te has enterado? Esa actriz ha vuelto a divorciarse. Y ya van cinco matrimonios fracasados y este último no ha durado más de tres meses. Desde luego, si Dios la puede enderezar, ¡es que puede ayudar a cualquiera!».

«Ese líder se llama cristiano, ¿pero te puedes creer en lo que estaba metido? Debería avergonzarse. Si Dios puede ayudarlo, ¡puede hacerlo con cualquiera!».

Seamos sinceros. A la gente mayormente buena le gusta despreciar a los que son mayormente malos. Disfrutamos con los sentimientos de compasión condescendiente o de ultraje santurrón. Levantamos alegremente a los destacados impíos como maravillas de la depravación, ejemplos de lo malas que pueden llegar a ser las personas. Luego, acabamos nuestro café latte, metemos a los 2,2 hijos que nos corresponden en nuestro deportivo todoterreno casi pagado y nos dirigimos a contribuir con la sociedad.

Observa cómo me acabo de incluir en la categoría de los «mayormente buenos». Ni siquiera me he parado a pensarlo. Lo he hecho y ya.

Y esto es lo que más me molesta.


La escala de maldad

El problema con la frase «si Dios puede salvar a ...» es que implica la existencia de un sistema de evaluación de los pecados. Se trata de una escala de maldad (o de bondad, dependiendo de si estamos valorando a otros o a nosotros mismos) de la que no se habla, que la cultura suele impulsar, y que es del todo arbitraria.

En nuestro baremo, etiquetamos los pecados de la manera siguiente: pequeños, pequeños-medianos, medianos, medianosgrandes, grandes, extragrandes y descomunales. Si vemos a alguien con pecados de pequeños a medianos, pensamos: Es una persona bastante buena. Es aceptablemente sensato y moralmente comprometido. Es evidente que está cerca de Jesús. A Dios no le resultará difícil hacerse con él.

Luego vemos a alguien con pecados de medianos a grandes, y nos ponemos más nerviosos. Desde luego, tenemos que orar por ella. Su vida va rápidamente cuesta abajo. Dios va a tener que llamarle la atención de una manera dura. Ella va a tener que ponerse manos a la obra y arreglar su vida para que pueda estar más cerca de Dios.

Cuando nos encontramos con un pecador de talla descomunal, alguien que comete los pecados más grandes, nos limitamos a sacudir la cabeza llenos de una compasión hiperpiadosa.

Sin embargo, en ningún lugar de la Biblia encontramos que Dios haga distinción entre varios niveles de pecado. Él no comparte nuestro sistema de evaluación. Para él, todo los pecados son igual de malos, y todos los pecadores merecen el mismo amor. Es evidente que los pecados tienen distintas consecuencias: algunos hacen que te metan en la cárcel o que te rompan la cara, mientras que otros apenas se notarán. Pero Dios llama al pecado, pecado.


Zaqueo el gánster

Jesús tampoco tuvo un sistema de evaluación para el pecado. Estaba dispuesto a aceptar y amar a cualquiera. No existe un caso más evidente que la historia de Zaqueo, el recaudador de impuestos.

Debería mencionar por adelantado que cuando leo las historias de la Biblia, todos los personajes principales tienen acento. Así es cómo funciona mi mente. La concentración nunca ha sido mi fuerte, y sospecho que esto de los acentos es un ardid desesperado de mi cerebro por mantenerme centrado.

En mi cabeza, Zaqueo era lo más parecido a un gánster. Si no eres capaz de leer su diálogo con un poco de fanfarronería tú y yo no vamos a conectar muy bien en las páginas siguientes. Es posible que necesites escuchar unos cuantos álbumes de hip-hop y lo vuelvas a intentar.

En el caso de que no estés familiarizado con el relato, Zaqueo era un cobrador de impuestos. En realidad, era el jefe de los recaudadores. También era bajito. Esto es de suma importancia.

Esta es la historia directamente de la Biblia.


Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad. Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, trataba de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, ya que él era de pequeña estatura. Y corriendo delante, se subió a un sicómoro para verle, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí.

Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa.

Entonces él se apresuró a descender y le recibió con gozo. Y al ver esto, todos murmuraban, diciendo: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador.

Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado!

Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lc 19.1-10)


Antecedentes interesantes: los israelitas del tiempo de Jesús consideraban a los recaudadores de impuestos como ladrones y extorsionistas. Eran judíos que trabajaban para el régimen romano que gobernaba israel en aquella época. Su labor consistía en cobrar los impuestos de su propio pueblo y entregarlos al odiado poder extranjero. Sus propios ingresos procedían de todo lo que pudieran conseguir de la gente una vez satisfecha la cuota de Roma. De modo que Zaqueo y sus colegas traidores iban añadiendo una tasa sobre la marcha. Era un engañador profesional, un malversador. Les sacaba el dinero a pobres señoras ancianas. Era un ladrón.

Creo que estaba muy al día en la cultura popular, dicho sea de paso. Me da la impresión de que le gustaba figurar; le encantaba estar metido en el meollo la acción. Cuando se extendía la alfombra roja y aparecían las cámaras, allí estaba él, con una señora colgando de cada brazo, mirando por encima de sus gafas de sol a los equipos de TMZ. «¡Hey, hola a todos!». Cuando daba conferencias de prensa, hablaba de sí mismo en tercera persona.

Era un tipo bajito, pero no te dejes engañar por su estatura. Tenía un montón de dinero. Años antes, en algún momento, los romanos lo habían reclutado. Probablemente debía de ser un prodigio. Habría empezado como ayudante de un recaudador. Tras demostrar su valía, lo habrían ascendido a recaudador. Finalmente, cuando nos lo encontramos en esta historia, ya se ha convertido en el jefe de los recaudadores. Es muy posible que supervisara todo un distrito de impuestos y a una banda de minirrecaudadores que le daban una tajada de lo que ellos se quedaban.

Esto convertía a Zaqueo en el rechazado principal. Es infame, legendario, famoso. ¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto? ¿Cinco años? No, son más, es un jefe de publicanos. ¿Diez años? ¿Veinte?

No creo que le importe que le odien. En realidad le encanta su vida. Vive en su gran mansión con vistas a toda la ciudad, echado en su tumbona junto a su inmensa piscina, con sirvientes que lo abanican y dejan caer uvas en su boca.

Ahora, todos le temen. Con toda seguridad lo odian, pero al menos lo respetan. Cuando estaba en la escuela primaria, nadie escogía al bajito para jugar. Pero, ahora, le tienen miedo. Es el grandullón del barrio.

Según los rumores, Jesús podría ser el Mesías prometido. Zaqueo se había educado en la cultura judía, y estaría familiarizado con las profecías. No cabe duda de que había oído hablar de la futura venida del Mesías. Ahora, Jesús está cruzando la ciudad y Zaqueo se dice: «Voy a echarle un ojito a este tipo. Está consiguiendo numerosos seguidores; mucha gente habla de él. Me está picando la curiosidad».

Dudo mucho que Zaqueo estuviera pensando: Caramba, espero de verdad que Jesús me salve. ¿Salvarlo? ¿De qué? ¿De su gran casa? ¿De todas las señoras que lo amaban?

No; solo quería echarle un vistazo a aquel tipo tan popular. Zaqueo solo pensaba en su estatus. uno no se convierte en recaudador y después en jefe de los publicanos sin que le guste el dinero y sin tener una buena situación. Era famoso, en el sentido negativo, pero famoso a fin de cuentas.

Jesús empieza a recorrer la ciudad. La gente flanquea las calles para poder verlo pasar, y Zaqueo se da cuenta de que no conseguirá divisarlo por encima de la multitud. ¡Qué fastidio!, se dice. No voy a poder verlo.

Zaqueo es un tipo con ideas, acostumbrado a salirse con la suya. De modo que se remanga su ostentosa túnica, se adelanta corriendo con el repiqueteo de sus cadenas de oro, y trepa a un sicómoro.

Como era de esperar, desde allí puede ver la nube de polvo y a toda la gente agolpada alrededor de Jesús. Cualquiera diría que se trataba de Justin Bieber o alguien por el estilo. Baja por la calle y, de repente —Zaqueo no puede creer la suerte que tiene—, se detiene justo al lado del árbol sobre el que se halla el hombrecito.

¡Esto sí que es suerte!, piensa. Desde aquí arriba puedo verle perfectamente y hasta quizá pueda escuchar lo que diga.

Entonces, para su sorpresa, Jesús alza la mirada y lo mira. Lo llama por su nombre: «Zaqueo».

«¿Quéeeee? ¿Cómo es que me conoces? Yo no te he visto en mi vida. ¿Quién te ha hablado sobre mí?».

Dicen que el sonido más dulce para un ser humano es el de su propio nombre. Dios llama a este hombre rechazado, endurecido y egoísta, por su nombre: «¡Zaqueo! ¡Date prisa! Me dirijo a tu casa ... ahora mismo.»

«¿De verdad? Eh ... bueno. ¡genial!».

Zaqueo está disfrutando ese momento. Todos los respetables judíos religiosos quieren un minuto con Jesús, un gesto con la cabeza, estrechar su mano. Pero ahora, el jefe de los publicanos —el peor tipo de los alrededores— consigue una invitación personal. Me lo imagino mirando a todos y diciendo: «¿Y ahora qué? ¿Qué tienen que decir a esto?». Envía mensaje a todos sus compinches y sus esbirros recaudadores para que vengan y conozcan a ese Jesús. Es su momento de gloria.


«Lo cambio todo»

Pero aquella tarde, algo inesperado e inexplicable empezó a ocurrir en el corazón de Zaqueo. ¿Cuánto duraría su audiencia con el Dios vivo? ¿Dos horas? ¿Cuatro? No lo sabemos. ¿De qué hablarían? Solo podemos imaginarlo.

Suponemos que cenarían juntos y que a Jesús le tocaría escuchar bastante. Seguro que Zaqueo pensó: Nadie me hace caso, tan solo unos cuantos muchachos que trabajan para mí. Pero a este tipo le importo. Me escucha. Me comprende.

Me lo imagino mirando a los ojos más compasivos que hubiera visto en toda su vida y cavilando: ¿Sabrá Jesús quién soy? ¿Se percatará de quiénes están sentados a la mesa? ¿Estará al tanto de cómo nos ganamos la vida? ¿Sospechará con qué se ha pagado su pescado? ¿Cómo he pagado esta casa? Seguro que sí... pero no me rechaza.

Tras unas cuantas horas con Jesús, Zaqueo ya no se puede contener. Bruscamente, se pone en pie, al parecer, abrumado por quién es Jesús. Delante de parientes, compañeros y empleados, suelta: «¡Lo cambio todo!».

¿Qué?

«Que lo cambio todo, Jesús. Voy a empezar a dar mi dinero. De hecho, a todo el que haya engañado, le voy a devolver cuadriplicado lo que le he robado».

El desalmado jefe de aquella pandilla ávida de dinero está a punto de quebrantarse, y ni siquiera le importa. un momento con Jesús lo cambió todo.

Me pregunto qué dijo Jesús aquella breve tarde que cambió la vida del que durante toda su vida había sido un tomador y lo transformó en un generoso dador. Pero esta no es la idea de este pasaje. Creo que la Biblia obvia lo que hablaron, porque intentaríamos convertirlo en una receta o un programa. No fue lo que Zaqueo hablara, sino aquel con quien conversó sobre ello. Se trataba de estar con Jesús.

¿Qué cambió a Zaqueo? ¿un principio bíblico? ¿La devoción personal? ¿El deber y los actos religiosos? No; solo unos momentos con Dios encarnado. Ni siquiera leemos que alguien dijera que Zaqueo tenía que arrepentirse o devolver el dinero. Pero algo le ocurrió al encontrarse con Jesús.


¡Date prisa, baja!

La verdad es que yo soy Zaqueo. Puede ser que no sea bajito de estatura, pero me quedo corto en lo espiritual, en mi aptitud y en mi propia capacidad. Aunque yo quiera llegar a Jesús, aunque quiera verlo, no puedo ver más allá de mí mismo. No puedo ver más allá de mi pecado, de mis distracciones, de mi ego.

¿Cómo intentamos alcanzar a Jesús? Corremos más y trepamos a los árboles proverbiales de las acciones religiosas. Pensamos: Llegaré hasta Jesús. Se impresionará cuando vea quién soy.

Creo que la mayoría de las personas tienen un sentido de inadecuación y fracaso en lo más profundo de sí mismas. independientemente del ahínco con el que lo intenten, o de cómo actúen, saben que se encuentran en un lugar oscuro. Son cortos en un sentido espiritual. Han pecado y no dan la talla con respecto a las expectativas de Dios. Por ello, piensan: Correré más, me adelantaré, encontraré un árbol y treparé a él, y conseguiré toda la atención de Dios.

¡Como si la atención de Dios se pudiera lograr por correr y por subirte a un árbol!

No fue esto lo que salvó a Zaqueo. Fue la misericordia de Dios. Fue la gracia de Dios. Fue la iniciativa de Dios.

Pensamos que Dios se detiene y se da cuenta de que estamos ahí, porque nos ve encaramados en nuestros simpáticos sicómoros. Creemos que es por lo buenos que somos. «¿Lo ven? He conseguido que Dios me haga caso. ¿Se dan cuenta? Es porque he orado en voz tan alta, por lo mucho que oro, porque asisto a la iglesia».

Pero Jesús no se detuvo por esta razón aquel día. Lo hizo por su propia elección. Lo hizo porque es misericordioso y bueno. Porque conocía a Zaqueo por su nombre, como me conoce a mí o a ti.

Jesús le dijo a Zaqueo que se diera prisa, y nos indica lo mismo a nosotros: «¡Dense prisa, apéense de la religión! ¡Apúrense y bájense de las tradiciones! ¡Abandonen el intento de levantarse! Mi gracia es la única que los puede salvar. Desciendan y háganlo ahora mismo. No desperdicien otro momento, otro día, confiando en ustedes mismos. Es necesario que yo esté hoy con ustedes».

Mientras Zaqueo hablaba, seguramente Jesús sonreiría para sus adentros. Pero, ahora, hace un anuncio. «Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham», es decir, un verdadero judío.

Zaqueo está asombrado. Es la quintaesencia del traidor, del tipo malo, la antítesis de un buen judío. Hasta donde se remonta en sus recuerdos, siempre ha estado fuera y mirando hacia dentro. ¿Ahora está dentro? ¿Ahora es un buen tipo?

Me gustaría haber podido ver la mirada en el rostro de sus amigos. Si hay esperanza para Zaqueo, ¡también la debe haber para mí!

A continuación, Jesús resumió la misión de su vida: «Estoy aquí para buscar y salvar lo que se había perdido. Por eso he venido».

Los fariseos pensaban que el Mesías solo vendría por unos pocos escogidos, por un grupito de santificados, por los religiosos. Pero Jesús repitió una y otra vez que había venido por los quebrantados, los malos, los adictos, los esclavos, los engañados, los perdidos, los que sufren.

A veces nos parecemos mucho a Zaqueo. Llevamos mucho tiempo metidos en este asunto del pecado. Tenemos problemas, debilidades y tendencia a hacer lo malo. Toda esta cuestión nos ha producido cicatrices y nos ha entumecido, tal vez nos haya hecho absolutamente cínicos. Estamos indefensos, sin esperanza. Pensamos: Ni Jesús conseguiría liberarme. Después de todo, lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y nada ha cambiado. Él no vería nada en nosotros digno de ser salvado.

Quizá se trate de un pecado secreto: una aventura de hace ocho años de la que ni siquiera tu esposa está al tanto. Tal vez sea algo que controla tu vida como el alcoholismo o cualquier otra adicción. La gente te ha dicho que nunca cambiarás, y estás empezando a creértelo.

Jesús no es tu acusador. No es tu fiscal. No es tu juez. Es tu amigo y tu rescatador. Como hizo Zaqueo, pasa un tiempo con él. No te escondas de él por vergüenza ni lo rechaces por santurronería. No permitas que las opiniones de los demás moldeen el concepto que tienes de él. Conócelo por ti mismo, y deja que la bondad de Dios te cambie desde el interior.

CHAPTER 2

El lado oscuro


Zaqueo no fue el único recaudador de impuestos de este mundo al que Jesús conmovió. También tenemos el caso de Mateo. Fue uno de los discípulos de Jesús, y el libro que escribió describe muchos acontecimientos clave en los más de tres años que duró su ministerio.

El primer encuentro de Mateo con Jesús revela que, en lo que respecta a los pecadores, Dios tiene dos categorías. Solo dos. Mateo 9.9-13 declara:

Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.

Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
(Continues...)


Excerpted from JESÚS ES ______. by JUDAH SMITH, Graciela Lelli. Copyright © 2013 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

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Table of Contents

Contents

Prólogo....................     xiii     

Introducción....................     xv     

JESÚS ES TU AMIGO....................          

1. Supermalo o un poco malote....................     3     

2. El lado oscuro....................     15     

3. Amigo de pecadores....................     25     

JESÚS ES GRACIA....................          

4. Acepta la gracia....................     41     

5. La gracia es una persona....................     57     

6. Abandonar Meritolandia....................     75     

JESÚS ES LA CUESTIÓN....................          

7. Ven a mí....................     97     

8. El sentido de la vida....................     117     

JESÚS ES FELIZ....................          

9. Buenas nuevas de gran gozo....................     131     

10. Con nosotros y por nosotros....................     147     

JESÚS ESTÁ AQUÍ....................          

11. Aquel al que amas....................     157     

12. Está bien....................     169     

JESÚS ESTÁ VIVO....................          

13. La vida real....................     183     

14. Jesús el zombi....................     195     

15. Un nuevo camino para ser genuinamente humano....................     207     

Conclusión....................     217     

Agradecimientos....................     219     

Acerca del autor....................     220     


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