La Bendicion esta en uno mismo

La Bendicion esta en uno mismo

by Jiddu Krishnamurti
     
 

Product Details

ISBN-13:
9788497779531
Publisher:
Obelisco, Ediciones S.A.
Publication date:
08/31/2013
Edition description:
Spanish-language Edition
Pages:
88
Product dimensions:
5.10(w) x 8.10(h) x 0.40(d)

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La bendición está en uno mismo

Últimas charlas públicas en Bombay en 1985


By Jiddu Krishnamurti

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-953-1



CHAPTER 1

Primera charla pública

Nuestro cerebro, que es asombrosamente libre en una dirección, en lo psicológico está atrofiado


Éste es un diálogo entre nosotros, una conversación entre dos amigos. Por tanto, no ese trata de una conferencia para instruir, informar o guiar. Evidentemente, juntos, vamos a hablar de muchas cosas; no se trata de convencer de nada o de informar de nuevas ideas, nuevos conceptos, conclusiones o ideales. Juntos, vamos a observar el mundo entero tal y como es, vamos a ver lo que sucede, no sólo en esta parte del mundo, sino también en el resto del planeta. Juntos, quien les habla quiere decir juntos. Así que juntos vamos a observar sin ninguna influencia y sin ningún prejuicio lo que sucede globalmente.

Por tanto, ésta es una charla seria, y no intelectual, emocional o devocional. De modo que debemos ejercitar nuestros cerebros; ser escépticos, dudar; debemos cuestionar y no aceptar nada de lo que diga nadie, incluidos todos sus gurús y libros sagrados. El mundo está en crisis, una crisis que no es meramente económica, sino más bien psicológica. Hemos vivido en la Tierra durante millones de años y, en este largo período, hemos padecido toda clase de catástrofes y guerras. Han desaparecido civilizaciones enteras y también aquellas culturas que moldearon la conducta de los seres humanos. Ha habido grandes líderes, tanto políticos como religiosos, con todos sus engaños a los seres humanos. Y después de esa enorme evolución del cerebro humano, somos lo que siempre hemos sido: primitivos, bárbaros, crueles, y nos preparamos para la guerra. Hoy en día, cada nación almacena armamento. Y los seres humanos siguen atrapados en esa rueda del tiempo. No hemos cambiado mucho; seguimos siendo bárbaros, con toda clase de creencias y supersticiones. Pero al final, ¿dónde estamos?

Por favor, hablamos juntos de estas cosas. No se trata de que el orador lo explique todo; es algo muy obvio. Usted y quien les habla, juntos, estamos examinando con detenimiento, con diligencia, en qué nos hemos convertido, qué somos. Así que preguntamos: ¿cambiaremos con el tiempo? Es decir, con el tiempo, en cincuenta mil o un millón de años, ¿cambiará la mente humana, el cerebro humano? ¿O el tiempo no tiene ninguna importancia? Hablemos de todas estas cosas.

Los seres humanos están psicológicamente heridos. En todo el mundo, los hombres padecen un enorme sufrimiento, dolor, pena, soledad y desesperación. Sin embargo, el cerebro ha creado las cosas más maravillosas, tanto ideológica, como tecnológica y religiosamente. El cerebro tiene una capacidad extraordinaria; pero ésta es muy limitada. En lo tecnológico hemos avanzado a gran velocidad; no obstante, en lo psicológico, en lo interno, somos muy primitivos, bárbaros, crueles, irreflexivos, insensibles e indiferentes con lo que sucede. No sólo nos mostramos indiferentes frente a la corrupción que se extiende en el ámbito ecológico, sino también a la que existe en nombre de la religión, de la política, de los negocios, etcétera. La corrupción no sólo consiste en pasar dinero por debajo de la mesa o entrar mercancías de contrabando en el país, sino que empieza allí donde existe interés propio, que es el origen de la corrupción.

¿Estamos pensando juntos o sólo escuchan a quien les habla? Conversamos como dos amigos que pasean a lo largo de un camino, un camino en el mundo global, un camino dentro de nosotros mismos: lo que somos, en lo que nos hemos convertido y por qué nos hemos convertido en eso que somos. Es necesario que recorramos este camino juntos. No se trata de que el orador haga el camino y le indique el mapa, la carretera y la ruta. Sino, más bien, estamos juntos, y quien les habla quiere decir juntos. Él no es un gurú. No debemos seguir a nadie en el mundo del pensamiento, en el mundo de la psique. Dependemos demasiado de la ayuda de los demás, pero nosotros no les estamos ayudando. Seamos muy claros sobre este punto: quien les habla no les está ayudando, porque ya hemos tenido demasiados ayudantes, y no somos capaces de permanecer solos, de pensar las cosas por nosotros mismos; no somos capaces de mirar el mundo y nuestra relación con el mundo, ni ver si realmente somos individuos o una parte de la humanidad. No ejercitamos nuestros cerebros, que son enormemente capaces. Utilizamos nuestra energía, nuestra capacidad, nuestro entendimiento intelectual en una única dirección, en la tecnológica. Sin embargo, nunca comprendemos la conducta humana ni por qué somos lo que somos después de este largo período de evolución.

Como acaba de decir quien les habla, él no les ayudará; sino que juntos estamos mirando, comprendiendo. Por supuesto, la ayuda de un médico o de un cirujano puede ser necesaria; pero también dependemos de los gobiernos, por más corruptos que sean; o del cartero, del lechero, etcétera. Pero pedir ayuda a través de la oración, de la meditación, resulta totalmente inútil. Hemos dependido de ella, hemos tenido miles de gurús y miles de libros, tanto religiosos como no profanos y, a pesar de todos ellos, seguimos paralizados. Hemos ganado muchísimo dinero, hemos conseguido tener grandes casas, automóviles, etcétera, pero en lo psicológico, en lo interno, en lo subjetivo, seguimos prácticamente paralizados, porque dependemos de que los demás nos digan lo que debemos hacer o pensar. De modo que, por favor, quien les habla dice, con el mayor respeto, con toda seriedad y con todo el corazón, que no trata de ayudarles. Al contrario, estamos juntos.

Así pues, usted y el orador debemos investigar lo siguiente: nuestra relación con el mundo, que se torna más y más complejo; nuestra relación unos con otros, por más íntima que sea; nuestra relación con un ideal; nuestra relación con nuestro gurú, y con aquello que llamamos Dios. Tenemos que investigar seria y profundamente esa cualidad del cerebro que comprende o que tiene una percepción directa sobre el mundo externo y todo nuestro mundo interno. Debe quedar claro que no tratamos de indicar un camino, un método, un sistema, ni de ninguna manera tratamos de ayudarle. Todo lo contrario, somos seres humanos independientes. Ésta no es una afirmación cruel o indiferente. Más bien somos como dos amigos que hablan juntos de estas cosas, tratando de comprender el mundo: el entorno, todas las complicaciones de la economía y la división de las religiones y de las naciones. Amistad significa que no intentamos persuadirnos, imponernos ni impresionarnos unos a otros. Somos amigos, y, por tanto, hay cierta cualidad de afecto, de entendimiento, de intercambio. Nosotros estamos en esa posición.

De modo que empecemos primero por ver qué es nuestro cerebro. Quien les habla no es un especialista del cerebro, pero ha hablado con diferentes personas que sí lo son. El cerebro, ubicado en el interior del cráneo, es un instrumento extraordinario. Ha acumulado un enorme conocimiento de casi todo, ha inventado las cosas más increíbles, como las computadoras, los veloces medios de comunicación y los instrumentos de guerra. En ese campo, el cerebro tiene libertad absoluta para inquirir, para inventar y para investigar. Empieza con el conocimiento, y acumula más y más saber. Si cierta teoría no funciona, la descarta. Sin embargo, el cerebro no es tan libre a la hora de investigar el «yo»; está condicionado, moldeado, programado para ser hindú, musulmán, cristiano, budista, etcétera. Como una computadora, el cerebro humano está programado: que si son necesarias las guerras, que si hemos de pertenecer a cierto grupo, que si nuestras raíces son parte del mundo, etcétera. Y eso es verdad, no es una exageración. Todos estamos programados por la tradición, por la constante repetición en los periódicos y revistas, por miles de años de presión. El cerebro tiene libertad en una dirección: en el mundo de la tecnología; pero ese mismo cerebro, que es enormemente capaz, se ve limitado por su propio interés. Nuestro cerebro, que es por completo libre en una dirección, en lo psicológico está atrofiado.

¿Es posible que el cerebro humano sea del todo libre para tener una energía enorme? No para hacer fechorías, no para tener más poder o dinero (aunque se debe tener un poco de dinero), sino para inquirir, para descubrir una manera de vivir libre del miedo, del sentimiento de soledad, del sufrimiento, y para preguntarse por la naturaleza de la muerte, de la meditación y de la verdad. ¿Es posible que el cerebro humano, que ha sido condicionado durante miles de años, sea totalmente libre? ¿O los seres humanos están condenados a ser unos esclavos y a no conocer nunca qué es la libertad? No se trata de una libertad abstracta, sino de la libertad del conflicto, porque vivimos en él. Un factor común en todos los seres humanos, desde que nacen hasta que mueren, es esa lucha constante, esa búsqueda de seguridad, por eso nunca la encuentran, y al sentirse inseguros buscan seguridad. Y bien, ¿es posible que los seres humanos en este mundo moderno, con todas sus complejidades, vivan sin sombra de conflicto? Porque el conflicto distorsiona el cerebro, reduce su capacidad, su energía y, por tanto, pronto se agota. A medida que uno envejece, puede observar en sí mismo ese permanente conflicto.

¿Qué es el conflicto? Por favor, no esperen a que responda; eso no tiene ninguna gracia. Hágase esa pregunta, ejercite su mente para descubrir cuál es la naturaleza del conflicto. Es evidente que donde hay dualidad hay conflicto: «yo» y «usted», mi esposa y yo, la división entre el meditador y la meditación. Mientras exista división entre nacionalidades, entre religiones, entre la gente, entre el ideal y el hecho, entre «lo que es» y «lo que debería ser», habrá conflicto. Ésa es la ley. Siempre que haya división, la que existe entre el árabe y el judío, entre el hindú y el musulmán, entre padre e hijo, etcétera, habrá conflicto. Eso es un hecho. Esa división también es el «más»: «No lo sé, pero si me da unos años más, lo sabré». Espero que entiendan esto.

¿Quién crea esa división entre «lo que es» y «lo que debería ser»? Existe una división entre lo que llamo Dios, siempre que esa entidad exista, y yo mismo; hay una división entre querer paz y estar en conflicto. Ésa es la verdadera realidad de nuestra vida cotidiana. Por eso quien les habla pregunta, igual que ustedes también deberían hacerlo: ¿quién crea esa división, no solo en lo externo sino también internamente? Por favor, háganse esa pregunta. ¿Quién es el responsable de esa confusión, de esa interminable lucha, dolor, soledad, desesperación, y de esa sensación de sufrimiento de las que, según parece, el ser humano nunca puede escapar? ¿Quién es el responsable de todo ello? ¿Quién es el responsable de esa sociedad en la cual vivimos? En este país hay una enorme pobreza. ¿Entienden todo eso o nunca han pensado en ello? ¿O están tan ocupados con su propia meditación, con sus dioses, con sus metas, con su propios problemas, que nunca han pensado en ello, que nunca se lo han cuestionado?

Hay varias cosas implicadas en todo ello. Aquellos que son bastante inteligentes, conscientes y sensibles siempre han buscado una sociedad igualitaria. Se han preguntado: ¿puede haber igualdad de oportunidades, se pueden eliminar las diferencias de clases de modo que no haya división entre el trabajador y el director, entre el carpintero y el político? Y nosotros queremos saber: ¿hay justicia en el mundo? Ha habido diversas revoluciones, como la francesa o la rusa, que intentaron establecer una sociedad donde hubiera igualdad, justicia y bondad. Pero no tuvieron éxito; todo lo contrario, de diferente manera regresaron al viejo modelo. Así pues, tienen que investigar no sólo por qué los seres humanos viven en constante conflicto y sufrimiento y por qué buscan seguridad, sino también la naturaleza de la justicia. ¿Existe realmente justicia en este mundo? ¿La hay? Uno es inteligente y otro no lo es. Uno goza de todos los privilegios y otro no tiene ninguno. Uno vive en una casa enorme y otro en una choza con apenas una comida al día. Luego, ¿hay realmente justicia? ¿No es importante descubrirlo por uno mismo y, por tanto, ayudar a la humanidad? [Lo siento, no quise decir «ayudar»; retiro esa palabra]. Para comprender y descubrir si en realidad existe la naturaleza de la justicia, debemos investigar con gran ahínco la naturaleza del sufrimiento, y si de verdad es posible eliminar el interés propio. También debemos investigar qué es la libertad y qué es la bondad.

Cada ser humano ha creado esa sociedad en la que vivimos, con su codicia, su envidia, su agresividad y su búsqueda de seguridad. Nosotros hemos creado la sociedad en la que vivimos, para luego convertirnos en unos esclavos de esa sociedad. ¿Entienden todo esto? A partir del miedo del ser humano, del sentimiento de soledad y de la búsqueda de la seguridad (sin nunca entender qué es la inseguridad y buscar siempre la seguridad) hemos creado nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestras religiones y nuestros dioses. Así pues, volvamos al principio. ¿Quién ha establecido esa división? Porque la división y el conflicto existen. Eso es una verdad absoluta. Piense en ello, señor. ¿No ha sido el pensamiento el que ha dividido el mundo en cristianos, budistas, judíos, árabes, hindúes y musulmanes? ¿Ha sido el pensamiento?

En consecuencia, preguntamos: ¿qué es el pensamiento? Vivimos a través de la acción del pensamiento. Se trata del factor central de nuestras acciones. ¿No es cierto? Por medio del pensamiento ganamos dinero, el pensamiento me separa de usted, separa al esposo de la esposa, el ideal de «lo que es». Y bien, ¿qué es el pensamiento? ¿Qué es pensar? ¿Pensar no es una actividad de la memoria? Por favor, señores, no acepten nada de lo que dice quien les habla. Deben incorporar el beneficio de la duda y cuestionar sus propias experiencias, sus propias ideas. Quien habla dice, como amigo, a quien puede escucharle, y eso depende de ustedes, que el pensamiento ha creado esa división. El pensamiento es el responsable de las guerras y de todos los dioses que ha inventado el hombre. El pensamiento es quien ha llevado al hombre hasta la Luna, ha creado la computadora y todos estos instrumentos extraordinarios del mundo de la tecnología. Y el pensamiento también es el responsable de la división y del conflicto entre «lo que es» y «'lo que debería ser». Esto último es un ideal; es algo que se debe alcanzar, algo que se tiene que lograr, pero también es alejarse de «lo que es». Por ejemplo, los seres humanos son violentos. Y esto se trata de un hecho obvio. Incluso después de un largo período de tiempo, el hombre no está libre de violencia. Pero ha inventado la no violencia. No sólo la ha creado, sino que también la busca. Sin embargo, si realmente es honesto debe reconocer que es violento. Al buscar eso que llama la «no violencia», siembra sin cesar la semilla de la violencia. Eso es algo evidente; es un hecho.

En este país se habla mucho de no violencia, lo cual es vergonzoso, porque todos somos violentos. La violencia no es sólo física; también ese puede considerar violencia la imitación, el conformismo, alejarse de «lo que es», de modo que la violencia sólo puede eliminarse completamente de la mente humana, del corazón humano, cuando no hay un opuesto. El opuesto es la no violencia, lo cual no es algo real, sino que no es más que un escape de la violencia. Si uno no escapa, entonces sólo existe violencia. Pero no somos capaces de afrontar ese hecho. Siempre escapamos de él hecho, buscamos excusas, razones económicas, innumerables métodos para superarla, pero la violencia sigue ahí, y el mismo hecho de tratar de superarla es parte de la violencia.

Para afrontar la violencia, es necesario prestarle atención y no escapar de ella. Debe ver qué es, ver la violencia que hay entre hombre y mujer, tanto de género como de otras formas. ¿No hay violencia cuando uno busca más y más, e intenta «llegar a ser» más y más? Trate de ver la violencia y permanecer con ella; no escape, no intente reprimirla ni trascenderla, ya que todo ello implica conflicto. Viva con ella, mírela; de hecho, valórela, y no la traduzca a partir de sus deseos, sus agrados o desagrados. Tan sólo mírela y obsérvela con enorme atención. Si presta atención completa a algo, es como encender una luz brillante, y entonces verá todas las cualidades, las sutilezas, las implicaciones, verá todo el mundo de la violencia. Cuando uno ve algo con mucha claridad, ese algo desaparece. Pero rehusamos ver las cosas de ese modo.

Ahora bien, preguntamos: ¿quién ha creado el conflicto entre los seres humanos, con el entorno, con los dioses, con todo? ¿Alguna vez se han preguntado por qué se consideran individuos? ¿Lo son realmente? ¿O han sido programados para creer que lo son? Su conciencia es igual que la del resto de seres humanos: sufren, se sienten solos, tienen miedo, buscan placer y evitan el dolor. Eso mismo sucede en cada ser humano de este mundo, lo que es un hecho psicológico. Puede que usted sea más alto, más moreno, más rubio, pero todo eso son ornamentos externos, como el clima, la comida, etcétera. Y la cultura también es algo externo. No obstante, en lo psicológico, en lo subjetivo, nuestra conciencia es común al resto de los seres humanos. Puede que eso no le guste, pero es un hecho. De modo que psicológicamente no es diferente del resto de la humanidad. Usted es la humanidad. No diga: «Sí»; no tiene ningún sentido sólo aceptarlo como una idea. Es un hecho irrefutable que usted es el resto de la humanidad, y no alguien diferente. Tal vez tenga un mejor cerebro, más riquezas, más astucia y mejores libros; pero deje todo eso a un lado porque son cosas superficiales, son adornos. En el interior, cada ser humano de este mundo comparte con usted el sufrimiento. ¿Se da cuenta de lo que eso significa? Significa que cuando dice que es el resto de la humanidad, tiene una enorme responsabilidad. Significa que tiene un enorme afecto, amor y compasión, y no esa idea tonta de que «todos somos uno».


(Continues...)

Excerpted from La bendición está en uno mismo by Jiddu Krishnamurti. Copyright © 2013 Ediciones Obelisco, S. L.. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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