La caida de los gigantes (Fall of Giants)

( 19 )

Pick Up in Store

Reserve and pick up in 60 minutes at your local store

Paperback (Spanish Language Edition)
$15.27
BN.com price
$22.00 List Price (Save 31%)
Marketplace (New and Used)
from
$11.00
$22.00 List Price (Save 50%)
All (27)  
Used (9)  
New (18)  
Close
Sort by
Page 1 of 3
Showing 1 – 10 of 27 (3 pages)
$11.00
(Save 50%)
Seller since 2005

Feedback rating:

(131)

Condition:

New — never opened or used in original packaging.

Like New — packaging may have been opened. A "Like New" item is suitable to give as a gift.

Very Good — may have minor signs of wear on packaging but item works perfectly and has no damage.

Good — item is in good condition but packaging may have signs of shelf wear/aging or torn packaging. All specific defects should be noted in the Comments section associated with each item.

Acceptable — item is in working order but may show signs of wear such as scratches or torn packaging. All specific defects should be noted in the Comments section associated with each item.

Used — An item that has been opened and may show signs of wear. All specific defects should be noted in the Comments section associated with each item.

Refurbished — A used item that has been renewed or updated and verified to be in proper working condition. Not necessarily completed by the original manufacturer.

Very Good
2010-09-28 Paperback Very Good (box tx 3 APR14TT n.1)light edge/point wear, light scuffing, no underlining or highlighting within, price stickers/price sticker residue. (All ... our books are individually graded for quality and carefully packed. ) Read more Show Less

Ships from: Austin, TX

Usually ships in 1-2 business days

  • Canadian
  • International
  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
  • Express, 48 States
  • Express (AK, HI)
$11.35
(Save 48%)
Seller since 2010

Feedback rating:

(29)

Condition: Very Good
0307741184 Minor wear to corners. Very good shape,clean pages,tight binding,text unmarked

Ships from: Corozal, Puerto Rico

Usually ships in 1-2 business days

  • Canadian
  • International
  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
  • Express, 48 States
  • Express (AK, HI)
$11.35
(Save 48%)
Seller since 2009

Feedback rating:

(47)

Condition: Very Good
PAPERBACK VG Minor wear to corners. Very good shape, clean pages, tight binding, text unmarked.

Ships from: Corozal, Puerto Rico

Usually ships in 1-2 business days

  • Canadian
  • International
  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
  • Express, 48 States
  • Express (AK, HI)
$13.27
(Save 40%)
Seller since 2009

Feedback rating:

(4793)

Condition: New
Shipped from US in 4 to 14 business days. Established seller since 2000

Ships from: Aurora, IL

Usually ships in 1-2 business days

  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
$13.31
(Save 39%)
Seller since 2009

Feedback rating:

(4793)

Condition: New
Shipped from US in 4 to 14 business days. Established seller since 2000

Ships from: Aurora, IL

Usually ships in 1-2 business days

  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
$13.31
(Save 39%)
Seller since 2010

Feedback rating:

(887)

Condition: New
Shipped from US. Express shipping in 3 to 6 business days. Standard shipping in 4 to 14 business days. Established seller since 2000

Ships from: Aurora, IL

Usually ships in 1-2 business days

  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
  • Express, 48 States
  • Express (AK, HI)
$13.50
(Save 39%)
Seller since 2012

Feedback rating:

(88)

Condition: New
Shipped from US in 4 to 14 business days standard or 3 to 6 business days express. FREE TRACKING WITH EVERY ORDER! Established seller since 2000

Ships from: Aurora, IL

Usually ships in 1-2 business days

  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
  • Express, 48 States
  • Express (AK, HI)
$13.72
(Save 38%)
Seller since 2009

Feedback rating:

(4793)

Condition: New
Shipped from US in 4 to 14 business days. Established seller since 2000

Ships from: Aurora, IL

Usually ships in 1-2 business days

  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
$13.77
(Save 37%)
Seller since 2008

Feedback rating:

(14101)

Condition: New
Brand New, Perfect Condition, Please allow 4-14 business days for delivery. 100% Money Back Guarantee, Over 1,000,000 customers served.

Ships from: South Bend, IN

Usually ships in 1-2 business days

  • Canadian
  • International
  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
$14.02
(Save 36%)
Seller since 2007

Feedback rating:

(21684)

Condition: New
BRAND NEW

Ships from: Avenel, NJ

Usually ships in 1-2 business days

  • Canadian
  • International
  • Standard, 48 States
  • Standard (AK, HI)
Page 1 of 3
Showing 1 – 10 of 27 (3 pages)
Close
Sort by
NOOK Book (eBook)
$10.99
BN.com price

Available on NOOK devices and apps

  • Nook Devices
  • NOOK
  • NOOK Color
  • NOOK Tablet
  • Tablet/Phone
  • NOOK for iPad
  • NOOK for iPhone
  • NOOK for Android
  • NOOK for Android (Tablet)
  • NOOK Kids for iPad
  • PC/Mac
  • NOOK Study
  • NOOK for PC
  • NOOK for Mac

Want a NOOK? Explore Now

Overview

Primera Parte

El cielo amenazador

2
Enero de 1914

I El conde Fitzherbert, de veintiocho años de edad, conocido por su familia y amigos como Fitz, era el noveno hombre más rico de toda Gran Bretaña.

No había hecho nada en absoluto para ganar sus cuantiosos ingresos, sino que sencillamente, se había limitado a heredar miles de hectáreas de tierra en Gales y en Yorkshire. Las granjas no producían muchos beneficios, pero debajo de ellas había grandes cantidades de carbón, y el abuelo de Fitz se había hecho inmensamente rico otorgando las concesiones para le explotación del mineral.

Estaba claro que era la voluntad de Dios que los Fitzherbert gobernasen a sus semejantes y que viviesen de manera acorde a su condición, pero Fitz pensaba que no había hecho nada que justificase la fe que Dios había depositado en él.

Su padre, el anterior conde, había sido un caso distinto. Oficial de la Armada, había sido nombrado almirante tras el bombardeo de Alejandría en 1882, se había convertido en embajador británico en San Petersburgo y, finalmente, había sido ministro en el gabinete de lord Salisbury. Los conservadores perdieron las elecciones generales de 1906 y el padre de Fitz murió escasas semanas más tarde, una muerte precipitada —de eso Fitz estaba seguro— por el hecho de ver a liberales irresponsables como David Lloyd George y Winston Churchill hacerse cargo del gobierno de Su Majestad.

Fitz ocupó su escaño en la Cámara de los Lores, la cámara legislativa superior del Parlamento británico, como par conservador. Hablaba un francés muy correcto y se defendía en ruso, y su sueño era llegar a convertirse algún día en jefe del Foreign Office. Por desgracia, los liberales no dejaban de ganar las elecciones continuamente, de modo que aún no había tenido ocasión de ser ministro del gobierno.

Su carrera militar había sido igual de mediocre. Había asistido a la academia de entrenamiento de oficiales del ejercito de Sandhurst, y pasó tres años con el regimiento de los Fusileros Galeses para convertirse en capitán. Tras su matrimonio abandonó la carrera militar, pero pasó a ser coronel honorífico de los Territorials de Gales del Sur. Lamentablemente, los coroneles honoríficos nunca ganaban medallas.

Sin embargo, había algo de lo que sí se sentía orgulloso, pensaba mientras la locomotora de vapor avanzaba por los valles del sur del País de Gales: dos semanas más tarde, el rey en persona iba a pasar unos días en la casa de campo de Fitz. El rey Jorge V y el padre de Fitz habían sido compañeros en la Armada en su juventud. Recientemente, el rey había expresado su deseo de conocer qué era lo que pensaban sus súbditos más jóovenes, y Fitz había organizado una discreta velada en casa para que Su Majestad conociera a algunos de los más brillantes de su generación. En aquellos momentos, Fitz y su esposa, Bea, iban de camino a la mansión para terminar de disponerlo todo para la visita del monarca.

Fitz sentía un gran apego por las tradiciones. No había nada en la historia de la humanidad capaz de rivalizar con la estabilidad que proporcionaba el orden establecido, basado en los cuatro estamentos de la sociedad: monarquía, aristocracia, comerciantes y campesinado. Sin embargo, al mirar por la ventanilla del tren, como en esos precisos momentos, veía que la sombra de una seria amenaza pendía sobre las costumbres tradicionales de la sociedad británica, una amenaza mayor que cualquiera de las que se hubiesen cernido sobre ella en los cuatrocientos años anteriores. Cubriendo por completo las laderas de los montes, otrora tan verdes, extendiéndose como una plaga de manchas grisáceas en las hojas de los rododendros, surgían las casas de los mineros del carbón. En aquellas mugrientas casuchas se hablaba de republicanismo, de ateísmo y de revolución. Solo había pasado un siglo más o menos desde que habían llevado a la nobleza francesa en carretas hasta la guillotina, y lo mismo ocurriría allí si algunos de aquellos mineros musculosos con la cara tiznada lograban salirse con la suya.

Fitz estaría encantado de renunciar a las ganancias que obtenía del carbón, se dijo, con tal de que Gran Bretaña volviese a la sencillez de otros tiempos. La familia real era un poderoso bastión contra la insurrección. Sin embargo, además de hacerle sentirse orgulloso, la visita del monarca también le provocaba cierta inquietud, pues había muchas cosas que podían salir mal. Con la realeza, cualquier descuido podía ser una señal de negligencia y, por tanto, una falta de respeto. Hasta el último detalle del fin de semana sería comentado posteriormente, por los sirvientes de los visitantes a otros sirvientes y, de estos, a los señores de dichos sirvientes, por lo que todas las damas de la alta sociedad londinense acabarían sabiendo si, durante su estancia en Ty Gwyn, al rey la habían dado una almohada demasiado dura, una patata podrida o la botella de champán equivocada.

El Rolls-Royce Silver Ghost de Fitz estaba esperándolos en la estación de ferrocarril de Aberowen. Se sentó junto a Bea y el chófer los condujo a lo largo de un kilómetro y medio hasta Ty Gwyn, su casa de campo. Estaba cayendo una llovizna fina pero pertinaz, como era habitual en Gales.

«Ty Gwyn» significaba «Casa Blanca» en galés, pero el nombre había acabado resultando un tanto irónico porque, como todo lo demás en aquel rincón del mundo, el edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, y los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba las faldas de las señoras que, en un descuido, rozaban las paredes.

Pese a todo, era un edificio manífico que llenaba a Fitz de orgullo a medida que el vehículo avanzaba por el camino de entrada a la casa. La mansión privada más grande de todo el País de Gales, Ty Gwyn contaba con doscientas habitaciones. Una vez, de pequeño, él y su hermana, Maud, contaron las ventanas hasta sumar un total de 523. Había sido construida por su abuelo, y en el diseño de las tres plantas se apreciaba una agradable armonía. Los ventanales de la planta noble eran altos y dejaban entrar una gran cantidad de luz en los majestuosos salones. En la planta superior había multitud de habitaciones de invitados, mientras que en la buhardilla se hallaban los innumerables dormitorios del esrvicio que, aun siendo minúsculos, eran evidentes por las largas hileras de lucernarios que poblaban los tejados en pendiente.

Product Details

  • ISBN-13: 9780307741189
  • Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
  • Publication date: 9/28/2010
  • Language: Spanish
  • Edition description: Spanish Language Edition
  • Pages: 1024
  • Sales rank: 154,052
  • Product dimensions: 5.20 (w) x 8.02 (h) x 1.77 (d)

Meet the Author

Ken Follett
Ken Follett
Known around the world for his string of smash-hit spy thrillers touched off by 1978’s Eye of the Needle, Ken Follett’s taut tales -- spiked with more than a dash of sex appeal -- have earned this author (and sometime blues guitarist) a reputation as a master of international intrigue.

Biography

As a young boy growing up in Cardiff, Wales, Ken Follett's love for all things literary began early on. The son of devoutly religious parents who didn't allow their children to watch television or even listen to the radio, Follett found himself drawn to the library. It soon became his favorite place -- its shelves full of stories providing his escape, and ultimately, his inspiration.

Follett's more formal education took place years later at London's University College, where he studied philosophy -- a choice that, as he explains on his official Web site, he believes guided his career as an author. "There is a real connection between philosophy and fiction," Follet explains. "In philosophy you deal with questions like: ‘We're sitting at this table, but is the table real?' A daft question, but in studying philosophy, you need to take that sort of thing seriously and have an off-the-wall imagination. Writing fiction is the same."

After graduating in 1970, a journalism class touched off Follett's career as a writer. He started out covering beats for the South Wales Echo, and later wrote a column for London's Evening News. Becoming more and more interested in writing fiction on evenings and weekends, however, Follett soon realized that books were his true business, and in 1974 he went to work for Everest Books, a humble London publishing house.

After releasing a few of his own novels to less than thunderous acclaim --including The Shakeout (1975) and Paper Money (1977) -- Follett finally hit it big with 1978's Eye of the Needle. The taut, edgy thriller with more than a dash of sex appeal flew off the shelves, winning the Edgar award and allowing Follett to quit his job and get to work on his next book, Triple. Showing no signs of a sophomore slump, Triple went on to spark a string of bestselling spy thrillers, including The Key to Rebecca (1980), The Man from St. Petersburg (1982), and Lie Down with Lions (1986). 1983's On Wings of Eagles was an interesting departure -- a nonfiction account of how two of Ross Perot's employees were rescued from Iran in 1979.

Follett changed direction even more sharply in 1989, surprising fans with The Pillars of the Earth -- a novel set in the Middle Ages many critics considered his crowning achievement. "A novel of majesty and power," said The Chicago Sun-Times of Follett's epic story. "It will hold you, fascinate you, surround you."

Follett's next three books were a trio considered to be more suspenseful than thrill-filled -- Night Over Water (1991), A Dangerous Fortune (1993) and A Place Called Freedom (1995), but The Third Twin (1996) and The Hammer of Eden (1998) marked a return to Follett's trademark capers. The wartime novels Code to Zero (2000) and Jackdaws (2001) showcased Follett's "unique ability to tell stories of international conflict and tell them well," according to Larry King in USA Today.

Follett "hits the mark again" (Publishers Weekly) with his latest story of international intrigue, Hornet Flight (2002) -- the WWII story of a young couple trying to escape occupied Denmark in a rebuilt Hornet Moth biplane who become unwitting carriers of top-secret information.

In a way, Follett's smash-hit success has allowed him to give back to the library of Cardiff, Wales -- by filling its shelves with his own transporting tales.

Good To Know

Eye of the Needle was made into a major motion picture, and four of Follett's books have been made into television mini-series: The Key to Rebecca, Lie Down with Lions, On Wings of Eagles and The Third Twin -- the rights for which were sold to CBS for the record sum of $1,400,000.

A very civic-minded soul, Follett is quite involved in his Hertfordshire community, serving as President of the Dyslexia Institute, Council Member of the National Literacy Trust, Fellow of the Royal Society of Arts, Chair of Governors of the Roebuck Primary School & Nursery, Patron of Stevenage Home-Start, director of the Stevenage Leisure Ltd. and Vice-President of the Stevenage Borough Football club.

    1. Hometown:
      Hertfordshire, England
    1. Date of Birth:
      June 5, 1949
    2. Place of Birth:
      Cardiff, Wales
    1. Education:
      B.A. in Philosophy, University College, London, 1970

Read an Excerpt

Primera Parte

El cielo amenazador

2
Enero de 1914

I El conde Fitzherbert, de veintiocho años de edad, conocido por su familia y amigos como Fitz, era el noveno hombre más rico de toda Gran Bretaña.

No había hecho nada en absoluto para ganar sus cuantiosos ingresos, sino que sencillamente, se había limitado a heredar miles de hectáreas de tierra en Gales y en Yorkshire. Las granjas no producían muchos beneficios, pero debajo de ellas había grandes cantidades de carbón, y el abuelo de Fitz se había hecho inmensamente rico otorgando las concesiones para le explotación del mineral.

Estaba claro que era la voluntad de Dios que los Fitzherbert gobernasen a sus semejantes y que viviesen de manera acorde a su condición, pero Fitz pensaba que no había hecho nada que justificase la fe que Dios había depositado en él.

Su padre, el anterior conde, había sido un caso distinto. Oficial de la Armada, había sido nombrado almirante tras el bombardeo de Alejandría en 1882, se había convertido en embajador británico en San Petersburgo y, finalmente, había sido ministro en el gabinete de lord Salisbury. Los conservadores perdieron las elecciones generales de 1906 y el padre de Fitz murió escasas semanas más tarde, una muerte precipitada —de eso Fitz estaba seguro— por el hecho de ver a liberales irresponsables como David Lloyd George y Winston Churchill hacerse cargo del gobierno de Su Majestad.

Fitz ocupó su escaño en la Cámara de los Lores, la cámara legislativa superior del Parlamento británico, como par conservador. Hablaba un francés muy correcto y se defendía en ruso, y su sueño era llegar a convertirse algún día en jefe del Foreign Office. Por desgracia, los liberales no dejaban de ganar las elecciones continuamente, de modo que aún no había tenido ocasión de ser ministro del gobierno.

Su carrera militar había sido igual de mediocre. Había asistido a la academia de entrenamiento de oficiales del ejercito de Sandhurst, y pasó tres años con el regimiento de los Fusileros Galeses para convertirse en capitán. Tras su matrimonio abandonó la carrera militar, pero pasó a ser coronel honorífico de los Territorials de Gales del Sur. Lamentablemente, los coroneles honoríficos nunca ganaban medallas.

Sin embargo, había algo de lo que sí se sentía orgulloso, pensaba mientras la locomotora de vapor avanzaba por los valles del sur del País de Gales: dos semanas más tarde, el rey en persona iba a pasar unos días en la casa de campo de Fitz. El rey Jorge V y el padre de Fitz habían sido compañeros en la Armada en su juventud. Recientemente, el rey había expresado su deseo de conocer qué era lo que pensaban sus súbditos más jóovenes, y Fitz había organizado una discreta velada en casa para que Su Majestad conociera a algunos de los más brillantes de su generación. En aquellos momentos, Fitz y su esposa, Bea, iban de camino a la mansión para terminar de disponerlo todo para la visita del monarca.

Fitz sentía un gran apego por las tradiciones. No había nada en la historia de la humanidad capaz de rivalizar con la estabilidad que proporcionaba el orden establecido, basado en los cuatro estamentos de la sociedad: monarquía, aristocracia, comerciantes y campesinado. Sin embargo, al mirar por la ventanilla del tren, como en esos precisos momentos, veía que la sombra de una seria amenaza pendía sobre las costumbres tradicionales de la sociedad británica, una amenaza mayor que cualquiera de las que se hubiesen cernido sobre ella en los cuatrocientos años anteriores. Cubriendo por completo las laderas de los montes, otrora tan verdes, extendiéndose como una plaga de manchas grisáceas en las hojas de los rododendros, surgían las casas de los mineros del carbón. En aquellas mugrientas casuchas se hablaba de republicanismo, de ateísmo y de revolución. Solo había pasado un siglo más o menos desde que habían llevado a la nobleza francesa en carretas hasta la guillotina, y lo mismo ocurriría allí si algunos de aquellos mineros musculosos con la cara tiznada lograban salirse con la suya.

Fitz estaría encantado de renunciar a las ganancias que obtenía del carbón, se dijo, con tal de que Gran Bretaña volviese a la sencillez de otros tiempos. La familia real era un poderoso bastión contra la insurrección. Sin embargo, además de hacerle sentirse orgulloso, la visita del monarca también le provocaba cierta inquietud, pues había muchas cosas que podían salir mal. Con la realeza, cualquier descuido podía ser una señal de negligencia y, por tanto, una falta de respeto. Hasta el último detalle del fin de semana sería comentado posteriormente, por los sirvientes de los visitantes a otros sirvientes y, de estos, a los señores de dichos sirvientes, por lo que todas las damas de la alta sociedad londinense acabarían sabiendo si, durante su estancia en Ty Gwyn, al rey la habían dado una almohada demasiado dura, una patata podrida o la botella de champán equivocada.

El Rolls-Royce Silver Ghost de Fitz estaba esperándolos en la estación de ferrocarril de Aberowen. Se sentó junto a Bea y el chófer los condujo a lo largo de un kilómetro y medio hasta Ty Gwyn, su casa de campo. Estaba cayendo una llovizna fina pero pertinaz, como era habitual en Gales.

«Ty Gwyn» significaba «Casa Blanca» en galés, pero el nombre había acabado resultando un tanto irónico porque, como todo lo demás en aquel rincón del mundo, el edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, y los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba las faldas de las señoras que, en un descuido, rozaban las paredes.

Pese a todo, era un edificio manífico que llenaba a Fitz de orgullo a medida que el vehículo avanzaba por el camino de entrada a la casa. La mansión privada más grande de todo el País de Gales, Ty Gwyn contaba con doscientas habitaciones. Una vez, de pequeño, él y su hermana, Maud, contaron las ventanas hasta sumar un total de 523. Había sido construida por su abuelo, y en el diseño de las tres plantas se apreciaba una agradable armonía. Los ventanales de la planta noble eran altos y dejaban entrar una gran cantidad de luz en los majestuosos salones. En la planta superior había multitud de habitaciones de invitados, mientras que en la buhardilla se hallaban los innumerables dormitorios del esrvicio que, aun siendo minúsculos, eran evidentes por las largas hileras de lucernarios que poblaban los tejados en pendiente.

First Chapter

La caída de los gigantes


By Ken Follett

Vintage

Copyright © 2010 Ken Follett
All right reserved.

ISBN: 9780307741189

Primera Parte

El cielo amenazador


2
Enero de 1914

I
El conde Fitzherbert, de veintiocho años de edad, conocido por su familia y amigos como Fitz, era el noveno hombre más rico de toda Gran Bretaña.

No había hecho nada en absoluto para ganar sus cuantiosos ingresos, sino que sencillamente, se había limitado a heredar miles de hectáreas de tierra en Gales y en Yorkshire. Las granjas no producían muchos beneficios, pero debajo de ellas había grandes cantidades de carbón, y el abuelo de Fitz se había hecho inmensamente rico otorgando las concesiones para le explotación del mineral.

Estaba claro que era la voluntad de Dios que los Fitzherbert gobernasen a sus semejantes y que viviesen de manera acorde a su condición, pero Fitz pensaba que no había hecho nada que justificase la fe que Dios había depositado en él.

Su padre, el anterior conde, había sido un caso distinto. Oficial de la Armada, había sido nombrado almirante tras el bombardeo de Alejandría en 1882, se había convertido en embajador británico en San Petersburgo y, finalmente, había sido ministro en el gabinete de lord Salisbury. Los conservadores perdieron las elecciones generales de 1906 y el padre de Fitz murió escasas semanas más tarde, una muerte precipitada —de eso Fitz estaba seguro— por el hecho de ver a liberales irresponsables como David Lloyd George y Winston Churchill hacerse cargo del gobierno de Su Majestad.

Fitz ocupó su escaño en la Cámara de los Lores, la cámara legislativa superior del Parlamento británico, como par conservador. Hablaba un francés muy correcto y se defendía en ruso, y su sueño era llegar a convertirse algún día en jefe del Foreign Office. Por desgracia, los liberales no dejaban de ganar las elecciones continuamente, de modo que aún no había tenido ocasión de ser ministro del gobierno.

Su carrera militar había sido igual de mediocre. Había asistido a la academia de entrenamiento de oficiales del ejercito de Sandhurst, y pasó tres años con el regimiento de los Fusileros Galeses para convertirse en capitán. Tras su matrimonio abandonó la carrera militar, pero pasó a ser coronel honorífico de los Territorials de Gales del Sur. Lamentablemente, los coroneles honoríficos nunca ganaban medallas.

Sin embargo, había algo de lo que sí se sentía orgulloso, pensaba mientras la locomotora de vapor avanzaba por los valles del sur del País de Gales: dos semanas más tarde, el rey en persona iba a pasar unos días en la casa de campo de Fitz. El rey Jorge V y el padre de Fitz habían sido compañeros en la Armada en su juventud. Recientemente, el rey había expresado su deseo de conocer qué era lo que pensaban sus súbditos más jóovenes, y Fitz había organizado una discreta velada en casa para que Su Majestad conociera a algunos de los más brillantes de su generación. En aquellos momentos, Fitz y su esposa, Bea, iban de camino a la mansión para terminar de disponerlo todo para la visita del monarca.

Fitz sentía un gran apego por las tradiciones. No había nada en la historia de la humanidad capaz de rivalizar con la estabilidad que proporcionaba el orden establecido, basado en los cuatro estamentos de la sociedad: monarquía, aristocracia, comerciantes y campesinado. Sin embargo, al mirar por la ventanilla del tren, como en esos precisos momentos, veía que la sombra de una seria amenaza pendía sobre las costumbres tradicionales de la sociedad británica, una amenaza mayor que cualquiera de las que se hubiesen cernido sobre ella en los cuatrocientos años anteriores. Cubriendo por completo las laderas de los montes, otrora tan verdes, extendiéndose como una plaga de manchas grisáceas en las hojas de los rododendros, surgían las casas de los mineros del carbón. En aquellas mugrientas casuchas se hablaba de republicanismo, de ateísmo y de revolución. Solo había pasado un siglo más o menos desde que habían llevado a la nobleza francesa en carretas hasta la guillotina, y lo mismo ocurriría allí si algunos de aquellos mineros musculosos con la cara tiznada lograban salirse con la suya.

Fitz estaría encantado de renunciar a las ganancias que obtenía del carbón, se dijo, con tal de que Gran Bretaña volviese a la sencillez de otros tiempos. La familia real era un poderoso bastión contra la insurrección. Sin embargo, además de hacerle sentirse orgulloso, la visita del monarca también le provocaba cierta inquietud, pues había muchas cosas que podían salir mal. Con la realeza, cualquier descuido podía ser una señal de negligencia y, por tanto, una falta de respeto. Hasta el último detalle del fin de semana sería comentado posteriormente, por los sirvientes de los visitantes a otros sirvientes y, de estos, a los señores de dichos sirvientes, por lo que todas las damas de la alta sociedad londinense acabarían sabiendo si, durante su estancia en Ty Gwyn, al rey la habían dado una almohada demasiado dura, una patata podrida o la botella de champán equivocada.

El Rolls-Royce Silver Ghost de Fitz estaba esperándolos en la estación de ferrocarril de Aberowen. Se sentó junto a Bea y el chófer los condujo a lo largo de un kilómetro y medio hasta Ty Gwyn, su casa de campo. Estaba cayendo una llovizna fina pero pertinaz, como era habitual en Gales.

«Ty Gwyn» significaba «Casa Blanca» en galés, pero el nombre había acabado resultando un tanto irónico porque, como todo lo demás en aquel rincón del mundo, el edificio estaba cubierto por una capa de polvo de carbón, y los bloques de piedra que en otros tiempos habían sido de un blanco inmaculado ofrecían en esos momentos un color gris oscuro que emborronaba las faldas de las señoras que, en un descuido, rozaban las paredes.

Pese a todo, era un edificio manífico que llenaba a Fitz de orgullo a medida que el vehículo avanzaba por el camino de entrada a la casa. La mansión privada más grande de todo el País de Gales, Ty Gwyn contaba con doscientas habitaciones. Una vez, de pequeño, él y su hermana, Maud, contaron las ventanas hasta sumar un total de 523. Había sido construida por su abuelo, y en el diseño de las tres plantas se apreciaba una agradable armonía. Los ventanales de la planta noble eran altos y dejaban entrar una gran cantidad de luz en los majestuosos salones. En la planta superior había multitud de habitaciones de invitados, mientras que en la buhardilla se hallaban los innumerables dormitorios del esrvicio que, aun siendo minúsculos, eran evidentes por las largas hileras de lucernarios que poblaban los tejados en pendiente.

Continues...

Excerpted from La caída de los gigantes by Ken Follett Copyright © 2010 by Ken Follett. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Customer Reviews

Average Rating 3.5
( 19 )

Rating Distribution

5 Star

(8)

4 Star

(3)

3 Star

(4)

2 Star

(2)

1 Star

(2)

Your Rating:

Your Name: Create a Pen Name or Leave Anonymously

Barnes & Noble.com Review Rules

Our reader reviews allow you to share your comments on titles you liked, or didn't, with others. By submitting an online review, you are representing to Barnes & Noble.com that all information contained in your review is original and accurate in all respects, and that the submission of such content by you and the posting of such content by Barnes & Noble.com does not and will not violate the rights of any third party. Please follow the rules below to help ensure that your review can be posted.

Reviews by Our Customers Under the Age of 13

We highly value and respect everyone's opinion concerning the titles we offer. However, we cannot allow persons under the age of 13 to have accounts at BN.com or to post customer reviews. Please see our Terms of Use for more details.

What to exclude from your review:

Please do not write about reviews, commentary, or information posted on the product page. If you see any errors in the information on the product page, please send us an email.

Reviews should not contain any of the following:

  • - HTML tags, profanity, obscenities, vulgarities, or comments that defame anyone
  • - Time-sensitive information such as tour dates, signings, lectures, etc.
  • - Single-word reviews. Other people will read your review to discover why you liked or didn't like the title. Be descriptive.
  • - Comments focusing on the author or that may ruin the ending for others
  • - Phone numbers, addresses, URLs
  • - Pricing and availability information or alternative ordering information
  • - Advertisements or commercial solicitation

Reminder:

  • - By submitting a review, you grant to Barnes & Noble.com and its sublicensees the royalty-free, perpetual, irrevocable right and license to use the review in accordance with the Barnes & Noble.com Terms of Use.
  • - Barnes & Noble.com reserves the right not to post any review -- particularly those that do not follow the terms and conditions of these Rules. Barnes & Noble.com also reserves the right to remove any review at any time without notice.
  • - See Terms of Use for other conditions and disclaimers.
Search for Products You'd Like to Recommend

Recommend other products that relate to your review. Just search for them below and share!

Create a Pen Name

Your Pen Name is your unique identiy on BN.com. It will appear on the reviews you write and other website activities. Your Pen Name cannot be edited, changed or deleted once submitted.

Your Pen Name can be any combination of alphanumeric characters (plus - and _), and must be at least two characters long.

Continue Anonymously

We're sorry, but penname is already taken.

Please select one of the following:
Your Pen Name can be any combination of alphanumeric characters (plus - and _), and must be at least two characters long.

Continue Anonymously

penname is available!

By visiting the BN.com website or marking a purchase on BN.com, a User is deemed to have accepted the Terms of Use.

Continue Anonymously

Welcome, penname

You have successfully created your Pen Name. Start enjoying the benefits of the BN.com Community today.

Sort by: Showing all of 19 Customer Reviews
  • Posted November 18, 2010

    A british Tolstoi!

    Great book, great writer! Here´s a work of unusual scope. The real thing, really. If you loved, like me, Follett´s previous novels, you can´t miss this one. This trilogy might very well be the War and Peace of the 21st century.

    3 out of 3 people found this review helpful.

    Was this review helpful? Yes  No   Report this review
  • Anonymous

    Posted November 1, 2011

    Ddd

    Fff

    1 out of 1 people found this review helpful.

    Was this review helpful? Yes  No   Report this review
  • Anonymous

    Posted February 28, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted August 1, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted March 15, 2012

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted February 20, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted November 30, 2010

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted January 26, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted January 25, 2012

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted July 31, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted July 10, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted April 5, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted July 19, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted January 5, 2012

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted July 10, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted November 18, 2010

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted March 4, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted May 12, 2011

    No text was provided for this review.

  • Anonymous

    Posted August 6, 2011

    No text was provided for this review.

Sort by: Showing all of 19 Customer Reviews

If you find inappropriate content, please report it to Barnes & Noble
Why is this product inappropriate?
Comments (optional)
500 character limit